Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentimientos. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de abril de 2016

La Iglesia del BDSM

Es algo que me planteo constantemente: ¿Por qué el BDSM me da tanto coraje? ¿Por qué no puedo dejar de sentir que es una comunidad, por mucho que me repita que esa comunidad no existe? Pero es que sí existe, ya que todos hablamos como si fuese real, para bien o para mal. El BDSM es una serie de definiciones y conceptos, el BDSM es un conjunto de personas que asumen eso como real, como cierto y prácticamente inamovible. El otro día andaba indignada, a mis amigas les hace mucha gracia escucharme así, y a mi me desahoga mucho soltar uno de mis monólogos indignados. Así que les mandé un audio expresando mi malestar. Me dijeron muchas cosas, cosas que me calmaban superficialmente pero no llegaban a responder mi eterna pregunta. Una de ellas hizo una asociación entre el BDSM y la Iglesia y entonces todo encajó, al fin pude definir por qué me sentía así ante el BDSM.
Entré en un colegio religioso con 2 años y salí con 14. Salí por mi propia decisión, necesitaba hacerlo ya que empezaba a ahogarme. Uno de los motivos más importantes fue porque mi forma de entender la vida, de entender la espiritualidad, chocaba demasiado con la Iglesia y lo que allí me enseñaron. Yo tengo mi fe, creo en algo a lo que a veces llamo Universo, otras veces Vida, podría llamarlo la Diosa Madre, o Dios… da igual cómo lo nombre. Creo en una energía, algo invisible e intangible de lo que formamos parte, no es algo ajeno a nosotros, no es como una persona superior que nos crea, nos maneja o nos castiga. Pero bueno, eso es otro tema, a donde quiero llegar es que siempre he estado en conflicto con la Iglesia y no por ser atea, he chocado con la Iglesia por querer unificar un sentimiento, por querer llenarlo de ritos obligatorios para llegar a esa espiritualidad. Entiendo a las personas a las que esos ritos las acercan a ese sentimiento, ya sea rezando un rosario, como orando en la iglesia… pero lo que me da coraje es que haya la sensación de que sin la Iglesia ese sentimiento espiritual no existe o no puede ser vivido y alcanzado. Es como si quisieran unificar esa espiritualidad que cada uno siente de su manera, en una sola forma de vivirlo, de verlo, y encima añadir dogmas, prohibiciones, castigos… frases del tipo “Eres bueno porque vas a misa””Eres malo porque has tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio” pero qué tonterías son esas, que yo sepa los humanos nacimos desnudos, sin ritos ni dogmas, los humanos nacimos animales e instintivos, y una cosa es evolucionar y otra muy distinta dejarnos controlar por interpretaciones absurdas de hombres y perder con ello nuestra naturalidad. Cuando era niña y le decía a las monjas mis conflictos con la Iglesia y mi fe, les hacía preguntas “tontas” que no me terminaban de cuadrar del tipo: "Si existe el infierno y las personas que no son buenas y no siguen las normas que, según la Iglesia, dictó Dios “el único y verdadero” ¿Todos los hombres y mujeres de la prehistoria están allí por no haberse casado pero sí haber tenido hijos?” Ay, qué tiempos aquellos, las volvía locas y sus caras eran un cuadro, pobres…


Pero volviendo al tema que nos ocupa, me he dado cuenta de que el BDSM me provoca la misma sensación que la Iglesia, intenta hacer tangible lo intangible. Intenta definir un sentimiento abstracto, intenta atraparlo en prácticas y dogmas, en normas y prohibiciones… intenta monopolizar sentimientos parecidos pero a la vez muy distintos. Al igual que pasa con la espiritualidad, la entrega se puede alcanzar de mil maneras distintas, aguantando el dolor de los azotes, de las agujas, callándote cuando te lo ordenan, obedeciendo sin chistar, siendo un apoyo incondicional, dejando que te sodomicen… da igual, es un sentimiento, algo que no se ve y que cada uno lleva a su manera, las prácticas ayudan a hacerlo más presente e intenso en algunas ocasiones, pero sin ellas sigue existiendo.
Me habréis oído decir muchas veces que no formo parte del BDSM y muchas personas me han insistido en lo contrario, pero ahora tengo más claro que nunca que por estar dominada y vivir una D/s, por querer entregarme, no formo parte del BDSM, no con lo lleno de normas, rituales “obligatorios”, definiciones, patrones y clichés que hay en él, de la misma manera que creer en Dios no te hace automáticamente miembro de la Iglesia.
Voy a seguir viviendo mi espiritualidad a mi manera y usaré palabras como Universo, Dios, Vida, Fe… cuando sea necesario, pero por mera comunicación, al igual que usaré D/s, Amo, sumisa, esclava… Y es que al final siempre llego a la misma conclusión: no sé hasta qué punto las palabras fueron evolución, sólo consiguen encasillarnos y delimitar lo que no debe ser limitado, intentan unificar algo tan subjetivo como son los sentimientos. Las palabras son el verdadero problema de comunicación entre personas. Pero voy a ser justa, no atribuiré a las pobres palabras la culpa de la manía humana de intentar atrapar todo con ellas, de controlarlo todo, aún sabiendo que pierde muchos matices y sensaciones increíbles con ello.

lunes, 31 de agosto de 2015

Mamá, soy sumisa

Ya os he contado muchas veces que con mi madre tengo una relación muy especial, os hablé de ella en este post. Ha sido siempre la persona que me entiende, la que me da los mejores consejos y a quién me apetece llamar cuando me pasa cualquier cosa, buena o mala. Cuando comencé a vivir todo esto la eché mucho de menos, me enfrentaba a conflictos internos que sabía que sólo ella podría calmar, pero era incapaz de contárselo. Así que pasaron los años y fui acostumbrándome a vivir ciertas cosas sin ella, y me sentía realmente mal, como si la apartara de mi vida, de lo que soy. Ella nunca me ha rechazado por nada, cuando me quedé embarazada de mi primera hija, lo primero que hicimos fue contárselo a ella, yo era muy joven y tenía asumido que mi madre reaccionaría como se espera en esos casos, llevándose las manos a la cabeza. Pero ella se quedó quieta, delante de mí, y lo primero que me preguntó con una enorme sonrisa fue: “¿Pero por qué lloras, tonta?” Me montó en el coche, me llevó al hospital para asegurarnos que todo estaba bien y por el camino me quitó todos los miedos a base de ilusiones “¿Qué nombre le pondrás? - Nacerá para el verano, la mejor época para sacarla de paseo – Es normal que él esté asustado, pero seguro que será un gran padre – Que sepas que por lo menos la cuna es cosa mía - Seguro que será un bebé precioso…” Este es un ejemplo de por qué me dolía ocultárselo, si ella siempre me ha aceptado sin juzgarme.
Un día yo estaba muy triste, ella me preguntó que qué me pasaba y yo le dije que no podía decírselo, que no lo entendería. Traté de explicarle con metáforas pero fue peor, me miró muy seria y me dijo: ”Yo sé lo que te pasa, eres ninfómana ¿Verdad? Creo que lo has heredado de tu padre y no pasa nada” Me quedé a cuadros y me dio por reír “No, mamá, no soy ninfómana” Así que decidí decírselo. Es muy difícil transmitir lo que eres en dos palabras que ni siquiera te gustan, pero hay que resumirlo de alguna manera: “Soy sumisa” se quedó igual “No pasa nada, yo antes también era muy sumisa, y por eso he trabajado todo este tiempo para saber qué quiero y no decir que sí a todo…” no lo había entendido, el error de esa palabra es que también corresponde a una característica personal negativa. El problema vino cuando me di cuenta de que ni siquiera había oído hablar del tema, cuando tuve que explicarle lo que es ser sumisa, lo que es el BDSM, lo que implica… Al terminar me hizo la pregunta que sabía iba a hacer: “¿Crees que yo he hecho algo mal como madre, crees que eres así por algún error mío?” No, no se lo toméis a mal, no era en plan ¡¿Dios mío en qué me he equivocado!? Siempre se ha esforzado mucho en ser buena madre, le ha dado mil vueltas a las cosas por hacer lo mejor para mí, para convertirme en la mejor persona posible, esa pregunta es la misma que yo me hacía ¿Cuál es el origen de todo esto? Le expliqué tranquilamente que ella no tenía nada que ver, que esto no era una condición derivada de nada, y si lo es da igual, yo soy feliz así, no hay que darle más vueltas, le dije que cambiara la palabra sumisa por lesbiana ¿Crees que eso sería consecuencia de algo? “No, creo que es algo que eres y punto” Pues igual, mamá. A partir de ahí todo ha sido aceptación. Puedo hablar con ella con normalidad, evitando decir mi marido me azota o me abofetea, son términos que no veo necesario utilizar, más que nada porque ella lo admira y lo quiere como a un hijo, y no querría que eso se enturbiara. Con ella puedo hablar de la parte más profunda de todo esto, que es lo que necesito.

lunes, 24 de agosto de 2015

24/7 y machismo

He leído un tweet que asociaba el 24/7 al machismo. De primeras me ofendió, pero eso en twitter es muy común, la gente opina sin fitro ni consideración. Pero este fue algo diferente, ya que, a parte de la ofensa, me pareció una asociación peligrosa, más en estos tiempos en que la sensibilidad con la violencia de género está a flor de piel. Realmente me di por aludida ya que ¿Significa que me creo una esclava y en verdad soy una mujer maltratada? Creo que desde sus orígenes el BDSM ha tratado de trazar una gran diferencia entre maltrato y él. Y si todos vemos claro, que no es lo mismo una bofetada de un marido a su mujer sin su consentimiento, a la de un Amo a su sumisa en la cama ¿Por qué no vemos que es diferente que un marido le exija a su mujer que le sirva la comida, por obligación, a que un Amo se lo ordene a su sumisa? Es exactamente lo mismo, la diferencia entre una situación y otra es la misma, solo cambia el escenario. Ahora bien, se me podría argumentar que una sumisa de sesiones, en cuanto sale de la sesión es más libre que yo, que conserva más libertad que yo. Para empezar, yo he dado pie a ello, nadie me ha obligado a ser esclava de nadie, al revés, y para continuar, que no lo entendáis no significa que esté mal. SERVIR 24 HORAS A UN HOMBRE NO ES SINÓNIMO DE MACHISMO ¿Por qué? Para que lo entendáis me iré a la definición de machismo: 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Mi Amo no se siente superior a mí por ser un hombre, se siente superior porque es mi Amo. No va por la vida diciendo que las mujeres son inferiores, no va dando órdenes a toda la que pilla. Lo que ocurre en mi casa no es machismo es BDSM.
Si queréis más ejemplos pondré algunos que forman parte de mi vida. Empezaré puntualizando, de nuevo, que mi Amo y yo fuimos pareja vainilla varios años antes de ser Amo y sumisa. En esos años no vi ni un atisbo de machismo, al revés, para Él fue difícil sacar su parte dominante porque le parecía mal verme y tratarme como inferior, hasta que que asimiló que no lo hacía por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de que era Suya y yo, LIBREMENTE, me había entregado. Entonces... ¿Se le apareció el fantasma de las navidades de 1950 y de repente se convirtió al machismo? Más bien comenzó a ser Amo, cosa completamente distinta. Y también hablaré de trabajo, creo que si mi Amo fuese un hombre machista en vez de un Amo, con el nivel de posesión que tiene sobre mí, habría muchas cosas que no me dejaría hacer, trabajar por ejemplo. Mi trabajo se basa en gran parte en la imagen y las relaciones públicas. Siempre voy arreglada, guapa e incluso sexy, no voy a negar que atraigo a algunos hombres ¿De verdad creéis que un marido machista me dejaría ir a trabajar así, o siquiera ir a trabajar? No, pero es que otra diferencia entre un hombre machista y un Amo, es que al primero le da exactamente igual que su mujer se desarrolle o no, sea feliz o no. El segundo quiere que su sumisa llegue a realizarse, llegue a ser la mejor versión de sí misma de Su mano.
Repito, mi casa no es una casa machista, tengo dos hijas y como padres, LOS DOS, no queremos educarlas así, queremos que sean mujeres fuertes, libres y alejadas lo máximo posible del machismo. Si me ven fregar los platos luego ven a su padre planchar, si yo las llevo al cole, Él las ayuda con los deberes… El 24/7 no se trata de azotar todo el día, ni siquiera se trata de que Él se mueva lo menos posible, no se trata de que esté dándome órdenes cada minuto, se trata de que cuando me da una orden la cumplo al instante, de que he de seguir una serie de protocolos, es más pedir permiso que poner prohibiciones porque sí, se trata de que noto su dominio en cada decisión que tengo que tomar, en cada pensamiento, me siento inferior ante el poder de UNA PERSONA CONCRETA, NO DE UN HOMBRE CUALQUIERA. El 24/7 es suave, cotidiano, constante y muy profundo.
En resumidas cuentas ¿Por qué someter a una sumisa en la cama no es machista y ordenarle que te traiga unos zapatos en el sofá sí? Es lo mismo, el mismo sentimiento, la misma profundidad, el mismo dominio, solo que más alargado en el tiempo. Otra cosa importante, Él me infunde respeto, pero no le tengo miedo.
Y una última observación, si el 24/7 no es BDSM sino machismo ¿Dónde metemos a los hombres, a los gays y lesbianas que también quieren vivirlo o que ya lo viven?



No hagamos asociaciones simplistas, si el 24/7 fuese machismo, mi Amo sería un maltratador y yo una mujer maltratada, y no estoy dispuesta a que, con los tiempos que corren, con lo mucho que he trabajado mi personalidad, con lo mucho que hemos trabajado nuestra relación, se nos acuse de tal cosa.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (2ªParte)

A la noche siguiente de recibir el castigo (post 1ªparte) nos pusimos a ver una serie como hacemos muchas veces, pero esta vez le bajé las pinzas y el Hitachi. No sé por qué lo hice, me gusta que la iniciativa sea Suya, no me parece de "señorita digna" ofrecérselo yo pero, como os dije, quería cambiar, quería conocerme a fondo, aceptarme de verdad. Sonrió al ver los elementos, me colocó las pinzas de madera alrededor de los pezones y nos pusimos a ver la serie abrazados. De vez en cuando me las movía y acariciaba para torturarme un poco más. Terminó la serie y me puso de rodillas en el sofá, con las manos atrás y los ojos cerrados. Estaba completamente encogida con los hombros en tensión, esperando el primer manotazo. Llegó y fue horrible, como esperaba. Pero entonces pensé que quizá ahí estaba el problema, estaba aceptando que el dolor no me gustaría, que el dolor es una sensación espantosa y fea, pero… ¿Y si me relajaba e intentaba sentirlo en vez de tenerle miedo? Relajé los hombros, respiré profundo y me dispuse a sentir el dolor como sensación, sin esperar nada bueno o malo, solo sentirlo. El dolor llegó, pero esa resistencia mental ya no estaba, e incluso sentí cómo me excitaba. En todo este tiempo mi Amo me tocaba al azotarme y me preguntaba que si no me gustaba por qué me mojaba tanto. Yo realmente no lo entendía, no había sentido nada de placer, pero ahora creo que estaba tan centrada en la mente, en los pensamientos, en racionalizar el dolor, en repetir tanto que no me gustaba que estaba ignorando las señales de mi cuerpo. Así que lo sentí. Las pinzas fueron cayendo y fui entrando en una vorágine mental, una ensoñación. Lloraba, pero no de dolor o súplica, era desahogo. Cogió el Hitachi y lo pasó por mis pezones doloridos y sensibles. Me abofeteaba mientras tenía los ojos cerrados, al principio me encogía pero, igual que con las pinzas, me dejé llevar. Eran sólo bofetadas, nada podía pasarme, Él me quiere y no me pondría en peligro. El miedo fue desapareciendo, me tumbó, presionó mi cuello mientras me aplicaba la vibración en el clítoris. Alternaba bofetadas, ahogo, pellizcos… unos pensamientos distintos me vinieron esta vez. Me repetía a mí misma que era una guarra, que mirara lo que me dejaba hacer por un orgasmo, que mirara lo que me dejaba hacer por un hombre, que nadie me había forzado a estar ahí, que yo solita lo había escogido. Creo que todo este tiempo he fantaseado tanto con que acababa sometida a la fuerza porque no había aceptado del todo que yo me sometía por mi propia voluntad. Me he dado cuenta de que desde niña he utilizado mis fantasías para no ver la realidad, supongo que para mi mente infantil era difícil sentir todo aquello, así que desarrollé una especie de mecanismo mental, una forma de vivir lo que quería sin afrontar que era por mi propio deseo. Ese día, mientras mi Amo me hacía todo aquello, conseguí relajarme, conseguí desactivar ese mecanismo y aceptar que no me compró en ningún sitio, que nadie me ha secuestrado y forzado a ser así, por primera vez en mi vida acepté realmente que me someto voluntariamente, que yo solita me entregué a un hombre.
Lo miraba, estaba tan guapo ahogándome, lo veía disfrutar de las bofetadas, y me repetía a mí misma que me gustaba ser el motivo de esa cara y que además no sufría por ello, sino que me encantaba. Me apretó el cuello y el hitachi y, mientras pensaba en lo que era capaz de hacer por sentir, me corrí como nunca me he corrido, sin contención, lento e intenso, sin apretar ningún músculo de mi cuerpo, noté un líquido caliente saliendo de mí, chorreando, me había hecho pis o no sé qué leches había hecho, pero era la primera vez en la vida que me pasaba. Cuando terminé un llanto sentido se apoderó de mí, Él me cogió y me abrazó: “Tranquila, estoy aquí, contigo”. Lloré un rato, lloré por haber sido mi propia enemiga, por haber vivido toda la vida bajo el yugo del miedo, del “es mejor contenerse que sufrir”, he vivido reprimida creyendo que no lo estaba.
Por otro lado, he establecido una nueva relación con el dolor, no es que de repente me guste, simplemente he conseguido que mi mente lo acepte un poco más. Antes estaba predispuesta a aguantar esa sensación, ahora lo acepto como un sacrificio por Él, es algo que forma parte de estar sometida, que es lo que me excita. Por ello, cuanto mayor sea el sacrificio, la sensación de estar sometida es mayor y mayor la excitación. Aunque no cantaré victoria aún, de los azotes no he conseguido obtener placer todavía…


Como ya me pasó a principios de año y que os conté en este post, mi visión del mundo se ha abierto un poquito más y todo gracias a Él, a que no se ha rendido nunca conmigo, a que es capaz de ser paciente y severo, a que me dice las cosas como son, a que hace lo posible por verme feliz, aunque duela.
Llevo toda la vida sabiendo lo que soy, llevamos 7 años como pareja D/s, pero me queda mucho que aprender, y sobretodo, muchas barreras mentales que destruir. Estoy muy ilusionada, creo que al fin he cogido el camino adecuado para dejarme llevar y dejarme disfrutar.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (1ª parte)

Para empezar diré que hay veces que me he sentido un fraude como esclava. Creo en el equilibrio, creo que sin él nada funciona. En mi caso la emoción y el físico no están equilibrados. Emocionalmente soy fuerte, o al menos me es más fácil avanzar, no me menosprecio, sé que eso es difícil, pero a mí me atormenta ya que sé que ese es mi punto fuerte, qué merito tengo si sólo avanzo en lo que me es sencillo… Me habréis escuchado muchas veces decir que no soy masoquista, que sufro mucho con el dolor, pero no es eso, es que no lo asumo bien, lo rechazo, no lo quiero en mi cuerpo. Es cierto que en estos años he avanzado en este aspecto, Él me ha ido entrenando, ahora mi tolerancia al dolor es más alta. Esto es otra cosa que me parece curiosa, desde pequeña los médicos me han dicho que tengo una tolerancia a dolor muy alta, con 7 años me rompí la tibia y el peroné, yo estaba empeñada en que no era nada, para demostrarles a mis padres que solo era hinchazón por el golpe fui andando al baño apoyando los dos pies, pasé una noche con los dos huesos completamente fracturados, al día siguiente me llevaron al hospital, me los había encajado. Dos médicos tuvieron que agarrarme, uno de los hombros y otro del pie para tirar y volver a ponerlos en su sitio. Me advirtieron que dolería mucho, que podía gritar, que hasta los adultos lo hacían e incluso se desmayaban. Tiraron, apreté un poco lo labios y nada más. Claro que dolió, pero no me pareció suficiente como para gritar. Ejemplos como ese tengo varios, una matrona me dijo que siempre se acordará de mí por lo bien que llevé las contracciones del parto. Esto me torturaba, por qué si mi tolerancia en general es tan alta, me dan cuatro azotes y ya no puedo más, por qué ese dolor no lo asimilo igual, por qué no lo quiero.
El lunes volvimos de nuestra escapada a Madrid, siempre que voy vuelvo llorando, lo paso tan bien allí que me duele separarme de todo lo que esa ciudad significa para mí. Mi Amo conducía y me preguntaba que en qué pensaba, yo se lo decía, a pesar de saber lo mucho que se iba a enfadar. No por la pena de irme de Madrid, sino porque hace mucho que un pensamiento me atormenta, un pensamiento que lo estropea todo. Le dije que otra vez tenía ese pensamiento, lo noté en Su gesto y Su tono, si hubiera podido, hubiera parado el coche en mitad de la autovía y me hubiera reventado. Lo único que me dijo fue: “Eres una puta caprichosa, estoy harto de esa parte de ti. Pero no te preocupes que te voy a ayudar a que desaparezca, verás como esa Ángela caprichosa echa a correr y no vuelve más” temblé y me alivié. Toda la vida he notado esa dualidad en mí, una Ángela madura, razonable, feliz y consecuente y otra Ángela superficial, caprichosa, inconformista y exigente. Llevo 28 años luchando contra ella, le llevo mucho ganado, pero ya hay restos que no puedo, lo intento, pero sola no puedo, ya conoce mis métodos y es resistente a ellos. Pasamos el resto del viaje en silencio, 400 km dándole vueltas, notando Su decepción, notando Su enfado, fue el peor viaje de mi vida. Llegamos a casa de noche, descargamos el coche y subimos al dormitorio. Desnuda me ató manos y pies, me inmovilizó con el culo bien expuesto, me puso la mordaza. Sabía lo que me esperaba, sabía que cogería la rama y azotaría fuerte. El primer golpe llegó, la rama tiene varios nuditos que abren herida a la primera, es un dolor continuo, no es como el escozor de la fusta que se disipa un poco antes del siguiente golpe, la rama solo suma golpes y dolor. Otra vez ese pensamiento en mi cabeza “No quiero esto”, pero ¿Por qué sigo aquí entonces?, una parte profunda de mí pedía más castigo, quería que acallara a esa voz que pide sometimiento pero que solo quiere la parte bonita. Y sí, es que así soy en la vida, veo lo que quiero, aquello que me haría feliz, pero cuando la cosa se pone un poco dura quiero abandonar, solo quiero la parte fácil. Necesitaba sufrir y aguantar. De repente paró “Te voy a dar un descansito” me dio miedo, lo conozco bien, estaba demasiado enfadado para mostrar esa compasión repentina ¿Qué tendría pensado? Me soltó los pies, me enganchó la correa al collar y me llevó al jardín. Me ató a la columna, me tapó los ojos y me dejó sola, a oscuras, con la mordaza y las manos atadas. Al principio no me pareció nada muy malo, hacía una temperatura agradable, el silencio me calmaba, me pareció cien veces mejor que la rama. Pero los minutos pasaron, la mente comenzó a torturarme, los sonidos empezaron a no ser tan amigables, le daba una y mil vueltas a todo: ¿Por qué soy así?¿Qué me pasa?¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?¿Por qué no puedo controlar esa parte caprichosa?... El estómago se me revolvió, no quería estar más allí, no quería escuchar más a mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció una eternidad. De repente Su voz en mi oído, no había oído pasos ni ruido, Él había estado allí todo el rato, aunque yo me había creído sola. Me pareció una metáfora de la confianza preciosa, aunque yo no la había superado. Algunos de mis pensamientos eran de indefensión y abandono, ¿Qué pasaría si me pasa algo?¿Y si la saliva se me va por otro lado y me ahogo?¿Cómo me podría soltar para quitarme la mordaza?... No confié en que Él estaba controlando la situación, me sentí la peor esclava, sumisa, esposa, o lo que sea que soy, del mundo. Al oído me propuso una elección, una hora más allí o 10 azotes con la rama, pero azotes mucho más fuertes de lo que me los había dado hasta ahora. Aunque me pregunté que si los “más suaves” eran una tortura cómo serían estos, no dudé ni un segundo, no quería seguir allí, no quería pensar más, estoy harta de darle vueltas a todo, me sirve hasta cierto punto, pero hay cosas que necesitan terapias más contundentes. Me subió a la cama de nuevo, no me ató “Si en algún momento te arrepientes, me lo dices, paro y te llevo de nuevo a la columna”. El primer azote me cortó el alma, era un dolor horrible. Al segundo en mi interior rogaba clemencia, quería que se apiadara de mí y no me diera los 8 restantes, al tercero en mi interior suplicaba que no se apiadara, sabía que si lo hacía esa Ángela caprichosa no se iría, al revés, tomaría más fuerza. Al cuarto dejé de pensar, sólo lloraba y respiraba. Al décimo estaba exhausta, dolorida y muy agradecida. Me abrazó “No me gusta azotarte así ¿Crees que no me daban ganas de parar al ver las heridas que te hacía?¿Qué no me duele verte llorar así? Esto es duro también para mí, pero sé que lo necesitas”
En ese momento una necesidad de cambio se instauró en mí, Él me había hecho ver de nuevo mis debilidades y lo importante que es cambiarlas, no por Él sino por mí. Pienso en otras sumisas y esclavas y las veo vivir esto intensamente, dejándose llevar, y no es que yo no lo haga, pero aún hay, bueno, había una parte de mí, que no cedía el control del todo, no confiaba ciegamente.


Y este fue el preámbulo de un nuevo descubrimiento, de un nuevo pequeño gran paso. Esto fue lo que hizo que al día siguiente aceptara algo que soy pero que sin darme cuenta llevo toda la vida rechazando...

viernes, 24 de julio de 2015

24/7

Miro atrás, me veo con 7 años imaginándome de mayor, deseando sentir todo aquello que no entendía. Me veo ya con 10 años fantaseando antes de dormir, los príncipes no eran para mí, yo quería hombres malos que me esclavizaran, que me retuvieran para obedecerles, para dar rienda suelta a sus fantasías perversas. Con 14 años encerrada en el baño, tocándome, pellizcándome, rezando para que el hombre de mis fantasías abriera la puerta y me dominara. Miro atrás y veo que siempre quise pertenecer cada segundo de mi vida, y aunque ahora tengo eso, aunque ahora vivo aquello que siempre deseé no ha sido fácil, ni lo es.
El 24/7 me ha dado llanto y angustia, puede que ahora sea mi felicidad, pero sigue atormentándome, condiciona muchos de mis pensamientos, condiciona muchas de mis sensaciones y muchas de mis decisiones. He llorado mucho por desearlo y lloro mucho por el miedo que me da a que no sea real, a que todo sea producto de mi mente fantasiosa.
Llevo toda la vida en 24/7, aunque fuesen Amos inventados, estaban presentes en cada uno de mis pensamientos, no sé ser de otra manera. El 24/7 no es algo nuevo, es algo que traigo aprendido no sé de dónde.
Y me he sentido rara, muy rara, me he sentido enferma, loca… y aún no tengo muy claro que realmente no tenga un problema mental, no por ser sumisa, no me malentendáis, sino por esa fantasía que inunda mi mente, por esa habilidad de ver el mundo a través del prisma de mis sueños. ¿Y si creo que se hacen realidad y no es más que una imaginación?¿Y si es producto de mi mente? A ver, las cosas son como son, pero y si esa felicidad que siento es un aliño fantasioso de la realidad.



El 24/7 para mí ha sido anhelar y desear dolores y tormentos que ahora no puedo soportar, es desear que Él sea un sádico a pesar de yo no ser masoquista, es violar todas las leyes de la igualdad y la razón. Es luchar por ser una esclava, por sentir lo que te dicen que no se debe sentir. Es hacer sacrificios por otra persona, renunciar a momentos tuyos, a vivencias, es tener que morderte la lengua en más de una ocasión. Me he sentido un bicho raro, un monstruo, una loca, pero sabía que sin eso no podía vivir, que renunciar a esa parte de mí sólo me traería problemas.
Sé que hoy es el 24/7 que es un día en el que celebrar que lo vivo, que tendría que decir sólo cosas buenas, y es cierto que el 24/7 tiene una parte maravillosa, pero de ella ya os he hablado, esa parte ya la conocéis y seguro que la imagináis, es una parte que lo compensa todo, pero hoy quiero enseñaros que también me ha hecho y me hace sufrir, que tiene una parte dura y difícil, que no es un cuento de hadas y azotes. Hay que estar muy seguro de que es lo tuyo, muy seguro de que quieres formar parte de ello, muy seguro de que eso te hará feliz.


Sé que son divagaciones, pero soy así. Las bofetadas de realidad son las que más daño me hacen, un daño profundo que hace temblar los cimientos de todo en lo que creo. Y es que mi historia es tan bonita que me atormenta.
No sé que es el 24/7 para otros, para mí son unos números que odio y amo a partes iguales, unos números que forman parte de mí, que llevo en cada recuerdo de mi infancia, en cada poro de la piel, en cada lágrima y cada gemido, son unos números que le dan sentido a todo, pero que, a veces, también lo enturbian todo.
El 24/7 es un amasijo de anhelos, deseos, orgasmos, locuras, pensamientos, necesidades, lágrimas, es un amasijo de carne, huesos y sangre que lleva mi nombre.

miércoles, 22 de julio de 2015

Las diferencias

Leyendo este post del blog Mariposas de chocolate, me sentí tremendamente identificada, ya había hablado con una lectora sobre spank y BDSM y yo defendía justo eso, que no es lo mismo, pueden tener rasgos similares pero no es lo mismo. Esta lectora es spankee y sin embargo nos entendemos tremendamente bien, tenemos sentimientos parecidos, y ella se siente identificada con mucho de lo que escribo, pero lo canalizamos de manera distinta, ella con el spank y yo con el 24/7. Marcar una diferencia se tiende a entender como algo negativo, en mi blog defiendo el 24/7 porque es lo que yo vivo, no sé hablar desde otra perspectiva porque no la siento, eso no hace que lo que yo digo sea mejor o peor que nada, simplemente es mi sentir. Dicho esto, cuando leí el post sentí la necesidad de marcar mis diferencias, llevo ya un tiempo dándole vueltas a las diferentes formas de vivir el BDSM y en algún post ya he hablado un poco de esto, pero me apetece dedicar una entrada a este tema.
Yo soy Suya, sin roles ni títulos, le pertenezco entera y acato cualquier decisión que Él tome. Creo que el 24/7 es un BDSM sin roles, eso es lo que nos diferencia de otras formas de vivirlo, para mí es indispensable integrar ese sentimiento a mi vida, necesito saber que no soy una sumisa, sino que soy Ángela, que pertenezco, no a un Amo, sino a Él, necesito esa normalidad, no quiero ser sumisa de sesiones, de hecho las sesiones no es lo que más me gusta. Vuelvo a hacer hincapié que esto no es una defensa del 24/7, no digo que mi forma sea la mejor, probablemente sea la más alejada de lo que es correcto, quizá sea la menos sana, no son pocas las veces que, como ya sabéis, pienso que estoy loca, pero por suerte o por desgracia es la única que me vale.
Os pondré un ejemplo: por mi forma de ser, por mi físico y mi cara a veces los hombres me ven como una niña, mi Amo muchas veces me trata como tal, eso podría hacer que parezca que nuestra relación es un poco daddy/littlegirl, pero no. Una cosa es tener esos roles, y otra que por protocolos o comportamientos se reproduzcan escenas similares. Voy a explicarme: a veces soy una caprichosa, me enfurruño como las niñas, fruto quizá de ser hija única sobreprotegida, mi Amo me regaña y castiga por ese comportamiento, me dice que soy una niña pequeña y que tiene que estar encima de mí… esa escena puede identificarse con esos roles, pero no los somos, el no es mi Daddy ni yo su Littlegirl, cuando actúo como una niña es porque realmente de manera natural me sale, no es algo que controle, no estoy provocándolo. No sé si entendéis el matiz del que hablo, necesito sentir que cada paso que doy en la vida es real, aunque le perteneciera de la misma manera, si lo llamara Daddy perdería realismo para mí, porque realmente no es mi Daddy. Y si lo llamo Amo no es desde cómo se entiende en BDSM, lo llamo Amo como las esclavas en la antigüedad llamaban a sus dueños, porque así es como lo siento, como mi dueño. Repito una vez más que esto no es una crítica, todo lo contrario, cuando veo a los que practican el Dd/lg me dan envidia, reproducen escenas que me excitan muchísimo, que me gustaría poder vivir, pero que a la hora de la verdad no me satisfacen, me dan un sentimiento de amargura porque no son reales. Cuando era pequeña una de las cosas que imaginaba era que alguien me secuestraba y me trataba como a una niña pequeña, con pañales, biberones y demás. Imaginad mi frustración cuando ahora que podría vivirlo no me excita porque no es verdad, Él no quiere que yo sea su bebé ni yo que me trate así, por lo que no me gusta hacerlo ni siquiera un ratito. Esa parte de mí es una cruz, para que algo me guste tiene que tener un trasfondo, y hasta no hace mucho me torturaba pensar que todo esto no fuese real, que quizá Él no quisiera dominarme realmente, que lo hiciera por darme el gusto pero que en verdad Él podía vivir sin ser mi Amo. Ese miedo me atormentaba, pensar que algún día descubriera que Él no quería ser dominante sería para mí mucho peor que cualquier mentira o infidelidad, prefiero descubrir que se ha acostado con 20 mujeres sin decírmelo.
En definitiva, creo que tendemos a generalizar al hablar de BDSM, de Amos y sumisas, creo que estamos llenos de diferencias y que eso enriquece, para empezar creo que marcando esas diferencias evitaríamos que muchos y muchas se sintiesen mal, ya que, sobretodo al principio, ves a otras sumisas o a otros Amos que hacen o dicen ciertas cosas y tú no te identificas con ellos, y automáticamente piensas que quizá tú no valgas. Es como si alguna sumisa me lee y cree que para ser buena sumisa tiene que entregarse como yo, pero ella quiere mantener su parcela de autonomía, a ella yo le diría que es tan sumisa como se sienta, que seamos distintas no hace a una mejor que otra. Y con los Amos pasa exactamente igual, y confieso que yo era de las que generalizaba sin querer a los Amos, creía que todos tenían los mismos gustos, inquietudes y actitudes, pero ya he comprendido que cada uno tiene su personalidad y sus diferencias.
Por otro lado se hablaba el otro día de la “imagen adecuada” que hay que tener en BDSM, algunos decían que se habían sentido rechazados. En mi caso, cuando descubrí la comunidad, también tenía miedo de que me ocurriera, ya que mi estética no encajaba con la imagen que tenía de las personas que formaban parte de esa comunidad. Imaginaba a personas oscuras, vestidas de cuero, llenos de hebillas y cadenas… yo soy muy coqueta, no me gusta el cuero y el negro lo uso en contadas ocasiones. Me gustan las cosas cuquis, de hecho mi trabajo va de eso, y soy un poco tonta hablando. Creí que esto sería un problema cuando me relacionara con esas personas, pero mi sorpresa fue cuando comencé a conocer gente y eso que yo creí tan importante, nadie le dio importancia, nos aceptaron sin problemas, y también descubrí que no todos eran como yo imaginé. Cada persona era de una manera, con un estilo distinto, el estilo con el que personalmente se siente más identificado. Juzgar a alguien por ese estilo me parece una auténtica chorrada, eso sí que es obviar que todos somos diferentes.
En definitiva cada uno vivimos el BDSM de una manera, e incluso aquellos que compartimos forma de vivirlo somos diferentes, ya que como personas lo somos. No juzguemos, es mejor escuchar las opiniones y vivencias de todos, eso nos hará aprender, nos hará crecer. Siempre me he quejado de que no encajaba en ningún grupo, demasiado hippie para los pijos, demasiado pija para los hippies, demasiado perversa para las niñas buenas, demasiado cuqui para el BDSM… ahora soy consciente de que nos empeñamos en encajar perfectamente con un grupo, sin darnos cuenta que no hay que mimetizarse con él, hay que vivir a nuestra manera, tu vida es en lo único que te tiene que importar encajar.

miércoles, 15 de julio de 2015

Amor, entrega y pertenencia

Empezaré este post haciendo una aclaración que no me cansaré de repetir, mis conclusiones no son sentencias, no soy parte de esa comunidad que establece dogmas, de hecho, empiezo a creer que esa comunidad que tanto me asusta que me juzgue no existe. Habrá personas que lo hagan, pero no un conjunto organizado y leyista que me sentencie como “no válida”. Si yo digo que mi Amo no es mío, es porque mi mente así lo ha procesado y concluido, es mi mecanismo de entender la vida. Puede que haga reflexionar a otras, o que las haga sentir afines a esa conclusión, pero no creo que un Amo que así no lo vea sea menos Amo, en este post ya aclaré mi posición al respecto. Dicho esto empezaré a desglosar una serie de sentimientos que he definido en mi mente para entender mejor mi situación y sentimientos. Esto me surge a raíz de la frase "Tu Amo no es tuyo" que ya expliqué en este post, pero que ha generado cierto debate y me ha apetecido aclarar un poco más.
Cuando siento algo lo primero que pienso es que es algo complejo, algo que no sé si llegaré a entender, soy tremendamente analítica y conceptual, es decir, analizo mucho un tema hasta reducirlo a una conclusión sencilla y muy resumida. Es por ello que sentimientos complejos los acabo expresando en metáforas tremendamente tontas. Es mi forma de pensamiento, qué le voy a hacer. Así analizo mi vida con mi Amo, todos los sentimientos que se remueven en mi interior, y así os contaré mis conclusiones.


Para mí ha sido primordial romper esquemas en cuanto a conceptos establecidos. Sobretodo en el amor. El amor es un concepto tremendamente trillado y violado. Se ha llegado a mezclar con tantas cosas que hoy en día se reniega mucho de él, y lo entiendo. Lo mezclamos con la entrega, con el romanticismo, con la exclusividad, con la fidelidad, con la obligación, con el fracaso, con el conformismo… El amor es mucho más sencillo que eso, despojemos al amor de todo eso y solo nos quedará un sentimiento precioso, pero que no podemos controlar. Querer que una persona nos ame sólo a nosotros es imposible, y mucho menos obligarlo a que nos quiera para siempre. Podremos “obligarlo” a que aguante a nuestro lado aunque ese sentimiento ya no exista, pero no a que nos ame. El amor es un sentimiento libre. Quiero a mis hijas, pero sería una barbaridad prohibirles que algún día quieran a otra persona y se vayan de mi lado, sería una barbaridad enfadarme porque quieran también a su abuela o a su padre. El amor es un sentimiento libre e inmenso. Está claro que según con qué personas lo mostramos de una manera u otra, pero eso ya son otros complementos, digamos que el amor es una base simple a la que le añadimos otros sentimientos o actitudes. Yo quiero a mis hijas, y a eso le añado el sentimiento de protección, el juego, la educación, los mimos… a una pareja la quieres, y a eso le añades el sexo, la fidelidad, la amistad, la confianza, la exclusividad o la no exclusividad, el D/s… cualquier complemento que una persona pueda desear. En este sentido, conclusión aplicada a mi situación: que mi Amo y yo nos amemos no implica que yo sea Suya, ni que Él sea mío.


La entrega, esa palabra que tanto se repite en BDSM. Para mí la entrega es el empeño, es el dar todo de ti. Creo que no es una palabra exclusiva a la parte sumisa sino también a la dominante. Esto no es ninguna novedad, en todos estos años lo he leído y escuchado mucho. Un Amo también tiene que mostrar ese interés por su sumisa, debe estar involucrado en la relación, debe tener el empeño y la constancia que requiere una relación de este tipo. Pero la entrega no es algo exclusivo del BDSM, al igual que el amor, yo puedo estar entregada en muchos aspectos de mi vida, puedo estar entregada como madre, como hija, en mi trabajo, e incluso como esposa sin que conlleve ser sumisa. De hecho, creo que la entrega es lo que diferencia a las personas, lo que las hace especiales. Mi forma de ser hace que me entregue al 100% en cada paso que doy en mi vida, pero eso no me convierte en sumisa de mis hijas, de mis clientes, de mi marido… por lo tanto, conclusión: No estaría con un Amo que no esté entregado, no me parecería seguro ni sano, la entrega ha de ser mutua, además es algo que pueden experimentar otras relaciones fuera del BDSM, por lo que sigue sin ser lo que me hace Suya.


Entonces… ¿Qué leches hace que sea Suya? La pertenencia. Algo que te pertenece es algo sobre lo que puedes tomar decisiones firmes y que nada te impida cumplirlas, solo tú mismo. Imaginad un jarrón precioso en un museo, lo ves, es precioso, decides tocarlo, decides golpearlo y se rompe. Eso tendría unas consecuencias negativas para ti, ese jarrón no era tuyo, por lo que alguien tomará represalias. Pero si ese jarrón está en tu casa, es tuyo, podrás moverlo de sitio, podrás limpiarlo o dejarlo sucio, podrás incluso romperlo sin que pase nada, aunque lo lógico es que, si lo valoras, lo cuides. Voy a poner un ejemplo más símil al BDSM. Cuando tienes un perro, el perro es tuyo, tú decides si duerme en un sitio o en otro, si lo dejas con otra persona o no, tú quieres a tu perro, lo cuidas, lo alimentas, estás entregado a él porque quieres ser un buen amo, lo sacas a pasear, le das cariño y disciplina, pero eso no hace que tú seas de tu perro, él no puede decidir si sales o entras, si lo paseas a una hora u otra, no puede decidir si acaricias a otros perros o no. Os queréis los dos, pero sólo él pertenece. Evidentemente no somos perros, somos personas, eso hace que haya otros condicionantes. Yo personalmente, como esclava, aspiro a ser esa perra que se deja llevar sin condiciones, pero no todas las relaciones han de ser así. Quizá acuerdes con tu Amo la exclusividad sexual, si para Él no es un inconveniente es válido, pero eso no hace que sea tuyo, simplemente es un trato. Conclusión: yo decidí ser Suya y Él decidió aceptarme como tal, pero no es algo recíproco.


En definitiva, creo que todas las relaciones se basan en el amor, en mayor o menor medida, los complementos que le pongas es lo que las diferencia. A mi relación de amor le he añadido entrega, obediencia y sobretodo pertenencia total, por eso mi relación es Amo/esclava y 24/7. Otros a su relación de amor puede que le añadan entrega y libertad sexual por lo que serán swingers, liberales o como queráis llamarlos. Otros le añadirán libertad de sentimientos y sexo, por lo que será una relación poliamorosa, a la que otros también pueden añadirle D/s… como véis hay muchas combinaciones posibles, tantas como los implicados en una relación acepten.


Que mi Amo no sea mío no significa que me quiera menos o que esté menos entregado. Sé que me necesita, que me adora, que le encanta estar conmigo, pero yo no puedo tomar decisiones sobre Él, puede escuchar mis consejos, pero quizá los siga o no, no puedo decirle lo que debe hacer.
A Él le ha tocado ser el poseedor y a mí la posesión.

miércoles, 8 de julio de 2015

¿Qué nos pertenece?

Nada, no nos pertenece nada.


Esta entrada me la sugirió una lectora ante una afirmación que hice en twitter: Tu Amo no es tuyo. Esto no se acepta una mañana de repente cuando te levantas, son procesos que aplico no solo a mi relación sino a mi vida. Así que os contaré mi secreto para que aceptar que mi Amo no es mío no me haya costado mucho trabajo.


Mi madre es una alumna inagotable, la he visto toda la vida leyendo libros, asistiendo a cursos, buscando esas claves para ser realmente feliz. Yo lo he mamado de forma natural, he ido adquiriendo esas enseñanzas sin darme cuenta. Una de esas lecciones es el desapego, cuando nos apegamos a algo o a alguien estamos abocados a sufrir, y en mucho casos a hacer sufrir. El apego nos crea una necesidad, es decir que si algún día nos falta eso a lo que estamos apegados sufriremos el doble. Mi casa es mía porque la he pagado, pero no me pertenece, imaginad que os surge una oportunidad maravillosa de trabajo, o nos enamoramos de un extranjero y tenemos que dejar nuestro hogar, si estamos apegados a ella nos costará dejarla, o incluso será un impedimento para vivir esa nueva etapa que nos llega, sin embargo, si vemos nuestra casa como un sitio en el que hemos vivido felices por un tiempo, que nos ha resguardado y en la que hemos disfrutado, nos despediremos de ella agradecidos pero sin tanta tristeza. Pues con las personas pasa igual. Mis hijas no son mías tampoco, la vida me ha encomendado la tarea de acompañarlas en su camino y guiarlas, pero no son mis posesiones, por lo que no puedo pretender que hagan lo que yo diga en estudios, trabajo, amor…
Una vez explicada mi visión en este tema entenderéis que nunca fui muy posesiva tal y como se entiende. Por supuesto una cosa es que te sepas la teoría y otra cosa es que no flaquees nunca en la práctica. Cuando éramos novios vainilla yo era insoportable y posesiva pero no tanto con las mujeres, sino más bien celosa con los amigos. Había una compañera de trabajo que tonteaba descaradamente con Él por aquella época, lo que más me molestaba era que cuando esa chica me veía era súper simpática y cariñosa conmigo, esa hipocresía me molestaba más que los celos. Con otra sí fui celosa, pero era más bien un proceso mío, me sentía inferior a ella, y siempre me pregunté si con ella hubiese sido más feliz… pero aquella época pasó, Él se convirtió en mi Amo y poco a poco me empecé a dar cuenta de que si quería vivirlo de verdad tenía que aceptar que Él podía hacer lo que quisiera. La primera vez que me di cuenta de que no era mío fue una noche que salió con sus amigos, esa era una situación que me volvía loca de coraje, no sé muy bien por qué, pero lo odiaba, lo pasaba realmente mal y al día siguiente siempre nos peleábamos. Pero esa noche antes de salir, estando yo enfurruñada, Él se acercó y me dijo: “Quita esa cara, soy tu Amo, saldré a disfrutar siempre que quiera y tú tendrás que aceptarlo ¿O me vas a ordenar que me quede en casa?” Lo vi tan claro, vi tan claro que no podía ser sumisa y decirle a la vez que no podía salir, que el enfado se me pasó. De ser una situación que odiaba, comenzó a gustarme, esa espera sola en casa me hacía sentir más la entrega. En aquel momento no hablábamos de mujeres, que cuando se habla de esto parece que hablamos solo de estar con otras. Eso vino poco a poco. Pero reconozco que me costó menos que lo de salir con los amigos.
No quiero que mi Amo sea mío, eso me alejaría de cómo quiero vivir mi vida, lo que quiero es que Él me quiera a Su lado, no que esté conmigo porque se sienta atado. Parece difícil y duro, pero es tremendamente liberador, no tienes que estar preocupada de si Él tontea con otras, o de si otras tontean con Él… simplemente disfrutas de lo que estás viviendo.
Todo esto me lleva a mi teoría fantasiosa sobre Amos y sumisas. Entregarte a alguien al que admires y respetes es fundamental. Yo conozco a mi Amo, sé que no es un mujeriego que va por la vida buscando mujeres, cuantas más mejor. Si fuese así tendría que plantearme muchas cosas, no por el hecho de que esté con otras mujeres, si no por la actitud. Si un hombre muestra esa desesperación, para mí demuestra que está insatisfecho, que lo que tiene no lo llena. Una relación D/s es una relación compleja que llena de muchas maneras, si notara que a Él no, sí me preocuparía. Pero eso son cosas que se notan, si mi Amo se acuesta con muchas mujeres, es que se cruzó con muchas mujeres bonitas que le pusieron la polla dura y que han aportado un poco más a la felicidad que ya tiene. No sé si entendéis este matiz, la actitud y las sensaciones son muy importantes para mí. No es lo mismo pertenecer a un mujeriego insatisfecho, que lo único que quiere es tener sexo seguro en casa mientras se folla a toda la que puede, a tener un Amo involucrado, que entiende la profundidad de la relación, pero si ve una chica guapa que le gusta se la folle, aunque no lo necesite.
Por supuesto estoy hablando de cómo lo vivo yo, como siempre digo, nadie puede obligarte a hacer o a aceptar nada que no quieras, si aun no estás en ese punto no tienes que pasar por el aro porque te digan que sino no eres sumisa. Al igual que una sumisa entiende que tendrá que enfrentarse a ciertas situaciones, un Amo debe saber respetar el proceso y el ritmo de la sumisa. Yo sé que mi Amo no es mío porque es algo que siento, Él no me ha presionado, es una conclusión a la que he llegado yo.
En general, soy muy feliz sabiendo que nada ni nadie me pertenece

jueves, 18 de junio de 2015

Confesiones bajo el limonero

Elvis Presley - My way


Fuimos a casa de mi abuelo, es una finca grande llena de viñas, bueno era, ahora sólo hay tierra removida y hierbas secas. Por aquella tierra yo corría de pequeña, adoraba quedarme a dormir los sábados para amanecer con la luz del domingo entrando en aquel salón, ver a mi abuela y su eterna sonrisa con el cola-cao y el paquete de galletas príncipe en la mano. Mi abuela me quería con locura, fui la primera nieta y hasta muchos años después no tuvo otra, siempre fui su “pajarillo”, al que pacientemente daba de comer. Mi abuelo siempre estaba en aquel campo, sembrando patatas, haciendo vino, construyendo conejeras… cómo me gustaban esas conejeras, era un habitáculo con ladrillos de hormigón visto, nada bonito, a mi abuelo nunca le ha importado eso. Dentro había jaulas amplias para cada conejo y podías ver a los conejitos recién nacidos crecer. Las conejeras ya no existen, sólo hay tres paredes a medias, sin tejado, sin jaulas y sin conejos. Y allí bajo el limonero, que sí sigue en pie al lado de las ruinas, mi padre trajo dos sillas viejas para sentarnos a hablar.
Odio ir a esa casa desde que mi abuela murió esta navidad, veo su sillón y es como si todavía estuviera allí sonriéndome mientras me dice lo guapa que voy siempre, a diferencia de su marido, para ella la imagen era muy importante. La veo tocando su bandurria y canturreando canciones que saben a añejo. Por eso, cuando mi padre me dijo de salirnos al sol me alegré. Nos sentamos, las hojas de limonero matizaban la luz intensa de las 12 de la mañana. “Bueno, ¿Qué es eso tan horrible y que me va a asustar tanto?” Titubeaba, no sabía cómo empezar a contarle, a mi madre le dije que era sumisa y no lo entendió, creyó que me refería a una característica de mi personalidad, es por eso que esta palabra ha dejado de gustarme, confunde a los que no conocen su significado. Odio dar esas explicaciones, contarle a alguien que no sabe nada qué es ser sumisa, qué es el BDSM. Pero parecía tonta titubeando tanto, así que lo solté: Papá, desde pequeña he sabido lo que soy, es que yo… soy sumisa. Mi padre sonrió suave y asintió. Me confundí: ¿Sabes a lo que me refiero? ¿Sabes qué es el BDSM? él volvió a asentir. A partir de ahí la naturalidad fluyó. Lo primero que me dijo fue: “Lo único que me preocupa es si tienes claro que ser sumisa es serlo con una persona no con todo el mundo. No quiero que nadie que tú no quieras te controle o te haga sentir inferior” aluciné, no tenía nada que explicarle, no solo conocía de qué hablaba sino que hablábamos el mismo idioma. Sabía que mi padre no me rechazaría, nuestra relación es un poco atípica, yo no lo juzgo y él a mí tampoco, lo que no me esperaba es que con la persona que me iba a sentir más cómoda hablando de todo esto sería él, con la que iba a sentir que me entendía y que compartía la misma visión del D/s. Hablamos más, me preguntó cómo lo sabía desde pequeña, yo le conté que con mi vecina ya jugaba a la dominación, pero que cuando por casualidad vi Historia de O fue un bálsamo para esa niña que creía que era un bicho raro. Por asegurarme le pregunté si sabía qué película era, “Claro que lo sé, es una película preciosa” lo dijo como lo podría decir yo, me volví a sentir tremendamente confortada, una paz me invadía.
No sólo había aceptado la noticia sino que mi padre, un hombre muy vivido, estaba diciendo lo mucho que me admiraba : “Tuviste un par de ovarios, los tuviste y los tienes. Has podido normalizar algo que otros no. Fuiste capaz de confesárselo a tu pareja. Yo no, siempre he tenido pensamientos que me han hecho creer que soy un monstruo, me ayudas mucho siendo así de natural y sincera”
Hablamos mucho más, sobre la vida, sobre lo importante que es vivirla a nuestra manera, me dijo que últimamente no podía dejar de escuchar la canción de “My way” que esperaba que fuese la vida diciéndole que viviera a su manera y no que le decía que se fuese despidiendo, que no le daba miedo morir pero aún no quiere. Mi padre es joven, tiene 56 años, es alegre, vital… sigue conservando ese carisma con el que nació. Le dije que no creía que fuese a morir, pero que ya hablé de él en mi blog (“Mi padre ¿mi origen?”) diciendo que nunca había aceptado lo que era y la vida que quería vivir. Esto me hace reflexionar una vez más sobre la necesidad que tenemos algunos de que sea nuestra forma de vivir, no algo que vivimos esporádicamente. Mi padre ha sido un conquistador, ha viajado, ha estado con muchas mujeres y se ha movido en mundos en los que podía hacer lo que quisiera. Estoy segura de que habrá tenido sesiones, o al menos sexo dominando o haciendo ciertas prácticas, pero eso no lo ha satisfecho. Por lo que siento y por lo que él me dejó entrever, le hubiera gustado vivir una relación como la mía, que va más allá de todo. El no haberla conseguido lo atormenta. Me dijo que le encantaba que hubiera tenido esa confianza con él, pero que se preguntaba por qué lo había hecho, podría seguir ocultándolo y puede que él nunca lo supiera. Le di dos respuestas, primero es que quiero darle naturalidad y limpieza a mi vida, como dije en mi anterior post, no lo iré gritando pero tampoco quiero mantener un secretismo. Cuando ocultamos algo toma un cariz oscuro y turbio. Por otro lado, estamos en la era de la sobreinformación y del acceso sin restricciones a todo. Tengo un blog, tengo una cuenta en twitter y tengo otros proyectos en los que quizá también tenga que exponerme. No quiero que por casualidad las personas que de verdad me importan descubran cosas de mí por sorpresa, quiero estar tranquila en ese sentido. Imaginad por un momento que por esas casualidades de la vida algún amigo le diga a mi padre que mire mi blog, o alguna entrada, o incluso alguna foto y él me reconociera. Si no supiera nada la situación sería muy violenta, pero sabiendo todo de mí, la cosa cambia, seguiría siendo raro, pero es diferente.



Fue un día especial, sabía que había mucho de mi padre en mí, siempre lo he sabido, pero no creí que fuese tanto. Una calma se ha instaurado en mí, se han sosegado muchos de mis fantasmas, ahora entiendo muchas de las cosas que hizo, el por qué no podía seguir con mi madre, el por qué aunque la amaba con locura tuvo que separarse e irse. Ahora entiendo su búsqueda, su insatisfacción… yo también me sentí así, aunque por suerte tomé la decisión adecuada mucho antes.
Esa conversación fue un sueño bajo el limonero, fue un bálsamo que he buscado toda mi vida. “No tengas miedo, eres única. Solo te digo que te comas el mundo, haz lo que quieras, sigue siendo como eres y cómete el mundo. Estoy seguro de que lo harás, ya lo estás haciendo” terminó.



Escucho esta canción, miro a mi alrededor, me miro al espejo: soy una madre joven que iba a clase con la barriga gorda y los prejuicios encima, una emprendedora apostando por sueños que parecían imposibles y que voy cumpliendo poco a poco, soy Suya por completo, cada día y cada hora… pues sí, miro mi recorrido y puedo decir que, para bien o para mal, estoy viviendo la vida a mi manera.

martes, 16 de junio de 2015

Mi conflicto con la intimidad

El secretismo y el exceso de intimidad son un escudo, son una herramienta de esta sociedad que castiga a las víctimas asumiendo que los culpables nunca cambiarán. Así me siento, quiero gritar al mundo lo que soy, sobretodo quiero gritarle al mundo quién soy. ¿Por qué tengo esa necesidad? Porque me siento a gusto conmigo misma, no creo que haga nada malo, al igual que un homosexual necesita salir del armario, yo necesito salir de esta jaula que no elegí. En estos años he pasado del tabú más absoluto a la convicción de que la naturalidad es la clave. Pelusilla no es el nombre de un personaje, es el nombre de una parte de mí que debo ocultar. Llevo ya un tiempo dándole vueltas a la necesidad de luchar por la normalización del BDSM al igual que los homosexuales lucharon porque se aceptara su condición como algo normal. Así me siento yo, una incomprendida, esto no es un deseo sexual, no es que me guste jugar a determinados juegos, es mi forma de vida, es algo que soy, no algo que elegí ser.
Poco a poco he ido contando a mis allegados todo esto. Empecé con mi mejor amiga, continué con el resto de mis amigas y mi madre fue un paso fundamental. He tenido la suerte de que, aunque algunas no terminan de entenderlo, al menos me respetan y me preguntan dudas con normalidad. Este sábado cenamos todas mis amigas juntas, somos 6 chicas que estamos juntas desde el colegio. Llevábamos 6 meses sin vernos así que cada una por turnos contaba lo que le había acontecido. Llegó mi turno y decidí ser natural, aunque ya les había dicho mis sentimientos nunca había hablado sin miedo con ellas. No es lo mismo decirle a alguien “Soy sumisa” a decirle “Soy sumisa, siento esto, vivo aquello e implica todo esto”. Me daba miedo al rechazo, alguna vez hablé con un poquito más de libertad y sus caras fueron un cuadro, lo que me hizo sentir mal. Esta vez fue diferente, sus caras seguían siendo un cuadro, pero yo estaba tranquila, es normal que pongan esas caras, ellas no lo comprenden, no lo sienten, no lo viven. Lo que importa es que están ahí tratando de entenderte, escuchándote e intentando no juzgarlo. No puedo pretender que la gente entienda de primeras lo feliz que soy asi, y yo tampoco puedo juzgarlos por ello.
Lo que más me gustó fueron sus preguntas. Hubo algunas que me hicieron reflexionar especialmente. Yo les contaba que siempre tengo la libertad de dejarlo todo si no quiero entregarme tanto como me pide. Una de ellas, a la que llamaré E, decía que eso era una decisión muy dura, que era una falsa libertad, que estaba demasiado condicionada por todo lo que podía perder, así que no era una decisión libre. Yo le dije que es mucho más sencillo que eso. Nosotros no podemos vivir juntos de otra manera, cada uno ha encontrado lo que necesita, Él mi entrega, yo Su dominio, si alguno de los dos deja de darle al otro eso tendríamos que separarnos. Cuando Él me pide un poco más de entrega, no es una presión, en verdad lo que me dice es : Necesito esto ¿Vas a seguir siendo mía?. Vuelvo a compararme con la homosexualidad, si descubro que me gustan las mujeres yo le preguntaré “¿Puedes ser una mujer?”, evidentemente no, así que lo dejaríamos. Pues lo mismo como Amo y sumisa. No tomo mis decisiones desde el miedo, no decido acatar Sus peticiones por miedo a perderlo, por miedo a estar sola, por miedo a lo que viene tras una separación. Soy hija de padres separados y sé que no es el fin del mundo, es sólo un cierre de etapa. Tomo mis decisiones en base a mis sentimientos y emociones, las tomo desde el corazón. Lo quiero y me gusta lo que siento a Su lado, eso por ahora pesa más que cualquier cosa. No quiero que parezca que es un ogro que me pone entre la espada y la pared, en estos años yo le he hecho esa pregunta a la inversa muchísimas veces, por mucho que lo amara si no sentía que quería ser mi Amo, no quería estar con Él, no quería aguantarme y dentro de unos años culparlo de mi insatisfacción.
A veces siento que vivo en otro mundo, que veo las cosas de una forma diferente, y no lo digo como una ventaja o como desventaja. Simplemente las veo así y quiero decirlo, quiero expresar cómo vivo mi vida, evidentemente no voy a salir con una bocina a gritarlo a la calle, es solo no tener que esconderlo. Pero tienes que protegerte del simplismo de la gente que no se molesta en entender algo, de esa gente que al decir cómo soy me tachará de puta (en un sentido despectivo) y a Él de maltratador. Así que tengo que protegerme de los defectos de los demás, de su infelicidad. Siempre he defendido que una persona plena, completa, satisfecha, rara vez juzgará la vida de los demás, no tendrá tiempo, ganas ni necesidad.
Mi sexualidad y cómo vivo en pareja forman parte de mí, no quiero sentirme obligada a ocultarlo por ese legado histórico de que el sexo es sucio y malo. No quiero sentirme presionada por esta sociedad que quiere clones en vez de personas distintas. Esto es solo una reflexión, no es la determinación de hacer algo por dejar de ocultarme, por desgracia. Pero voy dando mis pasitos poco a poco.


Y deseo de corazón que algún día pueda contaros sin miedo quién es Ángela y a los que conocen a Ángela contarles sin miedo quién es Pelusilla. Contarles a todos quién soy.

martes, 9 de junio de 2015

Era, soy y seré una puta

“Qué puta eres” ”¿Por qué eres tan puta?” ”Cómo me gusta que seas así de puta” son frases que en lo que va de año se han vuelto muy constantes en mi vida. Creeréis que para mí es ofensivo o que es un insulto que tolero porque es mi Amo, pero no, es mucho más que eso, me siento liberada y aceptada. Soy una puta, siempre lo he sido, sólo que ahora no tengo por qué ocultarlo.
Puff… vaya presentación. A ver, para tratar de explicar a qué me refiero primero habría que definir un poco el término “puta” ya que si nos ceñimos a su significado es una mujer que cobra por sus servicios sexuales. No, no me refiero a esto, no soy ese tipo de puta, aunque haya fantaseado mucho con ello. Hace un tiempo hubo un debate en twitter sobre si eso era aceptable o no, que no era legal, pero si miramos el BDSM desde el prisma de la legalidad apaga y vámonos. Mi Amo no me prostituye, no porque no sea legal, ni porque sea denigrante para mí ni historias de esas, no lo hace porque perdería el control, el dinero crea en la mente de las personas la ilusión de que tienen derecho a algo, a eso es a lo que no quiere enfrentarse. Bueno, hecho este inciso continúo, la sociedad le ha atribuido a la palabra muchos significados que se entremezclan unos con otros hasta tal punto que dos personas pueden estar diciendo “Soy una puta” y cada una referirse a cosas completamente distintas. Puta puede ser una mujer que ha estado con muchos hombres (sí, lo que en versión masculina es un triunfador, follador, vividor). También puede referirse a una mujer que le gusta el sexo, atractiva y provocadora… aunque esta definición me guste, y pueda sentirme un poco así, no es a esto a lo que me refiero cuando digo que soy una puta. La definición que voy a dar de puta, es mía personal, puede que nadie lo vea así, simplemente le atribuyo esa palabra por poner una, y porque siento que me encaja bien. Me considero una puta porque deseo y he deseado toda la vida satisfacer a los hombres, ese ha sido y es mi fuente de placer.
Desde pequeña me he sentido atraída por los hombres, la sexualidad y la sumisión, pero una sumisión general. Siempre me he sentido inferior a los hombres y a algunas mujeres, decidme que eso está fatal que os diré que lleváis razón, pero es lo que sentía. Eso es algo que no he vivido de manera negativa, me sentía inferior a ellos y me encantaba. Lo que me gusta es saber que estoy satisfaciendo sus deseos, aunque no obtenga placer físico con ello. No me excita hacer una mamada, no me excita nada de nada, pero me gusta porque sé que estoy haciendo disfrutar. Siempre he tenido la imaginación muy activa, recuerdo ser niña, ir andando por la calle e ir imaginando lo que esos hombres que me cruzaba querían hacerme, he llegado a desear que me violaran de verdad, solo quería satisfacer. Esto que cuento es duro, siempre he pensado que estaba un poco loca, y puede que sea cierto. Si pienso en mi adolescencia y recuerdo las situaciones con los chicos, creo que muchos abusaron de mí, yo no sabía decir no, no sé si quería decirlo, me gustaba sentirme así en el momento, aunque después me quedaba muy mal emocionalmente y no sabía por qué. Recuerdo uno concretamente que sí dije que no quería, pero él insistió, me presionó, y cedí, cedí porque en el fondo yo pensaba que llevaba razón, que mi obligación era satisfacerlo. Poco a poco me fui creando una imagen ante mí misma muy oscura, quería eso, pero no lo quería así… Cuando llegó Él fue un soplo de aire fresco, sentí que quería estar con un único hombre. Mis “amigos” me dijeron que no duraríamos, que yo no servía para tener novio. Yo estaba segura de que se equivocaban, que simplemente nadie me había dado la oportunidad de ver que podía satisfacer no sólo un rato, sino toda la vida a un hombre.
Esto que estoy contando es algo que me avergonzaba y me avergüenza aún, pero al fin puedo aceptarlo, Él me ha ayudado a hacerlo. Tanto me avergonzaba que nunca se lo dije, incluso cuando le dije que deseaba someterme, no dije que sentía esa necesidad de satisfacer a los hombres en general, que aún seguía imaginando lo que los hombres querían hacer conmigo. Pero es un hombre inteligente y me conoce más que yo misma. A principios de este año todo cambió. Se había dado cuenta de que no había entregado todo de mí, que no era sincera del todo con Él, y quería tenerme entera: O te entregas de verdad o se acabó todo, en eso se resume lo que me planteó. Fue duro, todos esos años sentía que lo traicionaba, pero tenía mucho miedo, cómo contarle lo puta que era, lo mala persona que me consideraba, no me entendería ¡¿Quién entendería una cosa así?!... Para no variar me equivocaba. Se lo dije, se lo confesé todo, le dije el tipo de mente que tenía, cómo me sentía, me quité el mayor peso que me he quitado nunca, me quedé abatida, no sabía qué iba a pasar, quizá me dejaría para siempre, me repudiaría y no volvería a ser Suya… pero me dio otra opción, entregarme del todo, ser su esclava física, mental y emocional. Todo estaría bajo Su control, mi mente y mis pensamientos lo primero. Por eso llevo mi libreta, para apuntar cualquier pensamiento que tenga, si veo a un hombre y me siento inferior, o si me viene a la cabeza qué me haría, o si tengo un deseo… todo tiene que saberlo. Cuando eso pasa me castiga, me dice que soy una puta, pero a mí esa palabra no me suena a insulto, me suena a aceptación. Es algo que no me gusta de mí pero que está ahí, lo he puesto en Sus manos, para que Él haga conmigo lo que quiera. Que me castigue cuando lo crea necesario, que me abofetee mientras me dice que yo valgo más que todos con los que me he sentido inferior juntos. Él es la cura a mi enfermedad. Sabe que soy Suya, que Él me ha domado, que jamás obedeceré a otro hombre, que aunque las situaciones me pongan cachonda, nunca las realizaré si no es por orden Suya.
Es curioso, porque yo aún no lo he superado, aún no me siento bien con esa parte de mí, no me gusta tener esos pensamientos o sensaciones, pero Él sí, quizá porque es el motivo perfecto para castigarme, o quizá por la satisfacción que le produce haber sometido a la bestia, o porque sabe que, al ser así, podrá hacer conmigo lo que desee, pero solo Él y quien Él ordene.
Como siempre digo, no intentéis verme a través del BDSM, quizá lo que aquí he descrito no tiene nada que ver con lo que es una sumisa en BDSM, pero ya dije que nunca busqué pertenecer a este mundo, simplemente tengo un sentimiento parecido. Pero no soy sumisa, cuando descubrí el BDSM sí lo creí, ahora no, ahora soy Suya, simplemente. Quizá no entendáis por qué, pero por mucho que cuente hay cosas que callo. Mi vida le pertenece a Él, no a un Amo, no a un dominante que quería una sumisa, mi vida le pertenece exclusivamente a Él, es Suya porque se la ha ganado.

martes, 2 de junio de 2015

La sumisa anulada no es sumisa

¿Una mujer se anula por ser sumisa?¿Acepta porque sí el "todo vale"? No y no, un NO rotundo y como la copa de un pino. Aunque hablo desde mi situación en 24/7 creo que es algo extendible a todas las sumisas, ya cada cual que lo aplique a su situación.
Muchas veces me debato entre lo que siento y lo que debería de sentir, soy muy exigente conmigo misma, me planteo cómo quiero ser y me comparo con lo que soy, normalmente no me gusta lo que veo. Esto aplicado a la sumisión sería: cómo creo que debería ser, sentirme y como soy y me siento. Me gustaría poder acatar, que mis sentimientos se correspondieran con el pensamiento de “Es el Amo, puede hacer lo que quiera, nunca se equivoca, y si lo hace qué mas da, es el Amo”. Pero la realidad es otra, la realidad es que, aunque muy pocas veces, me enfado con Él. Y entonces llega mi conflicto interno, sé que llevo razón, pero no quiero sentirme así, no quiero que me de coraje nada de lo que hace, pero es inevitable. Tengo que decir en mi favor que creo haber encontrado un buen punto, la sinceridad, pero una sinceridad sin carga. Es decir, puedo contarle lo que me ha hecho sentir mal y por qué, en un tono suave y respetuoso, sin (casi) recriminar o echar en cara, lo que viene siendo ser asertiva. Creo que lo tengo bastante controlado, pero aún hay un diablillo dentro que me pica y me chincha y me dice que no es suficiente, que estoy enfadada y punto. El otro día me pasó, me enfadé, se lo dije asertiva, Él me escuchó y me dio la razón, todo pacíficamente y en armonía, pero ese diablillo no estaba tranquilo, seguía enfadada. Hay algo que no me deja cortar la situación, si ya me ha escuchado, si ya me ha dado la razón ¡¿Qué más quiero?! Lo peor de todo es que sé que necesito una bofetada, necesito que me baje de nuevo a mi sitio, porque en cuanto le veo una debilidad me crezco, me subo y me aprovecho de ese mínimo poder que me da el que Él se haya equivocado. Tras hablar, cariñosamente me pidió que se la chupara. Yo empecé a hacerlo pero por dentro estaba encorajinada, seguía enfadada, y no quería comérsela ¡Encima de todo!¡¿No acaba de decir que sabe que lo ha hecho mal, que ha cometido un error?! ¡Y se pone a pedirme que se la coma! Cuando debería de estar mimándome para que se me olvide todo… Sí, me da igual lo que penséis, eso es lo que sentía y me gusta ser sincera, sólo así conseguiré cambiar aquello que no me gusta de mí. En definitiva, quería que se arrastrara por mi perdón, seguir manteniendo mi momento de poder y comérsela no era precisamente parte de ello. Tenía una guerra dentro de mí, sentía eso, pero por otro lado pensaba que era el Amo, que era de alabar que sepa ver Sus errores, que me escuche e incluso me dé la razón, pero no debo olvidar que soy Suya y que, una vez dicho todo eso, mi sitio es de nuevo a Sus pies, que debo seguir obedeciendo sin más. Lo miraba, estaba enfadado, confundido, se la comía con toda la desgana del mundo. Por un lado deseaba que me dijera que parase, que no había hecho bien con pedírmelo, pero otra voz le gritaba que me agarrara del pelo, me abofeteara y me recordara que pase lo que pase mi deber es obedecer “Si te digo que me la comas, me la comes con todas las ganas del mundo y punto” esa frase es la que necesitaba. Me da miedo esa facilidad que tengo de sentirme poderosa, no me gusta nada, porque no tengo la misma facilidad para volver a mi sitio. Todo esto no lo cuento como algo malo, a ver, en ese momento lo es y no me gusta, quiero cambiarlo, pero no creo que no sea sumisa por ello. Una vez mi psicóloga me dijo que me enfrentaba a esos conflictos porque no soy una persona sumisa, al revés, pero que con Él sí deseaba serlo. Por eso se me mezclan a veces los sentimientos. Cada aspecto de mi vida me da un placer distinto, eso es algo maravilloso, pero tiene el riesgo de que a veces mezcle unas cosas con otras. En el aspecto laboral me ha costado mucho trabajo aceptar que me gusta ser la jefa, la que manda. Cuando estuve trabajando organizando unas exposiciones de arte con japoneses, yo tenía un puesto importante, era la encargada, la mano derecha de mi jefa, pero los demás japoneses, hombres machistas, no me trataban así, me trataban como a una mujer inferior a la que mandar a por cualquier tontería. Esa experiencia me marcó mucho, yo allí tenía poder, pero ante su actitud me volví sumisa, pequeña, cosa que me hacía sentir tremendamente mal. Si os dáis cuenta es lo mismo que me pasó con mi Amo pero al revés.
Todo eso no es algo que me preocupa, al revés, me demuestra que ser sumisa no es anularse como persona y dejar que hagan contigo lo que quieran. Es elegir a la persona adecuada con la que dejar tu poder a un lado y entregarte. Pero única y exclusivamente con Él. Hace un tiempo me preocupaba que si me gustaba sentir poder, que si tener el mando me daba placer, es que quizá no era sumisa. Pero ahora sé que no, que lo que me gusta es ese contraste, que eso es lo que hace la vida divertida, tener que dar ese cambio tan drástico al cruzar la puerta de casa.
Creo que no hay nada extraño en mi comportamiento, no debo preocuparme más de lo necesario, simplemente son ajustes. No soy perfecta, pero matizar sentimientos y querer seguir en el camino por mucho que cueste me acerca un poquito más. Y lo más importante, si me sigo analizando como persona, enfrentándome a mis propios retos es que sigo siendo yo, no estoy anulada, en contra de lo que muchos creen, eso sí que sería no ser sumisa.



Conclusión de todo este rollo, es normal y bueno enfrentarnos a sentimientos encontrados, una sumisa no es un trozo de carne que ni siente ni padece, es alguien que mira sus sentimientos a la cara y decide qué hacer con ellos, aunque sea someterlos a los deseos de otro.

martes, 12 de mayo de 2015

Entrevistando a Pelusilla

Las entrevistas es algo que siempre me ha gustado, cuando las leo me gustaría que me las hicieran a mí, estás expuesto a que te hagan preguntas que nunca te has hecho o que nunca te has parado a contestarte a ti misma. Hace poco os pedí que os pusiérais en contacto conmigo para sugerirme temas, o decirme cualquier cosas que os apreteciera. Me ha dado mucha alegría ver que algunas lo hayáis hecho, y podéis dar fe de que contesto, que es algo que os ha sorprendido a casi todas, antes o después lo haré siempre :). Bueno, pues una de las lectoras me hacía una serie de preguntas, me sentí como en una entrevista y me gustó, así que con su permiso las iré contestanto por aquí, y así introduzco otro tipo de post. A los que estéis dudosos de escribirme ¡Animaos! ¡Qué no muerdo! Siempre que seáis respetuosos claro... pero que sé que lo sois.


Pues empezamos estos post que tan pomposamente he titulado "Entrevistando a Pelusilla", pero es que me hacía mucha ilusión:


¿Qué es lo que más te gusta?
Hay muchas cosas que me gustan, muchas sensaciones que me llenan de emoción, pero como tiendo a ser demasiado empírica, voy a intentar buscar cosas concretas. Desde pequeña hay dos cosas que me han fascinado. Como os conté en el primer post, mi vecina y yo jugábamos a BDSM sin saberlo, ella me dominaba y yo me sometía. En casi todos los juegos, aunque cambiaba la situación, las cosas que pasaban eran casi siempre las mismas. Pero imaginar estas dos cosas me daba más cosquillitas de la cuenta. Nuestros juegos nunca eran reales, es decir, juagaba a que me pegaba pero no me pegaba, a médicos me ponía una inyección pero, por supuesto, no me pinchaba. Respecto a esto recuerdo que sí había algo que me hacía de verdad, cogía un lápiz con punta, me lo ponía en un cachete y me subía las braguitas para que se me clavara. No me hacía mucho daño, pero me daba una sensación real que me gustaba. Pero bueno, no me voy más por las ramas, las dos cosas que me han fascinado siempre son que me azoten en las rodillas y el sexo anal. Respecto a las rodillas tengo poco que añadir o contar, lo único que es algo que me excita más pensado que realizado, a ver, verlo sentado dándose en la rodilla para que me ponga en ellas sí me excita, pero una vez puesta, y ya sintiendo los azotes, esa magia infantil se me pasa un poco…
El sexo anal siempre ha sido mi pasión, creo que es el punto perfecto entre mi masoquismo y su sadismo. Me fascina lo mucho que le gusta a los hombres, no digo Doms, si no hombres, es la forma más básica de dominar. Tienen nuestros chochitos húmedos, calientes, que se abrirán sin problemas, pero ellos quieren ese agujero estrecho y que nos duele horrores abrir. Cuando era adolescente jugaba un poco con mi culito, una vez me puse un supositorio mientras me masturbaba, pero me escoció (sensación que odio por encima de todas) así que fue un fracaso absoluto. Pero en mi mente sí lo imaginaba, sí inventaba mil situaciones, aparatos y torturas, todas por el culo. Cuando lo conocí a Él nuestro sexo era alucinante, pero jamás pensé decirle nada de eso. Recuerdo una noche, habíamos alquilado una casa rural con unos amigos un fin de semana. Llevábamos unos pocos meses juntos, tres a lo máximo… nos pasamos el fin de semana follando como perros, no durábamos ni dos horas sin sexo, nuestros amigos hacían bromas, pero yo estaba en el paraíso. La noche del sábado la pasamos despiertos, solo sacaba la polla para cambiar de posición, fue una noche maravillosa. Ya casi al final, cuando el sol empezaba a entrar por la ventana, yo estaba subida encima Suya, cuando su mano poco a poco se dirigió hacia mi culito, como quien no quiere la cosa. Os juro que aluciné, no había nada que me pudiera apetecer más, no dije nada, los dos seguimos como si ese dedo no estuviera acariciando lo que estaba acariciando… hasta un tiempo después no lo comentamos. En los 4 años que estuvimos de novios vainilla, pocas veces intentamos tener sexo anal, y la verdad fueron un poco fracaso, ahora sé que el sexo anal sin una dominación más evidente no me funciona. Cuando le confesé lo que quería, cuando decidió intentar dominarme, lo primero que hizo fue follarme el culo, creo que estaba deseándolo… se subió encima de mí, comenzó a metérmela mientras yo me quejaba, “No voy a parar, lo siento pero no voy a parar, no voy a parar, lo siento” no paró de repetir aquello, y esa mirada apareció por primera vez ante mí. Hasta mucho tiempo después no conseguí correrme con la penetración anal y, según que posturas, aún hoy no lo consigo, por muy cachonda que esté. Que me folle el culo para mí es extraño, es un dolor prácticamente insoportable, unos días más que otros, sufro y sufro, hasta que un mecanismo en mi cabeza salta y aparece un placer muy intenso, mi teoría es que mi cabeza no puede soportar tanto dolor y manda un estímulo positivo para calmarme. Pero ese es el momento en el que tengo que tener cuidado, porque no controlo el orgasmo, y como tenga la desdicha de correrme mucho antes que Él… ahí ya no me queda más que soportarlo como pueda. Lo bueno, es que follarme el culo lo vuelve loco, y eso unido a mi cara mientras me corro hace que se vaya sin remedio. Y eso es otra cosa que adoro del sexo anal, Sus gemidos, esos gemidos diferentes a todos, ese sonido que hace que parezca que le duele de tanto placer…
Lo único que me da miedo es que mi culo se acostumbre, no quiero que se abra, quiero que siga apretadito… menos mal que de eso Él se preocupa mucho, me deja bastantes días entre una penetración y otra y a veces me pone un poco de hielo después de follarme.


¿Podrías actuar como switch o Ama?
En esto no tengo dudas, no, no podría ser switch, rotundamente no. Tengo una mente compleja que necesita mucha concreción, tener las ideas claras es para mí fundamental, no podría vivir sin saber cuál es mi sitio. Claro que esto está muy relacionado con mi forma de vivir la sumisión. SI no me vale ser sumisa solo un rato, no puedo ser switch o Ama. ¿Por qué Ama no lo he negado rotundamente? Pues porque hace un tiempo me planteé que quizá me había equivocado, que quizá había interpretado mal las señales. Me excitaban las escenas de sumisión, me excitaba ver a la mujer sufrir, tengo una mezcla rara entre sumisión y sadismo, no me excita que me azoten, pero me excita ver cómo azotan a otra. Voy a especificar que no me gusta que me azoten en el momento, pero el antes y sobretodo el después me encanta, me paso los días recordando cómo me azotó, o pensando en que Él se excitó con ello. Por ello, pensé que quizá me había confundido, siempre he pensado que con la imaginación tan perversa que tengo hubiera sido un Ama muy muy cabrona. Pero un día, jugando con una amiga, Él le dijo que me azotara, y ella lo hizo, lo hizo fuerte y sin dudar. Luego puso el flogger en mi mano, me ordenó que la azotara, me pareció la orden menos excitante del mundo, no quería, es más, era incapaz. Me aterraba dañarla, me daba miedo, y no me mojó ni un poco. En mi mente algo se esclareció, no me había equivocado, por muchas perversiones que invente, siempre quiero ser yo la que las sienta. Él tampoco podría cambiar de bando, en el 24/7 no se actúa por roles, sino por personalidades o condicionamientos, yo soy sumisa no tomo el rol de sumisa. Creo que esas dos maneras de vivir el BDSM están condenadas a no entenderse, OJO, no a no respetarse, es sólo que cuando uno tiene una mentalidad nunca podrá saber cómo piensa el que es distinto a él. Algunos no comprenderéis cómo puedo someterme en todos los aspectos de mi vida y siempre, igual que yo no entiendo como algunos pueden vivirla solo a ratos. Y no pasa nada, es normal, mientras nos respetemos todo vale.


Y hasta aquí la entrevista por hoy ;). Por favor, recordad que es mi opinión y mi manera de ver las cosas, ni vosotros ni yo tenemos la verdad sobre nada.

viernes, 1 de mayo de 2015

Relato de amor y sexo

¡Hola! Hoy os traigo una canción que ultimamente me tiene loquita. Los azotes con ella de fondo duelen un poco menos, y cuando lo veo cantándola en el coche me estremezco...


Undisclosed desires - Muse


Quiero besarla, amarla entre el sonar de la correa, quiero tenerla en mi cama, venerar su cuerpo de diosa, morder su carne tibia, apretar sus diminutos pezones entre mis dientes afilados. Quiero que se sienta sucia y pura.
Sabe que la quiero, no he parado de acompañarla en el camino, pero eso tiene un precio. Sabe que me tendrá siempre, pero habrá dolores que tendrá que soportar, perversiones que conceder. Sé que los sufrirá y los disfrutará a la par. Sé que quiere ser mía, sé que no hay otra cosa que desee más, y yo... yo no quiero una vida sin ella.
Miro su cuerpo retorcerse a cada azote, no le veo la cara, pero sé que la aprieta para no soltar ni un solo quejido. Cómo no quererla, cómo no amar a una mujer que se ha entregado, que depende de mis manos, que las besa tras azotarla, que relaja su garganta para que mi polla entre más fuerte.
No llores tesoro, solo usaré la correa una vez, solo lo necesito una vez más. Después te haré el amor al ritmo de esta canción, haré bailar tu cuerpo al ritmo del deseo y el placer. Primero te penetraré a cuatro patas, deseo follarte viendo el color de tus nalgas. No quiero ver tus ojos aún llorosos, me recordarán que te dolió, me recordarán lo duro que me puse al ver que te dolía. Pero te amo, eres el deseo hecho mujer, eres el sueño hecho carne, eres un ángel atado a la tierra, atado por mis cuerdas, atado a mí.
Luego me tumbaré en la cama, te acurrucarás bajo mi brazo como un animalillo buscando cobijo, agarraré tu barbilla para que me mires, quiero ver la profundidad de tus ojos castaños, quiero ver esa boquita entreabierta. Te sonreiré suave y me devolverás la sonrisa. Sabes lo que hacer, sabes que deseo que te subas encima de mí, estás deseando complacerme. Esa cara de pena se va transformando, se transforma en una cara llena de lujuria y presente, qué más da que sea lunes, martes o el maldito día que sea, hoy queremos follar hasta que nos dé el alba, hasta caer agotados de sexo y amor.
Te miro sobre mí, contorneándote como un auténtico demonio, buscando verme estremecer, estás incorporada, veo tu cuerpo, tu mirada pendiente de mí. Sé que has sufrido, los dos lo hemos hecho, sé que estuviste perdida, que andabas mendigando amor porque creías que no lo merecías, yo solo quise mostrarte lo mágica que eres, sólo quise desvelarte una verdad que clamabas en silencio. Sólo quise mostrarte que podías ser libre, que no tenías que ocultar lo que creías que era el pecado anidado en ti. ¿Ves qué feliz eres ahora? No hace falta que me lo digas, estás llena de inocencia y entusiasmo, creo que nunca te he visto así. Ahora follas como una perra, follas como una diosa libre de ella misma, una diosa que decidió entregarse a mí, que decidió aceptar que no quería ser libre nunca más. No te defraudaré, atenderé tus deseos de ser sometida por mucho que ello te duela. No te decepcionaré, te usaré a mi antojo, haré que te arrodilles y lamas mis pies, pellizcaré tu carne como si fueses un juguete, sí, te haré sentir una linda muñequita en manos de un niño perverso. Lo hago por ti, así es como te muestras en todo tu esplendor, lo hago por mí, eres la única con la que puedo ser yo.
No quiero correrme, no te muevas así por favor, aún no. De un movimiento brusco y rápido te pondré bocabajo en la cama, me subiré encima de ti. “Estate quieta, no te muevas” poco a poco penetraré tu pequeño culo, ese culo estrecho que me aprieta la polla a cada movimiento. “No te muevas tesoro, no te muevas, no me prives del placer que es sodomizarte así”. Te oigo lloriquear, echo mi peso en ti, quiero abrazarte, que me sientas cerca, no soy un monstruo, o sí, o quizás lo seamos los dos, qué coño importa, vamos a estallar de placer. Meto mi mano bajo tu vientre, quiero acariciar tu clítoris a la vez que me muevo, quiero oírte gemir de ese placer doloroso que te vuelve loca. Tus fluidos chorrean entre mis dedos, huelo tu pelo y no aguanto más, te lleno de mí, noto tus espasmos bajo mi cuerpo, la melodía de tus gemidos inunda la habitación.
Nos tumbamos exhaustos en la cama, esa cama que es testigo de tanto amor y sexo. Te miro, me sonríes, te sonrío. Así, desnudos, nos tapamos. Te das la vuelta, yo me acoplo a ti, no hay encaje mejor que el de tu cuerpo y el mío. Me siento el hombre más afortunado del planeta, giras un poco la cabeza “Lo quiero mucho, Amo”, al ratito te susurro al oído “Yo también te quiero”. Nos dormimos con el calor de nuestros cuerpos como nana de cuna. Eres tan pequeña y grande a la vez, soy tan pequeño y grande a la vez. Me siento el hombre más afortunado del mundo…

viernes, 24 de abril de 2015

A veces crees que eres una mierda

¡Hola! Escribí la entrada de "A veces todo es una mierda" con la intención de ayudar a alguien, y resulta, que a quién ayudó fue a mí. Me liberó de una serie de sensaciones, como si contándolo pusiera el punto y final a una época. Y me gustó tanto que decidí intentar hacer lo mismo con otra de mis oscuridades del pasado, porque aunque a veces la tenga presente, ya no es lo mismo. Así que, si me lo permitís, os usaré de terapia...


Young and beautiful - Lana del Rey

Tenía 7 años, era una niña menudilla, de paletas grandes y un poco salidas. Nunca fui gordita, bueno, ahora que veo las fotos sé que no lo era. Tenía 7 años, mis padres habían organizado una barbacoa con varias parejas de amigos, tenía 7 años y una mujer al despedirse de mi mejor amiga le dijo que siguiese así de guapa, tenía 7 años y esa mujer al despedirse de mí dijo palabras textuales: “Contrólate un poco que te estás poniendo muy gordita”. Tenía 7 años y mi profesora de baile me dijo: “Contrólate que estás echando buche de pájaro”. Tenía 7 años y esas mujeres me sentenciaron a una vida llena de inseguridades, me sentenciaron a una vida viendo mi cuerpo distorsionado. Yo no entendía que no me pasaba nada, no tenía herramientas para superar ese tipo de comentarios, no tenía una imagen concreta y segura de mí misma, tenía 7 años, joder, no tenía una imagen de nada. Así que comencé a meter la barriga, no sé lo que es ir por la calle con los músculos del estómago relajados. En los campamentos de verano me esperaba para ducharme la última para que me vieran lo menos posible sin ropa.
Empecé a masturbarme, empecé a entender mi sexualidad, a desear estar con un hombre. Era una niña de 11 años que odiaba su pelo por ser demasiado encrespado, odiaba sus dientes por ser demasiado grandes, odiaba su cuerpo amorfo. Y lo pensé, creeréis que no, pero lo pensé de una manera seria, que de mayor ningún hombre querría estar conmigo, pero yo lo necesitaría, así que mi conclusión fue que tendría que hacerme prostituta. Es más, no sé cómo supe que había unos sitios en los que te dominaban si pagabas. Me imaginé soltera, volviendo del trabajo un viernes, ganando un dinero que gastaría el sábado en un lugar para que me ataran, me golpearan y me follaran.


Crecí un poco más y noté que sí le gustaba a los chicos, pero tenía el autoestima tan hundida que basé mi seguridad en que cualquiera me dijese dos palabras medio bonitas. Hice cosas de las que me arrepentiré siempre. Tenía 15 años, hice cosas de las que me arrepentiré toda la vida. Es curioso porque a esta edad se me desarrolló un sentimiento extraño, los hombres se sentían muy atraídos por mí, mi tío me dijo una vez que era una Lolita. Yo lo sabía y ese sentimiento de que acabaría sola porque daba asco se transformó en una lucha interna: sólo les gusto por mi cuerpo, no tengo nada más que aportar, pero sé que no soy perfecta, que tengo grasa y un poco de celulitis, pero les gusta mi cuerpo y lo sé, sé que me desean pero no creo que lo merezca, soy imperfecta y no estoy tan delgada como querría.
Me gustaría decir que cuando empecé con Él esto desapareció, pero no fue así. Es algo que me ha acompañado toda la vida, sólo hasta hace un año y medio más o menos he sido capaz de ver que soy mucho más que un cuerpo.
Estaba enferma, y no, no he sido bulímica ni anoréxica, aunque reconozco que en cierta época envidié a las que lo eran. Yo me abrazaba al wáter, me metía los dedos, pero a la primera arcada me asustaba. Me controlaba la comida, pero nunca hasta no comer nada.



Los embarazos no ayudaron mucho, si ya tenía distorsionada la imagen de mi misma, los cambios en mi anatomía fueron el colmo. Cuando tuve a mis hijas había perdido la proporcionalidad de mi cuerpo, no sabía si era ancha de caderas, si era gorda o flaca, y para que entendáis mejor la locura que era, os diré que justo después de parir pesaba 53 kilos, lo máximo que he pesado en mi vida. Nunca dejé de usar mi ropa normal, incluso había personas que no se daban cuenta de que estaba embarazada. Pero yo me veía inmensa. Y llegaron los peores años de esta mierda, conseguí llegar a los 48 kilos, pero no estaba contenta, quería 47, eso decía, consciente de que cuando los consiguiera querría los 46 y así… Mi Amo no sabía qué hacer conmigo, me castigaba por ello, mis amigos estaban hartos de decirme que no me entendían, que estaba perfecta… pero no, no lo estaba, no en mi cabeza. Y digo en mi cabeza, porque no era algo que hiciera porque considere que la delgadez es sinónimo de belleza, en esto me ha pasado como con muchas cosas, que en los demás algo me parece bonito pero en mí no lo soporto. Una amiga me dijo que la ofendía siendo así, las personas con este problema tendemos a crear rechazo y críticas. A mí ella y su cuerpo me encantan, la veo guapa y una mujer muy atractiva. Pero no lo hacía por estética, lo hacía porque creía que era lo único que podía hacer para valer, era más fácil controlar la comida que enfrentarme a mis demonios.
Mi padre siempre ha sido un hombre con carisma, un hombre atractivo, mujeriego y muy sexual. Un hombre que le decía a mi madre una y otra vez que quería que estuviese más delgada, que tuviese el pelo más largo y más rubio, sí, que se pareciese más a Pamela Anderson. Creo que esto también me ha afectado mucho. Cuando voy a ver a mi padre me gusta ponerme muy guapa, me gusta que me mire y me diga lo espectacular que soy, lo orgulloso que está de mí por no haberme abandonado después de mis hijas. Le da igual a qué precio haya sido eso…



Un día, hace un año y medio, decidí que así no podía vivir, no sólo por estar siempre triste y con una angustia horrible, ni siquiera por mi Amo que demasiado me aguantaba, sino porque tenía dos hijas y no quería verlas pasar por lo mismo, dos niñas que me imitarían, que aceptarían mis estereotipos como válidos. Con eso no podría, no quería que pasaran por lo mismo que yo. Así que tomé una de las mejores decisiones de mi vida, pedí ayuda a un profesional. Y así fue como la vida puso a otra persona maravillosa en mi camino, que me enseñó que yo valía mucho más que la grasa que hay en mi cuerpo, que mi marido está a mi lado no sólo por mi cuerpo, sino por mil cosas que yo no veía. Me enseñó que mis defectos no eran tan horribles como yo imaginaba, al fin me hizo comprender qué era eso tan especial que los demás veían en mí y que, por supuesto, no era mi cuerpo. Me enseñó todo lo que soy capaz de hacer.
Llevo un año y medio sin pesarme, aún no confío en que esos malditos números no me afecten. Me gustaría decir que ya no me preocupa nada, pero no. Aún hay días que sin motivo me quedo enganchada en que he visto una molla en cualquier sitio insospechado, o que me he visto más mofletes, o he comido demasiado chocolate… pero no es lo normal, por lo general me siento bien, puedo disfrutar de la comida, saber cuáles son las proporciones de mi cuerpo, he aceptado cómo soy y me gusto. Por ahora voy ganando todas las batallas, aunque la lucha sea dura.
Sé que le gusta como soy por dentro, que me ama por la persona que soy, pero también sé que mi cuerpo lo vuelve loco, que adora verme desnuda, que se excita sólo con verme en ropa interior... y esto es un arma de doble filo. Y entonces lo sé, sé que aún no estoy curada del todo porque me asusta dejar de gustarle, dejar de controlarme y que mi cuerpo deje de gustarle, por más que me diga que le gustan las mujeres con curvas, que odia los huesos marcándose. Me da mucho miedo pensar en el futuro, en si me querrá cuando ya no sea joven y hermosa…
La imagen es la peste de ésta época, y lo digo yo teniéndola encima. Hace que las mujeres nos pasemos la vida buscando y anhelando una belleza que no existe, queriendo llegar a unos límites generalizados que no se adaptan a las características de cada una. Y si eres capaz de encontrar tu belleza, nos condena a pasarmos la vida preguntándonos si nos querrán cuando ya no seamos jóvenes y hermosas…

lunes, 20 de abril de 2015

La importancia del Usted

Las personas que hemos conocido en BDSM, con las que podemos ser naturales, se sorprenden mucho cuando me oyen hablarle de Usted. Quizá pueda parecer demasiado rimbombante, protocolario, creo que suena demasiado grande en mi pequeña boca. Pero el Usted fue en su momento la clave de todo, la pieza que faltaba en el puzle.
Yo lo llamo de usted siempre, siempre que puedo claro… ¿Por qué? ¿Ha sido así siempre?¿En qué momento surgió? Voy a tratar de explicarlo todo y sobretodo el por qué es tan importante.
Os vuelvo a poner en situación una vez más, cuando nos conocimos yo tenía 17 años y Él 20. Cuando empezamos a intentar ser una pareja D/s ya llevábamos 4 años de complicidad, de tratarnos de tú a tú, de reírnos juntos por cualquier cosa, de poder chincharle siempre que quisiera, de llevarlo al borde de su paciencia cuando me daba la gana. Quiero que entendáis que Él nunca fue un hombre normal, no es que fuese bueno conmigo o que me respetase, es que siempre me trató mejor de la cuenta, me soportó más de la cuenta. Pero no en plan calzonazos, sino en plan voy a aguantarme porque la quiero, porque a las mujeres se las respeta, porque Él siempre ha tenido un sentido de protección muy fuerte, no quería soplarme por no hacerme daño. Os podéis imaginar la visión que yo tenía de Él, lo amaba con locura pero siempre de igual a igual, e incluso confesaré, que a veces me sentía un poco por encima… Y llegó ese día, el día de la confesión, el día que lo cambió todo.
Empezamos este proceso lento y complejo pero que al fin nos hace felices… Al principio todo se redujo al sexo, luego pasamos a los pellizcos cuando tenía faltas de respeto, luego a los castigos con la correa, las bofetadas, las normas… Fuimos evolucionando pero siempre sentía que me faltaba algo, no terminaba de borrarme esa imagen de novio de los primeros años, seguía viéndolo de tú a tú. No sé explicarlo, eran situaciones que me excitaban y me llenaban momentáneamente, pero no era un sentimiento continuo que es lo que siempre busqué. Él se enfadaba conmigo cuando se lo decía, el pobre ya no sabía qué más hacer, no iba a estar todo el día castigándome o humillándome para que lo sintiera por encima de mí.
Recuerdo el día que me recomendaron que leyera 50 sombras de Grey, fue una pareja de amigos, ella me lo contaba en plan: verás como te espabilas. Me molestó un poco, dio por hecho que yo era sosa en la cama. No le guardé rencor, de primeras, más por aquella época, puede parecer que soy sosilla, vergonzosa y un poco pava. El caso es que por curiosidad comencé a leerlo. No tenía expectativas en él, no me habían dicho ni de qué iba, así que cuando ví que se encaminaba un poco al BDSM me alegré y me piqué. Por qué os cuentos esto, pues porque si comencé a llamarlo de usted fue gracias a ese libro, a todo se le puede sacar algo positivo. Ni siquiera recuerdo si es que en el libro decían algo de eso, el caso es que fue a raíz de una conversación sobre 50 sombras. Estábamos cenando una noche en la mesa de la cocina, lo recuerdo perfectamente, uno sentado al lado del otro y me dijo: “Pues a partir de ahora vas a llamarme de usted”. Recuerdo la risa floja que me dio, me hacía ilusión pero me daba muchísima vergüenza. Con la complicidad que tenemos, con lo cercanos que hemos sido siempre ¡¿ Cómo voy a llamarte de usted?! , “Bueno, no lo hagas si no quieres, pero atente a las consecuencias”. Sí, me he ganado muchos castigos por ello. El caso es que un cambio en apariencia tan simple, que para otros no sirve, para nosotros fue lo mejor. Me dí cuenta que el ustearle me alejaba un poco de Él tal y como lo conocía. Borraba todo ese pasado que enturbiaba al Amo y sumisa que somos ahora. Tened en cuenta que un Amo y una sumisa que se conocen ya en esa posición tienen más fácil saber cuál es el sitio de cada uno. Pero cambiar un tipo de relación por otra dentro de una pareja es muy difícil, tienes a la misma persona delante, tienes que cambiar el comportamiento que te sale natural.
El usted es algo que me encanta, al principio me sentía ridícula hablándole así, pero ahora no lo concibo de otra manera. De hecho cuando estamos delante de otras personas intento estructurar las frases para no tener que tutearle. En vez de ¿Quieres pan? Pregunto ¿Pan? Y si me apuráis acabo la pregunta con un Amo silencioso. Y no sólo por mí, sino porque sé que odia oírme tutearle, sabe que tengo que hacerlo pero se le agarra un nudo en el estómago. Ha sido difícil, para variar, ha habido situaciones que me han hecho dudar. Recuerdo una Navidad que su abuela estaba en el hospital y Él pasó unos días duros, yo le hablaba por el móvil y no le hablaba de usted, como si en esos momentos nuestro “teatro” tuviera que cesar por cosas más importantes, yo realmente creía que le hacía bien. Recuerdo lo triste que estaba y recuerdo que dijo que yo lo ponía aún más triste porque veía que esos días no estaba igual, que necesitaba sentir que yo era Suya siempre, no a ratos. Tiene mucha gracia, de verdad, cuando escribo me doy siempre cuenta de que lo que yo siempre he exigido, los comportamientos y pensamientos que siempre me ha dado miedo que Él tuviera, los he tenido yo…
A veces cuando leo cosas, sé que aparentemente infringimos normas o condiciones del BDSM y el Usted es una de ellas, no por el Usted en sí, sino porque fue una manera de indicarme mi sitio, de hacerme sentir inferior a Él. Sí, habéis leído bien, inferior. Sé que muchos defendéis que la sumisa no es inferior al Amo, y probablemente en los demás yo estoy de acuerdo, pero en mi caso no. Yo necesito sentirme inferior a Él, creo que porque necesito sentir la diferencia de nuestra etapa anterior, creo que los dos lo necesitamos. Es curioso que para poder tener una relación D/s sólida hayamos tenido que infringir esas “normas”. Es curioso que para sentirme bien como esclava necesito ignorar el SSC, por supuesto que siempre está presente, pero prefiero creer que no.
Sólo hay una cosa del Usted que no me gusta y es que hace como unos dos años que no le digo “Te quiero”. Por supuesto que digo “lo quiero”, ”lo amo” pero no sé por qué no me suena igual, el “Te quiero” tiene un poder especial. Aunque pensándolo bien prefiero no volver a decirlo, antes lo decía pero no lo demostraba, ahora no lo digo pero estoy entregada al 100%, creo que eso es mucho más importante que dos estúpidas palabras.



Y bueno, entre despistes delante de la gente, entre caras extrañas que me miran cuando le hablo en la calle… me pregunto por qué no puedo llamarle siempre de usted ¿Acaso no se hacía así antes, acaso no es una muestra de respeto y admiración? Un ejemplo más de que la libertad es muy relativa… Puede que ya se lo haya dicho a mis amigos, puede que se lo haya dicho a mi madre, pero sé que no me sentiré completamente libre hasta que no pueda hablarle como quiera donde quiera.



Al principio me sentía ridícula hablándole de Usted porque era sólo una forma de hablar, ahora es otra forma mostrarle mi respeto.