martes, 26 de enero de 2016

Definir y especificar

Decimos “Hola, soy sumisa” y parece que con esa frase ya está todo hecho y explicado. Lo que hoy voy a tratar no es algo nuevo, es un tema recurrente en mi blog, pero que me sigue pareciendo muy importante y por ellos quiero recalcarlo, a ver si siendo cansina consigo algo...


Sumisa y Amo son unos conceptos únicos y generales. Sinceramente me parece un completo error. Entiendo que de base está bien, no creo que sean conceptos que haya que cambiar, pero sí especificar ¿ A qué me refiero? A que una vez asumido que se es sumisa podríamos poder buscar y determinar qué tipo de sumisa somos. En este tiempo me he dado cuenta de que la mayoría de las sumisas se sienten angustiadas, frustradas, creyendo que no son todo lo que una sumisa debería ser. Y aquí está el problema del concepto general, creemos que una sumisa tiene que ser todo lo que una sumisa puede ser. Os pongo mi caso, siempre sentí que quería entregarme, darme a un Amo que me dominara, por definición soy sumisa, pertenezco al BDSM. Pero me cruzo con otras sumisas, ellas desean las prácticas, buscan Amos experimentados en ellas, Amos que puedan darles esos placeres, que las lleven a otro nivel a través del dolor. Yo no busco eso, jamás lo busqué. Lees y lees cosas… todo es tan subjetivo que te pierdes. Yo quiero entregarme pero no me gusta el dolor, no soy capaz de disfrutar de eso que tantas sumisas consiguen disfrutar, entonces… ¿No soy sumisa? ¿Soy una sumisa a medias? Si dentro del BDSM tuviésemos términos que nos distinguieran, términos susceptibles de aplicárnoslos o no, las dudas y angustias se disiparían.
Otro problema que he visto en cuanto a esto es que la sumisión es un sentimiento, es algo muy profundo que sabes seguro que está ahí, tú sabes que eres sumisa a pesar de que hay otras que no son como tú ¿Cuál es el problema? Que todas queremos defender nuestro sentimiento, todas estamos tan seguras de él que lo luchamos con uñas y dientes. Sería algo así como: Yo soy sumisa y lo sé, si tú estás haciendo otra cosa la que no es sumisa eres tú. Pero si asumiéramos que hay más de un tipo de sumisa, y de Amo, que todo esto también se aplica a los dominantes, no tendríamos que dudar de los demás ni de nosotros mismos. Imaginad que tenemos claro que hay sumisas masoquistas y sumisas que no lo son, sí, en este punto ya me vais a soltar lo típico de “Todas las sumisas son masoquistas, aunque sea un poco” vale sí, pero mi nivel de masoquismo es que me folle el culo y el de otras sumisas es que les grapen el coño… evidentemente no es lo mismo. Si yo hubiera tenido claro que para ser sumisa no había que ser masoquista me hubiese ahorrado muchas angustias. Quiero dejar claro que esto no es ningún ataque a las que lo son, por favor, es todo lo contrario. Pero… ¿Por qué no llamamos las cosas por su nombre? ¿Por qué nos avergonzamos de no soportar el dolor o de buscarlo? ¿Por qué queremos que nuestra forma de vivir nuestro sentimiento quede por encima del resto?
Entiendo la necesidad de definirse, es una necesidad que tengo de siempre y en todos los aspectos de mi vida, pero quedarse en conceptos básicos me parece un tremendo error, para mí hay dos opciones: definirse de una manera detallada o no definirse. Yo antes decía que era sumisa, luego vi que tiraba más a esclava, pero el diccionario BDSM me dejó sin más especificaciones, lo que me diferenciaba de otras esclavas no se veía como diferencias, sino como carencias. Por ello pasé a la fase de no definirme, si decir que soy sumisa y esclava me hace sentir frustrada y continuamente incompleta prefiero decir que no lo soy, no soy nada, ni vainilla, ni sumisa, ni esclava, soy yo sometida a mi Amo.
Aquí os hablo de mi proceso, de lo que he vivido, de cómo me han hecho sentir algunas personas. Sí, mi aspiración es que todo eso me importe una mierda y en ello estoy, pero seamos sinceros, hay personas que se sienten como yo me sentí y repetir cien veces, mil, que cada uno es de una manera y que no tiene que importarme los ataques o los ninguneos de algunas personas no hace que esa sensación de ser menos desaparezca. Esa sensación desaparece poco a poco, admitiéndola, enfrentándonos a ella.
Para mí la sumisión y la dominación forman parte de la esencia de una persona, no es algo que se elige, no es algo que se pueda cambiar. Si sientes que eres sumisa o dominante, por mucho que leas, que veas en otros, por muchas dudas e inseguridades que tengas, por muchas formas de vivirlo que difieren de lo que tú sientes conozcas, por mucho que otros te repitan que no eres sumisa o Amo, jamás dudes de lo que eres, ponle el nombre que quieras o no le pongas nombre, pero tu esencia es tu esencia y nadie puede decirte que lo que sientes es incorrecto, que tu esencia es incorrecta.

martes, 19 de enero de 2016

¿Hay alguien ahí?

L.E.J - Hunging tree


El campo, la noche, las estrellas… ¿Hay alguien ahí?


El frescor es lo único que cubre mi cuerpo, ando descalza entre los árboles, segura de que nada pasará. ¿Hay alguien ahí? Pregunto de vez en cuando, no con miedo sino con esperanza, necesito una respuesta, algo que me diga qué sentido tiene todo esto… pero la naturaleza hasta ahora me ignora, no responde a mi llamada. Todo es uno, si todo está conectado el mundo tendrá la respuesta que necesito, eso vine a buscar a este monte nocturno, lleno de árboles, bichos y piedras. Camino desnuda, perdida, llena de la angustia de la ciudad. No sé cuál es el sentido, no sé cuál es mi sentido… Las voces que me dicen que esto es una locura, que es peligroso retumban en mi cerebro, los convencionalismos, obviar el instinto en pro de una seguridad que me importa una mierda, qué más da vivir o morir cuando no sabes el sentido, cuando todo es insustancial, cuando nada es profundo, cuando sabes dónde vas pero no sabes el porqué.
En el bosque también estoy perdida, pero el cuerpo me lo pide, me pide que siga caminando sin mirar atrás, me pide piedras clavadas en las plantas de los pies, me pide arañazos de ramas en mi rostro, me pide piel erizada y pezones duros. Camino, camino, camino y conforme más me adentro en la maleza las voces de mi cabeza gritan más, qué locura es esta, los sonidos empiezan a asustarme, el grillo, el crujido de las hojas, todo es terrorífico y los "No tengo escapatoria" "Tengo miedo” ”Estoy muy asustada" se repiten una y otra vez, cada vez más rápido, es un bucle que me marea, me agarro la cabeza, doy vueltas atemorizada, miro a todos lados creyendo que el peligro está siempre a mi espalda, estoy mareada, quiero que esto pare, quiero que el terror se difumine, se vaya… giro y giro, me agacho súbitamente, haciéndome una bola en el suelo, encogida con todos los músculos tensos. Suelto pequeños quejidos, pero en verdad quiero gritar, sí, eso es lo que quiero, gritar y gritar, y lo hago, grito, grito fuerte. Grito llena de rabia, la ira se escapa mientras mi garganta se duele... Paro, escucho, el grillo vuelve a ser sólo un grillo, los crujidos de las hojas sólo crujidos, las voces de mi cabeza ya se han callado, yo las he callado… el bosque vuelve a serme amable y fresco, no hay nada que temer, eran las voces, eran mis voces las que lo tiñeron de un negro amenazante, pero ahora vuelve a ser de un negro azulado, vuelve a ser solemne y elegante, los árboles me sonríen, las estrellas me iluminan.


Poco a poco me pongo de pie, cierro los ojos y pregunto ¿Hay alguien ahí? Sí, ahora sí hay alguien aquí, yo estoy aquí, desnuda, volviendo al origen, sólo hay naturaleza, sólo estoy yo.

martes, 12 de enero de 2016

Los personajes

Pasas la vida creyendo que eres lo más complejo del mundo, crees que no hay nadie más difícil que tú. La vida duele y a veces quieres morir…


Siempre creí que era alguien insoportable, que tenía miles de procesos internos que me hacían indescifrable, una chica pequeña y enigmática. Luego me convertí en sumisa, o en algo parecido, creí que eso era yo. Volví a creerme misteriosa y atractiva por serlo, me sentía especial, distinta… Pero los días fueron pasando, las semanas, los meses hasta los años pasaron y a cada hostia me iba quitando tonterías de la cabeza, pero no eran los golpes no os equivoquéis, no son las hostias literales las que dolían, no eran los azotes los que me despertaban de esa pesadilla que yo vestía de sueño… era enfrentarme a lo que era de verdad, enfrentarme a que no era compleja, no era misteriosa y enigmática, me dolió enfrentarme a que soy un libro abierto, que mis procesos son simples, que solo quiero una vida sencilla llena de detalles bonitos y castigos, una vida sencilla con normas y sin pretensiones.
Hubo un tiempo en que me hacía sentir mal que se me considerase una buena sumisa, porque creía que tenía que estar a la altura del título, hubo una época en la que creí que tenía que demostrar que era inteligente, ambiciosa… creí que tenía que demostrar que era especial. Pero eso no eran más que personajes, personajes que había que alimentar, que me llenaban de angustia, de estar constantemente manteniendo el tipo y con miedo a fallar. De qué sirve luchar por ser algo si eso te hace tremendamente infeliz. Cuánto me dolía que me dijeran que era soberbia, que me recordaran que tenía defectos me alejaba de esos personajes que quería llegar a ser, y los personajes me alejaban cada vez más de la persona que soy.
Los días pasaron, las semanas, los meses y hasta los años… poco a poco fui simplificando, poco a poco fui quitándome el peso de los personajes que iba alimentando, dejé de derrochar energía en ellos y la invertí en la esencia de lo que soy. Y ahora sé que no soy ese personaje fuerte que creé, pero sí soy fuerte, soy valiente de verdad, una valentía con base y cimientos, que puedo demostrarme ante mí misma con hechos y fundamentos. Y no, no soy compleja, no soy especial, no al menos como idealicé que era una persona especial… puedo decir tranquilamente mis defectos y virtudes, porque los he mirado y los miro a la cara.
Cuando mi Amo y yo éramos novios, al poco de conocernos, echamos una partida de ajedrez, yo sólo había jugado con mi abuelo, que me había enseñado lo que él había medio aprendido… Mi Amo sí sabía jugar al ajedrez, con las normas reales, con estrategias y demás. Cuando me corrigió e intentó enseñarme me enfadé muchísimo, temblaron mis personajes, esos que creía me hacían ser especial. Recuerdo la angustia que me invadió, me sentí ridícula y estúpida, no me dejaba enseñar, ni guiar, mi soberbia no me dejaba admitir que no era tan lista ni lo sabía todo tanto como yo creía. Me sentí inferior a mi novio y en aquel momento eso me confundía demasiado. Algo en mí me decía que eso era cierto, pero otra no quería admitirlo porque entraba en conflicto con mi personaje de doña perfecta. Aquella pelea no sé me olvidará jamás porque en el fondo sabía que no llevaba razón pero no podía admitirlo. Hoy pienso en ello y me digo: es de esas veces que necesitas una buena hostia para que se te quiten las tonterías. Por qué hablo de esto, porque he sufrido mucho y nos he hecho sufrir mucho por reproducir patrones que no me representaban, he querido ir muchas veces de mujer inteligente, triunfadora e independiente y, no es que no sea nada de eso, pero no era LA MUJER INTELIGENTE era Ángela con la inteligencia que tenga, que sabe algunas cosas y otras no. No soy LA SUMISA soy Ángela que se somete a su Amo, que llora y odia los castigos, que unas veces los soporta mejor que otras… que a veces dice cosas sabias y otras mete la pata hasta el fondo. En definitiva soy Ángela, la que no para de descubrir cosas de sí misma, la que no para de romper personajes que ella solita fue creando.
Mi Amo siempre se mete conmigo diciéndome que no paro de decir “Por fin he descubierto…” pero es que es cierto, cuando desmontas a los personajes te queda un camino de descubrimiento, mucho más sencillo y ameno, me siento como si llevase 29 años con una venda en los ojos, como si solo me hubiera palpado y, ahora que me he quitado esa venda, puedo ver todos mis rasgos, puedo ver en qué se equivocó mi percepción y en qué acertó. Como si me mirase al espejo pensando “Uy, tengo los ojos más grandes de lo que creí y la nariz más pequeña”.
Los personajes son trabas que nos ponemos, nos encasillan y son ponen barreras para vivir de verdad. Los personajes son miedo a ser auténticos, son miedo a lo que habrá si los eliminamos, miedo a no ser como queremos ser… pero os voy a contar un secreto, lo que somos suele ser mucho mejor.

viernes, 8 de enero de 2016

Me lo tomo todo muy en serio

Llevábamos unas dos semanas saliendo juntos, fuimos a unos olivos solitarios a pasar un día de picnic. Echamos una manta y allí pasamos el día desnudos, jugando. Mi Amo no fue el primer hombre en mi vida, cosa que me aún hoy me atormenta. La experiencia con otros me había creado la certeza de que disfrutar con el sexo era algo para hacer sola, que los hombres solo querían follarte y que no podría jugar con ellos. En aquellos olivos tuve la primera prueba de que aquel chico era distinto. En aquellos olivos jugamos por primera vez. Fue un juego tonto pero que me pareció maravilloso. Era el juego de “La Bella Durmiente”, me vendó los ojos y fue besándome todo el cuerpo hasta “descubrir” dónde debía besarme para que despertara. Aquellos picnics fueron geniales, fueron el preámbulo de un sexo maravilloso e increíble.


Cuando mi Amo y yo éramos novios vainilla hacíamos de todo. Casi todos nuestros juegos eran de dominación: era mi jefe, mi médico, mi profesor… en todos yo estaba en inferioridad. Me esposó, me azotó, probamos el sexo anal, nos disfrazamos, jugamos a que me forzaba… Recuerdo una noche cuando ya vivíamos juntos que me puso sobre sus rodillas, fue metiéndome un consolador grande por el culo poco a poco, tranquilizándome mientras lo introducía. Estoy hablando de una época en que ni le había insinuado mi necesidad de entrega, pero con perspectiva veo que ya jugábamos a lo que cada uno era. En toda nuestra relación jamás he tenido la sensación de estar insatisfecha sexualmente hablando, jamás he querido más de lo que teníamos. Nuestro sexo siempre ha sido maravilloso y creativo.
¿Por qué os cuento todo esto? Porque quiero que entendáis bien cuál era mi necesidad. El día del consolador en sus rodillas tuve un orgasmo genial, tras el cual la tristeza se apoderó de mí, cada vez que terminaban nuestros juegos la realidad me hundía, eran solo juegos, obedecía y me sometía momentáneamente y mi novio no era consciente de ello, no sabía lo que provocaba en mí con esos juegos, no me dominaba conscientemente y, si acaso, era una dominación momentánea que se difuminaba en la cotidianidad. El sexo siempre ha sido nuestro idioma, cuando no follábamos éramos infelices como pareja, yo era insoportable, depresiva y exigente. Lo volvía loco, parecía que llegaba un momento en que íbamos a cortar la relación, pero follábamos y de nuevo sentíamos que debíamos estar juntos. Creo que era porque en el sexo teníamos mas claras nuestras posiciones naturales, solo teníamos que buscar cómo extenderlas a toda la relación.


Cuando soy capaz de ver las cosas con perspectiva todo cobra más sentido, cuando dejo de mirar las historias de los demás y analizo la nuestra veo claro todo, las respuestas están ante mis ojos. El día que le dije lo que necesitaba en ningún momento hablé de sexo o de prácticas (yo aún ni sabía que existían). Cuando le dije que necesitaba que me dominara, hablaba de un sentimiento, no de algo físico, no es que necesitara una bofetada porque me excitaba, la necesitaba porque representaba su dominio.
Mi error fue descubrir un mundo, mi error fue creer que mis defectos no se extenderían a esa nueva vida que empezábamos. Siempre he tenido una parte superficial con la que he luchado muchísimo. Si veo un modelito lo necesito porque me parece que la vida será más gris sin él, si veo una práctica quiero experimentarla porque sí, porque queda bonito. Además se junta que soy extremadamente curiosa, así que era una combinación mortal. Hoy ya veo las cosas de otra manera, será que estoy madurando pero, como aquí os cuento, vuelvo a encontrar mi camino, a ver claro que yo sólo quería un sentimiento.
Es cierto que Él también ha ido descubriendo cosas, cuando le digo que podría vivir sin dolor, sin azotes, sin pinzas… se ríe porque Él no. Así que haciendo honor a mi sentimiento aguanto lo que Él quiera hacerme y algunas veces lo disfruto, cuando consigo conectar ese dolor con mi sentimiento de entrega.
En definitiva, odio que algo insinúe que mi D/s es jugar a ser dominada. Una de las cosas que más me cuesta es ladrar, es actuar como una perra. ¿Por qué? Porque no sé jugar, no puedo hacerme el cachorro juguetón, si quiere que sea una perra interpreto que quiere que me sienta como tal, que me animalice, que vea el mundo desde la perspectiva de un perro, que sienta el frío del suelo, que ladre por llamar su atención, que espere atada pacientemente… pero que lo sienta, que sea la perra que llevo dentro, no que imite a una. En una fiesta me ató debajo de la mesa con mi correa, veía solo los pies de las personas, los escuchaba hablar pero yo estaba al margen, bajo la mesa me sentía una perra de verdad. Pero vi como dos sumisas hablaban y dijeron algo como: Habría que ponerle un cojín a esa chica que el suelo está frío. No estoy segura de si eso fue lo que dijeron pero sería algo parecido porque una de ellas le ofreció a mi Amo un cojín para ponérmelo, Él a regañadientes me lo puso, al poco le ofrecieron uno más grande para que estuviese más cómoda, pero mi Amo se negó. Puedo parecer desagradecida, pero el gesto que tuvieron conmigo, aunque fué desde el cariño, no me gustó. Me da igual que el suelo esté frío y duro, si mi Amo quiere que sea una perra lo seré, y que me recuerden que no lo soy me hace sentir ridícula y tonta, si no soy una perra de verdad, soy una tía hecha y derecha de 29 años jugando a que es una perrita.
Esta es solo mi percepción, es sólo lo que YO necesito, cómo YO lo vivo. No es cómo deben hacerlo otras, de hecho creo que es genial disfrutar jugando, es genial obtener placer de las prácticas, probar qué elementos de azote te excitan y que tu Amo te sepa guiar hasta tener orgasmos y sensaciones increíbles, os juro que creo que es maravilloso, pero yo no sé hacerlo, yo no sé vivirlo así. A mí me da igual que mi Amo ate bien o mal, que me vaya calentando el culo poco a poco para que tolere más el dolor o que el primer correazo que me suelte sea el mas fuerte. Yo quiero ser Suya, es lo único que me da placer. Como si me dice que no va a azotarme nunca más, que va a hacerme sólo cosquillitas y mimos, si es Su deseo, yo soy Suya para cumplirlo.
Así que sí, soy una persona que se lo toma todo muy en serio. Si he decidido que soy inferior a mi Amo, lo soy de verdad, sin medias tintas, para lo que Él quiera y con todas las consecuencias. Es mi forma de ser, mi personalidad... No es BDSM es MI forma de afrontar la vida