miércoles, 4 de noviembre de 2026

Tener que volver a decir: No soy una víctima

 Creo que durante estos últimos años he sentido que todo lo que tenía que decir sobre sumisión y BDSM estaba dicho. Sentí como si me hubiese quedado vacía, aunque la necesidad y el impulso siempre acechan. Yo siempre los ignoro.

Me expuse mucho, grabé una entrevista que vieron miles de personas, leí comentarios de todo tipo… aún así no me importó pues mi entorno siempre me comprendió y respetó.

Luego llegó 2022 y 2023 con su gran crisis, una que me tambaleó por completo. Una en la que tenía el juicio y el ataque tan cerca que no podía ni verlos. Personas que decían quererme y a las que yo quería. Personas que nos conocían y que conocían nuestra relación. De hecho ser como éramos era lo que les abrió la puerta a nosotros, a disfrutar todos juntos. De aquella época he tenido que sanar muchas cosas, gracias a Dios, tengo la capacidad y madurez para hacerlo. Pero aún me quedaba algo que no me había ni planteado: me avergoncé de mi sumisión y decidí esconderla un poco, o dejar de hacerla evidente.

Pero llegó una chica que se ha incorporado hace poco a nuestro grupo de amigos y decidió opinar sobre nuestra relación. Me sentó mal, he de reconocerlo, pero se lo agradezco porque pude ver cómo ciertas cosas se habían reajustado en mi interior y me estaban bloqueando en algo que siempre me gustó: sentirme libre de expresar quién soy y cómo amo. No solo a mi Amo, sino a la vida en general. La entrega me apasiona y hace mucho que reprimí esa pasión y esa valentía de gritarlo a los cuatro vientos. Gracias a esta chica y su capacidad de defender su verdad absoluta pude ver que quiero volver a sentir esa pasión al expresar mis sentimientos, mi visión profunda de la vida por mucho que quieran llevarla a tierra. Yo soy magia, aire y cuentos, es como vivo, no sé hacerlo de otra manera.

Mis dedos llevan mucho tiempo parados, ya no teclean como antes inventando historias y relatos.

Aún me duele ver cómo me sentí al ver que se me trataba como a una mujercilla sin más, vulnerable y tiritona. Cómo se menospreció todo mi sistema de vivir, cómo yo misma me hice una bolita y escondí todo eso por vergüenza. Nadie debería sentirse así. Lo peor es que yo sé lo que es no vivir así, he sentido esa libertad y he contemplado lo bonito que es estar orgullosa y fascinada con quién eres. Así que no pienso conformarme con menos.

Soy Suya, soy de Dios, soy de la vida. Esa que me recorre entera cuando Él me penetra. Que sana cualquier dolor o desajuste que haya en mi cuerpo. Soy de mí misma, me contemplo llena de poder y magia. Me siento a punto de estallar para llenarlo todo. Me expando cuando siento que pertenezco, a Él en el primer contacto, como metáfora de pertenecer al universo. NO SOY UNA PUTA VÍCTIMA. Por favor, que nadie me robe mi poder, no me digas que soy una víctima alienada por mi infancia, por el mundo… y no me digas que no es mi culpa seguir siendo así, que la culpa es de Él que cuando le confesé mis deseos se aprovechó de ellos. Por favor, que nadie mire mi vida desde una lupa tan racional y limitada. Llevo años mirando mi sombra, mis heridas, mis historias… para que me trates de una pobre tonta que no sabe qué pasa en su vida, que simplemente se deja llevar y gobernar sin ser dueña de nada. Qué puta idea tendrán de los lugares que he tenido que conquistar, del poder que he tenido que sentir para sanar de forma milagrosa, dicho por los propios médicos, qué gobierno no tengo sobre mi vida que puedo vivir en plenitud a pesar de enfermedades, daños e incertidumbres. Lo siento pero no, yo digo basta, basta de agachar la cabeza ante personas así que eligen restarme importancia y verme pequeñita por miedo a cómo les hago sentir si me asumen como realmente soy. Estoy harta de esconderme. Me da igual si se me tacha de machista, alienada, tonta, estúpida o con poca personalidad… yo sé quién soy, sé mi recorrido y tengo clarísimo qué cosas me hacen feliz y me hacen cumplir el objetivo que todos tenemos aquí: vivir en plenitud a nuestra única y exclusiva manera.

Odio la soberbia y la ignorancia de los de la verdad absoluta. Aunque la agradezco porque me hace reaccionar, me sacan de mi letargo y me enfrentan a esas ganas de teclear de nuevo cualquier cosa que me apetezca teclear.

Así que solo me queda dar las gracia a A y a M por ser tan egocéntricas que creen que el mundo y las cosas son sólo como ellas las ven. La angustia y demás cosas que me provocáis son las plumas con las que estoy reparando mis alas. Llegó la hora de volver a volar.

viernes, 24 de julio de 2026

24/7. Otra vez la decisión

 No, no soy una mujer fácil, sé que doy muchísimo, sé que muchos le dicen la suerte que tiene conmigo, y sé que lo valgo, pero también sé que no soy nada fácil. Quizá las adeptas de la entrega es lo que tenemos, nos damos a la vida en su cien por cien, en lo bueno y en lo malo. Intensa lo llaman, yo lo llamo súbdita de lo humano y lo divino. 

No soy una sumisa fácil, nunca me valieron solo lo momentos aislados, nunca quise juegos sin más, sin significado. Y eso no ha ido a mejor, al revés, cuanto más años pasan más valoro lo profundo, la verdad de las cosas. No quiero que me azote si no es una fuerza que le nace en las entrañas la que mueve su mano. 

He crecido, he cambiado, me he conocido. He podido ver mucho más de mi valor, ese que antes no tenía, pude sanar mucho de la niña herida, esa que era sumisa del mundo entero, eso me volvió más salvaje, más rebelde, mucho más fuerte. Eso me hizo que mi ego se sintiese muy en igualdad a Él, eso hizo que inconscientemente me pusiera a su altura. Sé que le dolió, quizá no de forma consciente, pero sé que lo notó, sé que no veía ya en mí la docilidad que tanto me caracterizaba, supongo que es lo que tiene ser "perra vieja". 

Supongo que siempre fue una decisión, supongo que siempre se basó mucho en mi forma inocente de vivir la vida la que me permitió dejarme llevar de forma ciega y sin oposición, la que me permitió abandonarme. Y ahora debía tomar de nuevo la decisión pero esta vez con más conocimiento de causa, ahora entiendo lo valiente que hay que ser para hacerlo cuando llegas a ese punto. También entiendo que esa entrega es mucho más valiosa.

Hace unas semanas me pillé reaccionando de una forma que no me pegaba, no solo no me pegaba, sino en la que no me reconocía y me hizo angustiarme mucho, no por la reacción en sí, sino por ser consciente de que no era mi naturaleza, no era mi verdad. Él, que parece que siempre sabe las cosas antes pero espera pacientemente a ese detonante que me haga ser consciente, me dijo que no me sentía sumisa. Me pilló de golpe, otra vez. No estaba rebelde, no estaba desafiante, no hacía nada diferente, pero sabía que llevaba razón. La decisión estaba sin tomar, la había dejado en el aire para poder disfrutar de los privilegios internos que me otorgaba no tomarla del todo. Y no soy de medias tintas, en esas me pierdo, me siento incómoda aunque no sepa ubicar en qué.

Alguien podría decir que si llegamos a ese punto es que ya no éramos Amo y sumisa, pero creo que es lo contrario, creo que hay mucho poder y seguridad en dejar que tu sumisa explore lo que es ser un poco "menos sumisa", pero lo cierto es que la vida que hemos vivido, con sus circunstancias, le han mostrado que no importa lo que pase, no importan las dudas ni las heridas, soy una perrilla fiel. Además, la entrega siempre fue una decisión libre, no es tuya a quien obligas a serlo. No es sumisa quién actúa obligada, por mucho que nuestras fantasías mole mucho imaginar las perrerías que nos hacen "en contra de nuestra voluntad". Y en mi caso... Vamos a ser muy honestos, es más fácil vivir a tu aire, más de "tú a tú", mucho más cómodo. Pero es que esto nunca fue de eso, ha estado bien vivirlo un poco, pero me siento vacía sin esas cosquillitas de la sumisión, de la obediencia, de mirar desde abajo. Sé que hace unos años pasé por un momento así, pero fue justo después de una crisis tremenda que tuvimos, en la que yo empecé a despedirme de Él porque no parecía que tuviésemos solución. Digamos que aquella vez me resulta una reacción más natural, estás herida, agotada y ya te veías viviendo sin Él. Pero en este caso la responsabilidad es toda mía y mi actitud comodona y egoica.

Así que creo que hoy, 24/7 del 2026 es un buen momento para renovar mi decisión y compromiso.

No sé ser de otra manera, antes lo decía sin conocimiento de causa, pero ahora puedo corroborar que así es con todas las de la ley.

Ya he hablado muchas veces de esa imagen simbólica en la que yo soy una perrilla inquieta que va de un lado a otro, Él me lleva atada con esas correas extensibles para dejarme explorar lo que necesite, pero siempre con esa decisión de tirar de la correa y hacerme volver a mi centro cuando lo vea oportuno. La madurez me va dando esa comprensión que siempre supe, pero que ahora tiene más peso, de que Él es mi ancla a este mundo, a mí misma, a lo divino, a la magia de la vida. Puedo "volar" lo que quiera pero no deja que "me vuele". 

Doy gracias a Dios por hacerme como me hizo, gracias por el anhelo con el que nací, por mucho que a veces me haya angustiado, ese anhelo, esa entrega me llevó a Él, me llevó a reconocerlo, y me lleva a poder ver y vivir la vida de una manera tan intensa y genial. 

Gracias 24/7 por estar en mi células, por recordarme que no hay ni un solo segundo de esta vida en que la entrega no arda en mí, por darme la certeza de que no hay un segundo más de mi vida que no quiera dárselo a Él. Volveré a agachar la cabeza como acto natural, volveré a mirar desde abajo, porque desde ahí la vida es maravillosa.

Gracias porque, en cuanto reconecto con la entrega y la sumisión, mi vida pasa de ser normalucha y gris, a llenarse de luz y chispitas de colores. Pasa de ser aburrida a un orgasmo.

Y por supuesto gracias a mi Amo, por amarme como me ama, por su paciencia y madurez, gracias por ser el líder sabio y sereno que es, aunque también adoro cuando deja de serlo y veo ese fuego en la mirada que me pone la piel de gallina y me derrite.

No, no soy una mujer fácil, pero sí soy pura y enteramente Suya. De eso no me cabe duda.

martes, 24 de marzo de 2026

Actualización...

 

A estas alturas no creo que ya nadie lea esto, pero a mí sigue surgiéndome una y otra vez la necesidad de volver. De tener un lugar en el que expresar mi amor, mi pasión, mi entrega. Muchas personas a lo largo de estos años me han dicho que nuestra historia les llena de esperanza, que les inspira ver que una relación 24/7 es posible en el día a día y que puede perdurar en los años. Así que también me gusta la idea de, aunque sea esporádicamente, venir a actualizar que nuestra relación y nuestra Ds sigue y está más viva y sólida que nunca.

El sábado estuvimos en casa de unos amigos, eran con los que Él se fue el año pasado dos semanas a Argentina. En un momento en que nos quedamos las mujeres hablando una de ellas dijo: “Todas queremos mucho a nuestras parejas, pero aquí la que más enamorada está es ella” y me señalo a mí. Yo en ese momento estaba absorta en mis pensamientos (cosa que me suele pasar mucho cuando estoy con mucha gente) y me pilló totalmente por sorpresa. Al rato esta chica y yo nos pusimos a hablar de algo y no sé cómo acabamos hablando de nuestro tipo de relación. Al principio tuve miedo de expresarlo por si pensaba que estaba loca, no la conocía tanto como para tener confianza, pero para mi sorpresa se entusiasmó. Ella resultó “cojear un poco de mi pie” y le flipó hablar con alguien que vivía el BDSM de esa manera. Yo me descubrí dándome cuenta que hacía mucho que no hablaba de ciertas cosas, de mi historia, de nuestra relación. Si me conocéis un poco podréis entender lo raro que se me hizo.

Como ya he mencionado nuestra relación no ha cambiado, sigue la jerarquía, la sumisión, la entrega… lo único que ha cambiado es que no expreso nada de esos setimientos y sensaciones que me provoca. Lo eché mucho de menos, aunque eso no es ninguna novedad, ya he hablado antes de esa especie de bloqueo que me surge…

Hoy he salido a andar un rato, me gusta andar y meditar, reflexionar con lo mucho que impacta la luz, el paisaje y el propio movimiento en los pensamientos. Me he preguntado si ya lo he dicho todo, si ya he sacado todo lo que había en mi cajón de la entrega. Me refiero en el ámbito de la expresión, no de la vivencia en sí. Pero lo cierto es que para mí la sumisión es diversión, tenerla presente me hace la vida atractiva, motivante… y hablar de ello, fantasear etc… forma parte de eso.

Me desvío… la muchacha con la que hablé, casi al final de la conversación me dijo “Ahora lo entiendo, había alguna pieza que me faltaba. Cuando veía cómo lo mirabas, enamorada, incluso más que las que llevamos muchos menos años con nuestra pareja. Cuando me contaban que Carlos en Argentina te echaba tanto de menos, cuando decía que el viaje estaba muy bien pero que sin Ángela no lo disfrutaba del todo, le faltaba algo. Ahora veo la dimensión de vuestra relación, el vínculo…”. Fue como entrar en una bañera caliente cuando tienes frío, como si ese frío fuese todos los años que he sentido que el mundo no entendería la profundidad de lo que somos, como si las relaciones BDSM fuesen “de segunda”. Sentí una paz que no sabía que necesitaba, aquella muchacha valorando tanto algo que he tratado de defender y normalizar desde hace 18 años, o más bien todos mis 39 años. De repente me di cuenta de que el mundo sí avanza, que sí se normalizan, incluso se admiran, cosas que antes se rechazaban. Me sumergí en esa bañera caliente y me decidí a dejarme volver a expresar, a hacerlo quizá de forma más tranquila, sin encumbrar tanto las situaciones propias del BDSM y más desde lo normal que es nuestra relación ahora. Hablar más de cómo ha evolucionado mi entrega, incluso atreverme a plantearme desligarme de las prácticas, atreverme a expresar que hace mucho que no las necesito, que no las necesitamos, que hemos construido nuestro hogar en una Dominación sumisión cotidiana, que no requiere de sesiones. Incluso sabiendo que muchos la mirarán desde unas gafas de “puff qué triste”. Pero la realidad es que es justo lo que siempre soñé, soñé con una relación auténtica, sin teatro, sin que tuviese que sostenerse en “parafernalias” para ser real, para saberse jerárquica. Y ojo, nos siguen gustando esas “parafernalias”, aunque los azotes hayan perdido totalmente el interés para mí, son puro castigo… pero bueno, quizá esto sería la primera cosa sobre la que reflexionar y escribir. Quizá es que me hago vieja, o quizá es que la vida me ha mostrado la plenitud del amor incondicional, la plenitud de la entrega y ya todo lo demás es accesorio pero totalmente prescindible. Porque no, no me aburro sin sesiones. He trascendido la entrega, la he sacado completamente del ámbito sexual, y la he convertido en algo que sostiene todo lo demás. Así que el sexo deja de ser el protagonista del asunto, aunque entregarme al cien por cien me haga vivir cachonda perdida. Aunque solo verlo entrar por la puerta me emocione y me derrita al pensar que es mi Amo, del que soy, al que permanezco y permaneceré.

jueves, 24 de julio de 2025

Esta locura del 24/7

Hoy es 24/7 y no iba a escribir nada, quizá recordar una entrada antigua, total, ayer ya publiqué después de mucho tiempo… Pero he subido a recoger nuestro dormitorio, me he puesto música y ha sonado esta canción de Siloé, he pensado en lo mucho que me gustó cuando me la cantó en aquella discoteca de tardeo creyéndonos indies…

Tenía su polo en las manos, lo he olido y he pensado en cuando suene en directo en el Granada Sound, he imaginado que el mundo desaparecía y se la cantaba porque, aunque me la cantó Él primero, lo cierto es que me siento totalmente identificada, es completamente mutuo. Le he subido el volumen y la he cantado en bucle, hasta me he emocionado como la llorona intensa que soy.

Me venía ese 24/7 a la cabeza, como esa locura que es, que me arrasa, que me devora, esa locura que hace que me sepa tan Suya en cada momento que nada podría hacer que no lo fuese ni un solo instante del día. Y recuerdo cuando nos alejamos, recuerdo cuando me preguntaba si estaría mejor sin Él, recuerdo el día que le dije “Es mejor que nos separemos. Cuando vuelva a casa será mejor que ya no esté, no puedo soportar ver cómo se va”, recuerdo el dolor de aquellas palabras, sabiendo que nada podría hacer que no lo anhelase cada minuto, de cada hora, de cada día con su noche. Recuerdo el dolor de saberme tan Suya aún lejos, saberme tan de alguien que probablemente dormiría abrazado a otra mujer. Recuerdo el dolor de ese 24/7, ese que odié por saber que no sería fácil de revertir, por no decir la palabra “imposible”. Ese 24/7 que sabía que me pesaría al besar a otro hombre, un lugar desde el que ya no podría amar a nadie más, pues “Nadie más estará nunca a la altura de los besos que me da”, el dolor de saber que era recíproco y que habríamos dejado que las circunstancias, las manipulaciones ajenas y nuestra propia incompetencia nos separasen, el dolor de saber que ambos nos anhelaríamos en cada penetración, el saber que nos echaríamos de menos en secreto, el saber que desearíamos nuestros cuerpos en la lejanía, que ataríamos nuestro deseo de besarnos y acabar follando en el suelo cuando tuviésemos que vernos al recoger o llevar a las niñas… Así que sí, ahora me siento una idiota por haber pensado en algún momento que nuestro destino era acabar nuestras vidas separados viviendo en el anhelo constante de haber sabido hacerlo para que el amor pesase más que los errores.

Hoy celebramos el 24/7, esta mañana en la cocina, tras prepararle su botella de agua para el trabajo lo he felicitado, y sin saberlo nos he felicitado, he felicitado a aquellos que supieron revertir una situación que parecía no tener solución, que supieron tomar las riendas en el más absoluto caos, que supieron estar por encima del ego, de la manipulación, de los errores, de las palabras dolorosas y dejar que el Amor venciese. Porque nuestro 24/7 se basa en algo que ahora parece estar tremendamente rechazado, juzgado, un horror… se basa en el “sin ti yo no sé estar” pero nunca me ha gustado ocultar la realidad, me da igual lo mal visto que esté necesitar... Pero es que nuestra realidad es esa. Necesito Su calor, Su voz, Sus dientes torcidos, Su polla dentro de mí, necesito ver Su cara cuando me penetra, necesito Su cabeza entre mi pechos mientras se echa la siesta, necesito oler y besar su pelo en ese momento, necesito viajar a Su lado, necesito las noches en el sótano cantándonos mientras nos miramos a los ojos viendo el amor más profundo en los ojos del otro, necesito el olor de Su sudor, necesito Su silencio, Su humildad, necesito Sus pellizcos, Sus manos en mi cuello, necesito Sus “demasiado permisivo soy”, necesito Sus miradas de “porque hay gente delante, sino te reventaba” y necesito cuando se acurruca entre mis brazos sintiéndose protegido y resguardado, necesito besarlo, atragantarme con su polla, necesito cuidarlo, amarlo de forma explícita y sin límites… Y no, no puedo negar, aunque en su momento lo negué hasta la saciedad, que si no hubiésemos estado juntos ese “si me necesitas llámame” estaría latente en mí 24/7, a cualquier hora, en cualquier momento, dispuesto a ser atendido sin duda, a responder a Su llamada sin dilación. Menos mal que no fue así porque de verdad el tiempo jamás nos hubiese perdonado que no estemos juntos.

Así que hoy dedico esta canción a celebrar ese pertenecerle, pertenecernos, cada microsegundo, de cada día de esotos 21 años y de todos los que nos queden. Celebro nuestra valentía de vivir el amor a nuestra manera, por raro que les parezca al resto, por mucho juicio que nos echen encima, por mucho que nos ataquen o calumnien, por mucho que alguien quiera pensar que “siguen juntos por costumbre, por las niñas…”, no tienen ni puta idea, ni se asoma a la inmensidad de lo que somos, de lo que es ser Suya 24/7, de lo que es ser mi Dueño 24/7. Y es que veo esos números y parece que limitan un tiempo, pero la realidad es que representan algo permanente, continuo, eterno… Unos números que tratan de expresar lo inexpresable, titular lo que no tiene título. Y es que lo cierto es que incluso en las peores, incluso de la peor manera, supimos mantener nuestro 24/7.

Él es la locura que no sé cómo frenar, que arrasa y me desnuda con los besos que me da. Y me viene con más fuerza, con más ganas de gritar… que sin Él, yo no sé estar, en este mundo, sin Él yo no sé estar.

Ay, Amo, qué bien que mandamos a todos a tomar por culo. Ay, Amo, qué bonita se me antoja la vida a Su lado 24/7 

miércoles, 23 de julio de 2025

La Entrega

     Vuelvo una y otra vez a ella. A veces el día a día apaga su intensidad, jamás la olvido, pero otras cosas toman más relevancia en mi interior, hacen más ruido, llaman más mi atención ya que soy una persona muy inquieta internamente. Siempre ando liada con mis procesos, con mis trabajos intangibles, siempre tratando de crecer, de hacer conscientes mis heridas y sanarlas. Siempre tratando de limpiarme lo máximo posible para llegar a mi autenticidad, a la plenitud. A veces esos trabajos me distraen tanto que sin darme cuenta surge una sensación de estar perdida, como si hubiese salido de mi casa, hubiese tomado un camino y hubiese ido tan pendiente del paisaje y sus sensaciones que ahora no sé volver. Entonces me angustio, tiemblo ¿Dónde está mi certeza?¿Dónde mi ancla?¿Dónde mi paz? Ni siquiera una paz idílica, sino una paz de base desde la que afrontar todas mis tormentas… Y salgo a andar a un campo que tengo cerca, con mi música a tope. Pido respuestas, pido una señal, que se abra el cielo, Dios aparezca y me diga “Ángela, es por ahí”. Miro la ciudad, miro al bosque, miro al cielo… pero no se abre, Dios no aparece.

    Entonces al día siguiente, sin esperarlo, Él me reclama más atención, me hace comentarios de que estoy “muy subidita”. A mí me pilla por sorpresa, no soy especialmente retadora, nada bratz, al revés, me sale natural la obediencia y el mantener una sumisión suave. En ese momento no lo veo, no lo asocio, pero algo empieza a gestarse en mi interior. Parece que no tiene nada que ver con ese proceso más profundo, se me vuelve a olvidar que somos personas íntegras, que no hay compartimentos… Me observo, observo lo que Él me ha dicho, ese “subidita” que no es evidente pero que Él ha notado. Es la magia de estar tan conectados, me capta cualquier sutileza…

    Y sigo observando, y compruebo que es cierto, que he tomado cierta inercia, que ando distraída y sirvo sin consciencia, y que en ese movimiento me he ido igualando a Él, es muy muy sutil, pero ahí está. Decido olvidarme de esas otras sensaciones que me atormentan, pongo el foco en Él… Me paso la mañana pensando en ello, pensándole. Llega del trabajo, descansamos un rato, follamos… No hay actos muy evidentes pero percibo Su dominio de forma clara, algo se mueve dentro de mí, ese calor, esa vibración en mi pecho, esa magia que me hace elevarme mientras me siento tan pequeña. La magia de ser Suya, de recordarlo de forma tan nítida. Me vibra el cuerpo entero, el orgasmo nace entre mis piernas pero sube por mi estómago, se agarra a mi garganta y sale por mi cabeza. Tengo ganas de explotar, de expandirme de pura entrega. ENTREGA, esa era la respuesta, ese el hogar.

    Más tarde conduzco, escucho esta canción y las respuestas llegan claras, nítidas, Dios no abrió el cielo, pero Él abrió mis piernas, me recordó que, por extraño que sea, mi conversación con lo divino es a través de la sexualidad, del amor y la entrega. Que la base es esa. Que no es que mi entrega a Él sea la clave, sino que es una facilidad que me dan, una manera de recordarme que vivir en entrega es mi forma de vivir. Entrega a Él, a la vida, a lo divino, a la confianza plena del “no tienes que preocuparte tanto, simplemente entrégate y disfruta”.

    Y me asusta que piensen que estoy loca, pero lo cierto es que nada se compara a la paz que obtengo al llegar a esas conclusiones, nada se compara a lo maravillosa que se vuelve mi vida cuando pongo consciencia en la Entrega, consciencia en Él. Nace en mí un manantial de admiración, de respeto, de agradecimiento… Puedo verlo sin tapujos, veo cómo todo eso nace de mí y vuelve a mí. Porque si me siento tan maravillada por un simple humano es porque veo lo divino que hay en Él, y al reconocerlo, me reconozco, veo lo divino que hay en mí. Pero sin ego, sin la necesidad de demostrar que soy valiosa. Ojalá supiera expresarlo mejor, solo sé que ante Su presencia me desvanezco y dejo que se manifieste una parte mucho más limpia, hermosa y grande.

    Me encanta cómo todo esto tan profundo se entremezcla y manifiesta con cosas mucho más carnales: sexo, bofetones, órdenes y pellizcos. Me fascina cómo un “estás muy subidita” puede abrirme un mundo de autoconocimiento y espiritualidad. Eso es lo que me falta integrar, que soy terriblemente carnal y espiritual, que llego a lo espiritual desde la carne y a la carne desde lo espiritual. Me falta perder el miedo a mostrar todo esto y sin embargo siento que es lo que tengo que hacer. Es mi peculiaridad, mi excentricidad, nunca he sido muy normal… a ver si dejo de intentar parecerlo. Y es que, sinceramente, bendita locura la mía, que me hace experimentar todas estas cosas. Bendita ENTREGA que siempre me acoge, que siempre me acurruca en la fe y la confianza de que puedo dejarme llevar, que hay una belleza salvaje y maravillosa en servir, en Darse entera... sin miedo. Al final, todo esto nos lleva al catártico decubrimiento de que podemos darnos enteros, pues nada en realidad puede destruirnos.

    Y vuelvo una y otra vez a ella, a veces me pierdo por caminos hermosos pero sinuosos y la pierdo de vista, no por dejar de tenerla, sino por dejar de hacerla consciente como parte de mí. Vuelvo una y otra vez a la Entrega y ella jamás me decepciona. Es la herramienta más poderosa y mágica que poseo.

miércoles, 9 de abril de 2025

La familia machista

 

Mi hija mayor se ha ido de intercambio a Italia. Ya estuvo aquí una chica italiana durante una semana y ahora le ha tocado a ella ir a su casa. Ayer nos mandó varios audios contando su experiencia, las cosas que más le llaman la atención… en uno de ellos dijo que le sorprendía mucho que veía una dinámica muy machista en la familia, que la madre lo hacía absolutamente todo en la casa y el padre nada. Que quería preguntar a sus compañeras si en sus casas era igual, porque no sabía si era algo específico de la familia o más cultural.

Hace muchos años fuimos a nuestra primera reunión social BDSM. Allí, cuando contamos nuestra forma de vivirlo, muy cotidiana, muy en el día a día, con nuestras hijas conviviendo con nosotros, hablándole de usted… algunos no pudieron reprimir sus caras de “qué barbaridad”, otros incluso nos aconsejaron dejar de hacerlo. Alegaban que nuestras hijas podrían crecer en un entorno en apariencia machista, por ser yo la que sirvo. Que ellas no entenderían que es una dinámica elegida… Reconozco que me metieron el miedo en el cuerpo, pero no sabía hacerlo de otra manera y ser feliz. Siempre he comprendido la familia como un lugar en el que todos tienen que ser felices, evidentemente con restricciones y sacrificios por parte de todos, pero más como unos ajustes en busca de un equilibrio en el que todos seamos felices sin faltar al otro. Así que confié en mí, en nosotros, asumí que esas personas hablaban desde sus prejuicios e ideas preconcebidas, e incluso, desde “su BDSM”. Asumí que la mente tiende a imaginar situaciones que no se corresponden con la realidad. Que tiende a compartimentar y creer que llevar la Ds en el día a día, significaba que no había más que BDSM en nuestro día a día. Que yo andaría todo el día medio desnuda, arrodillada delante de mi Amo y Él con el látigo en la mano por si las moscas. Pero la Ds es la base profunda de nuestra relación, a veces se manifiesta de forma evidente, otras no, pero con nosotros dos tenerlo presente es suficiente. Escribiendo esto me doy cuenta que me he machacado mucho creyendo que hay en mí un trasfondo machista, por adorar la disciplina doméstica, por ponerme cachonda cuando veo representados en mi vida esos roles antiguos, en los que Él está haciendo la declaración de la renta y yo mientras hago un pastel de zanahoria en la cocina. Y probablemente lo haya, pero es que ese tipo de situaciones suceden en un océano de situaciones diversas que hacen que se diluyan. Pero lo que he comprendido es que las personas que me dijeron esas cosas son las que tenían una imagen muy extrema, limitada y, creo que poco sana, de lo que es una Ds, al menos en 24/7. Que yo sepa una Ds va de que ambos se cuidan, solo que desde lugares distintos. Yo lo cuido porque le pertenezco, Él me cuida porque le pertenezco. Esto en el día a día se traduce en unas dinámicas de cuidado mutuo y normas que cumplo sin que desde fuera se perciban como tales. También quizá se mezclen en esas mentes el machismo y lo que creen que es servir. Supongo que les resultará inconcebible que el Amo friegue los platos estando Su sumisa. Que planche, que atienda a Sus hijas… Conforme escribo veo que hay tanta mugre en esos prejuicios sobre una 24/7 como la nuestra… Porque también asumen la “vagueza” del Amo, como alguien que quiere evitar a toda costa hacer cualquier cosa, pudiendo delegar y sobrecargar a la parte sumisa. Asumir que llevemos una Ds dentro de nuestra cotidianidad familiar y que esto pueda dañar a nuestras hijas o que vivan el machismo, es asumir que Él priorizará el egoísmo por encima, ya no solo de mí, sino de Sus propias hijas.

Somos una familia peculiar, creo que tenemos un vínculo muy especial los 5, aunque con nuestras dos hijas mayores es aún más fuerte que con la pequeña, simplemente porque con ella llevamos 6 años y con las mayores parece ya toda una vida. Quizá porque éramos muy jóvenes, o porque con ellas vivimos todo por primera vez, mi sensación es de máxima complicidad, dentro de que se respetan los lugares de cada uno, los padres son los padres, las hijas son las hijas y cuando hay que decirles algo se les dice, cuando hay que poner límites se ponen… es que no sé explicarlo, sólo sé que llevo este curso fascinada con las mujeres en las que se están convirtiendo. Tienen ya 17 y 15 años, empiezan a vivir cosas fuera de nosotros, circunstancias en las que manifiestan ya sus personalidades y mentalidad. Están en un momento en el que se puede ver cómo ha afectado nuestra educación y ejemplo a sus vidas. Me dan ganas de llorar al pensar en el resultado, no sé si es emoción de orgullo o de alivio, no es fácil confiar en tu forma de hacer. No digo que en algunas cosas no les hayamos afectado de forma “negativa” pero qué padres no lo hacen. Es inevitable, solo sé que son tremendamente empáticas, abiertas de mente… cada una a su manera, porque son distintas, pero ambas fascinantes. Son dos seres increíbles, con una mentalidad de unos tiempos que no son los míos, capaces de cosas que yo no soy. Su idea de lo que es una relación es tan sana… Capaces de discernir qué cosas son del otro y sus heridas y qué no. Capaces de elegir qué no quieren en esas relaciones. Como digo, cada una a su manera, pero tengo la suerte de que confíen en mí y me hayan contado directamente y sin tapujos cosas de sus relaciones que, aunque aún son esas tiernas y novatas, ya dejan entrever cómo son los problemas y situaciones que surgen ya de adultos.

Creo que ser abierta y transparente con ellas ha dado sus frutos. Nunca les he dicho nuestro tipo de relación, tampoco me la han preguntado, pero sí he sido transparente al hablar siempre. He hablado de mí, de mis relaciones, de quién soy de tú a tú en las conversaciones que han ido surgiendo desde que eran niñas. He hablado con naturalidad de sexualidad, siempre respetando lo que ellas me requerían, no más… Siempre hemos hablado en casa de los diferentes tipos de relaciones, y siempre he hecho hincapié, de una u otra manera en que la libertad es elección, y que eso es la base de todo. Que ellas podrían elegir en su vida lo que quisieran, siempre preguntándose si es desde la libertad o la obligación, del tipo que sea. Siempre con consciencia…

Ayer me hizo mucha gracia y me dio mucha ternura que mi hija identificase la dinámica de esa familia como algo tan machista, desde una comparación con su propia familia. Cuando la chica italiana estuvo aquí me contó que su madre era ama de casa y su padre trabajaba fuera. Yo le dije que entonces era igual que la nuestra. Pero ella también dijo que no era lo mismo. Lo que me hace reflexionar también sobre que quizá no solo sean los actos los que transmitan una idea, quizá también es esa energía de cada uno, de la propia relación, lo que haga que marque la diferencia. Porque Él es mi Amo, yo soy Suya, pero eso jamás ha marcado más distancia que la de la propia verticalidad, pero en cuanto a complicidad y amor se nota que somos un equipo, cada uno en “su puesto” pero un equipo.

Creo que la vida me está hablando, me está reconociendo el esfuerzo y la confianza que he tenido en nosotros y nuestro proyecto de vida. Me dice que sí, que funcionó, que hice bien en no sacrificarme por miedo. Creo que nuestras hijas han crecido con unos padres imperfectos (como todos) pero cercanos, creo que hemos conseguido que nos vean como a personas aisladas, con sus características personales, y no como los trasmisores del “cómo tienen que ser las cosas”, o quizá sí lo hayamos sido pero en el sentido de ser un espacio en el que poder ser ellas mismas, transmisor del “las cosas tienen que ser en libertad, no voy a imponerte ningún patrón”. Al final nuestra idea de familia siempre ha sido desde el vínculo irrompible. pero la individualidad. Y no me importa alabar nuestra labor en esto, porque hemos puesto mucho empeño, hemos tomado decisiones difíciles y hemos roto muchos condicionamientos que teníamos adquiridos para poder ser la familia que queríamos ser. Estoy muy orgullosa y agradecida de ella, me encantan las personas que la forman.

Y bueno, dejo un poco las profundidades y aclaro que mi Amo me puede ordenar que limpie algo, que haga tareas, de hecho tengo una libretita en la que me escribe si desea que haga alguna al día siguiente, pero como me puede ordenar que baile para Él. Que si yo asumo más tareas de la casa es porque así nos hemos organizado por interés de ambos, sobre todo el mío que me gusta vivir sin horarios ni estrés… me gusta quedarme en casa, escribir, meditar, ordenar… a mi ritmo. Pero que, incluso siendo yo ama de casa, no significa que todas las tareas del hogar son mi obligación. Porque la sumisión no significa, al menos en nuestro caso, ser esclava de las tareas domésticas. Como digo, si Él lo ordenase yo acato sin chistar, pero mis hijas han visto que unos días friego yo los platos y otros su padre. Que juntos arreglamos las cosas que hace falta, que Él tira la basura y plancha mientras ve Su NBA, que yo lo cuido a mi manera y Él me cuida a la Suya. Ellas no lo identifican como alguien machista, o si a veces Él dice algo que lo es, porque no olvidemos que por muy consciente que seas, naces donde naces y bajo los condicionamientos que naces, le chichan y le dicen que no sea un heterobásico. que tiene la masculinidad frágil o que es un mimado. Todo en tono de broma por parte de todos. Él se me acurruca como dolido, yo lo abrazo y les digo “Pobre, no os metáis con Él. A mí me gusta mimarlo” y ya está. A veces el humor es la mejor herramienta para afrontar las cosas y fortalecer los vínculos. Él sería un machista si hubiese tratado de forma negativa, desde la presión y la obligación en la sumisión, no solo a mí, sino a Sus tres hijas. Si hubiese actuado como si ellas estuvieran obligadas también a servir. Pero no ha sido así en absoluto.

Así que a toro pasado puedo comprobar que el problema no estaba en nosotros, sino en la mirada de aquellas personas y de muchas que nos han juzgado. Ellos solo imaginaban situaciones esperpénticas de unas niñas viendo cosas que no debían. Ellos se imaginaban a un Amo déspota y egoísta, incapaz de hacer lo mejor para Sus hijas por encima de Sus deseos. Claro que le han dado ganas de abofetearme estando ellas delante, pero tiene la suficiente fuerza de voluntad para esperarse a estar solo y hacerme rendir cuentas. Algún día nuestras hijas se irán, nos quedaremos solos y quizá podamos vivir todas esas cosas más llamativas que nos gustaría. Que pueda recibirlo cuando vuelva del trabajo, desnuda, de rodillas y con la cabeza gacha. Mientras tanto, corro a la puerta a besarlo como Él ha ordenado. Mis hijas de eso sólo perciben a una mujer enamorada de su marido, que se ilusiona cada día por Su llegada… y eso es totalmente cierto, pero como tarde más de la cuenta me habré ganado un “tirón de orejas”.

viernes, 21 de marzo de 2025

Una entrada solitaria más

     Recuerdo perfectamente el día que empecé a escribir este blog, hará ya más de diez años. Recuerdo hasta cómo era la habitación donde teníamos el ordenador que hoy es el dormitorio de mi hija mayor. Recuerdo que barría el pasillo y algo me impulsó al teclado. No sabía ni cómo se hacía, ni siquiera era algo que tuviese pensado, simplemente surgió: necesitaba comunicarme. Recuerdo la soledad que sentía, no una soledad de pareja, ahí sí estaba en pleno apogeo de descubrimiento, no hacía mucho que habíamos empezado a transformar nuestra relación vainilla al D/s. Pero siempre hay dentro de mí dos partes, una la sumisa Suya, la que siempre permanece, la que está relacionada con Él directamente. Pero hay otra que siempre busca conexión fuera, ser escuchada, comprendida fuera de mi círculo íntimo. Recuerdo esa soledad porque hoy vuelvo a sentirla, con el atenuante de que aquella soledad estaba ante un mundo desconocido e inexplorado, no conocía a nadie pero tenía la ilusión y emoción a lo que podría ser. La esperanza de que esa sensación pudiese desaparecer. Hoy, el atenuante es el de llevar muchos años comunicándome, conociendo a otras personas, sintiéndome comprendida y también juzgada. Hoy tengo la pesadumbre de todas las fantasías leídas, todos los debates hablados, toda la comprensión posible encontrada… Supongo que la vida son ciclos y no somos estáticos. Aquella Ángela se sintió comprendida, acompañada, respetada y aceptada. Si no cambiásemos, si no avanzásemos, si nosotros y el mundo se quedase quieto no habría mayor problema. Pero no es así, mi relación, mi forma de amar, yo… ha ido mutando y vuelvo a estar donde estaba al principio, sintiéndome sola e incomprendida. Creyendo que, más que una sumisa, soy una loca. Porque yo quiero cada vez mas dominación, más entrega, más de todo… ¿Y el mundo? El mundo defiende unos ideales que me parecen maravillosos y que quiero con todo mi corazón para mis hijas, pero no para mí.

    Necesito hablar, expresarme, contar cómo me gusta cada vez que pido permiso y me dice un “No”, sin motivo ni razón, simplemente porque Él quiere que así sea. Cómo me pone de cachonda lo injusta que es a veces nuestra relación, porque lo es, soy sumisa, no idiota. Quizá hubo un tiempo en el que estuve más ciega, más inconsciente, pero eso también cambió, no he visto con más claridad en mi vida. No he sido más consciente de las cosas, de las injusticias, del ego y la humanidad… Pero en mi consciencia elijo entregarme y acatar.

    Y hablo con conocimiento de causa, ya pasé por un tiempo más libre, uno de menos órdenes, de más igualdad, en el que el “Usted” era más una costumbre que otra cosa. Y lo odié, no fui capaz de sentirme en paz, no fui capaz de disfrutar de la vida plenamente. No sé qué sentido tiene hacer “lo correcto”, lo que se supone te debería hacer feliz y estar triste, intranquila, incompleta… Y no me importa si es la alienación haciendo de las suyas… Me viene una maldita metáfora con la que una persona nos fustigó una y otra vez “el pez que vive en una pecera se siente incómodo en el océano”. A lo que yo me rebelaba y me rebelo: nosotros no vivimos en una pecera, hemos creado un océano inmenso y rico en el que nos sentimos plenos. Hemos intentado explorar otros, pero no nos han terminado de convencer, no nos han hecho bien. Me fío de mis entrañas, estas siempre te dicen de dónde tienes que irte y, mientras estamos en nuestro universo, en nuestro océano, jamás me han rugido, jamás me han hecho sentir incómoda, jamás me han dicho “vámonos de aquí”. Sin embargo en los tiempos en que hemos intentado nadar en océanos más “normales” lo que me costaba era quedarme un segundo más en ellos.

    No sé si sería capaz de escribir tanto como antes, de expresar tan abiertamente como antes mis sentimientos, mi sumisión, mis decisiones, mi forma de avanzar y crecer en mi relación, de cómo cuanto más me entrego más poderosa me siento. Estoy demasiado sensible aún por los golpes de los juicios en general, no me refiero a cuando he hablado por aquí. Pero sí tengo la percepción de que ya no entramos ni dentro del BDSM. Probablemente sea solo una distorsión, que se me vuelve a olvidar que aquí cada uno lo vive como le da la gana y tiene derecho a expresarlo. Supongo que me he ido volviendo perra vieja que prefiere no exponerse. Aunque eso me desconecte de mi parte que necesita expresar, escribir y sentir así una parte de mí más viva.

    El otro día le dije que no iba a decidir nada diferente a entregarme cada vez más a Él, hemos llegado de forma natural al punto de Dominación que soñaba desde niña, aunque ahora me aterra a la vez que me emociona. Los miedos no existen, solo existe el presente y yo quiero lanzarme a la piscina. Él me dijo “Quizá pasen los años y cuando las niñas se vayan acabes encerrada en el armario”. Ahí pude mirar a mi locura a los ojos, vi que el día de mi muerte me arrepentiría de no haber confiado y no haberme lanzado a esa piscina, mucho más que de no haber vivido las cosas que podría haber hecho en vez de estar encerrada en ese armario.

    Supongo que la vida es la experiencia hiperpersonal por antonomasia, pero nos empeñamos en dar unas directrices, una lista de “Ticks” que hay que hacer para morirnos plenos, en vez de ser honestos, mirar nuestra excentricidad a los ojos y ser coherentes con ella, aunque signifique ser incoherentes con lo convencional y aceptado.

    En fin, que yo elijo dejarme llevar a ese armario.