lunes, 15 de agosto de 2016

Gracias

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Hace mucho que quiero escribir esta entrada, pero sinceramente no conseguía inspirarme.  Pero hoy he recibido un mail que me ha llenado de ganas de deciros  lo que quiero decir, y es que es algo tan sencillo y complejo a la vez…


GRACIAS, gracias a todos los que estáis ahí, al otro lado de la pantalla, gracias a todos los que me leéis, no sabéis lo que me habéis hecho crecer, cómo me habéis ayudado a superar mi pereza, mi falta de motivación a largo plazo…


Abro el blog con la esperanza de encontrar alguno de vuestros comentarios, esos que me dicen que hay personas que me valoran sin haberme visto nunca, personas que me decís cosas preciosas sin ningún tipo de interés, simplemente porque me apreciáis solo de leerme. Y me dais las gracias a mí, eso es algo que aún no sé llevar bien, lo reconozco, pues para mí es al revés, para mí sois vosotros los que me dais a mí, me dais magia, me dais motivos, me dais ánimo, fuerza y mucho cariño. Me dais alas para creer que puedo cumplir mis sueños, me dais la sensación de que lo que pienso es importante. Que todo aquello que siempre pensé que era negativo en mí, no lo era, era mi manera de entender el mundo, y el miedo a que no me aceptaran era solo un fantasma, pues ahí estáis vosotros diciendo que me leeréis, que seguiréis ahí, porque os gusta mi voz, mis palabras…


Hoy he abierto el mail, tenía un mensaje de una chica que me decía que mi anterior correo, que mis palabras y consejo le habían dado el último empujoncito para vivir su vida como quería, y he notado el tono distinto de sus palabras, la he notado mucho más fuerte, más segura… y no he podido más que llorar, llorar de emoción, pues solo soy una muchachita de 1,50, debilucha y llorica, y he ayudado a que alguien saque esa fuerza, si yo lo único que hago es contar mi lucha por ser feliz, y animar a los demás a hacerlo. Ver que me escucháis, que doy algo, ese algo que me agradecéis, ese algo que sois capaces de ver aunque a mí aún me cueste…


Y cómo no daros las gracias, si cuando escribí mi primera entrada yo era una sombra, yo no era nada, era gris, triste… cómo no daros las gracias si habéis acompañado mi lucha por salir adelante, si no me he sentido sola, si os habéis emocionado con mi emoción ya fuese triste o alegre, cómo no daros las gracias si no me exigís, si no me pedís nada, por eso yo os lo doy, aunque sea una o dos veces por semana. Tengo poco que ofrecer, mis palabras, mi desnudez, la desnudez de una chica menuda y temblona, que da pasos firmes pero aterrada…


Cómo no daros las gracias si me siento arropada, si me habéis demostrado que existe el respeto incluso en la opinión contraria, si me habéis demostrado que hay personas dispuestas a escuchar, aunque lo que diga sean cosas duras, o fáciles de juzgar.


Y cómo no, para variar, en estas palabras tengo el mismo miedo que en todas, el miedo a no poder expresar las sensaciones bien, a no poder explicar la emoción que me da saber que hay personas que me leen, que hay personas que me escriben, que desean hablar conmigo, confesarme sus miedos, sus alegrías, sus deseos, que hay personas que sienten esa confianza conmigo sin haberme visto nunca…


Pues gracias a todas y a todos, me llenáis de fuerza para seguir esto que ahora es mi proyecto, esto que me ha ayudado a aceptar que yo siempre quise escribir, que es mi forma de comunicar, de vivir… Han pasado cuatro años ya desde aquella primera entrada, y aunque parece ya mucho tiempo os anuncio que esto es solo el principio, que estoy ante un mundo de posibilidades, y vosotros sois muy culpables de ello… Esto es solo el principio, aún nos quedan muchos ratos que pasar juntos, muchos cafés que tomarnos, aunque sea en la distancia…


Gracias, me habéis dado mucho más de lo que seguro pensáis, me habéis dado la energía necesaria para ir saliendo poco a poco de mi escondite, de mi rincón…


Gracias por estar al otro lado, gracias por leerme, por venir a visitarme.

Gracias por estar ahí

lunes, 8 de agosto de 2016

Trenzas

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Estaba bajo Él, me estaba follando el culo como solo Él sabe hacerlo… tenía trenzas, sí trenzas, hacía años que no me las hacía, no me veía… pero esa tarde para limpiar las niñas habían perdido mis coleteros y tenía solo unas pequeñas gomitas a mano, así que las trenzas era el único peinado que se me ocurría para recogerme el pelo con ellas… lo explico porque yo ya no me hago trenzas, no me hago  coletas, no me veo con ellas, sé que tengo una cara y un cuerpo aniñado y no me gusta potenciarlo, soy muy poco little por mucho que Él a veces me trate como si lo fuese…


Me miraba al espejo y me acordaba de aquella foto del colegio, con el uniforme, mis paletas aún salidas y mis trenzas, tan niña, tan graciosa… aquella niña que era dulce por fuera y perversa por dentro, aquella niña que se excitaba, aquella niña que no podía dormir sin imaginar alguna de sus sucias historias. Sí, cerraba los ojos, y solo podía conciliar el sueño imaginando cómo un hombre me secuestraba y me sometía, cómo un hombre me compraba para ser su esclava, como un médico me examinaba de una manera sexual, cómo me hacía daño con sus instrumentos, no podía conciliar el sueño sin imaginar que un hombre irrumpía en mi dormitorio para regañarme por ser sucia, cómo me ponía en sus rodillas y me hacía aquellas cosas que me había pillado pensando…


¿Podéis imaginar lo que es inventar cada noche una historia así para dormir? Con 7 u 8 años... ¿Podéis imaginar cómo era mi mundo interior lleno de fantasías? ¿Podéis imaginar lo que era creer que todo aquello jamás se cumpliría?


Anoche estaba bajo Él, con mis trenzas, antes me había follado la boca tirando de ellas, me había follado a cuatro patas… y yo me sentía aquella niña, me miraba al espejo y veía a aquella Ángela niña. No lo sabía pero necesitaba reconciliarme con ella, necesitaba darle lo que siempre había soñado, todo lo que había fantaseado, necesitaba que viviese todo lo que quería vivir… y ahí estaba Él, encima de mí, follando mi culo mientras yo lloriqueaba, y lo vi, lo miré y fui consciente de mis trenzas, de lo mucho que aún me parezco a aquella niña y algo perversamente mágico sucedió… Su imagen invadió mi infancia, Su cara, con Su barba, con esa mirada, con lo que me cuida y me protege, con los castigo que me infringe, con el sexo que me da, Él invadió mi infancia, se convirtió en secuestrador, en médico, en el hombre que me compraba, pero lo mejor fue cuando se convirtió en el que abría la puerta de mi dormitorio rosa y me azotaba, me follaba, y le daba a aquella niña todo lo que necesitaba…


Sé que es muy raro lo que cuento, sé que puede parecer hasta aberrante correrme mientras lo imagino follándome de niña, pero así pasó y me siento genial, sentí que mi infancia se cerraba, que aquella niña se despedía ahora feliz, satisfecha, dejando de sentirse como un pequeño monstruo por inventar cada noche todas aquellas historias. Aquella niña se despedía sabiendo que los sueños se cumplen, que sí existía, que sí se podía hacer realidad.


Quién me iba a decir que unas trenzas me iban a dar tanto, quién me iba a decir que iban a darle paz a una parte de mi historia, que iban a hacerme sentir así…


Y ahora siento su presencia en todos los momentos de mi vida, porque siempre me pregunté cómo hubiese sido ser amigos de la infancia, haber crecido juntos, como hemos hecho, pero desde niños… porque la primera vez que me dijo que quería pasar la vida a mi lado, que quería casarse conmigo fue tras ver mis álbumes de niña: “Me he puesto triste al ver todos los años de tu vida que me he perdido, y no quiero perderme ni uno más”. No se ponga triste Amo, no estuvo ausente todos esos años, aunque no estuviese conmigo físicamente. Porque cada noche imaginaba una historia antes de dormir, cada noche lo pensaba a Usted.

lunes, 1 de agosto de 2016

Quédese Amo

Stay - Rihanna ft Mikky Ekko


quedese


Podría empezar este texto alabándolo, pues hoy me apetece, podría empezarlo diciendo mil cosas bonitas de Usted, pero no, hoy quiero decirle de una manera alta y clara que se quede, que se quede a mi lado para siempre. Han pasado años y han pasado todo tipo de cosas, y ahora me siento dura, me siento lo más libre que me sentí jamás, me siento una de las mujeres más fuertes del planeta, aunque aún me queda mucho camino que recorrer, aún me quedan muchos fantasmas que asustar. Pero ahora sé que puedo, sé incluso que si me dejase sola podría, me costaría el doble pero podría. Y no es por eso por lo que le pido que se quede, se lo pido por que a Su lado el sol es más sol, porque a Su lado el mundo es más mundo, porque a Su lado siento el alma a flor de piel. Le pido que se quede porque lo he visto amándola, porque lo he visto dándole tanto, porque he visto desde fuera esa mirada, esa cara que nos vuelve locas…


Lo he visto dándonos tanto, que servirle es un regalo para mí, algo que no quiero dejar nunca de hacer, pues qué es entregarse a cambio de esa magia que despierta en mí. Que despierta en ella. Y es que Usted es una llave, es la llave que abre mis misterios, que desentierra secretos, es capaz de llamar certezas mientras folla, es capaz de descubrirnos los misterios del universo con Su mirada oscura y profunda, esa que le sale cuando nos sodomiza, esa mirada que es un imán para los viejos recuerdos, esa que habla de pactos antiguos y sobrenaturales.


Por eso Amo quédese para siempre a mi lado, quiero ver cuántos tesoros encuentra en mí, en ella, en otras si están por venir, quiero estar presente desde mi rincón, mirarlo y ver Su poder. Quédese Amo por favor, puedo seguir sola pero no quiero, me ha hecho fuerte, me ha reconstruido de unas ruinas que no había por donde coger, y lo ha hecho sabiendo que descubriría mi fuerza, que llegaría un momento en el que sabría que sola puedo vivir, pero qué vida sería, qué vida sería la mía sin Sus manos, sin Su boca, sin Sus dientes que expanden mi cuerpo al morderme.


Quédese en mis vidas para siempre,  quédese en el sofá tras de mí contándome al oído que no puedo huir de Usted, que me buscaría por todos los rincones del planeta hasta dar conmigo, que me agarraría del pelo y me arrastraría hasta Su cama para azotarme y amarme. Como si yo me hubiese siquiera planteado dar un paso huyendo de Usted…


Lo miro y es tan maravilloso que no puedo evitar susurrar: quédese, aunque jamás haya amenazado con irse, incluso en los peores momentos se quedó sin vacilar, aunque “quédese” suene a estupidez, pues Usted nunca quiso irse, cuando es Usted el que me dice que el día que muera quiere hacerlo entre mis brazos. Pero ya me conoce Amo, ya sabe que soy tontita y me asusta que no sepa que quiero que se quede en mis vidas para siempre, en todas y cada una de ellas. Prométamelo, aunque ya lo haya hecho muchas veces, pero quiero oírlo una vez más, repítame una última vez que se quedará a hacer mi vida más vida, a hacer de un destello un haz de luz, a liberarme de la suciedad arrastrada, a arrancarme la piel muerta a tiras, quédese Amo y no deje de follarme mirándome a los ojos, tiene la clave de la vida atrapada en ellos.


Quédese Amo, quédese en mis vidas para siempre.

lunes, 25 de julio de 2016

Marcas

Miro su culo mientras lo azota, el rojo resalta sobre el blanco de su piel, rojo que mañana será un morado intenso, rojo que mañana será un bonito dibujo de líneas paralelas. Nos azotó por turnos, algunos de lo elementos que a mí me tocaron fueron de los más duros, y en mayor número… miro mis nalgas, mi culo presenta un leve rubor que mañana no será nada, que mañana se habrá desvanecido para siempre, como si no hubiese pasado, sólo mi gesto dolorido al sentarme nos recordará que yo también fui azotada.


Nunca me quedan marcas, en todos estos años creo que sólo en tres ocasiones las he tenido y han sido pequeños morados y tras varios días seguidos de azotes… es algo que me atormentaba, miles de preguntas se me pasaban por la cabeza: ¿Quizá me azota demasiado suave?¿Me duele horrores porque soy muy débil pero sus azotes son caricias?¿Creerá que miento cuando lloro de dolor?... y muchas cuestiones estúpidas más. El sentirme débil ha sido una tortura, veía las marcas que mostraban otras y no me lo podía creer… si yo casi me moría de dolor la noche anterior, hasta qué nivel hay que llegar para que queden esas marcas. Otro ejemplo de que las comparaciones son odiosas, que hacen daño, que te desvían de ti mismo y tus propios límites y sensaciones.


Llevo años dándole vueltas al porqué no me quedan marcas. Muchas de las preguntas se apagaron al ir a fiestas y ver azotar a otras, e incluso al ver lo que opinaban otras personas de cómo me azotaba Él al hacerlo en esas fiestas. La más significativa fue una en la que le dejaron usar un flogger para probarlo conmigo, al hacerlo a Su manera le criticaron que había empezado excesivamente fuerte. Yo no dije nada pero por dentro aluciné, a mí no me había hecho ni cosquillas. Siempre he tenido la sospecha de que Él es duro, y lo es porque el 80% de los azotes que recibo son castigos, porque el juego está bien pero mi entrega tiene un objetivo claro y único: crecer.


Todas estas cosas y más me daban vueltas y vueltas en la cabeza, sin conectar entre sí, aún había alguna pieza que no había descubierto que lo uniría todo en mi cabeza. Los que me conocen saben que no puedo vivir sin entender, sin crear una especie de teoría que quizá sólo me sirva a mí pero que me aclare el porqué me pasan las cosas que me pasan, el porqué siento lo que siento. Es por ello que los: “disfruta y vive sin más” no me sirven. Puedo estar años buscando la solución a alguno de mis dilemas hasta encontrar la paz con el tema que sea. Los que me leéis creo que ya os habréis dado cuenta, uno de esos dilemas que me habréis visto de manera más evidente era mi conflicto con el dolor, el porqué lo necesito si no me da ningún tipo de placer. Este es ya un asunto resuelto y el de las marcas va por el mismo camino.


Hace unas semanas pude ver cómo otro culo se marcaba al recibir los mismos azotes que yo, de una manera muy evidente y duradera. Mi culo estaba intacto, yo estaba angustiada por el tema, necesitaba encontrar la solución de una vez. Entonces decidí abrir un poco más mi campo de visión, estaba quedándome demasiado en la superficie. Decidí observarme, ver qué quería enseñarme la vida, o qué aspecto negativo de mí dejaba de potenciarme al no tener marcas, y entonces la evidencia apareció ante mis ojos.


Siempre he dicho que he tenido dentro dos Ángelas muy diferenciadas, cada una con unas cosas buenas y malas que se oponían de manera muy clara. En este caso me centraré en mi lucha entre mi Yo profundo y mi Yo superficial. Siempre me ha torturado considerarme una persona profunda, que busca espiritualidad y trascendencia más allá del cuerpo pero a la vez ser tremendamente superficial, demasiado preocupada por el cuerpo, el físico y las pertenencias materiales. Ahora esa lucha no es tan marcada, mi Yo superficial se ha equilibrado mucho y menos mal. Pues bien creo que el hecho de no tener marcas tiene mucho que ver con esto. Él siempre me ha querido hacer crecer, es duro porque es la manera que tengo de hacerlo, es lo que le pedí, ese era el objetivo principal de mi entrega. Por ello me duelen los azotes horrores pero necesito el castigo, y precisamente por eso no me quedan marcas después, porque eso hubiese sido un peso para crecer, verme las marcas al día siguiente, poder presumir de lo mucho que me han azotado y que yo he aguantado, poder presumir de buena sumisa es superficial, lo hubiese utilizado para desviarme del objetivo, me hubiese hecho distraerme y no reflexionar del porqué de esos azotes, del porqué hago lo que hago, y Él hace lo que hace. Hace un tiempo mi amiga me golpeó con una de sus frases, de esas que se te quedan en la mente porque sabes que no has terminado de entender y notas que debes aplicártela: “Las marcas son ego, punto”. En ese momento lo medio entendí, además se lo apliqué a los dominantes exclusivamente, algo de mí no quería escuchar que sólo quería tener marcas para presumir, para reconfortar a mi parte superficial, que quería marcas para, como siempre, buscar que cosas externas me digan las cosas que debería decirme yo misma, para darme la seguridad que debería nacer de mí misma. Quería unas marcas que me confirmaran que soy fuerte, que me esfuerzo, que me entrego… en vez de confiar en ello desde mí misma. Necesitaba esas marcas al igual que siempre he necesitado que me digan “Eres guapa” para creer que lo soy en vez de confiar en lo que veo en el espejo, en cómo me siento yo.


¿Estoy diciendo que creo que mi cuerpo nació con esa característica tan concreta con un fin ya establecido? Sí. Llevo unos meses en que no paro de tener evidencias de que venimos a cada vida con un fin y nacemos con las herramientas necesarias para conseguirlo. Entiendo que sea difícil de comprender, que lo sencillo sea creer que es una casualidad, que nací con una circulación sanguínea portentosa y que no tiene nada que ver con nada más. Lo entiendo, y no busco que me deis la razón, yo sólo sé que mi explicación me ha dejado en paz, en mi cabeza encaja perfectamente, que en mi forma de entender la vida encaja perfectamente… Y estoy contenta, hace unos meses no habría escrito esta entrada, por miedo al "qué pensarán", pero esto me demuestra que cada vez necesito menos que me confirmen las cosas desde fuera para confiar en lo que siento, cada vez necesito menos que me digan “Eres guapa” para sentirme realmente así.

lunes, 18 de julio de 2016

Hermana

Nunca estarás sola - Maldita Nerea


Hay momentos en los que las preguntas se apagan en mi mente, son microsegundos, ratitos en que ganan las certezas, en los que se callan los “Porqués y paraqués” ojalá pudiera presumir de  que esos momentos son fugaces pero abundantes pero no, aunque sí puedo presumir de que cada vez son más. Y soy consciente de que llevo mucho dentro pero sola soy incapaz de sacarlo, aún necesito un estímulo externo para sacarlo. Pero para eso están ellos aquí, para creer en lo que digo, para provocar mis palabras.


Una relación de tres no es lo que imaginaba, no es lo que había prejuzgado. Nosotras nos encontramos porque debíamos encontrarnos, porque somos hermanas de otra vida, porque pactamos en esta volvernos a ver, para vivir momentos que den aire, que nos llenen los pulmones para seguir cada una con su misión, y la amo, la quiero como para llorar mientras se marcha, porque mientras se va soy consciente de su ausencia, y soy consciente de que debe ser así. No es la angustia de la despedida, no es la angustia de separarnos, no es ese miedo a no volvernos a ver, no es echar de menos nuestras charlas, no es saber que no amanecerás con ella cuando Él ya se fue hace rato al trabajo, no es que ya no habrá Tour en el colchón del sótano, no es eso… lloro de emoción, de la emoción que es comprender, de saber que lo que vivimos no es de este mundo, porque los tres juntos somos magia, de mil maneras distintas, pero magia.


Y no estoy enamorada de ella, no la amo como a una novia, aunque a veces bromeemos con ello, es mi hermana pequeña, porque me saca una energía que nunca viví, al menos no en esta vida.


Me apoyo en la pared, en esa esquina desde la que puedo verlos juntos sin estar metida en escena, no quiero follar con ellos, quiero mirarlos sin más, sonriendo sin querer, viéndola crecer en Sus manos, esas manos que me hacen crecer a mí. Quiero mantenerme al margen hasta que su llanto me haga correr a su lado para que me agarre la mano, para darle fuerza, esa fuerza que yo tuve que sacar sola, y que ahora me apetece facilitar. Me siento en el bordillo de la piscina y los veo jugar, chincharse, lo veo tocándola a “escondidas”, y yo no quiero mojarme, no quiero meterme en el agua por muy tentador que sea jugar los tres juntos, pero no es mi función, una certeza me lo dice en el pecho. Y es que los amo por separado, a cada uno por motivos distintos, y ellos me quieren, pero también se quieren, de maneras distintas. Y cada uno tiene una función distinta dentro de los otros…


Perdóname hermana, yo no puedo hacerte el amor, en la cama sólo puedo darle a Él, a ti solo puedo acompañarte, no puedo darte ese amor… pero a cambio te doy mi voz, mis palabras, mis dudas infinitas, y mis pocas certezas son tuyas también. Te regalo la tranquilidad de que después de vuestros momentos todo está bien. Porque los celos y la posesión no pegan en esta relación, porque el sexo es solo una herramienta, no es más mágico Su sexo que mis palabras. Porque con vosotros sólo me nace facilitar. Porque yo quería que Él tuviese tu trocito de alma y que tú te quedases con el Suyo. Te doy esa complicidad que raras veces me nace. Nunca me vi como líder hasta que te conocí y me cantaste “Yo te seguiré”, y entonces sí, entonces me nació una fuerza que no sabía que existía, y me puse a guiar, me puse a darte amor del que te puedo dar, del que sé que tengo que darte.


Nadie nos entiende, a veces creo que ni nosotros mismos entendemos qué vivimos, y lo sé porque esta semana ha pasado y ha sido una semana ajenos al mundo, una semana que parece no haber existido para el resto de la humanidad, porque no ha sido una semana humana, porque nos han nacido miradas y risas que no son terrenales. Y no sabemos explicarlo, queremos transmitirlo, gritarlo con un megáfono, pero las putas palabras no salen, las putas palabras se me ahogan en la garganta y me siento muda.


Y aquí me tenéis intentando explicar algo que no sé explicar, intentando gritar, cantar, susurrar, emitir sonidos guturales… a ver si encuentro la frecuencia en la que poder transmitir lo que siento.


Esta semana ha sido mágica porque hemos estado más cerca del cielo que de la tierra, porque hemos tenido momentos geniales, porque hemos sacado conclusiones geniales, porque hemos cogido aire, porque nos hemos amado de muchas maneras y todas preciosas. Pero ahora hay que seguir, no nos podemos quedar enganchados a lo bonito de lo vivido, tenemos que avanzar pues nuestro objetivo en la vida no es estar juntos, eso es solo el pacto que hicimos de facilitarnos, de facilitarnos el camino. Es solo el pacto que hicimos para tocar lo divino con las yemas de los dedos para que nos den más ganas de seguir luchando para conseguir agarrarlo con las manos.


No tengo más que decir, en verdad no puedo. Sólo sé que cuando esta canción sonó en tu móvil, cuando la pusiste como quién no quiere la cosa de camino a la estación, pero con toda la intención de que la escuchase, como si fuese un secreto que ya no pudieses ocultar más a pesar de no saber cómo recibiría yo ese mensaje, cuando sonó esta canción que ya había escuchado y nunca me había gustado, sentí algo increíble, me sentí muy afortunada por ser tu hermana mayor, porque sé que cada palabra de ella te recuerda a mí, que parece una conversación entre nosotras, que parece que otras personas han puesto palabras a cosas que nosotras no podemos, y eso es un honor inexplicable, y sí, una responsabilidad, pero de las que me gustan, de las que me dan vida.


Hermana, menos mal que tú, que Él, que nosotras… menos mal que los tres.

lunes, 11 de julio de 2016

Locuras de Cabaret

Life is a Cabaret - Liza Minelli


El Cabaret siempre me ha fascinado, estoy convencida de que en otra vida fui una bonita y triste cantante de un decadente cabaret. Sería un local abarrotado de oficiales, de ricos y pervertidos personajes deseando hacer realidad sus fantasías con cualquiera de los que allí trabajábamos, chicos o chicas, cada uno tendría sus preferencias.


Me imagino bailando y cantando con un vestido que deja poco lugar a la imaginación, con flecos y plumas, me imagino maquillándome frente al espejo para hacerme más apetecible, sabiendo que al final de la noche esas pinturas no serán más que churretes, pues ¿Acaso el cabaret no iba de eso? De pintar de arte y belleza algo tan duro como es la prostitución. Y me pregunto si no fue en esa vida donde se instauró en mí esa sensación de que lo triste es hermoso, en esa vida en la que disfrutaría cantando pero lloraría follando. ¿Azotaría el culo de algún militar? ¿Recibiría alguna paliza de otro? ¿Acabaría las noches refugiada en la cama de alguna compañera? Esa cama en la que nos daríamos el amor que no recibimos de nadie más esa noche. Sí, estoy segura de que busqué besos y caricias femeninas pues solo alguien que sufre como tú puede darte el consuelo apropiado, sin paternalismos ni juicios. Seguro que nos entendíamos, casi puedo recordar sus labios carnosos sobre los míos…


Quizá esto que escribo es una locura, pero a mí me salva y me eleva, me gusta crear recuerdos para dar explicación a muchas de mis actitudes. Y claro que podéis tacharme de loca, pero qué importa, me gusta recordar a mi compañera, me gusta imaginarme llorando mientras me sodomiza alguien que ha pagado por ello, me gusta imaginarme bailando y cantando feliz sobre un escenario cutre, cantando sobre las verdades de la vida, cantando que soy feliz en el fondo porque la vida es un cabaret, que te da la pena y te devuelve la felicidad sobre las tablas, que al acabar la noche te hace pensar que no puedes más, pero al despertar por la mañana estás deseando calzarte de nuevo los zapatos de actuar, para sentirte grande y hermosa mientras cantas y seduces a aquellos que luego aborrecerás. Pero… ¿Acaso esa magia no lo vale? Sentir la emoción del aplauso, sentir tus pulmones vaciarse en una canción, divertirte bailando y contoneándote ¿Acaso el consuelo después del llanto no es amor? ¿Acaso los labios de una compañera que sufre lo mismo no sería magia suficiente? ¿Acaso no nos querríamos con locura? Pues ambas sabríamos nuestro más oscuro secreto, ambas lo compartiríamos: nos valía la pena, sí, sentirnos poderosas sobre el escenario, valía la pena sentirnos así siendo folladas, pues el que nos contrataba solo mordía el anzuelo que le habíamos puesto delante. Sentir ese poder valía la miseria y las lágrimas, pues estas serían secundarias, sentir ese poder lo valdría todo…


Sí, yo fui una bonita y triste chica de cabaret, estoy segura de que bailando sobre las chirriantes tablas, cantando a pleno pulmón solo cantaría la verdad: Era poderosa, soy poderosa y ninguna circunstancia, ni ninguna vida cambia eso.

lunes, 4 de julio de 2016

La sumisión es un camino

Para empezar esta entrada voy a definir los términos que voy a usar. Para hablar de mi etapa anterior diré mi etapa como sumisa, y me refiero a cuando me dejaba condicionar por el significado que otros le dan a esa palabra, cuando me atraía todo lo superficial del término. Cuando mis metas y mi percepción se basaban en las propias de una sumisa en el BDSM. Por ello si atribuyo bastantes cosas negativas al término “sumisa” no es porque realmente las tenga, sino que yo como sumisa dentro de una comunidad con unos patrones a seguir no me gusté. En mi nueva etapa me llamaré Suya o “entregada”. Todo esto lo aclaro para intentar describir más fácil las diferencias que veo entre una etapa anterior y la que vivo ahora. Aunque es complicado, ya aviso…


Cuando era sumisa imaginaba mi mundo ideal como un protocolo perfecto y pomposo. Como meta tenía ser perfecta, quería no tener ni una sola falta al terminar el día. Si viviese encerrada en casa, sin hijas, sin trabajo, sin familia etc… no me parecería una meta tan horrible y tan dura como me resultaba. Y es que, como imaginaréis, no solo quería ser perfecta como sumisa, también lo quería ser en cada aspecto de mi vida. Cuando llegaba la noche estaba agotada, y aún me quedaba el trago de hacer recuento de faltas y cumplir castigos. Todo se me hacía cuesta arriba, me sentía fracasar a cada paso, y lo peor era la sensación de decepcionarlo. Para que os hagáis una idea algunas de mis faltas eran olvidar decir Amo al final de una pregunta o respuesta, olvidar pedir permiso para salir de una habitación, no hacer algo que me había ordenado que hiciese… evidentemente hay faltas y faltas. Las dividiré también en faltas superficiales (aquellas de protocolo, pequeñas órdenes)  y faltas profundas (mentir, ser soberbia, responderle con carga). Ahora veo claro la importancia real que tienen cada tipo de falta y la relación que tienen unas con otras, pero antes no. Como sumisa sentía una presión horrible, no podía fallar, sentía que daba pasos atrás si se me escapaba algún “tú” y pensaba en el ideal de sumisa que se tiene y en cómo yo lo reventaba a cada despiste. Desde fuera siempre se tiende a echar la culpa al Amo por una sumisa saturada, seguro que pensaréis que me presionaba, que Él me ponía todos esos protocolos y esperaba de mi la perfección, si no lo pensáis me extraña porque yo sí lo hacía. No porque Él dijese una sola de esas palabras, sino porque en mi cabeza era lo que se supone que desea un Amo. Pero se me olvidó que los Amos y sumisas que imaginaba no son reales, son proyecciones de nuestro cerebro, de nuestra propia exigencia. No conozco a una sola sumisa que no sea autoexigente, de verdad que no, no conozco a ninguna que en el resto de los aspectos de su vida no quiera llegar al 10. Y somos tan tontas de pensar que en ese aspecto no se va a reflejar ese defecto y que no nos va a hacer tanto daño como nos lo hace en todo lo demás. Se me olvidó recordar que soy una mujer real, de carne y hueso y que Él lo sabe, y mucho peor, se me olvidó que Él me quería a mí más de lo que quería a esa sumisa perfecta que yo creía que debía ser. No negaré que entre un Amo y una sumisa hay una distancia natural, la distancia que hay por estar en distintas posiciones, no negaré que mi Amo es estricto, que no me pasa ni una… pero OJO lo que he descubierto en esta nueva etapa es el porqué y con qué fin no me las pasa. Creo que castigar las faltas superficiales sirve para evitar las profundas, no es que si me olvido de un Amo al final de una respuesta Él me castigue decepcionado por no haber conseguido ser perfecta, creo que esa norma es algo que le gusta y de la que disfruta pero no es una necesidad básica, sin embargo mantener a raya mi soberbia y mi facilidad para dejar salir a mi ego sí es algo peligroso. Y es que reconozco que en las épocas en las que se relaja castigando las faltas leves me pongo peor, me sale la soberbia y tiendo a “subirme a la chepa”. Me avergüenza decir que cuando estoy enferma y Él me cuida y me perdona más las faltas me vuelvo contestona, me salgo de mi posición, con la consecuente “infelicidad” que personalmente eso me supone. Cuando era sumisa creía que Él quería que no cometiera ni una sola falta, que se sentía realmente orgulloso y satisfecho cuando llegaba con el contador a cero, pero he descubierto que, mientras las faltas profundas no se den, las faltas leves son un instrumento, o quizá simplemente es que esas faltas para Él no son tan importantes, aunque más bien, lo que me ha enseñado es que ser perfecta no es importante, que hay otras millones de cosas más profundas por las que me ama, por las que me quiere a Su lado.


Y llegados a este punto vuelvo a mi eterna lucha por salir de los patrones, a mi lucha en pro de la naturalidad, leer sobre sumisión es leer sobre superhéroes, es como si descubres que te pareces a Superman y te pones a intentar ser como él… jamás lo conseguirás, y te pasarás la vida estrellándote contra el suelo porque no puedes volar tal y como lo hace él, y no es que no puedas porque eres menos, no conseguirás porque Superman no existe, al igual que no existe esa supersumisa que nos ponemos como meta. Yo he tenido la gran suerte de que mi Amo ha tenido eso claro desde el principio, que solo fui yo la que creí que mi idealización era real. Por suerte Él siempre me ha ido empujando al camino de la naturalidad, la aceptación de nuestras imperfecciones y a la lucha real, sin presión de cambiarlas para crecer. Y es que esto sí es muy importante, lo que sí es genial es luchar para ser la mejor versión de nosotros mismos, pero siempre y cuando eso sea una motivación no una obligación.


Ahora mi vida sigue siendo aparentemente igual, pertenezco a mi Amo, pero ya no soy sumisa, ahora intento no cometer faltas, pero cuando las cometo, las asumo, aprendo, me motivo para no volver a cometerlas, me perdono y las olvido. Y es que lo peor de mis faltas no era verlas en Su contador, ese que tras los azotes vuelve a cero y olvida el número que allí había para siempre… lo peor de mis faltas era apuntarlas en mi contador personal, ese que no tenía ruedecita, ese contador que nos hace tener una visión general de nosotros mismos negativa, recordando aquella vez que fallaste, recordándote lo mal que lo haces por toooodaaas las faltas que has cometido a lo largo de tu vida, aunque ya les hayas puesto remedio, aunque ya aprendieras de ellas y nadie más les eche cuentas. Ahora vivo entregada, y eso significa ser más liviana, significa aprender de los errores, asumir los castigos y al rato ser feliz entre Sus brazos, entre Sus mimos, olvidando que fallé, olvidando ese ideal perfecto.


Sinceramente ya no me siento con la potestad para hablar sobre sumisión y BDSM porque me siento fuera de ello, pero como estuve dentro me voy a permitir dar un consejo a todo aquel que sí esté en ese camino, y que sí se sienta identificado con ese título: la sumisión es un camino, no un fin. Eres sumisa cada día que te levantes con afán de darte a tu Amo, ya cometas una falta o 100, ya acabe tu día entre azotes de castigo u orgasmos de recompensa, no eres una mujer luchando por ser sumisa, porque ya lo eres. No, no hay sumisas mejores o peores solo hay sumisas, a secas, porque la que ayer llegó con el contador a 0 hoy tiene 50 azotes por recibir, asumir eso forma parte de la sumisión, y si no estás dispuesta a asumir que eres imperfecta, si vas a hacer de esto una presión por llegar a un ideal, déjalo, eso es destruirse no crecer.