martes, 24 de marzo de 2026

Actualización...

 

A estas alturas no creo que ya nadie lea esto, pero a mí sigue surgiéndome una y otra vez la necesidad de volver. De tener un lugar en el que expresar mi amor, mi pasión, mi entrega. Muchas personas a lo largo de estos años me han dicho que nuestra historia les llena de esperanza, que les inspira ver que una relación 24/7 es posible en el día a día y que puede perdurar en los años. Así que también me gusta la idea de, aunque sea esporádicamente, venir a actualizar que nuestra relación y nuestra Ds sigue y está más viva y sólida que nunca.

El sábado estuvimos en casa de unos amigos, eran con los que Él se fue el año pasado dos semanas a Argentina. En un momento en que nos quedamos las mujeres hablando una de ellas dijo: “Todas queremos mucho a nuestras parejas, pero aquí la que más enamorada está es ella” y me señalo a mí. Yo en ese momento estaba absorta en mis pensamientos (cosa que me suele pasar mucho cuando estoy con mucha gente) y me pilló totalmente por sorpresa. Al rato esta chica y yo nos pusimos a hablar de algo y no sé cómo acabamos hablando de nuestro tipo de relación. Al principio tuve miedo de expresarlo por si pensaba que estaba loca, no la conocía tanto como para tener confianza, pero para mi sorpresa se entusiasmó. Ella resultó “cojear un poco de mi pie” y le flipó hablar con alguien que vivía el BDSM de esa manera. Yo me descubrí dándome cuenta que hacía mucho que no hablaba de ciertas cosas, de mi historia, de nuestra relación. Si me conocéis un poco podréis entender lo raro que se me hizo.

Como ya he mencionado nuestra relación no ha cambiado, sigue la jerarquía, la sumisión, la entrega… lo único que ha cambiado es que no expreso nada de esos setimientos y sensaciones que me provoca. Lo eché mucho de menos, aunque eso no es ninguna novedad, ya he hablado antes de esa especie de bloqueo que me surge…

Hoy he salido a andar un rato, me gusta andar y meditar, reflexionar con lo mucho que impacta la luz, el paisaje y el propio movimiento en los pensamientos. Me he preguntado si ya lo he dicho todo, si ya he sacado todo lo que había en mi cajón de la entrega. Me refiero en el ámbito de la expresión, no de la vivencia en sí. Pero lo cierto es que para mí la sumisión es diversión, tenerla presente me hace la vida atractiva, motivante… y hablar de ello, fantasear etc… forma parte de eso.

Me desvío… la muchacha con la que hablé, casi al final de la conversación me dijo “Ahora lo entiendo, había alguna pieza que me faltaba. Cuando veía cómo lo mirabas, enamorada, incluso más que las que llevamos muchos menos años con nuestra pareja. Cuando me contaban que Carlos en Argentina te echaba tanto de menos, cuando decía que el viaje estaba muy bien pero que sin Ángela no lo disfrutaba del todo, le faltaba algo. Ahora veo la dimensión de vuestra relación, el vínculo…”. Fue como entrar en una bañera caliente cuando tienes frío, como si ese frío fuese todos los años que he sentido que el mundo no entendería la profundidad de lo que somos, como si las relaciones BDSM fuesen “de segunda”. Sentí una paz que no sabía que necesitaba, aquella muchacha valorando tanto algo que he tratado de defender y normalizar desde hace 18 años, o más bien todos mis 39 años. De repente me di cuenta de que el mundo sí avanza, que sí se normalizan, incluso se admiran, cosas que antes se rechazaban. Me sumergí en esa bañera caliente y me decidí a dejarme volver a expresar, a hacerlo quizá de forma más tranquila, sin encumbrar tanto las situaciones propias del BDSM y más desde lo normal que es nuestra relación ahora. Hablar más de cómo ha evolucionado mi entrega, incluso atreverme a plantearme desligarme de las prácticas, atreverme a expresar que hace mucho que no las necesito, que no las necesitamos, que hemos construido nuestro hogar en una Dominación sumisión cotidiana, que no requiere de sesiones. Incluso sabiendo que muchos la mirarán desde unas gafas de “puff qué triste”. Pero la realidad es que es justo lo que siempre soñé, soñé con una relación auténtica, sin teatro, sin que tuviese que sostenerse en “parafernalias” para ser real, para saberse jerárquica. Y ojo, nos siguen gustando esas “parafernalias”, aunque los azotes hayan perdido totalmente el interés para mí, son puro castigo… pero bueno, quizá esto sería la primera cosa sobre la que reflexionar y escribir. Quizá es que me hago vieja, o quizá es que la vida me ha mostrado la plenitud del amor incondicional, la plenitud de la entrega y ya todo lo demás es accesorio pero totalmente prescindible. Porque no, no me aburro sin sesiones. He trascendido la entrega, la he sacado completamente del ámbito sexual, y la he convertido en algo que sostiene todo lo demás. Así que el sexo deja de ser el protagonista del asunto, aunque entregarme al cien por cien me haga vivir cachonda perdida. Aunque solo verlo entrar por la puerta me emocione y me derrita al pensar que es mi Amo, del que soy, al que permanezco y permaneceré.

jueves, 24 de julio de 2025

Esta locura del 24/7

Hoy es 24/7 y no iba a escribir nada, quizá recordar una entrada antigua, total, ayer ya publiqué después de mucho tiempo… Pero he subido a recoger nuestro dormitorio, me he puesto música y ha sonado esta canción de Siloé, he pensado en lo mucho que me gustó cuando me la cantó en aquella discoteca de tardeo creyéndonos indies…

Tenía su polo en las manos, lo he olido y he pensado en cuando suene en directo en el Granada Sound, he imaginado que el mundo desaparecía y se la cantaba porque, aunque me la cantó Él primero, lo cierto es que me siento totalmente identificada, es completamente mutuo. Le he subido el volumen y la he cantado en bucle, hasta me he emocionado como la llorona intensa que soy.

Me venía ese 24/7 a la cabeza, como esa locura que es, que me arrasa, que me devora, esa locura que hace que me sepa tan Suya en cada momento que nada podría hacer que no lo fuese ni un solo instante del día. Y recuerdo cuando nos alejamos, recuerdo cuando me preguntaba si estaría mejor sin Él, recuerdo el día que le dije “Es mejor que nos separemos. Cuando vuelva a casa será mejor que ya no esté, no puedo soportar ver cómo se va”, recuerdo el dolor de aquellas palabras, sabiendo que nada podría hacer que no lo anhelase cada minuto, de cada hora, de cada día con su noche. Recuerdo el dolor de saberme tan Suya aún lejos, saberme tan de alguien que probablemente dormiría abrazado a otra mujer. Recuerdo el dolor de ese 24/7, ese que odié por saber que no sería fácil de revertir, por no decir la palabra “imposible”. Ese 24/7 que sabía que me pesaría al besar a otro hombre, un lugar desde el que ya no podría amar a nadie más, pues “Nadie más estará nunca a la altura de los besos que me da”, el dolor de saber que era recíproco y que habríamos dejado que las circunstancias, las manipulaciones ajenas y nuestra propia incompetencia nos separasen, el dolor de saber que ambos nos anhelaríamos en cada penetración, el saber que nos echaríamos de menos en secreto, el saber que desearíamos nuestros cuerpos en la lejanía, que ataríamos nuestro deseo de besarnos y acabar follando en el suelo cuando tuviésemos que vernos al recoger o llevar a las niñas… Así que sí, ahora me siento una idiota por haber pensado en algún momento que nuestro destino era acabar nuestras vidas separados viviendo en el anhelo constante de haber sabido hacerlo para que el amor pesase más que los errores.

Hoy celebramos el 24/7, esta mañana en la cocina, tras prepararle su botella de agua para el trabajo lo he felicitado, y sin saberlo nos he felicitado, he felicitado a aquellos que supieron revertir una situación que parecía no tener solución, que supieron tomar las riendas en el más absoluto caos, que supieron estar por encima del ego, de la manipulación, de los errores, de las palabras dolorosas y dejar que el Amor venciese. Porque nuestro 24/7 se basa en algo que ahora parece estar tremendamente rechazado, juzgado, un horror… se basa en el “sin ti yo no sé estar” pero nunca me ha gustado ocultar la realidad, me da igual lo mal visto que esté necesitar... Pero es que nuestra realidad es esa. Necesito Su calor, Su voz, Sus dientes torcidos, Su polla dentro de mí, necesito ver Su cara cuando me penetra, necesito Su cabeza entre mi pechos mientras se echa la siesta, necesito oler y besar su pelo en ese momento, necesito viajar a Su lado, necesito las noches en el sótano cantándonos mientras nos miramos a los ojos viendo el amor más profundo en los ojos del otro, necesito el olor de Su sudor, necesito Su silencio, Su humildad, necesito Sus pellizcos, Sus manos en mi cuello, necesito Sus “demasiado permisivo soy”, necesito Sus miradas de “porque hay gente delante, sino te reventaba” y necesito cuando se acurruca entre mis brazos sintiéndose protegido y resguardado, necesito besarlo, atragantarme con su polla, necesito cuidarlo, amarlo de forma explícita y sin límites… Y no, no puedo negar, aunque en su momento lo negué hasta la saciedad, que si no hubiésemos estado juntos ese “si me necesitas llámame” estaría latente en mí 24/7, a cualquier hora, en cualquier momento, dispuesto a ser atendido sin duda, a responder a Su llamada sin dilación. Menos mal que no fue así porque de verdad el tiempo jamás nos hubiese perdonado que no estemos juntos.

Así que hoy dedico esta canción a celebrar ese pertenecerle, pertenecernos, cada microsegundo, de cada día de esotos 21 años y de todos los que nos queden. Celebro nuestra valentía de vivir el amor a nuestra manera, por raro que les parezca al resto, por mucho juicio que nos echen encima, por mucho que nos ataquen o calumnien, por mucho que alguien quiera pensar que “siguen juntos por costumbre, por las niñas…”, no tienen ni puta idea, ni se asoma a la inmensidad de lo que somos, de lo que es ser Suya 24/7, de lo que es ser mi Dueño 24/7. Y es que veo esos números y parece que limitan un tiempo, pero la realidad es que representan algo permanente, continuo, eterno… Unos números que tratan de expresar lo inexpresable, titular lo que no tiene título. Y es que lo cierto es que incluso en las peores, incluso de la peor manera, supimos mantener nuestro 24/7.

Él es la locura que no sé cómo frenar, que arrasa y me desnuda con los besos que me da. Y me viene con más fuerza, con más ganas de gritar… que sin Él, yo no sé estar, en este mundo, sin Él yo no sé estar.

Ay, Amo, qué bien que mandamos a todos a tomar por culo. Ay, Amo, qué bonita se me antoja la vida a Su lado 24/7 

miércoles, 23 de julio de 2025

La Entrega

     Vuelvo una y otra vez a ella. A veces el día a día apaga su intensidad, jamás la olvido, pero otras cosas toman más relevancia en mi interior, hacen más ruido, llaman más mi atención ya que soy una persona muy inquieta internamente. Siempre ando liada con mis procesos, con mis trabajos intangibles, siempre tratando de crecer, de hacer conscientes mis heridas y sanarlas. Siempre tratando de limpiarme lo máximo posible para llegar a mi autenticidad, a la plenitud. A veces esos trabajos me distraen tanto que sin darme cuenta surge una sensación de estar perdida, como si hubiese salido de mi casa, hubiese tomado un camino y hubiese ido tan pendiente del paisaje y sus sensaciones que ahora no sé volver. Entonces me angustio, tiemblo ¿Dónde está mi certeza?¿Dónde mi ancla?¿Dónde mi paz? Ni siquiera una paz idílica, sino una paz de base desde la que afrontar todas mis tormentas… Y salgo a andar a un campo que tengo cerca, con mi música a tope. Pido respuestas, pido una señal, que se abra el cielo, Dios aparezca y me diga “Ángela, es por ahí”. Miro la ciudad, miro al bosque, miro al cielo… pero no se abre, Dios no aparece.

    Entonces al día siguiente, sin esperarlo, Él me reclama más atención, me hace comentarios de que estoy “muy subidita”. A mí me pilla por sorpresa, no soy especialmente retadora, nada bratz, al revés, me sale natural la obediencia y el mantener una sumisión suave. En ese momento no lo veo, no lo asocio, pero algo empieza a gestarse en mi interior. Parece que no tiene nada que ver con ese proceso más profundo, se me vuelve a olvidar que somos personas íntegras, que no hay compartimentos… Me observo, observo lo que Él me ha dicho, ese “subidita” que no es evidente pero que Él ha notado. Es la magia de estar tan conectados, me capta cualquier sutileza…

    Y sigo observando, y compruebo que es cierto, que he tomado cierta inercia, que ando distraída y sirvo sin consciencia, y que en ese movimiento me he ido igualando a Él, es muy muy sutil, pero ahí está. Decido olvidarme de esas otras sensaciones que me atormentan, pongo el foco en Él… Me paso la mañana pensando en ello, pensándole. Llega del trabajo, descansamos un rato, follamos… No hay actos muy evidentes pero percibo Su dominio de forma clara, algo se mueve dentro de mí, ese calor, esa vibración en mi pecho, esa magia que me hace elevarme mientras me siento tan pequeña. La magia de ser Suya, de recordarlo de forma tan nítida. Me vibra el cuerpo entero, el orgasmo nace entre mis piernas pero sube por mi estómago, se agarra a mi garganta y sale por mi cabeza. Tengo ganas de explotar, de expandirme de pura entrega. ENTREGA, esa era la respuesta, ese el hogar.

    Más tarde conduzco, escucho esta canción y las respuestas llegan claras, nítidas, Dios no abrió el cielo, pero Él abrió mis piernas, me recordó que, por extraño que sea, mi conversación con lo divino es a través de la sexualidad, del amor y la entrega. Que la base es esa. Que no es que mi entrega a Él sea la clave, sino que es una facilidad que me dan, una manera de recordarme que vivir en entrega es mi forma de vivir. Entrega a Él, a la vida, a lo divino, a la confianza plena del “no tienes que preocuparte tanto, simplemente entrégate y disfruta”.

    Y me asusta que piensen que estoy loca, pero lo cierto es que nada se compara a la paz que obtengo al llegar a esas conclusiones, nada se compara a lo maravillosa que se vuelve mi vida cuando pongo consciencia en la Entrega, consciencia en Él. Nace en mí un manantial de admiración, de respeto, de agradecimiento… Puedo verlo sin tapujos, veo cómo todo eso nace de mí y vuelve a mí. Porque si me siento tan maravillada por un simple humano es porque veo lo divino que hay en Él, y al reconocerlo, me reconozco, veo lo divino que hay en mí. Pero sin ego, sin la necesidad de demostrar que soy valiosa. Ojalá supiera expresarlo mejor, solo sé que ante Su presencia me desvanezco y dejo que se manifieste una parte mucho más limpia, hermosa y grande.

    Me encanta cómo todo esto tan profundo se entremezcla y manifiesta con cosas mucho más carnales: sexo, bofetones, órdenes y pellizcos. Me fascina cómo un “estás muy subidita” puede abrirme un mundo de autoconocimiento y espiritualidad. Eso es lo que me falta integrar, que soy terriblemente carnal y espiritual, que llego a lo espiritual desde la carne y a la carne desde lo espiritual. Me falta perder el miedo a mostrar todo esto y sin embargo siento que es lo que tengo que hacer. Es mi peculiaridad, mi excentricidad, nunca he sido muy normal… a ver si dejo de intentar parecerlo. Y es que, sinceramente, bendita locura la mía, que me hace experimentar todas estas cosas. Bendita ENTREGA que siempre me acoge, que siempre me acurruca en la fe y la confianza de que puedo dejarme llevar, que hay una belleza salvaje y maravillosa en servir, en Darse entera... sin miedo. Al final, todo esto nos lleva al catártico decubrimiento de que podemos darnos enteros, pues nada en realidad puede destruirnos.

    Y vuelvo una y otra vez a ella, a veces me pierdo por caminos hermosos pero sinuosos y la pierdo de vista, no por dejar de tenerla, sino por dejar de hacerla consciente como parte de mí. Vuelvo una y otra vez a la Entrega y ella jamás me decepciona. Es la herramienta más poderosa y mágica que poseo.

miércoles, 9 de abril de 2025

La familia machista

 

Mi hija mayor se ha ido de intercambio a Italia. Ya estuvo aquí una chica italiana durante una semana y ahora le ha tocado a ella ir a su casa. Ayer nos mandó varios audios contando su experiencia, las cosas que más le llaman la atención… en uno de ellos dijo que le sorprendía mucho que veía una dinámica muy machista en la familia, que la madre lo hacía absolutamente todo en la casa y el padre nada. Que quería preguntar a sus compañeras si en sus casas era igual, porque no sabía si era algo específico de la familia o más cultural.

Hace muchos años fuimos a nuestra primera reunión social BDSM. Allí, cuando contamos nuestra forma de vivirlo, muy cotidiana, muy en el día a día, con nuestras hijas conviviendo con nosotros, hablándole de usted… algunos no pudieron reprimir sus caras de “qué barbaridad”, otros incluso nos aconsejaron dejar de hacerlo. Alegaban que nuestras hijas podrían crecer en un entorno en apariencia machista, por ser yo la que sirvo. Que ellas no entenderían que es una dinámica elegida… Reconozco que me metieron el miedo en el cuerpo, pero no sabía hacerlo de otra manera y ser feliz. Siempre he comprendido la familia como un lugar en el que todos tienen que ser felices, evidentemente con restricciones y sacrificios por parte de todos, pero más como unos ajustes en busca de un equilibrio en el que todos seamos felices sin faltar al otro. Así que confié en mí, en nosotros, asumí que esas personas hablaban desde sus prejuicios e ideas preconcebidas, e incluso, desde “su BDSM”. Asumí que la mente tiende a imaginar situaciones que no se corresponden con la realidad. Que tiende a compartimentar y creer que llevar la Ds en el día a día, significaba que no había más que BDSM en nuestro día a día. Que yo andaría todo el día medio desnuda, arrodillada delante de mi Amo y Él con el látigo en la mano por si las moscas. Pero la Ds es la base profunda de nuestra relación, a veces se manifiesta de forma evidente, otras no, pero con nosotros dos tenerlo presente es suficiente. Escribiendo esto me doy cuenta que me he machacado mucho creyendo que hay en mí un trasfondo machista, por adorar la disciplina doméstica, por ponerme cachonda cuando veo representados en mi vida esos roles antiguos, en los que Él está haciendo la declaración de la renta y yo mientras hago un pastel de zanahoria en la cocina. Y probablemente lo haya, pero es que ese tipo de situaciones suceden en un océano de situaciones diversas que hacen que se diluyan. Pero lo que he comprendido es que las personas que me dijeron esas cosas son las que tenían una imagen muy extrema, limitada y, creo que poco sana, de lo que es una Ds, al menos en 24/7. Que yo sepa una Ds va de que ambos se cuidan, solo que desde lugares distintos. Yo lo cuido porque le pertenezco, Él me cuida porque le pertenezco. Esto en el día a día se traduce en unas dinámicas de cuidado mutuo y normas que cumplo sin que desde fuera se perciban como tales. También quizá se mezclen en esas mentes el machismo y lo que creen que es servir. Supongo que les resultará inconcebible que el Amo friegue los platos estando Su sumisa. Que planche, que atienda a Sus hijas… Conforme escribo veo que hay tanta mugre en esos prejuicios sobre una 24/7 como la nuestra… Porque también asumen la “vagueza” del Amo, como alguien que quiere evitar a toda costa hacer cualquier cosa, pudiendo delegar y sobrecargar a la parte sumisa. Asumir que llevemos una Ds dentro de nuestra cotidianidad familiar y que esto pueda dañar a nuestras hijas o que vivan el machismo, es asumir que Él priorizará el egoísmo por encima, ya no solo de mí, sino de Sus propias hijas.

Somos una familia peculiar, creo que tenemos un vínculo muy especial los 5, aunque con nuestras dos hijas mayores es aún más fuerte que con la pequeña, simplemente porque con ella llevamos 6 años y con las mayores parece ya toda una vida. Quizá porque éramos muy jóvenes, o porque con ellas vivimos todo por primera vez, mi sensación es de máxima complicidad, dentro de que se respetan los lugares de cada uno, los padres son los padres, las hijas son las hijas y cuando hay que decirles algo se les dice, cuando hay que poner límites se ponen… es que no sé explicarlo, sólo sé que llevo este curso fascinada con las mujeres en las que se están convirtiendo. Tienen ya 17 y 15 años, empiezan a vivir cosas fuera de nosotros, circunstancias en las que manifiestan ya sus personalidades y mentalidad. Están en un momento en el que se puede ver cómo ha afectado nuestra educación y ejemplo a sus vidas. Me dan ganas de llorar al pensar en el resultado, no sé si es emoción de orgullo o de alivio, no es fácil confiar en tu forma de hacer. No digo que en algunas cosas no les hayamos afectado de forma “negativa” pero qué padres no lo hacen. Es inevitable, solo sé que son tremendamente empáticas, abiertas de mente… cada una a su manera, porque son distintas, pero ambas fascinantes. Son dos seres increíbles, con una mentalidad de unos tiempos que no son los míos, capaces de cosas que yo no soy. Su idea de lo que es una relación es tan sana… Capaces de discernir qué cosas son del otro y sus heridas y qué no. Capaces de elegir qué no quieren en esas relaciones. Como digo, cada una a su manera, pero tengo la suerte de que confíen en mí y me hayan contado directamente y sin tapujos cosas de sus relaciones que, aunque aún son esas tiernas y novatas, ya dejan entrever cómo son los problemas y situaciones que surgen ya de adultos.

Creo que ser abierta y transparente con ellas ha dado sus frutos. Nunca les he dicho nuestro tipo de relación, tampoco me la han preguntado, pero sí he sido transparente al hablar siempre. He hablado de mí, de mis relaciones, de quién soy de tú a tú en las conversaciones que han ido surgiendo desde que eran niñas. He hablado con naturalidad de sexualidad, siempre respetando lo que ellas me requerían, no más… Siempre hemos hablado en casa de los diferentes tipos de relaciones, y siempre he hecho hincapié, de una u otra manera en que la libertad es elección, y que eso es la base de todo. Que ellas podrían elegir en su vida lo que quisieran, siempre preguntándose si es desde la libertad o la obligación, del tipo que sea. Siempre con consciencia…

Ayer me hizo mucha gracia y me dio mucha ternura que mi hija identificase la dinámica de esa familia como algo tan machista, desde una comparación con su propia familia. Cuando la chica italiana estuvo aquí me contó que su madre era ama de casa y su padre trabajaba fuera. Yo le dije que entonces era igual que la nuestra. Pero ella también dijo que no era lo mismo. Lo que me hace reflexionar también sobre que quizá no solo sean los actos los que transmitan una idea, quizá también es esa energía de cada uno, de la propia relación, lo que haga que marque la diferencia. Porque Él es mi Amo, yo soy Suya, pero eso jamás ha marcado más distancia que la de la propia verticalidad, pero en cuanto a complicidad y amor se nota que somos un equipo, cada uno en “su puesto” pero un equipo.

Creo que la vida me está hablando, me está reconociendo el esfuerzo y la confianza que he tenido en nosotros y nuestro proyecto de vida. Me dice que sí, que funcionó, que hice bien en no sacrificarme por miedo. Creo que nuestras hijas han crecido con unos padres imperfectos (como todos) pero cercanos, creo que hemos conseguido que nos vean como a personas aisladas, con sus características personales, y no como los trasmisores del “cómo tienen que ser las cosas”, o quizá sí lo hayamos sido pero en el sentido de ser un espacio en el que poder ser ellas mismas, transmisor del “las cosas tienen que ser en libertad, no voy a imponerte ningún patrón”. Al final nuestra idea de familia siempre ha sido desde el vínculo irrompible. pero la individualidad. Y no me importa alabar nuestra labor en esto, porque hemos puesto mucho empeño, hemos tomado decisiones difíciles y hemos roto muchos condicionamientos que teníamos adquiridos para poder ser la familia que queríamos ser. Estoy muy orgullosa y agradecida de ella, me encantan las personas que la forman.

Y bueno, dejo un poco las profundidades y aclaro que mi Amo me puede ordenar que limpie algo, que haga tareas, de hecho tengo una libretita en la que me escribe si desea que haga alguna al día siguiente, pero como me puede ordenar que baile para Él. Que si yo asumo más tareas de la casa es porque así nos hemos organizado por interés de ambos, sobre todo el mío que me gusta vivir sin horarios ni estrés… me gusta quedarme en casa, escribir, meditar, ordenar… a mi ritmo. Pero que, incluso siendo yo ama de casa, no significa que todas las tareas del hogar son mi obligación. Porque la sumisión no significa, al menos en nuestro caso, ser esclava de las tareas domésticas. Como digo, si Él lo ordenase yo acato sin chistar, pero mis hijas han visto que unos días friego yo los platos y otros su padre. Que juntos arreglamos las cosas que hace falta, que Él tira la basura y plancha mientras ve Su NBA, que yo lo cuido a mi manera y Él me cuida a la Suya. Ellas no lo identifican como alguien machista, o si a veces Él dice algo que lo es, porque no olvidemos que por muy consciente que seas, naces donde naces y bajo los condicionamientos que naces, le chichan y le dicen que no sea un heterobásico. que tiene la masculinidad frágil o que es un mimado. Todo en tono de broma por parte de todos. Él se me acurruca como dolido, yo lo abrazo y les digo “Pobre, no os metáis con Él. A mí me gusta mimarlo” y ya está. A veces el humor es la mejor herramienta para afrontar las cosas y fortalecer los vínculos. Él sería un machista si hubiese tratado de forma negativa, desde la presión y la obligación en la sumisión, no solo a mí, sino a Sus tres hijas. Si hubiese actuado como si ellas estuvieran obligadas también a servir. Pero no ha sido así en absoluto.

Así que a toro pasado puedo comprobar que el problema no estaba en nosotros, sino en la mirada de aquellas personas y de muchas que nos han juzgado. Ellos solo imaginaban situaciones esperpénticas de unas niñas viendo cosas que no debían. Ellos se imaginaban a un Amo déspota y egoísta, incapaz de hacer lo mejor para Sus hijas por encima de Sus deseos. Claro que le han dado ganas de abofetearme estando ellas delante, pero tiene la suficiente fuerza de voluntad para esperarse a estar solo y hacerme rendir cuentas. Algún día nuestras hijas se irán, nos quedaremos solos y quizá podamos vivir todas esas cosas más llamativas que nos gustaría. Que pueda recibirlo cuando vuelva del trabajo, desnuda, de rodillas y con la cabeza gacha. Mientras tanto, corro a la puerta a besarlo como Él ha ordenado. Mis hijas de eso sólo perciben a una mujer enamorada de su marido, que se ilusiona cada día por Su llegada… y eso es totalmente cierto, pero como tarde más de la cuenta me habré ganado un “tirón de orejas”.

viernes, 21 de marzo de 2025

Una entrada solitaria más

     Recuerdo perfectamente el día que empecé a escribir este blog, hará ya más de diez años. Recuerdo hasta cómo era la habitación donde teníamos el ordenador que hoy es el dormitorio de mi hija mayor. Recuerdo que barría el pasillo y algo me impulsó al teclado. No sabía ni cómo se hacía, ni siquiera era algo que tuviese pensado, simplemente surgió: necesitaba comunicarme. Recuerdo la soledad que sentía, no una soledad de pareja, ahí sí estaba en pleno apogeo de descubrimiento, no hacía mucho que habíamos empezado a transformar nuestra relación vainilla al D/s. Pero siempre hay dentro de mí dos partes, una la sumisa Suya, la que siempre permanece, la que está relacionada con Él directamente. Pero hay otra que siempre busca conexión fuera, ser escuchada, comprendida fuera de mi círculo íntimo. Recuerdo esa soledad porque hoy vuelvo a sentirla, con el atenuante de que aquella soledad estaba ante un mundo desconocido e inexplorado, no conocía a nadie pero tenía la ilusión y emoción a lo que podría ser. La esperanza de que esa sensación pudiese desaparecer. Hoy, el atenuante es el de llevar muchos años comunicándome, conociendo a otras personas, sintiéndome comprendida y también juzgada. Hoy tengo la pesadumbre de todas las fantasías leídas, todos los debates hablados, toda la comprensión posible encontrada… Supongo que la vida son ciclos y no somos estáticos. Aquella Ángela se sintió comprendida, acompañada, respetada y aceptada. Si no cambiásemos, si no avanzásemos, si nosotros y el mundo se quedase quieto no habría mayor problema. Pero no es así, mi relación, mi forma de amar, yo… ha ido mutando y vuelvo a estar donde estaba al principio, sintiéndome sola e incomprendida. Creyendo que, más que una sumisa, soy una loca. Porque yo quiero cada vez mas dominación, más entrega, más de todo… ¿Y el mundo? El mundo defiende unos ideales que me parecen maravillosos y que quiero con todo mi corazón para mis hijas, pero no para mí.

    Necesito hablar, expresarme, contar cómo me gusta cada vez que pido permiso y me dice un “No”, sin motivo ni razón, simplemente porque Él quiere que así sea. Cómo me pone de cachonda lo injusta que es a veces nuestra relación, porque lo es, soy sumisa, no idiota. Quizá hubo un tiempo en el que estuve más ciega, más inconsciente, pero eso también cambió, no he visto con más claridad en mi vida. No he sido más consciente de las cosas, de las injusticias, del ego y la humanidad… Pero en mi consciencia elijo entregarme y acatar.

    Y hablo con conocimiento de causa, ya pasé por un tiempo más libre, uno de menos órdenes, de más igualdad, en el que el “Usted” era más una costumbre que otra cosa. Y lo odié, no fui capaz de sentirme en paz, no fui capaz de disfrutar de la vida plenamente. No sé qué sentido tiene hacer “lo correcto”, lo que se supone te debería hacer feliz y estar triste, intranquila, incompleta… Y no me importa si es la alienación haciendo de las suyas… Me viene una maldita metáfora con la que una persona nos fustigó una y otra vez “el pez que vive en una pecera se siente incómodo en el océano”. A lo que yo me rebelaba y me rebelo: nosotros no vivimos en una pecera, hemos creado un océano inmenso y rico en el que nos sentimos plenos. Hemos intentado explorar otros, pero no nos han terminado de convencer, no nos han hecho bien. Me fío de mis entrañas, estas siempre te dicen de dónde tienes que irte y, mientras estamos en nuestro universo, en nuestro océano, jamás me han rugido, jamás me han hecho sentir incómoda, jamás me han dicho “vámonos de aquí”. Sin embargo en los tiempos en que hemos intentado nadar en océanos más “normales” lo que me costaba era quedarme un segundo más en ellos.

    No sé si sería capaz de escribir tanto como antes, de expresar tan abiertamente como antes mis sentimientos, mi sumisión, mis decisiones, mi forma de avanzar y crecer en mi relación, de cómo cuanto más me entrego más poderosa me siento. Estoy demasiado sensible aún por los golpes de los juicios en general, no me refiero a cuando he hablado por aquí. Pero sí tengo la percepción de que ya no entramos ni dentro del BDSM. Probablemente sea solo una distorsión, que se me vuelve a olvidar que aquí cada uno lo vive como le da la gana y tiene derecho a expresarlo. Supongo que me he ido volviendo perra vieja que prefiere no exponerse. Aunque eso me desconecte de mi parte que necesita expresar, escribir y sentir así una parte de mí más viva.

    El otro día le dije que no iba a decidir nada diferente a entregarme cada vez más a Él, hemos llegado de forma natural al punto de Dominación que soñaba desde niña, aunque ahora me aterra a la vez que me emociona. Los miedos no existen, solo existe el presente y yo quiero lanzarme a la piscina. Él me dijo “Quizá pasen los años y cuando las niñas se vayan acabes encerrada en el armario”. Ahí pude mirar a mi locura a los ojos, vi que el día de mi muerte me arrepentiría de no haber confiado y no haberme lanzado a esa piscina, mucho más que de no haber vivido las cosas que podría haber hecho en vez de estar encerrada en ese armario.

    Supongo que la vida es la experiencia hiperpersonal por antonomasia, pero nos empeñamos en dar unas directrices, una lista de “Ticks” que hay que hacer para morirnos plenos, en vez de ser honestos, mirar nuestra excentricidad a los ojos y ser coherentes con ella, aunque signifique ser incoherentes con lo convencional y aceptado.

    En fin, que yo elijo dejarme llevar a ese armario.

viernes, 26 de julio de 2024

Amor-odio con el blog

Alucino con lo intermitente que me he vuelto con el blog, largas temporadas de abandono, escribir entradas que nunca llego a publicar… Casi me es difícil de creer que hubo un tiempo en que cada jueves religiosamente publicaba. Todo tiene una explicación, más allá de las situaciones personales que pusieron mi vida patas arriba hasta hace un año. Pero lo cierto es que estas no son el motivo real del amor-odio que le tengo al blog.

En todos estos años muchas personas me han escrito. La mayoría de ellas personas cabales, maduras, con un tono normal, amable… Pero en otras ocasiones he sentido que algunas personas se apoyaban demasiado en mí, más que en busca de apoyo, en busca de que yo les dijese qué hacer con sus vidas, en su relación. A veces notaba que se ceñían a mis palabras como si fuesen una verdad absoluta y literal. Que si yo con mi Amo tengo la norma X es que una relación D/s ha de tenerla para que lo sea. Alguna incluso me ha intentado rebatir esas normas en una especie de “Deja de tenerla tú para que yo pueda no tenerla”. Estas cosas a mí me agobian muchísimo. Desde el principio he dejado claro que lo que cuento aquí es mi experiencia, tomo decisiones más o menos “arriesgadas” en base a cómo me siento yo, a lo fuerte que sienta que soy para afrontar las consecuencias. Pero no solo en mi sumisión, es lo que hago con todos los aspectos de mi vida. Aún así, a pesar de mi capacidad de autoanáilisis y autoconocimiento, he tomado decisiones que luego me han devastado, con consecuencias para las que no estaba en absoluto preparada, pero bueno, así es la vida. Con esto quiero decir que la base para vivir la vida no puede ser jamás hacer lo que otra persona hace porque sí, siempre siempre, las decisiones deben nacer de un conocimiento de uno mismo, que para mí es el auténtico empoderamiento. Habitar tu mundo, tu mente, conocer tus luces y sobre todo tus sombras. Saber desde qué heridas inconscientes actuamos y saber que no somos infalibles, que podemos proyectarlas en nuestra vida en forma de decisiones, por muy seguros que estemos de que somos completamente libres al tomarlas. De ahí mi post “la herida de abandono”. Y no pasa nada, porque si algo he aprendido, es que lo único “malo” de eso, es cuando lo desconocemos. Así que me agobia mucho que solo se fijen en lo superficial de lo que cuento y que quieran “apoyarse” en mí para evitar la responsabilidad de tomar las riendas de su vida y de lo que quieren o no quieren.

Todo esto me dio miedo, lo reconozco, me hizo cuestionarme si estaba bien que yo contase todo esto, pudiendo afectar de forma negativa a otras personas que no supiesen ver el trasfondo, o que extrapolaran mi relación a las suyas sin cuestionarse si las decisiones que yo tomo respecto a mi pareja valen para la suya. Porque hay muchas variantes que hacen que yo haga lo que hago. Las dos más importantes son mi Amo y yo, quiénes somos cada uno. Así que no creo que mi relación pueda tomarse como ningún dogma, no creo que deba ni siquiera influenciar a nadie. Yo “estoy muy loca” porque puedo permitirme estarlo, cada uno que se mire y haga lo que le nazca hacer.

    En cuanto a este “estoy muy loca”, siento que cada vez más. Que mi relación se basa en mis sensaciones que mezclan muchos aspectos, que mi visión de la vida es cada vez más fuerte y cada vez puedo relegarla menos a un segundo plano. Me guío por mi instinto cada vez más, aunque este me lleve por los caminos poco habituales o a tomar las decisiones que irían en contra del razonamiento general. Esto no creo que sea solo por mí, creo que la sociedad cambia, los temas “candentes” cambian, la visión general de las personas cambia. Ahora tenemos conocimientos de más cosas, por lo tanto cada tema se reobserva en base a cada momento. El BDSM en un tiempo fue visto como de depravados, así, en general. Luego se fue normalizando, hasta que el feminismo fue un movimiento actual que nos hizo volver a analizarnos desde este prisma. En la actualidad se ha añadido además el tema de la salud mental, de cómo han de ser las parejas, etc… hemos acuñado términos que antes jamás habríamos dicho ni identificado como “pareja tóxica”, “comportamientos que no son sanos”… No estoy criticando nada de esto, todo lo contrario, creo que el avance a nivel de inteligencia emocional de estos tiempos es genial, también estoy a favor y sé de la necesidad del movimiento feminista, aunque a veces la cerrazón de algunas personas haga que se me vuelva en contra. Simplemente estoy diciendo que uno mismo se ve analizando su relación en base a estos nuevos términos, cosa que me parece genial por lo que decía de que el poder te lo da el conocimiento y la ausencia de negación. Actualmente me planteo si mi relación es sana o no, evidentemente depende de qué definamos como “sano” cambiará la respuesta, igual que pasa con el feminismo. Finalmente, mi termómetro siempre acaba siendo mi felicidad y mi plenitud. Pero me da miedo que alguien me lea y acabe en una situación tóxica y dañina por haber “seguido mi ejemplo”.

Cuando lo escribo veo lo absurdo que es, no puedo responsabilizarme de lo que cada persona interprete de mis palabras, mi intención y objetivo siempre ha sido expresar lo que me apetece. Cuando empecé a escribir nunca quise tener tanta repercusión, solo quise dejar de sentir que debía mantenerme en las sombras. Para mí mi entrega es algo bonito y luminoso, no quería que tuviese que expresarse como algo sucio o malo. Por eso luego me mostré más, para dar más luz a esa forma de vivir…

En estos días en twitter algunas personas me han mencionado como alguien que les inspiró de alguna forma. Que les dio algo de luz. Me he dado cuenta que estaba poniendo solo el foco en las posibles “malas interpretaciones” que se pueden hacer de lo que escribo, olvidándome de las muchísimas “buenas interpretaciones” que la mayoría ha hecho. Así que supongo que es hora de volver a darme el permiso de expresarme como quiera (y mi Amo me permita). Volver a pensar solo en mi necesidad y ganas de escribir y nada más. Y que cada uno haga con ello lo que le apetezca.

jueves, 11 de enero de 2024

La sumisa novata

 “Es un paripé. Ahora tenemos una relación horizontal disfrazada de verticalidad. Es un juego divertido, pero un juego. Para mí la entrega es algo muy serio, piénsate bien si quieres ser mía de nuevo. No me contestes ahora, medítalo a conciencia”.

Podrían haber sido mis palabras de hace unos años, pero no, fueron Suyas y escocieron como vinagre en una herida abierta que no sabía que tenía. No lo dijo enfadado, lo dijo con esa tranquilidad con la que dice las verdades. Me quedé en silencio tratando de sobrellevar la revolución que se había despertado en mi interior. Él se quedó dormido.

No pegué ojo esa noche. Hacía solo un par de días que había escrito la entrada anterior, Él no la había leído, pero sin saberlo me había puesto ante la práctica directa y cruda de la rendición.

Las tornas habían cambiado totalmente. Ya no estábamos en esos inicios en los que yo trataba de explicarle lo profunda y real que es para mí la entrega. Él ya sabía qué quería, Él ya sabía qué soy yo capaz de dar y notaba perfectamente que aún no lo estaba dando. Como dije, tras los tiempos convulsos en nuestra relación había tenido la sensación de distancia con Él. En esos tiempos tuve que ponerme al mando de mis emociones y decisiones, tuve que olvidarme de algunos aspectos de la entrega y cuidarme sola. No reniego de eso, creo que fue maravilloso para descubrirme y amarme como nunca había hecho, pero ahora tocaba volver. Yo había decidido volver a entregarme, pero una parte de mí quería seguir teniendo el control. Él lo había visto y no me lo reprochaba, simplemente me ponía delante ambos caminos y me pedía que eligiese. Realmente esa noche me sentí como una, y perdonadme la referencia, una Anastasia de la vida. Como alguien acostumbrada a la horizontalidad que tiene que ir enfrentando una a una las condiciones que implica entregarse a un Amo. Pero peor, porque yo sí sé lo que implica ser Suya, sé exactamente qué espera ese Amo en concreto mucho más allá de las prácticas, eso siempre ha sido lo de menos en nuestra relación.

Esa noche mientras discutíamos, ante uno de mis argumentos, Él me paró y dijo “Te conozco, sé que estás por encima de todo y de todos. Así que si no lo estás es porque no quieres”. Me sentí completamente desnuda, mis argumentos eran muy convincentes, para una persona que no me conozca hubiesen sido el golpe de gracia para “ganar” la discusión. Pero Él me conocía bien, no podía disfrazar una excusa, por muy bien que tratase de disfrazarla de razonamiento real. Así que sabía qué implicaría decir “Sí” a ser Suya. Sabía el nivel que me exigiría, no por guiarme a un lugar, es porque sabía que ese nivel ya estaba alcanzado. Es como si supiese que soy una universitaria empeñada en resolver ecuaciones de primero ¿Es más cómodo? Sí ¿Te salen fácil y rápido? Por supuesto, pero es pura flojera porque pasas de hacer un examen de varias páginas, aunque sepas de sobra resolver esos ejercicios. Es muy curioso porque eso es lo que me pasaba en los exámenes de matemáticas. No me gustaban, me daban una pereza terrible y los hacía mal por no poner mi atención y esfuerzo. Una profesora “me pilló” y me dijo que me pusiera las pilas. Me sentí igual de “desnuda” y avergonzada. No volví a suspender ningún examen y saqué un 10 en la asignatura. Al año siguiente elegí letras puras y no tuve que volver a tocar las dichosas ecuaciones jajaja, pero aún recuerdo esa mezcla de sentirme totalmente capaz pero darme pereza hacerlas, aunque también recuerdo la satisfacción al hacerlas.

En fin, que allí estaba yo donde jamás pensé que estaría, enfrentándome a las dualidades que conlleva entregarse al Amo. Me gustó, lo confieso, la entrega para mí siempre había sido un “SÍ” fácil, directo y claro. Creo que cuando algo te sale así de fácil pierde la magia de la consciencia, la magia de mirarlo con detenimiento e ir observando qué movimientos internos tienes que hacer para conseguirlo. Pero sí que es verdad que la duda era inexistente porque, como también dije, la certeza de ser Suya desde una profundidad inexplicable siempre estuvo ahí, incluso en los tiempos de la “horizontalidad”. Simplemente creo que mi ego quería alargar lo máximo posible sus privilegios. Esa noche la pasé renunciando uno a uno a ellos, sintiendo el vértigo de la pérdida del control pero hallando el acogimiento cálido y maravilloso que me da la entrega.

Se despertó y me rendí, me entregué.

La Navidad ha sido maravillosa en muchos aspectos, en este que os cuento, ha sido el momento de materializar y asentar esta decisión. La vida te acompaña y “facilita” tus procesos. Lo pongo entre comillas porque muchas veces esa facilidad está disfrazada de retos, de enfrentarte a esas micro decisiones en las que tienes que ver si realmente te has entregado o no. Son ejercicios para asentar esos movimientos internos que has hecho. En el momento son un chinche pero luego me llena de satisfacción afrontarlos desde el lugar que mi Ser, y no mi ego, me dicta.

Él siempre me lleva a sacar lo mejor de mí, Él siempre ve mi… en realidad Él siempre me VE, así a secas. Eso me hace sentir muy vulnerable, pero me encanta, porque es un seguro de que no podré seguir las trampas que muchas veces me pone mi mente e irme por derroteros que no me hacen bien.

He de confesar que tras esta decisión me siento una sumisa novata, cosa que nunca me sentí del todo por ser yo la que desde niña había deseado esto. Me daba una sensación de experiencia que no era del todo cierta. Puede incluso que me diese una ligera sensación de poder, de control, de “me doy pero tengo, aunque sea un poco, de control”. Eso ya no existe, esta fue la decisión de saltar al vacío sin paracaídas ni leches. Da un vértigo que te cagas, pero es apasionante y me ha abierto una puerta en mi vida que no sabía que abriría. Y es que, como siempre digo, no somos seres compartimentados, las decisiones internas que tomamos afectan a todos los ámbitos, al ser integrales. Decidir confiar en Él, entregarme, es decidir confiar en la vida, entregarme plenamente a ella. Y ahora me empiezan a venir respuestas a preguntas que llevo años haciéndome. Creo que la vida tampoco quiere “paripés”, o te entregas entera o no te da la plenitud.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Me rindo

     No sé cuántos nuevos comienzos ha tenido mi sumisión, lo que sí sé es que cada uno de ellos me ha hecho profundizar y madurar mucho más. Al final todo lo que vivimos permea a todo lo demás. Si yo maduro mi sumisión madura conmigo. No os engañaré, han sido tiempos muy difíciles como pareja, me he cuestionado absolutamente todos los cimientos de mi forma de ser, de mi forma de amar… Pero algo muy curioso es que, incluso en los peores momentos en los que creí que quizá tendríamos que separarnos, renunciar a nuestra vida juntos, jamás me planteé renunciar a mi sumisión. Me venía ese tuit que hace muchos años escribí, en el que decía que si Él se marchaba, se llevaría mi sumisión en la maleta. Es decir, elegir separarme de Él no podría ser nunca un “dejo a un lado mi sumisión y como “mujer normal” elijo irme”. Era más bien un desgarro, un “qué duro es irme de aquí siendo tan absolutamente Suya. Qué duro será seguir con mi vida siéndolo aún”. Aunque ese sentimiento de pertenencia traía también un, en aquel momento doloroso, rayo de esperanza, un “esto tiene que ser una pesadilla y en algún momento despertaremos”. Sé que puede parecer un rollo que os cuento, pero lo cierto es que así fue. Un día Él volvió, yo volví. No es tan sencillo, hubo que pagar precios, pero Dios sabe que no me dan miedo los precios a pagar por las cosas que de verdad son importantes para mí. Eso es la entrega al fin y al cabo. No renunciar nunca a ella, no renegar de ella, tuvo sus consecuencias, sus recompensas. Y, tras unos meses de reconstrucción, aquí estamos de nuevo, con una relación más fortalecida, madura y maravillosa que la que teníamos antes de toda esta crisis. Quería hacer este breve resumen porque siempre me ha gustado ser honesta en lo que cuento. A veces creo que peco de mostrar mi vida como si fuese de color de rosa siempre, pero lo cierto es que no es así. Siempre cuento mis procesos, en mi blog están reflejadas mis crisis, nuestras dificultades. Pero es que mi manera de ver las cosas es siempre desde el aprendizaje y desde el placer que también se puede obtener del dolor… Vaya, quizá es que sea entregada y masoquista en general. Aunque no desde una búsqueda del sufrimiento, pero sí como una gestión del dolor que me hace extraer lo mejor de lo peor. De esta crisis solo diré que doy gracias por el aprendizaje de ambos, doy gracias porque, a pesar del dolor que los dos hemos vivido, ha permanecido y ganado el amor tan real y profundo que nos tenemos.

    En fin, que tras unos meses de ajustes y sanación me he reencontrado con la sumisa. No es que en este tiempo dejase de serlo, pero cuando las prioridades son otras es difícil profundizar en ello. En el último mes me he enfrentado a sentimientos que no tenía en estos años. Y no estaban ahí porque yo no estaba en el lugar interno en el que estoy. Lo peor de esos sentimientos es que previos a ellos es como si pudiese dar un paso atrás y elegir tenerlos o no. Y lo que vengo a analizar es el porqué los elegí. Soy una soberbia, es una realidad. Soy una líder, inteligente a muchos niveles, una sabionda que siempre sabe cómo deberían ser las cosas. No siempre acierto, me equivoco mucho, pero esos errores suelen venir de la inconsciencia. Es decir cometo errores sin darme cuenta. Pero en raras ocasiones he puesto consciencia en algo, lo he meditado y he sacado una certeza de que algo era de una manera o que iba a pasar tal o cuál cosa, o que se debería hacer otra… y no he acertado. Soy muy bruja, eso es así, no puedo evitarlo. Que cada uno traduzca eso como quiera, pero es una realidad. Eso trae consigo la soberbia y un conflicto con mi otra naturaleza: la entrega. Y no pongo sumisión porque esta es solo una parte de la entrega. En general en mi vida he conectado con una fuerza interior única, ese saber que soy algo más grande que “Ángela”, pero que precisamente por eso he de entregarme, rendirme a que “Ángela” no es la que tiene que llevar las riendas, que tiene que darse a esa fuerza, esa energía. Mi relación de pareja es un reflejo de esto, es un lugar tangible en el que manifestar esto. Todo esto es muy espiritual y profundo, pero tengo un ego como todo el mundo y a veces sale. De hecho he descubierto que siempre anda al acecho para encontrar la oportunidad de quedar por encima. Como detecte un posible “fallo” una ocasión de un “yo tengo razón”, salta. Y no me gusta, porque no me hace bien a mí ni a nadie. La sumisión es para mí la forma más maravillosa de mantener el ego a raya. Una parte de mí quiere ser la que manda, pero cuando esas ocasiones aparecen mi sensación interna es de una profunda insatisfacción. Y me he trabajado mucho mis carencias para saber que no es una respuesta a patrones o heridas, esas aparecen pero las identifico enseguida y no me dejo llevar por ellas. Esto es algo más consciente… es una certeza, una vocecita sabia que me dice “te estás equivocando”.

    Todo esto es para decir que me he dado cuenta que, inconscientemente, he ido poniéndome de igual a igual. Al estar resolviendo y reconstruyendo partes de nuestra relación “normal” me he subido. Y ahora que la tormenta ha pasado quiero rendirme. Esa palabra lleva días rondándome, apareció en una conversación que nada tenía que ver conmigo, pero generó una especie de obsesión, como si fuese un misterio que resolver. Me cuesta rendirme, mucho. El marido de mi tía dijo de mí que era fácil ser sumisa siendo yo, alguien que se sabe poderosa y que en cualquier momento puede ponerse por encima. Me escoció, pero tiene mucha verdad. (Debo aclarar que también puedo mostrarme muy muy insegura, suele pasarme cuando me desconecto de ese poder por miedo a ser soberbia). Mi Amo es un gran Dominante, no porque sea el más experimentado en cuanto a prácticas, pero sí es un experto dominando para que la entrega sea real. Algunas personas al conocernos juntos lo han infravalorado, los que han insinuado que la que mandaba era yo… No saben lo equivocados que estaban porque, precisamente en esa “apariencia”, está la clave. Se me percibe dominante porque lo soy, no desde el mandato, sino desde la seguridad profunda de saberme poderosa, sé que podría conseguir lo que quisiera de cualquiera, y no me costaría mucho la verdad. Y si no lo consiguiera me iría sin problema. Pero Él es mi criptonita. Con Él no funciona, siempre consigue que me doblegue, que me rinda, disfruta de esa energía que tengo pero no deja que lo domine. Sé que puedo parecer muy fantasiosa, pero es que la única forma que tengo de expresarlo para que se entienda es como mi “historia” del humano que dominó a la diosa.

    Admitir que soy Suya de la forma en que lo soy me hace sentir terriblemente vulnerable, más después de los malos tiempos que hemos pasado. Ojalá fuese mentira, ojalá pudiese decir “si la cosa se pone fea que le den por saco, me voy a entregarme a otra parte”. Pero no puedo, puedo amar a otros, pero no puedo entregarme a otro, al menos no de verdad. Puedo jugar a ser sumisa y disfrutar de ello, pero la entrega para mí es otra cosa. En mi relación es algo tan grande e intenso que solo puedo apostarla una vez y, si pierdo, se la lleva la banca en su maleta.

    Así que toca rendirse, toca dejar de tirarme faroles y mostrar que con Él me lanzo al vacío, que soy Suya en cuerpo y alma. Me entrego a Él, con Sus luces y sombras, con Sus aciertos y errores. Toca volver a la paz que me da ese hogar que Él me ofrece.

viernes, 14 de abril de 2023

Mi sumisión y la herida de abandono

    He estado muy enfadada con el BDSM, bueno no, he estado muy enfadada con la niña que fui, la que eligió el BDSM. Sé que lo hice por sobrevivir, siempre quise que mi vida fuese una fantasía, siempre quise vivir mi vida como si fuese un cuento. Así que no es de extrañar que buscase la manera de no sufrir, de volver bonito lo que no lo era.

    Si me leéis desde hace tiempo sabréis que llevo implícita la necesidad de conocerme, auto indagar y trabajarme. Sí, otra cruz... Con lo felices que veo a otros en su ignorancia y yo aquí hurgando sin descanso en mi persona y mi ser. A eso súmale la etapa más difícil de mi vida, en la que todo se puso patas arriba, donde esa pátina de magia que siempre le di a todo se cayó dejándome en bragas ante la realidad. Sé que era necesario, pero ahora ando buscando desesperadamente recuperar esas gafas con las que ver la vida, porque sin ellas la vida pierde mucho. Me gusta pensar que esa magia no es algo que le añado a la vida, más bien es algo que soy capaz de percibir. Pero que en estos meses grises la anulé. Todo tiene un sentido, eso también forma parte de esa magia y, por muy desorientada y flotando en la incertidumbre que me encuentre ahora, también es cierto que nunca me había amado tanto, nunca me había visto con tanta claridad ni me había sentido tan fuerte. Ya sabéis, todo tiene sus pros y sus contras.

    El caso es que en estos meses me he dedicado a mirar mi sombra. A mí me gusta verla como si fuesen habitaciones oscuras dentro de nosotros que no nos hemos atrevido a alumbrar. Por miedo a que nos rechacen, por miedo a tener que cambiar o a descubrir asuntos dolorosos que nos cueste gestionar. Así que no me quedó más remedio que encender la luz en esas habitaciones y comerme el desorden y la angustia de los recuerdos y creencias que allí había acumulados. Y sí, duele. 

    Respecto al tema que nos interesa, el día que descubrí lo que era la herida de abandono se me cayó el mundo a los pies, literalmente, mi mundo se cayó. De repente fui consciente de que yo tenía esa herida desde que tengo uso de razón que, por lo tanto, había condicionado absolutamente toda mi vida. Por resumir un poco, la herida de abandono surge cuando te has sentido abandonada en algún momento de tu infancia. Esta herida tiene como características el no valorarte y creer que tienes que ser lo que otras personas esperan de ti para que te amen. Por lo tanto te entregas en cuerpo y alma a los demás (sobre todo a tu pareja) para que no te abandonen. Porque crees que tú, en tu esencia, tal y como eres, no eres merecedora de amor. Así que si el otro te "descubre" te va a abandonar. Evidentemente esto es un resumen chapucero y todo esto está cargado de matices y creencias inconscientes que no es fácil de identificar. De hecho, al final te mimetizas tanto con este comportamiento que no sabes distinguir cuándo has hecho algo por ti o por tu herida. Por eso el día que identifiqué que tenía una herida de abandono de libro todo saltó por lo aires. Recuerdo que aquel día no sabía ni cómo me llamaba prácticamente. No quería hablar de nada ni tomar ninguna decisión porque, literalmente, no sabía quién era. Y claro, el BDSM y mi forma de amar y entregarme, fue lo primero que me golpeó. Siempre vi mi entrega como algo profundo y trascendental y de repente lo veía como un mecanismo de defensa, de pura supervivencia. 

    No ha sido fácil, no lo es, enfrentarme a todo esto. Para mí esa profundidad es real, es una certeza que siento de que así debía amar. Sé que esto refuerza esa idea de que los que estamos en el BDSM tenemos traumas pero yo me pregunto, tras todos estos meses de leer, investigar y buscar... ¿Acaso hay alguien que no los tenga? ¿Existe la persona cien por cien liberada de condicionamientos marcados por su historia de vida? Yo lo que creo es que por algún motivo cada persona elige cómo afrontarlos y cómo ser feliz junto a sus "traumas". Tras todo esto el BDSM no me parece la opción más oscura, maligna o enferma. Al revés, finalmente el BDSM y sus protocolos han hecho que esa herida se mantenga a raya. Veo muchas personas "vainilla" viviendo en esa entrega absoluta por una herida, diluidas en sus relaciones sin plantearse nada, ni contrato, ni límites, ni palabra de seguridad, ni leches. El BDSM al menos me ha dado algo de mesura. 

    Pero aquí llega la gran pregunta, o preguntas más bien: ¿Y ahora qué? ¿Debo dejar totalmente de lado mi forma de amar? ¿Debo rechazar esa paz que siento al entregarme? ¿Debo ignorar esa llamada y esa naturaleza que me lleva a ser Suya? ¿Debo hacer oídos sordos a esa certeza de que lo soy, realmente lo soy? Esto me ha atormentado mucho hasta que conecté con mi forma de entender lo que es vivir. Para mí venimos a esta vida a vivir en consciencia. Y la consciencia no es más que ser lo suficientemente valientes para mirarnos a nosotros y a nuestra historia, para que nada se quede tomando decisiones en el inconsciente por nosotros. Esa es la verdadera libertad en mi opinión, saber por qué queremos las cosas que queremos y así no nos condicionen incluso cuando las elijamos. Para mí la gran diferencia ha sido la distinción entre entrega y sacrificio. Mi miedo a que me abandonasen me llevaba a la entrega, pero no a una sana al cien por cien, ya que en realidad podía tornar en sacrificio, en saber que vas a hacer lo que la otra persona desee para que no te abandone y porque si decides decir "no" crees que eres merecedora de que te dejen. Eso ha cambiado, no quiero más sacrificio, quiero entrega consciente un "me doy entera" siempre y cuando no me haga sufrir. Evidentemente me refiero a sufrir de verdad, no me refiero a aguantar dolor, obedecer cuando no me apetece, o cosas así... me refiero a cosas que van en contra de lo que tú sientes y quieres en profundidad.

    Este es un post que creo será polémico, no me importa. Siempre he sido sincera con mis reflexiones basadas completamente en mis vivencias y experiencias. Creo que si he logrado conectar con personas a través de este medio ha sido por mi honestidad. Esto es lo que hay, no tengo nada que ocultar...

    Pero prefiero aclarar que no estoy diciendo que a todos los que les gusta la sumisión tengan una herida emocional o trauma. Pero creo que es importante contar esto que he descubierto en mí, ya que a mí me ha ayudado a ir hacia una relación aún más sana y sobre todo, a sentirme más ligera y liviana. Poner en el BDSM más amor y menos miedo. Porque, como siempre digo, desde dónde haces las cosas es muy importante. Y yo me pillé a ratos entregándome desde el amor pero también otros tantos haciéndolo desde el miedo. Las personas que estamos en el BDSM no somos seres perfectos que ya han sanado todo. No es realista creer que para empezar una relación, del tipo que sea, ya tienes que ser "perfecto", con todo sabido o conocido de ti. Básicamente porque crecer, madurar y sanar es experiencial, no teórico. Necesitamos vernos en las situaciones, relacionarnos con los demás, tener relaciones... solo tocando nuestros puntos de dolor podemos saber que los tenemos.

    Por eso he estado tan ausente. No sabía cómo hablar de BDSM en esos momentos de tanta incertidumbre. He tenido que recordar que no empecé este blog para ser ejemplo ni abanderada de nada. Lo empecé porque no me entendía, porque me costaba gestionar algunas sensaciones y necesidades. Así que aquí estoy de nuevo, tal y como empecé, preguntándome a qué viene esta necesidad de entregarme tan potente y profunda, tan honda que cuesta llenarla. No siempre es así, pero hay días que el estómago se me vuelve un pozo sin fondo en el que necesitaría vivir en mis fantasías y que la realidad fuese el sueño del que despiertas. 

    Sigo siendo Suya, por si cabía alguna duda, creo que ambos estamos viendo y tanteando cómo es nuestra D/s después de tanto vivido, aprendido y descubierto. Pero el vínculo permanece, eso es irrompible. Nuestros cuerpos pueden vivir todas las peripecias que deseen, nuestras almas siempre se pertenecen. 

    Y sí, cerré mi web y vuelvo a este humilde blog, con la única intención de exteriorizar lo que siento y vivo. Quiero volver a mis orígenes, esos que surgieron de la esencia.

lunes, 29 de marzo de 2021

Nueva etapa para "Azote y café"

 

Llevo toda mi vida buscando mi propósito, era una obsesión, no me voy a permitir ni poner el “casi” antes de obsesión, pues la viví con tanta angustia que sospecho que fue uno de los desencadenantes de mi cáncer. No lo decía por “presumir” o darme importancia, simplemente es algo que sentía desde niña, igual que mi sumisión, algo que estaba ahí sin más, un objetivo a cumplir. Y es que algo me decía que yo tenía que exponerme, hablar, que ayudaría a otras personas… En todos estos años con el blog, con el vídeo que grabé con The Tripletz que podéis ver aquí, muchísimas han sido las personas que me han dicho que les he ayudado de una o de otra forma. Pero yo no le echaba cuentas a eso. Seguía buscando ese propósito creyendo que ayudar siempre tiene la misma forma, o como si Dios solo estuviese en ciertos ámbitos y el BDSM no era uno de ellos. Qué estúpida, prejuiciosa y ciega estuve… ¿Qué importa la forma o el lenguaje? ¿Qué importa lo superficial? Si en la base todo es lo mismo. Y ayudar, aportar, no es más que arrojar luz. Y sin ser consciente, como si mi camino estuviese sucediendo, aunque yo no lo estuviese percibiendo, como si esos impulsos que ni yo misma comprendía a qué respondían fuesen parte de ese guion. Como si lo que tienes que vivir lo vives y ese algo superior te mira como diciendo: a ver si se da cuenta de una vez.

Pero no lo vi. El cáncer llegó y me revolucionó entera, me hizo replantearme hasta el último de mis pilares, me hizo descubrir qué era el ego, cómo me tenía engañada. Pero bueno, no quiero irme mucho por mis derroteros empíricos. El caso es que ahora empiezo a ver con una claridad pasmosa los pasos que debo dar, me ha salido una fuerza de acción que nunca había visto en mí. Y “Azote y Café” está beneficiándose mucho de ello. Cómo estuve tan ciega y sorda al no ver que a través del BDSM ya he llegado a muchas personas… Sin darme cuenta yo misma prejuzgaba algo que me da tanta vida y me gusta tanto, como eso de lo que te enorgulleces, pero tampoco muy en voz alta (entendedme, todo es relativo). En fin, que he decidido seguir a esa emocioncilla que me da en el estómago cuando pienso en ciertos proyectos y darle a este blog el lugar que se merece en mi propósito de vida. No sé dónde me llevará, nada es definitivo ni seguro, la vida es puro cambio y qué maravilloso es que lo sea…

Y llegó la web, esa que ya intenté en su día pero que no llegó a ser lo que yo imaginaba porque aún no estaba enfocada, porque aún no estaba preparada. Esta web va un pasito más allá y deja de ser únicamente mi blog para convertirse en un rinconcito al que todo el que quiera pueda recurrir para hablar, leer, conocer gente… dentro del BDSM. En el directo del martes en Twitch hablaba sobre lo importante que es ser transparentes, contar al mundo la realidad de las cosas, para dar información veraz y sencilla de algo, para que nadie pueda aprovechar las sombras para ocultar malas intenciones. Para que, si alguien nos juzga, sea cosa suya y no propiciado por no saber exactamente de qué va ese tema.

Así que voy a tratar de que esta web se convierta en una comunidad segura, de confianza y cercana, no pretendo conseguir algo muy serio o protocolario que a los que estén iniciándose les dé reparo acceder. Quizá sea una utopía, pero sueño con una comunidad que sea como ir a tomar café y charlar de eso que no charlas con nadie con un montón de personas dispuestas a escuchar y disfrutar juntas de una forma relajada y distendida.

Sigue fascinándome cómo aquella pequeña decisión que tomé un día gris en el que me sentía terriblemente sola, de escribir un blog para dar salida a mis emociones, me llevase hoy a estar rodeada de personas, a recibir mensajes de agradecimiento y reconocimiento. Estoy en una época dorada con el BDSM y las personas que lo componen, una época que hace que me trague aquellas palabras que renegaban de ella.

Esta tarde a las 17:30 en Twitch si os apetece os cuento todo sobre la web, mi intención con cada sección o lo que os apetezca, como siempre.

También os adelanto que hay una humilde tiendecita, aún con pocos artículos. Con el código “inaugura” tendréis un 10% de descuento hasta el martes que viene.

Gracias, gracias y mil veces gracias

Bienvenidas, bienvenidos a azoteycafe.com

 

lunes, 22 de marzo de 2021

Una pregunta cualquiera en mitad de un polvo cualquiera

     Era uno de esos días que necesitaba algo sin llegar a saber qué era, era de esos días que necesito estar con Él, no, no estar, necesito fundirme con Él, pero por más que lo abrace no me parece suficiente. Era de esos días que no me entiendo, que la vida real no me afecta, de ninguna manera, ni para bien ni para mal. Esos días en los que intento encontrar la puerta hacia la realidad, hacia el mundo, esa palabra, ese gesto que haga que todo vuelva a encajar de nuevo…

    Nos quedamos un rato a solas, yo le propuse subir al dormitorio, no es que tuviera ganas de sexo especialmente, pero pensé que quizá eso me calmaría. Él aceptó, teníamos un capítulo de mi novela a medias, me dijo que me follaría por detrás mientras se lo leía, así que dijo que era el momento perfecto para hacerlo. Empecé a leer, noté cómo se iba excitando, dolía. Normalmente la situación me hubiese excitado, pero no, me tocaba y no sentía, estaba acolchada, no podía meterme en el momento, no podía vivirlo… Se puso encima de mí para seguir follándome el culo, nada, seguía doliendo, yo me quejaba, lloriqueaba, trataba de buscar en mi cabeza algo que me activase, que consiguiese excitarme, pero mi cabeza estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario para mostrarme que debía meterme de lleno, que debía coger las riendas de mis sensaciones, ser coherente…

-       -   Deja de lloriquear

-       -   No puedo, Amo. Me duele.

-        -  Pues no quiero oírte, me he cansado de oírte. Quiero ver tu cara de zorra ¿No te sale? ¿Ya se te ha olvidado cómo poner tu cara de puta? ¿Sólo sabes ser una niña llorosa y quejica?

          Yo me estaba agobiando y enfadando, nunca me gustó que me infantilizara, no me gusta que me reten, eso sumado al dolor, a mi mosqueo conmigo misma, a mi sensación de no sentir, de estar en una situación y no ser capaz de vivirla…

-          ¿Qué eres? ¿Una niña llorosa o una buena perra?

Allí estaba, la llave, la clave… Una pregunta cualquiera en mitad de un polvo cualquiera. ¿Qué era? ¿Qué DE VERDAD era? Volvía a mezclar fantasía y realidad, volvía a juzgar mi naturaleza castigándola al rincón, volvía a decirme cómo debía ser… Pero no era cierto, no era una niña llorosa, no me estaba forzando a nada, me gusta complacerlo, me gusta sentir dolor por Él, me encantaba que estuviese torturándome con aquello…

La cara de zorra volvió, lo agarré de la nuca y lo besé, muy cerca de Su boca le dije lo mucho que me gustaba que me reventase el culo:

-          Sí, Amo, más adentro, nota cómo me gusta, cómo me moja el dolor que me provoca Mmmm… yo también lo noto, noto cómo le excita desgarrarme, cómo le excita a pesar de saber que me duele tanto, no, es que se pone así precisamente por eso. Soy una buena perra, sí lo soy, no soy una niña llorosa. Fólleme, Amo. Así, joder cómo duele, joder cómo me gusta…

Nos corrimos intensamente, ya no había nada de distancia entre la vida y yo, entre Él y yo. No había acolchamiento, estaba sintiendo de forma desgarrada, estaba responsabilizándome de lo que quería, siendo coherente… Nos sentí uno, pude ver la diferencia en Él también, cómo se dejaba llevar por mi repentino cambio, cómo disfrutaba. Se corrió con esos gemidos que parece que le duele tanto placer, esos que me dicen que le ha gustado más de lo normal, esos sonidos por los que viviría, aunque a veces se me olvide.

Y así una pregunta cualquiera, en un polvo cualquiera se convirtió en la mejor de las respuestas.

lunes, 15 de marzo de 2021

Normas y protocolo propio

     Este es un tema que me habéis pedido tratar por varios sitios. Para empezar distinguiré los dos tipos de protocolo que veo: el social y el propio. Lo que yo llamo “Protocolo social” sería el que se usa cuando interactúas con otras personas, en una fiesta por ejemplo. Este protocolo daría para otro post. Por nuestra parte somos respetuosos con ese protocolo, a nuestra manera. Pero bueno, hoy os quiero hablar del “protocolo propio” ese que es tan hermoso, variado y diferente cuando comparas unas relaciones D/s con otras. Nuestro protocolo es bastante sencillo pero efectivo, nos gusta mucho. Llevamos con él muchos años, poco ha variado, por lo que a raíz de la propuesta de este post Él decidió que podía servirnos para introducir normas nuevas.

    Os contaré nuestro protocolo, aunque os confieso que me guardaré alguna norma para mí, y es que creo que el protocolo de cada pareja conforma su intimidad, más que el sexo o un castigo. Esto no es algo que pensase de antes, de hecho me he dado cuenta a raíz de preguntar por redes sobre los vuestros. Cuando leía las normas y protocolos de otras parejas D/S sentía que estaban compartiendo conmigo algo muy especial, algo muy de ellos. También os diré que me fascinaba leerlo, siempre lo ha hecho conocer las pequeñas rutinas de otras personas, esos detalles que nos diferencian, me gusta imaginar sus vidas y en qué se diferencian de la mía.

    Tenemos normas y protocolos de diferentes tipos. En el ámbito sexual desde hace varios años los jueves toca sexo oral. Esto surgió por mi angustia a tragarme su semen. Me maravilla leer tuits, relatos… en las que se habla de lo mucho que se disfruta y se desea tragarlo, también me da envidia. Yo llevo años acostumbrándome y aún busco la manera de que no me toque la lengua. También en este ámbito lo limpio tras practicar sexo, no es algo que se haya dicho explícitamente pero ambos lo hemos dado por hecho. Tampoco puedo masturbarme sin consultarlo.

    En cuanto a la ropa también tengo un protocolo: si voy a salir sin él ropa interior normal, nunca lencería y siempre pantalón. Si salgo con Él al revés, siempre lencería (o nada) y falda o vestido. También le preparaba su ropa para ir a trabajar. Hablo en pasado porque en los últimos tiempos entre el cáncer y nuestra hija pequeña se ha ido perdiendo esa costumbre, no me siento nada orgullosa de ello y ahora que estamos en plena “reconstrucción” quiero esforzarme por recuperarlo.

    Otro protocolo que me gusta mucho es el de darle la toalla cuando termina de ducharse. Nuestra casa tiene varias plantas, suele pasar que esté en la más lejana y en cuanto me doy cuenta de que probablemente ya haya terminado de ducharse salgo pitando subiendo las escaleras a toda prisa. Otras veces no calculo bien, o se me olvida, y al “contador” que va. Para los nuevos, si no lo saben, el contador, es un contador numérico normal y corriente que una amiga le regaló para que nunca perdiese la cuenta de los azotes que me tenía que dar.

    Cuando salgo de una habitación en la que está Él tengo que pedir permiso. Como tenemos hijas el código que usamos es que yo le doy la mano y Él me la aprieta si me lo concede.

    En la forma de dirigirme a Él siempre de “Usted”. “Amo” al final de las preguntas y las respuestas si estamos solos o con personas del “mundillo”.

    La norma o protocolo primordial es el de la sinceridad. De vez en cuando me pregunta “¿En qué piensas?” y tengo que responder con sinceridad, no importa lo que sea. Evidentemente este es también el más exigente a nivel personal, Él nunca se enteraría si le miento, pero yo sí. También ayuda saber que Él es igual de sincero y que nada de lo que diga lo usará en mi contra de manera “seria”. No, tampoco si le digo que pienso en tener sexo con otro hombre, podrá hacer algo con eso, castigarme por “ser tan zorra”, follarme porque le ponga cachondo lo que le cuento… pero eso lo hace incluso divertido, nunca me juzga, eso es fundamental.

    Luego tenemos otras normas como depilarme cada viernes, llevar el pelo y las uñas como Él quiera… Y una que aún no lo es, pero que me da que va a caer pronto es sentarme bien cuando como, tengo la manía de sentarme al filillo de la silla y lo pone un poco de los nervios.

Escribiendo sobre esto me surge una duda ¿Norma es igual a protocolo? Ahí la dejo, a ver qué opináis.

De las personas que me habéis contado los vuestros diré algunos que me han encantado:

-          Revolverle el café al Amo, servirle la bebida y estar pendiente de que su vaso no se quede vacío

-          Ir a comprar churros los domingos (esta me ha encantado jajaja)

-          Estar siempre desnuda en casa del Amo

-          Esperarle con el pecho al descubierto

-          Besar la mano del Amo cuando llegaba a casa

-          No estar sentada si el Amo está de pie

-          Conocimos a una pareja D/s que tenían por protocolo que ella caminase siempre un pasito por detrás, incluso al ir de la mano. Me encanta.

Y hay dos que nos han inspirado mucho y que Él ha considerado incorporar ya que nos pueden venir muy bien en este momento:

-          Ponerme el despertador antes que Él y despertarlo con mimo

-          Cada noche antes de dormir tener un rato de reflexión de cómo ha ido el día en general o en la relación D/s

Otro asunto muy interesante que me propusieron referente a esto es cómo afectan esos protocolos a la vida “normal”, porque es cierto que afectan, pero lo que tampoco se suele entender es que esas “anormalidades” son lo “normal” para nosotros. Pero bueno este tema lo trataré en otra entrada. Para poder extenderme más.

Para terminar quiero recalcar que los protocolos sirven para muchas cosas dentro del BDSM, pero, para mí, si vas desgranando y vas a su finalidad auténtica es la “diversión”, y lo pongo entre comillas porque aclaro que no me refiero a tomárselos a chiste, sino que para mí (que soy sumisa) hacen la rutina más interesante, son como chispillas repartidas en el día a día que me recuerdan que le pertenezco y, al hacerlo, me recuerdan lo mucho que me gusta pertenecerle. Son gestos que por sí solos no son nada, pero el significado que se les da en la D/s hace que me exciten.

Cuando hice la entrevista fue algo que a las personas ajenas al BDSM les llamó mucho la atención, incluso alguien dijo que mi día a día sería una tortura con tantas cosas que hacer por obligación… Me di cuenta de que no se entendía que nadie me obliga a nada, al menos no en el sentido que se suele entender, para mí la tortura era cuando en mis días no tenía esas “obligaciones” porque me gusta, me hacen disfrutar, porque (en definitiva) me va la marcha… Otra reflexión que me suele nacer, más al comprobar que los protocolos de otras parejas van muy por ahí, es que muchos de esos rituales se basan en cuidar al otro, tener ciertos gestos con la otra parte. Da que pensar que se vean como algo “negativo” o que te “obligan” a hacer. Ahí lo dejo, no entraré en ese jardín, no mucho al menos jaja

Si queréis hablar de esto, meternos en jardines juntos o lo que os apetezca os espero esta tarde a las 17:30 en mi canal de Twitch “angelaycafe”. ¡Nos vemos!

 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Colaboración: Sumisión y feminismo

 Hoy voy a estrenar un tipo de post que me hace especial ilusión: las colaboraciones. De vez en cuando os traeré a otras personas para que den otro enfoque o aporten otras cosas. Lo estrena "Azul" (@linternasazules en Twitter) es mi hermana de otros padres jaja la persona con la que puedo ser más yo después de mi Amo. Tiene un blog que me encanta: "Bajo la falda azul" que os animo a visitar. Este tema ya lo traté en el post anterior pero creo que no viene mal recalcar desde otra voz, más esta semana. Espero que os guste esta nueva forma de nutrir el blog. Os dejo con ella: 


Hace unos días vi en fetlife una discusión incómoda. Alguien cuestionaba si unas fotos habían sido consentidas o si la chica había sido engañada; y me generó cierta frustración de pensar en cómo se habría sentido esa chica y que alguien viniese a cuestionar sus decisiones, su libertad, su consentimiento y a su Amo. No es la primera vez que pasa… y de ahí nació este texto:


Ser sumisa es muy complicado... Creo que, si pudiese elegirlo no lo sería, pero, como dice mi amiga Ángela (@azoteycafé) ser sumisa es parecido a ser hetero, homosexual, bisexual etc... Es parte de tu identidad y no algo que eliges, sino algo que forma parte de quién eres. Y, seamos francos,  ser sumisa en el siglo XXI es un muy complicado, a lo mejor en el siglo XIII era una ventaja: Tu padre te casaba con un señor que no conocías de nada y si despertaba en ti la sumisión pues probablemente sería más fácil... Porque le pertenecías. Pero ahora somos libres, libres para demostrar nuestra fuerza, para tomar nuestras propias decisiones, para elegir… Porque queda muchísimo camino por recorrer, queda muchísimo por lograr, pero somos más libres que en el siglo XIII. 


Yo soy feminista, soy una feminista criada en un hogar feminista que ha leído mucho sobre feminismo, que educa en el feminismo, que lucharía por cada una de las mujeres a las que no se les permita ser libre, por la igualdad de oportunidades, por la equidad, por la libertad.


Soy feminista y soy sumisa. No recuerdo cuando empecé a ser feminista pero, la primera vez que me excitó una "amenaza de azote" tenía ocho años y veía la Abeja maya. Así que creo no creo que sea algo que he elegido, ambos conceptos son parte de mi identidad. 


Cuando le puse nombre, cuando me autodenominé sumisa, el primer conflicto fue precisamente ese. ¿Se puede ser sumisa y feminista? 


Dudo mucho que no haya una mujer hoy en día que no se lo haya planteado... Al menos no ninguna que sepa lo que es el feminismo. 


Es complicado encajar ambas partes, hace más de seis años que llegue a mi punto de equilibrio y sin embargo, aún se pelean a ratos... Ya no solo es que me guste someterme en las sesiones, ni que me guste que me azoten o hagan conmigo lo que quieran... Es que me gusta servir, me siento muy bien sirviendo, facilitando, complaciendo.


Si, las sumisas son siempre mujeres fuertes, decididas, capaces de tomar sus decisiones... Pero, se someten… porque quieren y son felices… desde la libertad… pero sometidas… Sinceramente, a la azul de 19 años le pareció un marrón enfrentarse a esto pero: ¿Cómo renuncias a algo que forma parte de ti? Y bueno… ¿Por qué renunciar a algo que soy yo, que me hace feliz, que es una elección absolutamente individual? Al final, la cuestión es que como feminista jamás diría a la sociedad que las mujeres tienen que someterse, pero tampoco le diría a otra mujer que no puede hacerlo ella, a nivel individual. Entonces ¿Por qué no tratarme como trataría a cualquier otra chica? Si mi amiga viniera a decirme: “Tia, yo creo firmemente en la igualdad y lucharé con uñas y dientes por que sea así en todo el mundo pero, en mi vida privada, soy sumisa.” Conociéndome, creo que le diría… “Pues mira, chocho, mientras tu seas feliz y lo tengas tan claro, trombocid pa las marcas y si necesitas algo, aquí estoy…” Así que la azul de 19 años un día se permitió la licencia de tratarse como trataría a sus amigas y desde entonces sigo siendo igual de feminista bueno, algo más formada… y e igual de sumisa, pero mucho, mucho más formada. 


Dentro de ese equilibrio también busqué integrar el feminismo en la sumisión, no de la misma manera, pero si en forma de sororidad. Hacer amigas sumisas, intentar no compararme, aprender de ellas (Que son maravillosas), conectar, compartir, disfrutar… y es una de las cosas que más recomiendo porque nadie me entiende mejor como sumisa, que mis amigas sumisas. Pero también dejándolas decidir, aun cuidándonos mutuamente, sin caer en un maternalismo que cuestione sus decisiones, sin victimizar (que no hay peor rol en esta vida).


Dejemos a las sumisas ser, dejemos a las mujeres ser, permitámonos disfrutar de la libertad por la que tantas mujeres han luchado antes que nosotras, incluso cuando queramos usarla para someternos. Porque me siento tan atacada por quienes me dicen que mi sumisión es alineación machista, como por quienes desde dentro, ven en cualquier Dominante un depredador y en mí una víctima. 

Estemos alerta, el machismo en el BDSM existe, el abuso en el BDSM existe… pero hagamos más trabajo de prevención, compartamos las experiencias que nos han jodido vivas… contemos las vías que tenemos para sentirnos seguras y mostrémonos disponibles para quien quiera preguntar o pedir ayuda… de manera que, cuando ocurra, las que lo sufran tengan herramientas para denunciarlo, hombros en los que apoyarse, recursos para identificarlo… sin necesidad de que venga nadie de fuera a preguntar si lo que está haciendo es realmente libre o no… porque, si se cuestiona mi capacidad de decisión, se cuestiona mi libertad, se cuestiona capacidad,  y suficiente paternalismo hemos tenido ya en los últimos cuatro mil años de historia para que vengan a cuestionarme ahora quienes deberían de ver que en mi sumisión hay alas. 

domingo, 7 de marzo de 2021

¿Ser sumisa es lo opuesto a ser feminista?

     He rehuido mucho tiempo abrir este melón de forma seria. Se podría decir que ya hablé de feminismo en otra entrada, pero lo cierto es que fue más bien una defensa, así que simplemente dije lo que sentía, pero nunca he sido muy de darle vueltas a este tema. Para mí el feminismo era un complejo entramado que no comprendía muy bien, nunca me he sentido con la potestad suficiente como para hablar de ello, como si estuviese metiéndome en un terreno que no era el mío ¿Qué ironía no? Una mujer creyendo que el feminismo es terreno peligroso para ella. Me ha costado muchísimo enfrentarme realmente a este tema, tenía miedo que descubriera que realmente el BDSM y el feminismo no fuesen compatibles, tenía miedo a descubrir que ser sumisa es lo opuesto a ser feminista.

    Así que este melón interno seguía ahí cerradito muy dentro de mí. Pero en estos meses de “curso intensivo” sin venir muy a cuento me estampé de lleno con mi feminismo, algo hizo de nuevo Click y todo encajó. En aquel momento no lo entendí, simplemente estaba viendo una serie y en un punto concreto sin saber por qué rompí a llorar. Me conecté con la historia, con nuestra historia, con las mujeres de todos los tiempos, sentí tantas cosas en un instante que me desbordaron. Desde ese día he ido comprendiendo más cosas, una de ellas mi derecho a pertenecer al movimiento sin tener que pedir permiso ni esperar el beneplácito de nadie. Sin tener que pasar ningún examen para que me den mi carnet de feminista, porque es algo tan íntimo, tan profundo y potente que nadie puede darte o quitarte, como pasa con todo lo importante en esta vida. Desde entonces he comprendido por qué puedo ser sumisa y feminista, he comprendido cómo el BDSM puede ser machista y no serlo, como cualquier otra comunidad, entorno, situación... He comprendido la verdadera naturaleza y poder del feminismo. El feminismo es como un río sereno que fluye a través de los tiempos sin que nada ni nadie pueda detenerlo, por muchos obstáculos que se encuentre en el camino, este río siempre encuentra la grieta. He comprendido que el verdadero éxito del feminismo no es cambiar toda una sociedad, es despertar en las mujeres que la conforman. Ahora sé que poco importan las circunstancias, que no son más que un instrumento para el movimiento, esas que nos llevan a despertar, a conocer nuestro poder, ese que no pretende imponerse a nadie, solo dice “aquí estoy y ya nada puede hacer temblar mis cimientos, ya nada puede decirme que no lo tengo” No son los golpes, ni las palabras lo que hacen que algo sea machista, no son las cosas tangibles lo que más nos oprime, es esa fuerza invisible que ha escondido bien profundo todo aquello que nos merecemos, que nos ha disfrazado tanto que ya ni nos reconocemos, que nos ha quitado nuestra sensación de “tener derecho a” que nos ha quitado la magia de saberte merecedora de todo. Esa opresión invisible que nace de muy dentro construida siglo tras siglo, acto tras acto, detalle a detalle… que nos hace actuar de una u otra manera por creer que es la única forma en la que tenemos cabida en el mundo.

    Y así prohibir una manifestación puede ser el acto más a favor del feminismo, porque rompe esquemas, porque nos enfrenta a una realidad, porque nos revoluciona por dentro, y esa es la más poderosa revolución, no la de masas de personas en las calles, es la de una sola persona que rompe sus creencias, que se enfrenta a sí misma y se revoluciona. Esa semilla no hay ley que pueda aplastarla, no hay virus que la mate.

    Hace poco leí una afirmación de una supuesta feminista decía “Todo coito es una violación”, me pregunto si esa chica sabía lo opresora que estaba siendo con la mujer, cómo victimizaba nuestra naturaleza, cómo nos condenaba a todas. Es un juicio pensar que penetrar es violar, por lo tanto todo lo que es penetrado es violado. Porque la naturaleza nos ha hecho así, ha hecho que de ese acto surja vida, si menosprecias el acto de recibir, si lo vuelves agresión, estás victimizando a cada mujer, estás ensuciando al mundo desde su origen, estás diciendo que nacer siempre viene de un acto tan oscuro como es una violación, estás quitando el poder y la belleza a cada hembra de cada especie. Una violación es un acto no consensuado, no importa que sea una penetración como un roce. No es lo que suceda es desde dónde sucede. Cuando leo este tipo de afirmaciones viene a mi cabeza una teoría loca conspiranoica que me hace pensar que son personas infiltradas para dañar al feminismo desde dentro. Pero como me suele decir un amigo, normalmente la más simple es la respuesta correcta, en este caso que muchas anteponen su necesidad de provocar, de enfrentamiento, al bien común. No pasa nada, el feminismo es impasible, no se altera, tenía el mismo poder hace siglos que ahora, por mucho que ahora se escuche más. Porque el feminismo tiene su base en las mujeres, no en la sociedad. Así que no importa si ahora tiene nombre, si ahora tiene más voz, era igual de potente en aquella que decidió hacer un solo gesto “no apto” para mujeres en la edad media, que en la que ahora habla de violencia de género en voz alta. No es el feminismo, no es lo que importa, son las mujeres, son las personas.

    Así que ya puedo respirar tranquila, ser sumisa dentro de mi relación, entregarme a una persona que, además, es un hombre, no me hace estar en contra de las mujeres y su libertad. Encontrar mi poder interior, romper mis límites, ser lo más yo, mostrarme de la forma más auténtica posible, ver el poder en cada una de nosotras, tratar de recordárselo al mundo, eso, eso es feminismo. No tiene nada que ver con el sexo, da igual lo que hagas en la cama, da igual cómo quieres que sea tu vida, luchar porque esta sea tal y como deseas, sin conformarte, sin dejar que nada ni nadie te quite eso, ESO, eso es ser feminista.

    Ya no me siento fuera de nada, no hay nada de lo que sentirme fuera más que de mí misma, de todo lo que sé y siento. No importa lo exterior, no importan mis palabras ni las de nadie, solo importa lo que yo sé que soy, el poder tan grande que habita en mí y en cada una de nosotras, ese que no se altera ante nada, que no cambia por muy duras que sean las circunstancias. Que no haya hombre ni mujer en el mundo capaz de haceros creer que es algo que puede menguar, es imposible. Y si así lo crees vengo a decirte que despiertes, es solo tu percepción, una luz no se apaga aunque tú le des la espalda o no la veas por tener los ojos cerrados.