martes, 7 de marzo de 2017

El viejo Amo

Cortaba las verduras meticulosamente, ensimismada, poniendo la atención necesaria para no cortarse. Una rodaja de calabacín, otra, otra, otra… estaba tan en su mundo que no notó que Él había entrado a la cocina, no se dio cuenta hasta que notó Sus manos subiendo por sus muslos. Paró en seco ante el tacto de Su piel, se quedó petrificada. Las manos subieron hasta poder penetrarla con los dedos. Ella echó la cabeza para atrás, dejó el cuchillo a un lado y se entregó al disfrute...


Ava Adore - The Smashing Pumpkins


¿Recuerdas aquel día en la cocina? Mientras cortabas las verduras para el guiso y yo llegué por detrás, te agarré tus tersos muslos con fuerza, los pellizqué como solía hacerlo ¿Recuerdas tus gemidos entre mis dedos, recuerdas cómo los mojabas? Y ahora estás seca, seca y vacía. Hace mucho que no pruebo tu sabor, hace tanto que no muerdo tu carne, pero es que ni tú tienes ya carne, ni yo dientes, tu eres pellejo y yo… ¿Recuerdas cómo te estremecías cuando escuchabas la hebilla de mi cinturón? Recuerdas ese día, sí ese en la cocina, que pasé mi correa por tu cuello, que la apreté lo justo para que sintieses la presión, para que notases el palpitar de tu corazón en cada poro de tu piel… ¿Recuerdas cómo lamía tu oreja desde atrás, cómo te susurraba que eras mía, solo mía? Te estremecías de una manera tan deliciosa. Estábamos llenos de vida y pasión, tú creías morir de placer, de asfixia, de vida… ¿Recuerdas cómo te follé en la encimera? Tirando de la correa que rodeaba tu delicado cuello ¿Recuerdas cómo te clavabas los huesos de las caderas contra el granito?¿Recuerdas cómo las verduras acabaron esparcidas por el suelo, por el fregadero? ¡Qué imagen tan encantadora! Tú corriéndote sobre la comida, babeando como una zorra sobre el cuchillo. Qué hermoso fue correrme en tus entrañas, llenarlas de mí, conquistando cada recoveco de tu coñito que era fruta tierna y madura, fruta que abrazaba mi polla dura, llena de sangre, de vida… Y ahora… ahora ya no eres fruta, no eres vida, estás seca y yo… a mí ya sabes que no se me levanta desde hace mucho.


¿Recuerdas tesoro? ¿Nos recuerdas desnudos frente a la chimenea? Yo sentado en mi mecedora y tú con la cabeza apoyada en mi regazo ¿Recuerdas cómo era el tacto de mis dedos en tu suave pelo? ¿Recuerdas cómo era ser mi perra? ¿Recuerdas lo que era la vida? ¿Recuerdas lo felices que éramos? No, ya estás seca, estás seca de sangre flujo y recuerdos.


Tienes la mirada perdida, noto que me miras y no me ves. Hace mucho que no puedo exigirte, que no puedo mandarte, hace mucho que lo único que puedo hacer por ti es cuidarte, acariciarte la cabeza pero esta vez de ternura, limpia y sin intención. Sigues siendo mi perrita, una perrita perdida y anciana, una perrita que ya no ve, casi no oye y no recuerda. Pero sigo siendo tu dueño aunque haga mucho que no te folle. Aquí sigo mi amor, a tu lado, da igual que tu carne ahora sea pellejo, da igual que mis dientes ya no estén para marcar tu carne, aquí sigo a tu lado mi vida, no te abandoné, espero que puedas ser consciente de ello, espero que en el fondo de esa cabecita ya perdida, haya una neurona que sea consciente de que tu Amo estuvo contigo hasta el último suspiro, que te limpió, te mi mimó, te agarró la mano mientras te perdías sin que yo pudiera hacer nada. Y no lo sabes tesoro, no sabes lo terrible que es haberte guiado, saber que yo tiraba de tu mano, y ver cómo te ibas sola sin que yo pudiese ordenarte parar… a quién quiero engañar, sí te lo ordenaba, pero tú ya no podías obedecerme. El día que comprendí que ahora era yo el que tenía que quedarme a los pies de tu cama, que ahora era yo el que debía apoyar mi cabeza en tu regazo, que tú ya no lo harías más, el día que supe que no volverías a llamarme Amo, comprendí que serlo no era una respuesta a tu comportamiento, comprendí que no importaba que tú no volvieses a reconocerme como tal, comprendí que yo soy tu dueño inevitablemente y hasta el final… Así que aquí estoy mi vida, viendo cómo te consumes, viendo la hermosura de tus ojos ya vidriosos, llorando mientras recuerdo cómo éramos antes, contándotelo en un intento de que salgas de tu letargo, que algo te haga volver… Qué triste es esto ¿Por qué no podía durar eternamente?¿Por qué no pudo ser así hasta el final? No te preocupes tesoro, lo único que deseo de corazón es que de verdad no recuerdes todo lo que te cuento, porque nunca me gustó verte triste y sé que si lo recordaras te pondrías tremendamente triste, te sentirías realmente mal por no poder reconocerme, por no poder llamarme Amo.


Y al final me convertí en uno de ellos, en uno de esos ancianos que se levantan para cuidar de su animalillo, que creen que cuidan de su vieja perra sin querer enfrentarse a la realidad: Cuando la perra muera, morirá el Amo…


¿Recuerdas tesoro? ¿Recuerdas aquel día que tú partías verduras en la cocina?¿Recuerdas el tacto de la correa en tu cuello?¿Recuerdas cómo te follé contra la encimera?¿Recuerdas que acabamos comiendo pizza frente a la chimenea?¿Me recuerdas, mi vida?

viernes, 3 de marzo de 2017

Elegí mi camino, da igual el destino

Hoy ha sonado esta canción y me he acordado de esta entrada que escribí en mi antiguo blog allá por Octubre del 2013. Creí que la había pasado a este, cuando voy a buscarla y... ¡No lo había hecho! Aquí la tenéis, es cortita pero es una de mis favoritas, dadle al play y... ¡A pecar!


Highway to hell - AC/DC


No os fiéis de mi cara de niña, de mi pequeño cuerpo de adolescente, ni siquiera de mi nombre angelical, no os imagináis la de pecados que he cometido, no os imagináis la de cosas que dejo que me haga un hombre por placer, por lujuria. Las monjas repetían una y otra vez lo mal que estaba pecar, me repetían dónde iban las personas que lo hacían, y me da igual... quiero follar con Usted una y otra vez, quiero que me azote y me sodomice entre improperios. Quiero llorar de puro éxtasis, quiero gritar Su nombre con veneración, sólo Usted es mi dios, sólo por Usted me arrodillo, no para rezar, me arrodillo para obedecer, para demostrar mi inferioridad ante Su nombre, para comerle la polla dejándome la vida en ello.


Quíteme la cara de niña buena a bofetadas, a insultos, quítemela con Sus dedos entre mis piernas, saque la cara de zorra que sabe que oculto, esa zorra con la cara ardiendo, la boca entreabierta y la mirada apasionada.


No follemos entre música clásica, entre sábanas de seda, ponga Su música a todo volúmen, esta canción sonando en los altavoces. Esto es sexo sucio y obsceno, dejémonos de cursilerías y hágame Suya entre sábanas empapadas. Muérdame el cuello, márqueme el cuerpo con Sus dientes, sabe que es Su carne, cómala. Tire de mi pelo, lama cada rincón, embriáguese con el olor de mi piel, no huele a rosas, ni a empalagoserías de poetas, huele a lujuria, huele a posesión y entrega.


Sabe que le pertenezco, que algo dentro de mí dice que haga lo que haga, pase lo que pase seré Suya.


Diga un camino, un destino, diga la forma de llegar a él, yo lo seguiré ciegamente, sea mi guía, con los ojos vendados sentiré la aspereza del asfalto en mis pies desnudos, y paso a paso, pecado a pecado le seguiré a las puertas del mismísimo infierno.

lunes, 20 de febrero de 2017

Vida, qué puta eres

Million reasons - Lady Gaga


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, rompí mis condicionamientos, me sinceré, me entregué porque me hiciste con la entrega en la sangre, lo besé porque me diste la certeza de que su sonrisa era La Sonrisa. He aceptado todas estas sensaciones raras con las que me dotaste, hablo como una loca porque son las palabras que has puesto en mi boca, lucho día tras día por soñar pasados, por soñar futuros, lucho día tras día por escucharte.


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, busco la iluminación en cada uno de los correazos, intento relajarme antes de recibirlos para escucharte una vez más, intento saber a qué corresponde cada sabor conocido de los recuerdos que me despiertan las bofetadas…


Intento no perder el aliento cuando la ansiedad ataca mi piel, cuando adormece la carne y me nubla la vista por el miedo. Porque me has llevado a una frecuencia que asusta, una frecuencia en la que escuchar ruidos antes imperceptibles, tener visiones antes invisibles… Y ahora eso me asusta, cómo no asustarme cuando lo que siento es tan desconocido para mí, cuando mis sentidos aún no están acostumbrados a este nuevo estado, a esta nueva forma de vivir.


Y me agobio, te lo digo, lo confieso, me agobio cuando la mente ataca con sus preguntas, me agobio cuando me abres una puerta a un pasado lejano y doloroso, cuando me haces llorar la muerte de personas que ahora no conozco, me haces sufrir sus pérdidas en mi carne como si la niña que murió lo hubiese hecho en estos brazos, en estos que tengo ahora… Y es que eres maravillosa pero muy puta, sí, lo siento, pero he de desahogarme, porque me das cosas preciosas, pero por cada paso que doy hacia donde me llevas me das un sabor amargo, me haces descubrir un miedo oculto. Le das significado a cada una de mis sensaciones, pero es contradictorio, porque por cada certeza que me regalas, me das una pregunta que no sabía que existía… por cada encuentro me das una búsqueda. Por cada sonrisa, una lágrima. Oh vida qué puta y maravillosa eres, que me haces flotar y desgarrarme, que me das estabilidad pero haces girar mi mente. Y cuanto más me acercas a ti, cuanto más me acercas a mí misma más alejada me siento, más despegada de todo, más lejos, más tengo que luchar contra este estrés, el de luchar por agarrarme al mundo, a este mundo, por no sentirme sola en él, por seguir viva como si de un esfuerzo de constancia se tratase, por seguir escribiendo para rebuscar en mis entrañas, por aguantar el dolor de los azotes para tener esas sensaciones. Como si vivir, mantenerme viva, fuese un ritual, una costumbre que mantener al levantarte cada mañana. Y no es que quiera morir, no es eso, es que a ti hay que vivirte segundo a segundo, como si fueses a acabarte al minuto siguiente, no te conformas con menos, no te conformas con menos… No te vale que vivamos sólo tu cara amable, quieres que te amemos entera, que en cada segundo amemos la vida y la muerte, en un punto extraño entre solo vivir y morir, un punto extraño, un punto parecido a cuando una mano aprieta tu garganta tanto como para sentir la fuerte presión, pero lo justo como para que puedas respirar. Porque en ese punto todo es más intenso, todo se siente con mayor sensibilidad, lo superficial se desvanece un poco, no del todo, solo lo justo para ver que no es lo único pero que también está ahí. Y es que he seguido tu camino, puedo poner esta metáfora porque te seguí ciega, te seguí hasta poner mi cuello en Su mano. Ves, ya estoy de nuevo, siendo consciente de que debo seguir todas y cada una de tus indicaciones porque me das las respuestas por extrañas que sean, por mucho que me resista a ellas, por mucho que a veces me cueste dar el paso en este camino, por mucho que me asuste caminar a ciegas.


Vida, eres muy puta, eres muy cabrona, me dueles y me creces. Ay vida, dame más, te lo suplico, háblame más claro aún, quiero oírte más fuerte, quiero besarte con más intensidad, usaré tus métodos para arrancar el miedo de mi pecho, cerraré los ojos las veces que me pidas, me entregaré con más ahínco a ti, que es a Él. Quiero firmar tu contrato sin leer las condiciones, quiero vivirte y morirte a cada segundo, llorarte, angustiarme, quiero sentir que me ahogo para saborear cada bocanada de aire, quiero ser la loca si es lo que deseas, quiero arder en la hoguera si es tu voluntad, si mientras me quemo veo cómo se queman los límites de mi mente humana. Quiero tener hijos si lo que quieres es que deje de huir de lo que es temer perderlos, quiero bailar si mis pies taconean tu pulso, quiero reír si tu luz ilumina mi sonrisa, quiero tener orgasmos si noto en ellos tu abrazo, quiero dolor si en el sufrimiento encuentro tu beso.


Vida eres muy puta, eres muy cabrona, pero a cada paso que doy te amo un poco más. He seguido todas y cada una de tus indicaciones, seguiré haciéndolo, pero dame fuerza para vivir de pleno en esta nueva frecuencia, conviérteme en imán para atraer a los que ya lo hacen. Despeja mi mente para asimilar lo que tienes que enseñarme, dame humildad para transmitirte. Dame silencios para escuchar, dame oídos para los silencios…


Ay vida, qué puta y qué mágica eres. Me das mil razones para vivirte, mil para morirte, cada día, cada minuto...

lunes, 13 de febrero de 2017

La primera bruja

Allí estaba ella sintiendo el calor en su rostro, el fuego de la chimenea reflejado en sus ojos, con su taza de barro, con la infusión bajando por la garganta. La luz de la Luna llena entraba por la ventana de la cabaña.


La puerta sonó, ella no se asustó, sabía que escucharía ese sonido, esa noche, sabía quién estaba al otro lado. Abrió despacio pero sin dudar “Hay Luna llena” dijo el hombre que aguardaba en el umbral. Ella extendió la mano para agarrarlo y llevarlo a la cama cubierta de pieles, como era costumbre cada Luna llena. Pero esta vez él apartó la mano, la agarró de la nuca y la tumbó allí mismo.


Sentía la tierra del bosque en su espalda, sentía las embestidas en las entrañas, sentía la luz de la Luna bañándole la cara. Esa luz, el silencio de la noche, el olor de aquel hombre, ese hombre del que desconocía por completo nombre, profesión o vida, ese hombre que la follaba cada Luna llena desde que aquella lejana noche se encontraran en el bosque, desde esa noche que pareció un sueño, un remanso de paz en una vida dura, en una vida de soledad y rechazo. Desde aquella lejana noche establecieron un pacto sin palabras. Pero esta vez era distinto, la Luna brillaba más que nunca, el cielo y el suelo estaban más vivos que nunca. Él la poseía con un brío especial, la miraba a los ojos y ella podía ver en su negrura la profundidad de esta, podía ver la sabiduría de aquel hombre rudo, una sabiduría que él mismo ignoraba pero que ella reconocía… Cuando el orgasmo se acercaba entró en una especie de trance, sentía la conexión con él, con la vida, con la magia, sentía la conexión… él se derramó en su vientre, ella gritó de éxtasis y rabia. La misma que unos segundos después invadió sus ojos, y encendió su melena. Lo empujó enfadada, iracunda, lo sacó de ella sin un ápice de la ternura que acostumbraba a tener hacia él. Le gritó que se fuese, que no volviera nunca más, enfadada y llorando a borbotones lo expulsó de su cuerpo y su casa. El hombre la miraba serio mientras se alejaba subiéndose los pantalones. En cuanto no era más que una sombra en la lejanía se rompió agarrándose el vientre, cayó de rodillas y hecha un ovillo pasó lo que quedaba de noche maldiciendo al hombre, a la Luna, maldiciéndose a ella misma…


Cuando el primer rayo del amanecer iluminó su rostro, se levantó, se secó las mejillas y aceptó su destino, aceptó ese camino que siempre supo que debía seguir, por mucho que le doliese o aterrase. Respiró profundo y se dispuso a hacer un pequeño macuto con comida y algunas pertenencias. Al cerrar la puerta del que había sido su solitario hogar pensó en él, en cómo lo reconoció, cómo sabía que sería el que la haría tocar el cielo con la punta de los dedos, y cómo sería él el que la llevase a su terrible, aunque necesario, destino. Lo amaba, eso nunca se lo dijo, lo amaba con toda su alma, ella le pertenecía como ya le perteneció en otra vida más lejana,  por eso desde el primer momento se entregó a él, le salía natural… pero esta no era vida para el amor, al menos no de ese tipo, esta no era vida para la convivencia y el matrimonio, esta no era vida para la esclavitud, aunque fuese de amor. Esta era vida de reencuentros fugaces, de pactos de pequeña duración, para ella esta era una vida de soledad femenina. Si él hubiese sabido que una vez al mes le sabía a muy poco, que deseaba yacer cada una de las noches de su vida a su lado… Ay, si él hubiese sabido que por muy ruda y áspera que pareciese estaba llena de amor por él, de un amor único y mágico, si él hubiese sabido que el mundo le sobraba cuando la penetraba, si hubiese sabido lo mucho que le dolía fantasear con criar juntos a esa niña que engendró esa noche, ay si él se hubiese enterado tan siquiera de que la llevaba en su vientre… pero no, ella era un alma vieja, era un alma consciente, ella sabía a qué venía, sabía que los tiempos empezaban a cambiar, que esa vida era clave, sabía que el mundo giraba hacia el fanatismo, hacia el control, sabía que era el momento histórico de posicionarse, era la hora de asentar su recorrido como alma… hasta ahora nadie la había molestado en ese sentido, pero ahora a su sensibilidad, a su magia, a su sabiduría le tocaba ser rechazada. Le tocaba elegir entre esconderse arriesgándose así a que su alma y la de su linaje retrocediesen, se perdiese lo conseguido hasta ese momento, o cargar con esa cruz que ese nuevo mundo había inventado, ese cartel que la condenaría de una u otra manera en cada una de las vidas futuras, le tocaba elegir entre vivir más años en ese tiempo o morir y condenarse bajo el yugo de esa nueva palabra, morir como una bruja.


Tenía clara su dolorosa decisión. Se marchó de su amado bosque con un linaje de mujeres fuertes, sensibles y poderosas en el vientre, prometiéndole a Él en secreto reencontrarse en una vida más tranquila, una vida en la que darse entera, en la que saborear su piel, cada día, cada noche.


Y sí, ella ardió, sintió el fuego en su carne mientras su hija miraba escondida. Pero murió sin pena, esa niña miró sin pena, ellas sabían que era un sacrificio necesario, un paso que llevaría a su estirpe a recordar la magia por los siglos de los siglos, que llevaría a su estirpe a no renunciar a ella bajo ninguna circunstancia.


¿Y Él? Él volvió a buscarla la siguiente Luna llena, pero de la chimenea no salía humo, el aire no olía igual, el bosque había perdido su esencia, la casa estaba muerta, era sólo piedra, sin la vida que tenía cuando ella abría la puerta. Aún así entró, se arrodilló en la cama agarrando las pieles y telas que aún tenían su aroma. Inspiró profundo y se prometió no olvidar jamás su olor.

lunes, 6 de febrero de 2017

El día que todo cambió

Supongo que los que me leéis desde hace mucho tiempo o los que ahora estén leyendo este blog desde el principio noteis que en un momento concreto mi tono cambió, mi perspectiva tomó otro rumbo, y quiero explicar qué pasó, no porque nadie me lo haya pedido, es algo que necesito hacer para hacerme entender, para dar un salto y que comprendáis por qué ahora enfoco la vida desde otro lugar.


Una de las dudas, por no decir LA DUDA más importante y que más me ha corroído desde que era niña era ¿Por qué soy sumisa? ¿Por qué necesito entregarme? El día que todo cambió fue el día en que di respuesta a esta pregunta.


Por otro lado también desde niña he tenido una lucha constante entre mis dos Ángelas, cosa que también habéis leído. Es como si la Ángela superficial hubiese sido mucho más predominante que la espiritual, aunque siempre ha estado ahí, saliendo a muy poquitos, sobre todo en los casos más extremos en los que la necesitaba para seguir adelante. Mis padres antes de tenerme y hasta que yo era muy pequeña estuvieron muy relacionados con temas de meditación y descubrimiento espiritual, yo de eso solo tengo leves recuerdos, como estar jugando en un campo de noche alrededor de unas personas sentadas en círculo,  el olor del centro budista de Oseling, participar en algunas de sus meditaciones pero más como un juego. Esos son recuerdos muy vagos, poco después, por circunstancias, ellos dejaron ese camino de manera tan activa. Mi madre sí seguía meditando, pero para mí siempre fueron sus asuntos, totalmente ajenos a mí, evidentemente algo me transmitía, pero yo lo adquiría de forma superficial, sin comprenderlo del todo, sin sentirlo. Siempre la vi como una persona muy superior a mí, así que di por hecho que jamás llegaría a su nivel. Así pasé mi vida, sintiéndome desconectada de mí y del mundo.


Cuando empecé a ser Suya eso empezó a desaparecer, entregarme me conectó a mí misma, pero cuando esa conexión fue fuerte llegué a las puertas de algo distinto. Las sesiones, los azotes, las bofetadas, el dolor, el sexo me empezó a traer otro tipo de sensaciones, más profundas, eran cosas extrañas, sentía que todo eso respondía a algo más pero no sabía qué era, estaba un poco perdida. Ahora sé que nada es casualidad, pero “por casualidad” en esos días fue el cumpleaños de mi prima y mi tía me dijo que debía hacer una cosa, era una meditación, una técnica para conectarnos con una onda cerebral más profunda que guarda recuerdos de otras vidas. Pensé que era un poco rollo, la verdad, pero soy una curiosa enfermiza y no tenía nada que perder, por probar no pasaba nada, sería pasar una mañana charlando con mi tía. Llegué esa mañana a su casa, era un día soleado de abril, no lo olvidaré jamás. Me senté en el sofá, mi tía se puso a mi lado, cerré los ojos y fui escuchando sus palabras, imaginando lo que me decía. He de decir que a pesar de que mi madre meditaba casi a diario yo no lo había hecho jamás, era reticente, me daba pereza… tras la meditación para conectarse con esa parte comenzamos a hablar. Es cierto que aunque tú tengas la sensación de estar normal, hablas de cosas de las que nunca has hablado y te repercuten de una forma distinta, pero tampoco fue algo que me impactara mucho, quizá podía ser que estuviese relajada y por ello me saliera hablar así. Tras un rato decidimos parar un poco a desayunar, aunque hagas cosas cotidianas se supone que sigues conectado con esa parte profunda de ti. Estaba comiéndome una tostada y charlando con mi tía sobre mi relación con Él, nada muy profundo, y de repente, como un golpe, una imagen vino a mí, fue un flash rápido, pero a la vez era una escena “larga”. Nos vi como dos luces, a Él y a mí, estábamos en un lugar anaranjado pero difuminado, y hablábamos sin hablar, Él me decía que yo necesitaba ayuda y Él me la iba a prestar, pero debía dejarme llevar, debía dejarme guiar… Todas las palabras que ponga ahora para explicar esa escena son añadidas, porque no hablábamos pero lo comprendí, pero no comprendido desde donde suelo comprender las cosas, tras un análisis de la situación, tras buscar posibilidades y quedarme con la que más me encaja, lo comprendí como si fuese una piedra que cayó sobre mí para no moverse más, sin poder dudar de su existencia, sin poder cuestionarme nada sobre ella. Jamás había imaginado eso, jamás había leído ni oído nada parecido… No puedo explicarlo, juro que no puedo. Aquel día mi vida cambió para siempre, la respuesta a por qué necesitaba entregarme estaba allí, era de locos, jamás la hubiese imaginado así, pero era esa, sin duda. Todo encajaba tan perfectamente, al fin podía dar explicación también a lo que sentí la primera vez que lo miré, por qué sentí que era el hombre de mi vida, por qué sentí una energía tan familiar, lo reconocí, supe que era Él porque lo conocía de antes.  Más tarde me llegó un libro sobre pactos prenatales, una persona en otra parte del mundo estaba investigando sobre algo que yo había sentido sin saber nada sobre ese asunto, es por esto que decidí sentir antes de leer, porque la certeza es distinta, el ego no puede confundirte dudando de si es real o es sugestión.


Aquel día una puerta se abrió, más bien explotó, lo que empecé a sentir y vivir a partir de ese momento es de película. Empezaron las “casualidades” extrañas, empezaron los recuerdos extraños, empezaron a llegar las certezas extrañas pero firmes… ese día dejé que saliera la Ángela escondida, esa que dejaba salir tan poquito, y ahora sé por qué, porque era una Ángela que me daba mucho miedo soltar. Pero esto es otro asunto…


Lo importante que quería transmitir es que el día que supe por qué necesitaba entregarme comprendí por qué decía todo lo que decía sobre sumisión, por qué me sentía ajena al BDSM, por qué para mí esto no iba de roles, ni de límites, por qué sabía que mi entrega solo podía ser Suya y de nadie más. Y es algo que sigo manteniendo con más fuerza aún, si algún día dejamos de estar juntos, por el motivo que sea, no podré pertenecer a otra persona, quizá pudiese tener pareja, pero no podría se sumisa de nadie, porque no soy sumisa, sólo necesitaba estar predispuesta a dejarme guiar por Él, porque así lo pactamos. No fue la entrega y después Él, fue la entrega por Él. La sexualidad solo es una parte de esa entrega, es una forma de facilitar las cosas, si Él no me dominase y yo no tuviese predisposición a darme todo sería mucho más difícil. Y esto también explica por qué me domina con esa facilidad, cómo me lleva donde quiere de una forma tan sencilla. Explica por qué desde que me domina soy más poderosa y libre, cómo ha ido limpiando ese manto gris que tenía mi alma, estaba sucia, perdida y atrapada, Él me ayudó, como prometió. Hay una frase de una canción de Depeche Mode, es una canción que le encanta “Welcome to my world”. Pues esa frase que tanto le gustaba es “I ride your broken wings” “Manejaré tus alas rotas” y es que así es como se siente y cómo me siento. Yo siempre me he visto como un demonio, pero Él me ha tratado como si fuese un ser precioso, un ángel que solo tiene las alas rotas y necesita que le marquen el camino porque lo ha perdido.


Esta es mi visión de por qué yo nací con la entrega en la sangre, pero os diré que estoy empezando a ver un patrón que se repite en muchas personas, son características que en principio parecen no tener relación pero que “casualmente” están ahí. Pero bueno, esto ya son otros asuntos, aunque puede que intente investigar en profundidad sobre ello.

lunes, 30 de enero de 2017

Traduciendo silencios

Disfruto - Carla Morrison


Es mágico tenerte a mi lado cada noche, notar tus pequeñas manos sobre mi cabeza los días que no puedo dormir, tus respuestas, esas que me cuesta creer, pero que me dan la calma que necesito a veces para vivir. Tu cuerpo es mi templo, ese en el que puedo pintar, ese que puedo arañar y morder, ese que puedo romper para reconstruir algo aún más bello. Te miro, tú dices que soy el responsable de lo que eres, y yo no puedo creer que algo tan hermoso esté hecho con mis manos humanas, si tú eres divina, si tú eres magia y sueño, si tú eres universo, un pequeño universo que a veces cuesta entender, un universo que a veces es belleza, a veces oscuridad, a veces vida y a veces destrucción, un universo que es mío pero a la vez desconozco, que controlo, me pertenece, o al menos yo lo porto.


Y no entiendo el mundo como lo haces tú, a veces tus lógicas no tienen ninguna lógica, a veces tu orden es un caos, pero quiero vivir rodeado de ti, quiero cerrar los ojos entre tus pechos que son estrellas, penetrar tu vientre y sentir la luna con la punta de mi polla, quiero perderme en tu sonrisa que es el sol. Noto el sabor del cielo cuando te muerdo, el sonido de la vida cuando gimes dolorida, cuando tu boca se abre un poquito por la queja, y entonces meto mi lengua en ella. Quiero perderme en el agujero negro que son tus besos, quiero vivir mirando la vida por la ventana de los misterios que son tus ojos. Y yo soy ciencia, yo soy matemáticas, pero tú rompes mis esquemas, no creo en magias, pero sí en la tuya, creo en ti, aunque tu lenguaje no sea el de las ecuaciones, aunque tu lenguaje sea el sentir. Llamas algo en mí, algo que a veces se traduce en fuerza para descargar sobre tus nalgas, en el oscuro deseo de sodomizarte, y otras se traduce en despertarte sonámbulo, amarte desde una parte que yo no sé que existe, pero que se despierta cuando mi mente se apaga. A veces se traduce en abrazarte fuerte cuando lloras, aunque el dolor que te provoca las lágrimas sea un dolor que no comprendo, un dolor que no sé de dónde viene. Pero te duele, te lo noto en el pecho, lo noto en tu llanto, no mientes, a mí no puedes, tus verdades borran todas las pizarras de los científicos que conozco. Y es que como dice la canción “tu locura es mi ciencia”.


Y es que veces te crees loca, y yo te digo que sí, que eres mi loca, esa que provoca cosas buenas en los demás, qué enfermedad hay que tratar cuando esa locura solo trae cosas buenas, si gracias a tus locuras la gente encuentra ánimo, qué más da si lo son o no. Pero te contaré un secreto, no creo que sean locuras, solo eres una persona que ve cosas que otros no podemos. Y yo sé que tengo suerte, porque yo entro en ti, duermo agarrado a tu teta, abrazado a esa magia que yo aún no veo, tengo suerte porque me agarras fuerte para llevarme contigo, a tu mundo.


Te miro, miro tu cuerpo, ese que me vuelve loco a mí, al final quizá seamos dos chalados, cada uno a nuestra manera. Las curvas de tu cintura me llenan de vértigo, son el tobogán de mis deseos, miro tu barriguita, esa que me gusta pellizcar, esa que te hace única para mí, porque eres la diosa de mis fantasías. Dices que quizá nos hicieran a medida, el uno para el otro, y te creo, porque tus pechos encajan perfectos entre mis manos, tus labios se amoldan perfectamente a mi polla, esa que se encaja al milímetro con tu vientre. Por no hablar de tu olor, da igual de qué parte de tu cuerpo sea, es tan satisfactorio el aroma a mora de tu cuello como el olor a puta de tu flujo. Toda tú me enciendes, quiero amarte, follarte, protegerte, quiero subirte sobre mis hombros y verte volar, te ves tan hermosa volando, son tan hermosas tus alas, esas que ya no están rotas, esas que me costó tanto reconstruir.


Ojalá pudiese decirte todas estas cosas, ojalá las palabras me salieran tan fluidas como a ti, pero no pasa nada, estamos hechos a medida y me lees la mente, tú entiendes todo esto cuando te digo que eres la mejor compañera que puedo tener, tú sabes qué siento cuando me huelo los dedos mojados en ti, tú sabes traducir mis silencios.


Cántame una de tus nanas, déjame envejecer a tu lado, dime que lo haré, dime que lo has visto, que lo sabes, que tu intuición te lo dice, dime que veré tu rostro lleno de arrugas, dime que tú verás el mío, dímelo. Si, como dices, hay más vidas, ninguna puede ser mejor que esta a tu lado. Me da miedo no recordarte en ellas, o recordarte y no tenerte, no sé qué asusta más.


Sabes amarme, yo sé amarte. Dime que existe lo eterno para que esto no acabe.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Adicta al dolor

Sucker for pain - BSO Suicide Squad


Cierro los ojos y mil historias vienen a mí, no son cuentos, cada una de esas historias me trae una emoción, una sensación, estoy vinculada a esas personas ¿Soy yo? En cada una de esas historias hay un tipo distinto de dolor, y es que soy adicta al dolor. Tortúreme, hágame olvidar y recordar el dolor del pasado, el dolor del futuro. Un día me golpeaba la boca, el sabor de los golpes invadieron mi lengua, mi nariz, era un dolor familiar, tan familiar que no me gustaba pero no quería dejar de sentirlo, me ataba a un lugar lejano, a un lugar oscuro pero que era mío, era mío porque en él me crié en algún momento de mi recorrido. Cómo no querer recordar quién fuiste, cómo no volverte adicta a la locura de conocer a cada una de las personas que has sido. Estaba follando y las imágenes, los recuerdos de una niña que fui, de los golpes que recibió, de un dolor más oscuro que escondía se me aparecieron como una macabra y preciosa visión. Soy adicta al dolor, al dolor del pasar de los siglos, soy adicta pues en cada vida he crecido gracias al dolor, quién despierta cuando sueña cosas hermosas, y quién es el valiente que no despierta ante una horrible pesadilla. No llores pequeña niña conozco tu dolor, es el mío, es un dolor que se me agarra al pecho, el dolor más horrible que he sentido en esta vida, y es tuyo, pero a la vez es mío, lo arrastro. Vi morir a mi pequeña hermana entre mis brazos una húmeda y oscura noche, y escribo esto llorando amargamente, porque me haces recordar el momento en que te arrancaron su inerte cuerpecito de tus brazos, y te quedaste sola, nos quedamos solas, te rendiste, nos rendimos, y ahora yo tengo que retomar el camino, no quisiste ser lo que debías ser y aquí estoy yo llorando tu pena que es nuestra, doliéndome de tu vacío, tu impotencia, de tu abandono…


Me torturas, me asustas, no quiero encontrarte en mi pasillo, porque ahí estás, aún rondándome, recordándome que mi alma es adicta al dolor. Mi alma es adicta al dolor. Las fieras que me devoraron mientras miraba al cielo pidiendo clemencia a Dios, preguntándome dónde estaba, teniendo una crisis de fe en mitad de un circo. Amé al señor de mi domus, él amó mi pelo rojo, mi cuerpo recio y robusto, él me amó, pero soy adicta a dolor y por eso la esclava murió sola en un rincón, rogando que apareciese, que su amo apareciese para no morir en soledad. Sentí las llamas devorando mi cuerpo, las siento cada vez que me ducho con el agua hirviendo, siento las llamas consumiendo la desesperación de ver que lo entendieron todo al revés. Fui la que vio como su soldado partía para no volver… Somos lo que fuimos, los miedos irracionales que nos acompañan son recuerdos, pues antes de recordar lo que ahora recuerdo ya tenía miedo a la guerra por no soportar verlo partir, ya me asustaba que mis hijas murieran repentinamente en la oscuridad, ver sus cuerpecitos inertes como el de mi pequeña hermana en aquella vida. Pero es que soy adicta al dolor, porque quien no se duele no gana, quien no sufre no despierta, quien no se plantea qué es el mundo no se da cuenta de que no es más que un campo de ensayo, un teatro en el que interpretar papeles, de malos y buenos, de putas y santas, pero que eso no es más que un papel, que el bien y el mal no existe, muere quien tiene que morir cuando tiene que morir, y no se va para siempre. Soy quien fui, soy el dolor que arrastro, soy la desesperación del dolor de los azotes, esos que me hacen crecer en esta vida, una vida de ajustar cuentas, de recordar, de recordar a la noble egipcia que murió sin pena y sin gloria, de recordar a la musa del pintor, sí, ese pintor que dejó plasmadas mis vidas, esas que yo le contaba.


Es una puta locura, todo esto es una puta locura, pero ya lo llevo avisando, id acostumbrándoos porque lo que ahora clama mi voz es gritar todas esas cosas ilógicas, todas esas sensaciones que me convierten en loca para vosotros y que le dan vida a una luz de mi pecho, una luz que es cada vez más grande, que me hace ver las cosas con más perspectiva, que arranca el miedo de cuajo.


Soy adicta al dolor, porque quiero crecer, quiero despertar del todo, quiero alcanzar todo mi potencial. Tiradme palos y piedras, rechazadme, insultadme, me dolerá, pero es que soy adicta al dolor, nada puede dañarme solo me hará crecer. Quien no se duele no gana, quien no se duele no despierta.


Soy adicta al dolor, a la melancolía que me provoca el country, a la tristeza que a veces me asalta y no sé de dónde viene, una tristeza de otras vidas, la tristeza que guardan mis células humanas. La tristeza que me da no poder traducir en palabras lo que siento, la tristeza…


Y ahora me golpea, y me hace recordar, me folla y me hace viajar por el tiempo. Me abraza y me recuerda lo que no tuve tiempo atrás… Lo miro dormir y recuerdo nuestro acuerdo, ese que hicimos antes de ser carne, antes de coger nuestro disfraz: “Te ayudaré, pero dolerá” y qué coño importa si mi alma es adicta al dolor, qué es una correa frente al rendirse de una niña, frente a la impotencia de saber que vas a vivir muchos años en una vida que ya no quieres vivir, qué es una correa frente al llanto que me nace del corazón, frente al dolor de mi pecho cuando recuerdo esa cama solitaria y fría, frente al dolor de saber que mis manos y pies estarán fríos las vidas futuras porque sin ella ya nadie me las calentaría…


Escribir esto me está costando, publicarlo me costará aún más. Lucho contra mis propios filtros, los filtros del miedo, esos filtros que ya poco puedo mantener en firme, filtros que he decidido romper, aunque convierta este blog en un cúmulo de locuras que nadie cree, yo las creo y es lo que importa.


Me dolerá, pero mi alma es adicta al dolor, porque quién no se duele no despierta.


Me asomo a la ventana del castillo para contar esto, pues no quería despedir el año de forma común, quería hacerlo rompiendo con el miedo, haciendo algo que no habría hecho la Ángela del 2016, pues este año que empieza es el primero de esta nueva etapa, de esta nueva vida dentro de mi vida. Esto es sólo un símbolo, uno de esos que necesito para coger impulso y ser valiente, esos que necesito para sentir que estoy siendo honesta.


Feliz Año Nuevo. Empiezan los “sinsentidos”…