Mostrando entradas con la etiqueta D/s. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta D/s. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de marzo de 2021

Normas y protocolo propio

     Este es un tema que me habéis pedido tratar por varios sitios. Para empezar distinguiré los dos tipos de protocolo que veo: el social y el propio. Lo que yo llamo “Protocolo social” sería el que se usa cuando interactúas con otras personas, en una fiesta por ejemplo. Este protocolo daría para otro post. Por nuestra parte somos respetuosos con ese protocolo, a nuestra manera. Pero bueno, hoy os quiero hablar del “protocolo propio” ese que es tan hermoso, variado y diferente cuando comparas unas relaciones D/s con otras. Nuestro protocolo es bastante sencillo pero efectivo, nos gusta mucho. Llevamos con él muchos años, poco ha variado, por lo que a raíz de la propuesta de este post Él decidió que podía servirnos para introducir normas nuevas.

    Os contaré nuestro protocolo, aunque os confieso que me guardaré alguna norma para mí, y es que creo que el protocolo de cada pareja conforma su intimidad, más que el sexo o un castigo. Esto no es algo que pensase de antes, de hecho me he dado cuenta a raíz de preguntar por redes sobre los vuestros. Cuando leía las normas y protocolos de otras parejas D/S sentía que estaban compartiendo conmigo algo muy especial, algo muy de ellos. También os diré que me fascinaba leerlo, siempre lo ha hecho conocer las pequeñas rutinas de otras personas, esos detalles que nos diferencian, me gusta imaginar sus vidas y en qué se diferencian de la mía.

    Tenemos normas y protocolos de diferentes tipos. En el ámbito sexual desde hace varios años los jueves toca sexo oral. Esto surgió por mi angustia a tragarme su semen. Me maravilla leer tuits, relatos… en las que se habla de lo mucho que se disfruta y se desea tragarlo, también me da envidia. Yo llevo años acostumbrándome y aún busco la manera de que no me toque la lengua. También en este ámbito lo limpio tras practicar sexo, no es algo que se haya dicho explícitamente pero ambos lo hemos dado por hecho. Tampoco puedo masturbarme sin consultarlo.

    En cuanto a la ropa también tengo un protocolo: si voy a salir sin él ropa interior normal, nunca lencería y siempre pantalón. Si salgo con Él al revés, siempre lencería (o nada) y falda o vestido. También le preparaba su ropa para ir a trabajar. Hablo en pasado porque en los últimos tiempos entre el cáncer y nuestra hija pequeña se ha ido perdiendo esa costumbre, no me siento nada orgullosa de ello y ahora que estamos en plena “reconstrucción” quiero esforzarme por recuperarlo.

    Otro protocolo que me gusta mucho es el de darle la toalla cuando termina de ducharse. Nuestra casa tiene varias plantas, suele pasar que esté en la más lejana y en cuanto me doy cuenta de que probablemente ya haya terminado de ducharse salgo pitando subiendo las escaleras a toda prisa. Otras veces no calculo bien, o se me olvida, y al “contador” que va. Para los nuevos, si no lo saben, el contador, es un contador numérico normal y corriente que una amiga le regaló para que nunca perdiese la cuenta de los azotes que me tenía que dar.

    Cuando salgo de una habitación en la que está Él tengo que pedir permiso. Como tenemos hijas el código que usamos es que yo le doy la mano y Él me la aprieta si me lo concede.

    En la forma de dirigirme a Él siempre de “Usted”. “Amo” al final de las preguntas y las respuestas si estamos solos o con personas del “mundillo”.

    La norma o protocolo primordial es el de la sinceridad. De vez en cuando me pregunta “¿En qué piensas?” y tengo que responder con sinceridad, no importa lo que sea. Evidentemente este es también el más exigente a nivel personal, Él nunca se enteraría si le miento, pero yo sí. También ayuda saber que Él es igual de sincero y que nada de lo que diga lo usará en mi contra de manera “seria”. No, tampoco si le digo que pienso en tener sexo con otro hombre, podrá hacer algo con eso, castigarme por “ser tan zorra”, follarme porque le ponga cachondo lo que le cuento… pero eso lo hace incluso divertido, nunca me juzga, eso es fundamental.

    Luego tenemos otras normas como depilarme cada viernes, llevar el pelo y las uñas como Él quiera… Y una que aún no lo es, pero que me da que va a caer pronto es sentarme bien cuando como, tengo la manía de sentarme al filillo de la silla y lo pone un poco de los nervios.

Escribiendo sobre esto me surge una duda ¿Norma es igual a protocolo? Ahí la dejo, a ver qué opináis.

De las personas que me habéis contado los vuestros diré algunos que me han encantado:

-          Revolverle el café al Amo, servirle la bebida y estar pendiente de que su vaso no se quede vacío

-          Ir a comprar churros los domingos (esta me ha encantado jajaja)

-          Estar siempre desnuda en casa del Amo

-          Esperarle con el pecho al descubierto

-          Besar la mano del Amo cuando llegaba a casa

-          No estar sentada si el Amo está de pie

-          Conocimos a una pareja D/s que tenían por protocolo que ella caminase siempre un pasito por detrás, incluso al ir de la mano. Me encanta.

Y hay dos que nos han inspirado mucho y que Él ha considerado incorporar ya que nos pueden venir muy bien en este momento:

-          Ponerme el despertador antes que Él y despertarlo con mimo

-          Cada noche antes de dormir tener un rato de reflexión de cómo ha ido el día en general o en la relación D/s

Otro asunto muy interesante que me propusieron referente a esto es cómo afectan esos protocolos a la vida “normal”, porque es cierto que afectan, pero lo que tampoco se suele entender es que esas “anormalidades” son lo “normal” para nosotros. Pero bueno este tema lo trataré en otra entrada. Para poder extenderme más.

Para terminar quiero recalcar que los protocolos sirven para muchas cosas dentro del BDSM, pero, para mí, si vas desgranando y vas a su finalidad auténtica es la “diversión”, y lo pongo entre comillas porque aclaro que no me refiero a tomárselos a chiste, sino que para mí (que soy sumisa) hacen la rutina más interesante, son como chispillas repartidas en el día a día que me recuerdan que le pertenezco y, al hacerlo, me recuerdan lo mucho que me gusta pertenecerle. Son gestos que por sí solos no son nada, pero el significado que se les da en la D/s hace que me exciten.

Cuando hice la entrevista fue algo que a las personas ajenas al BDSM les llamó mucho la atención, incluso alguien dijo que mi día a día sería una tortura con tantas cosas que hacer por obligación… Me di cuenta de que no se entendía que nadie me obliga a nada, al menos no en el sentido que se suele entender, para mí la tortura era cuando en mis días no tenía esas “obligaciones” porque me gusta, me hacen disfrutar, porque (en definitiva) me va la marcha… Otra reflexión que me suele nacer, más al comprobar que los protocolos de otras parejas van muy por ahí, es que muchos de esos rituales se basan en cuidar al otro, tener ciertos gestos con la otra parte. Da que pensar que se vean como algo “negativo” o que te “obligan” a hacer. Ahí lo dejo, no entraré en ese jardín, no mucho al menos jaja

Si queréis hablar de esto, meternos en jardines juntos o lo que os apetezca os espero esta tarde a las 17:30 en mi canal de Twitch “angelaycafe”. ¡Nos vemos!

 

miércoles, 10 de enero de 2018

No renaceré, seguiré siendo

Hace unas semanas estaba un poco agobiada, no sabía qué escribir, sobre qué hablar, me sentía de nuevo en ese bloqueo que me viene cada cierto tiempo... Como si tuviese mil historias que quieren salir pero el miedo las atasca. Esta vez abrí la carpeta donde guardo todo lo que escribo. En ella hay mil textos empezados, relatos que en su momento no publiqué, frases, párrafos perdidos etc. Abrí el primero que pillé, no tenía ni idea de lo que era... y allí estaba este texto que me dio la vida, que me emocionó muchísimo, sabía que lo había escrito yo pero no lo percibí así en aquel momento, casi podría decir que lo escribí para leerlo en el futuro, como si fuese dos personas y me hubiese dejado un regalo de cumpleaños preparado... Me parece el cuento perfecto para iniciar el 2018 en el blog, un año en el que quiero avanzar con este proyecto, cambiar al fin esas cosas que llevo mucho queriendo cambiar, una de ellas escribir y publicar sin ningún miedo ¿Lo conseguiré al fin? Esta entrada es un pasito, en su día no la publiqué este porque tuve miedo... Justo hoy me quitan un bulto en el labio con el que llevo varios años, ya me lo extirparon pero me volvió a salir. Os cuento esto porque siempre he creído que mis problemas físicos son reflejo de lo que tengo por dentro. Ese bulto lo tengo desde que empecé a escribir de forma pública, es un bulto que me incomoda cuando me expreso, que creo que miran todos cuando hablo, me hace sentir observada, me recuerda constantemente que lo que digo se escucha con el consecuente miedo a qué pensará el receptor de lo que digo. Hoy me quito ese bulto y voy a trabajar duro para que no vuelva a salir, voy extirparme también el miedo que simboliza.


Renaissance - Paolo Buonvino & Skin

La anciana estaba tumbada en el suelo sobre unas pieles. Medio incorporada miraba el fuego. Aquella noche la tribu estaba callada, no retumbaban los tambores, no sonaban las flautas, nadie cantaba… Todos estaban paralizados mirando a la vieja. Ella miraba el fuego, sabía que esa noche era la noche, todos lo sabían. Era el momento de pasar el testigo, sus vaticinios, sus consejos, sus cánticos ya se habían agotado. Miraba el fuego sin miedo, sin pensar en nada más, solo miraba el fuego hasta que las llamas se transformaron en imágenes, se contorneaban como una mujer, una mujer que entraba lentamente en un lago, desnuda, con su largo y moreno pelo cubriéndole los pechos. La noche hacía que el agua fuese negra, tan solo el reflejo de una enorme luna llena flotaba en la superficie. Y allí se dirigía la mujer, nadando despacio, lento para no mover las aguas y emborronar el reflejo del astro. La vio cerrar los ojos y dejarse flotar con los brazos y piernas extendidos, la sintió unirse con la luz de esa luna, la sintió salirse de su propio cuerpo al igual que hacía la anciana en ese momento, la sintió viajar por los siglos. La sintió cuando se convirtió en una chica menuda, de pelo castaño que cabalgaba sobre las caderas de un hombre, en una cama, una noche de luna llena. También sintió a aquella muchacha, la sintió cuando la sensación de ser un trozo de luz de luna la invadió, la notó sentirse mágica y plena, notó cuando esa chica comprendió que era pura luz de luna, tan grande y potente. Tan poderosa que su misión era darse, notó cómo la chica comprendió lo que estaba dando a aquel hombre, cuando comprendió de qué forma estaban conectados ambos, cuando entendió el equilibrio entre dar y recibir, cuando comprendió su entrega, su sumisión, cuando entendió que para liberar su poder, para llevarlo a su máxima expresión debía darse, debía liberarse de su propio cuerpo, entregárselo a otra persona, a una persona que supiera qué tesoro estaba cuidando, que tuviese mano dura cuando lo humano la presionara, mano dura para quitarle todo aquello que la alejaba de su origen, de su magia. Tenía que dejar que otra persona la llevase, le quitase la carga humana, esa de ser lo que has encarnado ser. La anciana sintió cómo aquella chica lejana en los tiempos se empoderaba con todo el camino ya recorrido, cuando era capaz de comprender quién y qué era. Esa anciana notó cómo aquella chica que cabalgaba sobre las caderas de un hombre en la oscuridad de la noche se sentía con el cabello más oscuro, con las caderas más anchas, cómo no se sentía en una cama sino en un bosque, cómo se percibía con unos ojos más grandes, con una fuerza y carácter distintos, sintió cómo se contorneaba de una forma diferente, cómo la guiaba una fuerza más salvaje… La anciana vio cómo aquella que flotaba en el lago sentía a la muchacha que cabalgaba y cómo flotando en el lago se sintió más vieja, cómo le brotaban de los labios unos cánticos que jamás había oído, cómo escuchaba tambores que no estaban en aquel silencioso bosque, sino en ella.


La anciana salió del trance, volvió a ver solo llamas en la hoguera. Miró a su pueblo: no os apenéis por mí, no me voy, la muerte no es el fin de nada, soy una anciana que muere, pero también soy una mujer que flota, una chica que cabalga... No voy a renacer, solo seguiré siendo. Estoy sobre estas pieles y en mil lugares más. Hay una mujer que flota que escucha tambores, hay una chica que cabalga que desde niña se sintió vieja. Todas somos la misma, no renaceré, solo seguiré siendo…


La sabia anciana cayó sobre las suaves pieles, su cuerpo quedó allí vacío, ese disfraz ya no aguantaba más remiendos.

martes, 10 de octubre de 2017

Un sábado,una peli rara de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber

A veces se me olvida desde dónde quiero vivir las cosas… a veces se me olvida que no soy sumisa, que soy una persona entregada. Es lo mismo, pensaréis, pero en mi cabeza no… Cuando pienso que soy sumisa aparece ante mí una lista enorme de cosas que debería hacer, de cosas que debería aguantar, niveles a los que deseo llegar. Me frustro cuando un día los hago bien y al día siguiente soy un auténtico desastre. A veces tengo la sensación de llegar a la misma conclusión mil veces, pero es que la vida, las personas, tampoco tenemos esos niveles, no somos un cúmulo de lecciones aprendidas que jamás se nos olvidan. Que un día controles tu soberbia no hace que ya no vuelva a aparecer…


Pero siempre, en los momentos más angustiosos de mi entrega, esos que no tienen nada que ver con Él, esos que me creo yo solita en la cabeza y que cada vez son más complejos de transmitir, siempre aparece un rayito de luz, un gesto, una frase que te hace recordar algo.


Aquella noche de sábado estaba siendo complicada para mí a nivel interior, tenía un castigo pendiente que debería cumplir más tarde, estábamos viendo una peli extraña de los 90, de esas que me encantan, nos habíamos echado una copa… No había nada de dominación en la situación más allá del pensamiento del castigo que mi Amo me había impuesto y con el que yo estaba obsesionada. De repente Él cogió la copa, puso una mano en mi nuca y me dio de beber. Y allí estaba mi rayito de luz, esa canción que yo cantaba, esa que decía que a mí de la sumisión lo que me encanta es un viernes, un vino y un vestido que me siente genial, que a mí de la sumisión lo que me gusta es un sábado, una peli extraña de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber… Cómo explicar la calidez que tienen esos momentos, la magia que poseen para mí, lo idiota que me hacen sentir al enfrentarlos con mis pajas mentales.


Cumplí mi castigo con una lucha mental increíble, a veces cuesta llegar a la conclusión a la que nos quieren llevar esos rayitos de luz en la oscuridad, a veces ves la pieza pero hasta un tiempo después no ves dónde encaja. El día siguiente me lo pasé seria, tristona, venga a dar vueltas a este complicado puzzle que creía tener en la cabeza y que no había manera de formar. Al llegar la noche necesitaba follar con Él, reconectar. La luz, la música, Él… todo era perfecto para estar excitada, pero lo cierto es que no encontraba la manera, estaba seca y no me sentía fluir. Hasta que apareció la palabra, el segundo rayito de luz que ya sí me iluminó. En un contexto que guardaré para mí me dijo “Tienes suerte, a ti solo te ha tocado un marido vicioso”. Ahí estaba la palabra “marido” es una palabra que siempre me calma. Es cierto, es mi marido, aunque a veces se me olvide, y eso me hace verlo no como un Amo del BDSM, sino como un Amo más natural, más en lo cotidiano, más extendido a todo, incluso a las situaciones que no son nada BDSM. Todo esto es algo muy personal, el significado que otorgo a las palabras y las sensaciones que les asocio son únicamente mías. Es un poco raro pero en mí funcionan. Escuchar esa palabra, oírlo autodenominarse marido y no Amo, me hizo conectar con Él, con mi forma de vida y lo más importante, conmigo misma de nuevo… Me hizo comprender que no deseo solo un Amo, que yo quiero pertenecer a la persona a la que amo… no sé si se ve el matiz de esa afirmación, pero para mí es fundamental.


Lo que me gusta de la entrega es que sea sutil, suave y cotidiana, lo que me gusta de la sumisión es notar el calor de Su mano en mi nuca mientras debo tragar al ritmo que Él me dé de beber, lo que me gusta es que unos minutos antes me diga: “Deberías ver la película en el suelo, pero prefiero que estés en el sofá, a mi lado” y ahora comprendo que es porque soy Suya, porque soy Su perra, pero nunca dejaré de ser la mujer a la que ama, esa que prefiere abrazar, antes que reproducir una escena BDSM.

A veces me he imaginado siendo Ama, a veces me he imaginado lo cabrona que sería si tuviese una sumisa, desde esa escena me ha costado comprenderlo a Él como Amo, si tienes la oportunidad de hacer lo que quieras con una persona por qué no hacer uso de ese poder a la mínima ¿Por qué no hacerla dormir en el suelo cada vez que te plazca? Y ahora comprendo que si tuviese el sentimiento dominante quizá sería una gran Ama dentro del BDSM, pero sería una mierda amando. Y debo reconocer que Él en ese tema siempre me ha dado mil vueltas, yo ahora empiezo a aprender a amar de verdad, cuando Él es lo único que ha hecho desde que nos conocimos. Y al final siempre acabo arrodillándome ante Él por pura admiración, rindiéndome ante Su capacidad para llevar nuestra relación, esa que mezcla tantas cosas, tantos sentimientos, Su capacidad de amarme y dominarme a la vez, acabo arrodillándome ante la persona que desea que duerma a Su lado cada noche, la que solo me manda al suelo cuando no hay más remedio mientras me dice: “Espero que seas consciente de que te has castigado tú y me has castigado a mi”.


Es mi marido y yo soy Su mujer entregada, no somos un Amo y Su sumisa. Esta afirmación, y todo lo que conlleva en mi cabeza, no se me puede olvidar nunca.


 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Madre y Suya (1ª parte)

No sé la de veces que he escrito esta entrada y ninguna me ha convencido, la última me ocupaba cinco páginas, con eso os lo digo todo, así que quizá lo divida en varias partes jajaja. La verdad es que es un tema delicado, no solo por nuestra forma de vida, sino porque la maternidad en sí es un tema controvertido sobretodo en los tiempos que estamos.


Cuando hablé con los chicos de la entrevista no dije que tuviese hijos, era un tema que por comodidad prefería evitar, un berenjenal en el que no quería meterme, pero cuando leí sus preguntas ahí estaba el “¿Y si algún día tenéis hijos qué haréis?” y claro, comprendí que no puedo dejar a un lado que soy madre, no puedo esconder esa parte de mí, sobretodo porque mi forma de serlo no tiene nada de malo y porque hay personas que estarán en mi lugar, que se estarán sintiendo como yo me sentí, con esa sensación de que tenía que dejar de lado una parte de mi vida por ser madre, que las dos cosas no podía ser. Y aquí llega la primera parte polémica: el sacrificio que estoy dispuesta a hacer por mis hijas tiene un límite. En este sentido creo que parece que las cosas tienen que ser blancas o negras. Hay mujeres que deciden no ser madres porque no quieren sacrificar sus vidas, y lo comprendo, pero es que parece que si los tienes debes sacrificar lo que eres por y para ellos, y yo no estaba dispuesta a ello. No me malentendáis, son mis hijas y las quiero con locura, hago lo que sea porque estén sanas y felices, menos sacrificar mi felicidad, porque las cosas pueden ser grises, puedo ser una madre entregada, pero manteniendo la persona que soy, viviendo mi vida. Y si alguien cree que es egoísta, solo quiero aclarar que lo hago también por ellas, me las imagino de adultas y quiero que sean mujeres fuertes y que, tengan las circunstancias que tengan, sean como sean, no sacrifiquen eso por nada ni por nadie. Mi vida es mía, las suyas son suyas, y nadie debería ser infeliz por creer que así hará feliz a otra persona. Ojo, no hablo de esforzarse, de dar algunas cosas, de adaptarte a las circunstancias, hablo de luchar por mantener el equilibrio para que ellas sean felices y yo también.


La primera vez que nos relacionamos con gente del BDSM, en la primera fiesta a la que fuimos, salió la conversación. De manera unánime nos aconsejaron que sacásemos completamente el BDSM de nuestra casa y nuestras hijas, que lo practicásemos siempre fuera. El mundo se me vino encima, ya llevábamos como cinco años siendo Amo y sumisa, luchando cada día por tener la relación que deseábamos y no habíamos tenido más remedio que hacerlo dentro de casa, las circunstancias no nos habían dado opción. Ese día me sentí mala madre y a la vez me sentí traicionada por mí misma, me estaba planteando dejar de lado lo que soy por mis hijas ¿Cómo sería ahora mi vida? ¡Qué injusto era haber tocado con los dedos una vida maravillosa y ahora tener que renunciar a ella! En aquella ocasión también nos dijeron que el 24/7 era un utopía que era imposible llevarla a cabo… entenderéis cómo me sentía a la vuelta de aquel viaje. Pero entonces me planteé que cada uno ve las cosas de una manera, que cada uno lo vive a su manera, y que quizá para esas personas vivir el BDSM delante de sus hijos era poco más que hacer reverencias al Amo delante de ellos, comer en el suelo, ir con el collar por casa. Que quizá para esas personas el 24/7 era estar todo el día azotando, cumpliendo órdenes sexuales, que para ellos quizá sería como vivir en una sesión continua. Pero nosotros llevábamos varios años viviéndolo a nuestra manera y nos funcionaba, para mí lo importante era la entrega, el sentimiento, no las situaciones y eso no podía apagarlo al cruzar la puerta de casa, o sacarlo solo en la habitación de un hotel.


Hace poco hablando con un amigo sintetizó lo que he hecho durante mi vida en muchas ocasiones sin darme cuenta, por pura necesidad. Y es que cuando estás angustiado, cuando en los momentos oscuros te das cuenta de que no hay nadie que puede ayudarte, cuando sientes que no existe la persona que esté pasando por lo mismo, o que encontrarlo es demasiado difícil, debes sacar de ti la fuerza del pionero. Tienes que dejar las lamentaciones a un lado y empezar a caminar el primero por ese camino negro que tienes ante ti, asumiendo el riesgo de que no sea el correcto o que en uno de los pasos caigas por un precipicio. Claro que es un riesgo enorme, pero quedarte parado en esa angustia es demasiado horrible. Y aunque en aquel momento no lo hacía conscientemente, decidí ser pionera, caminar por ese sendero oscuro que era ser madre y Suya.


Es cierto que los niños hacen lo que ven, que yo les doy ejemplo, pero me duele que piensen que únicamente soy sumisa, yo soy una persona que lucha día a día por superarme, que no paro de buscar mi misión en la vida, que cada día me levanto con la intención de ser más yo y un poco más feliz, y lo voy consiguiendo. Soy una persona consecuente, que lucho por dejar mi granito de arena en este mundo, que intento hacer bien a los demás sin perderme nunca de vista. Ese es el ejemplo real que les doy, todo lo demás es circunstancial, y lo genial de mis hijas es que tienen la capacidad de ver el trasfondo de las circunstancias. Yo no las educo para que sean sumisas, las educo para que sean lo que les dé la gana ser.


Para concluir esta especie de introducción a este tema os diré que cuando decidí ser pionera en este tema supe que tendría que serlo en muchos más aspectos, que tendría que llevar una maternidad abierta y distinta, que no podría mentirles nunca, que tendría que conseguir tener una confianza con ellas, lo que implicaba respetarlas siempre, no juzgarlas, y sobre todo no menospreciar sus capacidades, su comprensión. Tenía que dejar de tratarlas como estamos acostumbrados a tratar a los niños, como si estuvieran al margen de la vida de los adultos, como si hasta el día en que ellos lo sean no comprendieran nada. Yo miro a mis hijas y veo a dos personas, dos personas en un punto distinto al mío pero que ya son dueñas de sus vidas. El día que decidí que todos en esta familia merecíamos ser felices supe que tendría que romper con mis propios patrones de madre, que empezaría una lucha continua sobre lo aceptado y lo que realmente creo que les hará bien. A modo de ejemplo tonto, ellas eligen su ropa, la que se compran y la que se ponen cada día, si van de una manera que a mí no me gusta, si mi hija pequeña quiere ir a las fiestas del pueblo en pijama porque le encanta, debo enfrentar a mi parte madre perfeccionista que me dice: “Pero cómo va a ir en pijama, qué van a decir, y a las fiestas que van a estar todas las madres del cole…” con la madre que sabe que ir en pijama es una circunstancia, ella es feliz con esa ropa y de mí necesita respeto, saber que la apoyaré en sus decisiones aunque a mí no me gusten, que para mí ella es la importante, no lo que digan los demás. Esto, como digo, es un ejemplo tonto, pero quien me conoce sabe que es un símbolo importante, me encanta vestir bien. Y por eso mismo lo hice, no soportaría que ahora viniese mi madre cada día a decirme qué ropa ponerme, por qué ellas sí van a tener que hacerlo.


Bueno, que me enrollo, esto era para poner un poco en situación, para que cojáis un poco la perspectiva de mi forma de entender la maternidad antes de meterme de lleno en cómo hemos llevado nuestra relación siendo padres. Pido respeto en este tema, es imposible que solo por lo que cuente entendáis cómo es la vida en mi casa, todo lo que podéis sacar son conjeturas. Mis hijas son niñas muy felices, todos los que las conocen me dicen lo especiales que son, la inteligencia emocional tan enorme que tienen. A su alrededor tienen maestras, abuelos, tíos, etc… que tratan con ellas a diario, nosotros estamos abiertos a escuchar cualquier cosa que nos digan de cómo las ven, si creen que tienen algún problema, si creen que algo les está haciendo mal. Pero hasta ahora lo único que he escuchado es positivo, así que tan mal no lo estaremos haciendo. Me quedo con una anécdota, mi madre un día tras una conversación que tuvo con mi hija mayor me dijo: “Me dan envidia, yo hubiese querido que me educaran en esa naturalidad y libertad en las que ellas se están educando.”

miércoles, 12 de julio de 2017

El collar

En BDSM el collar es un elemento muy importante. Cuando una persona dominante se lo pone a una persona sumisa significa que quiere que sea Suya oficialmente, normalmente tras un periodo de prueba. No solo es un símbolo entre las dos personas, también para los demás, en una reunión o fiesta si algún invitado lo lleva, los demás dominantes entienden que tiene dueño y deben respetarlo. También tiene validez virtualmente poniendo las iniciales entre corchetes. La norma es que esto se respete pero, como todo en la vida, depende de lo educados y respetuosos que sean los demás con estos protocolos.


Esta es la teoría y la forma de proceder más común, pero ni es imprescindible ni obligatoria, de hecho nosotros lo vivimos de otra manera. Nuestro proceso fue muy distinto, partíamos de cero, creo que estábamos más preocupados en otros asuntos como para seguir protocolos. El contrato ya nos daba una seguridad, más allá de ello Él no necesitaba ningún símbolo y yo ni siquiera lo pensé en ningún momento. Digamos que al principio nunca nos sentimos que formábamos parte del BDSM por lo que no nos planteamos siquiera seguir sus protocolos. Realmente estábamos muy ocupados en nuestras hijas que aún eran muy pequeñas, trabajo, estudios… así que íbamos transformando nuestra relación como buenamente podíamos. Pero el tiempo pasa rápido, nuestro proceso de pareja vainilla a D/s se completó, yo me sentía totalmente Suya y Él se sentía mi dueño por completo. Empecé a escribir en twitter, veía que otros sumisos tenían las iniciales de sus dueños en el nombre. Le pregunté si deseaba que yo me lo pusiera, dijo que estaba tan seguro de que le pertenecía por completo que no necesitaba ese gesto. No quería collar virtual, por lo que di por hecho que no tendría uno físico con la forma típica BDSM, ya que lo que sí me había regalado era una gargantilla con un brillantito que debía llevar siempre, también tatuó Su nombre en mi muñeca… digamos que usó Sus propios símbolos. Pero llegó el momento de ir por primera vez a un local BDSM, de relacionarnos con otras personas. Primero tendríamos una sesión en aquel bonito lugar y después una comida con otras personas. Cuando nos quedamos solos allí yo estaba extremadamente nerviosa, desnuda y expectante escuchando cómo trasteaba en la maleta en la que portaba todos Sus “juguetes”. Me esperaba un azote para iniciar, unas pinzas, o cualquier cosa menos algo rodeando mi cuello. Qué emoción me invadió, me miró y dijo que estaba preciosa, que había tardado en encontrar uno que le gustara, lo suficientemente bonito para mí, pero que había merecido la pena y me llevó ante un gran espejo redondo que había en la pared. No se me va a olvidar nunca mi reflejo con ese collar rojo y negro, con esa gruesa argolla, era fuerte y recio pero el más bonito y elegante que había visto nunca. Me cubría casi todo mi pequeño cuello lo que lo hacía un poco incómodo, eso me encantó, hacía patente su finalidad. Me vi preciosa, tengo que decirlo, estaba guapísima, y aún hoy me veo así cada vez que me lo pone, que no es muy a menudo. Que eligiese aquel día para ponérmelo no era casualidad, después en la comida me dijo que lo llevase. Una cosa es que en nuestra intimidad no sigamos ciertos protocolos y otra es que cuando estamos en grupo respetemos y participemos de ellos. Es como el dresscode, no somos muy de vestir de negro, o de cuero etc… pero si en una fiesta hay que llevarlo lo cumpliremos. Aquel collar fue un regalo precioso, uno similar al resto de de los que simbolizan mi entrega a Él, pero no es más importante que los otros y mucho menos que la entrega en sí. Y con esto llego a por qué casi no me lo pone. Es solo un elemento más, quizá en una fiesta signifique mucho, pero en nuestro día a día no. Fuera de las fiestas cumple su función como collar, por si quiere enganchar la correa, o por si quiere pasearme, retenerme etc…


Entiendo que el collar es un símbolo importante en el BDSM en general, pero no hay que perder de vista que la entrega va por dentro, yo llevo siempre mi collar aunque no lo tenga puesto, y desde mucho antes de habérmelo atado al cuello.

miércoles, 5 de julio de 2017

El contrato

Por diversos motivos de vez en cuando hablaré de conceptos más básicos y cómo los vivimos nosotros. Aprovecho para abrir la veda para que me propongáis temas que os interesen o de los que queráis que hable. Me he dado cuenta de que a veces me limito, así que prefiero que seáis vosotros los que me abráis más campos. Podéis hacerlo por email, en comentarios, o en twitter. Estaría encantada de que lo hicieseis y muy agradecida. Dicho esto aquí va el primero de estos temas:


El contrato en BDSM es un papel en el que dos personas que quieren iniciar una relación D/s  exponen sus condiciones, límites y demás. En él se establece también la palabra de seguridad, lo que ocurrirá si alguna de las dos partes incumple tal contrato etc… Evidentemente no es un papel legal, es más un pacto escrito entre esas dos personas.


Cuando le confesé qué necesitaba me pidió que investigara sobre el tema en internet ya que mi única referencia era Historia de O y mi imaginación. Lo primero con lo que me topé fue con este concepto. Me llamó mucho la atención, era algo que no me esperaba en un mundo que yo imaginaba tan pasional, tan sexual… un contrato era como un elemento frío y calmado. Se lo conté y con Su mente de ciencias, mucho más racional que la mía, le pareció un buen primer paso. Yo al principio reconozco que lo viví más con la emoción de hacer algo así, pero sin entender lo importante que era. Hoy en día ese contrato está obsoleto, siempre tuve claro que no quería límites, no me quería regir por un contrato, pero todo debe ser poco a poco. Ahora está en una carpetita verde junto a las fustas, cuerdas, ganchos y pinzas, es como una reliquia, como un recuerdo tierno pero ya sin ninguna validez. Aunque no nos rijamos por él, es ahora cuando he comprendido lo importante que fue. Cuando dábamos nuestros primeros pasos nos ayudó a pararnos, a meditar los puntos, a hablar directamente sobre lo que cada uno quería y temía, a sacar lo importante de mis fantasías, enfrentarme a lo que realmente quería de ellas, qué me asustaba de verdad. Nos ayudó a comenzar con los primeros protocolos. Darle la seriedad necesaria para llevarlos a cabo. Esto es fundamental, hoy en día si Él me dice espontáneamente una nueva norma yo la acato y la integro con el resto. Pero en aquella época veníamos de una relación muy distinta, no es que quisiese desobedecerlo, es que no estaba acostumbrada a tener normas, mucho menos que fuesen de Su parte, es más, me daba una especie de vergüenza rara obedecerlas. Como si Él la hubiese dicho pero no para que la cumpliera de verdad y siempre. Pero verlas sobre el papel y firmarlo era otra cosa, les daba peso y sobriedad, era un compromiso real y firme de comenzar con este camino. Creo que a Él además le daba fuerza para llevar a cabo las consecuencias de mis faltas, como si antes le diese la misma “cosilla” ejercerlas como a mí obedecerlas.


Firmamos nuestro contrato el día que nos casamos, era nuestro símbolo, nos casábamos y comenzábamos una unión distinta, una relación distinta. En aquella preciosa cama con dosel me ordenó por primera vez que leyese algo para Él, era ese contrato. Si leerlo para mí ya daba impresión hacerlo en voz alta, escuchando todos esos compromisos saliendo de mi boca, esas normas me encendían la cara y, por qué no decirlo, la entrepierna.


La verdad es que en ese contrato pocos límites tenía ya, prácticamente ninguno, pero me gusta cuando se me olvida que existió, de hecho hablo de él porque en distintas conversaciones ha surgido casualmente y me ha hecho mucha gracia la reacción de sorpresa “¿Pero  vosotros tenéis contrato?” y me he sonreído llena de ternura al recordarlo: “Sí, lo tuvimos”.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Ese lugar que solo Usted y yo conocemos

Somewhere Only We Know - Keane






¿Qué es este sitio? Estoy perdida, tengo frío y miedo. Tengo rabia, una rabia que no reconozco como mía pero ahí está. Estoy sola, veo a las personas al lado del camino pero ninguna me da calor, ninguna me apacigua, ninguna es capaz de decirme por qué todo este lugar me recuerda al hogar pero mucho más tenebroso, mucho más gris y triste, por qué estoy tan enfadada con todo y con todos… Y es algo muy simple y muy complejo al mismo tiempo, cuando te cambias de sitio internamente, cuando te descolocas ves las cosas desde otra perspectiva, pero no todas las perspectivas valen, no todas le sirven a todo el mundo. Desde qué lugar vivir es algo que solo uno mismo puede elegir, solo uno mismo puede notar desde qué lugar puede vivir feliz.


Yo elegí Sus pies, no porque me gustase o no, no porque sea una elección libre, es una elección forzada por la felicidad que me produce vivir desde ahí. Cuando me subo me confundo, cuando me voy de Sus pies me pierdo. Y es complejo, tremendamente difícil, ser una mujer fuerte y libre pero mantenerse ahí, pues somos péndulos buscando el equilibrio, buscando el centro, y a veces por equilibrar un aspecto desequilibramos el otro. Si es difícil llevarlo a cabo más difícil es explicarlo sin dar lugar a malos entendidos.


Me salí de mi sitio y el mundo se me volvió de nuevo hostil, la tentadora tristeza gris me llamaba con sus dulces cantos de sirena, el mundo volvía a doler demasiado, mis ojos comenzaron a desvirtuarlo todo, el roce de la brisa era un escozor insoportable. Comencé a preguntarme por qué luchar, por qué no dejarme llevar por la melancolía y la pena, por qué vivir es bonito… Me asusté, me asusté mucho. Fue la primera vez desde que superé toda esa mierda que me tentaba regresar a ella, como el que siente de nuevo la tentación de fumar después de años sin hacerlo y la mente traicionera le susurra un “¿Por qué no?” Esa noche soñé que me rendía porque no podía con la hostilidad de este lugar y la muerte me parecía más hermosa. Al despertar supe que algo iba mal, que no podía dejarme llevar de nuevo por el gris, que no quería volver a soñar con algo así, porque no nací para rendirme, ni despierta ni en sueños. Que, igual que recordaba mis tiempos grises, ahora también sé de mis tiempos felices, ahora sé que existen y que lo único que debo hacer es encontrar la manera de volver a ellos.


Qué lugar es este, qué lugar tan terriblemente frío y desolador… Deme la mano y devuélvame a mi sitio, diga las palabras mágicas, por favor, lléveme a ese lugar que solo Usted y yo conocemos. Lléveme a ese lugar en el habitan nuestros primeros polvos adolescentes, Su primer te quiero en la arena, bajo la Luna llena. Ese mundo en el que está aquella cueva en la que nos pasamos toda una noche el uno dentro del otro. Allí solo suena Depeche, Oasis, Keane y Muse. Ese lugar donde está la primera bofetada, el primer azote, el primer pellizco, el primer “Usted” el primer “Amo”, ese lugar en el que Sus ojos negros no me pierden de vista, ese lugar en el que tiemblo solo de placer y dolor, nunca de frío, ese lugar en el que yo camino a Sus pies, porque es la manera en la que mejor avanzo, es la posición en la que veo el mundo amable y feliz. Bájeme a Sus pies, se lo suplico, el mundo es horrible más arriba, es oscuro y cala los huesos. Diga las palabras mágicas, haga lo que crea conveniente pero hágame caminar a Sus pies.


Y lo hizo, porque Él siempre lo hace, siempre tira de esa correa con la que nací, siempre me da un silbido y la perra vuelve a ponerse a cuatro patas, para sentir el alivio en el cuerpo, en el alma. Porque una perra a dos patas se duele, se confunde, se encuentra mal, haciendo algo que no le corresponde, no entiende las distancias, las perspectivas, no entiende el mundo. Porque una perra a cuatro patas corre más rápido, salta más alto, avanza mil veces más… Y lo hizo porque Él siempre lo hace, Él siempre da ese tirón de la correa que me devuelve a mi sitio, a la alegría, me devuelve a mi Ser, a la felicidad.


 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Entrega ciega y entrega absoluta

En twitter empecé a seguir a una chica que está muy triste, contaba su historia de cómo entregarse la había dañado, cómo había acabado rota por entregarse. Eso me hizo reflexionar y al fin comprendí por qué muchos se llevan las manos a la cabeza cuando digo que mi entrega es absoluta. El problema es que confunden entrega ciega con entrega absoluta.


Mi entrega es total y absoluta, como ya sabéis los que me leéis, pero jamás ha sido ciega. La diferencia creo que salta nada más poner los dos títulos juntos. Yo conocía muy bien a quién me entregaba, pero conocer con lo bueno y lo malo. Para mí el Amo puede ser un dios pero no lo idolatro, no es un ser perfecto sin defecto ninguno, es un hombre, al que venero al completo, siendo consciente de todo lo que Él engloba, lo bueno y lo malo. Una vez que conoces a una persona en profundidad es cuando te planteas si en conjunto te da la confianza como para darte entera. Para mí sus puntos débiles no son importantes, no me ponen en peligro, ni me hacen tener miedo a que me destruya a ningún nivel. La entrega no ha de ser ciega en ningún sentido, tienes que mirarlo a Él en todo momento pero debes mirarte a ti también. Entregarte no te exime de la responsabilidad de crecer, de hacerte fuerte, de encontrar tu poder, no es un poder que amenaza al Amo pues no pretende entrar en una lucha de dominio, ya que tú conscientemente y conociendo toda tu fuerza te entregas a esa persona. Y eso no significa que renuncies a ella, simplemente en ese caso y sólo con esa persona, pones tu poder a su servicio. La entrega ciega es la que no se hace preguntas, la que no investiga por qué cada uno hace lo que hace. Imaginemos que nos da un ataque de celos, la entrega ciega no se pregunta por qué nos da, simplemente lo pasamos mal el rato que sea, y cuando estamos más calmados nos volvemos a poner bien hasta que llegue el próximo mal rato y así. Ante un ataque de celos habría que preguntarse ¿Por qué me estoy sintiendo así?¿Acaso hay algo que me haga sentir insegura?¿Ese algo tiene que ver con Él o conmigo?¿Él hace algo que me haga desconfiar o es que yo aún no estoy lo suficientemente segura de mí misma?... El mal rato es el mismo, o peor, os lo advierto, pero el resultado es lo importante.


La entrega ciega no solo nos hace daño a los que nos entregamos, también se lo hace a quién domina, imaginad la carga que debe ser para alguien que lo sigan ciegamente, la carga de que te consideren perfecto, que le eches la responsabilidad total de todo lo que pasa contigo, por dentro y por fuera, volvemos a una de mis comparaciones favoritas: guiar o tirar, de la que ya hablé aquí. Somos compañeros de viaje, cada uno lleva su camino, no dejo que Él ande el mío, solo me guía, Él en su camino domina y yo en el mío me someto, pero tengo que tener los ojos bien abiertos porque tengo que mirar por dónde piso, disfrutar de las vistas del trayecto, sentir cada paso que doy, porque es mi camino, mi vida. La entrega absoluta se hace muchas preguntas aunque al final la conclusión sea: tiro por donde Él me dice. Pero eso es una conclusión no un juicio ciego y vacío. Porque, en mi opinión, la entrega ciega es una entrega vacía, una entrega autómata que acaba aburriendo, o incluso destruyendo, a ambos, no hay preguntas, no hay crecimiento. Y ojo, yo no digo que cada orden se cuestione, no digo que le haga mil preguntas, es un proceso interno, es un trabajo personal, es un trabajo de escucharnos a nosotros mismos, a veces la pregunta o la conversación conmigo misma sencillamente es: ¿Lo hago o no lo hago? Es el Amo, yo soy Suya, lo hago. Otras es: Me ha dado tal orden y algo dentro de mí se resiste ¿Por qué me resisto? ¿Es porque creo que la orden me puede hacer daño o es porque mi soberbia se está revolviendo? Etc… en mi caso acabo obedeciendo porque sé que estoy con la persona que tengo que estar y que sabe bien qué estoy preparada para afrontar, y porque tengo claro que quiero dar los pasos que Él me dice que dé, pero eso no significa que yo sea consciente de que me costó dar ese paso y del porqué me costó darlo.


Yo lo venero, pero no estoy ciega, sé cómo es, qué cosas me encantan de Él y qué cosas podría mejorar, es una persona como lo somos todos. Y sabiendo la persona que es decido entregarme de forma absoluta, jamás ciega.


Hace poco en twitter se generó otro debate, hablar de los defectos del Amo sí o no. En mi caso no voy a negar que me esté costando escribir ciertas expresiones en público, porque aunque yo lo conozca en todos sus aspectos no significa que tenga que airearlos, pero como defendían algunas personas, hay una especie de teatralidad en la entrega y el dominio, una teatralidad que hace que parezcamos actores de peli romántica todos guapos y perfectos. Eso hace daño a todos, le arrebata lo real a la entrega y al dominio, lo relega a fantasía y lo destierra de ser una forma de vida, porque nadie puede cumplir expectativas fantasiosas las 24 horas 7 días a la semana. No voy a hablar específicamente de nada, pero creo que sí es necesario escribir esto, recalcar que somos humanos y que ser Suya también pasa por cuidarlo a Él, aconsejarlo cuando me lo pide, ayudarlo cuando algo le cuesta, decirle con mi actitud: no tiene que ser perfecto, yo me entrego y lo amo tal y como es.

lunes, 4 de julio de 2016

La sumisión es un camino

Para empezar esta entrada voy a definir los términos que voy a usar. Para hablar de mi etapa anterior diré mi etapa como sumisa, y me refiero a cuando me dejaba condicionar por el significado que otros le dan a esa palabra, cuando me atraía todo lo superficial del término. Cuando mis metas y mi percepción se basaban en las propias de una sumisa en el BDSM. Por ello si atribuyo bastantes cosas negativas al término “sumisa” no es porque realmente las tenga, sino que yo como sumisa dentro de una comunidad con unos patrones a seguir no me gusté. En mi nueva etapa me llamaré Suya o “entregada”. Todo esto lo aclaro para intentar describir más fácil las diferencias que veo entre una etapa anterior y la que vivo ahora. Aunque es complicado, ya aviso…


Cuando era sumisa imaginaba mi mundo ideal como un protocolo perfecto y pomposo. Como meta tenía ser perfecta, quería no tener ni una sola falta al terminar el día. Si viviese encerrada en casa, sin hijas, sin trabajo, sin familia etc… no me parecería una meta tan horrible y tan dura como me resultaba. Y es que, como imaginaréis, no solo quería ser perfecta como sumisa, también lo quería ser en cada aspecto de mi vida. Cuando llegaba la noche estaba agotada, y aún me quedaba el trago de hacer recuento de faltas y cumplir castigos. Todo se me hacía cuesta arriba, me sentía fracasar a cada paso, y lo peor era la sensación de decepcionarlo. Para que os hagáis una idea algunas de mis faltas eran olvidar decir Amo al final de una pregunta o respuesta, olvidar pedir permiso para salir de una habitación, no hacer algo que me había ordenado que hiciese… evidentemente hay faltas y faltas. Las dividiré también en faltas superficiales (aquellas de protocolo, pequeñas órdenes)  y faltas profundas (mentir, ser soberbia, responderle con carga). Ahora veo claro la importancia real que tienen cada tipo de falta y la relación que tienen unas con otras, pero antes no. Como sumisa sentía una presión horrible, no podía fallar, sentía que daba pasos atrás si se me escapaba algún “tú” y pensaba en el ideal de sumisa que se tiene y en cómo yo lo reventaba a cada despiste. Desde fuera siempre se tiende a echar la culpa al Amo por una sumisa saturada, seguro que pensaréis que me presionaba, que Él me ponía todos esos protocolos y esperaba de mi la perfección, si no lo pensáis me extraña porque yo sí lo hacía. No porque Él dijese una sola de esas palabras, sino porque en mi cabeza era lo que se supone que desea un Amo. Pero se me olvidó que los Amos y sumisas que imaginaba no son reales, son proyecciones de nuestro cerebro, de nuestra propia exigencia. No conozco a una sola sumisa que no sea autoexigente, de verdad que no, no conozco a ninguna que en el resto de los aspectos de su vida no quiera llegar al 10. Y somos tan tontas de pensar que en ese aspecto no se va a reflejar ese defecto y que no nos va a hacer tanto daño como nos lo hace en todo lo demás. Se me olvidó recordar que soy una mujer real, de carne y hueso y que Él lo sabe, y mucho peor, se me olvidó que Él me quería a mí más de lo que quería a esa sumisa perfecta que yo creía que debía ser. No negaré que entre un Amo y una sumisa hay una distancia natural, la distancia que hay por estar en distintas posiciones, no negaré que mi Amo es estricto, que no me pasa ni una… pero OJO lo que he descubierto en esta nueva etapa es el porqué y con qué fin no me las pasa. Creo que castigar las faltas superficiales sirve para evitar las profundas, no es que si me olvido de un Amo al final de una respuesta Él me castigue decepcionado por no haber conseguido ser perfecta, creo que esa norma es algo que le gusta y de la que disfruta pero no es una necesidad básica, sin embargo mantener a raya mi soberbia y mi facilidad para dejar salir a mi ego sí es algo peligroso. Y es que reconozco que en las épocas en las que se relaja castigando las faltas leves me pongo peor, me sale la soberbia y tiendo a “subirme a la chepa”. Me avergüenza decir que cuando estoy enferma y Él me cuida y me perdona más las faltas me vuelvo contestona, me salgo de mi posición, con la consecuente “infelicidad” que personalmente eso me supone. Cuando era sumisa creía que Él quería que no cometiera ni una sola falta, que se sentía realmente orgulloso y satisfecho cuando llegaba con el contador a cero, pero he descubierto que, mientras las faltas profundas no se den, las faltas leves son un instrumento, o quizá simplemente es que esas faltas para Él no son tan importantes, aunque más bien, lo que me ha enseñado es que ser perfecta no es importante, que hay otras millones de cosas más profundas por las que me ama, por las que me quiere a Su lado.


Y llegados a este punto vuelvo a mi eterna lucha por salir de los patrones, a mi lucha en pro de la naturalidad, leer sobre sumisión es leer sobre superhéroes, es como si descubres que te pareces a Superman y te pones a intentar ser como él… jamás lo conseguirás, y te pasarás la vida estrellándote contra el suelo porque no puedes volar tal y como lo hace él, y no es que no puedas porque eres menos, no conseguirás porque Superman no existe, al igual que no existe esa supersumisa que nos ponemos como meta. Yo he tenido la gran suerte de que mi Amo ha tenido eso claro desde el principio, que solo fui yo la que creí que mi idealización era real. Por suerte Él siempre me ha ido empujando al camino de la naturalidad, la aceptación de nuestras imperfecciones y a la lucha real, sin presión de cambiarlas para crecer. Y es que esto sí es muy importante, lo que sí es genial es luchar para ser la mejor versión de nosotros mismos, pero siempre y cuando eso sea una motivación no una obligación.


Ahora mi vida sigue siendo aparentemente igual, pertenezco a mi Amo, pero ya no soy sumisa, ahora intento no cometer faltas, pero cuando las cometo, las asumo, aprendo, me motivo para no volver a cometerlas, me perdono y las olvido. Y es que lo peor de mis faltas no era verlas en Su contador, ese que tras los azotes vuelve a cero y olvida el número que allí había para siempre… lo peor de mis faltas era apuntarlas en mi contador personal, ese que no tenía ruedecita, ese contador que nos hace tener una visión general de nosotros mismos negativa, recordando aquella vez que fallaste, recordándote lo mal que lo haces por toooodaaas las faltas que has cometido a lo largo de tu vida, aunque ya les hayas puesto remedio, aunque ya aprendieras de ellas y nadie más les eche cuentas. Ahora vivo entregada, y eso significa ser más liviana, significa aprender de los errores, asumir los castigos y al rato ser feliz entre Sus brazos, entre Sus mimos, olvidando que fallé, olvidando ese ideal perfecto.


Sinceramente ya no me siento con la potestad para hablar sobre sumisión y BDSM porque me siento fuera de ello, pero como estuve dentro me voy a permitir dar un consejo a todo aquel que sí esté en ese camino, y que sí se sienta identificado con ese título: la sumisión es un camino, no un fin. Eres sumisa cada día que te levantes con afán de darte a tu Amo, ya cometas una falta o 100, ya acabe tu día entre azotes de castigo u orgasmos de recompensa, no eres una mujer luchando por ser sumisa, porque ya lo eres. No, no hay sumisas mejores o peores solo hay sumisas, a secas, porque la que ayer llegó con el contador a 0 hoy tiene 50 azotes por recibir, asumir eso forma parte de la sumisión, y si no estás dispuesta a asumir que eres imperfecta, si vas a hacer de esto una presión por llegar a un ideal, déjalo, eso es destruirse no crecer.

jueves, 28 de abril de 2016

Desear y vivir

Si algo he aprendido en estos años es que a veces lo que deseas, en la realidad no es tal y como lo imaginaste. Que desear no es lo mismo que vivir. Hablo de muchas cosas, no solo a nivel de entrega, es algo que podemos aplicar a todo. Yo antes veía las películas de época, las señoras nobles con esos vestidos tan pomposos, esos corsés ciñéndoles la cintura… me decía lo bonito que hubiera sido nacer en aquellos tiempos. Pero luego llega el día en que te pones un corsé de verdad, rígido pero no tanto como lo eran en esa época y no ves el momento de quitártelo. Pues en todo pasa igual.
En cuanto a la entrega lo he sentido así desde el primer momento. Lo primero que le dije a mi Amo que necesitaba era una bofetada, había fantaseado con ello durante años, cuando me la dio no fue tan maravillosa, me picó la mejilla, me zumbó el oído y las ganas de responder con otra se me agarraron en el estómago. Y poco a poco conforme fuimos avanzando toda fantasía fue sustituyéndose por la cruda realidad. Una frase que me define muy bien es “Nadie me dijo que los azotes dolían” y es cierto, nadie me lo dijo. Sólo los había visto en Historia de O y ni siquiera se llegan a ver, solo los asociaba a mi necesidad, a eso tan maravilloso que era para mí entregarme a alguien. Mis padres nunca me pusieron la mano encima y jamás me castigaron, por lo que yo no sabía a lo que me iba a enfrentar cuando lo pedí. Los primeros azotes fueron un jarro de agua fría, nada de lo que imaginé era tan excitante, al revés, era doloroso. Creo que ese ha sido el origen de mi eterno conflicto con el dolor, tengo asumido que los azotes no me deberían doler pero sí duelen, y mucho. Ahora que ya sé por qué necesitaba entregarme, también entiendo que no sea masoquista, pero hasta ahora ha sido una tortura, como sabréis los que me seguís desde hace más tiempo. Ahora entiendo que yo necesito que los castigos castiguen, que los dolores duelan, pues necesito que cumplan su objetivo: corregir. Por qué me excitaban entonces desde niña, sinceramente creo que es porque, si no me hubiesen atraído como una oscura campaña de marketing, directamente no los hubiese buscado, no me hubiese metido en todo esto, y no me sentiría tan libre como me siento hoy por hoy.
Cuando he preguntado a alguien por qué me lee, en algunas ocasiones me han contestado que porque soy sincera, porque no hablo de la entrega solo como algo idílico y maravilloso, y me alegra oírlo, me alegra ser la que avise de que los azotes duelen. Y es que no faltan por estos mundos idealizaciones, frases que elevan el dolor como un éxtasis mágico, yo no digo que eso no exista, pero no para todos o no como lo comprendemos. A mí el dolor me provoca cosas, me saca emociones, pero precisamente porque duele, porque es duro. Y ya no solo el dolor, no me canso de ver frases, imágenes y demás que se toman los castigos como parte de un juego. Quién no ha leído alguna vez o ha imaginado que el Amo la castiga durmiendo a los pies de la cama. Yo misma cuando lo leía quería vivirlo, hasta tal punto llega la idealización que lees un castigo y lo deseas, olvidando que si es un castigo conlleva una falta previa, no te das cuenta pero lo que estas deseando es fallar para ser castigada. En esto me enorgullece hablar en pasado, ya no lo deseo, podría vivir perfectamente sin dolor o castigo, pero claro, evidentemente no depende de mí.


Hace unas semanas cometí una de esas faltas, había sido vanidosa y soberbia, el Amo se enfadó conmigo, me preparó una manta, una almohada y un edredón a los pies de la cama. Estaba viviendo eso que tanto se idealiza, dormir a los pies de la cama como una perra, quizá es que no soy una buena perra porque no me gustó, no quería estar ahí, quería estar con Él, sintiendo Su cuerpo, a Su lado, y no en el suelo tan cerca y tan lejos de Él. Lloré y lloré muy angustiada y no puedo describir lo que sentí cuando escuché su respiración acompasada, cuando fui consciente de que se había dormido, que aquello no era un juego de un rato, cuando me di cuenta de que todo esto es real, que si te castigan es porque has fallado de verdad, es porque algo debes cambiar de verdad. Quiero que seáis muy conscientes de que siempre hablo desde mi propio conocimiento, desde mi experiencia, desde saber cómo es mi Amo. Si Él te castiga es con un motivo real, quizá las faltas leves se transforman en simples azotes, pero si te castiga de otra forma, de una de esas formas que te hacen reflexionar y angustiarte, ten por seguro que es porque algo debes cambiar, que es porque ha visto algo en ti que no le ha gustado realmente, algo que enturbia todo lo bueno que tengo. Por ello estando a los pies de la cama, sintiéndome tan angustiada entendí muchas cosas, una de ellas es que no somos conscientes de lo que deseamos, de lo que idealizamos ciertas cosas. Yo no os voy a decir que esto es fácil, yo no os voy a decir que es bonito dormir en el suelo a los pies del Amo ¿Por qué lo hago? No lo hago, me dejo hacer, simplemente me dejo guiar porque le pertenezco, porque lo que sí es maravilloso es que te despierte cuando amanece y te deje volver a Su lado, y es maravilloso no solo por volver a sentir Su calidez o Su respiración en la nuca, es maravilloso porque has aprendido una cosa más, te has quitado un nuevo peso de encima, porque vuelves a la cama más liviana, menos soberbia, más libre. Eso sí es bonito.

lunes, 7 de marzo de 2016

Me aceptan pero... ¿Me comprenden?

Al principio, cuando mantenía mi condición en secreto, pensaba en el día en que al fin pudiese decir abiertamente el tipo de relación que llevábamos. Me ponía eso como meta creyendo tontamente que eso sería suficiente. Pensaba que el contarlo acabaría con la sensación de que nadie me aceptaría, que el culmen sería precisamente ese, contarlo y sentirme aceptada. Pero, como en todo, te das cuenta de que eso es solo un paso más y que, cuando lo alcanzas, una nueva meta se te plantea. Yo he sido sincera con mi familia y amigas, es algo que cada vez oculto menos y puedo decir que tengo la gran suerte de que en todos los casos me he sentido aceptada pero… ¿Es eso suficiente? No, una nueva “problemática” ha surgido: no es lo mismo que te acepten a que te comprendan. Debo decir que en mi círculo cercano me han comprendido más que personas que conocían el BDSM. Cuando hablas de BDSM enseguida las prácticas y situaciones que se dan en él aparecen, inevitablemente el sexo es el protagonista. No voy a hablar en otros casos, pero en el mío nunca ha sido una necesidad sexual, siempre ha sido una necesidad de relación. Para mí, mi sumisión, no es una sexualidad, es una forma de entender mi vida en pareja. Es como si alguien  dice que es homosexual y nos limitamos a pensar que solo necesita sexo con otra persona de su mismo sexo, obviando que lo que quiere es tener una relación, unos sentimientos, una vida como la de una pareja heterosexual… en mi caso es igual.
El sexo está presente en mi vida como en la de cualquier pareja, cómo sea ese sexo da igual, podríamos tener sexo de besos y carantoñas, podríamos no usar cuerdas, podría no haber pellizcos y lágrimas, podríamos tener el sexo más ñoño del mundo y seguir siendo lo que somos, seguir respetándolo y obedeciendo como lo hago. Independientemente del sexo es mi Amo.
A veces tengo la sensación de que como pareja no se nos da la importancia que tenemos, y eso que nosotros tenemos la suerte de estar casados, cosa que nos da más empaque de cara a la galería, pero no noto que se valore del todo nuestro tipo de relación. Me explico, es como si todos dieran por hecho que puedo elegir, que en cualquier momento puedo plantarme y desobedecer. Claro que puedo hacerlo, pero eso no ocurrirá por una norma que no me guste, o por una orden que me incomode. Tengo la posibilidad de plantarme y negarme, pero eso sólo ocurrirá por un proceso complejo interior, por una serie de sentimientos negativos o de actitudes que no me convenzan o note que me hagan daño. Hasta ahora esa necesidad no ha aparecido ni por asomo. Os pondré ejemplos: si mi Amo me dice que en una fiesta no hable a no ser que se dirijan a mí yo voy a obedecer, me da igual que sea una fiesta, que todo el mundo esté charlando, que lo normal sea relacionarse y hablar… yo voy a obedecer por mucho que cueste, por muy mal que le parezca a los demás, por muy poco sentido que tenga ir a una fiesta a estar callada. Obedeceré porque no hacerlo sería cuestionar Su autoridad, sería enfrentarme a lo que somos. Otro ejemplo que me ocurrió hace poco: mis amigas y yo habíamos quedado, se puso un día horrible y mi Amo consideró peligroso que cogiese el coche, tuve que decirles a mis amigas que no podía salir de casa. Como el plan no salía alguna dijo: “Vamos a hacer un esfuerzo por vernos, venga”. Me planteé que quizá no vieran lo firme que era mi decisión de obedecer, que quizá pensaran que en lo único en que mi matrimonio difiere de otros es que de vez en cuando me da unos azotes con la excusa de que he desobedecido, que quizá la única diferencia es que nuestro sexo es más duro… No estoy diciendo que mis amigas lo vieran así, pero esa posibilidad se me pasó por la cabeza y, las entiendo, es la imagen que se ha dado de este tipo de relaciones. Pero eso no es así, no es que no desobedezca por miedo al castigo, es que si desobedezco por ir a ver a mis amigas cuando me ha dicho que no salga de casa estoy cuestionando nuestra relación, nuestros sentimientos, nuestro acuerdo… yo no puedo llamarme Suya y saltarme Sus órdenes porque, total, “es una tontería”. Mi vida no va de obedecer en general pero si una orden no me apetece la incumplo, luego vuelvo, me da unos azotes por niña mala y todo sigue igual… no, esto va más allá. Me he comprometido, desobedecer deliberadamente en algo así sería decepcionarlo, sería admitir que mis palabras de entrega están vacías.
Entiendo que haya personas que no quieran una relación así, no todas los que deseamos entregarnos queremos hacerlo de la misma manera, pero he visto la necesidad de seguir luchando por intentar hacer que se acepten otro tipo de relaciones, que se consideren opciones válidas, opciones visibles. Sé que soy una soñadora que roza la locura pero, ojalá algún día, igual que una mujer presenta a un hombre como su marido, igual que una mujer presenta a otra como su novia o su mujer, pueda yo presentar a mi pareja como mi Amo y sean capaz de entender que es una relación, que no estoy hablando de mi sexo, no les estoy haciendo una lista de las cosas que hago en la cama. Ojalá al presentarlo como mi Amo entiendan qué significa, entiendan cómo me comportaré, entiendan mi lista de prioridades, entiendan las decisiones que tomaré, den importancia a nuestra relación.
En definitiva, ya sabemos que se puede ser hetero u homosexual, pero hay muchos más tipos de relaciones que esas, cada una con sus características específicas y todas son igual de respetables, todas tienen el mismo derecho a expresarse abiertamente, todas las relaciones son igual de valiosas e importantes para sus componentes.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Mi Amo

Hoy estoy especialemente sensible y feliz, hace 5 ños de un día muy especial, la segunda entrada de mi primer blog trataba de esta fecha. Tengo una gran sensación en el pecho, mi vida no ha hecho más que mejorar.


Últimamente me han dicho de distintas maneras y en distintos contextos qué idea tienen los demás de mi Amo. Creí que transmitía bien cómo es Él, pero me parece que no lo he conseguido del todo, por ello me gustaría describiros cómo es el hombre al que me entregué en cuerpo y alma. Perdonad que me haya extendido, estaría horas y horas hablando de Él...


Kenny Rogers - The Gambler


Suena esta canción en el coche, sabe de quién es, el título, la letra. La canta despreocupado mientras conduce, yo lo miro emocionada, me emociona verlo cantar en el coche..


Mi Amo es un chico de unos 30 años, de estatura media, no es altísimo, no lo necesita, Su espalda ancha y Su sonrisa conquistan e imponen al instante. Mi Amo es un hombre sencillo de gustos sencillos. Le gusta jugar a la consola, a los juegos de mesa con Sus hijas, es extremadamente inteligente, pura lógica y matemática. En verano le gusta llevarse libros de pasatiempos a la playa para que los hagamos juntos, en invierno me abraza cada noche por detrás amoldándose a mi cuerpo, me agarra una teta y me calienta los pies helados entre Sus piernas. Los martes y viernes juega al fútbol, es la mente fría del equipo, ve las jugadas y suele dar el pase de gol.
Mi Amo es un hombre humilde, aún le queda mucho que aprender como Amo y como persona, lo sabe y disfruta del aprendizaje. Es extremadamente responsable y trabaja de más.


Mi Amo es la persona más comprometida que he conocido, siempre ha antepuesto el amor que me tenía a cualquier dolor que le he causado, siempre ha confiado en que cambiaría, nunca se cansó de darme oportunidades movido por la creencia de que yo podía cambiar. Y no se equivocó, cambié, cambié mucho, salí de una horrible depresión gracias a verme reflejada en Sus ojos, gracias a que cada día me mostraba lo maravillosa que era aunque yo no lo veía. Mi Amo es un gran padre, trabaja por darnos todo lo que necesitamos, después de trabajar estudia para ascender, para progresar. Cuando llega a casa besa, abraza a Sus hijas, se ríe con ellas, juega, las ayuda con los deberes y las arropa con ternura. Después me da Su atención como Amo y marido, me consuela si estoy llorando, me susurra al oído guarrerías que me vuelven loca, me pone un cojín en el suelo para ver una serie mientras acaricia mi cabeza.
Mi Amo me da los besos más bonitos, las bofetadas más oportunas y los azotes más merecidos.
No es un Amo especialmente sádico, disfruta más del dominio y la obediencia, pero tiene mano dura para corregir actitudes que me dañan, que nos dañan. Su lema es el poco a poco, paso seguro y certero. Yo iría corriendo a todas partes, en lo que a prácticas se refiere yo ya me hubiera clavado agujas, hubiera probado torturas más duras, por el simple hecho de la curiosidad, no por estar preparada. Él marca el ritmo, Él es quien tiene la capacidad de ver si estoy lista para ciertas cosas. Se guarda el castigo para Él, sabe que yo soy mucho más cruel conmigo misma de lo que es Él. No abusa de mí, rara vez me deja sin orgasmo o sin placer, adora ver mi cara mientras me corro…


Mi Amo es duro, firme y correcto, pero desde el primer día que comenzamos a ser novios dejó bien claro que me quería feliz. No modifica mi personalidad para hundirme, modifica las partes que siempre han estropeado lo maravillosa que soy, como el escultor que golpea el mármol para crear arte, no por destruir piedra.
Mi Amo es de las personas mas equilibradas que conozco. Es cariñoso sin ser empalagoso, es duro pero sabe cuándo ser compasivo, sabe cuándo necesito llorar y cuándo reír.
Mi Amo es hombre amable, educado, no tiene ni un ápice de prepotencia, no le gusta entrar en conflicto con nadie, adora la tranquilidad y los pequeños lujos de la vida: una cerveza, un vino, una barbacoa, una mamada los jueves, que le haga cosquillitas en el brazo, morderme cuando le plazca, un "sí, Amo". No necesita verme sangrar, aprieta mi cuello lo justo para mostrarme que le pertenezco pero nunca hasta verme perder el conocimiento… Él es así, no estudia a otros Amos, le gusta atarme solo para inmovilizarme, no por estética. Quizá sea porque es práctico, tremendamente práctico, las cosas son para lo que son, le gusta lo que le gusta y con esa sencillez es feliz.


Mi Amo es un experto cargando el coche con mis cachivaches de trabajo, me lleva donde me tenga que llevar, me ayuda las horas que me tenga que ayudar, soy Suya y le gusta verme cumplir mis sueños, siempre supo cuidar muy bien de Sus cosas.
Mi Amo es un hombre normal, con el que gusta estar. Una vez un “Ama” maleducada le dijo que no tenía actitud de Amo, quizá porque no miraba por encima del hombro a todo el mundo como hacía ella. Él muy tranquilamente dijo que no le importaba lo que opinara el resto del mundo, que lo que le valía era que yo lo respetara como Amo. Le da igual cómo le perciban los demás, Él no quiere ser un Amo de cara a la galería, Su objetivo como Amo es tener una sumisa que lo respete y lo obedezca, como véis otra vez esa simplicidad, esa practicidad ¿Qué significa ser Amo? Tener una sumisa y, como diría una amiga, PUNTO.


Y claro que a veces es duro, y claro que a veces lloro, claro que a veces me usa sin piedad, pero en esos momentos de castigos difíciles en ningún momento aparece ni un pensamiento negativo hacia Él porque, en los 11 años que llevamos juntos, jamás me ha dado un sólo motivo para pensar que quería hacerme daño, todo lo contrario.


Si véis a mi Amo por la calle veréis a un joven de espalda ancha, pelo rapado y barba corta. Veréis a un hombre que no va por la vida imponiendo, que no se esfuerza en hacer que le respeten, que no busca aprobación. No os pedirá que le habléis de Usted, no os hará sentir incómodos, será educado y amable. Él es mi Amo, no el Amo del mundo. Él es una persona, no un personaje…


Es curioso, al final, con Su naturalidad se hace querer, se hace respetar...

viernes, 18 de septiembre de 2015

Mi cuento: no eras tú

Segunda parte de "Mi cuento: princesa o puta"


Lana Del Rey - Once Upon a Dream


Miraba al ordenador y giré la cabeza, la luz de la pantalla te iluminó, vi tu sonrisa y lo supe, eras tú. Bailamos, nuestras caras se rozaron, tu olor impregnó mi nariz y mis sentidos, no podía mirarte, no quería que vieras en mis ojos que ya sabía que eras tú.
Tus manos en mi cintura, el primer contacto de nuestros cuerpos anunciaba grandes cosas. Los días posteriores sin verte, de ti presumía, tu magia me había impregnado, no sabía siquiera si volvería a verte, pero yo sabía que no me equivocaba, que eras tú, que eras el hombre de mi vida, puede que nunca fuera una princesa, pero siempre fui muy bruja. Y llego aquel día, llegó aquel banco en el que nos miramos y decidimos intentar algo, llegó ese primer beso con sabor a menta y olor a mora, ese beso perfecto y mágico que me confirmó que eras tú.
Pero qué idiota fui, qué equivocada estaba, pensé en el amor superficial y romántico, olvidé qué quería realmente, me dejé cegar por la idiotez de niña pija y tonta y creí que eras un príncipe, que eras mi príncipe azul. Erróneamente intenté ser princesa y desterrar a la puta.
Los años pasaron y la princesa se fue subiendo a su trono, fue volviéndose exigente y caprichosa. Fue dejando de valorar al príncipe que tenía a su lado. A pesar de salirse siempre con la suya aquella princesa estaba triste y llena de dolor… no podemos ignorar lo que somos, no podemos subirnos a un pedestal cuando sabemos que nuestro sitio está lamiendo pies…


Qué bonito fue, qué bonito es, que maravilloso descubrir que no eras tú, que felicidad descubrir que era Usted…


No bailé un vals con un príncipe, bailé con mi Amo, y no lo sabía, no sabía que era el hombre de mis sueños, el hombre que me sonrojaría la piel a azotes, el hombre que me follaría sin piedad, que me colorearía las mejillas a bofetadas, que me haría estar hermosa, que me coronaría como la princesa puta.
Y sé que Usted es Él. Lo sé por las veces que me hace reír, por los pellizcos y las cosquillas, lo sé porque me da de comer helado y semen, me da de beber vino y pis, me hace bailar como una diosa y me trata como una perra. Beso Sus manos, lamo Sus dedos, lo miro sin que lo sepa, lo venero sin que lo sepa, o al menos no sabe cuánto. Adoro Su cuerpo, Su piel, Sus ojos negros, adoro Sus dientes con todas mis fuerzas, creí que me enamoré de ellos por la sonrisa que le hacían tener, pero me enamoré de ellos por los bocados que me darían. Sé que es Usted porque me eleva a lo más alto con los besos que me dan Sus labios y me degrada como a la más cerda con un beso negro. Me regala ropa de princesa y me adorna el cuerpo con morados de puta. Yo soñé que me sometían a la fuerza, que me esclavizaban, que me obligaban a ser de alguien, pero llegó Usted e hizo que yo solita me pusiera a Sus pies, que yo solita pidiera ser Suya para siempre. Y nadie entiende que le entregué mi vida, que lo hice de verdad, porque mi vida dejo de ser mía cuando Usted la valoró más que yo. No importa si al final de todo no acabamos juntos, todo este baile se repetirá eternamente en el bucle infinito del tiempo, como un cuento que se cuenta una y otra vez y nunca muere, yo siempre seré Su pelusilla y Usted siempre será mi Amo.


PD.: Una mañana de Domingo, a los dos días de escribir este texto, yo estaba triste. Me paró en el pasillo para despedirse porque se iba, me levantó la barbilla, me besó, me abrazó fuerte y comenzó a mecerse, a mecernos muy poquito al ritmo de una canción, al ritmo de esta canción que casualmente sonaba. Él no sabía que yo había escrito todo esto con esta canción, Él no sabía que me estaba confirmando todo lo escrito… la noche anterior me había reventado el culo sin piedad, más salvaje que otras veces, había llorado por lo humillada que me había sentido, por lo mucho que había sufrido, y a la mañana siguiente estaba bailando conmigo una canción ñoña. Y es que es Él, porque me acepta, porque acepta mi parte princesa y mi parte puta, hace lo que le sale de los cojones con toda yo, pero sabe darle a cada parte de mí el pequeño gesto que necesita. No soy una sumiprincesa, no exijo, no me rebelo, sólo acato y obedezco, pero Él me conoce como nadie más, por eso me coronó como Su princesa puta.

lunes, 24 de agosto de 2015

24/7 y machismo

He leído un tweet que asociaba el 24/7 al machismo. De primeras me ofendió, pero eso en twitter es muy común, la gente opina sin fitro ni consideración. Pero este fue algo diferente, ya que, a parte de la ofensa, me pareció una asociación peligrosa, más en estos tiempos en que la sensibilidad con la violencia de género está a flor de piel. Realmente me di por aludida ya que ¿Significa que me creo una esclava y en verdad soy una mujer maltratada? Creo que desde sus orígenes el BDSM ha tratado de trazar una gran diferencia entre maltrato y él. Y si todos vemos claro, que no es lo mismo una bofetada de un marido a su mujer sin su consentimiento, a la de un Amo a su sumisa en la cama ¿Por qué no vemos que es diferente que un marido le exija a su mujer que le sirva la comida, por obligación, a que un Amo se lo ordene a su sumisa? Es exactamente lo mismo, la diferencia entre una situación y otra es la misma, solo cambia el escenario. Ahora bien, se me podría argumentar que una sumisa de sesiones, en cuanto sale de la sesión es más libre que yo, que conserva más libertad que yo. Para empezar, yo he dado pie a ello, nadie me ha obligado a ser esclava de nadie, al revés, y para continuar, que no lo entendáis no significa que esté mal. SERVIR 24 HORAS A UN HOMBRE NO ES SINÓNIMO DE MACHISMO ¿Por qué? Para que lo entendáis me iré a la definición de machismo: 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Mi Amo no se siente superior a mí por ser un hombre, se siente superior porque es mi Amo. No va por la vida diciendo que las mujeres son inferiores, no va dando órdenes a toda la que pilla. Lo que ocurre en mi casa no es machismo es BDSM.
Si queréis más ejemplos pondré algunos que forman parte de mi vida. Empezaré puntualizando, de nuevo, que mi Amo y yo fuimos pareja vainilla varios años antes de ser Amo y sumisa. En esos años no vi ni un atisbo de machismo, al revés, para Él fue difícil sacar su parte dominante porque le parecía mal verme y tratarme como inferior, hasta que que asimiló que no lo hacía por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de que era Suya y yo, LIBREMENTE, me había entregado. Entonces... ¿Se le apareció el fantasma de las navidades de 1950 y de repente se convirtió al machismo? Más bien comenzó a ser Amo, cosa completamente distinta. Y también hablaré de trabajo, creo que si mi Amo fuese un hombre machista en vez de un Amo, con el nivel de posesión que tiene sobre mí, habría muchas cosas que no me dejaría hacer, trabajar por ejemplo. Mi trabajo se basa en gran parte en la imagen y las relaciones públicas. Siempre voy arreglada, guapa e incluso sexy, no voy a negar que atraigo a algunos hombres ¿De verdad creéis que un marido machista me dejaría ir a trabajar así, o siquiera ir a trabajar? No, pero es que otra diferencia entre un hombre machista y un Amo, es que al primero le da exactamente igual que su mujer se desarrolle o no, sea feliz o no. El segundo quiere que su sumisa llegue a realizarse, llegue a ser la mejor versión de sí misma de Su mano.
Repito, mi casa no es una casa machista, tengo dos hijas y como padres, LOS DOS, no queremos educarlas así, queremos que sean mujeres fuertes, libres y alejadas lo máximo posible del machismo. Si me ven fregar los platos luego ven a su padre planchar, si yo las llevo al cole, Él las ayuda con los deberes… El 24/7 no se trata de azotar todo el día, ni siquiera se trata de que Él se mueva lo menos posible, no se trata de que esté dándome órdenes cada minuto, se trata de que cuando me da una orden la cumplo al instante, de que he de seguir una serie de protocolos, es más pedir permiso que poner prohibiciones porque sí, se trata de que noto su dominio en cada decisión que tengo que tomar, en cada pensamiento, me siento inferior ante el poder de UNA PERSONA CONCRETA, NO DE UN HOMBRE CUALQUIERA. El 24/7 es suave, cotidiano, constante y muy profundo.
En resumidas cuentas ¿Por qué someter a una sumisa en la cama no es machista y ordenarle que te traiga unos zapatos en el sofá sí? Es lo mismo, el mismo sentimiento, la misma profundidad, el mismo dominio, solo que más alargado en el tiempo. Otra cosa importante, Él me infunde respeto, pero no le tengo miedo.
Y una última observación, si el 24/7 no es BDSM sino machismo ¿Dónde metemos a los hombres, a los gays y lesbianas que también quieren vivirlo o que ya lo viven?



No hagamos asociaciones simplistas, si el 24/7 fuese machismo, mi Amo sería un maltratador y yo una mujer maltratada, y no estoy dispuesta a que, con los tiempos que corren, con lo mucho que he trabajado mi personalidad, con lo mucho que hemos trabajado nuestra relación, se nos acuse de tal cosa.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (1ª parte)

Para empezar diré que hay veces que me he sentido un fraude como esclava. Creo en el equilibrio, creo que sin él nada funciona. En mi caso la emoción y el físico no están equilibrados. Emocionalmente soy fuerte, o al menos me es más fácil avanzar, no me menosprecio, sé que eso es difícil, pero a mí me atormenta ya que sé que ese es mi punto fuerte, qué merito tengo si sólo avanzo en lo que me es sencillo… Me habréis escuchado muchas veces decir que no soy masoquista, que sufro mucho con el dolor, pero no es eso, es que no lo asumo bien, lo rechazo, no lo quiero en mi cuerpo. Es cierto que en estos años he avanzado en este aspecto, Él me ha ido entrenando, ahora mi tolerancia al dolor es más alta. Esto es otra cosa que me parece curiosa, desde pequeña los médicos me han dicho que tengo una tolerancia a dolor muy alta, con 7 años me rompí la tibia y el peroné, yo estaba empeñada en que no era nada, para demostrarles a mis padres que solo era hinchazón por el golpe fui andando al baño apoyando los dos pies, pasé una noche con los dos huesos completamente fracturados, al día siguiente me llevaron al hospital, me los había encajado. Dos médicos tuvieron que agarrarme, uno de los hombros y otro del pie para tirar y volver a ponerlos en su sitio. Me advirtieron que dolería mucho, que podía gritar, que hasta los adultos lo hacían e incluso se desmayaban. Tiraron, apreté un poco lo labios y nada más. Claro que dolió, pero no me pareció suficiente como para gritar. Ejemplos como ese tengo varios, una matrona me dijo que siempre se acordará de mí por lo bien que llevé las contracciones del parto. Esto me torturaba, por qué si mi tolerancia en general es tan alta, me dan cuatro azotes y ya no puedo más, por qué ese dolor no lo asimilo igual, por qué no lo quiero.
El lunes volvimos de nuestra escapada a Madrid, siempre que voy vuelvo llorando, lo paso tan bien allí que me duele separarme de todo lo que esa ciudad significa para mí. Mi Amo conducía y me preguntaba que en qué pensaba, yo se lo decía, a pesar de saber lo mucho que se iba a enfadar. No por la pena de irme de Madrid, sino porque hace mucho que un pensamiento me atormenta, un pensamiento que lo estropea todo. Le dije que otra vez tenía ese pensamiento, lo noté en Su gesto y Su tono, si hubiera podido, hubiera parado el coche en mitad de la autovía y me hubiera reventado. Lo único que me dijo fue: “Eres una puta caprichosa, estoy harto de esa parte de ti. Pero no te preocupes que te voy a ayudar a que desaparezca, verás como esa Ángela caprichosa echa a correr y no vuelve más” temblé y me alivié. Toda la vida he notado esa dualidad en mí, una Ángela madura, razonable, feliz y consecuente y otra Ángela superficial, caprichosa, inconformista y exigente. Llevo 28 años luchando contra ella, le llevo mucho ganado, pero ya hay restos que no puedo, lo intento, pero sola no puedo, ya conoce mis métodos y es resistente a ellos. Pasamos el resto del viaje en silencio, 400 km dándole vueltas, notando Su decepción, notando Su enfado, fue el peor viaje de mi vida. Llegamos a casa de noche, descargamos el coche y subimos al dormitorio. Desnuda me ató manos y pies, me inmovilizó con el culo bien expuesto, me puso la mordaza. Sabía lo que me esperaba, sabía que cogería la rama y azotaría fuerte. El primer golpe llegó, la rama tiene varios nuditos que abren herida a la primera, es un dolor continuo, no es como el escozor de la fusta que se disipa un poco antes del siguiente golpe, la rama solo suma golpes y dolor. Otra vez ese pensamiento en mi cabeza “No quiero esto”, pero ¿Por qué sigo aquí entonces?, una parte profunda de mí pedía más castigo, quería que acallara a esa voz que pide sometimiento pero que solo quiere la parte bonita. Y sí, es que así soy en la vida, veo lo que quiero, aquello que me haría feliz, pero cuando la cosa se pone un poco dura quiero abandonar, solo quiero la parte fácil. Necesitaba sufrir y aguantar. De repente paró “Te voy a dar un descansito” me dio miedo, lo conozco bien, estaba demasiado enfadado para mostrar esa compasión repentina ¿Qué tendría pensado? Me soltó los pies, me enganchó la correa al collar y me llevó al jardín. Me ató a la columna, me tapó los ojos y me dejó sola, a oscuras, con la mordaza y las manos atadas. Al principio no me pareció nada muy malo, hacía una temperatura agradable, el silencio me calmaba, me pareció cien veces mejor que la rama. Pero los minutos pasaron, la mente comenzó a torturarme, los sonidos empezaron a no ser tan amigables, le daba una y mil vueltas a todo: ¿Por qué soy así?¿Qué me pasa?¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?¿Por qué no puedo controlar esa parte caprichosa?... El estómago se me revolvió, no quería estar más allí, no quería escuchar más a mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció una eternidad. De repente Su voz en mi oído, no había oído pasos ni ruido, Él había estado allí todo el rato, aunque yo me había creído sola. Me pareció una metáfora de la confianza preciosa, aunque yo no la había superado. Algunos de mis pensamientos eran de indefensión y abandono, ¿Qué pasaría si me pasa algo?¿Y si la saliva se me va por otro lado y me ahogo?¿Cómo me podría soltar para quitarme la mordaza?... No confié en que Él estaba controlando la situación, me sentí la peor esclava, sumisa, esposa, o lo que sea que soy, del mundo. Al oído me propuso una elección, una hora más allí o 10 azotes con la rama, pero azotes mucho más fuertes de lo que me los había dado hasta ahora. Aunque me pregunté que si los “más suaves” eran una tortura cómo serían estos, no dudé ni un segundo, no quería seguir allí, no quería pensar más, estoy harta de darle vueltas a todo, me sirve hasta cierto punto, pero hay cosas que necesitan terapias más contundentes. Me subió a la cama de nuevo, no me ató “Si en algún momento te arrepientes, me lo dices, paro y te llevo de nuevo a la columna”. El primer azote me cortó el alma, era un dolor horrible. Al segundo en mi interior rogaba clemencia, quería que se apiadara de mí y no me diera los 8 restantes, al tercero en mi interior suplicaba que no se apiadara, sabía que si lo hacía esa Ángela caprichosa no se iría, al revés, tomaría más fuerza. Al cuarto dejé de pensar, sólo lloraba y respiraba. Al décimo estaba exhausta, dolorida y muy agradecida. Me abrazó “No me gusta azotarte así ¿Crees que no me daban ganas de parar al ver las heridas que te hacía?¿Qué no me duele verte llorar así? Esto es duro también para mí, pero sé que lo necesitas”
En ese momento una necesidad de cambio se instauró en mí, Él me había hecho ver de nuevo mis debilidades y lo importante que es cambiarlas, no por Él sino por mí. Pienso en otras sumisas y esclavas y las veo vivir esto intensamente, dejándose llevar, y no es que yo no lo haga, pero aún hay, bueno, había una parte de mí, que no cedía el control del todo, no confiaba ciegamente.


Y este fue el preámbulo de un nuevo descubrimiento, de un nuevo pequeño gran paso. Esto fue lo que hizo que al día siguiente aceptara algo que soy pero que sin darme cuenta llevo toda la vida rechazando...

viernes, 24 de julio de 2015

24/7

Miro atrás, me veo con 7 años imaginándome de mayor, deseando sentir todo aquello que no entendía. Me veo ya con 10 años fantaseando antes de dormir, los príncipes no eran para mí, yo quería hombres malos que me esclavizaran, que me retuvieran para obedecerles, para dar rienda suelta a sus fantasías perversas. Con 14 años encerrada en el baño, tocándome, pellizcándome, rezando para que el hombre de mis fantasías abriera la puerta y me dominara. Miro atrás y veo que siempre quise pertenecer cada segundo de mi vida, y aunque ahora tengo eso, aunque ahora vivo aquello que siempre deseé no ha sido fácil, ni lo es.
El 24/7 me ha dado llanto y angustia, puede que ahora sea mi felicidad, pero sigue atormentándome, condiciona muchos de mis pensamientos, condiciona muchas de mis sensaciones y muchas de mis decisiones. He llorado mucho por desearlo y lloro mucho por el miedo que me da a que no sea real, a que todo sea producto de mi mente fantasiosa.
Llevo toda la vida en 24/7, aunque fuesen Amos inventados, estaban presentes en cada uno de mis pensamientos, no sé ser de otra manera. El 24/7 no es algo nuevo, es algo que traigo aprendido no sé de dónde.
Y me he sentido rara, muy rara, me he sentido enferma, loca… y aún no tengo muy claro que realmente no tenga un problema mental, no por ser sumisa, no me malentendáis, sino por esa fantasía que inunda mi mente, por esa habilidad de ver el mundo a través del prisma de mis sueños. ¿Y si creo que se hacen realidad y no es más que una imaginación?¿Y si es producto de mi mente? A ver, las cosas son como son, pero y si esa felicidad que siento es un aliño fantasioso de la realidad.



El 24/7 para mí ha sido anhelar y desear dolores y tormentos que ahora no puedo soportar, es desear que Él sea un sádico a pesar de yo no ser masoquista, es violar todas las leyes de la igualdad y la razón. Es luchar por ser una esclava, por sentir lo que te dicen que no se debe sentir. Es hacer sacrificios por otra persona, renunciar a momentos tuyos, a vivencias, es tener que morderte la lengua en más de una ocasión. Me he sentido un bicho raro, un monstruo, una loca, pero sabía que sin eso no podía vivir, que renunciar a esa parte de mí sólo me traería problemas.
Sé que hoy es el 24/7 que es un día en el que celebrar que lo vivo, que tendría que decir sólo cosas buenas, y es cierto que el 24/7 tiene una parte maravillosa, pero de ella ya os he hablado, esa parte ya la conocéis y seguro que la imagináis, es una parte que lo compensa todo, pero hoy quiero enseñaros que también me ha hecho y me hace sufrir, que tiene una parte dura y difícil, que no es un cuento de hadas y azotes. Hay que estar muy seguro de que es lo tuyo, muy seguro de que quieres formar parte de ello, muy seguro de que eso te hará feliz.


Sé que son divagaciones, pero soy así. Las bofetadas de realidad son las que más daño me hacen, un daño profundo que hace temblar los cimientos de todo en lo que creo. Y es que mi historia es tan bonita que me atormenta.
No sé que es el 24/7 para otros, para mí son unos números que odio y amo a partes iguales, unos números que forman parte de mí, que llevo en cada recuerdo de mi infancia, en cada poro de la piel, en cada lágrima y cada gemido, son unos números que le dan sentido a todo, pero que, a veces, también lo enturbian todo.
El 24/7 es un amasijo de anhelos, deseos, orgasmos, locuras, pensamientos, necesidades, lágrimas, es un amasijo de carne, huesos y sangre que lleva mi nombre.

miércoles, 15 de julio de 2015

Amor, entrega y pertenencia

Empezaré este post haciendo una aclaración que no me cansaré de repetir, mis conclusiones no son sentencias, no soy parte de esa comunidad que establece dogmas, de hecho, empiezo a creer que esa comunidad que tanto me asusta que me juzgue no existe. Habrá personas que lo hagan, pero no un conjunto organizado y leyista que me sentencie como “no válida”. Si yo digo que mi Amo no es mío, es porque mi mente así lo ha procesado y concluido, es mi mecanismo de entender la vida. Puede que haga reflexionar a otras, o que las haga sentir afines a esa conclusión, pero no creo que un Amo que así no lo vea sea menos Amo, en este post ya aclaré mi posición al respecto. Dicho esto empezaré a desglosar una serie de sentimientos que he definido en mi mente para entender mejor mi situación y sentimientos. Esto me surge a raíz de la frase "Tu Amo no es tuyo" que ya expliqué en este post, pero que ha generado cierto debate y me ha apetecido aclarar un poco más.
Cuando siento algo lo primero que pienso es que es algo complejo, algo que no sé si llegaré a entender, soy tremendamente analítica y conceptual, es decir, analizo mucho un tema hasta reducirlo a una conclusión sencilla y muy resumida. Es por ello que sentimientos complejos los acabo expresando en metáforas tremendamente tontas. Es mi forma de pensamiento, qué le voy a hacer. Así analizo mi vida con mi Amo, todos los sentimientos que se remueven en mi interior, y así os contaré mis conclusiones.


Para mí ha sido primordial romper esquemas en cuanto a conceptos establecidos. Sobretodo en el amor. El amor es un concepto tremendamente trillado y violado. Se ha llegado a mezclar con tantas cosas que hoy en día se reniega mucho de él, y lo entiendo. Lo mezclamos con la entrega, con el romanticismo, con la exclusividad, con la fidelidad, con la obligación, con el fracaso, con el conformismo… El amor es mucho más sencillo que eso, despojemos al amor de todo eso y solo nos quedará un sentimiento precioso, pero que no podemos controlar. Querer que una persona nos ame sólo a nosotros es imposible, y mucho menos obligarlo a que nos quiera para siempre. Podremos “obligarlo” a que aguante a nuestro lado aunque ese sentimiento ya no exista, pero no a que nos ame. El amor es un sentimiento libre. Quiero a mis hijas, pero sería una barbaridad prohibirles que algún día quieran a otra persona y se vayan de mi lado, sería una barbaridad enfadarme porque quieran también a su abuela o a su padre. El amor es un sentimiento libre e inmenso. Está claro que según con qué personas lo mostramos de una manera u otra, pero eso ya son otros complementos, digamos que el amor es una base simple a la que le añadimos otros sentimientos o actitudes. Yo quiero a mis hijas, y a eso le añado el sentimiento de protección, el juego, la educación, los mimos… a una pareja la quieres, y a eso le añades el sexo, la fidelidad, la amistad, la confianza, la exclusividad o la no exclusividad, el D/s… cualquier complemento que una persona pueda desear. En este sentido, conclusión aplicada a mi situación: que mi Amo y yo nos amemos no implica que yo sea Suya, ni que Él sea mío.


La entrega, esa palabra que tanto se repite en BDSM. Para mí la entrega es el empeño, es el dar todo de ti. Creo que no es una palabra exclusiva a la parte sumisa sino también a la dominante. Esto no es ninguna novedad, en todos estos años lo he leído y escuchado mucho. Un Amo también tiene que mostrar ese interés por su sumisa, debe estar involucrado en la relación, debe tener el empeño y la constancia que requiere una relación de este tipo. Pero la entrega no es algo exclusivo del BDSM, al igual que el amor, yo puedo estar entregada en muchos aspectos de mi vida, puedo estar entregada como madre, como hija, en mi trabajo, e incluso como esposa sin que conlleve ser sumisa. De hecho, creo que la entrega es lo que diferencia a las personas, lo que las hace especiales. Mi forma de ser hace que me entregue al 100% en cada paso que doy en mi vida, pero eso no me convierte en sumisa de mis hijas, de mis clientes, de mi marido… por lo tanto, conclusión: No estaría con un Amo que no esté entregado, no me parecería seguro ni sano, la entrega ha de ser mutua, además es algo que pueden experimentar otras relaciones fuera del BDSM, por lo que sigue sin ser lo que me hace Suya.


Entonces… ¿Qué leches hace que sea Suya? La pertenencia. Algo que te pertenece es algo sobre lo que puedes tomar decisiones firmes y que nada te impida cumplirlas, solo tú mismo. Imaginad un jarrón precioso en un museo, lo ves, es precioso, decides tocarlo, decides golpearlo y se rompe. Eso tendría unas consecuencias negativas para ti, ese jarrón no era tuyo, por lo que alguien tomará represalias. Pero si ese jarrón está en tu casa, es tuyo, podrás moverlo de sitio, podrás limpiarlo o dejarlo sucio, podrás incluso romperlo sin que pase nada, aunque lo lógico es que, si lo valoras, lo cuides. Voy a poner un ejemplo más símil al BDSM. Cuando tienes un perro, el perro es tuyo, tú decides si duerme en un sitio o en otro, si lo dejas con otra persona o no, tú quieres a tu perro, lo cuidas, lo alimentas, estás entregado a él porque quieres ser un buen amo, lo sacas a pasear, le das cariño y disciplina, pero eso no hace que tú seas de tu perro, él no puede decidir si sales o entras, si lo paseas a una hora u otra, no puede decidir si acaricias a otros perros o no. Os queréis los dos, pero sólo él pertenece. Evidentemente no somos perros, somos personas, eso hace que haya otros condicionantes. Yo personalmente, como esclava, aspiro a ser esa perra que se deja llevar sin condiciones, pero no todas las relaciones han de ser así. Quizá acuerdes con tu Amo la exclusividad sexual, si para Él no es un inconveniente es válido, pero eso no hace que sea tuyo, simplemente es un trato. Conclusión: yo decidí ser Suya y Él decidió aceptarme como tal, pero no es algo recíproco.


En definitiva, creo que todas las relaciones se basan en el amor, en mayor o menor medida, los complementos que le pongas es lo que las diferencia. A mi relación de amor le he añadido entrega, obediencia y sobretodo pertenencia total, por eso mi relación es Amo/esclava y 24/7. Otros a su relación de amor puede que le añadan entrega y libertad sexual por lo que serán swingers, liberales o como queráis llamarlos. Otros le añadirán libertad de sentimientos y sexo, por lo que será una relación poliamorosa, a la que otros también pueden añadirle D/s… como véis hay muchas combinaciones posibles, tantas como los implicados en una relación acepten.


Que mi Amo no sea mío no significa que me quiera menos o que esté menos entregado. Sé que me necesita, que me adora, que le encanta estar conmigo, pero yo no puedo tomar decisiones sobre Él, puede escuchar mis consejos, pero quizá los siga o no, no puedo decirle lo que debe hacer.
A Él le ha tocado ser el poseedor y a mí la posesión.