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domingo, 7 de marzo de 2021

¿Ser sumisa es lo opuesto a ser feminista?

     He rehuido mucho tiempo abrir este melón de forma seria. Se podría decir que ya hablé de feminismo en otra entrada, pero lo cierto es que fue más bien una defensa, así que simplemente dije lo que sentía, pero nunca he sido muy de darle vueltas a este tema. Para mí el feminismo era un complejo entramado que no comprendía muy bien, nunca me he sentido con la potestad suficiente como para hablar de ello, como si estuviese metiéndome en un terreno que no era el mío ¿Qué ironía no? Una mujer creyendo que el feminismo es terreno peligroso para ella. Me ha costado muchísimo enfrentarme realmente a este tema, tenía miedo que descubriera que realmente el BDSM y el feminismo no fuesen compatibles, tenía miedo a descubrir que ser sumisa es lo opuesto a ser feminista.

    Así que este melón interno seguía ahí cerradito muy dentro de mí. Pero en estos meses de “curso intensivo” sin venir muy a cuento me estampé de lleno con mi feminismo, algo hizo de nuevo Click y todo encajó. En aquel momento no lo entendí, simplemente estaba viendo una serie y en un punto concreto sin saber por qué rompí a llorar. Me conecté con la historia, con nuestra historia, con las mujeres de todos los tiempos, sentí tantas cosas en un instante que me desbordaron. Desde ese día he ido comprendiendo más cosas, una de ellas mi derecho a pertenecer al movimiento sin tener que pedir permiso ni esperar el beneplácito de nadie. Sin tener que pasar ningún examen para que me den mi carnet de feminista, porque es algo tan íntimo, tan profundo y potente que nadie puede darte o quitarte, como pasa con todo lo importante en esta vida. Desde entonces he comprendido por qué puedo ser sumisa y feminista, he comprendido cómo el BDSM puede ser machista y no serlo, como cualquier otra comunidad, entorno, situación... He comprendido la verdadera naturaleza y poder del feminismo. El feminismo es como un río sereno que fluye a través de los tiempos sin que nada ni nadie pueda detenerlo, por muchos obstáculos que se encuentre en el camino, este río siempre encuentra la grieta. He comprendido que el verdadero éxito del feminismo no es cambiar toda una sociedad, es despertar en las mujeres que la conforman. Ahora sé que poco importan las circunstancias, que no son más que un instrumento para el movimiento, esas que nos llevan a despertar, a conocer nuestro poder, ese que no pretende imponerse a nadie, solo dice “aquí estoy y ya nada puede hacer temblar mis cimientos, ya nada puede decirme que no lo tengo” No son los golpes, ni las palabras lo que hacen que algo sea machista, no son las cosas tangibles lo que más nos oprime, es esa fuerza invisible que ha escondido bien profundo todo aquello que nos merecemos, que nos ha disfrazado tanto que ya ni nos reconocemos, que nos ha quitado nuestra sensación de “tener derecho a” que nos ha quitado la magia de saberte merecedora de todo. Esa opresión invisible que nace de muy dentro construida siglo tras siglo, acto tras acto, detalle a detalle… que nos hace actuar de una u otra manera por creer que es la única forma en la que tenemos cabida en el mundo.

    Y así prohibir una manifestación puede ser el acto más a favor del feminismo, porque rompe esquemas, porque nos enfrenta a una realidad, porque nos revoluciona por dentro, y esa es la más poderosa revolución, no la de masas de personas en las calles, es la de una sola persona que rompe sus creencias, que se enfrenta a sí misma y se revoluciona. Esa semilla no hay ley que pueda aplastarla, no hay virus que la mate.

    Hace poco leí una afirmación de una supuesta feminista decía “Todo coito es una violación”, me pregunto si esa chica sabía lo opresora que estaba siendo con la mujer, cómo victimizaba nuestra naturaleza, cómo nos condenaba a todas. Es un juicio pensar que penetrar es violar, por lo tanto todo lo que es penetrado es violado. Porque la naturaleza nos ha hecho así, ha hecho que de ese acto surja vida, si menosprecias el acto de recibir, si lo vuelves agresión, estás victimizando a cada mujer, estás ensuciando al mundo desde su origen, estás diciendo que nacer siempre viene de un acto tan oscuro como es una violación, estás quitando el poder y la belleza a cada hembra de cada especie. Una violación es un acto no consensuado, no importa que sea una penetración como un roce. No es lo que suceda es desde dónde sucede. Cuando leo este tipo de afirmaciones viene a mi cabeza una teoría loca conspiranoica que me hace pensar que son personas infiltradas para dañar al feminismo desde dentro. Pero como me suele decir un amigo, normalmente la más simple es la respuesta correcta, en este caso que muchas anteponen su necesidad de provocar, de enfrentamiento, al bien común. No pasa nada, el feminismo es impasible, no se altera, tenía el mismo poder hace siglos que ahora, por mucho que ahora se escuche más. Porque el feminismo tiene su base en las mujeres, no en la sociedad. Así que no importa si ahora tiene nombre, si ahora tiene más voz, era igual de potente en aquella que decidió hacer un solo gesto “no apto” para mujeres en la edad media, que en la que ahora habla de violencia de género en voz alta. No es el feminismo, no es lo que importa, son las mujeres, son las personas.

    Así que ya puedo respirar tranquila, ser sumisa dentro de mi relación, entregarme a una persona que, además, es un hombre, no me hace estar en contra de las mujeres y su libertad. Encontrar mi poder interior, romper mis límites, ser lo más yo, mostrarme de la forma más auténtica posible, ver el poder en cada una de nosotras, tratar de recordárselo al mundo, eso, eso es feminismo. No tiene nada que ver con el sexo, da igual lo que hagas en la cama, da igual cómo quieres que sea tu vida, luchar porque esta sea tal y como deseas, sin conformarte, sin dejar que nada ni nadie te quite eso, ESO, eso es ser feminista.

    Ya no me siento fuera de nada, no hay nada de lo que sentirme fuera más que de mí misma, de todo lo que sé y siento. No importa lo exterior, no importan mis palabras ni las de nadie, solo importa lo que yo sé que soy, el poder tan grande que habita en mí y en cada una de nosotras, ese que no se altera ante nada, que no cambia por muy duras que sean las circunstancias. Que no haya hombre ni mujer en el mundo capaz de haceros creer que es algo que puede menguar, es imposible. Y si así lo crees vengo a decirte que despiertes, es solo tu percepción, una luz no se apaga aunque tú le des la espalda o no la veas por tener los ojos cerrados.

lunes, 1 de marzo de 2021

¿Eres posesiva/o con tu Amo o Ama?

 

Yo hoy tenía pensado publicar otra entrada pero en twitter he leído y participado en un debate muy interesante sobre los celos, la posesividad… en la sumisión. El debate lo inició @bad_behaviour con esta encuesta.

Los celos y la posesión es algo que ya traté en mi blog hace unos años, pero me apetece darle una vueltecilla y actualizar. Nunca he sido celosa, siempre me ha excitado imaginarlo y verlo con otras mujeres. Aunque yo no participe, es más, mejor si yo no participo, así puedo contemplar la escena más tranquila, con más detalle. Así que en el sexo no tengo problema. Por otra parte el debate diferenciaba entre ser celosa o posesiva en el sexo o en la sumisión, es decir, ¿Podría aceptar que tuviese otra sumisa? Aquí la cosa se complica un poco. Creo que depende mucho de la relación que se tenga, en nuestra situación me costaría mucho aceptar que tenga otra sumisa, como también se comentaba en ese debate, el amor puede multiplicarse pero el tiempo no. Ya nos cuesta sacarlo para estar a solas entre trabajo, proyectos e hijas, sobretodo hijas, se podría decir que ya lo comparto con tres mujeres. Por eso en nuestra situación actual tenemos demasiada implicación el uno en la vida del otro como para que haya espacio para alguien más.

Hubo una época en la que la amistad con otra mujer fue más “intensa” hablaban mucho por whatsapp, se excitaban… cuando venía a casa tenía sexo con ella, no es que fuese Suya, eso siempre estuvo claro por parte de todos, Él nunca ordenó ni exigió nada, pero tampoco era sexo “normal”, era una mezcla extraña que me encantaba. En aquel momento me planteaba cómo sería que ella también fuese Suya, cómo sería vivir todos juntos… Es verdad que una parte se asustaba un poco, las inseguridades y esas cosas, ya sabéis, pero otra parte decía: No sería tan horrible, al revés, creo que sería muy bonito.

Una relación D/s se basa en el servir, en acatar los deseos del Amo, si Él quiere tener a otra sumisa debería poder tenerla, si desea follarse a otras personas también… En teoría claro, es muy fácil teorizar sobre BDSM, pero la realidad es que no somos personajes de macabras fantasías, hay un lado humano que no podemos negar ni rechazar, mucho menos juzgar. Hay que humanizar el BDSM, cada día lo veo más claro, hay que aceptar que las personas somos cambiantes, como la vida, que tenemos cosas dentro, chispillas que se encienden sin que podamos controlarlo. Es como cuando le digo que me prometa que siempre estaremos juntos. Es un gesto simbólico, pero nada más. Aunque me lo prometiese jurando y perjurando que será así, me lo firmase en mil papeles, no puede controlar lo que va a sentir en todo momento. Pues en la sumisión igual, yo puedo estar muy segura, muy entregada, acordar que puede acostarse con quien quiera e incluso tener otra sumisa. Puede suceder todo eso, que no me haga sentir nada “malo” y que el día menos pensado por la cosa menos pensada eso cambie. Y hay que atenderlo, no vale un “te jodes, yo soy el Amo y tú acataste todo esto” tampoco digo que haya que romper todo lo que se acordó y que el Amo se “someta” a las emociones de la parte sumisa, solo digo que somos personas, que todo se puede y se debe hablar. La mayoría de las veces las personas solo queremos que nos entiendan, aunque luego te digan “te entiendo, intentaré ayudarte, pero esto va a pasar”. Esto es algo que he vivido mucho a nivel personal, pero sobre todo como madre. En los niños es muy fácil ver las emociones desbordadas por cosas que pueden parecer irracionales. Tendemos a decirles “Me da igual lo que digas, tienes que hacer esto o lo otro” “No sé por qué te pones así si es un pinchazo de nada, además ya te había avisado de que iba a pasar” o cosas parecidas. No sé por qué repetimos las mismas frases durante generaciones si rara es la vez que el niño dice: “Oh mamá, menos mal que me has dicho que esto es irracional, o que te prometí que no lloraría, que no me asustaría, así ya no me afecta” también tendemos a creer que lo opuesto a eso es darle lo que quiere sin más, no llevarlo al médico o cualquier otra cosa. Pero hay otra forma: hablar de forma empática. Las personas buscamos que nos vean, que nos escuchen y, si se puede, que nos ayuden a transitar por lo que sea que estamos viviendo. De la otra manera, a la angustia de estar sintiendo lo que sea que estamos sintiendo se suma el dolor por la falta de tacto y comprensión de nuestro entorno. Ahora me diréis: “Es que no somos niños” bueno, en realidad creo que todos somos niños a los que les creció el cuerpo y les pasaron los años, es más creo que todos somos niños heridos, cada uno a su manera, y que nuestra labor con las emociones es ver qué herida nos están mostrando, así que un: “Eres una sumisa, tu deber es acatar” ignorando las emociones que está teniendo es como decir: “Ahí no hay ninguna herida” aunque esa persona la sienta sangrando y en carne viva. No digo que las sumisas seamos como niñas, hablo de todos los adultos, en todos los ámbitos, solo que ahora lo muestro aplicado al tema de los celos, que sería más bien el tema de la inseguridad. (ya sabéis que hablo de "Amo" y "sumisa" porque al ser mi forma me sale más fácil pero podéis cambiadle los géneros) 

Con todo lo que me he trabajado este tema, con lo segura que estaba de no ser celosa varias situaciones me han hecho estarlo. Durante el tratamiento del cáncer a veces me sentía más insegura como mujer, sentía que no podía darle lo que yo sé que Él necesita. Me ofuscaba si Él bromeaba con estar con otras. No hacía ni decía nada que no hubiese hecho antes, de hecho era más bien el buscar disfrutar juntos, un “como aquellas aventuras de este par de viciosos”, pero yo no era la misma, así que no percibía la situación de la misma manera. Me ofusqué, yo sentía un montón de cosas que Él no sabía, daba por hecho que sí y que, a pesar de saberlas, seguía haciendo ese tipo de comentarios. Un día lo hablamos, le conté cómo me sentía, no lo enfadada que estaba, ni lo mal que hacía Él, ni lo que debería de hacer o no, dije cómo yo me sentía. Esto es algo que también suelo ver y que suelo cometer, expresar la parte superficial y reactiva de la emoción que estoy sintiendo en vez de decirle a la otra persona el porqué estoy actuando así. Como si esas veces que tuve celos se pudieran comparar a un huracán desbocado y angustioso con una “niña” dentro que dijese “por favor, no hagas caso a todo este lío, solo me siento insegura y necesito que me tranquilicen, que me den eso, seguridad”.

Probablemente no os haya aportado mucho, no era mi intención pues no existen fórmulas mágicas, incluso cuando crees conocerla esta se desvanece mostrándote algo nuevo que abordar, que sentir. Pero sí hay una fórmula mágica para que estas cosas no nos hagan más daño, para que no nos alejen como pareja: la comunicación y la comprensión. Independientemente de las decisiones que se tomen al respecto.

Pero si me preguntáis por mi idea del amor, no solo entre Amo y sumisa, creo que conforme te vas sintiendo más completo, cuando te vas amando más, menos muestras de amor de los demás necesitas, menos amenazas sientes pues la base es sólida. Una pareja es alguien con el que disfrutar, con el que sumar amor a ese que debemos tener de serie, ese del que nadie tiene el control ni el poder. Pueden doler las cosas pero ya nada te hace sentir inseguro o insegura pues de nadie depende que lo estés más que de ti mismo. Pero esto vuelve a ser una teoría, lo que ocurra hasta llegar a esa maestría es perfectamente válido, adecuado y normal.

En conclusión sé que mi Amo no es mío, no tenemos ningún acuerdo explícito en el que yo diga que no quiero que tenga otra sumisa, mucho menos que no pueda tener sexo con otras. Me gusta ese ideal de abandonarme por completo y que nada de lo que Él haga me afecte de forma negativa, que Él haga uso de su libertad siempre que quiera y como quiera. Pero por mucho que todo eso me guste y lo entienda, no puedo ignorar mis emociones si aparecen, y eso no dice nada malo de mí. Ni soy peor sumisa por expresarlo. Y para terminar propongo un nuevo debate para Amos y Amas. Si estar con otras personas, tener otras sumisas o sumisos hace que la otra persona se sienta mal, aunque acatase ¿Lo haríais?

Esta tarde podemos hablarlo en el directo, contadme cómo os sentís respecto a este tema, vuestras experiencias, preocupaciones y demás... Nos vemos a las 17:30 en mi canal de Twitch "angelaycafe"

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

Aquella perrilla dócil

 

Siempre digo que Él es de pocas palabras, pero que lo comprendo bien, no sé si eso es cierto, a veces quizá es que yo soy demasiado fantasiosa e interpreto Sus escuetas palabras de la forma más bonita que se me ocurre:

Stripped – Depeche Mode

El látigo restalla, la fusta pica, la correa marca tu piel… Déjame ver que te desnudas ante mí, déjame ver que vuelves a ser mía, que las rodillas te pesan ante mi presencia, déjame ver la veneración en tus ojos. Déjame ver el rojo de tus mejillas tras una bofetada.

Agarro tus muñecas de nuevo, tan pequeñas entre mis manos, había olvidado lo mucho que me gusta inmovilizarte, que sientas que no puedes huir, no hay escapatoria…

Los castigos, las perversiones, las órdenes, las normas… volver a ser lo que fuimos, esos tiempos de Depeche y fiestas, de exhibirte en ropa interior, de mostrar cómo aguantabas mis azotes… que sientas mariposillas ante esta palabra de nuevo, que tus lamentos vuelvan a ser la banda sonora de nuestras noches, que vuelvas a abrir al repartidor de pizza en lencería, comérnosla juntos y agotados tras haber usado todos y cada uno de tus agujeros, de haberte colgado de la polea, de haberte hecho correrte con el Hitachi atado…

Déjame ver que sigues siendo mía, que disfrutas siéndolo, déjame ver que sigues siendo aquella perrilla dócil que lamía mis pies. No te lo exijo, no puedo obligarte ni quiero, pero también tengo derecho a desear, a anhelar, a echar de menos. Y yo echo de menos a mi zorrilla sumisa, esa que se adelantaba a mis movimientos, que no me retaba, que siempre andaba pendiente de mis deseos, que cumplía todos y cada uno de los protocolos, a la que castigaba más por despistada que por desobediente…

No importa, puedo amarte de todas formas, puedo desear tu cuerpo con sus cicatrices, puedo follarte con cuidado, puedo no tomarme a mal tus retos, te veo, te entiendo, necesitas eso… No importa, puedo amarte, podría amarte en cualquier circunstancia, puedo amarte rebelde y retadora, puedo disfrutar doblegándote, puedo hacer que te rindas, eso es lo que ahora quieres… Eres otra sumisa, y yo… yo puedo ser otro Amo.

Puedo apretar más fuerte tus muñecas, escupir más veces en tu rostro, mear más veces encima de ti ¿Aún necesitas que marque más mi territorio? Tranquila, puedo darte más veces mi semen a beber de un vaso, puedo tirar más fuerte de tu pelo, puedo abofetear más veces tu rostro… ¿Es lo que buscas? ¿Es lo que necesitas? Yo te lo daré, podemos echar de menos a aquella perrilla dócil juntos. Qué hermoso sería, ambos añorando a aquella que no se ganaba tal dureza, a aquella que no necesitaba más que un gesto para obedecer, podemos llamarla juntos a ver si vuelve, mi voz sonará a vara golpeando nalgas, la tuya a lloros y súplicas ¿Crees que conseguiremos que vuelva? Estoy seguro que sí, siempre hicimos buen equipo, nunca hubo nada que se nos resistiese…

Déjame ver que te desnudas de nuevo ante mí, que me veneras, que me llamas Amo mientras se te llena la boca de orgullo y respeto. Déjame ver que vuelve, que mi perrilla vuelve, yo estoy deseándolo, sé que tú también, pero no pasa nada, no tengo prisa, el camino hasta que vuelva parece interesante…

lunes, 9 de marzo de 2020

La trascendencia y el sexo anal


1.    Empezar a ser conocida [una cosa que estaba oculta].

2.    Hacer sentir sus efectos o tener consecuencias [una cosa] en lugar o medio distinto de aquel en que se produce.

Esto es lo que dice el diccionario, pero en realidad es un término mucho más profundo. La trascendencia es algo complejo, es como llegar a algo superior, es como ser capaz de alcanzar un nivel desde el que ver con perspectiva, abandonar un poco tu cuerpo, es ir más allá… No sé describirlo, solo sé que cuando trasciendes lo sabes porque, permitidme el atrevimiento de decir que la trascendencia es la evolución del orgasmo, lo que hay tras él si no lo “cortamos”, si nos atrevemos a ir más allá de él. Yo he tenido varios momentos de ese tipo, me enfada que ha sido en los momentos más difíciles, y me enfada porque si fuese capaz de llevar eso a toda mi vida sería la leche. Pero lo cierto es que en los momentos duros me “voy” fácilmente, soy capaz de ver con perspectiva, comprender lo que es formar parte de un todo, la sensación oceánica creo que lo llaman, lo que sería ser solo una gota pero ser consciente de que formas parte del inmenso océano.
Este sábado vi perfectamente esto hecho metáfora en el sexo. Siempre he dicho que el sexo anal me maravilla, no es que me guste a nivel físico, me duele pero me lleva a sensaciones únicas. He aquí la metáfora: cuando me dejo llevar, cuando no me resisto al dolor, cuando lo acepto es como si una parte de mí surgiera, una parte capaz de elevarse un poco y comprender que el dolor está en un plano, pero en otro plano superior te está dando algo maravilloso y es entonces cuando el dolor deja de ser insoportable para ser el conductor de un orgasmo increíble. Este sábado fui incluso más allá. Una de mis tareas es dejar de ser controladora, cuando estás atada y te están azotando ¿Qué control puedes tener? Pues mucho, no controlas las circunstancias pero cómo las gestionas es todo cosa tuya. Hasta ahora si me azotaba y me ponía el Hitachi a la vez era incapaz de sentir placer, no sentía absolutamente nada pues estaba intentando racionalizar el dolor, quería controlar las sensaciones y no podía llevar dos a la vez. Pero los frutos de mi trabajo interior se vieron reflejados cuando me dejé llevar, no intenté resistirme al dolor… todo fue mucho mejor. Y entonces llegó el sexo anal, llegó ese dolor, llegó también el Hitachi… no sé cómo expresarlo, solo sé que en un momento concreto dejé de sentir dolor y placer y me corrí en un “lugar” en el que ambas cosas daban un resultado aún mejor que cualquier orgasmo. Trascendí esa situación. Gemí como no había gemido en mi vida, era una explosión sin ser nada físico, o al menos sin ser consciente de lo que sucedía a nivel físico. Cuando “pasó” rompí a llorar, no de dolor, ni de agotamiento… era puro desahogo, la intensidad, la emoción me invadía, lloraba solo por haber sentido la vida, por haber llegado a ese lugar, por saber que aún nos quedan miles de cosas que explorar, que somos distintos a los que fuimos y por ello puedes repetir exactamente las mismas cosas y que el resultado sea completamente diferente. Eso es tan apasionante.
Me quedo con la primera definición del diccionario, porque cada vez que he sentido esa trascendencia ha sido toda una revelación, un descubrimiento que ha modificado mi vida, da igual si ha sido motivada por algo sexual, por un diagnóstico médico, por un mal momento… cada vez que trasciendes descubres algo importante que afecta a cada parte de ti. ¿Cómo se consigue? No lo sé, si lo intentase responder desde mi experiencia diría que lo necesario para trascender es buscar la profundidad de todo, es ser muy consciente de que todo en nosotros es importante, especial, no menospreciar ninguna parte de nuestra vida porque todo esta totalmente conectado. La clave puede ser estar abiertos y dejarse llevar… Sé que me falta mucho camino por recorrer pero si está lleno de momentos como los del sábado qué bien que aún me quede tanto.


miércoles, 26 de julio de 2017

La entrevista

https://youtu.be/_N6GmGG_1Ck

 

Ahora que ya han pasado dos semanas desde que se publicó este vídeo creo que es momento de hacer balance de esta experiencia. Como ya sabía hubo muchas partes que tuvieron que ser eliminadas, había que resumir tres horas en media. Por ello he decidido contestar algunas de esas preguntas por aquí para poder profundizar un poco más, lo iré haciendo en distintas entradas. Por otro lado yo tenía miedo a los comentarios, me puse en lo peor, creí que una horda de personas irrespetuosas me escribirían de todo. Pero cuál fue mi sorpresa cuando esa horda nunca apareció. La mayoría de esos comentarios eran muy positivos, e incluso los que no estaban de acuerdo o no entendían mi forma de vida lo manifestaron de forma respetuosa y pude mantener pequeños debates con algunos, debates de los buenos, de los que te nutren. Aún estoy digiriendo esa tolerancia, me doy cuenta que en esta vida hay de todo, pero de lo bueno hay mucho, solo que lo malo hace más ruido. Sigo creyendo que la vida me mima mucho, en todos los años que llevo “exponiéndome” en redes sociales, blog y demás… nunca he sido el objetivo de personas cerradas, ni de insultos o acoso de ningún tipo. Quizá alguna cosa no me haya gustado o me haya enfadado, pero no lo recuerdo porque han sido hechos aislados que tampoco me han hecho daño. Por supuesto que he leído cosas que no me han gustado, pero dirigidas a un colectivo con el que me haya sentido identificada pero hacia mí concretamente no lo he vivido nunca. Así que esta experiencia me ha confirmado que hay más tolerancia de la que a veces creemos.


Por otro lado no puedo estar más agradecida a todas esas personas que me han escrito al correo, que me han contado cosas que no han contado a nadie. Es todo un honor que hayan tenido esa confianza en mí. Esta parte quizá sea la más “exigente” para mí, porque he intentado poner en cada contestación lo mejor que tenía para cada persona, he sentido la responsabilidad de responder a esa confianza que han depositado en mí. Hay muchas personas que me han dicho lo aliviados que se han sentido al ver el vídeo… y ese era mi objetivo desde el principio, así que más feliz no puedo estar por haberlo logrado.


En mi círculo cercano no he tenido más que buenas palabras, mi madre, mi padre, el marido de mi madre, mi tía, mis amigas, las madres del cole… todos me dijeron cosas preciosas tras ver el vídeo, y supongo que os haréis una idea de  lo importante que es eso para mí. Antes de grabarlo ya sabía que contaría con su apoyo, pero sentirlo a la hora de la verdad emociona.


¿Y a nivel personal? Esto es más complejo, ese vídeo para mí ha sido y es una experiencia que me ha aportado varias sensaciones y conclusiones. Me ha hecho ver que soy muy exigente conmigo misma, me ha hecho ver que la imagen que tengo de mí no es igual a la que transmito. Eso ha sido una gran lección, me ha hecho relajarme un poco, aceptarme y valorarme un poquito más. Por otro lado cuando lo grabé sentí que cerraba un círculo, que quizá esa sería la última vez que hablase de BDSM, pero aquí llega lo complejo, para ti es un círculo que se cierra, pero para otros eres un círculo que se abre. Evidentemente de lo que me preguntan es sobre BDSM, habrá nuevos lectores, nuevos seguidores en Twitter que me han buscado por ese tema y yo siento que merecen respuesta. Tengo que ser realista, sabía que eso sucedería, que yo ya no tendría la necesidad de hablar de ello pero otras personas sí tendrían necesidad de que lo hiciese. Así que ahora tengo que llegar a un punto intermedio, tengo que llegar a esa capacidad para transmitir todas las partes que me componen. Es fácil decir: voy a hablar solo de sumisión, pero es que mi concepto y sensaciones respecto a esta han mutado, han crecido y han llegado a otro nivel. Quizá por eso sentí que era un círculo que se cerraba, porque resumí todos estos años en los que viví el BDSM a un nivel profundo pero más superficial. Pero ahora he trascendido esos sentimientos, he descubierto que mi sumisión va ligada a una parte mucho más profunda, que está relacionada con esa parte “espiritual” que siempre he tenido. En esta entrada mostré que en mí había dos Ángelas, y ahora os digo que cada vez hay menos de esa división, que cada vez existe más unidad dentro de mí. Quizá eso sea el resultado de este duro trabajo que es conocerse de verdad. Cada vez compruebo que nada es casual, que las partes que nos componen están estrechamente relacionadas por muy distintas u opuestas que nos parezcan. Y aquí estoy, intentando encontrar la forma de transmitir todo lo que siento sin miedo, intentando establecer los límites sobre qué contar y qué no.


Llevo tres días intentando escribir algo, me salen mil cosas, cada una totalmente distinta a la anterior, y ninguna me convence. Esa es la prueba de que necesito unas vacaciones para poner en orden todo esto, para poder alejarme, coger perspectiva y establecer un lugar desde el que transmitir. El lunes nos vamos de vacaciones, estoy deseando entrar en el mar, meditar al atardecer en la orilla, estoy deseando empaparme de momentos de paz, de chiringuitos y risas en familia. Estoy segura que este descanso me traerá grandes cosas, que me sacará las palabras adecuadas para plasmar aquí.


Para terminar esta entrada tengo que darle las gracias a la vida por cada señal que me manda, por cada persona que aparece en mi camino, por cada oportunidad de encontrarme. Le doy gracias por haberme impulsado a escribir aquella primera entrada, sin ella todo hubiese sido más difícil y no os tendría a vosotros, los que me leéis. No tendría esta sensación de cariño que me transmitís. Tengo que dar gracias a la vida por hacerme sentir tan querida de formas tan distintas y maravillosas.

miércoles, 5 de julio de 2017

El contrato

Por diversos motivos de vez en cuando hablaré de conceptos más básicos y cómo los vivimos nosotros. Aprovecho para abrir la veda para que me propongáis temas que os interesen o de los que queráis que hable. Me he dado cuenta de que a veces me limito, así que prefiero que seáis vosotros los que me abráis más campos. Podéis hacerlo por email, en comentarios, o en twitter. Estaría encantada de que lo hicieseis y muy agradecida. Dicho esto aquí va el primero de estos temas:


El contrato en BDSM es un papel en el que dos personas que quieren iniciar una relación D/s  exponen sus condiciones, límites y demás. En él se establece también la palabra de seguridad, lo que ocurrirá si alguna de las dos partes incumple tal contrato etc… Evidentemente no es un papel legal, es más un pacto escrito entre esas dos personas.


Cuando le confesé qué necesitaba me pidió que investigara sobre el tema en internet ya que mi única referencia era Historia de O y mi imaginación. Lo primero con lo que me topé fue con este concepto. Me llamó mucho la atención, era algo que no me esperaba en un mundo que yo imaginaba tan pasional, tan sexual… un contrato era como un elemento frío y calmado. Se lo conté y con Su mente de ciencias, mucho más racional que la mía, le pareció un buen primer paso. Yo al principio reconozco que lo viví más con la emoción de hacer algo así, pero sin entender lo importante que era. Hoy en día ese contrato está obsoleto, siempre tuve claro que no quería límites, no me quería regir por un contrato, pero todo debe ser poco a poco. Ahora está en una carpetita verde junto a las fustas, cuerdas, ganchos y pinzas, es como una reliquia, como un recuerdo tierno pero ya sin ninguna validez. Aunque no nos rijamos por él, es ahora cuando he comprendido lo importante que fue. Cuando dábamos nuestros primeros pasos nos ayudó a pararnos, a meditar los puntos, a hablar directamente sobre lo que cada uno quería y temía, a sacar lo importante de mis fantasías, enfrentarme a lo que realmente quería de ellas, qué me asustaba de verdad. Nos ayudó a comenzar con los primeros protocolos. Darle la seriedad necesaria para llevarlos a cabo. Esto es fundamental, hoy en día si Él me dice espontáneamente una nueva norma yo la acato y la integro con el resto. Pero en aquella época veníamos de una relación muy distinta, no es que quisiese desobedecerlo, es que no estaba acostumbrada a tener normas, mucho menos que fuesen de Su parte, es más, me daba una especie de vergüenza rara obedecerlas. Como si Él la hubiese dicho pero no para que la cumpliera de verdad y siempre. Pero verlas sobre el papel y firmarlo era otra cosa, les daba peso y sobriedad, era un compromiso real y firme de comenzar con este camino. Creo que a Él además le daba fuerza para llevar a cabo las consecuencias de mis faltas, como si antes le diese la misma “cosilla” ejercerlas como a mí obedecerlas.


Firmamos nuestro contrato el día que nos casamos, era nuestro símbolo, nos casábamos y comenzábamos una unión distinta, una relación distinta. En aquella preciosa cama con dosel me ordenó por primera vez que leyese algo para Él, era ese contrato. Si leerlo para mí ya daba impresión hacerlo en voz alta, escuchando todos esos compromisos saliendo de mi boca, esas normas me encendían la cara y, por qué no decirlo, la entrepierna.


La verdad es que en ese contrato pocos límites tenía ya, prácticamente ninguno, pero me gusta cuando se me olvida que existió, de hecho hablo de él porque en distintas conversaciones ha surgido casualmente y me ha hecho mucha gracia la reacción de sorpresa “¿Pero  vosotros tenéis contrato?” y me he sonreído llena de ternura al recordarlo: “Sí, lo tuvimos”.

miércoles, 21 de junio de 2017

Viaje a Barcelona

Salimos a las doce de la noche destino Barcelona, pero ese viaje comenzó mucho antes, varios meses antes.


Un día me crucé con un vídeo en Youtube, unos chicos entrevistaron a una chica que se dedicaba a la prostitución por voluntad propia, me pareció un video genial, la trataban con respeto pero a la vez con cercanía, pensé que si alguna vez hablaba de mi forma de vida en público sería con alguien como ellos. Me fui a la bañera y no paré de fantasear con cómo sería, qué cosas diría, era solo una película, no tenía ninguna fe en que eso pasara, no es algo raro en mí montarme ese tipo de teatros en la cabeza. Cuando me secaba estaba ya en el punto de sentirme mal por saber que solo era una película mía, que eso jamás sucedería, sobretodo porque no sería capaz de dar ni un solo paso hacia ello. Le escribí a mi Amo, le dije que estaba tristona, le conté el porqué. Tras hablar con Él me senté frente al ordenador a escribirles un mail, al menos por proponerles el tema, aunque decidiesen coger a otra persona para hablar sobre ello. Ese mail se quedó en borradores durante meses. Un día volví a ponerme gris, a enfadarme conmigo misma por saber que tengo la capacidad de hacer muchas cosas, de conseguir muchas cosas pero estar paralizada, no dar nunca el primer paso para llegar a ellas. Para solucionarlo decidí hacer ese día un pequeño gesto, algo que me calmara la decepción conmigo misma que me amargaba el día. Y recordé el mail, estaba escrito, solo tenía que darle al botón de enviar. Ya no era por aquella película en la ducha, como hablé con algunas personas de mi entorno, no creí que fuesen ni a leerlo, seguro se perdería entre los miles de mails de propuestas de trabajo y fans. Y debo reconocer que estar tan segura de ello me aliviaba, dar a enviar me calmaría pero no supondría mucho más, no me enfrentaría a nada. Qué puta es la vida, cómo no nos deja hacer las cosas a medias. Le di a enviar por la mañana y esa tarde tenía su respuesta, querían que fuese a grabar con ellos. Corriendo se lo dije a Él: ¿Y ahora qué hago? “Pues qué vas a hacer, ser valiente del todo”. Dos meses después estaba viajando hacia Barcelona, a desnudarme.


En eso dos meses he sentido de todo, valor, inseguridad, fuerza, miedo, incredulidad… De todo, el miedo a que mi vida cambie en algo era lo más duro.

Ha sido una aventura, creo que de las experiencias más extrañas de mi vida, el rodaje fue largo e intenso, por problemas ajenos a los que lo estábamos haciendo hubo muchos cortes, tuve que retomar muchas respuestas por las interrupciones... Me sentía fuera de la pecera, fuera de mi mundo y mi seguridad, pero a la vez me sentía bien, rodeada de personas que valoraban lo que estaba haciendo, hablando de algo tan íntimo y personal como es tu vida y cómo la vives. Y tenerlo a Él sentado frente a mí me aportaba esa seguridad que necesitaba. Y su “Qué orgulloso estoy de ti, eres una valiente” al final de todo fue muy importante para mí. Cuando acabamos de grabar fuimos a ver la ciudad los dos solos, Barcelona es bonita pero reconozco que ese día no podía fijarme en ello. La cabeza me hervía: “¿He dicho esto?¿He dicho lo otro?¿Me habré expresado bien?¿Y si se saca de contexto?¿Qué pensarán los que me leen?¿Qué pensarán mis amigos?¿Y si dejo de gustarles?¿Y si dejan de leerme porque no soy como esperaban?¿Saldré fea?¿Me dará vergüenza verme?¿Seré capaz de verme y escucharme?¿Irán mucho a por mí?¿Me criticarán de forma dañina mucho?¿Seré capaz de soportarlo? Etc…” y mil cosas más, os estoy siendo muy sincera, fue una tarde horrible, en la que el Ego estaba privándome de disfrutar de la ciudad, de Él y mi gran paso. Ahora lo veo, ahora me diría en ese momento que dijese lo que dijese, pase lo que pase, el hito para mí ya está hecho, he sido capaz de dar un gran paso, de conseguir algo que me he propuesto, di ese primer paso y los que le siguieron, eso no puede arrebatármelo nada.


Pero poco a poco el resto del viaje me ha ido llevando a nuevos aprendizajes, nuevas conclusiones. A veces planeamos las cosas creyendo que son aleatorias pero no lo son en absoluto y resulta ser lo que necesitabas. El segundo y último día en Barcelona fue mil veces mejor, estaba tan nerviosa los días previos que no planeé qué quería ver, dónde ir, comer… pero Él sí, así que me dejé llevar. Ahora tengo esos momentos “tontos” esos que son los que me gustan, la coca cola que te tomas en el sitio más insospechado, el ratito que te sientas en esas escaleras antiguas a la sombra, tengo los lugares a los que Él me llevó, tengo esa riquísima comida al borde del mar, esa infusión en el Bosque de las Hadas, ese mojito de Frambuesa con vistas a la Rambla…


A la vuelta decidimos parar en algún pueblecito y hacer noche para no hacer el viaje del tirón, perdíamos un día de Barcelona pero volver a viajar diez horas seguidas me parecía una locura. Sé que en la era de las comunicaciones, de los transportes, viajar en coche parece raro, pero nos gusta lo clásico del coche, la música sonando, cantar esas canciones con los paisajes a nuestro alrededor, viajar a nuestro aire, a nuestro ritmo... Pues ese pueblecito fue de esas cosas “casuales” que luego descubres que no lo son. Cuando llegamos a Bocairent mi energía cambió por completo, entre montañas, rocas enormes, casas antiguas, me sentí como en un retiro, necesario, un nexo entre lo extraño de Barcelona y la rutina de mi hogar. Fue como si el universo me sacara del mundo para dejarme coger fuerzas. Allí los nervios y miedos de Barcelona desaparecieron por completo, mi mente dejó de estar aturdida. No olvidaré esa placita con su frescor nocturno, esas patatas bravas, la horchata, el mojito, el licor de arroz… esa sensación de estar sentados sin más, dejándote envolver por el encanto del lugar. No olvidaré esa ruta mágica con ese hueco en la roca, ese en el que me pidió que me quitase las bragas. No olvidaré esa casa que olía a historia, con sus preciosas escaleras, esa sensación de que algo o alguien nos rondaba, esa noche con las manos al cabecero de barrotes, con las campanas dando las en punto, sonando una vez para las y cuarto, dos para las y media, tres para las menos cuarto, y Su voz entre bocados, azotes, pellizcos, pinzas etc… “Uy las campanas, a ver si te acuerdas de lo que te he enseñado ¿Qué hora es?”.


Y no me olvido tampoco del viaje de vuelta, con esa tormenta de verano que me regaló ese olor que tanto adoro a tierra mojada. Ese batido de Matcha y ese crep recién hecho que sabía a gloria.


Este viaje ha sido una aventura, una que me ha hecho pasar ratos extraños, pero que me ha dado también grandes cosas y momentos. Y una vez me ha hecho confirmar que elegir bien la compañía en las aventuras es casi más importante que la aventura en sí.


Gracias Amo por conducir toda la noche para llevarme a mi destino, gracias por hacer bonitos los días que mi mente quiere sabotear, gracias por darme esos detalles que marcan tanto la diferencia, gracias por dejarme mirarlo embobada mientras tararea y conduce. Gracias por guiarme siempre.

lunes, 29 de mayo de 2017

Enferma

Hasta los 21 años me sentí rara, enferma, me reprimí. “Esto que sientes está mal””Eres una loca pervertida” y un sinfín de frases horribles que me repetí durante esos años. A los 21 años decidí enfrentarme a eso y llegó mi época dorada. Me sentía genial, libre, “normal”, no había nada que me dijese “reprímete” no está bien lo que eres, ya no me sentía enferma, solo me sentía yo. Pero la fuerza se demuestra en la regularidad, no en el instante. Y yo aún soy fuerte a ratos. Seguro que cuando diga esto alguien pensará: “No seas tonta, no hagas caso de los demás”, “A mí no me afecta lo que digan” y yo les doy la enhorabuena por ello, pero si de algo puedo presumir en este blog es de sinceridad, y sin yo querer, sin darme cuenta, incluso cuando creía que no escuchaba sandeces, de repente, un día me encontré con un pellizquito dentro que no tenía.


El sábado vimos “La Venus de las pieles” de Polansky, no puedo decir que no me gustase, es una película genial para enfrentarte a ti mismo, para sacar tus verdades a flote. Analiza el sadomasoquismo y las relaciones D/s, y su conclusión es a la que llegan en la mayoría de los casos: está mal, es de enfermos. Evidentemente no fue solo la película lo que ha calado en mí, fue la gotita que me faltaba para darme cuenta de que algo había cambiado en mí, que ya no estaba tan segura de todo, que algo había calado en mi en este tiempo y no, no es nada bueno. Desde que “salí del armario” en redes sociales y demás he ido leyendo a personas que veían el BDSM como algo malo. Al principio no les hacía caso,  veía claramente su error, o eso creía yo. Hace unas semanas leí el hilo de una chica en twitter que analizaba porqué el BDSM es machista, sea en la situación que sea, incluso cuando es la mujer la que domina. No recuerdo las palabras, solo sé que noté cómo esas palabras me hacían sentir de una manera muy concreta: me hicieron sentir enferma. Y me puse a pensar, a analizar… pongamos que esa chica y todas las que dicen cosas similares llevan razón, o pongamos que ellas lo hacen con su buena voluntad de mejorar la sociedad, pongamos que yo le escribo y le digo: tu palabras me han calado ¿Qué se supone que tengo que hacer yo?. Aunque todo lo que dicen fuese cierto, mi felicidad se basa en eso que ellas tachan de tan negativo ¿Tengo que volver a reprimir mis sentimientos?¿Tengo que dejar de ser feliz?. Y entonces volví a mi, ya recurrente, comparativa con la homosexualidad. Esos tiempos en los que las teoría “lógicas” decían que lo que tenían era una enfermedad, y me imagino a ese pobre muchacho escuchando atento cómo esas personas “se preocupan” por él y su “enfermedad”, a ese pobre muchacho llegando a una conclusión: estoy enfermo. ¿Acaso eso cambió algo? ¿Acaso no hemos visto más adelante que no era una enfermedad? Hay que tener cuidado cómo buscamos el bien y mejora de la sociedad porque a lo mejor estamos consiguiendo todo lo contrario. A esas mujeres, no las voy a llamar feministas puesto que sería enturbiar el verdadero feminismo que me parece maravilloso y del que me siento parte, que dicen querer defender la libertad y bienestar de sus iguales juzgando y generalizando yo les diría:


Hola, me llamo Ángela, soy una mujer. Era feliz, me sentía genial, pero gracias a vuestras palabras me siento una enferma que “daña” a las otras mujeres solo por querer ser y vivir como me da la gana. Me habéis hecho sentir una enemiga del poder de la mujer, cuando es lo que he buscado en mí siempre, gracias a vuestras teorías lanzadas desde vuestra visión, única y exclusivamente, me habéis hecho plantearme si debería reprimir mis sentimientos, porque vosotros lo llamáis manipulación del patriarcado y yo lo llamo sentimientos, que han estado ahí desde que nací, que es lo que yo he buscado para ser feliz. Y eso es lo que no entendéis porque sólo os ponéis en los zapatos de las mujeres que os conviene, porque no os ponéis en los de todas. Poneos en mis zapatos pero no con vuestra visión, por supuesto, eso no vale, eso es trampa. Imaginad que lo que vosotras anheláis para ser felices, ese sentimiento de buscar la vida ideal para vosotras, es lo mismo que siento yo, da igual que sean cosas distintas, son sentimientos. Y ahora imaginad que alguien os dice que eso está fatal, que no está bien ¿Cómo os sentiríais? Mal, ya os lo digo yo. Y yo no estoy en vuestra contra, decís cosas muy inteligentes y llenas de sentido, pero sin ninguna empatía, perdonadme pero es la realidad. Si la tuvieseis lucharíais sin dañar a las que pretendéis ayudar. Hay muchas cosas que reivindicar, muchas causas por las que luchar, el BDSM en sí no lo es, porque os arriesgáis a cruzar la fina línea que hay entre mejorar el mundo o delimitar la libertad de otras mujeres “por protegerlas”. A un pájaro en una jaula no se lo come otro animal, pero se muere de pena. Yo no vivo en una jaula, yo vuelo libre y vuelvo al lado de quién yo elijo en las condiciones que yo elijo, y me gusta mi vida tal y como es. Otra cosa muy distinta es perseguir y denunciar el abuso, que puede darse en cualquier tipo de relación, vainilla, BDSM, homosexual… Pero perseguid el abuso en casos concretos, no generalicéis, recordad que generalizar es muy malo  y muy peligroso… recordad que el límite entre ser el “bueno” y el “malo” es muy fácil de cruzar. Para que lo entendáis mejor os recuerdo que hubo médicos que creían que ayudaban a sus pacientes con problemas mentales y hoy sabemos que los sometían a auténticas torturas. Es una exageración, por supuesto, pero creo que se ve muy bien cómo a veces creemos que ayudamos y lo que estamos haciendo es entorpecer la búsqueda de la felicidad de los demás. Y sí, enhorabuena, en mí habéis sembrado la duda de si lo que yo siento está bien o mal, si es el machismo histórico que está impreso en mi ADN, pero eso no me ha ayudado en nada, al revés, sigo sintiendo lo mismo, sigo eligiendo ser feliz como yo sé que puedo serlo, lo que sí habéis conseguido es que me sienta una enferma por ello. Gracias, hay miles de mujeres que necesitarían apoyo para sentirse mejor pero, en cambio, habéis conseguido que una que se sentía genial, se sienta mal. Y me diréis “si hemos sembrado la duda será por algo” y yo os digo que si coges a una persona y empiezas a lanzarle mensajes negativos sobre lo que es una y otra vez, inevitablemente consigues una reacción negativa en ella, al final consigues sugestionarla. Solo os pido que analicéis lo que decís, yo nunca he dicho que todas tienen que ser como yo, he defendido mi manera personal de vivir ¿Y vosotras? ¿Les decís a las demás qué hacer y cómo vivir? ¿Os metéis en sus vidas sin conocerlas? Analizad bien lo que decís a ver si en vez de la libertad lo que buscáis es cambiar unas normas por otras y, lo siento, pero eso no es libertad.


Pero que nadie se preocupe o se asuste, soy muy capaz de superar esa sugestión, a esta vida he venido a ser feliz y eso es inamovible. Esto es una etapa y en el fondo fondo sentirme así me ayuda a “luchar” por normalizar este tipo de sentimientos, que sentirme así me hace ser más consciente de lo imprescindible que es sacar a la luz lo que somos de verdad y pelear con nuestro maldito ego y su manía de agarrarse a cualquier cosa para hacernos sentir mal, para auto boicotearnos. Me hace ser aún más consciente de lo importante que es fortalecerme, ganar en seguridad mucho más de lo que ya lo he hecho, me hace ser consciente de que esta guerra no acaba nunca, que hay que ir batalla a batalla… me hace ser consciente de lo importante que es seguir afianzando mi poder y mi conocimiento de él, frente a todos y todas. Al final a ese pellizco tengo que darle las gracias, me ha devuelto una chispa que había perdido, y le da aún más sentido a lo que voy a hacer en unas semanas…


Mi conclusión es una muy simple: aunque hayan conseguido hacerme sentir una enferma, una voz mucho más fuerte dentro de mí me grita que no lo soy.

lunes, 4 de julio de 2016

La sumisión es un camino

Para empezar esta entrada voy a definir los términos que voy a usar. Para hablar de mi etapa anterior diré mi etapa como sumisa, y me refiero a cuando me dejaba condicionar por el significado que otros le dan a esa palabra, cuando me atraía todo lo superficial del término. Cuando mis metas y mi percepción se basaban en las propias de una sumisa en el BDSM. Por ello si atribuyo bastantes cosas negativas al término “sumisa” no es porque realmente las tenga, sino que yo como sumisa dentro de una comunidad con unos patrones a seguir no me gusté. En mi nueva etapa me llamaré Suya o “entregada”. Todo esto lo aclaro para intentar describir más fácil las diferencias que veo entre una etapa anterior y la que vivo ahora. Aunque es complicado, ya aviso…


Cuando era sumisa imaginaba mi mundo ideal como un protocolo perfecto y pomposo. Como meta tenía ser perfecta, quería no tener ni una sola falta al terminar el día. Si viviese encerrada en casa, sin hijas, sin trabajo, sin familia etc… no me parecería una meta tan horrible y tan dura como me resultaba. Y es que, como imaginaréis, no solo quería ser perfecta como sumisa, también lo quería ser en cada aspecto de mi vida. Cuando llegaba la noche estaba agotada, y aún me quedaba el trago de hacer recuento de faltas y cumplir castigos. Todo se me hacía cuesta arriba, me sentía fracasar a cada paso, y lo peor era la sensación de decepcionarlo. Para que os hagáis una idea algunas de mis faltas eran olvidar decir Amo al final de una pregunta o respuesta, olvidar pedir permiso para salir de una habitación, no hacer algo que me había ordenado que hiciese… evidentemente hay faltas y faltas. Las dividiré también en faltas superficiales (aquellas de protocolo, pequeñas órdenes)  y faltas profundas (mentir, ser soberbia, responderle con carga). Ahora veo claro la importancia real que tienen cada tipo de falta y la relación que tienen unas con otras, pero antes no. Como sumisa sentía una presión horrible, no podía fallar, sentía que daba pasos atrás si se me escapaba algún “tú” y pensaba en el ideal de sumisa que se tiene y en cómo yo lo reventaba a cada despiste. Desde fuera siempre se tiende a echar la culpa al Amo por una sumisa saturada, seguro que pensaréis que me presionaba, que Él me ponía todos esos protocolos y esperaba de mi la perfección, si no lo pensáis me extraña porque yo sí lo hacía. No porque Él dijese una sola de esas palabras, sino porque en mi cabeza era lo que se supone que desea un Amo. Pero se me olvidó que los Amos y sumisas que imaginaba no son reales, son proyecciones de nuestro cerebro, de nuestra propia exigencia. No conozco a una sola sumisa que no sea autoexigente, de verdad que no, no conozco a ninguna que en el resto de los aspectos de su vida no quiera llegar al 10. Y somos tan tontas de pensar que en ese aspecto no se va a reflejar ese defecto y que no nos va a hacer tanto daño como nos lo hace en todo lo demás. Se me olvidó recordar que soy una mujer real, de carne y hueso y que Él lo sabe, y mucho peor, se me olvidó que Él me quería a mí más de lo que quería a esa sumisa perfecta que yo creía que debía ser. No negaré que entre un Amo y una sumisa hay una distancia natural, la distancia que hay por estar en distintas posiciones, no negaré que mi Amo es estricto, que no me pasa ni una… pero OJO lo que he descubierto en esta nueva etapa es el porqué y con qué fin no me las pasa. Creo que castigar las faltas superficiales sirve para evitar las profundas, no es que si me olvido de un Amo al final de una respuesta Él me castigue decepcionado por no haber conseguido ser perfecta, creo que esa norma es algo que le gusta y de la que disfruta pero no es una necesidad básica, sin embargo mantener a raya mi soberbia y mi facilidad para dejar salir a mi ego sí es algo peligroso. Y es que reconozco que en las épocas en las que se relaja castigando las faltas leves me pongo peor, me sale la soberbia y tiendo a “subirme a la chepa”. Me avergüenza decir que cuando estoy enferma y Él me cuida y me perdona más las faltas me vuelvo contestona, me salgo de mi posición, con la consecuente “infelicidad” que personalmente eso me supone. Cuando era sumisa creía que Él quería que no cometiera ni una sola falta, que se sentía realmente orgulloso y satisfecho cuando llegaba con el contador a cero, pero he descubierto que, mientras las faltas profundas no se den, las faltas leves son un instrumento, o quizá simplemente es que esas faltas para Él no son tan importantes, aunque más bien, lo que me ha enseñado es que ser perfecta no es importante, que hay otras millones de cosas más profundas por las que me ama, por las que me quiere a Su lado.


Y llegados a este punto vuelvo a mi eterna lucha por salir de los patrones, a mi lucha en pro de la naturalidad, leer sobre sumisión es leer sobre superhéroes, es como si descubres que te pareces a Superman y te pones a intentar ser como él… jamás lo conseguirás, y te pasarás la vida estrellándote contra el suelo porque no puedes volar tal y como lo hace él, y no es que no puedas porque eres menos, no conseguirás porque Superman no existe, al igual que no existe esa supersumisa que nos ponemos como meta. Yo he tenido la gran suerte de que mi Amo ha tenido eso claro desde el principio, que solo fui yo la que creí que mi idealización era real. Por suerte Él siempre me ha ido empujando al camino de la naturalidad, la aceptación de nuestras imperfecciones y a la lucha real, sin presión de cambiarlas para crecer. Y es que esto sí es muy importante, lo que sí es genial es luchar para ser la mejor versión de nosotros mismos, pero siempre y cuando eso sea una motivación no una obligación.


Ahora mi vida sigue siendo aparentemente igual, pertenezco a mi Amo, pero ya no soy sumisa, ahora intento no cometer faltas, pero cuando las cometo, las asumo, aprendo, me motivo para no volver a cometerlas, me perdono y las olvido. Y es que lo peor de mis faltas no era verlas en Su contador, ese que tras los azotes vuelve a cero y olvida el número que allí había para siempre… lo peor de mis faltas era apuntarlas en mi contador personal, ese que no tenía ruedecita, ese contador que nos hace tener una visión general de nosotros mismos negativa, recordando aquella vez que fallaste, recordándote lo mal que lo haces por toooodaaas las faltas que has cometido a lo largo de tu vida, aunque ya les hayas puesto remedio, aunque ya aprendieras de ellas y nadie más les eche cuentas. Ahora vivo entregada, y eso significa ser más liviana, significa aprender de los errores, asumir los castigos y al rato ser feliz entre Sus brazos, entre Sus mimos, olvidando que fallé, olvidando ese ideal perfecto.


Sinceramente ya no me siento con la potestad para hablar sobre sumisión y BDSM porque me siento fuera de ello, pero como estuve dentro me voy a permitir dar un consejo a todo aquel que sí esté en ese camino, y que sí se sienta identificado con ese título: la sumisión es un camino, no un fin. Eres sumisa cada día que te levantes con afán de darte a tu Amo, ya cometas una falta o 100, ya acabe tu día entre azotes de castigo u orgasmos de recompensa, no eres una mujer luchando por ser sumisa, porque ya lo eres. No, no hay sumisas mejores o peores solo hay sumisas, a secas, porque la que ayer llegó con el contador a 0 hoy tiene 50 azotes por recibir, asumir eso forma parte de la sumisión, y si no estás dispuesta a asumir que eres imperfecta, si vas a hacer de esto una presión por llegar a un ideal, déjalo, eso es destruirse no crecer.

viernes, 1 de abril de 2016

La Iglesia del BDSM

Es algo que me planteo constantemente: ¿Por qué el BDSM me da tanto coraje? ¿Por qué no puedo dejar de sentir que es una comunidad, por mucho que me repita que esa comunidad no existe? Pero es que sí existe, ya que todos hablamos como si fuese real, para bien o para mal. El BDSM es una serie de definiciones y conceptos, el BDSM es un conjunto de personas que asumen eso como real, como cierto y prácticamente inamovible. El otro día andaba indignada, a mis amigas les hace mucha gracia escucharme así, y a mi me desahoga mucho soltar uno de mis monólogos indignados. Así que les mandé un audio expresando mi malestar. Me dijeron muchas cosas, cosas que me calmaban superficialmente pero no llegaban a responder mi eterna pregunta. Una de ellas hizo una asociación entre el BDSM y la Iglesia y entonces todo encajó, al fin pude definir por qué me sentía así ante el BDSM.
Entré en un colegio religioso con 2 años y salí con 14. Salí por mi propia decisión, necesitaba hacerlo ya que empezaba a ahogarme. Uno de los motivos más importantes fue porque mi forma de entender la vida, de entender la espiritualidad, chocaba demasiado con la Iglesia y lo que allí me enseñaron. Yo tengo mi fe, creo en algo a lo que a veces llamo Universo, otras veces Vida, podría llamarlo la Diosa Madre, o Dios… da igual cómo lo nombre. Creo en una energía, algo invisible e intangible de lo que formamos parte, no es algo ajeno a nosotros, no es como una persona superior que nos crea, nos maneja o nos castiga. Pero bueno, eso es otro tema, a donde quiero llegar es que siempre he estado en conflicto con la Iglesia y no por ser atea, he chocado con la Iglesia por querer unificar un sentimiento, por querer llenarlo de ritos obligatorios para llegar a esa espiritualidad. Entiendo a las personas a las que esos ritos las acercan a ese sentimiento, ya sea rezando un rosario, como orando en la iglesia… pero lo que me da coraje es que haya la sensación de que sin la Iglesia ese sentimiento espiritual no existe o no puede ser vivido y alcanzado. Es como si quisieran unificar esa espiritualidad que cada uno siente de su manera, en una sola forma de vivirlo, de verlo, y encima añadir dogmas, prohibiciones, castigos… frases del tipo “Eres bueno porque vas a misa””Eres malo porque has tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio” pero qué tonterías son esas, que yo sepa los humanos nacimos desnudos, sin ritos ni dogmas, los humanos nacimos animales e instintivos, y una cosa es evolucionar y otra muy distinta dejarnos controlar por interpretaciones absurdas de hombres y perder con ello nuestra naturalidad. Cuando era niña y le decía a las monjas mis conflictos con la Iglesia y mi fe, les hacía preguntas “tontas” que no me terminaban de cuadrar del tipo: "Si existe el infierno y las personas que no son buenas y no siguen las normas que, según la Iglesia, dictó Dios “el único y verdadero” ¿Todos los hombres y mujeres de la prehistoria están allí por no haberse casado pero sí haber tenido hijos?” Ay, qué tiempos aquellos, las volvía locas y sus caras eran un cuadro, pobres…


Pero volviendo al tema que nos ocupa, me he dado cuenta de que el BDSM me provoca la misma sensación que la Iglesia, intenta hacer tangible lo intangible. Intenta definir un sentimiento abstracto, intenta atraparlo en prácticas y dogmas, en normas y prohibiciones… intenta monopolizar sentimientos parecidos pero a la vez muy distintos. Al igual que pasa con la espiritualidad, la entrega se puede alcanzar de mil maneras distintas, aguantando el dolor de los azotes, de las agujas, callándote cuando te lo ordenan, obedeciendo sin chistar, siendo un apoyo incondicional, dejando que te sodomicen… da igual, es un sentimiento, algo que no se ve y que cada uno lleva a su manera, las prácticas ayudan a hacerlo más presente e intenso en algunas ocasiones, pero sin ellas sigue existiendo.
Me habréis oído decir muchas veces que no formo parte del BDSM y muchas personas me han insistido en lo contrario, pero ahora tengo más claro que nunca que por estar dominada y vivir una D/s, por querer entregarme, no formo parte del BDSM, no con lo lleno de normas, rituales “obligatorios”, definiciones, patrones y clichés que hay en él, de la misma manera que creer en Dios no te hace automáticamente miembro de la Iglesia.
Voy a seguir viviendo mi espiritualidad a mi manera y usaré palabras como Universo, Dios, Vida, Fe… cuando sea necesario, pero por mera comunicación, al igual que usaré D/s, Amo, sumisa, esclava… Y es que al final siempre llego a la misma conclusión: no sé hasta qué punto las palabras fueron evolución, sólo consiguen encasillarnos y delimitar lo que no debe ser limitado, intentan unificar algo tan subjetivo como son los sentimientos. Las palabras son el verdadero problema de comunicación entre personas. Pero voy a ser justa, no atribuiré a las pobres palabras la culpa de la manía humana de intentar atrapar todo con ellas, de controlarlo todo, aún sabiendo que pierde muchos matices y sensaciones increíbles con ello.

lunes, 14 de marzo de 2016

Gata o perra

En mi casa siempre hemos tenido gatos y perros. Desde pequeña he estado completamente enamorada de los gatos, mi madre siempre me dijo que yo era muy gata y yo también lo sentía así. Me identificaba con la independencia felina, también siempre he sido arisca excepto cuando me apetecían mimos. Los perros nunca habían sido muy santos de mi devoción, me rechinaba esa fidelidad estúpida, ese esperar a que el dueño dé alimento y cariño.
El otro día hablando con una amiga me di cuenta de que gata o perra realmente eran dos maneras ideales de definir mi personalidad como sumisa, de definir mi antes y mi después. Antes imaginaba a mi gata como un ser extremadamente cariñoso y entregado a mí. La imagino sentándose en mi teclado mientras escribo, metiendo la cabeza bajo mi brazo entorpeciéndome por completo. Yo la quería pero me hartaba, acababa echándola de la habitación enfadada con ella. Lo que yo no entendía es que mi gata no venía a darme cariño, venía a reclamarme atención, por ella, porque ella necesitaba esas caricias en ese momento. Yo antes era así, disfrazaba el estar constantemente reclamando la atención del Amo, de sumisión. Me enfadaba cuando no obtenía el resultado que quería, cuando la orden que me daba no me gustaba. Buscaba el castigo porque prefería llorar y satisfacer esa necesidad de atención, por no decir lo mal que me sentaba que el castigo no fuese todo lo duro que yo creía que debía ser, como si eso fuese directamente proporcional a la atención que me estaba dando. Esto es algo que ahora me alivia entender. No comprendía por qué antes quería y necesitaba castigo y ahora lo odio.


Por otro lado antes tenía la sensación de que mi Amo salía con sus amigos por alejarse de mí, que cuando se iba no me ordenaba nada porque estaba harto de lo que conllevaba ser mi Amo. Yo sufría, no entendía por qué no funcionaba, podía hacerle lo que quisiera a Su mujer, yo le obedecería y serviría, creía que sería un sueño para Él y, sin embargo, lo consumía y agotaba. Ahora sé que era esa gata que se planta en el teclado llamando su atención, la que entorpece en vez de facilitar. Servía por puro egoísmo, entregaba para recibir algo a cambio, algo concreto y que si no obtenía me frustraba y me entristecía. Entonces empezaba con mis quejas, empezaba con mis maullidos que lo volvían loco porque no eran más que exigencias disfrazadas de falsa entrega. Últimamente miraba a los gatos y me resultaba curioso que ya no me identificaba con ellos, me resultaba extraño porque es de esas cosas que tienes interiorizadas, como algo que realmente forma parte de ti. Pero es que ya no soy gata, no me apetece ser rebelde ni arisca, no me apetece buscar castigos, ni siquiera caricias, por supuesto que acato con los unos y sonrío con las otras, pero ahora disfruto realmente de dar sin esperar nada a cambio. He descubierto que cuando no esperas nada a cambio obtienes las mejores sensaciones, las mejores caricias y las más bonitas palabras. Ahora me siento como una perra serena tumbada a los pies del Amo, silenciosa y tranquila, dispuesta a obedecer si Él da una orden o saboreando las caricias que Él quiera darme. Aparentemente puede parecer peor, pero ya no siento que tenga ganas de descansar de mí, ya no siento que lo agoto, ya no me echa de la habitación por pesada, ya no me dice: “Déjame un rato, por favor” agobiado. Ahora sé que las caricias que me da es porque quiere realmente dármelas. Y esa paz es lo que siempre he querido, no estoy ansiosa buscando algo, buscando mimos y azotes, simplemente vivo templada y entregada.
No me malinterpretéis, esto es solo una metáfora, sigo queriendo y cuidando a mi gata, pero cuando miro a mi perra en su cama, tumbada pero sin quitarme ojo, sonrío y me veo reflejada en ella. Sé cómo me quiere, sé que confía en mí, que me adora y adora mis caricias pero no me las exige. Sé que sabe que la cuido, que no le voy a hacer daño… al fin la entiendo, al fin entiendo esa fidelidad perruna, esa lealtad hacia quién crees que la merece, es la que yo siento hacia mi Amo.
Me hace gracia porque ahora no paro de ver paralelismos entre los perros y yo. Hace un tiempo en el programa “El encantador de perros” escuché que lo peor que se les puede hacer es tratarlos como si fuesen humanos. Se confunden, pierden su sitio y es cuando se vuelven inestables. Decían que aceptar lo que realmente eran, era la mejor manera de quererlos. Me siento muy identificada, en cuanto me trata mínimamente de igual a igual empiezan mis angustias, sale mi soberbia y mi coraje, es cuando se me agarra un nudo en estómago, pierdo mi sitio, pierdo mi norte. Pero cuando me trata como a su perra estoy completamente equilibrada y serena, me siento aceptada. El problema es que está demasiado arraigada la idea de que si consideras a alguien “por debajo” de ti, vas a aprovecharte, a tratarlo mal y esa persona sufrirá. Pero que eso ocurra no significa que ocurra siempre. Yo quiero estar aquí, debajo de Él, soy tremendamente feliz así, no me estoy convenciendo, no es una fantasía sexual, es una certeza en el pecho de que mi lugar es este, que nací para esperar silenciosa en un rincón Sus órdenes o Sus caricias, nací para hacerlo lo más feliz posible y sin esperar nada... pero es que sin esperar nada, al final sí he obtenido algo, mi felicidad.

lunes, 7 de marzo de 2016

Me aceptan pero... ¿Me comprenden?

Al principio, cuando mantenía mi condición en secreto, pensaba en el día en que al fin pudiese decir abiertamente el tipo de relación que llevábamos. Me ponía eso como meta creyendo tontamente que eso sería suficiente. Pensaba que el contarlo acabaría con la sensación de que nadie me aceptaría, que el culmen sería precisamente ese, contarlo y sentirme aceptada. Pero, como en todo, te das cuenta de que eso es solo un paso más y que, cuando lo alcanzas, una nueva meta se te plantea. Yo he sido sincera con mi familia y amigas, es algo que cada vez oculto menos y puedo decir que tengo la gran suerte de que en todos los casos me he sentido aceptada pero… ¿Es eso suficiente? No, una nueva “problemática” ha surgido: no es lo mismo que te acepten a que te comprendan. Debo decir que en mi círculo cercano me han comprendido más que personas que conocían el BDSM. Cuando hablas de BDSM enseguida las prácticas y situaciones que se dan en él aparecen, inevitablemente el sexo es el protagonista. No voy a hablar en otros casos, pero en el mío nunca ha sido una necesidad sexual, siempre ha sido una necesidad de relación. Para mí, mi sumisión, no es una sexualidad, es una forma de entender mi vida en pareja. Es como si alguien  dice que es homosexual y nos limitamos a pensar que solo necesita sexo con otra persona de su mismo sexo, obviando que lo que quiere es tener una relación, unos sentimientos, una vida como la de una pareja heterosexual… en mi caso es igual.
El sexo está presente en mi vida como en la de cualquier pareja, cómo sea ese sexo da igual, podríamos tener sexo de besos y carantoñas, podríamos no usar cuerdas, podría no haber pellizcos y lágrimas, podríamos tener el sexo más ñoño del mundo y seguir siendo lo que somos, seguir respetándolo y obedeciendo como lo hago. Independientemente del sexo es mi Amo.
A veces tengo la sensación de que como pareja no se nos da la importancia que tenemos, y eso que nosotros tenemos la suerte de estar casados, cosa que nos da más empaque de cara a la galería, pero no noto que se valore del todo nuestro tipo de relación. Me explico, es como si todos dieran por hecho que puedo elegir, que en cualquier momento puedo plantarme y desobedecer. Claro que puedo hacerlo, pero eso no ocurrirá por una norma que no me guste, o por una orden que me incomode. Tengo la posibilidad de plantarme y negarme, pero eso sólo ocurrirá por un proceso complejo interior, por una serie de sentimientos negativos o de actitudes que no me convenzan o note que me hagan daño. Hasta ahora esa necesidad no ha aparecido ni por asomo. Os pondré ejemplos: si mi Amo me dice que en una fiesta no hable a no ser que se dirijan a mí yo voy a obedecer, me da igual que sea una fiesta, que todo el mundo esté charlando, que lo normal sea relacionarse y hablar… yo voy a obedecer por mucho que cueste, por muy mal que le parezca a los demás, por muy poco sentido que tenga ir a una fiesta a estar callada. Obedeceré porque no hacerlo sería cuestionar Su autoridad, sería enfrentarme a lo que somos. Otro ejemplo que me ocurrió hace poco: mis amigas y yo habíamos quedado, se puso un día horrible y mi Amo consideró peligroso que cogiese el coche, tuve que decirles a mis amigas que no podía salir de casa. Como el plan no salía alguna dijo: “Vamos a hacer un esfuerzo por vernos, venga”. Me planteé que quizá no vieran lo firme que era mi decisión de obedecer, que quizá pensaran que en lo único en que mi matrimonio difiere de otros es que de vez en cuando me da unos azotes con la excusa de que he desobedecido, que quizá la única diferencia es que nuestro sexo es más duro… No estoy diciendo que mis amigas lo vieran así, pero esa posibilidad se me pasó por la cabeza y, las entiendo, es la imagen que se ha dado de este tipo de relaciones. Pero eso no es así, no es que no desobedezca por miedo al castigo, es que si desobedezco por ir a ver a mis amigas cuando me ha dicho que no salga de casa estoy cuestionando nuestra relación, nuestros sentimientos, nuestro acuerdo… yo no puedo llamarme Suya y saltarme Sus órdenes porque, total, “es una tontería”. Mi vida no va de obedecer en general pero si una orden no me apetece la incumplo, luego vuelvo, me da unos azotes por niña mala y todo sigue igual… no, esto va más allá. Me he comprometido, desobedecer deliberadamente en algo así sería decepcionarlo, sería admitir que mis palabras de entrega están vacías.
Entiendo que haya personas que no quieran una relación así, no todas los que deseamos entregarnos queremos hacerlo de la misma manera, pero he visto la necesidad de seguir luchando por intentar hacer que se acepten otro tipo de relaciones, que se consideren opciones válidas, opciones visibles. Sé que soy una soñadora que roza la locura pero, ojalá algún día, igual que una mujer presenta a un hombre como su marido, igual que una mujer presenta a otra como su novia o su mujer, pueda yo presentar a mi pareja como mi Amo y sean capaz de entender que es una relación, que no estoy hablando de mi sexo, no les estoy haciendo una lista de las cosas que hago en la cama. Ojalá al presentarlo como mi Amo entiendan qué significa, entiendan cómo me comportaré, entiendan mi lista de prioridades, entiendan las decisiones que tomaré, den importancia a nuestra relación.
En definitiva, ya sabemos que se puede ser hetero u homosexual, pero hay muchos más tipos de relaciones que esas, cada una con sus características específicas y todas son igual de respetables, todas tienen el mismo derecho a expresarse abiertamente, todas las relaciones son igual de valiosas e importantes para sus componentes.

jueves, 3 de marzo de 2016

Mis etapas (2ª parte)

Sé que a veces doy demasiadas vueltas hasta entender las cosas, como os conté en este post, mi primera etapa como sumisa fue una vuelta muy grande y fea. Pero Él siempre encuentra la manera, me dijo que dejara de llamarlo Amo, volvíamos a ser sólo nosotros, sin títulos. Recuerdo que le preguntaba que si Él y yo dejásemos de estar juntos buscaría estar con una sumisa, Él me decía que no lo sabía, que lo único que tenía claro es cómo quería que fuese yo con Él, que lo único que tenía claro es que quería dominarme a mí. Vuelvo al tema de la perspectiva del tiempo, ahora escribo esto y me sonrío porque en aquel momento no lo entendía. Entonces, con aquella medida que tomó, me hizo llegar a la siguiente etapa como sumisa, me simplificó la mente. En mi tercera época aprendí lo dura que es la entrega real, aprendí que entregarse es bonito a nivel profundo pero en un nivel superficial es sacrificado. Es hacer cosas que no te apetecen y dejar de hacer otras que sí. Dicho así sé que suena fatal pero no me seáis exagerados, no me violaba ni me encerraba en un dormitorio, simplemente mis caprichos y exigencias dejaron de importar. He sido hija única, mi voz siempre ha tenido demasiado peso, aceptar que te han relegado de rango es duro, ya no eres el capitán eres soldado raso. Da igual que de pequeña fantasearas con que te hiciese X ahora te están dominando de verdad, lo que significa que te van a hacer Y. Aunque el sacrificio empezó a estar muy presente, un sentimiento de plenitud empezó a invadirme. Muchos de mis vocecillas internas que toda la vida me habían torturado empezaban a callarse…
Pero siempre hay un diablillo que pica, el ego no se rinde tan fácilmente. Y entonces empecé a angustiarme ante Su cambio, empezó a darme vértigo que Él ya no fuese el novio atento que me consentía, como veis, al pobre lo volvía loco. En una de esas conversaciones en las que yo estaba angustiadísima le dije que quería acabar con todo esto de la sumisión, que quizá era algo que había idealizado desde niña, que quizá una vez cubiertas esas fantasías ya sería más feliz sin ser sumisa. “¿Me estás diciendo que quieres que nos separemos?” eso me pilló desprevenida, por supuesto que no quería eso, simplemente estaba abandonando, quería volver a nuestra relación vainilla, dejar de enfrentarme a esos sentimientos que, aunque me estaban haciendo más feliz, me incomodaban. “Ángela, ya no puedo ser de otra manera. Quiero dominarte y reprimir eso sería muy duro. No funcionaría”. Otra vez el egocentrismo me había cegado, otra vez había ignorando que Él tenía Su propio proceso, que también había descubierto Su naturaleza y yo no podía exigir que la volviera a esconder. Ese día sentí que me pedía que fuese Suya, que dejábamos atrás el origen de nuestra D/s. Lo recuerdo de pie delante de la ventana con el cielo gris de fondo, yo sentada en la cama mirándolo callada. Sentí que tenía que escoger, que tenía que decidir si me entregaba a Él de verdad, a Su manera, dejándome guiar o abandonaba y huía por comodidad. Entonces sí empezó mi auténtico cambio, entonces sí comencé a sentir lo que era la auténtica entrega, la paz empezó a llenarme, acepté Sus normas, Sus mandatos, acepté Su manera de entender el dominio, dejé de resistirme, me dejé dominar.
En esta última etapa se podría decir que estoy más cerca de la esclavitud que de la sumisión, si es que queréis usar términos BDSM, pero yo simplemente me siento entregada, me siento natural, todo fluye, no hay conflictos internos dentro de mí, al menos no sobre este tema. Es cierto que me ha costado cambiar la forma de ver las cosas, es cierto que hay cosas que aún me cuesta acatar, pero es lo normal, no estoy anulada, no es que no piense, no sienta, no tenga mis propias opiniones… simplemente es que en mi lista de prioridades Él está primero porque así me siento plena, siento que hago lo que deseo a un nivel más profundo: Entregándome a Él me priorizo yo... Es extraño, lo sé.


Haciendo una valoración general me doy cuenta de que nuestros 7 años como D/s han sido 6 de tempestad y uno de calma. Como no me canso de repetir, ha sido difícil, he llorado mucho y me he sentido muy mal en muchas ocasiones, pero ha merecido la pena, ha merecido muchísimo la pena. Ese año de calma es el resultado de Su sabiduría para guiarme y mi esfuerzo por seguirlo, estoy deseando descubrir qué cosas nos depara nuestras futuras etapas, aunque saboreo cada minuto de la que estoy viviendo.


P.D.: Recordé que en mi blog anterior escribí sobre el momento en que nos despojamos de nuestros títulos pero no lo había añadido a Azote y Café, he recuperado ese post por si alguien quiere leerlo: "El amor y el sexo, mi salvación"

martes, 1 de marzo de 2016

Mis etapas (1ªparte)

Si miro hacia atrás y analizo cómo he evolucionado como sumisa (no me gusta llamarme así pero me resulta más sencillo para explicarme) me doy cuenta de que ha ido muy ligado al proceso de Él como Amo.
Cuando le dije que quería que me dominara no utilicé las palabras Amo y sumisa, yo aún no sabía de esos títulos, yo solo quería dominación y entrega. En aquel momento era tan ilusa que creía que con reproducir los gestos con los que había fantaseado toda mi infancia sería suficiente. Había idealizado lo que es pertenecer, cada noche durante 21 años había imaginado una situación distinta en la que me sometían y que quería reproducir. Pero no fue tan fácil. Él al principio no sabía nada de lo que yo deseaba, me dijo que fuese mostrándole a qué me refería. Nuestra historia D/s comenzó de forma muy intermitente, nos tirábamos un tiempo reproduciendo esas escenas para volver a nuestra situación anterior. En esa época descubrí dos cosas: la primera es el miedo al “teatrillo” y la segunda el miedo a que Él no quisiera dominarme realmente, el miedo a que forzara una actitud por mí. Ahora veo las cosas con perspectiva y me doy cuenta de mi egocentrismo. Mi error en aquella época fue pensar que la única que necesitaba un proceso, la única que necesitaba una actitud por parte de la otra persona era yo. Yo exigía dominación natural pero no daba sumisión. En mi primera época fui una “sumiprincesa”, intenté dominar desde abajo, intenté que Él se convirtiera en mi Amo soñado, no contemplé en ningún momento que Él estuviera sacando su parte dominante y que empezara a tener claro qué quería. Cuando pasaron unos meses Él se sentía cómodo dominando, aunque sólo se materializaba en forma de pellizcos cuando decía algo que no le gustaba y azotes esporádicos. A pesar de que ahora vea mis errores, nuestra primera etapa fue bonita, digamos que fue la etapa en la que maté mis deseos infantiles, materialicé muchas de las situaciones con las que había fantaseado siempre.
Un día estaba de rodillas en la cama, no sé por qué le estaba diciendo que no tenía en cuenta qué deseaba yo, que así no había imaginado que era la sumisión… Él me dijo que Él era el Amo y que era yo la que tenía que adaptarme a Sus gustos, no al revés. La época de la sumisa que intenta transformar al hombre en su Amo soñado había terminado. Él ya aprendía solito y, debo decir, que ahí empezó lo más duro. Empezó mi segunda etapa. Esta segunda época como sumisa fue muy dura porque dos circunstancias chocaron: por un lado Él ya sabía qué quería como Amo, qué esperaba de mí, y por otro yo descubrí twitter, descubrí una comunidad con unas características. Estas dos cosas enfrentadas me causaron muchos conflictos internos. Era la lucha entre pertenecerle a Él o pertenecer a esa comunidad. A veces sentía que tenía que escoger, que empezaba a construir mi identidad como sumisa y que quizá había prácticas o situaciones que con Él no probaría nunca y yo, cómo no, tenía curiosidad… fui una niñata superficial olvidando que la base de todo era que quería pertenecer de una manera profunda y que, en ese tipo de entrega, las prácticas eran lo de menos. Han sido muchas las veces que he leído eso de que no puedes renunciar a lo que quieres como sumisa, pero mi duda siempre llegaba en el momento que pensaba: si a nivel profundo he encontrado al tipo de hombre que deseo ¿Tengo que renunciar a Él porque no me haga X o Y? Era un círculo vicioso, fue una época dura porque Él veía que no me entregaba de la manera que me pedía, que deseaba y anhelaba cosas que Él no iba a darme... A mí, eso de que supiera lo que yo deseaba y no me lo diera, me sacaba de mis casillas. Olvidé que lo primero que pedí es un Amo, un Amo de verdad. No se me olvidará que, por aquella época, tuiteé aquello de: “Ten cuidado con lo que deseas, corres el riesgo de que se cumpla”.


Continuará...

viernes, 26 de febrero de 2016

Sábado de sexo y pizza

Do I Wanna Know - Artic Monkeys


Sábado por la mañana, las niñas no están, no volverán hasta la noche ¿Qué hacemos? Podríamos ir a la playa, a la montaña, podríamos pasear por el centro al sol, podríamos ir a comer a algún restaurante bonito… pero eso no es lo que nos apetece, nos apetece quedarnos todo el día en casa, follando, remoloneando, estrenando lencería, haciendo fotos y pidiendo comida a domicilio…
Me pongo un conjunto negro, me hace fotos, le gusta que pose para Él, que me insinúe, que ponga cara de zorra y captarlo. Al poco ya solo le quedan ganas de follarme: bofetadas, besos, abrazos, mordiscos y pellizcos, a cuatro patas, arriba, debajo, de lado, cualquier postura le vale, follar es lo único que desea. Al terminar nos quedamos tumbados en la cama con una mantita tapándonos, no hacemos nada, no hablamos de nada interesante, solo estamos allí escuchando música desnudos. El rato de descanso ha terminado. Saca Sus cuerdas, me inmoviliza los brazos, me rodea el pecho, tapa mis ojos con un antifaz. No puedo ver, no me gusta, hace que pierda el poco control que tengo sobre la situación, el control de, al menos, saber qué me espera. Pero no, quiere tenerme totalmente ciega e inmóvil… me agarra y me lleva a la polea, me engancha las manos. Noto las cuerdas y Sus manos por la cintura, noto el frío del Hitachi en el clítoris, aún está apagado pero sé qué ocurrirá. Lo ata para que se quede fijo entre mis piernas abiertas. Enciende el aparato, va pasando los programas hasta llegar al que hace que me corra sin remedio, oigo Sus pasos que se alejan y el ruido del edredón al sentarse en la cama. La vibración me llega fuerte, pero no es eso lo que me excita. Lo noto, sé que me está mirando desde la cama, me imagino la estampa que conformo, atada, expuesta, retorciéndome, moviendo las piernas para evitar la vibración a la vez que la busco. Lo imagino tocándose mientras me mira, flexiono un poco las rodillas, aprieto el Hitachi entre los muslos, chorreo inevitablemente “Córrete para mí, puta” cuatro palabras que desatan un orgasmo intenso, incontrolable, me siento una puta, una zorra con la que hace lo que le da la gana. Me ha gustado oír Su voz pero hubiese dado lo que fuese por verlo mirándome mientras me corro, ver Su cara al observar cómo hace que me moje sin tocarme, cómo me controla a la distancia que sea. Yo me corro pero la vibración continúa, empiezo a convulsionar de hipersensibilidad, chillo, me agito, quiero que deje de vibrar en mi clítoris inflamado, lo escucho acercarse a mí riendo, seguro que estoy ridícula luchando contra la nada, luchando sabiendo que no voy a ganar. Apaga la vibración, me quita el antifaz, verlo de nuevo es el mejor regalo, está guapo y excitado, me desengancha de la polea y me pone boca abajo en la cama, el culo en pompa y las manos aún sujetas por encima de la cabeza. Un trozo de carne con el que desahogarse. Me usa, se corre sobre mi espalda… Una vez limpia, me desata poco a poco, los músculos agradecen el descanso de la posición forzada, el sudor se vuelve fresco y mi piel se alegra “Vístete como una puta, va a llegar el repartidor y quiero ver cómo te mira” me pongo una falda muy pegada, una camisa de encaje sin sujetador, tacones, los labios rojos y el pelo alborotado. Suena el timbre, con las rodillas aún temblonas y los pezones asomando entre los agujeritos del encaje salgo a por las pizzas…

viernes, 19 de febrero de 2016

Humíllate

¿Cuál es la peor humillación por la que has pasado? La que me ha humillado.


Un día me puso la correa, me dijo que era una perra, fui a cuatro patas desde mi dormitorio en la planta más alta de la casa hasta el jardín. Allí me dijo que hiciera pipí, siempre supe que alguna vez me haría pasar por eso, creo que estamos de acuerdo con que es una de las humillaciones más generalizadas o lógicas: eres una perra, haz lo que hace una perra. Cuando lo imaginaba pensaba que me humillaría profundamente, siempre me he considerado una señorita que no hace ciertas cosas. Pensé que me costaría horrores hacer pis en el jardín. Al principio actué como si así fuese, pero poco me duró ya que por dentro descubrí que no me humillaba, no tenía ningún problema en hacerlo, me parecía incluso divertido… por otro lado me había prohibido hablar, solo podía ladrar, otra de las humillaciones más extendidas y lógicas… Cuando volvimos al dormitorio me hizo una pregunta, me quedé petrificada, totalmente paralizada, no podía ladrar. Estaba de rodillas en el suelo, desnuda, con un collar rodeando mi cuello, había andado como una perra, había hecho pis como tal… pero no podía ladrar. Me sentía ridícula, ese gesto me humillaba, quitaba lo bonito de la escena. Podia ser sensual andando a cuatro patas, podía ser guarra haciendo pis en el suelo, pero ridícula no, no quería sentirme así. Pero es que hay una diferencia entre lo que aparentemente es humillante y lo que realmente nos humilla. Me abofeteó varias veces, solté un “Guau” “¿Eso es un ladrido de perra? Ladra de verdad” lo volví a intentar, cada vez me sentía más ridícula aunque me acercaba a mi ladrido natural… Al final hice un sonido tipo chiguagua, nada bonito ni elegante “Vaya, si resulta que lo que tengo es un caniche” me sentí tonta, estúpida, muy humillada. De eso se trataba.
Cuando te expones a la humillación, sabes que te expones a una sensación desagradable, pero te provoca algo extraño, un cosquilleo en el estómago, una liberación mental. Sientes que no puedes cohibirte más, que la única opción que te queda es enfrentarte a aquello que no te gusta. Cuando me humilla no existen cosas como: “¿Estaré haciendo el ridículo? Uy, yo eso no lo hago que seguro que me da vergüenza…” No hay incertidumbres. Sí, estás haciendo el ridículo, sí estás pasando vergüenza y no te queda otra que hacerlo, que enfrentarte a esa sensación y descubrir que no te mueres por ello, que no se muere de humillación. Sí, humillada me siento libre y completa, viviendo sensaciones que son propias de los humanos, pero que nos resistimos a vivir.
Hay que romper patrones y estereotipos. Si mañana mi Amo me dice: te doy a elegir entre hacer dos cosas, pero tienes que escoger sinceramente la que más te humille. La primera es hacer pis en el jardín como una perra y la otra es imitar a Chiquito de la Calzada. Mi parte de mujer sumisa que ve la belleza de humillarse ante su Amo como una perra, que ha visto cientos de fotos BDSM sobre ello escogería hacer pis en el jardín pero, seamos sinceros, eso no me humillaría tanto como ponerme a hacer el ridículo ante mi Amo, como ponerme a hacer unos gestos que no son propios de mí, que no son ni cuquis ni finos, que no son sexuales ni quedarían bien en una peli bedesemera en blanco y negro. Así que, honestamente, tendría que elegir la segunda opción y probablemente así descubrir que soy demasiado estereotipada, que me da miedo hacer el tonto, que necesito ser más natural y espontánea.



Somos adultos y cada uno sabe bien hasta qué punto quiere vivir las cosas. Yo quiero llegar a las profundidades de cada sentimiento, quiero ver los matices de cada humillación, aprender de lo que encuentro en esas situaciones, liberarme poco a poco de los límites que yo solita me he puesto.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Reapetura

¡Hola de nuevo! Ya está disponible de nuevo la web, agradezco vuestra paciencia.
Si investigáis un poquito veréis que he añadido algunas mejoras como la lista de reproducción en el menú lateral. Es la selección de canciones de Spotify de mi Amo, es el que tiene mejor gusto musical de los dos, por lo que lo convencí para hacer esa pequeña colaboración en la web. Son las canciones que me erizan la piel, las que me provocan más sensaciones por todo lo que he sentido con ellas de fondo.



Otra de las novedades que más ilusión me hace es la nueva cuenta de instagram asociada al blog, me apetece mucho empezar a transmitir también con imágenes. Si queréis seguirme el usuario es “azoteycafe”, aunque en el lateral tenéis un icono de acceso directo.



Si curioseáis un poco podréis ver que también he modificado los textos de la web y he decidido tener más activas otras partes, no solo el blog. En la sección InspíraTe podéis ver algunos de los cambios aunque, poco a poco, iré añadiendo nuevas secciones y completando las que ya están.



Estoy muy contenta, aunque aparentemente sean cosas pequeñas por dentro tengo la sensación de que empiezo nueva etapa y que voy en la dirección correcta y me encantaría seguir compartiendo todo esto con vosotros. Muchas gracias por estar ahí.

martes, 26 de enero de 2016

Definir y especificar

Decimos “Hola, soy sumisa” y parece que con esa frase ya está todo hecho y explicado. Lo que hoy voy a tratar no es algo nuevo, es un tema recurrente en mi blog, pero que me sigue pareciendo muy importante y por ellos quiero recalcarlo, a ver si siendo cansina consigo algo...


Sumisa y Amo son unos conceptos únicos y generales. Sinceramente me parece un completo error. Entiendo que de base está bien, no creo que sean conceptos que haya que cambiar, pero sí especificar ¿ A qué me refiero? A que una vez asumido que se es sumisa podríamos poder buscar y determinar qué tipo de sumisa somos. En este tiempo me he dado cuenta de que la mayoría de las sumisas se sienten angustiadas, frustradas, creyendo que no son todo lo que una sumisa debería ser. Y aquí está el problema del concepto general, creemos que una sumisa tiene que ser todo lo que una sumisa puede ser. Os pongo mi caso, siempre sentí que quería entregarme, darme a un Amo que me dominara, por definición soy sumisa, pertenezco al BDSM. Pero me cruzo con otras sumisas, ellas desean las prácticas, buscan Amos experimentados en ellas, Amos que puedan darles esos placeres, que las lleven a otro nivel a través del dolor. Yo no busco eso, jamás lo busqué. Lees y lees cosas… todo es tan subjetivo que te pierdes. Yo quiero entregarme pero no me gusta el dolor, no soy capaz de disfrutar de eso que tantas sumisas consiguen disfrutar, entonces… ¿No soy sumisa? ¿Soy una sumisa a medias? Si dentro del BDSM tuviésemos términos que nos distinguieran, términos susceptibles de aplicárnoslos o no, las dudas y angustias se disiparían.
Otro problema que he visto en cuanto a esto es que la sumisión es un sentimiento, es algo muy profundo que sabes seguro que está ahí, tú sabes que eres sumisa a pesar de que hay otras que no son como tú ¿Cuál es el problema? Que todas queremos defender nuestro sentimiento, todas estamos tan seguras de él que lo luchamos con uñas y dientes. Sería algo así como: Yo soy sumisa y lo sé, si tú estás haciendo otra cosa la que no es sumisa eres tú. Pero si asumiéramos que hay más de un tipo de sumisa, y de Amo, que todo esto también se aplica a los dominantes, no tendríamos que dudar de los demás ni de nosotros mismos. Imaginad que tenemos claro que hay sumisas masoquistas y sumisas que no lo son, sí, en este punto ya me vais a soltar lo típico de “Todas las sumisas son masoquistas, aunque sea un poco” vale sí, pero mi nivel de masoquismo es que me folle el culo y el de otras sumisas es que les grapen el coño… evidentemente no es lo mismo. Si yo hubiera tenido claro que para ser sumisa no había que ser masoquista me hubiese ahorrado muchas angustias. Quiero dejar claro que esto no es ningún ataque a las que lo son, por favor, es todo lo contrario. Pero… ¿Por qué no llamamos las cosas por su nombre? ¿Por qué nos avergonzamos de no soportar el dolor o de buscarlo? ¿Por qué queremos que nuestra forma de vivir nuestro sentimiento quede por encima del resto?
Entiendo la necesidad de definirse, es una necesidad que tengo de siempre y en todos los aspectos de mi vida, pero quedarse en conceptos básicos me parece un tremendo error, para mí hay dos opciones: definirse de una manera detallada o no definirse. Yo antes decía que era sumisa, luego vi que tiraba más a esclava, pero el diccionario BDSM me dejó sin más especificaciones, lo que me diferenciaba de otras esclavas no se veía como diferencias, sino como carencias. Por ello pasé a la fase de no definirme, si decir que soy sumisa y esclava me hace sentir frustrada y continuamente incompleta prefiero decir que no lo soy, no soy nada, ni vainilla, ni sumisa, ni esclava, soy yo sometida a mi Amo.
Aquí os hablo de mi proceso, de lo que he vivido, de cómo me han hecho sentir algunas personas. Sí, mi aspiración es que todo eso me importe una mierda y en ello estoy, pero seamos sinceros, hay personas que se sienten como yo me sentí y repetir cien veces, mil, que cada uno es de una manera y que no tiene que importarme los ataques o los ninguneos de algunas personas no hace que esa sensación de ser menos desaparezca. Esa sensación desaparece poco a poco, admitiéndola, enfrentándonos a ella.
Para mí la sumisión y la dominación forman parte de la esencia de una persona, no es algo que se elige, no es algo que se pueda cambiar. Si sientes que eres sumisa o dominante, por mucho que leas, que veas en otros, por muchas dudas e inseguridades que tengas, por muchas formas de vivirlo que difieren de lo que tú sientes conozcas, por mucho que otros te repitan que no eres sumisa o Amo, jamás dudes de lo que eres, ponle el nombre que quieras o no le pongas nombre, pero tu esencia es tu esencia y nadie puede decirte que lo que sientes es incorrecto, que tu esencia es incorrecta.

martes, 1 de diciembre de 2015

Soy fuerte, humílleme

Eres una zorra, una puta, no, una puta barata, eres basura, eres una guarra, una cerda. La saliva cayendo por mi carita, por mi lengua, el rimmel corrido, sucia, asqueada… sí, me siento humillada.
Creo que las personas estamos hechas de niveles, como la tierra, capas que van apareciendo conforme profundizas. Mi labor desde que tengo uso de conciencia es trabajarme esas capas, desde la más externa a la más profunda. Puedo presumir de haber llegado bastante al fondo y presumo porque lo mío me ha costado, no ha sido nada fácil. Conforme más vamos conociéndonos, conforme más profundizamos más fuertes somos, es algo muy personal, nadie puede cambiar algo en nosotros si nosotros no lo dejamos, para bien o para mal. En los últimos años me he enfrentado a situaciones complicadas que a veces la vida te pone delante y he sido consciente de algo que siempre había ignorado: soy tremendamente fuerte. Es algo de lo que nunca me había percatado, vas trabajándote, puliendo una cosita por aquí otra por allí, vas haciendo tu trabajo de hormiguita sin darte cuenta de que eso está teniendo un resultado. Desde pequeña tuve la autoestima baja, como os conté en este post, incuso llegué a rozar límites peligrosos, pero esa ya no soy yo. He trabajado duro, sí, también he tenido ayuda pero, al final como siempre digo, estamos solos, así que sola he conseguido remontar y salir de la mierda en la que estaba metida. ¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque creo que para entregarse y someterse la primera obligación pasa por superar nuestros complejos y debilidades.
Se habla mucho del cuidado que ha de tener un Amo con las humillaciones, el tiento que ha de tener al decir o hacer ciertas cosas. Si os soy sincera esa afirmación me da coraje por dos motivos: primero porque me gusta ver al Amo como Amo, como el ser que puede hacer lo que le salga de los huevos (u ovarios) sin preocuparse de que la pobrecita sumisa no acepte un "puta" de más, y lo segundo y más importante tiene que ver con esto, con “la pobrecita sumisa”. El defender tanto que tiene que tener cuidado me deja en una situación de debilidad, sí, se da por hecho que soy débil y que tiene que tener cuidado de no romperme. Estoy harta de que se victimice a la parte sumisa como si fuésemos personas frágiles, quizá algunas lo sean pero no por ser sumisa, sino porque como persona lo es. Me gusta que mi Amo no tenga que contenerse al humillarme y me enorgullezco de que eso es gracias al arduo trabajo del que os hablaba antes. Puede decirme las barbaridades que quiera, en el momento claro que me humillarán, que me harán pasar vergüenza y hasta me hagan llorar, pero solo en la capa superficial, diga lo que diga no puede dañar mi autoestima. Me puede decir que soy basura, a nadie le gusta que le digan esas cosas, pero más allá del sentimiento de humillación, esa palabra no puede calar más en mí. Yo sé que no soy basura, sé qué quiere conseguir de mí en ese momento, sé que Él no lo dice porque lo piense de verdad, sé que quiere provocar una sensación, no ir más allá, por lo tanto eso no profundiza en mí. Cuando todo termina y vuelvo a ser Su princesa, lo que he sentido momentos antes se evapora y desaparece. Pero esto no es algo que apliquemos solo a la D/s, es algo que debemos aplicar a nuestras vidas. Dejamos que los demás con sus opiniones subjetivas nos influyan demasiado. Te dicen que eres fea y te sientes fea, te dicen que eres tonta y te sientes tonta, en vez de tener una imagen sólida de lo que somos, de las cosas buenas y malas que tenemos para no dejar que nos manejen con sus comentarios. Si te consideras una persona inteligente que te digan tonta no va a afectarte más allá de que te duela que alguien sea tan cruel como para decirte algo así, y si por ejemplo crees que eres soberbia y alguien te lo dice, tampoco te va a molestar, es algo que sabes que eres y que estás trabajando en ello para solucionarlo, más no puedes hacer.
Adoro sentirme pequeñita ante Él pero no soy pequeñita (emocionalmente, físicamente sí que lo soy jaja), adoro que me insulte, pero no soy esos insultos, adoro que me diga que no merezco nada pero sé que lo merezco todo, al igual que todos… Para empezar sé que Él es una gran persona que jamás pretendería hacerme daño, pero el resto del mundo no los conozco, no sé por qué dicen las cosas. Ponemos el poder en manos de otros, no hablo de Amos, hablo de las personas en general, nos empeñamos en ignorar que los que le damos fuerza y significado a las palabras somos nosotros. El sufrir y sentirnos mal es cosa exclusivamente nuestra. Todos hemos pasado y pasamos momentos en los que nos sentimos fatal, con la autoestima hundida, pero eso no es excusa, no nos podemos pasar la vida lamiéndonos las heridas, lamentándonos por el daño que nos han hecho. Hay que sacar fuerza de donde no la vemos y mirarnos al espejo con el valor suficiente para decirnos lo malo y lo bueno que tenemos. Esa es nuestra mejor defensa, nuestra mejor táctica de vida.
Cuando me humilla, me humillo. En ese momento las palabras me provocan unas sensaciones contradictorias que incluso pueden hacerme llorar. Pero no me hace daño, esas palabras no me hieren, no me afectan más allá de ese momento. Y lo mejor de todo es que algo que sí hacen es darme grandes orgasmos.
Soy de mi Amo, me he puesto en Sus manos para que Él disponga de mí. No voy a exigirle más cuidado del que Él crea que tiene que tener. El ser lo suficientemente fuerte para asumir lo que ello conlleve es un trabajo que debo hacer yo, por Él y por mí… por los dos.