A estas alturas no creo que ya nadie lea esto, pero a mí
sigue surgiéndome una y otra vez la necesidad de volver. De tener un lugar en
el que expresar mi amor, mi pasión, mi entrega. Muchas personas a lo largo de
estos años me han dicho que nuestra historia les llena de esperanza, que les
inspira ver que una relación 24/7 es posible en el día a día y que puede
perdurar en los años. Así que también me gusta la idea de, aunque sea esporádicamente,
venir a actualizar que nuestra relación y nuestra Ds sigue y está más viva y
sólida que nunca.
El sábado estuvimos en casa de unos amigos, eran con los que
Él se fue el año pasado dos semanas a Argentina. En un momento en que nos quedamos
las mujeres hablando una de ellas dijo: “Todas queremos mucho a nuestras
parejas, pero aquí la que más enamorada está es ella” y me señalo a mí. Yo en
ese momento estaba absorta en mis pensamientos (cosa que me suele pasar mucho
cuando estoy con mucha gente) y me pilló totalmente por sorpresa. Al rato esta
chica y yo nos pusimos a hablar de algo y no sé cómo acabamos hablando de
nuestro tipo de relación. Al principio tuve miedo de expresarlo por si pensaba
que estaba loca, no la conocía tanto como para tener confianza, pero para mi
sorpresa se entusiasmó. Ella resultó “cojear un poco de mi pie” y le flipó
hablar con alguien que vivía el BDSM de esa manera. Yo me descubrí dándome
cuenta que hacía mucho que no hablaba de ciertas cosas, de mi historia, de nuestra
relación. Si me conocéis un poco podréis entender lo raro que se me hizo.
Como ya he mencionado nuestra relación no ha cambiado, sigue
la jerarquía, la sumisión, la entrega… lo único que ha cambiado es que no
expreso nada de esos setimientos y sensaciones que me provoca. Lo eché mucho de
menos, aunque eso no es ninguna novedad, ya he hablado antes de esa especie de
bloqueo que me surge…
Hoy he salido a andar un rato, me gusta andar y meditar,
reflexionar con lo mucho que impacta la luz, el paisaje y el propio movimiento
en los pensamientos. Me he preguntado si ya lo he dicho todo, si ya he sacado
todo lo que había en mi cajón de la entrega. Me refiero en el ámbito de la
expresión, no de la vivencia en sí. Pero lo cierto es que para mí la sumisión
es diversión, tenerla presente me hace la vida atractiva, motivante… y hablar
de ello, fantasear etc… forma parte de eso.
Me desvío… la muchacha con la que hablé, casi al final de la
conversación me dijo “Ahora lo entiendo, había alguna pieza que me faltaba.
Cuando veía cómo lo mirabas, enamorada, incluso más que las que llevamos muchos
menos años con nuestra pareja. Cuando me contaban que Carlos en Argentina te
echaba tanto de menos, cuando decía que el viaje estaba muy bien pero que sin
Ángela no lo disfrutaba del todo, le faltaba algo. Ahora veo la dimensión de
vuestra relación, el vínculo…”. Fue como entrar en una bañera caliente cuando
tienes frío, como si ese frío fuese todos los años que he sentido que el mundo
no entendería la profundidad de lo que somos, como si las relaciones BDSM fuesen
“de segunda”. Sentí una paz que no sabía que necesitaba, aquella muchacha
valorando tanto algo que he tratado de defender y normalizar desde hace 18
años, o más bien todos mis 39 años. De repente me di cuenta de que el mundo sí
avanza, que sí se normalizan, incluso se admiran, cosas que antes se rechazaban.
Me sumergí en esa bañera caliente y me decidí a dejarme volver a expresar, a
hacerlo quizá de forma más tranquila, sin encumbrar tanto las situaciones
propias del BDSM y más desde lo normal que es nuestra relación ahora. Hablar
más de cómo ha evolucionado mi entrega, incluso atreverme a plantearme desligarme
de las prácticas, atreverme a expresar que hace mucho que no las necesito, que
no las necesitamos, que hemos construido nuestro hogar en una Dominación
sumisión cotidiana, que no requiere de sesiones. Incluso sabiendo que muchos la
mirarán desde unas gafas de “puff qué triste”. Pero la realidad es que es justo
lo que siempre soñé, soñé con una relación auténtica, sin teatro, sin que
tuviese que sostenerse en “parafernalias” para ser real, para saberse jerárquica.
Y ojo, nos siguen gustando esas “parafernalias”, aunque los azotes hayan
perdido totalmente el interés para mí, son puro castigo… pero bueno, quizá esto
sería la primera cosa sobre la que reflexionar y escribir. Quizá es que me hago
vieja, o quizá es que la vida me ha mostrado la plenitud del amor incondicional,
la plenitud de la entrega y ya todo lo demás es accesorio pero totalmente
prescindible. Porque no, no me aburro sin sesiones. He trascendido la entrega,
la he sacado completamente del ámbito sexual, y la he convertido en algo que sostiene
todo lo demás. Así que el sexo deja de ser el protagonista del asunto, aunque entregarme
al cien por cien me haga vivir cachonda perdida. Aunque solo verlo entrar por
la puerta me emocione y me derrita al pensar que es mi Amo, del que soy, al que
permanezco y permaneceré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario