viernes, 24 de julio de 2026

24/7. Otra vez la decisión

 No, no soy una mujer fácil, sé que doy muchísimo, sé que muchos le dicen la suerte que tiene conmigo, y sé que lo valgo, pero también sé que no soy nada fácil. Quizá las adeptas de la entrega es lo que tenemos, nos damos a la vida en su cien por cien, en lo bueno y en lo malo. Intensa lo llaman, yo lo llamo súbdita de lo humano y lo divino. 

No soy una sumisa fácil, nunca me valieron solo lo momentos aislados, nunca quise juegos sin más, sin significado. Y eso no ha ido a mejor, al revés, cuanto más años pasan más valoro lo profundo, la verdad de las cosas. No quiero que me azote si no es una fuerza que le nace en las entrañas la que mueve su mano. 

He crecido, he cambiado, me he conocido. He podido ver mucho más de mi valor, ese que antes no tenía, pude sanar mucho de la niña herida, esa que era sumisa del mundo entero, eso me volvió más salvaje, más rebelde, mucho más fuerte. Eso me hizo que mi ego se sintiese muy en igualdad a Él, eso hizo que inconscientemente me pusiera a su altura. Sé que le dolió, quizá no de forma consciente, pero sé que lo notó, sé que no veía ya en mí la docilidad que tanto me caracterizaba, supongo que es lo que tiene ser "perra vieja". 

Supongo que siempre fue una decisión, supongo que siempre se basó mucho en mi forma inocente de vivir la vida la que me permitió dejarme llevar de forma ciega y sin oposición, la que me permitió abandonarme. Y ahora debía tomar de nuevo la decisión pero esta vez con más conocimiento de causa, ahora entiendo lo valiente que hay que ser para hacerlo cuando llegas a ese punto. También entiendo que esa entrega es mucho más valiosa.

Hace unas semanas me pillé reaccionando de una forma que no me pegaba, no solo no me pegaba, sino en la que no me reconocía y me hizo angustiarme mucho, no por la reacción en sí, sino por ser consciente de que no era mi naturaleza, no era mi verdad. Él, que parece que siempre sabe las cosas antes pero espera pacientemente a ese detonante que me haga ser consciente, me dijo que no me sentía sumisa. Me pilló de golpe, otra vez. No estaba rebelde, no estaba desafiante, no hacía nada diferente, pero sabía que llevaba razón. La decisión estaba sin tomar, la había dejado en el aire para poder disfrutar de los privilegios internos que me otorgaba no tomarla del todo. Y no soy de medias tintas, en esas me pierdo, me siento incómoda aunque no sepa ubicar en qué.

Alguien podría decir que si llegamos a ese punto es que ya no éramos Amo y sumisa, pero creo que es lo contrario, creo que hay mucho poder y seguridad en dejar que tu sumisa explore lo que es ser un poco "menos sumisa", pero lo cierto es que la vida que hemos vivido, con sus circunstancias, le han mostrado que no importa lo que pase, no importan las dudas ni las heridas, soy una perrilla fiel. Además, la entrega siempre fue una decisión libre, no es tuya a quien obligas a serlo. No es sumisa quién actúa obligada, por mucho que nuestras fantasías mole mucho imaginar las perrerías que nos hacen "en contra de nuestra voluntad". Y en mi caso... Vamos a ser muy honestos, es más fácil vivir a tu aire, más de "tú a tú", mucho más cómodo. Pero es que esto nunca fue de eso, ha estado bien vivirlo un poco, pero me siento vacía sin esas cosquillitas de la sumisión, de la obediencia, de mirar desde abajo. Sé que hace unos años pasé por un momento así, pero fue justo después de una crisis tremenda que tuvimos, en la que yo empecé a despedirme de Él porque no parecía que tuviésemos solución. Digamos que aquella vez me resulta una reacción más natural, estás herida, agotada y ya te veías viviendo sin Él. Pero en este caso la responsabilidad es toda mía y mi actitud comodona y egoica.

Así que creo que hoy, 24/7 del 2026 es un buen momento para renovar mi decisión y compromiso.

No sé ser de otra manera, antes lo decía sin conocimiento de causa, pero ahora puedo corroborar que así es con todas las de la ley.

Ya he hablado muchas veces de esa imagen simbólica en la que yo soy una perrilla inquieta que va de un lado a otro, Él me lleva atada con esas correas extensibles para dejarme explorar lo que necesite, pero siempre con esa decisión de tirar de la correa y hacerme volver a mi centro cuando lo vea oportuno. La madurez me va dando esa comprensión que siempre supe, pero que ahora tiene más peso, de que Él es mi ancla a este mundo, a mí misma, a lo divino, a la magia de la vida. Puedo "volar" lo que quiera pero no deja que "me vuele". 

Doy gracias a Dios por hacerme como me hizo, gracias por el anhelo con el que nací, por mucho que a veces me haya angustiado, ese anhelo, esa entrega me llevó a Él, me llevó a reconocerlo, y me lleva a poder ver y vivir la vida de una manera tan intensa y genial. 

Gracias 24/7 por estar en mi células, por recordarme que no hay ni un solo segundo de esta vida en que la entrega no arda en mí, por darme la certeza de que no hay un segundo más de mi vida que no quiera dárselo a Él. Volveré a agachar la cabeza como acto natural, volveré a mirar desde abajo, porque desde ahí la vida es maravillosa.

Gracias porque, en cuanto reconecto con la entrega y la sumisión, mi vida pasa de ser normalucha y gris, a llenarse de luz y chispitas de colores. Pasa de ser aburrida a un orgasmo.

Y por supuesto gracias a mi Amo, por amarme como me ama, por su paciencia y madurez, gracias por ser el líder sabio y sereno que es, aunque también adoro cuando deja de serlo y veo ese fuego en la mirada que me pone la piel de gallina y me derrite.

No, no soy una mujer fácil, pero sí soy pura y enteramente Suya. De eso no me cabe duda.

martes, 24 de marzo de 2026

Actualización...

 

A estas alturas no creo que ya nadie lea esto, pero a mí sigue surgiéndome una y otra vez la necesidad de volver. De tener un lugar en el que expresar mi amor, mi pasión, mi entrega. Muchas personas a lo largo de estos años me han dicho que nuestra historia les llena de esperanza, que les inspira ver que una relación 24/7 es posible en el día a día y que puede perdurar en los años. Así que también me gusta la idea de, aunque sea esporádicamente, venir a actualizar que nuestra relación y nuestra Ds sigue y está más viva y sólida que nunca.

El sábado estuvimos en casa de unos amigos, eran con los que Él se fue el año pasado dos semanas a Argentina. En un momento en que nos quedamos las mujeres hablando una de ellas dijo: “Todas queremos mucho a nuestras parejas, pero aquí la que más enamorada está es ella” y me señalo a mí. Yo en ese momento estaba absorta en mis pensamientos (cosa que me suele pasar mucho cuando estoy con mucha gente) y me pilló totalmente por sorpresa. Al rato esta chica y yo nos pusimos a hablar de algo y no sé cómo acabamos hablando de nuestro tipo de relación. Al principio tuve miedo de expresarlo por si pensaba que estaba loca, no la conocía tanto como para tener confianza, pero para mi sorpresa se entusiasmó. Ella resultó “cojear un poco de mi pie” y le flipó hablar con alguien que vivía el BDSM de esa manera. Yo me descubrí dándome cuenta que hacía mucho que no hablaba de ciertas cosas, de mi historia, de nuestra relación. Si me conocéis un poco podréis entender lo raro que se me hizo.

Como ya he mencionado nuestra relación no ha cambiado, sigue la jerarquía, la sumisión, la entrega… lo único que ha cambiado es que no expreso nada de esos setimientos y sensaciones que me provoca. Lo eché mucho de menos, aunque eso no es ninguna novedad, ya he hablado antes de esa especie de bloqueo que me surge…

Hoy he salido a andar un rato, me gusta andar y meditar, reflexionar con lo mucho que impacta la luz, el paisaje y el propio movimiento en los pensamientos. Me he preguntado si ya lo he dicho todo, si ya he sacado todo lo que había en mi cajón de la entrega. Me refiero en el ámbito de la expresión, no de la vivencia en sí. Pero lo cierto es que para mí la sumisión es diversión, tenerla presente me hace la vida atractiva, motivante… y hablar de ello, fantasear etc… forma parte de eso.

Me desvío… la muchacha con la que hablé, casi al final de la conversación me dijo “Ahora lo entiendo, había alguna pieza que me faltaba. Cuando veía cómo lo mirabas, enamorada, incluso más que las que llevamos muchos menos años con nuestra pareja. Cuando me contaban que Carlos en Argentina te echaba tanto de menos, cuando decía que el viaje estaba muy bien pero que sin Ángela no lo disfrutaba del todo, le faltaba algo. Ahora veo la dimensión de vuestra relación, el vínculo…”. Fue como entrar en una bañera caliente cuando tienes frío, como si ese frío fuese todos los años que he sentido que el mundo no entendería la profundidad de lo que somos, como si las relaciones BDSM fuesen “de segunda”. Sentí una paz que no sabía que necesitaba, aquella muchacha valorando tanto algo que he tratado de defender y normalizar desde hace 18 años, o más bien todos mis 39 años. De repente me di cuenta de que el mundo sí avanza, que sí se normalizan, incluso se admiran, cosas que antes se rechazaban. Me sumergí en esa bañera caliente y me decidí a dejarme volver a expresar, a hacerlo quizá de forma más tranquila, sin encumbrar tanto las situaciones propias del BDSM y más desde lo normal que es nuestra relación ahora. Hablar más de cómo ha evolucionado mi entrega, incluso atreverme a plantearme desligarme de las prácticas, atreverme a expresar que hace mucho que no las necesito, que no las necesitamos, que hemos construido nuestro hogar en una Dominación sumisión cotidiana, que no requiere de sesiones. Incluso sabiendo que muchos la mirarán desde unas gafas de “puff qué triste”. Pero la realidad es que es justo lo que siempre soñé, soñé con una relación auténtica, sin teatro, sin que tuviese que sostenerse en “parafernalias” para ser real, para saberse jerárquica. Y ojo, nos siguen gustando esas “parafernalias”, aunque los azotes hayan perdido totalmente el interés para mí, son puro castigo… pero bueno, quizá esto sería la primera cosa sobre la que reflexionar y escribir. Quizá es que me hago vieja, o quizá es que la vida me ha mostrado la plenitud del amor incondicional, la plenitud de la entrega y ya todo lo demás es accesorio pero totalmente prescindible. Porque no, no me aburro sin sesiones. He trascendido la entrega, la he sacado completamente del ámbito sexual, y la he convertido en algo que sostiene todo lo demás. Así que el sexo deja de ser el protagonista del asunto, aunque entregarme al cien por cien me haga vivir cachonda perdida. Aunque solo verlo entrar por la puerta me emocione y me derrita al pensar que es mi Amo, del que soy, al que permanezco y permaneceré.