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martes, 17 de marzo de 2020

Es entrega no rendición

Esta entrada la encontré por casualidad en Borradores. La escribí hace varios años pero no la publiqué. Al leerla de nuevo me gustó y no sé por qué en su día la dejé descartada. Me surgió a raíz de una fiesta en la que no nos sentimos bien, de hecho aquella fiesta marcó un antes y un después en nuestras ganas de sociabilizar en el BDSM. Es cierto que la mayoría de los invitados nos hicieron sentir genial, pero en esta ocasión ganó lo malo. Creo que hay mucha gente que va a las fiestas a pasarlo bien, nosotros vamos para divertirnos, jugar, es como un aporte a nuestra pareja. Sin embargo he observado que otras personas las usan para validarse, para demostrar lo que son, eso no es malo, siempre y cuando en ese empeño no cuestiones al resto. Quién nos conozca sabrá que no nos gustan los alardes, el dominio se ejerce en casa. Mi Amo no usa las fiestas para demostrar lo bien que me domina, eso es cosa nuestra y de nuestra intimidad. Si surge juguetear un poco, azotarme o acualquier cosa es el primero que participa por el gusto de divertirse, no por demostrar nada. Aún estoy enfadada con aquellas circunstancias, con cómo nos hicieron sentir y con la conclusión que se instauró en nosotros: tenemos tres hijas, para ir a un evento tenemos que hacer el pino con las orejas, para ir y tener que cruzarnos con gente irespetuosa, mejor nos vamos los dos solos por ahí. Dicho esto, tras varios años sin ir a nada, el año pasado fuimos a otro encuentro y nada de eso ocurrió, pasamos un buen rato charlando, conociendo gente y eso hizo que ya no estemos cerrados al cien por cien. Así que a todos los que vais a fiestas, seguid haciéndolo pero siempre respetando por favor.


La coge del pelo, ejerce la fuerza justa para hacer que se arrodille, echa su peso sobre ella y sin soltarle la cabellera con una mano, mete la otra en sus pantalones, la saca húmeda y triunfante dice un: “Hay que conseguir que se rindan, esto es lo que les pone”. Yo miro la escena con las manos atadas entre dos columnas, desnuda. Están frente a mí, mi Amo allí mirando la lección que le quieren dar. “La azotas muy duro, antes  hay que calentar la zona para que se acostumbren” “ La azotas muy suave se te aburre” qué sabrán ellos de mí. Yo miro la escena, veo como a mi Amo la lección le entra por un oído y le sale por el otro. Miro la escena y pienso que aquello no tiene que ver con nosotros, qué más me da a mí la rendición, qué más me dan a mí una bragas mojadas. Con un suave susurro consigue inundar mi ropa interior, con una caricia por mi espalda me lleva al borde del éxtasis, para qué tirar de azote para provocarme lo que hace con un suspiro, no es ese nuestro modo ni objetivo, yo necesito que el azote me arranque llanto y dolor, que me arranque la mugre de una carga pesada. El azote me enseña, no me excita. La entrega para mí es necesidad no placer.

La entrega se da no se arranca, la entrega se ofrece no se suplica. No vale el placer como moneda de cambio, el placer es recompensa, una recompensa sagrada y natural, el premio de dar sin esperar nada a cambio, el premio de confiar ciegamente en tu Guía. Qué más me da a mí aburrirme o divertirme superficialmente mientras mi espíritu se eleva por encima de los tejados y los árboles, qué más me da a mí aburrirme o divertirme si mi espíritu escarba en lo más profundo de mí para sacar mierdas muy ancladas, qué más da si, al volver del hondo núcleo de mí misma, mis bragas están mojadas o no.

Áteme si así lo desea mi Señor, áteme si así la visión de mi cuerpo temblón le es más grata, con cuerdas o sin ellas me dejaré llevar por paraísos e infiernos, me da igual si todo esto acaba en orgasmo o no, sé que sabe que son mi droga, que el orgasmo es mi manera de conectar con lo que realmente soy, el opio que me eleva, pero por Usted soy capaz de pasar sin ella el tiempo que desee.

La entrega se da, no se arrebata. Nunca fui de excesivos gestos, nunca de aspavientos y mi entrega es igual. Y es una entrega llena de amor y consciencia, si a la orilla del profundo mar mi Amo dice que este es amarillo, miraré las olas romper, mis ojos percibirán los tonos azules, verdosos y grises, ni mi cerebro ni mi vista están atrofiados o acaso pensáis que soy estúpida, acaso pensáis que estoy tan ciega de amor que no percibo el azul marino… Lo veo y con una sonrisa llena de amor incondicional le digo que el agua tiene un precioso tono amarillo hoy. Para qué luchar, para qué enfrentarme y rivalizar por quién de los dos lleva razón, por qué intentar contrariarlo en algo tan simple y evidente como el color del mar. No me asusta llevarle la contraria, es un hombre de razón, no me castigaría por decir lo evidente, pero ¿Acaso no prefiero verle los ojos llenos de orgullo al saber que una mujer inteligente y fuerte lo complace sin enfrentamiento ni lucha? ¿Que una mujer con todas sus capacidades se entrega con suavidad y sin oposición? Le da su amor diciéndole lo amarillo que está hoy el mar.

Nunca fue Amo de excesivos gestos, nunca de aspavientos y así con Su suave dominio fue ganándose mi entrega, fue sacándola poco a poco de lo más profundo de mí. Podría decirse que se quedó quieto mirándome, sin hacer nada más que amarme, solo esperando a que me entregase, aunque no negaré que el amor a veces duele. Si se pide deja de ser entrega, si se exige desaparece.

Mi entrega es amor, es entrega no rendición. No me rendí pues lo nuestro nunca fue una guerra, Él nunca intentó que me rindiese pues nunca me consideró Su enemiga.

lunes, 2 de marzo de 2020

Compañera, asustada y sumisa


Puuff cuántas ganas tenía de empezar a escribir esto. Necesito volver a retomar el blog de forma regular. No me había dado cuenta de lo mucho que me ayuda pararme a escribir y reflexionar sobre este aspecto de mi vida. Mi intención es volver a esa maravillosa época en la que publicaba una vez a la semana, ojalá lo consiga, no solo por los que me leéis, sino por mí.
Hoy tengo la necesidad imperiosa de reflexionar sobre estos últimos meses, más bien, este último año. El 9 de marzo nuestra tercera hija cumple un año y ha sido un año maravilloso aunque intenso como pocos.

Hoy me ha venido la idea de que en este año no he sido la mejor de las sumisas, nunca he olvidado que Él es mi Amo, eso siempre estuvo ahí, pero las circunstancias han hecho que sacase otras partes de mí de forma inconsciente. Hace aproximadamente un mes lo operaron de  un tumor benigno en el hígado, ahora puedo hablar de ello porque todo ha pasado, pero fue una operación grande y larga, con sus riesgos... Mi intuición en todo momento me decía que estuviese tranquila, que todo saldría bien, pero podéis imaginar que incluso siendo yo de las que confían con fuerza en esa voz, el miedo era real. Podríamos decir que la operación era la cima de esta situación, pero el camino hasta ella fue lo más difícil. Aún recuerdo el día en que le hicieron la ecografía, solo sabíamos que tenía un tumor enorme en el hígado, no sabíamos qué era. Resultó ser benigno, pero qué intensidad de emociones. Aquel día la piel me hormigueaba, esa voz me decía: confía, no será nada. Y supe que debía ser la mejor compañera que pudiese ser. No sé si lo fui, el caso es que ahora que hace un mes de la operación me doy cuenta de que puedo empezar a bajar la guardia, me está costando mucho. No puedo obviar que estando embarazada mi madre estuvo luchando contra el cáncer, lucha que ganó y que, cuando parecía que podía bajar la guardia, en plena ola hormonal post parto tras dar a luz, comenzó todo esto. Necesito recordármelo para no castigarme cuando ahora me asaltan los miedos, para no castigarme por seguir en alerta. Recuerdo estar con mi bebé de dos semanas en la cama, Él en la habitación de al lado estudiando a muerte para ascender y además con la preocupación de notarse un bulto enorme. Recuerdo tener ese escalofrío que te da el miedo, ese que te hace creer que el mundo se va a derrumbar, recuerdo respirar hondo, abrazarme a la paz de mi bebé y decirme: “Tranquila Ángela, ahora estás aquí, Él está vivo, solo tienes miedo y es normal, no pasa nada” Debo recordarme eso para comprenderme, para comprender que ahora necesito un tiempo de transición, en el que es normal tener resquicios de miedo, sentir amenaza en mis células hasta que estas comprendan que todo está bien.
Ya hablaré sobre qué sentí cuando temía perder a mi Amo, todo lo que me planteé sobre si yo seguiría siendo sumisa si Él ya no estaba, sobre si eres sumisa en general o lo eres porque naciste para entregarte a una persona en concreto. Pero hoy quiero marcar un nuevo inicio. Somos una pareja real, nos amamos con locura y cuando la situación se puso más complicada hubo que dar prioridad a unos sentimientos antes que a otros. Como he dicho antes creo que ser sumisa dejó de ser mi prioridad para convertirme en la mejor compañera, aunque mientras escribo esto me pregunto si eso no es entregarse también. Es cierto que dejé un poco de lado mis obligaciones como sumisa, pero a cambio hice todo lo que estuvo en mi mano para ayudarlo a sanar, a transitar por esa situación, me entregué de otras formas, hice toda la magia que sé hacer por Él… Sea como sea hoy siento algo distinto en el pecho, algo me dice que todo ha de volver a su cauce, que es hora de volver a agachar la cabeza de la forma más evidente, con ese aire más protocolario. Es hora de guardar los ojos de compañera para volver a dar prioridad a los de sumisa.

Últimamente me pregunto cómo encajamos nosotros en ese mundo más protocolario, en ese BDSM de comunidad (Ya sabréis que no es un debate interno nuevo para mí) y a pesar de todos los años que llevo dándole vueltas aún lo desconozco. Lo único que sé es que somos personas reales, tenemos una relación real, con hijas y circunstancias que se van presentando. No he sido la mejor de las sumisas, pero es que en esos momentos no me parecía tan importante, no sé si eso es bueno o malo, solo es lo que ocurrió, la forma natural que me salió para llevar las circunstancias. Aunque también es cierto que justo en esos momentos he visto con claridad lo Suya que soy.
Todo esto me ha surgido porque hoy me sentía tremendamente sumisa, volvía a verlo desde esa “lejanía” que me da sentirme por debajo, volvía a sentir esas cosquillas en el estómago al verlo dominante, esas cosquillas que me dan la vida. Lo curioso es que mi actitud de hoy no es precisamente buena, no es fácil volver a agacharte, me resisto a la paz, a estar tranquila, aún me da miedo bajar la guardia, volver a sentir lo genial que es tenerlo como Amo por si esa maravillosa realidad desaparece. Pero por otro lado la necesidad de someterme al cien por cien de nuevo es cada vez más fuerte.

Por mi cumpleaños a principios de Enero fuimos de escapada los dos solos. Me puso el collar cuando hacía tanto que no me lo ponía que ni recuerdo. Me ató, me azotó… fue genial. Pero una parte de mí no quería someterse, no quería aceptar que todo aquello era tan importante para mí porque el pellizco en el estómago aparecía: “Cuanto más disfrutes de este instante más doloroso será si se convierte en recuerdo, si se convierte en la última vez que te puso el collar”. Suena muy dramático, no es que lo viviese así al cien por cien, como he comentado mi actitud de base era confiar y saber que todo iría bien, pero el miedo se colaba a veces por las rendijas.
No está siendo un post bonito, ni siquiera sabía por dónde iría todo esto. En estos meses he sido compañera mientras intentaba protegerme, mientras lidiaba con el miedo como buenamente podía, aunque fuese de manera inconsciente. Pero ya ha pasado, perdonadme que no pare de repetirlo, necesito escucharlo.

 La otra noche tuve un sueño precioso, Él era un dómine romano y yo una esclava. Me agaché para besarle los pies llena de amor y entrega, Él sonreía lleno de orgullo y me llevaba a otro lugar para hacerme el amor. No es el sueño en sí, es cómo me sentía en él… Sabía que era importante al despertar aunque no terminaba de comprenderlo. Ahora lo veo, ya toca.

jueves, 26 de julio de 2018

¿Me corro dentro? Dijo

Hay momentos en la vida en los que parece que está todo hecho, todo estable y controlado. Hay momentos en la vida en los que parece que la estabilidad es lo que lo inunda todo. Ya pasó el tiempo de luchar por encajar en nuestra relación, ya parece que pocos puntos nos quedan por ajustar, todo está escrito, hablado, azotado…


Hay momentos en la vida en los que tienes tiempo, espacio, en los que deberías sentirte plena pero tú te conoces y una vocecita dentro te dice: no te engañes, es una falsa calma. Sabes que hay un mundo entero para ti tras esa puerta, tras esa por la que has luchado toda la vida, esa que querías descubrir a toda costa, y estás ante ella, andaste todo lo que debías andar en todos los aspectos de tu vida para encontrarla, lloraste tus errores, avanzaste en la oscuridad, superaste los obstáculos, todo, lo hiciste todo y eso te satisface, pero la puerta era un objetivo, pero no era el objetivo: ahora hay que abrirla… Este año me lo he pasado restregándome con la puerta, saboreándola, qué bonita es ahora que la he descubierto, qué energía desprende, qué color violeta tan bonito la recubre, qué pomo tan brillante… en lo que va de año me he nutrido de la fuerza que esa puerta emanaba pero tarde o temprano te das cuenta de que es solo una puerta y que sirve para dos únicas cosas: te da paso o te lo corta. Y me enfrenté a mi miedo, a mi falso “Yo confío” me enfrenté al terror que me provocaba lo desconocido por muy buena sensación que me despertara.


Viajamos a Disney, todo un hito para mí, al volver esa sensación de estar dando cabezazos en la puerta que me llevaba a mi futuro fue demasiado insoportable. En todo, me sentía bloqueada como madre, como esposa, bloqueada a nivel creativo, me sentía bloqueada en mi crecimiento personal… Y la pregunta llegó, porque Él suele tener la llave escondida, esa que te hace darte cuenta de todo, esa que es un suave soplido que se transforma en huracán. Follábamos una tarde cualquiera y preguntó “¿Me corro dentro?” la pregunta me enfrentó a mi dualidad pero, como ha sucedido en los últimos años, mi respuesta fue un “No” a lo que simplemente dijo “Vale, pero recuerda que dijiste que después de Disney hablaríamos de ello” y allí estaban mis palabras traicionándome. Disney fue un sueño que me había acompañado desde niña torturándome con la firme creencia de que jamás ocurriría, pospuse enfrentarme a mis miedos y sensaciones haciendo trampa, creyendo que Disney nunca llegaría… Los dos días siguientes a esa simple conversación fueron intensos, Él no volvió a decir nada del tema, sabía la tormenta que tenía en mi interior. Y es que yo sabía que tras la puerta de mi futuro, entre otras muchas cosas, había otro hijo. No puedo explicar por qué lo sabía, pero lo sentía rondándome, lo sentía esperando pacientemente a que me quitase los miedos, las creencias absurdas y me enfrentara a lo que de verdad sentía, otro mini ser tenía que anidar en mí. No es instinto maternal, no era ver un bebé y querer uno, de hecho nunca he sentido ese tipo de llamada. En cuanto me enfrenté a mí misma, acepté que estaba siendo una cagada de campeonato y decidí sacar la conversación. En ella los dos manifestamos lo mismo: teníamos miedo, la cabeza nos ponía mil “peros” pero el corazón acababa tirando. No decidimos buscar un hijo, decidimos confiar en que ocurriría lo que tuviese que ocurrir, decidimos confiar en la vida. Tenemos unos amigos que ya tienen una hija, están perfectamente sanos y llevan dos años intentando tener otro y no viene. Eso era una señal para mí de que si no tiene que ser no será por más empeño que pongas. Decidimos abrir la puerta.


“Estás obsesionada, cuando buscas todo lo que te ocurre te parecen síntomas” me dijeron. Yo sabía que estaba embarazada, de hecho sé hasta qué día me quedé, qué nos dijimos mientras hacíamos el amor, recuerdo lo primitiva y animal que me sentí… Yo notaba su presencia al otro lado de la puerta y sabía lo que ocurriría, sabía que estaba en modo “Esperaré pacientemente a que estéis preparados, pero en cuanto lo estéis no perderé el tiempo”, y así fue.


Todo esto sucedió en la luna menguante de Junio, en la de Julio ya crecía  una vida dentro de mí.


¿Y cómo me siento ahora? La cabeza intenta atacar pero la plenitud que siento a todos los niveles puede con ella fácilmente. Siento una paz y una valentía únicas, la creatividad ha vuelto a mí a borbotones, me siento capaz y en marcha. Y no es solo por estar embarazada, abrí la puerta, con todas las consecuencias. La vida me dijo “Lo tomas o lo dejas” y lo tomé.


¿Y con Él? Pues no sé explicar lo mucho que me gusta tener a su hijo/a dentro, no sé explicar lo mucho que me excita sentirme primaria y animal y tampoco sé explicar por qué me siento así. Y es que el embarazo me resulta algo bonito pero también salvaje y así me siento al mirarme en el espejo mientras me folla, me veo tremendamente hermosa…


¿Y nuestra relación? Ahora hay que adaptarse un poco. Durante 9 meses no habrá azotes, ni cosas demasiado duras, aunque seguiremos teniendo sexo y disfrutando plenamente como ya hicimos en los otros dos embarazos. No me asusta no poder hacer ciertas cosas, por eso siempre insisto en que lo importante es la base, que me azote no me hace sentir más Suya, solo es una parte de la ecuación que si la quitas por un tiempo no altera mi entrega ni nuestra forma de amarnos.


 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Nana de otro tiempo

Dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor. Esa que consideraste tuya sin mediar palabra, sin que eso fuese especial, dime si fui aquella que poseíste porque era lo natural en aquel momento…


Susúrrame bajito y suave si ya nos conocemos, si besaste cada parte de mi cuerpo diciendo “Mía” tras cada beso… Sí lo fuiste, mis células te oyeron bien y lo recuerdan, aún lo recuerdan. Te llaman cada noche, añoran tus labios tiernos. Ojalá esa conexión en cada penetración, ojalá esos susurros lejanos en cada abrazo.


Te miro a los ojos y veo una historia que jamás conoceremos realmente, un mundo con unas normas más salvajes pero menos enrevesadas.


Dime si fui aquella que te amó y se entregó en plena libertad, sin juicios, sin miradas extrañas, dime que en alguna época tú y yo encajamos, dímelo por favor… dime que este tiempo no es nuestro tiempo, dime que en aquel lecho esto era más natural, más sencillo, que no había que explicar por qué deseo ser tuya, que tampoco había que explicar que aunque seas mío yo soy más tuya, porque no somos de la misma manera. Dime que no había que aclarar si eras de los que poseían o de los que se poseían.


Dime mi amor, dime que hubo un tiempo en el que todo era más basto pero más sencillo. Dime que hubo un tiempo en el que no tenía que explicar, en el que no tenía que etiquetarme…


Se oye una nana lejana de vez en cuando, una que nos canta a los dos, que nos cuenta la verdad de lo que somos, de lo que sentimos, de que este tiempo hay que vivirlo pero no es el nuestro, esa que nos canta que quizá ninguno lo sea, esa nana que nos dice que nos amemos de la forma que lo hacemos, que nos demos de la manera que deseemos, que te haga mío mientras soy más tuya que nunca, una nana que nos dice que nuestro hogar está en los brazos del otro, que en ellos podemos ser de verdad.


Los tiempos cambian, nuestros rostros cambian, nuestra voz, nuestras ropas, pero nosotros permanecemos, me lo susurra esa nana, esa que transmiten tus ojos cuando cabalgo sobre tus caderas, esa que sentimos fuerte en el pecho, que no es locura, ni cuento, esa que es pura verdad.


Dime que me besaste cada parte del cuerpo, que me besabas la espalda con un “Mía” tras cada beso. Dame tus labios, pósalos en mi piel por favor, hazme sentir, hazme ver esos mundos en los que fuimos, esos mundos en los que este amor no tenía nombre. Fóllame sin quitar tus ojos de los míos ¿Me ves? Dime quién soy.


La luna sonreirá por vernos de nuevo, la magia volverá a nosotros, esa magia que nacía de nuestra piel…

Sé rudo, sé tierno, sé mío, sé mi dueño, sé mi hogar. Y dímelo, dime tus secretos por favor, dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor…

miércoles, 17 de mayo de 2017

Ese lugar que solo Usted y yo conocemos

Somewhere Only We Know - Keane






¿Qué es este sitio? Estoy perdida, tengo frío y miedo. Tengo rabia, una rabia que no reconozco como mía pero ahí está. Estoy sola, veo a las personas al lado del camino pero ninguna me da calor, ninguna me apacigua, ninguna es capaz de decirme por qué todo este lugar me recuerda al hogar pero mucho más tenebroso, mucho más gris y triste, por qué estoy tan enfadada con todo y con todos… Y es algo muy simple y muy complejo al mismo tiempo, cuando te cambias de sitio internamente, cuando te descolocas ves las cosas desde otra perspectiva, pero no todas las perspectivas valen, no todas le sirven a todo el mundo. Desde qué lugar vivir es algo que solo uno mismo puede elegir, solo uno mismo puede notar desde qué lugar puede vivir feliz.


Yo elegí Sus pies, no porque me gustase o no, no porque sea una elección libre, es una elección forzada por la felicidad que me produce vivir desde ahí. Cuando me subo me confundo, cuando me voy de Sus pies me pierdo. Y es complejo, tremendamente difícil, ser una mujer fuerte y libre pero mantenerse ahí, pues somos péndulos buscando el equilibrio, buscando el centro, y a veces por equilibrar un aspecto desequilibramos el otro. Si es difícil llevarlo a cabo más difícil es explicarlo sin dar lugar a malos entendidos.


Me salí de mi sitio y el mundo se me volvió de nuevo hostil, la tentadora tristeza gris me llamaba con sus dulces cantos de sirena, el mundo volvía a doler demasiado, mis ojos comenzaron a desvirtuarlo todo, el roce de la brisa era un escozor insoportable. Comencé a preguntarme por qué luchar, por qué no dejarme llevar por la melancolía y la pena, por qué vivir es bonito… Me asusté, me asusté mucho. Fue la primera vez desde que superé toda esa mierda que me tentaba regresar a ella, como el que siente de nuevo la tentación de fumar después de años sin hacerlo y la mente traicionera le susurra un “¿Por qué no?” Esa noche soñé que me rendía porque no podía con la hostilidad de este lugar y la muerte me parecía más hermosa. Al despertar supe que algo iba mal, que no podía dejarme llevar de nuevo por el gris, que no quería volver a soñar con algo así, porque no nací para rendirme, ni despierta ni en sueños. Que, igual que recordaba mis tiempos grises, ahora también sé de mis tiempos felices, ahora sé que existen y que lo único que debo hacer es encontrar la manera de volver a ellos.


Qué lugar es este, qué lugar tan terriblemente frío y desolador… Deme la mano y devuélvame a mi sitio, diga las palabras mágicas, por favor, lléveme a ese lugar que solo Usted y yo conocemos. Lléveme a ese lugar en el habitan nuestros primeros polvos adolescentes, Su primer te quiero en la arena, bajo la Luna llena. Ese mundo en el que está aquella cueva en la que nos pasamos toda una noche el uno dentro del otro. Allí solo suena Depeche, Oasis, Keane y Muse. Ese lugar donde está la primera bofetada, el primer azote, el primer pellizco, el primer “Usted” el primer “Amo”, ese lugar en el que Sus ojos negros no me pierden de vista, ese lugar en el que tiemblo solo de placer y dolor, nunca de frío, ese lugar en el que yo camino a Sus pies, porque es la manera en la que mejor avanzo, es la posición en la que veo el mundo amable y feliz. Bájeme a Sus pies, se lo suplico, el mundo es horrible más arriba, es oscuro y cala los huesos. Diga las palabras mágicas, haga lo que crea conveniente pero hágame caminar a Sus pies.


Y lo hizo, porque Él siempre lo hace, siempre tira de esa correa con la que nací, siempre me da un silbido y la perra vuelve a ponerse a cuatro patas, para sentir el alivio en el cuerpo, en el alma. Porque una perra a dos patas se duele, se confunde, se encuentra mal, haciendo algo que no le corresponde, no entiende las distancias, las perspectivas, no entiende el mundo. Porque una perra a cuatro patas corre más rápido, salta más alto, avanza mil veces más… Y lo hizo porque Él siempre lo hace, Él siempre da ese tirón de la correa que me devuelve a mi sitio, a la alegría, me devuelve a mi Ser, a la felicidad.


 

lunes, 13 de marzo de 2017

Sueños

Siempre fui de ponerme sueños imposibles, de niña era de soñar cosas que sabía nunca conseguiría, me tachaba de fantasiosa y en verdad era mi propia enemiga: si me ponía sueños inalcanzables podría pasarme la vida lamentándome por no haberlos conseguido en vez de luchar por lo que quería. Siempre fui de sueños imposibles hasta que la vida me cumplió uno, uno que creí imposible, por el que lloraba después de correrme en mis manos adolescentes, lloraba besando una almohada que jamás me devolvería el beso. Soñé que Él existía, pero lo soñé creyendo que era imposible, que sería una mujer frustrada el resto de mi vida. Pero la vida es muy lista y cumplió mi sueño para estrellarme contra el muro de la realidad. “Ángela, deja de lamentarte, busca tu camino, que los sueños sí se cumplen”.


Quizá penséis que soy simple, pero ahora mis sueños son pequeñitos, alcanzables, no por ello sencillos. Sueños por los que lucho, por los que me enfrento a mí misma cada día. Pero mientras lo hago saboreo los que he conseguido, saboreo a ms hijas, lo saboreo a Él.


Disfruto de ponerme de rodillas frente al espejo, ver reflejado cómo me muerde el cuello apasionado, disfruto de Su voz ordenando que me quite la ropa. Disfruto de mi cuerpo desnudo, qué bonita me veo en ese momento, olvido esa autoestima que a veces baja más de la cuenta, olvido esos kilos que pienso que me sobran porque soy tonta, olvido que a veces me siento fea, en ese momento me miro y me digo lo idiota que soy por dudar de lo hermosa que soy, de lo bonito que es mi cuerpo, ese a punto de dolerse y disfrutar, ese a punto de ser pinzado, mordido, azotado, ese cuerpo a punto de ser penetrado por todo agujero disponible. Adoro esos instantes ¡Eso debe ser la felicidad! Esos instantes en los que todo te parece bonito, incluso las lágrimas que derramarás, en los que incluso el dolor te parece precioso, algo de lo que sacarás una sensación positiva mucho más profunda. Mi sueño cumplido es Su piel tibia en mi espalda, esa piel que es consuelo mientras me sodomiza sin piedad, esa piel que es hogar, esas sensaciones son hogar, cerrar los ojos y sentirlas es la felicidad, son una enseñanza de vida, de disfrutar hasta de lo adverso. Del dolor saco los mejores orgasmos, sin él también los tengo, pero nada comparable a la explosión que viene tras estar aguantando, tras chillar, a la explosión que provoca el pinchazo insoportable de las pinzas en los pezones, de la fusta entre mis piernas… Mi sueño cumplido son las tardes de sofá y peli, las noches de sofá y serie, son Sus “Quieta” “Siéntate recta” Sus “Para siempre” Sus “Qué a gustito estoy a tu lado”. Mi sueño son esas risas cómplices por las gracias de nuestras hijas, esa mirada que cruzo con el hombre que me hace estremecer, con el padre de mis hijas, mi sueño era ver de lejos a esa persona que me hace retorcer de gusto y dolor.


Sí, soy de gustos muy sencillos, de sueños tan alcanzables que cada día cumplo, cada vez que llevo a mis hijas a tenis y las veo correr. Tomarme un té sentada frente a Él, llamarlo de Usted en público, Sus normas, las conversaciones que tengo con las niñas, ver Friends los cuatro juntos, partirnos de risa con una chorrada de los Simpsons, sí esa risa que no puedes parar, que te hace llorar, de mirarnos e ir a más. Sus bofetones, Sus besos. Recibir vuestro cariño a través de mensajes, mails, comentarios… Comer sano, hacer una receta y que me salga riquísima, ver cómo florecen mis Pensamientos, cómo una planta medio muerta va saliendo adelante con mis mimos. Cumplo sueños todos los días, porque soy una chica sencilla con sueños grandes y también chiquititos. Soy una chica afortunada, con una familia que la quiere, con un marido que la cuida, con un Amo que la castiga y la usa, y ambos son la misma persona, ese era mi sueño imposible, ese que creí imposible, ese que la vida me dio de golpe, ese que ha sido el mayor aprendizaje de mi vida, por lo que representaba en sí y por lo que Él luego me ha enseñado, dónde me ha llevado.


La vida me cumplió aquel sueño de la infancia, ese unicornio al que le mandaba mensajes las noches de viento para que viniera a mi cama, creyendo en el fondo que era un imposible. La vida cumplió mi sueño y me estrelló contra la realidad, me puso en esa cama, desnuda, frente a ese espejo: “Ángela, los sueños se cumplen. Mírate, tienes personas que solo tienen palabras de ánimo, que te dicen lo mucho que te quieren, lo importante que eres para ellos… Ángela, mírate, tienes un cuerpo precioso, una sonrisa preciosa, una persona que te desea, que te ama, una persona que te ronda con una fusta en la mano, que está a punto de torturarte, de arrancarte el mayor de los orgasmos. Una persona que te va a poner a Sus pies, que te va a escupir, a follar la boca hasta que des arcadas… que te va a hacer sentir una diosa. Ángela, no lo olvides nunca, mírate y recuérdale a cada célula de tu cuerpo que jamás se rinda, que ha de luchar, recuérdale a cada célula que los sueños se cumplen”.

jueves, 5 de mayo de 2016

Carne y vísceras

A veces me gustaría despedazar mi cuerpo, dejarlo hecho un amasijo de carne y vísceras. Y es que ya no se me ocurren más maneras de explicar que da igual ser carne y hueso, es que ya no se me ocurren más maneras de explicar que me doy entera. Quizá si destrozase mi cuerpo en pedazos podría mostrar que aún sin él sigo dándome, podría demostrar que mis venas, mis músculos, mis órganos son lo de menos. Y qué más da que me folle la boca, qué más da que me penetre salvaje, qué más da que me sodomice sin piedad, eso no es nada, migajas comparado con lo que tengo para dar.


Bailar bajo la piel, bailar con eso que dota todo de vida, eso que hace que las esposas, los azotes y lo físico sea mera circunstancia. Qué más me dan a mí la carne y las vísceras sabiendo que sin ellas puedo bailar entregada cada minuto de mi vida, que sin ellas puede guiarme igual o mejor, que mi cuerpo es solo parte de mi, no mi todo, ni siquiera mi cerebro lo es. Bailemos y abrámonos los cráneos, arranquemos nuestra masa cerebral, dejemos nuestra cabeza hueca, porque ni eso importa ya, da igual lo que aprendimos, aquello que creemos, aquello que pensamos, dan igual los recuerdos y los sueños si se baila a corazón abierto, aunque el corazón ensangrentado ya no lata.


Le pertenezco de un modo que empiezo a descubrir ahora, de un modo lejos de tripas y pulmones. Apriéteme el cuello todo lo que pueda, quíteme el aire si es Su deseo, ya sé que no me sirve nada más que para respirar como circunstancia. Ya sé que si me aprieta el cuello es para demostrarme que hasta si decidiese quitarme la vida seguiría siendo Suya, mágica y Suya. La vida como circunstancia es corta y barata, la vida como magia es gratis, libre de miedos y angustias.


Habrá personas que creerán que me he vuelto loca del todo, me da igual, simplemente no me entienden, simplemente no saben de qué hablo. Y es que ahora entiendo aquellas bacanales que acaban en orgías llenas de sexo y cuerpos despedazados. La muestra de que esta vida importa poco y que la Vida es grande, única e inamovible. Y qué más me da dejar de existir en esta si siempre existimos en la que importa. Y ya no temo a que nuestros “para siempre” acaben en la muerte, porque puedo arrancar la carne de mi cuerpo, convertirme en un amasijo de vísceras y sangre que jamás desaparecerá esto que vivimos.


Me da igual bailar como dos locos devorándonos la piel, me da igual que me encierren en un manicomio pues lo hará quien no entienda la magia, quien no entienda que azotar mi culo es solo una circunstancia, es solo la forma elegida, es solo el físico rindiéndose a la evidencia de la necesidad, la evidencia de ser un alma necesitada, perdida y aturdida, un alma que ahora empieza a encontrar su fuerza, un alma que solo esclava podía comprender. Para mí darme es crecer, para mi darme es magia, pues mi alma sin circunstancias no era alma, y las circunstancias sin alma no eran nada.


Voy a bailar toda la noche, desnuda, arañando mi carne, dejando que muerda y arranque pedacitos de mí para ver si así al menos alguien comprende que el cuerpo es carne, que mi cuerpo sólo sufre las consecuencias de algo más grande, que el sacrificio del dolor responde a una entrega más profunda, una entrega que no pertenece al mundo de la sangre y las vísceras. Y eso es lo que me aterraba de niña, eso es lo que me asustaba, no encontrarle y cruzarme una y otra vez con hombres que se conformaran con poseer mi cuerpo, incluso con hombres que se conformaran con poseer mi mente. Con hombres que me guiaran por los designios del dolor hasta provocarme éxtasis increíbles entre llantos, pero sin entender qué necesitaba yo de verdad…


Pero Él apareció, y no se conformó con poseer mi cuerpo a su antojo, ni siquiera se detuvo cuando tuvo mi mente… porque todo su dominio es magia, pues usa este mundo y sus sensaciones para descubrirme uno más allá de ellas.


Voy a destrozar mi cuerpo hasta dejarlo hecho un amasijo de carne y vísceras y aún así mi corazón seguirá latiendo aunque ensangrentado ya no lata.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

La gente muere en Navidad, la gente se pelea en Navidad, la gente llora en Navidad… Se echa de menos a los que no están, la melancolía empaña los cristales… Que la Navidad es consumismo, que no es más que una oda a la gula y la bribonería...


Yo sonrío y espero con ganas adornar el árbol, encender esas lucecillas que llenan de ilusión y cosquillitas mi estómago. Adoro el olor de los adornos, el sonido de las cancioncillas navideñas, ver películas llenas de rancias moralejas propias de estas fechas. Me gusta preparar regalos, escribir la carta a los Reyes y ponerme guapa en Nochebuena


La Navidad para mí representa tradición, ilusión, magia, emociones, días que compartir con las niñas, noches largas para jugar los dos sin miedo al despertador…


Santa Baby - Eartha Kitt


Encendemos la chimenea y se sienta en la mecedora, lo veo adormilarse y me pongo de rodillas en el suelo, esta canción suena de fondo, lo miro con mi carilla de puta buena e inocente y la canto haciendo playback mientras le toco por encima del pantalón… lo noto crecer, me mira directamente a los ojos lleno de deseo mientras tarareo sexy, mientras me siento una chiquilla picarona, preciosa y navideña. Me dan muchas ganas de meterme bajo la manta que cubre Sus rodillas y lo hago, le saco la polla y comienzo a lamerla a ritmo de la música... Me imagino cómo será la escena desde fuera, un hombre sentado en una mecedora frente a la chimenea, con una manta en las rodillas que sube y baja, un hombre en una mecedora frente a la chimenea con la cabeza echada para atrás gimiendo de placer. Adoro las postales navideñas.


Me siento en mi escritorio, cojo un papel bonito y le escribo una carta a Santa Claus:


        Querido Santa, porfis porfis porfis, no dejes que esto que siento desaparezca. No dejes que mi vida deje de estar llena de luces, sonrisas y orgasmos. No dejes que mi vida se quede vacía de Él.
      A cambio prometo ser obediente, no faltar al Amo, no dejar de amarlo y provocarlo. Prometo ser la zorra que Él desee, prometo sacarle gemidos y sonrisas de orgullo. Prometo ser Su niña buena.
Besos
          Pelusilla
P.D.: Dejaré leche, galletas y una copilla de anís bajo el árbol. No olvides tomártelo