jueves, 3 de marzo de 2016

Mis etapas (2ª parte)

Sé que a veces doy demasiadas vueltas hasta entender las cosas, como os conté en este post, mi primera etapa como sumisa fue una vuelta muy grande y fea. Pero Él siempre encuentra la manera, me dijo que dejara de llamarlo Amo, volvíamos a ser sólo nosotros, sin títulos. Recuerdo que le preguntaba que si Él y yo dejásemos de estar juntos buscaría estar con una sumisa, Él me decía que no lo sabía, que lo único que tenía claro es cómo quería que fuese yo con Él, que lo único que tenía claro es que quería dominarme a mí. Vuelvo al tema de la perspectiva del tiempo, ahora escribo esto y me sonrío porque en aquel momento no lo entendía. Entonces, con aquella medida que tomó, me hizo llegar a la siguiente etapa como sumisa, me simplificó la mente. En mi tercera época aprendí lo dura que es la entrega real, aprendí que entregarse es bonito a nivel profundo pero en un nivel superficial es sacrificado. Es hacer cosas que no te apetecen y dejar de hacer otras que sí. Dicho así sé que suena fatal pero no me seáis exagerados, no me violaba ni me encerraba en un dormitorio, simplemente mis caprichos y exigencias dejaron de importar. He sido hija única, mi voz siempre ha tenido demasiado peso, aceptar que te han relegado de rango es duro, ya no eres el capitán eres soldado raso. Da igual que de pequeña fantasearas con que te hiciese X ahora te están dominando de verdad, lo que significa que te van a hacer Y. Aunque el sacrificio empezó a estar muy presente, un sentimiento de plenitud empezó a invadirme. Muchos de mis vocecillas internas que toda la vida me habían torturado empezaban a callarse…
Pero siempre hay un diablillo que pica, el ego no se rinde tan fácilmente. Y entonces empecé a angustiarme ante Su cambio, empezó a darme vértigo que Él ya no fuese el novio atento que me consentía, como veis, al pobre lo volvía loco. En una de esas conversaciones en las que yo estaba angustiadísima le dije que quería acabar con todo esto de la sumisión, que quizá era algo que había idealizado desde niña, que quizá una vez cubiertas esas fantasías ya sería más feliz sin ser sumisa. “¿Me estás diciendo que quieres que nos separemos?” eso me pilló desprevenida, por supuesto que no quería eso, simplemente estaba abandonando, quería volver a nuestra relación vainilla, dejar de enfrentarme a esos sentimientos que, aunque me estaban haciendo más feliz, me incomodaban. “Ángela, ya no puedo ser de otra manera. Quiero dominarte y reprimir eso sería muy duro. No funcionaría”. Otra vez el egocentrismo me había cegado, otra vez había ignorando que Él tenía Su propio proceso, que también había descubierto Su naturaleza y yo no podía exigir que la volviera a esconder. Ese día sentí que me pedía que fuese Suya, que dejábamos atrás el origen de nuestra D/s. Lo recuerdo de pie delante de la ventana con el cielo gris de fondo, yo sentada en la cama mirándolo callada. Sentí que tenía que escoger, que tenía que decidir si me entregaba a Él de verdad, a Su manera, dejándome guiar o abandonaba y huía por comodidad. Entonces sí empezó mi auténtico cambio, entonces sí comencé a sentir lo que era la auténtica entrega, la paz empezó a llenarme, acepté Sus normas, Sus mandatos, acepté Su manera de entender el dominio, dejé de resistirme, me dejé dominar.
En esta última etapa se podría decir que estoy más cerca de la esclavitud que de la sumisión, si es que queréis usar términos BDSM, pero yo simplemente me siento entregada, me siento natural, todo fluye, no hay conflictos internos dentro de mí, al menos no sobre este tema. Es cierto que me ha costado cambiar la forma de ver las cosas, es cierto que hay cosas que aún me cuesta acatar, pero es lo normal, no estoy anulada, no es que no piense, no sienta, no tenga mis propias opiniones… simplemente es que en mi lista de prioridades Él está primero porque así me siento plena, siento que hago lo que deseo a un nivel más profundo: Entregándome a Él me priorizo yo... Es extraño, lo sé.


Haciendo una valoración general me doy cuenta de que nuestros 7 años como D/s han sido 6 de tempestad y uno de calma. Como no me canso de repetir, ha sido difícil, he llorado mucho y me he sentido muy mal en muchas ocasiones, pero ha merecido la pena, ha merecido muchísimo la pena. Ese año de calma es el resultado de Su sabiduría para guiarme y mi esfuerzo por seguirlo, estoy deseando descubrir qué cosas nos depara nuestras futuras etapas, aunque saboreo cada minuto de la que estoy viviendo.


P.D.: Recordé que en mi blog anterior escribí sobre el momento en que nos despojamos de nuestros títulos pero no lo había añadido a Azote y Café, he recuperado ese post por si alguien quiere leerlo: "El amor y el sexo, mi salvación"

martes, 1 de marzo de 2016

Mis etapas (1ªparte)

Si miro hacia atrás y analizo cómo he evolucionado como sumisa (no me gusta llamarme así pero me resulta más sencillo para explicarme) me doy cuenta de que ha ido muy ligado al proceso de Él como Amo.
Cuando le dije que quería que me dominara no utilicé las palabras Amo y sumisa, yo aún no sabía de esos títulos, yo solo quería dominación y entrega. En aquel momento era tan ilusa que creía que con reproducir los gestos con los que había fantaseado toda mi infancia sería suficiente. Había idealizado lo que es pertenecer, cada noche durante 21 años había imaginado una situación distinta en la que me sometían y que quería reproducir. Pero no fue tan fácil. Él al principio no sabía nada de lo que yo deseaba, me dijo que fuese mostrándole a qué me refería. Nuestra historia D/s comenzó de forma muy intermitente, nos tirábamos un tiempo reproduciendo esas escenas para volver a nuestra situación anterior. En esa época descubrí dos cosas: la primera es el miedo al “teatrillo” y la segunda el miedo a que Él no quisiera dominarme realmente, el miedo a que forzara una actitud por mí. Ahora veo las cosas con perspectiva y me doy cuenta de mi egocentrismo. Mi error en aquella época fue pensar que la única que necesitaba un proceso, la única que necesitaba una actitud por parte de la otra persona era yo. Yo exigía dominación natural pero no daba sumisión. En mi primera época fui una “sumiprincesa”, intenté dominar desde abajo, intenté que Él se convirtiera en mi Amo soñado, no contemplé en ningún momento que Él estuviera sacando su parte dominante y que empezara a tener claro qué quería. Cuando pasaron unos meses Él se sentía cómodo dominando, aunque sólo se materializaba en forma de pellizcos cuando decía algo que no le gustaba y azotes esporádicos. A pesar de que ahora vea mis errores, nuestra primera etapa fue bonita, digamos que fue la etapa en la que maté mis deseos infantiles, materialicé muchas de las situaciones con las que había fantaseado siempre.
Un día estaba de rodillas en la cama, no sé por qué le estaba diciendo que no tenía en cuenta qué deseaba yo, que así no había imaginado que era la sumisión… Él me dijo que Él era el Amo y que era yo la que tenía que adaptarme a Sus gustos, no al revés. La época de la sumisa que intenta transformar al hombre en su Amo soñado había terminado. Él ya aprendía solito y, debo decir, que ahí empezó lo más duro. Empezó mi segunda etapa. Esta segunda época como sumisa fue muy dura porque dos circunstancias chocaron: por un lado Él ya sabía qué quería como Amo, qué esperaba de mí, y por otro yo descubrí twitter, descubrí una comunidad con unas características. Estas dos cosas enfrentadas me causaron muchos conflictos internos. Era la lucha entre pertenecerle a Él o pertenecer a esa comunidad. A veces sentía que tenía que escoger, que empezaba a construir mi identidad como sumisa y que quizá había prácticas o situaciones que con Él no probaría nunca y yo, cómo no, tenía curiosidad… fui una niñata superficial olvidando que la base de todo era que quería pertenecer de una manera profunda y que, en ese tipo de entrega, las prácticas eran lo de menos. Han sido muchas las veces que he leído eso de que no puedes renunciar a lo que quieres como sumisa, pero mi duda siempre llegaba en el momento que pensaba: si a nivel profundo he encontrado al tipo de hombre que deseo ¿Tengo que renunciar a Él porque no me haga X o Y? Era un círculo vicioso, fue una época dura porque Él veía que no me entregaba de la manera que me pedía, que deseaba y anhelaba cosas que Él no iba a darme... A mí, eso de que supiera lo que yo deseaba y no me lo diera, me sacaba de mis casillas. Olvidé que lo primero que pedí es un Amo, un Amo de verdad. No se me olvidará que, por aquella época, tuiteé aquello de: “Ten cuidado con lo que deseas, corres el riesgo de que se cumpla”.


Continuará...

viernes, 26 de febrero de 2016

Sábado de sexo y pizza

Do I Wanna Know - Artic Monkeys


Sábado por la mañana, las niñas no están, no volverán hasta la noche ¿Qué hacemos? Podríamos ir a la playa, a la montaña, podríamos pasear por el centro al sol, podríamos ir a comer a algún restaurante bonito… pero eso no es lo que nos apetece, nos apetece quedarnos todo el día en casa, follando, remoloneando, estrenando lencería, haciendo fotos y pidiendo comida a domicilio…
Me pongo un conjunto negro, me hace fotos, le gusta que pose para Él, que me insinúe, que ponga cara de zorra y captarlo. Al poco ya solo le quedan ganas de follarme: bofetadas, besos, abrazos, mordiscos y pellizcos, a cuatro patas, arriba, debajo, de lado, cualquier postura le vale, follar es lo único que desea. Al terminar nos quedamos tumbados en la cama con una mantita tapándonos, no hacemos nada, no hablamos de nada interesante, solo estamos allí escuchando música desnudos. El rato de descanso ha terminado. Saca Sus cuerdas, me inmoviliza los brazos, me rodea el pecho, tapa mis ojos con un antifaz. No puedo ver, no me gusta, hace que pierda el poco control que tengo sobre la situación, el control de, al menos, saber qué me espera. Pero no, quiere tenerme totalmente ciega e inmóvil… me agarra y me lleva a la polea, me engancha las manos. Noto las cuerdas y Sus manos por la cintura, noto el frío del Hitachi en el clítoris, aún está apagado pero sé qué ocurrirá. Lo ata para que se quede fijo entre mis piernas abiertas. Enciende el aparato, va pasando los programas hasta llegar al que hace que me corra sin remedio, oigo Sus pasos que se alejan y el ruido del edredón al sentarse en la cama. La vibración me llega fuerte, pero no es eso lo que me excita. Lo noto, sé que me está mirando desde la cama, me imagino la estampa que conformo, atada, expuesta, retorciéndome, moviendo las piernas para evitar la vibración a la vez que la busco. Lo imagino tocándose mientras me mira, flexiono un poco las rodillas, aprieto el Hitachi entre los muslos, chorreo inevitablemente “Córrete para mí, puta” cuatro palabras que desatan un orgasmo intenso, incontrolable, me siento una puta, una zorra con la que hace lo que le da la gana. Me ha gustado oír Su voz pero hubiese dado lo que fuese por verlo mirándome mientras me corro, ver Su cara al observar cómo hace que me moje sin tocarme, cómo me controla a la distancia que sea. Yo me corro pero la vibración continúa, empiezo a convulsionar de hipersensibilidad, chillo, me agito, quiero que deje de vibrar en mi clítoris inflamado, lo escucho acercarse a mí riendo, seguro que estoy ridícula luchando contra la nada, luchando sabiendo que no voy a ganar. Apaga la vibración, me quita el antifaz, verlo de nuevo es el mejor regalo, está guapo y excitado, me desengancha de la polea y me pone boca abajo en la cama, el culo en pompa y las manos aún sujetas por encima de la cabeza. Un trozo de carne con el que desahogarse. Me usa, se corre sobre mi espalda… Una vez limpia, me desata poco a poco, los músculos agradecen el descanso de la posición forzada, el sudor se vuelve fresco y mi piel se alegra “Vístete como una puta, va a llegar el repartidor y quiero ver cómo te mira” me pongo una falda muy pegada, una camisa de encaje sin sujetador, tacones, los labios rojos y el pelo alborotado. Suena el timbre, con las rodillas aún temblonas y los pezones asomando entre los agujeritos del encaje salgo a por las pizzas…

martes, 23 de febrero de 2016

Soy normal

Una de las mejores decisiones que he tomado ha sido contarle a mi madre cómo soy. Ella siempre ha sido una mujer sabia y la única capaz de calmar algunos de mis torbellinos. El otro día estábamos de tarde de chicas comiéndonos una hamburguesa. Le contaba cómo me sentía con el blog y con algunas cosas que rodean a ser Suya. De repente me salió una pregunta que no le había hecho hasta ahora. Me pareció absurdo no habérsela hecho antes, yo que fui de esas niñas que tienen la certeza de que sus padres tienen respuesta para todo. “Mamá ¿Por qué soy así? Otras mujeres buscan independencia y yo solo quiero entregarme. Soy muy feliz, pero la duda siempre me ha acompañado ¿Qué hace que yo sea distinta, que busque lo que busco?” mi madre me sonrió: “Ángela, tú no eres diferente, no eres rara, no hay nada que te diferencie del resto. Eres completamente normal, porque lo normal es ser distinto. Mira estas hamburguesas, saben todas exactamente igual, las personas hemos hecho que así sea para ahorrar tiempo y simplificar el proceso. Pero eso no es lo normal, lo normal es que la comida tenga diferentes sabores, si traes aquí a una hamburguesa casera con mil matices de sabor distintos creerás que es diferente, pero no lo es”. (Sí, mi madre también es muy dada a metáforas absurdas para explicar cosas profundas jaja) Hablamos un rato sobre ello y lo comprendí.


Nos han hecho creer que es natural que todos busquemos lo mismo, sea lo que sea, en cada época la tendencia ha sido distinta pero la base igual. Ser clones, eso es lo fácil para la sociedad, es más fácil controlar a una masa homogénea que a una llena de matices distintos. Siempre acabo hablando de la homosexualidad pero es que me siento muy identificada. Algunos defienden que eso no es natural, que lo natural es que sea un macho y una hembra los que estén juntos con el fin de procrear. Porque los animales hacen eso, desde el cole nos enseñan que las características comunes de los seres vivos son: nacen, crecen, se reproducen y mueren. Los humanos somos animales, pero animales evolucionados. Los animales se guían por instinto, nosotros también tenemos la razón. Estudiamos, tenemos sueños y ambiciones, sabemos que no hemos venido al mundo solo a nacer, crecer, reproducirnos y morir… tenemos claro que somos mucho más que eso. Entonces por qué en la sexualidad nos agarramos a ese patrón, por qué nos aferramos a la idea de que todos debemos buscar lo mismo. Los humanos estamos avanzados en muchos aspectos, por qué en el amor y el sexo, en las necesidades, iba a ser distinto… Si evolucionamos fue para algo, aferrarnos al instinto y a descriptciones simplistas de lo que somos, de lo que es o no natural es despreciar el don que se nos dio. Los humanos somos distintos a los animales, a veces para mal, por qué no plantearnos que lo somos unos de otros y que eso es lo normal. Ya está bien de ser hamburguesas de mcdonald y actuar como si eso fuese lo normal. Yo soy normal, me guste lo que me guste, sea como sea, me vista como me vista, me gusten los hombres y/o las mujeres, me haya casado o no… y la persona que sea todo lo opuesto a mí también es normal. No nací con ningún elemento raro en el cerebro que me hace querer pertenecer, nací con un cerebro humano hecho de matices, hecho para ser completamente diferente, un cerebro completamente natural. Ya está bien de querer buscar qué falló en la hamburguesa distinta, esa hamburguesa simplemente es la más natural.
Cuando hablamos de evolución, hablamos de que el hombre pudo empezar a adaptar el entorno a sus necesidades, que empezó a andar erguido por lo que podía usar las manos para manipular herramientas… hablamos de la evolución física, de lo que eso supuso para el avance tecnológico, pero siempre hemos cojeado. Hemos ignorado que el hombre evolucionó a unos niveles mucho mayores, empezó a explorar las sensaciones, a experimentar con los sentimientos. Mi perra se pone triste cuando me voy, no puede razonar. No puede darle vueltas a ese sentimiento y ver que luego volveré, o que si no le gusta puede irse y buscar compañía en otro lugar… siente amor hacia mí pero no puede explorar el sentimiento del amor. Nosotros sí, podemos jugar con los sentimientos, la naturaleza nos dio el don de los matices y nosotros nos empeñamos en agarrarnos a ese concepto básico de ser vivo, de que en superficie somos distintos pero en el fondo todos queremos lo mismo, qué error. No es normal reprimirse, no es normal ocultar lo que sentimos por no diferenciarnos, no es normal tener ese pánico a ser distinto, no es normal luchar contra las sensaciones con las que la naturaleza nos ha hecho convivir por salirse de un patrón que hemos establecido como sociedad, no como humanos naturales. Estamos demasiado preocupados de la sociedad y no somos conscientes de nuestro poder como individuos.
Yo soy normal, quiero vivir mi vida de la manera que la naturaleza me ha hecho necesitar, en definitiva quiero ser feliz de la manera que la naturaleza me dicta, no como me dictan los anuncios de la tele.



Cerrad los ojos, preguntaos cuál es vuestra naturaleza y, sea cual sea, preguntaos por qué no es tan natural como las demás…

viernes, 19 de febrero de 2016

Humíllate

¿Cuál es la peor humillación por la que has pasado? La que me ha humillado.


Un día me puso la correa, me dijo que era una perra, fui a cuatro patas desde mi dormitorio en la planta más alta de la casa hasta el jardín. Allí me dijo que hiciera pipí, siempre supe que alguna vez me haría pasar por eso, creo que estamos de acuerdo con que es una de las humillaciones más generalizadas o lógicas: eres una perra, haz lo que hace una perra. Cuando lo imaginaba pensaba que me humillaría profundamente, siempre me he considerado una señorita que no hace ciertas cosas. Pensé que me costaría horrores hacer pis en el jardín. Al principio actué como si así fuese, pero poco me duró ya que por dentro descubrí que no me humillaba, no tenía ningún problema en hacerlo, me parecía incluso divertido… por otro lado me había prohibido hablar, solo podía ladrar, otra de las humillaciones más extendidas y lógicas… Cuando volvimos al dormitorio me hizo una pregunta, me quedé petrificada, totalmente paralizada, no podía ladrar. Estaba de rodillas en el suelo, desnuda, con un collar rodeando mi cuello, había andado como una perra, había hecho pis como tal… pero no podía ladrar. Me sentía ridícula, ese gesto me humillaba, quitaba lo bonito de la escena. Podia ser sensual andando a cuatro patas, podía ser guarra haciendo pis en el suelo, pero ridícula no, no quería sentirme así. Pero es que hay una diferencia entre lo que aparentemente es humillante y lo que realmente nos humilla. Me abofeteó varias veces, solté un “Guau” “¿Eso es un ladrido de perra? Ladra de verdad” lo volví a intentar, cada vez me sentía más ridícula aunque me acercaba a mi ladrido natural… Al final hice un sonido tipo chiguagua, nada bonito ni elegante “Vaya, si resulta que lo que tengo es un caniche” me sentí tonta, estúpida, muy humillada. De eso se trataba.
Cuando te expones a la humillación, sabes que te expones a una sensación desagradable, pero te provoca algo extraño, un cosquilleo en el estómago, una liberación mental. Sientes que no puedes cohibirte más, que la única opción que te queda es enfrentarte a aquello que no te gusta. Cuando me humilla no existen cosas como: “¿Estaré haciendo el ridículo? Uy, yo eso no lo hago que seguro que me da vergüenza…” No hay incertidumbres. Sí, estás haciendo el ridículo, sí estás pasando vergüenza y no te queda otra que hacerlo, que enfrentarte a esa sensación y descubrir que no te mueres por ello, que no se muere de humillación. Sí, humillada me siento libre y completa, viviendo sensaciones que son propias de los humanos, pero que nos resistimos a vivir.
Hay que romper patrones y estereotipos. Si mañana mi Amo me dice: te doy a elegir entre hacer dos cosas, pero tienes que escoger sinceramente la que más te humille. La primera es hacer pis en el jardín como una perra y la otra es imitar a Chiquito de la Calzada. Mi parte de mujer sumisa que ve la belleza de humillarse ante su Amo como una perra, que ha visto cientos de fotos BDSM sobre ello escogería hacer pis en el jardín pero, seamos sinceros, eso no me humillaría tanto como ponerme a hacer el ridículo ante mi Amo, como ponerme a hacer unos gestos que no son propios de mí, que no son ni cuquis ni finos, que no son sexuales ni quedarían bien en una peli bedesemera en blanco y negro. Así que, honestamente, tendría que elegir la segunda opción y probablemente así descubrir que soy demasiado estereotipada, que me da miedo hacer el tonto, que necesito ser más natural y espontánea.



Somos adultos y cada uno sabe bien hasta qué punto quiere vivir las cosas. Yo quiero llegar a las profundidades de cada sentimiento, quiero ver los matices de cada humillación, aprender de lo que encuentro en esas situaciones, liberarme poco a poco de los límites que yo solita me he puesto.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Reapetura

¡Hola de nuevo! Ya está disponible de nuevo la web, agradezco vuestra paciencia.
Si investigáis un poquito veréis que he añadido algunas mejoras como la lista de reproducción en el menú lateral. Es la selección de canciones de Spotify de mi Amo, es el que tiene mejor gusto musical de los dos, por lo que lo convencí para hacer esa pequeña colaboración en la web. Son las canciones que me erizan la piel, las que me provocan más sensaciones por todo lo que he sentido con ellas de fondo.



Otra de las novedades que más ilusión me hace es la nueva cuenta de instagram asociada al blog, me apetece mucho empezar a transmitir también con imágenes. Si queréis seguirme el usuario es “azoteycafe”, aunque en el lateral tenéis un icono de acceso directo.



Si curioseáis un poco podréis ver que también he modificado los textos de la web y he decidido tener más activas otras partes, no solo el blog. En la sección InspíraTe podéis ver algunos de los cambios aunque, poco a poco, iré añadiendo nuevas secciones y completando las que ya están.



Estoy muy contenta, aunque aparentemente sean cosas pequeñas por dentro tengo la sensación de que empiezo nueva etapa y que voy en la dirección correcta y me encantaría seguir compartiendo todo esto con vosotros. Muchas gracias por estar ahí.

lunes, 8 de febrero de 2016

Paciencia y esfuerzo

Hola, perdonad la ausencia del post de la semana pasada, hay veces que no llego a todo. No sé si alguien se habrá dado cuenta pero se acerca el aniversario del blog y estoy preparando algunos cambios y novedades. Por ello quizá tenga que cerrar temporalmente el blog un par de días, si es así, espero que perdonéis las molestias y sigáis ahí cuando vuelva :). Hecho este inciso os dejo con el post de hoy:


Muse - Time is running


Hoy me miro al espejo, la Ángela que veo no es aquella que vi. Ahora me dicen que me admiran, que soy un ejemplo de obediencia y entrega, que ojalá poder tener ese control sobre las palabras y actuaciones… no hace mucho nada existía de la Ángela que ahora se refleja. Me miro al espejo y veo a una Ángela tranquila y sosegada, es una Ángela que no se pasa inquieta todo el día, que ya no envidia o fantasea sin valorar lo que tiene. Veo a una Ángela segura de sí misma. Me gusta la mujer que soy ahora, con cosas por mejorar pero con la certeza de que puedo hacerlo, la certeza que me da haber pasado por lo que pasé: los llantos, los gritos, los tirones de pelo por no saber contener mis diablillos, por estropear lo bonito que tenía. Hace 7 años el diablillo de la soberbia me poseía, la exigencia vomitada por mi boca lo ensuciaba todo, quería ser obediente, obtener lo bueno que podía darme mi Amo pero sin pasar por lo malo, quería placer y sometimiento superficial. “No me hace esto, no me dice aquello” Ha sido un camino duro, no creáis que nací con el don de la entrega, no creáis que estos 7 años siendo Suya han sido como es ahora, no creáis que esta calma que respiramos la respiramos desde el principio. Han sido muchas las angustias, han sido muchas las palabras de mi boca que sobraban, muchas las actitudes negativas y dañinas por mi parte, mucho el capricho, mucho lo superficial… he visto en Su rostro demasiadas veces la decepción y la angustia de no saber qué hacer con el monstruito de metro y medio que le amargaba la existencia, que lo llenaba de reproches e inseguridades, qué hacer con una persona a la que amas con locura pero que en el momento menos pensado lo estropea todo sin inmutarse ¿La castigas o la mandas a tomar por culo bien lejos? Muchos han sido los días que me he mordido, que me he odiado por mi permanente insatisfacción, por mi permanente exigencia conmigo y con los demás, con Él.
Leía a otras sumisas, veía sus actitudes, sus relaciones y las envidiaba, las envidiaba mucho. Eso me hacía sufrir, nos hacía sufrir… era como si yo no tuviera una vida de la que disfrutar, como si mis circunstancias, fueran las que fuesen, no se merecían valor alguno. Qué malo es desvalorar, qué malo compararse, que malo creer que todo el mundo tiene algo mejor que lo tuyo. Lo único que fallaba era yo.
Y ahora me miro al espejo, han pasado 7 años, 7 años en los que gracias a Su capacidad para saber llevarme, gracias a Su constancia, a Su inteligencia, a Su tenacidad, he conseguido mirarme al espejo y ver templanza, ver fuegos destructivos apagados. Puedo ver resultados, puedo empezar a percibir que ahora soy persona.
No, no nací buena sumisa, no nací calmada y de mente fría, nací con diablos como los tenemos todos. Y no voy a quitarme mérito, sin mi Amo al lado todo hubiese sido más difícil aún, pero yo también puse de mi parte, aprendí a base de prueba y error, a base de llorar y enfadarme mucho conmigo misma, a base de meter la pata hasta el fondo, aprendí a base de angustia, paciencia y esfuerzo… He sufrido en muchas ocasiones intentando no dejarme llevar por la soberbia, he sufrido mordiéndome la lengua para no volver a soltar veneno, del que nos mataba lentamente.
Y ahora hay un espejo y puedo mirarme, ahora veo lo maravilloso que es el premio... pero no olvido que no fue, ni es, nada fácil.