Mostrando entradas con la etiqueta 24/7. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 24/7. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de julio de 2020

La otra noche soñé


La otra noche soñé que tenía pelo, volvía mi melena larga y castaña. Soñé que leía un libro, uno que al abrirlo podías vivirlo de verdad. Así que me transportaba a sus escenas. Llegué a una recepción en la que una chica me inscribió en una lista y tuve que firmar un papel. No llegué allí forzada por nadie pero sí sentía esa vulnerabilidad de la que sabe que pierde voluntad. Me hizo pasar por una puerta, allí había una especie de pasillo largo y ancho, a la izquierda unas cabinas, una especie de probadores sin puertas en los que podías ver cómo los Dominantes y las Dóminas jugaban con sumisos y sumisas. Al otro lado había un banco de madera con ganchos en la pared para dejar la ropa. Llegué a la última cabina, allí estaba Él jugando con otra chica, yo no lo conocía pero supe que sería el Dom al que me entregaran, un escalofrío me recorrió, la incertidumbre y el miedecillo me erizaban la piel y me llenaban el estómago de mariposas. Ella estaba de cara a la pared con los brazos estirados sobre su cabeza, Él la agarró de la cintura para sacarle el culo un poco para afuera y le separó las piernas. La lamió y mordió por la espalda. Yo apartaba la mirada, no recuerdo todo lo que sucedía solo sé que mi excitación y sensación de vulnerabilidad aumentaban cada segundo. Lo siguiente que vi es que le introducía algo en el culo y ella se quejaba. Él tenía esa cara que me asusta y me vuelve loca. Justo en ese momento giró la cabeza y me miró directamente por primera vez desde que estaba allí plantada frente a ellos. Agaché rápidamente la cabeza, supe que sería Suya. Curiosamente no temía la dolor, pero sí al escozor. Es mi punto débil, siempre he fantaseado con torturas de cremas y supositorios que ardían pero, cuando lo he vivido, no encuentro forma mental de soportarlo mucho tiempo. Una mujer bastante “normal”, sin cueros ni aires de grandeza, con el pelo negro, largo y rizado de la que recuerdo perfectamente su cara aunque no la identifico con nadie, se acercaba a mí, me cogía de la mano y me sentaba en el banco de madera. Me hablaba con cariño pero firmeza, decía que como era nueva iba a desnudarme e inspeccionarme. Cuando ya estaba semidesnuda sentía el momento de pasar a sentir sus manos tocándome, el momento de empezar a vivir de verdad todo aquello y no podía aguantarlo, le decía que quería sentir pero que estaba siendo muy intenso y necesitaba alejarme un poco para después volver, se lo prometía. Ella con una sonrisa muy cariñosa me decía que todo esto no era más que un libro, mi libro, que podía cerrarlo cuando quisiera y volver a abrirlo cuando estuviese preparada, todo aquello estaría esperando para mí tal cual lo dejé. Me levanté, pasé por recepción y crucé la puerta que simbolizaba cerrar el libro. Estaba muy excitada, en el sueño y en la vida real.

Puede parecer un sueño absurdo pero hacía mucho que no soñaba con algo sexual con tanta intensidad, como seguro que os ha pasado, no era lo que sucedía sino todas esas sensaciones que me provocaba y que soy incapaz de escribir. Adoro que ocurra, hace que me dure una leve sensación de placer incluso varios días, como si el sueño siguiese activo e, incluso, haciéndose realidad en algún lugar de mí. Supongo que mi pelo y mi vida sexual en todo su apogeo volverán tal cual los dejé, o incluso mucho mejor. Cada vez está más cerca. Lo noto, lo sueño.

martes, 17 de marzo de 2020

Es entrega no rendición

Esta entrada la encontré por casualidad en Borradores. La escribí hace varios años pero no la publiqué. Al leerla de nuevo me gustó y no sé por qué en su día la dejé descartada. Me surgió a raíz de una fiesta en la que no nos sentimos bien, de hecho aquella fiesta marcó un antes y un después en nuestras ganas de sociabilizar en el BDSM. Es cierto que la mayoría de los invitados nos hicieron sentir genial, pero en esta ocasión ganó lo malo. Creo que hay mucha gente que va a las fiestas a pasarlo bien, nosotros vamos para divertirnos, jugar, es como un aporte a nuestra pareja. Sin embargo he observado que otras personas las usan para validarse, para demostrar lo que son, eso no es malo, siempre y cuando en ese empeño no cuestiones al resto. Quién nos conozca sabrá que no nos gustan los alardes, el dominio se ejerce en casa. Mi Amo no usa las fiestas para demostrar lo bien que me domina, eso es cosa nuestra y de nuestra intimidad. Si surge juguetear un poco, azotarme o acualquier cosa es el primero que participa por el gusto de divertirse, no por demostrar nada. Aún estoy enfadada con aquellas circunstancias, con cómo nos hicieron sentir y con la conclusión que se instauró en nosotros: tenemos tres hijas, para ir a un evento tenemos que hacer el pino con las orejas, para ir y tener que cruzarnos con gente irespetuosa, mejor nos vamos los dos solos por ahí. Dicho esto, tras varios años sin ir a nada, el año pasado fuimos a otro encuentro y nada de eso ocurrió, pasamos un buen rato charlando, conociendo gente y eso hizo que ya no estemos cerrados al cien por cien. Así que a todos los que vais a fiestas, seguid haciéndolo pero siempre respetando por favor.


La coge del pelo, ejerce la fuerza justa para hacer que se arrodille, echa su peso sobre ella y sin soltarle la cabellera con una mano, mete la otra en sus pantalones, la saca húmeda y triunfante dice un: “Hay que conseguir que se rindan, esto es lo que les pone”. Yo miro la escena con las manos atadas entre dos columnas, desnuda. Están frente a mí, mi Amo allí mirando la lección que le quieren dar. “La azotas muy duro, antes  hay que calentar la zona para que se acostumbren” “ La azotas muy suave se te aburre” qué sabrán ellos de mí. Yo miro la escena, veo como a mi Amo la lección le entra por un oído y le sale por el otro. Miro la escena y pienso que aquello no tiene que ver con nosotros, qué más me da a mí la rendición, qué más me dan a mí una bragas mojadas. Con un suave susurro consigue inundar mi ropa interior, con una caricia por mi espalda me lleva al borde del éxtasis, para qué tirar de azote para provocarme lo que hace con un suspiro, no es ese nuestro modo ni objetivo, yo necesito que el azote me arranque llanto y dolor, que me arranque la mugre de una carga pesada. El azote me enseña, no me excita. La entrega para mí es necesidad no placer.

La entrega se da no se arranca, la entrega se ofrece no se suplica. No vale el placer como moneda de cambio, el placer es recompensa, una recompensa sagrada y natural, el premio de dar sin esperar nada a cambio, el premio de confiar ciegamente en tu Guía. Qué más me da a mí aburrirme o divertirme superficialmente mientras mi espíritu se eleva por encima de los tejados y los árboles, qué más me da a mí aburrirme o divertirme si mi espíritu escarba en lo más profundo de mí para sacar mierdas muy ancladas, qué más da si, al volver del hondo núcleo de mí misma, mis bragas están mojadas o no.

Áteme si así lo desea mi Señor, áteme si así la visión de mi cuerpo temblón le es más grata, con cuerdas o sin ellas me dejaré llevar por paraísos e infiernos, me da igual si todo esto acaba en orgasmo o no, sé que sabe que son mi droga, que el orgasmo es mi manera de conectar con lo que realmente soy, el opio que me eleva, pero por Usted soy capaz de pasar sin ella el tiempo que desee.

La entrega se da, no se arrebata. Nunca fui de excesivos gestos, nunca de aspavientos y mi entrega es igual. Y es una entrega llena de amor y consciencia, si a la orilla del profundo mar mi Amo dice que este es amarillo, miraré las olas romper, mis ojos percibirán los tonos azules, verdosos y grises, ni mi cerebro ni mi vista están atrofiados o acaso pensáis que soy estúpida, acaso pensáis que estoy tan ciega de amor que no percibo el azul marino… Lo veo y con una sonrisa llena de amor incondicional le digo que el agua tiene un precioso tono amarillo hoy. Para qué luchar, para qué enfrentarme y rivalizar por quién de los dos lleva razón, por qué intentar contrariarlo en algo tan simple y evidente como el color del mar. No me asusta llevarle la contraria, es un hombre de razón, no me castigaría por decir lo evidente, pero ¿Acaso no prefiero verle los ojos llenos de orgullo al saber que una mujer inteligente y fuerte lo complace sin enfrentamiento ni lucha? ¿Que una mujer con todas sus capacidades se entrega con suavidad y sin oposición? Le da su amor diciéndole lo amarillo que está hoy el mar.

Nunca fue Amo de excesivos gestos, nunca de aspavientos y así con Su suave dominio fue ganándose mi entrega, fue sacándola poco a poco de lo más profundo de mí. Podría decirse que se quedó quieto mirándome, sin hacer nada más que amarme, solo esperando a que me entregase, aunque no negaré que el amor a veces duele. Si se pide deja de ser entrega, si se exige desaparece.

Mi entrega es amor, es entrega no rendición. No me rendí pues lo nuestro nunca fue una guerra, Él nunca intentó que me rindiese pues nunca me consideró Su enemiga.

lunes, 2 de marzo de 2020

Compañera, asustada y sumisa


Puuff cuántas ganas tenía de empezar a escribir esto. Necesito volver a retomar el blog de forma regular. No me había dado cuenta de lo mucho que me ayuda pararme a escribir y reflexionar sobre este aspecto de mi vida. Mi intención es volver a esa maravillosa época en la que publicaba una vez a la semana, ojalá lo consiga, no solo por los que me leéis, sino por mí.
Hoy tengo la necesidad imperiosa de reflexionar sobre estos últimos meses, más bien, este último año. El 9 de marzo nuestra tercera hija cumple un año y ha sido un año maravilloso aunque intenso como pocos.

Hoy me ha venido la idea de que en este año no he sido la mejor de las sumisas, nunca he olvidado que Él es mi Amo, eso siempre estuvo ahí, pero las circunstancias han hecho que sacase otras partes de mí de forma inconsciente. Hace aproximadamente un mes lo operaron de  un tumor benigno en el hígado, ahora puedo hablar de ello porque todo ha pasado, pero fue una operación grande y larga, con sus riesgos... Mi intuición en todo momento me decía que estuviese tranquila, que todo saldría bien, pero podéis imaginar que incluso siendo yo de las que confían con fuerza en esa voz, el miedo era real. Podríamos decir que la operación era la cima de esta situación, pero el camino hasta ella fue lo más difícil. Aún recuerdo el día en que le hicieron la ecografía, solo sabíamos que tenía un tumor enorme en el hígado, no sabíamos qué era. Resultó ser benigno, pero qué intensidad de emociones. Aquel día la piel me hormigueaba, esa voz me decía: confía, no será nada. Y supe que debía ser la mejor compañera que pudiese ser. No sé si lo fui, el caso es que ahora que hace un mes de la operación me doy cuenta de que puedo empezar a bajar la guardia, me está costando mucho. No puedo obviar que estando embarazada mi madre estuvo luchando contra el cáncer, lucha que ganó y que, cuando parecía que podía bajar la guardia, en plena ola hormonal post parto tras dar a luz, comenzó todo esto. Necesito recordármelo para no castigarme cuando ahora me asaltan los miedos, para no castigarme por seguir en alerta. Recuerdo estar con mi bebé de dos semanas en la cama, Él en la habitación de al lado estudiando a muerte para ascender y además con la preocupación de notarse un bulto enorme. Recuerdo tener ese escalofrío que te da el miedo, ese que te hace creer que el mundo se va a derrumbar, recuerdo respirar hondo, abrazarme a la paz de mi bebé y decirme: “Tranquila Ángela, ahora estás aquí, Él está vivo, solo tienes miedo y es normal, no pasa nada” Debo recordarme eso para comprenderme, para comprender que ahora necesito un tiempo de transición, en el que es normal tener resquicios de miedo, sentir amenaza en mis células hasta que estas comprendan que todo está bien.
Ya hablaré sobre qué sentí cuando temía perder a mi Amo, todo lo que me planteé sobre si yo seguiría siendo sumisa si Él ya no estaba, sobre si eres sumisa en general o lo eres porque naciste para entregarte a una persona en concreto. Pero hoy quiero marcar un nuevo inicio. Somos una pareja real, nos amamos con locura y cuando la situación se puso más complicada hubo que dar prioridad a unos sentimientos antes que a otros. Como he dicho antes creo que ser sumisa dejó de ser mi prioridad para convertirme en la mejor compañera, aunque mientras escribo esto me pregunto si eso no es entregarse también. Es cierto que dejé un poco de lado mis obligaciones como sumisa, pero a cambio hice todo lo que estuvo en mi mano para ayudarlo a sanar, a transitar por esa situación, me entregué de otras formas, hice toda la magia que sé hacer por Él… Sea como sea hoy siento algo distinto en el pecho, algo me dice que todo ha de volver a su cauce, que es hora de volver a agachar la cabeza de la forma más evidente, con ese aire más protocolario. Es hora de guardar los ojos de compañera para volver a dar prioridad a los de sumisa.

Últimamente me pregunto cómo encajamos nosotros en ese mundo más protocolario, en ese BDSM de comunidad (Ya sabréis que no es un debate interno nuevo para mí) y a pesar de todos los años que llevo dándole vueltas aún lo desconozco. Lo único que sé es que somos personas reales, tenemos una relación real, con hijas y circunstancias que se van presentando. No he sido la mejor de las sumisas, pero es que en esos momentos no me parecía tan importante, no sé si eso es bueno o malo, solo es lo que ocurrió, la forma natural que me salió para llevar las circunstancias. Aunque también es cierto que justo en esos momentos he visto con claridad lo Suya que soy.
Todo esto me ha surgido porque hoy me sentía tremendamente sumisa, volvía a verlo desde esa “lejanía” que me da sentirme por debajo, volvía a sentir esas cosquillas en el estómago al verlo dominante, esas cosquillas que me dan la vida. Lo curioso es que mi actitud de hoy no es precisamente buena, no es fácil volver a agacharte, me resisto a la paz, a estar tranquila, aún me da miedo bajar la guardia, volver a sentir lo genial que es tenerlo como Amo por si esa maravillosa realidad desaparece. Pero por otro lado la necesidad de someterme al cien por cien de nuevo es cada vez más fuerte.

Por mi cumpleaños a principios de Enero fuimos de escapada los dos solos. Me puso el collar cuando hacía tanto que no me lo ponía que ni recuerdo. Me ató, me azotó… fue genial. Pero una parte de mí no quería someterse, no quería aceptar que todo aquello era tan importante para mí porque el pellizco en el estómago aparecía: “Cuanto más disfrutes de este instante más doloroso será si se convierte en recuerdo, si se convierte en la última vez que te puso el collar”. Suena muy dramático, no es que lo viviese así al cien por cien, como he comentado mi actitud de base era confiar y saber que todo iría bien, pero el miedo se colaba a veces por las rendijas.
No está siendo un post bonito, ni siquiera sabía por dónde iría todo esto. En estos meses he sido compañera mientras intentaba protegerme, mientras lidiaba con el miedo como buenamente podía, aunque fuese de manera inconsciente. Pero ya ha pasado, perdonadme que no pare de repetirlo, necesito escucharlo.

 La otra noche tuve un sueño precioso, Él era un dómine romano y yo una esclava. Me agaché para besarle los pies llena de amor y entrega, Él sonreía lleno de orgullo y me llevaba a otro lugar para hacerme el amor. No es el sueño en sí, es cómo me sentía en él… Sabía que era importante al despertar aunque no terminaba de comprenderlo. Ahora lo veo, ya toca.

lunes, 29 de julio de 2019

Fantasía (retomando poco a poco)


Propaganda - Muse
 

   Cuanto tiempo llevaba deseando verte en un lugar así, te haces pequeña, vulnerable, las paredes parecen abrumarte, te miro y eres la misma pero de repente me parece que pierdes algo de humana para convertirte en un animalillo a mi merced, yo parezco perder algo de humano para convertirme en depredador deseando verte atrapada, gimiendo, lloriqueando, suplicando…

    Me miras asustada, sin saber qué esperar ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Deseo? De todo un poco. Cojo las muñequeras me encanta el tintineo que hacen mientras rodean tus finas muñecas. Te agarro de la nuca y te doy un beso apretado, intenso, te muerdo el labio para un segundo después darte la vuelta y ponerte de cara a esa cruz, te aprieto contra ella con mi cuerpo, notas el frio cuero y gimes… te ato a ella, te agarro fuerte del pelo para tirar y dejar tu cuello expuesto a mis bocados. Poco a poco subo a lamerte la oreja, sé que es más fácil hacerte llorar haciéndote cosquillas que azotándote, sé que la desesperación recorre tu cuerpo, que la rendición asoma en tus ojos solo con ese gesto. Estás desnuda y recorro tu espalda con mi mano, la paso hacia tu vientre y lo atraigo hacia mí, quiero verte con las manos en alto y tu culo un poco salido para recibir todos los golpes que tengo para ti. Me dirijo hacia la pared de las fustas y las correas, le he echado el ojo a una pala gruesa de madera desde que hemos llegado, estoy deseando probarla en tu piel, escuchar cómo suena en tu nalga y qué quejido provoca en tu boca. La cojo, la restriego en tu culo, noto la mirada de los allí presentes ¿Crees que tendrán más ganas que yo de ver cómo te retuerces? Lo dudo. Me recreo, no quiero que sepas cuándo caerá el primer golpe… cuando no puedo resistirlo más suelto uno rápido dejando la pala pegada a tu piel unos segundos antes de retirarla para asestar el segundo. Qué adorables son tus gemidos, aprendiste bien a quejarte, sabes cómo transformar un grito en un lamento excitante, sabes lo cachondo que me pone y no dudas en hacerlo. Sigo azotándote, levantas un poco la pierna como si eso aliviase algo el dolor, que tonta eres, no tienes opción ni escapatoria, voy a hacer lo que desee contigo delante de todas estas personas… “Dame las gracias cada vez que te azote” “Gracias Amo” te azoto, “Más fuerte perra, que te oigan bien todos” sé la vergüenza que te da, sé lo humillada que te sientes al tener que mostrar tu voz quebrada a todos, te conozco y sé que la desnudez no te supone esfuerzo pero que te escuchen te pone de los nervios, si te diese un minuto de libertad te revolverías hacia mí, lo sé y eso me hace sentir poderoso, te enfado y me encanta. Te agarro la cara, te la aprieto “¿Te enfado perra? ¿Te gustaría atacarme por ponerte en esta situación, por dejar que todos escuchen cómo agradeces que te haga daño?” No contestas pero tu mirada está encendida de ira. “Vaya, parece que tenemos aquí a un animalillo salvaje que domesticar” te digo mientras te doy azotes seguidos sin dejar de mirarte a los ojos, sin soltarte la cara con la otra mano, qué bonito ver como tu gesto torna al sufrimiento, estás en mis manos y todos lo saben. Me alejo para coger una fusta y al volverme lo percibo, en el suelo empiezan a caer unas gotitas blanquecinas, tus tetas están chorreando leche “Qué puta eres, sabes que no puedo resistirme a eso, parece que lo has hecho a propósito para que tenga que dejar de azotarte y te folle”. Tiro la fusta al suelo, me acerco a ti, te suelto las muñecas para volver a atarte pero esta vez de cara a mí. Me desabrocho el pantalón, te agarro del culo, lo tienes ardiendo, tú me abrazas la cintura con tus piernas y te meto a polla hasta el fondo delante de todo el mundo, aunque para mí ya solo existen tus brazos extendidos y tus tetas segregando leche, chorreando por tu barriga hasta perderse por tu vientre. Solo existen tus pezones, solo puedo centrarme en ver cómo sale con más fuerza al embestirte. 

    Qué espectáculo estaremos dando, somos una imagen hermosamente grotesca, quizá no volvamos a pisar este lugar así que mancillémoslo con nuestro sexo que mezcla dolor, placer y tetas lactant… “Amo, tenemos que irnos” tu voz me saca de mis pensamientos, esos que me atraparon frente a aquella pala de madera, quizá hoy no sea el día, hoy tenemos que irnos pronto, pero no me gusta quedarme con los deseos dentro, algún día volveremos y usaré esa cruz, usaré esa pala, te usaré a ti frente a todo el que esté allí presente, te lo prometo mi vida, te haré llorar delante de todos.


martes, 10 de octubre de 2017

Un sábado,una peli rara de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber

A veces se me olvida desde dónde quiero vivir las cosas… a veces se me olvida que no soy sumisa, que soy una persona entregada. Es lo mismo, pensaréis, pero en mi cabeza no… Cuando pienso que soy sumisa aparece ante mí una lista enorme de cosas que debería hacer, de cosas que debería aguantar, niveles a los que deseo llegar. Me frustro cuando un día los hago bien y al día siguiente soy un auténtico desastre. A veces tengo la sensación de llegar a la misma conclusión mil veces, pero es que la vida, las personas, tampoco tenemos esos niveles, no somos un cúmulo de lecciones aprendidas que jamás se nos olvidan. Que un día controles tu soberbia no hace que ya no vuelva a aparecer…


Pero siempre, en los momentos más angustiosos de mi entrega, esos que no tienen nada que ver con Él, esos que me creo yo solita en la cabeza y que cada vez son más complejos de transmitir, siempre aparece un rayito de luz, un gesto, una frase que te hace recordar algo.


Aquella noche de sábado estaba siendo complicada para mí a nivel interior, tenía un castigo pendiente que debería cumplir más tarde, estábamos viendo una peli extraña de los 90, de esas que me encantan, nos habíamos echado una copa… No había nada de dominación en la situación más allá del pensamiento del castigo que mi Amo me había impuesto y con el que yo estaba obsesionada. De repente Él cogió la copa, puso una mano en mi nuca y me dio de beber. Y allí estaba mi rayito de luz, esa canción que yo cantaba, esa que decía que a mí de la sumisión lo que me encanta es un viernes, un vino y un vestido que me siente genial, que a mí de la sumisión lo que me gusta es un sábado, una peli extraña de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber… Cómo explicar la calidez que tienen esos momentos, la magia que poseen para mí, lo idiota que me hacen sentir al enfrentarlos con mis pajas mentales.


Cumplí mi castigo con una lucha mental increíble, a veces cuesta llegar a la conclusión a la que nos quieren llevar esos rayitos de luz en la oscuridad, a veces ves la pieza pero hasta un tiempo después no ves dónde encaja. El día siguiente me lo pasé seria, tristona, venga a dar vueltas a este complicado puzzle que creía tener en la cabeza y que no había manera de formar. Al llegar la noche necesitaba follar con Él, reconectar. La luz, la música, Él… todo era perfecto para estar excitada, pero lo cierto es que no encontraba la manera, estaba seca y no me sentía fluir. Hasta que apareció la palabra, el segundo rayito de luz que ya sí me iluminó. En un contexto que guardaré para mí me dijo “Tienes suerte, a ti solo te ha tocado un marido vicioso”. Ahí estaba la palabra “marido” es una palabra que siempre me calma. Es cierto, es mi marido, aunque a veces se me olvide, y eso me hace verlo no como un Amo del BDSM, sino como un Amo más natural, más en lo cotidiano, más extendido a todo, incluso a las situaciones que no son nada BDSM. Todo esto es algo muy personal, el significado que otorgo a las palabras y las sensaciones que les asocio son únicamente mías. Es un poco raro pero en mí funcionan. Escuchar esa palabra, oírlo autodenominarse marido y no Amo, me hizo conectar con Él, con mi forma de vida y lo más importante, conmigo misma de nuevo… Me hizo comprender que no deseo solo un Amo, que yo quiero pertenecer a la persona a la que amo… no sé si se ve el matiz de esa afirmación, pero para mí es fundamental.


Lo que me gusta de la entrega es que sea sutil, suave y cotidiana, lo que me gusta de la sumisión es notar el calor de Su mano en mi nuca mientras debo tragar al ritmo que Él me dé de beber, lo que me gusta es que unos minutos antes me diga: “Deberías ver la película en el suelo, pero prefiero que estés en el sofá, a mi lado” y ahora comprendo que es porque soy Suya, porque soy Su perra, pero nunca dejaré de ser la mujer a la que ama, esa que prefiere abrazar, antes que reproducir una escena BDSM.

A veces me he imaginado siendo Ama, a veces me he imaginado lo cabrona que sería si tuviese una sumisa, desde esa escena me ha costado comprenderlo a Él como Amo, si tienes la oportunidad de hacer lo que quieras con una persona por qué no hacer uso de ese poder a la mínima ¿Por qué no hacerla dormir en el suelo cada vez que te plazca? Y ahora comprendo que si tuviese el sentimiento dominante quizá sería una gran Ama dentro del BDSM, pero sería una mierda amando. Y debo reconocer que Él en ese tema siempre me ha dado mil vueltas, yo ahora empiezo a aprender a amar de verdad, cuando Él es lo único que ha hecho desde que nos conocimos. Y al final siempre acabo arrodillándome ante Él por pura admiración, rindiéndome ante Su capacidad para llevar nuestra relación, esa que mezcla tantas cosas, tantos sentimientos, Su capacidad de amarme y dominarme a la vez, acabo arrodillándome ante la persona que desea que duerma a Su lado cada noche, la que solo me manda al suelo cuando no hay más remedio mientras me dice: “Espero que seas consciente de que te has castigado tú y me has castigado a mi”.


Es mi marido y yo soy Su mujer entregada, no somos un Amo y Su sumisa. Esta afirmación, y todo lo que conlleva en mi cabeza, no se me puede olvidar nunca.


 

miércoles, 12 de julio de 2017

El collar

En BDSM el collar es un elemento muy importante. Cuando una persona dominante se lo pone a una persona sumisa significa que quiere que sea Suya oficialmente, normalmente tras un periodo de prueba. No solo es un símbolo entre las dos personas, también para los demás, en una reunión o fiesta si algún invitado lo lleva, los demás dominantes entienden que tiene dueño y deben respetarlo. También tiene validez virtualmente poniendo las iniciales entre corchetes. La norma es que esto se respete pero, como todo en la vida, depende de lo educados y respetuosos que sean los demás con estos protocolos.


Esta es la teoría y la forma de proceder más común, pero ni es imprescindible ni obligatoria, de hecho nosotros lo vivimos de otra manera. Nuestro proceso fue muy distinto, partíamos de cero, creo que estábamos más preocupados en otros asuntos como para seguir protocolos. El contrato ya nos daba una seguridad, más allá de ello Él no necesitaba ningún símbolo y yo ni siquiera lo pensé en ningún momento. Digamos que al principio nunca nos sentimos que formábamos parte del BDSM por lo que no nos planteamos siquiera seguir sus protocolos. Realmente estábamos muy ocupados en nuestras hijas que aún eran muy pequeñas, trabajo, estudios… así que íbamos transformando nuestra relación como buenamente podíamos. Pero el tiempo pasa rápido, nuestro proceso de pareja vainilla a D/s se completó, yo me sentía totalmente Suya y Él se sentía mi dueño por completo. Empecé a escribir en twitter, veía que otros sumisos tenían las iniciales de sus dueños en el nombre. Le pregunté si deseaba que yo me lo pusiera, dijo que estaba tan seguro de que le pertenecía por completo que no necesitaba ese gesto. No quería collar virtual, por lo que di por hecho que no tendría uno físico con la forma típica BDSM, ya que lo que sí me había regalado era una gargantilla con un brillantito que debía llevar siempre, también tatuó Su nombre en mi muñeca… digamos que usó Sus propios símbolos. Pero llegó el momento de ir por primera vez a un local BDSM, de relacionarnos con otras personas. Primero tendríamos una sesión en aquel bonito lugar y después una comida con otras personas. Cuando nos quedamos solos allí yo estaba extremadamente nerviosa, desnuda y expectante escuchando cómo trasteaba en la maleta en la que portaba todos Sus “juguetes”. Me esperaba un azote para iniciar, unas pinzas, o cualquier cosa menos algo rodeando mi cuello. Qué emoción me invadió, me miró y dijo que estaba preciosa, que había tardado en encontrar uno que le gustara, lo suficientemente bonito para mí, pero que había merecido la pena y me llevó ante un gran espejo redondo que había en la pared. No se me va a olvidar nunca mi reflejo con ese collar rojo y negro, con esa gruesa argolla, era fuerte y recio pero el más bonito y elegante que había visto nunca. Me cubría casi todo mi pequeño cuello lo que lo hacía un poco incómodo, eso me encantó, hacía patente su finalidad. Me vi preciosa, tengo que decirlo, estaba guapísima, y aún hoy me veo así cada vez que me lo pone, que no es muy a menudo. Que eligiese aquel día para ponérmelo no era casualidad, después en la comida me dijo que lo llevase. Una cosa es que en nuestra intimidad no sigamos ciertos protocolos y otra es que cuando estamos en grupo respetemos y participemos de ellos. Es como el dresscode, no somos muy de vestir de negro, o de cuero etc… pero si en una fiesta hay que llevarlo lo cumpliremos. Aquel collar fue un regalo precioso, uno similar al resto de de los que simbolizan mi entrega a Él, pero no es más importante que los otros y mucho menos que la entrega en sí. Y con esto llego a por qué casi no me lo pone. Es solo un elemento más, quizá en una fiesta signifique mucho, pero en nuestro día a día no. Fuera de las fiestas cumple su función como collar, por si quiere enganchar la correa, o por si quiere pasearme, retenerme etc…


Entiendo que el collar es un símbolo importante en el BDSM en general, pero no hay que perder de vista que la entrega va por dentro, yo llevo siempre mi collar aunque no lo tenga puesto, y desde mucho antes de habérmelo atado al cuello.

miércoles, 21 de junio de 2017

Viaje a Barcelona

Salimos a las doce de la noche destino Barcelona, pero ese viaje comenzó mucho antes, varios meses antes.


Un día me crucé con un vídeo en Youtube, unos chicos entrevistaron a una chica que se dedicaba a la prostitución por voluntad propia, me pareció un video genial, la trataban con respeto pero a la vez con cercanía, pensé que si alguna vez hablaba de mi forma de vida en público sería con alguien como ellos. Me fui a la bañera y no paré de fantasear con cómo sería, qué cosas diría, era solo una película, no tenía ninguna fe en que eso pasara, no es algo raro en mí montarme ese tipo de teatros en la cabeza. Cuando me secaba estaba ya en el punto de sentirme mal por saber que solo era una película mía, que eso jamás sucedería, sobretodo porque no sería capaz de dar ni un solo paso hacia ello. Le escribí a mi Amo, le dije que estaba tristona, le conté el porqué. Tras hablar con Él me senté frente al ordenador a escribirles un mail, al menos por proponerles el tema, aunque decidiesen coger a otra persona para hablar sobre ello. Ese mail se quedó en borradores durante meses. Un día volví a ponerme gris, a enfadarme conmigo misma por saber que tengo la capacidad de hacer muchas cosas, de conseguir muchas cosas pero estar paralizada, no dar nunca el primer paso para llegar a ellas. Para solucionarlo decidí hacer ese día un pequeño gesto, algo que me calmara la decepción conmigo misma que me amargaba el día. Y recordé el mail, estaba escrito, solo tenía que darle al botón de enviar. Ya no era por aquella película en la ducha, como hablé con algunas personas de mi entorno, no creí que fuesen ni a leerlo, seguro se perdería entre los miles de mails de propuestas de trabajo y fans. Y debo reconocer que estar tan segura de ello me aliviaba, dar a enviar me calmaría pero no supondría mucho más, no me enfrentaría a nada. Qué puta es la vida, cómo no nos deja hacer las cosas a medias. Le di a enviar por la mañana y esa tarde tenía su respuesta, querían que fuese a grabar con ellos. Corriendo se lo dije a Él: ¿Y ahora qué hago? “Pues qué vas a hacer, ser valiente del todo”. Dos meses después estaba viajando hacia Barcelona, a desnudarme.


En eso dos meses he sentido de todo, valor, inseguridad, fuerza, miedo, incredulidad… De todo, el miedo a que mi vida cambie en algo era lo más duro.

Ha sido una aventura, creo que de las experiencias más extrañas de mi vida, el rodaje fue largo e intenso, por problemas ajenos a los que lo estábamos haciendo hubo muchos cortes, tuve que retomar muchas respuestas por las interrupciones... Me sentía fuera de la pecera, fuera de mi mundo y mi seguridad, pero a la vez me sentía bien, rodeada de personas que valoraban lo que estaba haciendo, hablando de algo tan íntimo y personal como es tu vida y cómo la vives. Y tenerlo a Él sentado frente a mí me aportaba esa seguridad que necesitaba. Y su “Qué orgulloso estoy de ti, eres una valiente” al final de todo fue muy importante para mí. Cuando acabamos de grabar fuimos a ver la ciudad los dos solos, Barcelona es bonita pero reconozco que ese día no podía fijarme en ello. La cabeza me hervía: “¿He dicho esto?¿He dicho lo otro?¿Me habré expresado bien?¿Y si se saca de contexto?¿Qué pensarán los que me leen?¿Qué pensarán mis amigos?¿Y si dejo de gustarles?¿Y si dejan de leerme porque no soy como esperaban?¿Saldré fea?¿Me dará vergüenza verme?¿Seré capaz de verme y escucharme?¿Irán mucho a por mí?¿Me criticarán de forma dañina mucho?¿Seré capaz de soportarlo? Etc…” y mil cosas más, os estoy siendo muy sincera, fue una tarde horrible, en la que el Ego estaba privándome de disfrutar de la ciudad, de Él y mi gran paso. Ahora lo veo, ahora me diría en ese momento que dijese lo que dijese, pase lo que pase, el hito para mí ya está hecho, he sido capaz de dar un gran paso, de conseguir algo que me he propuesto, di ese primer paso y los que le siguieron, eso no puede arrebatármelo nada.


Pero poco a poco el resto del viaje me ha ido llevando a nuevos aprendizajes, nuevas conclusiones. A veces planeamos las cosas creyendo que son aleatorias pero no lo son en absoluto y resulta ser lo que necesitabas. El segundo y último día en Barcelona fue mil veces mejor, estaba tan nerviosa los días previos que no planeé qué quería ver, dónde ir, comer… pero Él sí, así que me dejé llevar. Ahora tengo esos momentos “tontos” esos que son los que me gustan, la coca cola que te tomas en el sitio más insospechado, el ratito que te sientas en esas escaleras antiguas a la sombra, tengo los lugares a los que Él me llevó, tengo esa riquísima comida al borde del mar, esa infusión en el Bosque de las Hadas, ese mojito de Frambuesa con vistas a la Rambla…


A la vuelta decidimos parar en algún pueblecito y hacer noche para no hacer el viaje del tirón, perdíamos un día de Barcelona pero volver a viajar diez horas seguidas me parecía una locura. Sé que en la era de las comunicaciones, de los transportes, viajar en coche parece raro, pero nos gusta lo clásico del coche, la música sonando, cantar esas canciones con los paisajes a nuestro alrededor, viajar a nuestro aire, a nuestro ritmo... Pues ese pueblecito fue de esas cosas “casuales” que luego descubres que no lo son. Cuando llegamos a Bocairent mi energía cambió por completo, entre montañas, rocas enormes, casas antiguas, me sentí como en un retiro, necesario, un nexo entre lo extraño de Barcelona y la rutina de mi hogar. Fue como si el universo me sacara del mundo para dejarme coger fuerzas. Allí los nervios y miedos de Barcelona desaparecieron por completo, mi mente dejó de estar aturdida. No olvidaré esa placita con su frescor nocturno, esas patatas bravas, la horchata, el mojito, el licor de arroz… esa sensación de estar sentados sin más, dejándote envolver por el encanto del lugar. No olvidaré esa ruta mágica con ese hueco en la roca, ese en el que me pidió que me quitase las bragas. No olvidaré esa casa que olía a historia, con sus preciosas escaleras, esa sensación de que algo o alguien nos rondaba, esa noche con las manos al cabecero de barrotes, con las campanas dando las en punto, sonando una vez para las y cuarto, dos para las y media, tres para las menos cuarto, y Su voz entre bocados, azotes, pellizcos, pinzas etc… “Uy las campanas, a ver si te acuerdas de lo que te he enseñado ¿Qué hora es?”.


Y no me olvido tampoco del viaje de vuelta, con esa tormenta de verano que me regaló ese olor que tanto adoro a tierra mojada. Ese batido de Matcha y ese crep recién hecho que sabía a gloria.


Este viaje ha sido una aventura, una que me ha hecho pasar ratos extraños, pero que me ha dado también grandes cosas y momentos. Y una vez me ha hecho confirmar que elegir bien la compañía en las aventuras es casi más importante que la aventura en sí.


Gracias Amo por conducir toda la noche para llevarme a mi destino, gracias por hacer bonitos los días que mi mente quiere sabotear, gracias por darme esos detalles que marcan tanto la diferencia, gracias por dejarme mirarlo embobada mientras tararea y conduce. Gracias por guiarme siempre.

miércoles, 7 de junio de 2017

Me sube la bilirrubina

Son las 10:30 de la noche, Él está en la mesa de al lado con Su ordenador, suena Juan Luis Guerra y Él canta todas las canciones, silba las melodías y mi estómago está lleno de palomitas que revolotean cada vez que pienso que al fin voy a verlo en concierto. Esta tarde yo estaba triste, las hormonas a veces me juegan malas pasadas y Él, que no soporta guardarme secretos y mucho menos verme triste, me ha puesto una canción suya y me ha desvelado Su regalo de aniversario: “No estés triste, vamos a ir al concierto”. Las emociones me han desbordado, me he bloqueado y hasta que no he llorado un rato de agobio no he podido llorar de alegría.


¿Juan Luis Guerra? Os preguntaréis… me gustan muchas canciones y tipos de música, pero sólo tengo unos cuantos grupos o cantantes en la lista de "Indispensable ver en directo": Mecano, Depeche Mode, Muse, Revolver y Juan Luis Guerra. Mecano evidentemente está difícil, pero Él me llevó al musical y al concierto conmemorativo de Ana Torroja, Depeche Mode fue increíble y ya solo me quedaban tres… Lo que hace que Juan Luis Guerra sea el más especial es que me ha acompañado a lo largo de mis 30 años de vida. Sus “Burbujas de amor” me transportan a mis 7 años, a los veranos en el cortijo de la playa, a los apartamentos de los amigos de mis padres, a las cabañas que me hacía mi abuelo con esterillas... la Bilirrubina me lleva al asiento trasero del Ford Orión de mi padre, al tacto de su tapicería, el color y el olor…  era la banda sonora de cada viaje a la playa, no sonaba otra cosa, y justo eso fue otra de esas señales que me dijeron que encajábamos a la perfección. El primer verano juntos, una tarde, el coche de Su padre, Él conduciendo de camino a la playa, la música empieza a sonar y ahí estaba, como si fuese lo natural, como si un camino a la playa no pudiese tener otra voz que la de Juan Luis Guerra “¿Te gusta? Es la música que mis padres me ponían cuando íbamos a la playa” no podía creerlo. Esa noche me dijo el primer “Te quiero”, hicimos el amor también por primera vez al lado del mar, bajo la Luna… y Juan Luis Guerra pasó de ser algo mío a algo nuestro. Años después mis hijas canturrean divertidas “Ojalá llueva café en el campo” cada verano, porque ahora los padres somos nosotros y hemos seguido con la tradición.


“Te regalo una rosa” ay, esta es realmente especial. Desde que nacieron a mis hijas les canto nanas antes de dormir, pero una noche le pidieron a su padre que lo hiciera. Conforme me acercaba por el pasillo escuchaba el susurro de Su voz cantándosela, desde entonces adoran esa canción y yo más, la ternura que me provoca que la quieran en sus mp3 “Es que es la canción que nos canta papá” como si yo no lo supiese, como si yo no la guardase como un tesoro justo por eso, como si las lágrimas no se me saltaran cuando las imagino de adultas en alguna celebración importante bailándola con su padre como algo solo de ellos. Con sus cabecitas echadas en Su pecho lleno de orgullo...


Podría decir mil canciones más, “Bachata en Fukuoka”, “Frío frío”, “Cuando me enamoro”… mil canciones que me traen mil sensaciones y recuerdos. Pero hay una que es especialmente importante porque representa perfectamente lo que siento por Él, y que se reafirma cada día un poco más: “Solo tengo ojos para ti” y es que cómo no tenerlos cuando tiene detalles como el de hoy, cuando está siempre pendiente de verme sonreír, cómo no tenerlos si Sus brazos son mi refugio, cuando Sus bocados son mi placer. Si Él cada día me muestra lo increíble que es, si Él me sube la bilirrubina, si Él me canta que quisiera ser un pez para pasarse el día mojado en mí, si Él… si Él es un sueño.


Quería publicar algo más salvaje, llevo tiempo con ganas de escribir sobre sexo sucio y duro pero al ponerme ante el folio en blanco con Él y Juan Luis Guerra de fondo me he enternecido. Las palomitas revolotean en mi estómago, no solo pensando en ese día, sino en el mes que queda hasta que llegue… adoro Su forma metódica de preparar todo.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Ese lugar que solo Usted y yo conocemos

Somewhere Only We Know - Keane






¿Qué es este sitio? Estoy perdida, tengo frío y miedo. Tengo rabia, una rabia que no reconozco como mía pero ahí está. Estoy sola, veo a las personas al lado del camino pero ninguna me da calor, ninguna me apacigua, ninguna es capaz de decirme por qué todo este lugar me recuerda al hogar pero mucho más tenebroso, mucho más gris y triste, por qué estoy tan enfadada con todo y con todos… Y es algo muy simple y muy complejo al mismo tiempo, cuando te cambias de sitio internamente, cuando te descolocas ves las cosas desde otra perspectiva, pero no todas las perspectivas valen, no todas le sirven a todo el mundo. Desde qué lugar vivir es algo que solo uno mismo puede elegir, solo uno mismo puede notar desde qué lugar puede vivir feliz.


Yo elegí Sus pies, no porque me gustase o no, no porque sea una elección libre, es una elección forzada por la felicidad que me produce vivir desde ahí. Cuando me subo me confundo, cuando me voy de Sus pies me pierdo. Y es complejo, tremendamente difícil, ser una mujer fuerte y libre pero mantenerse ahí, pues somos péndulos buscando el equilibrio, buscando el centro, y a veces por equilibrar un aspecto desequilibramos el otro. Si es difícil llevarlo a cabo más difícil es explicarlo sin dar lugar a malos entendidos.


Me salí de mi sitio y el mundo se me volvió de nuevo hostil, la tentadora tristeza gris me llamaba con sus dulces cantos de sirena, el mundo volvía a doler demasiado, mis ojos comenzaron a desvirtuarlo todo, el roce de la brisa era un escozor insoportable. Comencé a preguntarme por qué luchar, por qué no dejarme llevar por la melancolía y la pena, por qué vivir es bonito… Me asusté, me asusté mucho. Fue la primera vez desde que superé toda esa mierda que me tentaba regresar a ella, como el que siente de nuevo la tentación de fumar después de años sin hacerlo y la mente traicionera le susurra un “¿Por qué no?” Esa noche soñé que me rendía porque no podía con la hostilidad de este lugar y la muerte me parecía más hermosa. Al despertar supe que algo iba mal, que no podía dejarme llevar de nuevo por el gris, que no quería volver a soñar con algo así, porque no nací para rendirme, ni despierta ni en sueños. Que, igual que recordaba mis tiempos grises, ahora también sé de mis tiempos felices, ahora sé que existen y que lo único que debo hacer es encontrar la manera de volver a ellos.


Qué lugar es este, qué lugar tan terriblemente frío y desolador… Deme la mano y devuélvame a mi sitio, diga las palabras mágicas, por favor, lléveme a ese lugar que solo Usted y yo conocemos. Lléveme a ese lugar en el habitan nuestros primeros polvos adolescentes, Su primer te quiero en la arena, bajo la Luna llena. Ese mundo en el que está aquella cueva en la que nos pasamos toda una noche el uno dentro del otro. Allí solo suena Depeche, Oasis, Keane y Muse. Ese lugar donde está la primera bofetada, el primer azote, el primer pellizco, el primer “Usted” el primer “Amo”, ese lugar en el que Sus ojos negros no me pierden de vista, ese lugar en el que tiemblo solo de placer y dolor, nunca de frío, ese lugar en el que yo camino a Sus pies, porque es la manera en la que mejor avanzo, es la posición en la que veo el mundo amable y feliz. Bájeme a Sus pies, se lo suplico, el mundo es horrible más arriba, es oscuro y cala los huesos. Diga las palabras mágicas, haga lo que crea conveniente pero hágame caminar a Sus pies.


Y lo hizo, porque Él siempre lo hace, siempre tira de esa correa con la que nací, siempre me da un silbido y la perra vuelve a ponerse a cuatro patas, para sentir el alivio en el cuerpo, en el alma. Porque una perra a dos patas se duele, se confunde, se encuentra mal, haciendo algo que no le corresponde, no entiende las distancias, las perspectivas, no entiende el mundo. Porque una perra a cuatro patas corre más rápido, salta más alto, avanza mil veces más… Y lo hizo porque Él siempre lo hace, Él siempre da ese tirón de la correa que me devuelve a mi sitio, a la alegría, me devuelve a mi Ser, a la felicidad.


 

lunes, 13 de marzo de 2017

Sueños

Siempre fui de ponerme sueños imposibles, de niña era de soñar cosas que sabía nunca conseguiría, me tachaba de fantasiosa y en verdad era mi propia enemiga: si me ponía sueños inalcanzables podría pasarme la vida lamentándome por no haberlos conseguido en vez de luchar por lo que quería. Siempre fui de sueños imposibles hasta que la vida me cumplió uno, uno que creí imposible, por el que lloraba después de correrme en mis manos adolescentes, lloraba besando una almohada que jamás me devolvería el beso. Soñé que Él existía, pero lo soñé creyendo que era imposible, que sería una mujer frustrada el resto de mi vida. Pero la vida es muy lista y cumplió mi sueño para estrellarme contra el muro de la realidad. “Ángela, deja de lamentarte, busca tu camino, que los sueños sí se cumplen”.


Quizá penséis que soy simple, pero ahora mis sueños son pequeñitos, alcanzables, no por ello sencillos. Sueños por los que lucho, por los que me enfrento a mí misma cada día. Pero mientras lo hago saboreo los que he conseguido, saboreo a ms hijas, lo saboreo a Él.


Disfruto de ponerme de rodillas frente al espejo, ver reflejado cómo me muerde el cuello apasionado, disfruto de Su voz ordenando que me quite la ropa. Disfruto de mi cuerpo desnudo, qué bonita me veo en ese momento, olvido esa autoestima que a veces baja más de la cuenta, olvido esos kilos que pienso que me sobran porque soy tonta, olvido que a veces me siento fea, en ese momento me miro y me digo lo idiota que soy por dudar de lo hermosa que soy, de lo bonito que es mi cuerpo, ese a punto de dolerse y disfrutar, ese a punto de ser pinzado, mordido, azotado, ese cuerpo a punto de ser penetrado por todo agujero disponible. Adoro esos instantes ¡Eso debe ser la felicidad! Esos instantes en los que todo te parece bonito, incluso las lágrimas que derramarás, en los que incluso el dolor te parece precioso, algo de lo que sacarás una sensación positiva mucho más profunda. Mi sueño cumplido es Su piel tibia en mi espalda, esa piel que es consuelo mientras me sodomiza sin piedad, esa piel que es hogar, esas sensaciones son hogar, cerrar los ojos y sentirlas es la felicidad, son una enseñanza de vida, de disfrutar hasta de lo adverso. Del dolor saco los mejores orgasmos, sin él también los tengo, pero nada comparable a la explosión que viene tras estar aguantando, tras chillar, a la explosión que provoca el pinchazo insoportable de las pinzas en los pezones, de la fusta entre mis piernas… Mi sueño cumplido son las tardes de sofá y peli, las noches de sofá y serie, son Sus “Quieta” “Siéntate recta” Sus “Para siempre” Sus “Qué a gustito estoy a tu lado”. Mi sueño son esas risas cómplices por las gracias de nuestras hijas, esa mirada que cruzo con el hombre que me hace estremecer, con el padre de mis hijas, mi sueño era ver de lejos a esa persona que me hace retorcer de gusto y dolor.


Sí, soy de gustos muy sencillos, de sueños tan alcanzables que cada día cumplo, cada vez que llevo a mis hijas a tenis y las veo correr. Tomarme un té sentada frente a Él, llamarlo de Usted en público, Sus normas, las conversaciones que tengo con las niñas, ver Friends los cuatro juntos, partirnos de risa con una chorrada de los Simpsons, sí esa risa que no puedes parar, que te hace llorar, de mirarnos e ir a más. Sus bofetones, Sus besos. Recibir vuestro cariño a través de mensajes, mails, comentarios… Comer sano, hacer una receta y que me salga riquísima, ver cómo florecen mis Pensamientos, cómo una planta medio muerta va saliendo adelante con mis mimos. Cumplo sueños todos los días, porque soy una chica sencilla con sueños grandes y también chiquititos. Soy una chica afortunada, con una familia que la quiere, con un marido que la cuida, con un Amo que la castiga y la usa, y ambos son la misma persona, ese era mi sueño imposible, ese que creí imposible, ese que la vida me dio de golpe, ese que ha sido el mayor aprendizaje de mi vida, por lo que representaba en sí y por lo que Él luego me ha enseñado, dónde me ha llevado.


La vida me cumplió aquel sueño de la infancia, ese unicornio al que le mandaba mensajes las noches de viento para que viniera a mi cama, creyendo en el fondo que era un imposible. La vida cumplió mi sueño y me estrelló contra la realidad, me puso en esa cama, desnuda, frente a ese espejo: “Ángela, los sueños se cumplen. Mírate, tienes personas que solo tienen palabras de ánimo, que te dicen lo mucho que te quieren, lo importante que eres para ellos… Ángela, mírate, tienes un cuerpo precioso, una sonrisa preciosa, una persona que te desea, que te ama, una persona que te ronda con una fusta en la mano, que está a punto de torturarte, de arrancarte el mayor de los orgasmos. Una persona que te va a poner a Sus pies, que te va a escupir, a follar la boca hasta que des arcadas… que te va a hacer sentir una diosa. Ángela, no lo olvides nunca, mírate y recuérdale a cada célula de tu cuerpo que jamás se rinda, que ha de luchar, recuérdale a cada célula que los sueños se cumplen”.

martes, 7 de marzo de 2017

El viejo Amo

Cortaba las verduras meticulosamente, ensimismada, poniendo la atención necesaria para no cortarse. Una rodaja de calabacín, otra, otra, otra… estaba tan en su mundo que no notó que Él había entrado a la cocina, no se dio cuenta hasta que notó Sus manos subiendo por sus muslos. Paró en seco ante el tacto de Su piel, se quedó petrificada. Las manos subieron hasta poder penetrarla con los dedos. Ella echó la cabeza para atrás, dejó el cuchillo a un lado y se entregó al disfrute...


Ava Adore - The Smashing Pumpkins


¿Recuerdas aquel día en la cocina? Mientras cortabas las verduras para el guiso y yo llegué por detrás, te agarré tus tersos muslos con fuerza, los pellizqué como solía hacerlo ¿Recuerdas tus gemidos entre mis dedos, recuerdas cómo los mojabas? Y ahora estás seca, seca y vacía. Hace mucho que no pruebo tu sabor, hace tanto que no muerdo tu carne, pero es que ni tú tienes ya carne, ni yo dientes, tu eres pellejo y yo… ¿Recuerdas cómo te estremecías cuando escuchabas la hebilla de mi cinturón? Recuerdas ese día, sí ese en la cocina, que pasé mi correa por tu cuello, que la apreté lo justo para que sintieses la presión, para que notases el palpitar de tu corazón en cada poro de tu piel… ¿Recuerdas cómo lamía tu oreja desde atrás, cómo te susurraba que eras mía, solo mía? Te estremecías de una manera tan deliciosa. Estábamos llenos de vida y pasión, tú creías morir de placer, de asfixia, de vida… ¿Recuerdas cómo te follé en la encimera? Tirando de la correa que rodeaba tu delicado cuello ¿Recuerdas cómo te clavabas los huesos de las caderas contra el granito?¿Recuerdas cómo las verduras acabaron esparcidas por el suelo, por el fregadero? ¡Qué imagen tan encantadora! Tú corriéndote sobre la comida, babeando como una zorra sobre el cuchillo. Qué hermoso fue correrme en tus entrañas, llenarlas de mí, conquistando cada recoveco de tu coñito que era fruta tierna y madura, fruta que abrazaba mi polla dura, llena de sangre, de vida… Y ahora… ahora ya no eres fruta, no eres vida, estás seca y yo… a mí ya sabes que no se me levanta desde hace mucho.


¿Recuerdas tesoro? ¿Nos recuerdas desnudos frente a la chimenea? Yo sentado en mi mecedora y tú con la cabeza apoyada en mi regazo ¿Recuerdas cómo era el tacto de mis dedos en tu suave pelo? ¿Recuerdas cómo era ser mi perra? ¿Recuerdas lo que era la vida? ¿Recuerdas lo felices que éramos? No, ya estás seca, estás seca de sangre flujo y recuerdos.


Tienes la mirada perdida, noto que me miras y no me ves. Hace mucho que no puedo exigirte, que no puedo mandarte, hace mucho que lo único que puedo hacer por ti es cuidarte, acariciarte la cabeza pero esta vez de ternura, limpia y sin intención. Sigues siendo mi perrita, una perrita perdida y anciana, una perrita que ya no ve, casi no oye y no recuerda. Pero sigo siendo tu dueño aunque haga mucho que no te folle. Aquí sigo mi amor, a tu lado, da igual que tu carne ahora sea pellejo, da igual que mis dientes ya no estén para marcar tu carne, aquí sigo a tu lado mi vida, no te abandoné, espero que puedas ser consciente de ello, espero que en el fondo de esa cabecita ya perdida, haya una neurona que sea consciente de que tu Amo estuvo contigo hasta el último suspiro, que te limpió, te mi mimó, te agarró la mano mientras te perdías sin que yo pudiera hacer nada. Y no lo sabes tesoro, no sabes lo terrible que es haberte guiado, saber que yo tiraba de tu mano, y ver cómo te ibas sola sin que yo pudiese ordenarte parar… a quién quiero engañar, sí te lo ordenaba, pero tú ya no podías obedecerme. El día que comprendí que ahora era yo el que tenía que quedarme a los pies de tu cama, que ahora era yo el que debía apoyar mi cabeza en tu regazo, que tú ya no lo harías más, el día que supe que no volverías a llamarme Amo, comprendí que serlo no era una respuesta a tu comportamiento, comprendí que no importaba que tú no volvieses a reconocerme como tal, comprendí que yo soy tu dueño inevitablemente y hasta el final… Así que aquí estoy mi vida, viendo cómo te consumes, viendo la hermosura de tus ojos ya vidriosos, llorando mientras recuerdo cómo éramos antes, contándotelo en un intento de que salgas de tu letargo, que algo te haga volver… Qué triste es esto ¿Por qué no podía durar eternamente?¿Por qué no pudo ser así hasta el final? No te preocupes tesoro, lo único que deseo de corazón es que de verdad no recuerdes todo lo que te cuento, porque nunca me gustó verte triste y sé que si lo recordaras te pondrías tremendamente triste, te sentirías realmente mal por no poder reconocerme, por no poder llamarme Amo.


Y al final me convertí en uno de ellos, en uno de esos ancianos que se levantan para cuidar de su animalillo, que creen que cuidan de su vieja perra sin querer enfrentarse a la realidad: Cuando la perra muera, morirá el Amo…


¿Recuerdas tesoro? ¿Recuerdas aquel día que tú partías verduras en la cocina?¿Recuerdas el tacto de la correa en tu cuello?¿Recuerdas cómo te follé contra la encimera?¿Recuerdas que acabamos comiendo pizza frente a la chimenea?¿Me recuerdas, mi vida?

lunes, 6 de febrero de 2017

El día que todo cambió

Supongo que los que me leéis desde hace mucho tiempo o los que ahora estén leyendo este blog desde el principio noteis que en un momento concreto mi tono cambió, mi perspectiva tomó otro rumbo, y quiero explicar qué pasó, no porque nadie me lo haya pedido, es algo que necesito hacer para hacerme entender, para dar un salto y que comprendáis por qué ahora enfoco la vida desde otro lugar.


Una de las dudas, por no decir LA DUDA más importante y que más me ha corroído desde que era niña era ¿Por qué soy sumisa? ¿Por qué necesito entregarme? El día que todo cambió fue el día en que di respuesta a esta pregunta.


Por otro lado también desde niña he tenido una lucha constante entre mis dos Ángelas, cosa que también habéis leído. Es como si la Ángela superficial hubiese sido mucho más predominante que la espiritual, aunque siempre ha estado ahí, saliendo a muy poquitos, sobre todo en los casos más extremos en los que la necesitaba para seguir adelante. Mis padres antes de tenerme y hasta que yo era muy pequeña estuvieron muy relacionados con temas de meditación y descubrimiento espiritual, yo de eso solo tengo leves recuerdos, como estar jugando en un campo de noche alrededor de unas personas sentadas en círculo,  el olor del centro budista de Oseling, participar en algunas de sus meditaciones pero más como un juego. Esos son recuerdos muy vagos, poco después, por circunstancias, ellos dejaron ese camino de manera tan activa. Mi madre sí seguía meditando, pero para mí siempre fueron sus asuntos, totalmente ajenos a mí, evidentemente algo me transmitía, pero yo lo adquiría de forma superficial, sin comprenderlo del todo, sin sentirlo. Siempre la vi como una persona muy superior a mí, así que di por hecho que jamás llegaría a su nivel. Así pasé mi vida, sintiéndome desconectada de mí y del mundo.


Cuando empecé a ser Suya eso empezó a desaparecer, entregarme me conectó a mí misma, pero cuando esa conexión fue fuerte llegué a las puertas de algo distinto. Las sesiones, los azotes, las bofetadas, el dolor, el sexo me empezó a traer otro tipo de sensaciones, más profundas, eran cosas extrañas, sentía que todo eso respondía a algo más pero no sabía qué era, estaba un poco perdida. Ahora sé que nada es casualidad, pero “por casualidad” en esos días fue el cumpleaños de mi prima y mi tía me dijo que debía hacer una cosa, era una meditación, una técnica para conectarnos con una onda cerebral más profunda que guarda recuerdos de otras vidas. Pensé que era un poco rollo, la verdad, pero soy una curiosa enfermiza y no tenía nada que perder, por probar no pasaba nada, sería pasar una mañana charlando con mi tía. Llegué esa mañana a su casa, era un día soleado de abril, no lo olvidaré jamás. Me senté en el sofá, mi tía se puso a mi lado, cerré los ojos y fui escuchando sus palabras, imaginando lo que me decía. He de decir que a pesar de que mi madre meditaba casi a diario yo no lo había hecho jamás, era reticente, me daba pereza… tras la meditación para conectarse con esa parte comenzamos a hablar. Es cierto que aunque tú tengas la sensación de estar normal, hablas de cosas de las que nunca has hablado y te repercuten de una forma distinta, pero tampoco fue algo que me impactara mucho, quizá podía ser que estuviese relajada y por ello me saliera hablar así. Tras un rato decidimos parar un poco a desayunar, aunque hagas cosas cotidianas se supone que sigues conectado con esa parte profunda de ti. Estaba comiéndome una tostada y charlando con mi tía sobre mi relación con Él, nada muy profundo, y de repente, como un golpe, una imagen vino a mí, fue un flash rápido, pero a la vez era una escena “larga”. Nos vi como dos luces, a Él y a mí, estábamos en un lugar anaranjado pero difuminado, y hablábamos sin hablar, Él me decía que yo necesitaba ayuda y Él me la iba a prestar, pero debía dejarme llevar, debía dejarme guiar… Todas las palabras que ponga ahora para explicar esa escena son añadidas, porque no hablábamos pero lo comprendí, pero no comprendido desde donde suelo comprender las cosas, tras un análisis de la situación, tras buscar posibilidades y quedarme con la que más me encaja, lo comprendí como si fuese una piedra que cayó sobre mí para no moverse más, sin poder dudar de su existencia, sin poder cuestionarme nada sobre ella. Jamás había imaginado eso, jamás había leído ni oído nada parecido… No puedo explicarlo, juro que no puedo. Aquel día mi vida cambió para siempre, la respuesta a por qué necesitaba entregarme estaba allí, era de locos, jamás la hubiese imaginado así, pero era esa, sin duda. Todo encajaba tan perfectamente, al fin podía dar explicación también a lo que sentí la primera vez que lo miré, por qué sentí que era el hombre de mi vida, por qué sentí una energía tan familiar, lo reconocí, supe que era Él porque lo conocía de antes.  Más tarde me llegó un libro sobre pactos prenatales, una persona en otra parte del mundo estaba investigando sobre algo que yo había sentido sin saber nada sobre ese asunto, es por esto que decidí sentir antes de leer, porque la certeza es distinta, el ego no puede confundirte dudando de si es real o es sugestión.


Aquel día una puerta se abrió, más bien explotó, lo que empecé a sentir y vivir a partir de ese momento es de película. Empezaron las “casualidades” extrañas, empezaron los recuerdos extraños, empezaron a llegar las certezas extrañas pero firmes… ese día dejé que saliera la Ángela escondida, esa que dejaba salir tan poquito, y ahora sé por qué, porque era una Ángela que me daba mucho miedo soltar. Pero esto es otro asunto…


Lo importante que quería transmitir es que el día que supe por qué necesitaba entregarme comprendí por qué decía todo lo que decía sobre sumisión, por qué me sentía ajena al BDSM, por qué para mí esto no iba de roles, ni de límites, por qué sabía que mi entrega solo podía ser Suya y de nadie más. Y es algo que sigo manteniendo con más fuerza aún, si algún día dejamos de estar juntos, por el motivo que sea, no podré pertenecer a otra persona, quizá pudiese tener pareja, pero no podría se sumisa de nadie, porque no soy sumisa, sólo necesitaba estar predispuesta a dejarme guiar por Él, porque así lo pactamos. No fue la entrega y después Él, fue la entrega por Él. La sexualidad solo es una parte de esa entrega, es una forma de facilitar las cosas, si Él no me dominase y yo no tuviese predisposición a darme todo sería mucho más difícil. Y esto también explica por qué me domina con esa facilidad, cómo me lleva donde quiere de una forma tan sencilla. Explica por qué desde que me domina soy más poderosa y libre, cómo ha ido limpiando ese manto gris que tenía mi alma, estaba sucia, perdida y atrapada, Él me ayudó, como prometió. Hay una frase de una canción de Depeche Mode, es una canción que le encanta “Welcome to my world”. Pues esa frase que tanto le gustaba es “I ride your broken wings” “Manejaré tus alas rotas” y es que así es como se siente y cómo me siento. Yo siempre me he visto como un demonio, pero Él me ha tratado como si fuese un ser precioso, un ángel que solo tiene las alas rotas y necesita que le marquen el camino porque lo ha perdido.


Esta es mi visión de por qué yo nací con la entrega en la sangre, pero os diré que estoy empezando a ver un patrón que se repite en muchas personas, son características que en principio parecen no tener relación pero que “casualmente” están ahí. Pero bueno, esto ya son otros asuntos, aunque puede que intente investigar en profundidad sobre ello.

jueves, 28 de abril de 2016

Desear y vivir

Si algo he aprendido en estos años es que a veces lo que deseas, en la realidad no es tal y como lo imaginaste. Que desear no es lo mismo que vivir. Hablo de muchas cosas, no solo a nivel de entrega, es algo que podemos aplicar a todo. Yo antes veía las películas de época, las señoras nobles con esos vestidos tan pomposos, esos corsés ciñéndoles la cintura… me decía lo bonito que hubiera sido nacer en aquellos tiempos. Pero luego llega el día en que te pones un corsé de verdad, rígido pero no tanto como lo eran en esa época y no ves el momento de quitártelo. Pues en todo pasa igual.
En cuanto a la entrega lo he sentido así desde el primer momento. Lo primero que le dije a mi Amo que necesitaba era una bofetada, había fantaseado con ello durante años, cuando me la dio no fue tan maravillosa, me picó la mejilla, me zumbó el oído y las ganas de responder con otra se me agarraron en el estómago. Y poco a poco conforme fuimos avanzando toda fantasía fue sustituyéndose por la cruda realidad. Una frase que me define muy bien es “Nadie me dijo que los azotes dolían” y es cierto, nadie me lo dijo. Sólo los había visto en Historia de O y ni siquiera se llegan a ver, solo los asociaba a mi necesidad, a eso tan maravilloso que era para mí entregarme a alguien. Mis padres nunca me pusieron la mano encima y jamás me castigaron, por lo que yo no sabía a lo que me iba a enfrentar cuando lo pedí. Los primeros azotes fueron un jarro de agua fría, nada de lo que imaginé era tan excitante, al revés, era doloroso. Creo que ese ha sido el origen de mi eterno conflicto con el dolor, tengo asumido que los azotes no me deberían doler pero sí duelen, y mucho. Ahora que ya sé por qué necesitaba entregarme, también entiendo que no sea masoquista, pero hasta ahora ha sido una tortura, como sabréis los que me seguís desde hace más tiempo. Ahora entiendo que yo necesito que los castigos castiguen, que los dolores duelan, pues necesito que cumplan su objetivo: corregir. Por qué me excitaban entonces desde niña, sinceramente creo que es porque, si no me hubiesen atraído como una oscura campaña de marketing, directamente no los hubiese buscado, no me hubiese metido en todo esto, y no me sentiría tan libre como me siento hoy por hoy.
Cuando he preguntado a alguien por qué me lee, en algunas ocasiones me han contestado que porque soy sincera, porque no hablo de la entrega solo como algo idílico y maravilloso, y me alegra oírlo, me alegra ser la que avise de que los azotes duelen. Y es que no faltan por estos mundos idealizaciones, frases que elevan el dolor como un éxtasis mágico, yo no digo que eso no exista, pero no para todos o no como lo comprendemos. A mí el dolor me provoca cosas, me saca emociones, pero precisamente porque duele, porque es duro. Y ya no solo el dolor, no me canso de ver frases, imágenes y demás que se toman los castigos como parte de un juego. Quién no ha leído alguna vez o ha imaginado que el Amo la castiga durmiendo a los pies de la cama. Yo misma cuando lo leía quería vivirlo, hasta tal punto llega la idealización que lees un castigo y lo deseas, olvidando que si es un castigo conlleva una falta previa, no te das cuenta pero lo que estas deseando es fallar para ser castigada. En esto me enorgullece hablar en pasado, ya no lo deseo, podría vivir perfectamente sin dolor o castigo, pero claro, evidentemente no depende de mí.


Hace unas semanas cometí una de esas faltas, había sido vanidosa y soberbia, el Amo se enfadó conmigo, me preparó una manta, una almohada y un edredón a los pies de la cama. Estaba viviendo eso que tanto se idealiza, dormir a los pies de la cama como una perra, quizá es que no soy una buena perra porque no me gustó, no quería estar ahí, quería estar con Él, sintiendo Su cuerpo, a Su lado, y no en el suelo tan cerca y tan lejos de Él. Lloré y lloré muy angustiada y no puedo describir lo que sentí cuando escuché su respiración acompasada, cuando fui consciente de que se había dormido, que aquello no era un juego de un rato, cuando me di cuenta de que todo esto es real, que si te castigan es porque has fallado de verdad, es porque algo debes cambiar de verdad. Quiero que seáis muy conscientes de que siempre hablo desde mi propio conocimiento, desde mi experiencia, desde saber cómo es mi Amo. Si Él te castiga es con un motivo real, quizá las faltas leves se transforman en simples azotes, pero si te castiga de otra forma, de una de esas formas que te hacen reflexionar y angustiarte, ten por seguro que es porque algo debes cambiar, que es porque ha visto algo en ti que no le ha gustado realmente, algo que enturbia todo lo bueno que tengo. Por ello estando a los pies de la cama, sintiéndome tan angustiada entendí muchas cosas, una de ellas es que no somos conscientes de lo que deseamos, de lo que idealizamos ciertas cosas. Yo no os voy a decir que esto es fácil, yo no os voy a decir que es bonito dormir en el suelo a los pies del Amo ¿Por qué lo hago? No lo hago, me dejo hacer, simplemente me dejo guiar porque le pertenezco, porque lo que sí es maravilloso es que te despierte cuando amanece y te deje volver a Su lado, y es maravilloso no solo por volver a sentir Su calidez o Su respiración en la nuca, es maravilloso porque has aprendido una cosa más, te has quitado un nuevo peso de encima, porque vuelves a la cama más liviana, menos soberbia, más libre. Eso sí es bonito.

jueves, 3 de marzo de 2016

Mis etapas (2ª parte)

Sé que a veces doy demasiadas vueltas hasta entender las cosas, como os conté en este post, mi primera etapa como sumisa fue una vuelta muy grande y fea. Pero Él siempre encuentra la manera, me dijo que dejara de llamarlo Amo, volvíamos a ser sólo nosotros, sin títulos. Recuerdo que le preguntaba que si Él y yo dejásemos de estar juntos buscaría estar con una sumisa, Él me decía que no lo sabía, que lo único que tenía claro es cómo quería que fuese yo con Él, que lo único que tenía claro es que quería dominarme a mí. Vuelvo al tema de la perspectiva del tiempo, ahora escribo esto y me sonrío porque en aquel momento no lo entendía. Entonces, con aquella medida que tomó, me hizo llegar a la siguiente etapa como sumisa, me simplificó la mente. En mi tercera época aprendí lo dura que es la entrega real, aprendí que entregarse es bonito a nivel profundo pero en un nivel superficial es sacrificado. Es hacer cosas que no te apetecen y dejar de hacer otras que sí. Dicho así sé que suena fatal pero no me seáis exagerados, no me violaba ni me encerraba en un dormitorio, simplemente mis caprichos y exigencias dejaron de importar. He sido hija única, mi voz siempre ha tenido demasiado peso, aceptar que te han relegado de rango es duro, ya no eres el capitán eres soldado raso. Da igual que de pequeña fantasearas con que te hiciese X ahora te están dominando de verdad, lo que significa que te van a hacer Y. Aunque el sacrificio empezó a estar muy presente, un sentimiento de plenitud empezó a invadirme. Muchos de mis vocecillas internas que toda la vida me habían torturado empezaban a callarse…
Pero siempre hay un diablillo que pica, el ego no se rinde tan fácilmente. Y entonces empecé a angustiarme ante Su cambio, empezó a darme vértigo que Él ya no fuese el novio atento que me consentía, como veis, al pobre lo volvía loco. En una de esas conversaciones en las que yo estaba angustiadísima le dije que quería acabar con todo esto de la sumisión, que quizá era algo que había idealizado desde niña, que quizá una vez cubiertas esas fantasías ya sería más feliz sin ser sumisa. “¿Me estás diciendo que quieres que nos separemos?” eso me pilló desprevenida, por supuesto que no quería eso, simplemente estaba abandonando, quería volver a nuestra relación vainilla, dejar de enfrentarme a esos sentimientos que, aunque me estaban haciendo más feliz, me incomodaban. “Ángela, ya no puedo ser de otra manera. Quiero dominarte y reprimir eso sería muy duro. No funcionaría”. Otra vez el egocentrismo me había cegado, otra vez había ignorando que Él tenía Su propio proceso, que también había descubierto Su naturaleza y yo no podía exigir que la volviera a esconder. Ese día sentí que me pedía que fuese Suya, que dejábamos atrás el origen de nuestra D/s. Lo recuerdo de pie delante de la ventana con el cielo gris de fondo, yo sentada en la cama mirándolo callada. Sentí que tenía que escoger, que tenía que decidir si me entregaba a Él de verdad, a Su manera, dejándome guiar o abandonaba y huía por comodidad. Entonces sí empezó mi auténtico cambio, entonces sí comencé a sentir lo que era la auténtica entrega, la paz empezó a llenarme, acepté Sus normas, Sus mandatos, acepté Su manera de entender el dominio, dejé de resistirme, me dejé dominar.
En esta última etapa se podría decir que estoy más cerca de la esclavitud que de la sumisión, si es que queréis usar términos BDSM, pero yo simplemente me siento entregada, me siento natural, todo fluye, no hay conflictos internos dentro de mí, al menos no sobre este tema. Es cierto que me ha costado cambiar la forma de ver las cosas, es cierto que hay cosas que aún me cuesta acatar, pero es lo normal, no estoy anulada, no es que no piense, no sienta, no tenga mis propias opiniones… simplemente es que en mi lista de prioridades Él está primero porque así me siento plena, siento que hago lo que deseo a un nivel más profundo: Entregándome a Él me priorizo yo... Es extraño, lo sé.


Haciendo una valoración general me doy cuenta de que nuestros 7 años como D/s han sido 6 de tempestad y uno de calma. Como no me canso de repetir, ha sido difícil, he llorado mucho y me he sentido muy mal en muchas ocasiones, pero ha merecido la pena, ha merecido muchísimo la pena. Ese año de calma es el resultado de Su sabiduría para guiarme y mi esfuerzo por seguirlo, estoy deseando descubrir qué cosas nos depara nuestras futuras etapas, aunque saboreo cada minuto de la que estoy viviendo.


P.D.: Recordé que en mi blog anterior escribí sobre el momento en que nos despojamos de nuestros títulos pero no lo había añadido a Azote y Café, he recuperado ese post por si alguien quiere leerlo: "El amor y el sexo, mi salvación"

lunes, 8 de febrero de 2016

Paciencia y esfuerzo

Hola, perdonad la ausencia del post de la semana pasada, hay veces que no llego a todo. No sé si alguien se habrá dado cuenta pero se acerca el aniversario del blog y estoy preparando algunos cambios y novedades. Por ello quizá tenga que cerrar temporalmente el blog un par de días, si es así, espero que perdonéis las molestias y sigáis ahí cuando vuelva :). Hecho este inciso os dejo con el post de hoy:


Muse - Time is running


Hoy me miro al espejo, la Ángela que veo no es aquella que vi. Ahora me dicen que me admiran, que soy un ejemplo de obediencia y entrega, que ojalá poder tener ese control sobre las palabras y actuaciones… no hace mucho nada existía de la Ángela que ahora se refleja. Me miro al espejo y veo a una Ángela tranquila y sosegada, es una Ángela que no se pasa inquieta todo el día, que ya no envidia o fantasea sin valorar lo que tiene. Veo a una Ángela segura de sí misma. Me gusta la mujer que soy ahora, con cosas por mejorar pero con la certeza de que puedo hacerlo, la certeza que me da haber pasado por lo que pasé: los llantos, los gritos, los tirones de pelo por no saber contener mis diablillos, por estropear lo bonito que tenía. Hace 7 años el diablillo de la soberbia me poseía, la exigencia vomitada por mi boca lo ensuciaba todo, quería ser obediente, obtener lo bueno que podía darme mi Amo pero sin pasar por lo malo, quería placer y sometimiento superficial. “No me hace esto, no me dice aquello” Ha sido un camino duro, no creáis que nací con el don de la entrega, no creáis que estos 7 años siendo Suya han sido como es ahora, no creáis que esta calma que respiramos la respiramos desde el principio. Han sido muchas las angustias, han sido muchas las palabras de mi boca que sobraban, muchas las actitudes negativas y dañinas por mi parte, mucho el capricho, mucho lo superficial… he visto en Su rostro demasiadas veces la decepción y la angustia de no saber qué hacer con el monstruito de metro y medio que le amargaba la existencia, que lo llenaba de reproches e inseguridades, qué hacer con una persona a la que amas con locura pero que en el momento menos pensado lo estropea todo sin inmutarse ¿La castigas o la mandas a tomar por culo bien lejos? Muchos han sido los días que me he mordido, que me he odiado por mi permanente insatisfacción, por mi permanente exigencia conmigo y con los demás, con Él.
Leía a otras sumisas, veía sus actitudes, sus relaciones y las envidiaba, las envidiaba mucho. Eso me hacía sufrir, nos hacía sufrir… era como si yo no tuviera una vida de la que disfrutar, como si mis circunstancias, fueran las que fuesen, no se merecían valor alguno. Qué malo es desvalorar, qué malo compararse, que malo creer que todo el mundo tiene algo mejor que lo tuyo. Lo único que fallaba era yo.
Y ahora me miro al espejo, han pasado 7 años, 7 años en los que gracias a Su capacidad para saber llevarme, gracias a Su constancia, a Su inteligencia, a Su tenacidad, he conseguido mirarme al espejo y ver templanza, ver fuegos destructivos apagados. Puedo ver resultados, puedo empezar a percibir que ahora soy persona.
No, no nací buena sumisa, no nací calmada y de mente fría, nací con diablos como los tenemos todos. Y no voy a quitarme mérito, sin mi Amo al lado todo hubiese sido más difícil aún, pero yo también puse de mi parte, aprendí a base de prueba y error, a base de llorar y enfadarme mucho conmigo misma, a base de meter la pata hasta el fondo, aprendí a base de angustia, paciencia y esfuerzo… He sufrido en muchas ocasiones intentando no dejarme llevar por la soberbia, he sufrido mordiéndome la lengua para no volver a soltar veneno, del que nos mataba lentamente.
Y ahora hay un espejo y puedo mirarme, ahora veo lo maravilloso que es el premio... pero no olvido que no fue, ni es, nada fácil.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Una siesta y poco más

Delirios y éxtasis - Carmen Boza


El sol de media tarde entra por la ventana, el aire es tibio a pesar del frío exterior, nos metemos en la cama para reposar la comida. Sin pantalones, con una intención casi inocente de simplemente encajarnos… cada uno mira su móvil, twitter por aquí, instagram por allá... y sin darme cuenta empiezo a hacer movimientos con mi culo en Su entrepierna, noto como van creciendo sus ganas. Lo oigo resoplar, suelta el móvil, me quita el mío, me abraza fuerte, encaja su barbilla en mi cuello “¿No puedes estar 5 minutos sin buscarme?” me giro y lo beso llena de pasión. Y mandamos a la mierda las redes sociales, la ropa que nos queda y la siesta. A quién queríamos engañar, nos metimos en la cama para follar, para hacernos el amor con deseo, nos metimos en la cama no para dormir, nos metimos en la cama para amarnos sin contención ni prudencia. Y el mundo se reduce a nuestro edredón, y el mundo es solo deseo, flujos, besos y mordiscos. Somos fuego y la sangre hierve… Me muevo sobre Él, muevo mi cintura de una manera demoniacamente perfecta, pero lo que ocurre, nuestro placer no es obra del demonio, es lo bello de la vida, nada hay de malo en el sexo, nada hay de malo en que dos personas se follen como locos, la naturaleza no pudo crear esas sensaciones extraordinarias para privarnos de ellas, y es que lo que ocurre entre mis piernas cuando echamos esas siestas es pura magia.
Veo Su cara, los ojos con las pupilas dilatadas de puro gusto, mordiéndose el labio de placer, me mira como si fuese una aparición subida en Su polla. Me acaricia los pezones sabiendo que son los botones que aceleran mi cadera, que son los botones que me llevan al paraíso… y no hay nadie más guapo en este mundo, no hay nadie más hermoso que Él cuando me folla, es un dios que me obliga a ser diosa. Y por qué follar me gusta tanto, porque me parece la mejor manera de concentrar mi felicidad en una gota de tiempo, en transformar mi felicidad en líquido que chorrea por mis muslos, en transformarla en unas rodillas temblonas.
Nos empeñamos en creer que somos sucios y depravados, pero nos equivocamos, no hay nada más limpio que nuestra perversión, limpia de prejuicios, vergüenzas y secretos. Sé qué quiere, y quiero dárselo, Él sabe qué quiero y quiere dármelo y así el sexo se convierte en el acto más generoso que conozco.
Cambio el ritmo, me acelero, me paro, lo muerdo en el cuello, le lamo la oreja. Me abofetea y me pellizca la cintura… nos conocemos tan bien, sé qué movimiento lo hará volverse loco de placer en el momento justo y adecuado, Él sabe cuándo voy a correrme aunque yo intente disimularlo. Y la siesta me da su dulce sabor, me da un orgasmo intenso y pleno, ese orgasmo rico y brutal, ese orgasmo que Él sabe alargar agarrándome de la cintura, moviéndome rápido manejándome como a una muñeca de trapo. Y yo también lo conozco bien, sé el momento exacto en que va a derramarse, en que va a convertir su felicidad en gemidos.
Y entonces sí, el gustillo post orgasmo se adueña de nosotros, me echo en su pecho y cierro los ojos tranquila, en paz, flotando en Su cama, flotando por sentirme la mujer más afortunada del planeta. No ha habido instrumentos, ni fustas, ni pinzas, solo nosotros, porque a veces hay que quitar la parafernalia para quedarnos con la esencia, para quedarnos con un sexo sencillo pero no exento de placer y sentimiento. Una siesta, nada más y nada menos.

miércoles, 28 de octubre de 2015

El día que azotar otro culo le gustó más

Siempre digo que no soy celosa, bueno, alto ahí, no voy a ir de doña perfecta, sí lo soy pero no en el sexo.


Ver cómo mi Amo está con otra mujer, aunque sea sumisa, no me pone celosa, entiendo que el sexo no es exclusivo para mí. Pero ¿Y en lo cotidiano?
Tiendo a pensar que ya lo sé todo ¡Vaya engreída! pero simplemente es que cuando resuelvo todos mis conflictos internos y me siento en calma, soy tan tonta que no pienso que lo que he hecho es resolver cuestiones que me han surgido hasta ahora pero, que no vea otras, no significa que no existan. Me creía con la vida resuelta, el Amo perfecto que me quiere con locura, que además es mi marido, con el que vivo, es el padre de mis hijas… todo esto me da una sensación de seguridad impresionante, me siento especial para Él, única. Un día tras azotar otro culo le regunté: ¿Le ha gustado más azotar su culo, Amo? "Sí, tiene un culo mejor que el tuyo para azotar". Esa frase no me dolió, ni me puso celosa, soy consciente de que cada uno tiene unas características y sería como enfadarme porque una chica tiene los ojos azules y yo marrones. Simplemente es que esa frase resuena en tu cabeza y, más tarde, de alguna manera extraña, se relaciona con otra conversación y ya tienes nuevos sentimientos que aceptar.
Por la noche conversábamos, hablábamos de ilusiones comunes, de fantasías que probablemente nunca se cumplan… decíamos cómo sería convivir un tiempo con otra sumisa, hablábamos de lo divertido que sería, de las situaciones comunes, lo mucho que nos querríamos los tres… ese hablar por hablar. Al imaginar esa situación comprendí que a lo que me aferro es a la cotidianidad. Él puede tener sexo con otra, pero el beso al llegar del trabajo es mío. Lo imaginé teniendo esos gestos con otra y aparecieron los celos. Esos celos me llevaron a otro sentimiento: el sentimiento de que puede que lo que siente por mí algún día termine, o que algún día yo deje de ser la especial. Qué duro ¿Verdad? Yo le dije que estaría bien un tiempo, sabiendo que ella después se iría, que tendría que vivir su vida, pero Él dijo la frase que me hizo ampliar un poco más mi visión: “Para mí sería muy duro, es algo así como dejar marchar a un hijo” Esa frase me hizo quererlo un poco más, me corroboró que ve esto con la misma profundidad que yo, que distingue muy bien entre jugar y ser Amo, pero también me imaginé viviendo con otra sumisa. Al principio yo sería la especial, la veterana, pero poco a poco puede que el sentimiento hacía ella aumentara, lógicamente: la convivencia, el roce, el cariño… llegaría un momento que los sentimientos hacia las dos se igualaran, yo ya no tendría ventaja. Puede que los tres juntos fuésemos felices, pero puede que yo echara de menos ser la única, y entonces qué ¿Y si dándole a elegir, el sentimiento por la otra fuese más fuerte? Todo habría acabado para mí. Es fácil decirle, echarle en cara que eso no es lo que acordamos, que la deje porque yo estaba primero, que el pacto fue conmigo… pero los sentimientos no se pactan, no se acuerdan, no se pueden preveer.
Evidentemente todo esto es elucubrar, puede parecer una tortura gratuita, pero no. No me siento mal hacia estas nuevas sensaciones que he tenido, al revés, he comprendido un poco más lo importante que es trabajarse y madurar. No se pueden hacer las cosas a la ligera, no se pueden tomar las decisiones sin meditar, simplemente por “lo divertido que será” tienes que tomar las decisiones siendo muy consciente de las posibles consecuencias, sabiendo que algunas pueden no gustarte o cambiarte la vida para siempre. Eso no quiere decir que no las tomes, es solo que evalúes si estarías preparada para asumirlas, si es así, adelante, disfruta. Si no, espera a estar preparada o no lo hagas, luego no valen las recriminaciones, no vale hacer culpables a los demás de las decisiones que tú tomaste, de cómo se desarrolla la vida.
También me gusta la sensación de "miedo" ante la posibilidad de perderlo. El miedo, bien llevado, no es algo negativo, es una sensación que nos mantiene alerta, que nos prepara para que suframos lo menos posible. No voy a pasarlo mal por pensar que esto puede acabar, pero sí, si algún día ocurre, estaré algo más preparada, o al menos no me pillará por sorpresa. Disfrutaré el momento, sin asustarme por el futuro, pero lo disfrutaré con consciencia y con la mayor madurez posible.


Todo esto son cosas que me planteo yo, en mi relación. Es cierto que soy una esclava y debería acatar lo que mi Amo dijese, y en general lo hago, pero nuestra relación tampoco es la de un Amo y una esclava normal. Es mi marido, convivo con Él, tenemos hijas... así que en este punto los dos tenemos claro que introducir a una tercera persona ha de ser una decisión conjunta, ya que no sólo afectaría a nuestra pareja, afectaría a nuestro mundo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Mi Amo

Hoy estoy especialemente sensible y feliz, hace 5 ños de un día muy especial, la segunda entrada de mi primer blog trataba de esta fecha. Tengo una gran sensación en el pecho, mi vida no ha hecho más que mejorar.


Últimamente me han dicho de distintas maneras y en distintos contextos qué idea tienen los demás de mi Amo. Creí que transmitía bien cómo es Él, pero me parece que no lo he conseguido del todo, por ello me gustaría describiros cómo es el hombre al que me entregué en cuerpo y alma. Perdonad que me haya extendido, estaría horas y horas hablando de Él...


Kenny Rogers - The Gambler


Suena esta canción en el coche, sabe de quién es, el título, la letra. La canta despreocupado mientras conduce, yo lo miro emocionada, me emociona verlo cantar en el coche..


Mi Amo es un chico de unos 30 años, de estatura media, no es altísimo, no lo necesita, Su espalda ancha y Su sonrisa conquistan e imponen al instante. Mi Amo es un hombre sencillo de gustos sencillos. Le gusta jugar a la consola, a los juegos de mesa con Sus hijas, es extremadamente inteligente, pura lógica y matemática. En verano le gusta llevarse libros de pasatiempos a la playa para que los hagamos juntos, en invierno me abraza cada noche por detrás amoldándose a mi cuerpo, me agarra una teta y me calienta los pies helados entre Sus piernas. Los martes y viernes juega al fútbol, es la mente fría del equipo, ve las jugadas y suele dar el pase de gol.
Mi Amo es un hombre humilde, aún le queda mucho que aprender como Amo y como persona, lo sabe y disfruta del aprendizaje. Es extremadamente responsable y trabaja de más.


Mi Amo es la persona más comprometida que he conocido, siempre ha antepuesto el amor que me tenía a cualquier dolor que le he causado, siempre ha confiado en que cambiaría, nunca se cansó de darme oportunidades movido por la creencia de que yo podía cambiar. Y no se equivocó, cambié, cambié mucho, salí de una horrible depresión gracias a verme reflejada en Sus ojos, gracias a que cada día me mostraba lo maravillosa que era aunque yo no lo veía. Mi Amo es un gran padre, trabaja por darnos todo lo que necesitamos, después de trabajar estudia para ascender, para progresar. Cuando llega a casa besa, abraza a Sus hijas, se ríe con ellas, juega, las ayuda con los deberes y las arropa con ternura. Después me da Su atención como Amo y marido, me consuela si estoy llorando, me susurra al oído guarrerías que me vuelven loca, me pone un cojín en el suelo para ver una serie mientras acaricia mi cabeza.
Mi Amo me da los besos más bonitos, las bofetadas más oportunas y los azotes más merecidos.
No es un Amo especialmente sádico, disfruta más del dominio y la obediencia, pero tiene mano dura para corregir actitudes que me dañan, que nos dañan. Su lema es el poco a poco, paso seguro y certero. Yo iría corriendo a todas partes, en lo que a prácticas se refiere yo ya me hubiera clavado agujas, hubiera probado torturas más duras, por el simple hecho de la curiosidad, no por estar preparada. Él marca el ritmo, Él es quien tiene la capacidad de ver si estoy lista para ciertas cosas. Se guarda el castigo para Él, sabe que yo soy mucho más cruel conmigo misma de lo que es Él. No abusa de mí, rara vez me deja sin orgasmo o sin placer, adora ver mi cara mientras me corro…


Mi Amo es duro, firme y correcto, pero desde el primer día que comenzamos a ser novios dejó bien claro que me quería feliz. No modifica mi personalidad para hundirme, modifica las partes que siempre han estropeado lo maravillosa que soy, como el escultor que golpea el mármol para crear arte, no por destruir piedra.
Mi Amo es de las personas mas equilibradas que conozco. Es cariñoso sin ser empalagoso, es duro pero sabe cuándo ser compasivo, sabe cuándo necesito llorar y cuándo reír.
Mi Amo es hombre amable, educado, no tiene ni un ápice de prepotencia, no le gusta entrar en conflicto con nadie, adora la tranquilidad y los pequeños lujos de la vida: una cerveza, un vino, una barbacoa, una mamada los jueves, que le haga cosquillitas en el brazo, morderme cuando le plazca, un "sí, Amo". No necesita verme sangrar, aprieta mi cuello lo justo para mostrarme que le pertenezco pero nunca hasta verme perder el conocimiento… Él es así, no estudia a otros Amos, le gusta atarme solo para inmovilizarme, no por estética. Quizá sea porque es práctico, tremendamente práctico, las cosas son para lo que son, le gusta lo que le gusta y con esa sencillez es feliz.


Mi Amo es un experto cargando el coche con mis cachivaches de trabajo, me lleva donde me tenga que llevar, me ayuda las horas que me tenga que ayudar, soy Suya y le gusta verme cumplir mis sueños, siempre supo cuidar muy bien de Sus cosas.
Mi Amo es un hombre normal, con el que gusta estar. Una vez un “Ama” maleducada le dijo que no tenía actitud de Amo, quizá porque no miraba por encima del hombro a todo el mundo como hacía ella. Él muy tranquilamente dijo que no le importaba lo que opinara el resto del mundo, que lo que le valía era que yo lo respetara como Amo. Le da igual cómo le perciban los demás, Él no quiere ser un Amo de cara a la galería, Su objetivo como Amo es tener una sumisa que lo respete y lo obedezca, como véis otra vez esa simplicidad, esa practicidad ¿Qué significa ser Amo? Tener una sumisa y, como diría una amiga, PUNTO.


Y claro que a veces es duro, y claro que a veces lloro, claro que a veces me usa sin piedad, pero en esos momentos de castigos difíciles en ningún momento aparece ni un pensamiento negativo hacia Él porque, en los 11 años que llevamos juntos, jamás me ha dado un sólo motivo para pensar que quería hacerme daño, todo lo contrario.


Si véis a mi Amo por la calle veréis a un joven de espalda ancha, pelo rapado y barba corta. Veréis a un hombre que no va por la vida imponiendo, que no se esfuerza en hacer que le respeten, que no busca aprobación. No os pedirá que le habléis de Usted, no os hará sentir incómodos, será educado y amable. Él es mi Amo, no el Amo del mundo. Él es una persona, no un personaje…


Es curioso, al final, con Su naturalidad se hace querer, se hace respetar...

lunes, 24 de agosto de 2015

24/7 y machismo

He leído un tweet que asociaba el 24/7 al machismo. De primeras me ofendió, pero eso en twitter es muy común, la gente opina sin fitro ni consideración. Pero este fue algo diferente, ya que, a parte de la ofensa, me pareció una asociación peligrosa, más en estos tiempos en que la sensibilidad con la violencia de género está a flor de piel. Realmente me di por aludida ya que ¿Significa que me creo una esclava y en verdad soy una mujer maltratada? Creo que desde sus orígenes el BDSM ha tratado de trazar una gran diferencia entre maltrato y él. Y si todos vemos claro, que no es lo mismo una bofetada de un marido a su mujer sin su consentimiento, a la de un Amo a su sumisa en la cama ¿Por qué no vemos que es diferente que un marido le exija a su mujer que le sirva la comida, por obligación, a que un Amo se lo ordene a su sumisa? Es exactamente lo mismo, la diferencia entre una situación y otra es la misma, solo cambia el escenario. Ahora bien, se me podría argumentar que una sumisa de sesiones, en cuanto sale de la sesión es más libre que yo, que conserva más libertad que yo. Para empezar, yo he dado pie a ello, nadie me ha obligado a ser esclava de nadie, al revés, y para continuar, que no lo entendáis no significa que esté mal. SERVIR 24 HORAS A UN HOMBRE NO ES SINÓNIMO DE MACHISMO ¿Por qué? Para que lo entendáis me iré a la definición de machismo: 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Mi Amo no se siente superior a mí por ser un hombre, se siente superior porque es mi Amo. No va por la vida diciendo que las mujeres son inferiores, no va dando órdenes a toda la que pilla. Lo que ocurre en mi casa no es machismo es BDSM.
Si queréis más ejemplos pondré algunos que forman parte de mi vida. Empezaré puntualizando, de nuevo, que mi Amo y yo fuimos pareja vainilla varios años antes de ser Amo y sumisa. En esos años no vi ni un atisbo de machismo, al revés, para Él fue difícil sacar su parte dominante porque le parecía mal verme y tratarme como inferior, hasta que que asimiló que no lo hacía por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de que era Suya y yo, LIBREMENTE, me había entregado. Entonces... ¿Se le apareció el fantasma de las navidades de 1950 y de repente se convirtió al machismo? Más bien comenzó a ser Amo, cosa completamente distinta. Y también hablaré de trabajo, creo que si mi Amo fuese un hombre machista en vez de un Amo, con el nivel de posesión que tiene sobre mí, habría muchas cosas que no me dejaría hacer, trabajar por ejemplo. Mi trabajo se basa en gran parte en la imagen y las relaciones públicas. Siempre voy arreglada, guapa e incluso sexy, no voy a negar que atraigo a algunos hombres ¿De verdad creéis que un marido machista me dejaría ir a trabajar así, o siquiera ir a trabajar? No, pero es que otra diferencia entre un hombre machista y un Amo, es que al primero le da exactamente igual que su mujer se desarrolle o no, sea feliz o no. El segundo quiere que su sumisa llegue a realizarse, llegue a ser la mejor versión de sí misma de Su mano.
Repito, mi casa no es una casa machista, tengo dos hijas y como padres, LOS DOS, no queremos educarlas así, queremos que sean mujeres fuertes, libres y alejadas lo máximo posible del machismo. Si me ven fregar los platos luego ven a su padre planchar, si yo las llevo al cole, Él las ayuda con los deberes… El 24/7 no se trata de azotar todo el día, ni siquiera se trata de que Él se mueva lo menos posible, no se trata de que esté dándome órdenes cada minuto, se trata de que cuando me da una orden la cumplo al instante, de que he de seguir una serie de protocolos, es más pedir permiso que poner prohibiciones porque sí, se trata de que noto su dominio en cada decisión que tengo que tomar, en cada pensamiento, me siento inferior ante el poder de UNA PERSONA CONCRETA, NO DE UN HOMBRE CUALQUIERA. El 24/7 es suave, cotidiano, constante y muy profundo.
En resumidas cuentas ¿Por qué someter a una sumisa en la cama no es machista y ordenarle que te traiga unos zapatos en el sofá sí? Es lo mismo, el mismo sentimiento, la misma profundidad, el mismo dominio, solo que más alargado en el tiempo. Otra cosa importante, Él me infunde respeto, pero no le tengo miedo.
Y una última observación, si el 24/7 no es BDSM sino machismo ¿Dónde metemos a los hombres, a los gays y lesbianas que también quieren vivirlo o que ya lo viven?



No hagamos asociaciones simplistas, si el 24/7 fuese machismo, mi Amo sería un maltratador y yo una mujer maltratada, y no estoy dispuesta a que, con los tiempos que corren, con lo mucho que he trabajado mi personalidad, con lo mucho que hemos trabajado nuestra relación, se nos acuse de tal cosa.