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jueves, 26 de julio de 2018

¿Me corro dentro? Dijo

Hay momentos en la vida en los que parece que está todo hecho, todo estable y controlado. Hay momentos en la vida en los que parece que la estabilidad es lo que lo inunda todo. Ya pasó el tiempo de luchar por encajar en nuestra relación, ya parece que pocos puntos nos quedan por ajustar, todo está escrito, hablado, azotado…


Hay momentos en la vida en los que tienes tiempo, espacio, en los que deberías sentirte plena pero tú te conoces y una vocecita dentro te dice: no te engañes, es una falsa calma. Sabes que hay un mundo entero para ti tras esa puerta, tras esa por la que has luchado toda la vida, esa que querías descubrir a toda costa, y estás ante ella, andaste todo lo que debías andar en todos los aspectos de tu vida para encontrarla, lloraste tus errores, avanzaste en la oscuridad, superaste los obstáculos, todo, lo hiciste todo y eso te satisface, pero la puerta era un objetivo, pero no era el objetivo: ahora hay que abrirla… Este año me lo he pasado restregándome con la puerta, saboreándola, qué bonita es ahora que la he descubierto, qué energía desprende, qué color violeta tan bonito la recubre, qué pomo tan brillante… en lo que va de año me he nutrido de la fuerza que esa puerta emanaba pero tarde o temprano te das cuenta de que es solo una puerta y que sirve para dos únicas cosas: te da paso o te lo corta. Y me enfrenté a mi miedo, a mi falso “Yo confío” me enfrenté al terror que me provocaba lo desconocido por muy buena sensación que me despertara.


Viajamos a Disney, todo un hito para mí, al volver esa sensación de estar dando cabezazos en la puerta que me llevaba a mi futuro fue demasiado insoportable. En todo, me sentía bloqueada como madre, como esposa, bloqueada a nivel creativo, me sentía bloqueada en mi crecimiento personal… Y la pregunta llegó, porque Él suele tener la llave escondida, esa que te hace darte cuenta de todo, esa que es un suave soplido que se transforma en huracán. Follábamos una tarde cualquiera y preguntó “¿Me corro dentro?” la pregunta me enfrentó a mi dualidad pero, como ha sucedido en los últimos años, mi respuesta fue un “No” a lo que simplemente dijo “Vale, pero recuerda que dijiste que después de Disney hablaríamos de ello” y allí estaban mis palabras traicionándome. Disney fue un sueño que me había acompañado desde niña torturándome con la firme creencia de que jamás ocurriría, pospuse enfrentarme a mis miedos y sensaciones haciendo trampa, creyendo que Disney nunca llegaría… Los dos días siguientes a esa simple conversación fueron intensos, Él no volvió a decir nada del tema, sabía la tormenta que tenía en mi interior. Y es que yo sabía que tras la puerta de mi futuro, entre otras muchas cosas, había otro hijo. No puedo explicar por qué lo sabía, pero lo sentía rondándome, lo sentía esperando pacientemente a que me quitase los miedos, las creencias absurdas y me enfrentara a lo que de verdad sentía, otro mini ser tenía que anidar en mí. No es instinto maternal, no era ver un bebé y querer uno, de hecho nunca he sentido ese tipo de llamada. En cuanto me enfrenté a mí misma, acepté que estaba siendo una cagada de campeonato y decidí sacar la conversación. En ella los dos manifestamos lo mismo: teníamos miedo, la cabeza nos ponía mil “peros” pero el corazón acababa tirando. No decidimos buscar un hijo, decidimos confiar en que ocurriría lo que tuviese que ocurrir, decidimos confiar en la vida. Tenemos unos amigos que ya tienen una hija, están perfectamente sanos y llevan dos años intentando tener otro y no viene. Eso era una señal para mí de que si no tiene que ser no será por más empeño que pongas. Decidimos abrir la puerta.


“Estás obsesionada, cuando buscas todo lo que te ocurre te parecen síntomas” me dijeron. Yo sabía que estaba embarazada, de hecho sé hasta qué día me quedé, qué nos dijimos mientras hacíamos el amor, recuerdo lo primitiva y animal que me sentí… Yo notaba su presencia al otro lado de la puerta y sabía lo que ocurriría, sabía que estaba en modo “Esperaré pacientemente a que estéis preparados, pero en cuanto lo estéis no perderé el tiempo”, y así fue.


Todo esto sucedió en la luna menguante de Junio, en la de Julio ya crecía  una vida dentro de mí.


¿Y cómo me siento ahora? La cabeza intenta atacar pero la plenitud que siento a todos los niveles puede con ella fácilmente. Siento una paz y una valentía únicas, la creatividad ha vuelto a mí a borbotones, me siento capaz y en marcha. Y no es solo por estar embarazada, abrí la puerta, con todas las consecuencias. La vida me dijo “Lo tomas o lo dejas” y lo tomé.


¿Y con Él? Pues no sé explicar lo mucho que me gusta tener a su hijo/a dentro, no sé explicar lo mucho que me excita sentirme primaria y animal y tampoco sé explicar por qué me siento así. Y es que el embarazo me resulta algo bonito pero también salvaje y así me siento al mirarme en el espejo mientras me folla, me veo tremendamente hermosa…


¿Y nuestra relación? Ahora hay que adaptarse un poco. Durante 9 meses no habrá azotes, ni cosas demasiado duras, aunque seguiremos teniendo sexo y disfrutando plenamente como ya hicimos en los otros dos embarazos. No me asusta no poder hacer ciertas cosas, por eso siempre insisto en que lo importante es la base, que me azote no me hace sentir más Suya, solo es una parte de la ecuación que si la quitas por un tiempo no altera mi entrega ni nuestra forma de amarnos.


 

miércoles, 10 de enero de 2018

No renaceré, seguiré siendo

Hace unas semanas estaba un poco agobiada, no sabía qué escribir, sobre qué hablar, me sentía de nuevo en ese bloqueo que me viene cada cierto tiempo... Como si tuviese mil historias que quieren salir pero el miedo las atasca. Esta vez abrí la carpeta donde guardo todo lo que escribo. En ella hay mil textos empezados, relatos que en su momento no publiqué, frases, párrafos perdidos etc. Abrí el primero que pillé, no tenía ni idea de lo que era... y allí estaba este texto que me dio la vida, que me emocionó muchísimo, sabía que lo había escrito yo pero no lo percibí así en aquel momento, casi podría decir que lo escribí para leerlo en el futuro, como si fuese dos personas y me hubiese dejado un regalo de cumpleaños preparado... Me parece el cuento perfecto para iniciar el 2018 en el blog, un año en el que quiero avanzar con este proyecto, cambiar al fin esas cosas que llevo mucho queriendo cambiar, una de ellas escribir y publicar sin ningún miedo ¿Lo conseguiré al fin? Esta entrada es un pasito, en su día no la publiqué este porque tuve miedo... Justo hoy me quitan un bulto en el labio con el que llevo varios años, ya me lo extirparon pero me volvió a salir. Os cuento esto porque siempre he creído que mis problemas físicos son reflejo de lo que tengo por dentro. Ese bulto lo tengo desde que empecé a escribir de forma pública, es un bulto que me incomoda cuando me expreso, que creo que miran todos cuando hablo, me hace sentir observada, me recuerda constantemente que lo que digo se escucha con el consecuente miedo a qué pensará el receptor de lo que digo. Hoy me quito ese bulto y voy a trabajar duro para que no vuelva a salir, voy extirparme también el miedo que simboliza.


Renaissance - Paolo Buonvino & Skin

La anciana estaba tumbada en el suelo sobre unas pieles. Medio incorporada miraba el fuego. Aquella noche la tribu estaba callada, no retumbaban los tambores, no sonaban las flautas, nadie cantaba… Todos estaban paralizados mirando a la vieja. Ella miraba el fuego, sabía que esa noche era la noche, todos lo sabían. Era el momento de pasar el testigo, sus vaticinios, sus consejos, sus cánticos ya se habían agotado. Miraba el fuego sin miedo, sin pensar en nada más, solo miraba el fuego hasta que las llamas se transformaron en imágenes, se contorneaban como una mujer, una mujer que entraba lentamente en un lago, desnuda, con su largo y moreno pelo cubriéndole los pechos. La noche hacía que el agua fuese negra, tan solo el reflejo de una enorme luna llena flotaba en la superficie. Y allí se dirigía la mujer, nadando despacio, lento para no mover las aguas y emborronar el reflejo del astro. La vio cerrar los ojos y dejarse flotar con los brazos y piernas extendidos, la sintió unirse con la luz de esa luna, la sintió salirse de su propio cuerpo al igual que hacía la anciana en ese momento, la sintió viajar por los siglos. La sintió cuando se convirtió en una chica menuda, de pelo castaño que cabalgaba sobre las caderas de un hombre, en una cama, una noche de luna llena. También sintió a aquella muchacha, la sintió cuando la sensación de ser un trozo de luz de luna la invadió, la notó sentirse mágica y plena, notó cuando esa chica comprendió que era pura luz de luna, tan grande y potente. Tan poderosa que su misión era darse, notó cómo la chica comprendió lo que estaba dando a aquel hombre, cuando comprendió de qué forma estaban conectados ambos, cuando entendió el equilibrio entre dar y recibir, cuando comprendió su entrega, su sumisión, cuando entendió que para liberar su poder, para llevarlo a su máxima expresión debía darse, debía liberarse de su propio cuerpo, entregárselo a otra persona, a una persona que supiera qué tesoro estaba cuidando, que tuviese mano dura cuando lo humano la presionara, mano dura para quitarle todo aquello que la alejaba de su origen, de su magia. Tenía que dejar que otra persona la llevase, le quitase la carga humana, esa de ser lo que has encarnado ser. La anciana sintió cómo aquella chica lejana en los tiempos se empoderaba con todo el camino ya recorrido, cuando era capaz de comprender quién y qué era. Esa anciana notó cómo aquella chica que cabalgaba sobre las caderas de un hombre en la oscuridad de la noche se sentía con el cabello más oscuro, con las caderas más anchas, cómo no se sentía en una cama sino en un bosque, cómo se percibía con unos ojos más grandes, con una fuerza y carácter distintos, sintió cómo se contorneaba de una forma diferente, cómo la guiaba una fuerza más salvaje… La anciana vio cómo aquella que flotaba en el lago sentía a la muchacha que cabalgaba y cómo flotando en el lago se sintió más vieja, cómo le brotaban de los labios unos cánticos que jamás había oído, cómo escuchaba tambores que no estaban en aquel silencioso bosque, sino en ella.


La anciana salió del trance, volvió a ver solo llamas en la hoguera. Miró a su pueblo: no os apenéis por mí, no me voy, la muerte no es el fin de nada, soy una anciana que muere, pero también soy una mujer que flota, una chica que cabalga... No voy a renacer, solo seguiré siendo. Estoy sobre estas pieles y en mil lugares más. Hay una mujer que flota que escucha tambores, hay una chica que cabalga que desde niña se sintió vieja. Todas somos la misma, no renaceré, solo seguiré siendo…


La sabia anciana cayó sobre las suaves pieles, su cuerpo quedó allí vacío, ese disfraz ya no aguantaba más remiendos.

martes, 7 de marzo de 2017

El viejo Amo

Cortaba las verduras meticulosamente, ensimismada, poniendo la atención necesaria para no cortarse. Una rodaja de calabacín, otra, otra, otra… estaba tan en su mundo que no notó que Él había entrado a la cocina, no se dio cuenta hasta que notó Sus manos subiendo por sus muslos. Paró en seco ante el tacto de Su piel, se quedó petrificada. Las manos subieron hasta poder penetrarla con los dedos. Ella echó la cabeza para atrás, dejó el cuchillo a un lado y se entregó al disfrute...


Ava Adore - The Smashing Pumpkins


¿Recuerdas aquel día en la cocina? Mientras cortabas las verduras para el guiso y yo llegué por detrás, te agarré tus tersos muslos con fuerza, los pellizqué como solía hacerlo ¿Recuerdas tus gemidos entre mis dedos, recuerdas cómo los mojabas? Y ahora estás seca, seca y vacía. Hace mucho que no pruebo tu sabor, hace tanto que no muerdo tu carne, pero es que ni tú tienes ya carne, ni yo dientes, tu eres pellejo y yo… ¿Recuerdas cómo te estremecías cuando escuchabas la hebilla de mi cinturón? Recuerdas ese día, sí ese en la cocina, que pasé mi correa por tu cuello, que la apreté lo justo para que sintieses la presión, para que notases el palpitar de tu corazón en cada poro de tu piel… ¿Recuerdas cómo lamía tu oreja desde atrás, cómo te susurraba que eras mía, solo mía? Te estremecías de una manera tan deliciosa. Estábamos llenos de vida y pasión, tú creías morir de placer, de asfixia, de vida… ¿Recuerdas cómo te follé en la encimera? Tirando de la correa que rodeaba tu delicado cuello ¿Recuerdas cómo te clavabas los huesos de las caderas contra el granito?¿Recuerdas cómo las verduras acabaron esparcidas por el suelo, por el fregadero? ¡Qué imagen tan encantadora! Tú corriéndote sobre la comida, babeando como una zorra sobre el cuchillo. Qué hermoso fue correrme en tus entrañas, llenarlas de mí, conquistando cada recoveco de tu coñito que era fruta tierna y madura, fruta que abrazaba mi polla dura, llena de sangre, de vida… Y ahora… ahora ya no eres fruta, no eres vida, estás seca y yo… a mí ya sabes que no se me levanta desde hace mucho.


¿Recuerdas tesoro? ¿Nos recuerdas desnudos frente a la chimenea? Yo sentado en mi mecedora y tú con la cabeza apoyada en mi regazo ¿Recuerdas cómo era el tacto de mis dedos en tu suave pelo? ¿Recuerdas cómo era ser mi perra? ¿Recuerdas lo que era la vida? ¿Recuerdas lo felices que éramos? No, ya estás seca, estás seca de sangre flujo y recuerdos.


Tienes la mirada perdida, noto que me miras y no me ves. Hace mucho que no puedo exigirte, que no puedo mandarte, hace mucho que lo único que puedo hacer por ti es cuidarte, acariciarte la cabeza pero esta vez de ternura, limpia y sin intención. Sigues siendo mi perrita, una perrita perdida y anciana, una perrita que ya no ve, casi no oye y no recuerda. Pero sigo siendo tu dueño aunque haga mucho que no te folle. Aquí sigo mi amor, a tu lado, da igual que tu carne ahora sea pellejo, da igual que mis dientes ya no estén para marcar tu carne, aquí sigo a tu lado mi vida, no te abandoné, espero que puedas ser consciente de ello, espero que en el fondo de esa cabecita ya perdida, haya una neurona que sea consciente de que tu Amo estuvo contigo hasta el último suspiro, que te limpió, te mi mimó, te agarró la mano mientras te perdías sin que yo pudiera hacer nada. Y no lo sabes tesoro, no sabes lo terrible que es haberte guiado, saber que yo tiraba de tu mano, y ver cómo te ibas sola sin que yo pudiese ordenarte parar… a quién quiero engañar, sí te lo ordenaba, pero tú ya no podías obedecerme. El día que comprendí que ahora era yo el que tenía que quedarme a los pies de tu cama, que ahora era yo el que debía apoyar mi cabeza en tu regazo, que tú ya no lo harías más, el día que supe que no volverías a llamarme Amo, comprendí que serlo no era una respuesta a tu comportamiento, comprendí que no importaba que tú no volvieses a reconocerme como tal, comprendí que yo soy tu dueño inevitablemente y hasta el final… Así que aquí estoy mi vida, viendo cómo te consumes, viendo la hermosura de tus ojos ya vidriosos, llorando mientras recuerdo cómo éramos antes, contándotelo en un intento de que salgas de tu letargo, que algo te haga volver… Qué triste es esto ¿Por qué no podía durar eternamente?¿Por qué no pudo ser así hasta el final? No te preocupes tesoro, lo único que deseo de corazón es que de verdad no recuerdes todo lo que te cuento, porque nunca me gustó verte triste y sé que si lo recordaras te pondrías tremendamente triste, te sentirías realmente mal por no poder reconocerme, por no poder llamarme Amo.


Y al final me convertí en uno de ellos, en uno de esos ancianos que se levantan para cuidar de su animalillo, que creen que cuidan de su vieja perra sin querer enfrentarse a la realidad: Cuando la perra muera, morirá el Amo…


¿Recuerdas tesoro? ¿Recuerdas aquel día que tú partías verduras en la cocina?¿Recuerdas el tacto de la correa en tu cuello?¿Recuerdas cómo te follé contra la encimera?¿Recuerdas que acabamos comiendo pizza frente a la chimenea?¿Me recuerdas, mi vida?

lunes, 20 de febrero de 2017

Vida, qué puta eres

Million reasons - Lady Gaga


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, rompí mis condicionamientos, me sinceré, me entregué porque me hiciste con la entrega en la sangre, lo besé porque me diste la certeza de que su sonrisa era La Sonrisa. He aceptado todas estas sensaciones raras con las que me dotaste, hablo como una loca porque son las palabras que has puesto en mi boca, lucho día tras día por soñar pasados, por soñar futuros, lucho día tras día por escucharte.


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, busco la iluminación en cada uno de los correazos, intento relajarme antes de recibirlos para escucharte una vez más, intento saber a qué corresponde cada sabor conocido de los recuerdos que me despiertan las bofetadas…


Intento no perder el aliento cuando la ansiedad ataca mi piel, cuando adormece la carne y me nubla la vista por el miedo. Porque me has llevado a una frecuencia que asusta, una frecuencia en la que escuchar ruidos antes imperceptibles, tener visiones antes invisibles… Y ahora eso me asusta, cómo no asustarme cuando lo que siento es tan desconocido para mí, cuando mis sentidos aún no están acostumbrados a este nuevo estado, a esta nueva forma de vivir.


Y me agobio, te lo digo, lo confieso, me agobio cuando la mente ataca con sus preguntas, me agobio cuando me abres una puerta a un pasado lejano y doloroso, cuando me haces llorar la muerte de personas que ahora no conozco, me haces sufrir sus pérdidas en mi carne como si la niña que murió lo hubiese hecho en estos brazos, en estos que tengo ahora… Y es que eres maravillosa pero muy puta, sí, lo siento, pero he de desahogarme, porque me das cosas preciosas, pero por cada paso que doy hacia donde me llevas me das un sabor amargo, me haces descubrir un miedo oculto. Le das significado a cada una de mis sensaciones, pero es contradictorio, porque por cada certeza que me regalas, me das una pregunta que no sabía que existía… por cada encuentro me das una búsqueda. Por cada sonrisa, una lágrima. Oh vida qué puta y maravillosa eres, que me haces flotar y desgarrarme, que me das estabilidad pero haces girar mi mente. Y cuanto más me acercas a ti, cuanto más me acercas a mí misma más alejada me siento, más despegada de todo, más lejos, más tengo que luchar contra este estrés, el de luchar por agarrarme al mundo, a este mundo, por no sentirme sola en él, por seguir viva como si de un esfuerzo de constancia se tratase, por seguir escribiendo para rebuscar en mis entrañas, por aguantar el dolor de los azotes para tener esas sensaciones. Como si vivir, mantenerme viva, fuese un ritual, una costumbre que mantener al levantarte cada mañana. Y no es que quiera morir, no es eso, es que a ti hay que vivirte segundo a segundo, como si fueses a acabarte al minuto siguiente, no te conformas con menos, no te conformas con menos… No te vale que vivamos sólo tu cara amable, quieres que te amemos entera, que en cada segundo amemos la vida y la muerte, en un punto extraño entre solo vivir y morir, un punto extraño, un punto parecido a cuando una mano aprieta tu garganta tanto como para sentir la fuerte presión, pero lo justo como para que puedas respirar. Porque en ese punto todo es más intenso, todo se siente con mayor sensibilidad, lo superficial se desvanece un poco, no del todo, solo lo justo para ver que no es lo único pero que también está ahí. Y es que he seguido tu camino, puedo poner esta metáfora porque te seguí ciega, te seguí hasta poner mi cuello en Su mano. Ves, ya estoy de nuevo, siendo consciente de que debo seguir todas y cada una de tus indicaciones porque me das las respuestas por extrañas que sean, por mucho que me resista a ellas, por mucho que a veces me cueste dar el paso en este camino, por mucho que me asuste caminar a ciegas.


Vida, eres muy puta, eres muy cabrona, me dueles y me creces. Ay vida, dame más, te lo suplico, háblame más claro aún, quiero oírte más fuerte, quiero besarte con más intensidad, usaré tus métodos para arrancar el miedo de mi pecho, cerraré los ojos las veces que me pidas, me entregaré con más ahínco a ti, que es a Él. Quiero firmar tu contrato sin leer las condiciones, quiero vivirte y morirte a cada segundo, llorarte, angustiarme, quiero sentir que me ahogo para saborear cada bocanada de aire, quiero ser la loca si es lo que deseas, quiero arder en la hoguera si es tu voluntad, si mientras me quemo veo cómo se queman los límites de mi mente humana. Quiero tener hijos si lo que quieres es que deje de huir de lo que es temer perderlos, quiero bailar si mis pies taconean tu pulso, quiero reír si tu luz ilumina mi sonrisa, quiero tener orgasmos si noto en ellos tu abrazo, quiero dolor si en el sufrimiento encuentro tu beso.


Vida eres muy puta, eres muy cabrona, pero a cada paso que doy te amo un poco más. He seguido todas y cada una de tus indicaciones, seguiré haciéndolo, pero dame fuerza para vivir de pleno en esta nueva frecuencia, conviérteme en imán para atraer a los que ya lo hacen. Despeja mi mente para asimilar lo que tienes que enseñarme, dame humildad para transmitirte. Dame silencios para escuchar, dame oídos para los silencios…


Ay vida, qué puta y qué mágica eres. Me das mil razones para vivirte, mil para morirte, cada día, cada minuto...

lunes, 11 de julio de 2016

Locuras de Cabaret

Life is a Cabaret - Liza Minelli


El Cabaret siempre me ha fascinado, estoy convencida de que en otra vida fui una bonita y triste cantante de un decadente cabaret. Sería un local abarrotado de oficiales, de ricos y pervertidos personajes deseando hacer realidad sus fantasías con cualquiera de los que allí trabajábamos, chicos o chicas, cada uno tendría sus preferencias.


Me imagino bailando y cantando con un vestido que deja poco lugar a la imaginación, con flecos y plumas, me imagino maquillándome frente al espejo para hacerme más apetecible, sabiendo que al final de la noche esas pinturas no serán más que churretes, pues ¿Acaso el cabaret no iba de eso? De pintar de arte y belleza algo tan duro como es la prostitución. Y me pregunto si no fue en esa vida donde se instauró en mí esa sensación de que lo triste es hermoso, en esa vida en la que disfrutaría cantando pero lloraría follando. ¿Azotaría el culo de algún militar? ¿Recibiría alguna paliza de otro? ¿Acabaría las noches refugiada en la cama de alguna compañera? Esa cama en la que nos daríamos el amor que no recibimos de nadie más esa noche. Sí, estoy segura de que busqué besos y caricias femeninas pues solo alguien que sufre como tú puede darte el consuelo apropiado, sin paternalismos ni juicios. Seguro que nos entendíamos, casi puedo recordar sus labios carnosos sobre los míos…


Quizá esto que escribo es una locura, pero a mí me salva y me eleva, me gusta crear recuerdos para dar explicación a muchas de mis actitudes. Y claro que podéis tacharme de loca, pero qué importa, me gusta recordar a mi compañera, me gusta imaginarme llorando mientras me sodomiza alguien que ha pagado por ello, me gusta imaginarme bailando y cantando feliz sobre un escenario cutre, cantando sobre las verdades de la vida, cantando que soy feliz en el fondo porque la vida es un cabaret, que te da la pena y te devuelve la felicidad sobre las tablas, que al acabar la noche te hace pensar que no puedes más, pero al despertar por la mañana estás deseando calzarte de nuevo los zapatos de actuar, para sentirte grande y hermosa mientras cantas y seduces a aquellos que luego aborrecerás. Pero… ¿Acaso esa magia no lo vale? Sentir la emoción del aplauso, sentir tus pulmones vaciarse en una canción, divertirte bailando y contoneándote ¿Acaso el consuelo después del llanto no es amor? ¿Acaso los labios de una compañera que sufre lo mismo no sería magia suficiente? ¿Acaso no nos querríamos con locura? Pues ambas sabríamos nuestro más oscuro secreto, ambas lo compartiríamos: nos valía la pena, sí, sentirnos poderosas sobre el escenario, valía la pena sentirnos así siendo folladas, pues el que nos contrataba solo mordía el anzuelo que le habíamos puesto delante. Sentir ese poder valía la miseria y las lágrimas, pues estas serían secundarias, sentir ese poder lo valdría todo…


Sí, yo fui una bonita y triste chica de cabaret, estoy segura de que bailando sobre las chirriantes tablas, cantando a pleno pulmón solo cantaría la verdad: Era poderosa, soy poderosa y ninguna circunstancia, ni ninguna vida cambia eso.

jueves, 14 de abril de 2016

Tras el arbusto

Enya - Only Time


Hay personas que ven más allá de tu mirada, hay personas que ven lo que realmente te atemoriza, por qué hiciste las cosas. Y te lo dicen, te lo dicen y no puedes hacer más que avergonzarte, sentirte desnuda y descubierta. Puedes ir de supermujer pero alguien te dice que no engañes, que eres una diminuta criatura asustada y encogida tras un arbusto. ¿Qué haces ahí? Levántate y sal. Desnuda eres hermosa, desnuda eres mágica, sal y que el mundo te vea, sal y remueve al mundo.


Los titubeos comienzan, el lloriqueo que me ha acompañado toda la vida, ese quejido estúpido que sabe a excusa: es que tengo miedo, y si no me entienden, y si no me quieren, y si hago mal, y si me miran, y si me critican, y si… excusas y más excusas.


Hay personas que te dicen lo que no quieres oír, te dicen que eres hermosa y debes salir de una vez de tu rincón y afrontar tu camino, que ya está bien de quedarse en la superficie, de dejar salir un poquito de luz y volver a cerrar la puerta. La era de la moderación, la era del miedo ha acabado y debes asumirlo. Hay personas que un día te dicen que solo cuando te rompes renaces, porque quizá no eres tú la que se rompe sino una de las miles de corazas que te has ido poniendo para que la luz no salga.


Levántate y anda, desnuda y libre, sal al mundo y muestráles lo que eres, enseña tu luz, a unos les cegará y a otros les reconfortará, otros te mirarán diciendo “Al fin”. Detrás de un arbusto no se puede ser feliz.


Esta canción me emociona profundamente, recuerdo despertar de niña en el coche con ella de fondo, dormida sobre las rodillas de mi tía tapada con una manta de cuadros roja. Entreabrí los ojos y la vi iluminada llena de magia, era un ángel, yo tenía 5 años y sentía que ella era especial. Cuando la miré en aquel coche con esta canción de fondo nos entendimos de una manera que no sé explicar, la vi hermosa y llena de luz. Satisfecha y plena porque estaba cumpliendo su camino, la belleza que da saber que estás haciendo lo que elegiste hacer a pesar de cualquier consecuencia. Ibamos en aquel coche a ver a una mujer que sanaba, mi tía tenía cáncer y estaba muriendo. Ella sabía que iba a morir, aunque mi madre se hubiese salvado unos años antes con un cáncer terminal. Ella sabía que iba a morir, pero iba a dónde la llevaran simplemente para reconfortar a los que se quedaban, los dejaba luchar por ellos, no por ella. En aquel coche la vi pletórica y tierna, encaminándose a su destino, que no era salvarse de ninguna de las maneras. Quién dice dónde nos lleva nuestro camino, quién dice por qué ha de ser así… mi tía quería morir porque sentía que así debía ser. En aquel coche vi a mi tía desnuda saliendo de su arbusto, qué más da que solo viviese un mes más, vi algo en ella que pocos entenderán.


Quién dice dónde me lleva el camino, da igual, estoy harta de ignorar las señales, estoy cansada de tildarlas de anécdotas bonitas, de decirme a mí misma que lo que he sentido, que lo que siento no son más que invenciones, ya está bien de dar rodeos para no encarar lo que vine a hacer aquí. Estoy preparada, tengo pactos que cumplir, tengo una luz que mostrar, ya no tengo miedo.


Empiezo a atar cabos, en mi vida la única que se ha menospreciado he sido yo, la única que se ha manipulado he sido yo, la única que se ha hecho daño he sido yo… por miedo a lo que realmente estaba sintiendo, por miedo a mi propio poder.


Hay personas que no te dejan seguir yendo de puntillas por la vida, que te dicen que tienes que ser valiente, que tu camino es el que es y no valen las excusas. Siento que tengo mucho que mostrar aún, estoy llena de ganas y valor.


Ahora mismo siento que los golpes y la dureza eran necesarios conmigo pues no había otra forma de romper la coraza que me recubría, no había otra forma de sacarme de esa crisálida de miedos y angustias, no había otra forma de arrancarme el disfraz que me había puesto para no ser lo que de verdad soy. Por eso Él tenía que aparecer, por eso cuando giré la cabeza y lo vi sonreír por primera vez vi la misma luz que cuando desperté en aquel coche y vi a mi tía.