Mostrando entradas con la etiqueta entrega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entrega. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2021

Nuestra intimidad

 Fields Of Gold - Sting


Últimamente me pasa que llega el final de la noche, ese en el que todas las niñas duermen y no hay nada más que hacer que estar los dos solos, juntos y tranquilos y no quiero que acabe. Vemos una serie y si nos apetece hacemos el amor. Ahora por las mañanas estamos solos, así que es mejor momento para el sexo. Pero es que hay noches que tengo una sensación dentro, unas ganas acumuladas… Busco tener sexo simplemente porque no quiero dormir, no quiero, no quiero que acabe la noche, no quiero dejar de estar con Él… “¿Vamos a dormir?” Me preguntó “No quiero, Amo. Quiero estar con Usted” “Ya estás y, aunque durmamos, estamos” “Lo sé, pero no es eso. Quiero estar con Usted”. No sabía explicarlo, no sabía cómo traducir esas ganas de convertir una noche cualquiera en una noche especial. Cómo hacerlo cuando es lo que deseo hacer cada noche…

Comencé a besarlo, suave y despacio. Llena de ternura, llena del más puro amor. ¿Cómo se traduce eso? Cómo sin llegar al sexo. ¿Cómo plasmar la entrega en un instante sin llegar al sexo, sin llegar al dolor, a las órdenes? ¿Cómo satisfacer esa necesidad que se me acumulaba en el pecho? Por inercia puse mi mano en Su cara mientras lo besaba. Separé mis labios de los suyos y supe claramente lo que quería. Mi mano comenzó a acariciar cada recoveco de Su rostro mientras lo miraba extasiada en la penumbra de la noche. Lo siento, no puedo transmitir lo intenso y suave que fue, no sé transmitir lo plena que me sentí. Tan lejos de Él como para ser consciente de que era una persona ajena a mí, un hombre que había escogido ese rincón, esa cama, junto a mí, para pasar cada noche. Podía percibir todo lo que desconocía de Él, todos los años que pasó sin saber de mi existencia, pude alejarme tanto que llegué a ver en su rostro al niño que fue. Pero también pude estar tan cerca como para sentir que las yemas de mis dedos se fundían con sus párpados. Nunca había tocado nada de forma tan delicada como lo hice aquella noche, nunca había sentido tanto con un gesto tan sencillo. “Me está dando sueño” dijo advirtiéndome, creyendo quizá que yo buscaba terminar haciendo el amor “Duerma tranquilo, Amo. Yo solo quiero estar aquí, acariciándolo, viendo cómo se duerme tranquilo”.  Y es que realmente no había sexo que pudiese mejorar aquello, no había placer más grande que el que yo sentía en aquel instante acariciándolo, venerando cada milímetro de Su piel, perteneciendo a cada lunar, a cada pestaña, a cada pelo de Su barba… No quería sexo, claro que no. No quería salir de aquel extraño y delicado éxtasis.

Y, mientras a los pocos minutos, yo también me dejaba vencer por el sueño, comprendía que había una dimensión nueva que descubrir, una intimidad que no había saboreado. No es que nunca la hubiese vivido, no es que no lo hubiese acariciado nunca, no es que nunca hubiese servido sin sexo de por medio, simplemente nunca lo había considerado más allá de un preámbulo, de un “placer menor”, qué idiota, como si las formas de amar tuviesen categoría…  Había pasado de puntillas por un tipo de intimidad que aquella noche me había fascinado. Pensé en las sesiones, en esos grandes ratos de correa, de humillación, de lágrimas y sexo duro, doloroso y maravilloso y supe que siempre había creído que solo ahí estaba manifestándose la entrega en su pleno apogeo, que solo esos momentos eran el culmen del BDSM… Y allí estaba yo, tras meses de incertidumbre respecto a mi sumisión, tras meses en los que esos momentos no podían ocurrir, tras meses sin probar el tacto de la correa y el trance del dolor, sintiendo de nuevo la sumisión nítida y profundamente en la delicadeza de una caricia. Allí estaba yo adorando de nuevo, haciendo que esa pequeña bomba de pasión que se gestaba en mi pecho explotase llenándolo todo de magia.

Pienso en las fiestas a las que asistimos, las personas con las que jugamos. No me importó desnudarme, no dudé en ponerme de rodillas y en las rodillas de quién se me ordenó, no me avergonzó que viesen cómo me azotaba, cómo lloriqueaba y gemía de dolor… Pero por nada del mundo querría que nadie estuviese presente cuando le acariciase como la otra noche. Y yo me pregunto: Si eso es así ¿Cuál es realmente nuestra intimidad? ¿Dónde esta la esencia de mi sumisión, esa que solo puedo mostrar ante Él? Quizá ahora que la creí perdida es cuando vaya a descubrirla…

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

- Al margen de esta entrada quería contaros que he vuelto a publicar mi libro "Historia Breve de Vida, Amor y Sexo" esta vez también en papel. La semana que viene es la semana del lanzamiento oficial y quiero convertirla en una semana especial, sortearé varios ejemplares, lo pondré a un precio especial y los directos en Twitch (si aún no me sigues por allí, hazlo y no te los pierdas, son martes y jueves a las 17:30 búscame como "angelaycafe" ;) ) estarán relacionados con el libro, con lectura de mis fragmentos favoritos.

martes, 17 de marzo de 2020

Es entrega no rendición

Esta entrada la encontré por casualidad en Borradores. La escribí hace varios años pero no la publiqué. Al leerla de nuevo me gustó y no sé por qué en su día la dejé descartada. Me surgió a raíz de una fiesta en la que no nos sentimos bien, de hecho aquella fiesta marcó un antes y un después en nuestras ganas de sociabilizar en el BDSM. Es cierto que la mayoría de los invitados nos hicieron sentir genial, pero en esta ocasión ganó lo malo. Creo que hay mucha gente que va a las fiestas a pasarlo bien, nosotros vamos para divertirnos, jugar, es como un aporte a nuestra pareja. Sin embargo he observado que otras personas las usan para validarse, para demostrar lo que son, eso no es malo, siempre y cuando en ese empeño no cuestiones al resto. Quién nos conozca sabrá que no nos gustan los alardes, el dominio se ejerce en casa. Mi Amo no usa las fiestas para demostrar lo bien que me domina, eso es cosa nuestra y de nuestra intimidad. Si surge juguetear un poco, azotarme o acualquier cosa es el primero que participa por el gusto de divertirse, no por demostrar nada. Aún estoy enfadada con aquellas circunstancias, con cómo nos hicieron sentir y con la conclusión que se instauró en nosotros: tenemos tres hijas, para ir a un evento tenemos que hacer el pino con las orejas, para ir y tener que cruzarnos con gente irespetuosa, mejor nos vamos los dos solos por ahí. Dicho esto, tras varios años sin ir a nada, el año pasado fuimos a otro encuentro y nada de eso ocurrió, pasamos un buen rato charlando, conociendo gente y eso hizo que ya no estemos cerrados al cien por cien. Así que a todos los que vais a fiestas, seguid haciéndolo pero siempre respetando por favor.


La coge del pelo, ejerce la fuerza justa para hacer que se arrodille, echa su peso sobre ella y sin soltarle la cabellera con una mano, mete la otra en sus pantalones, la saca húmeda y triunfante dice un: “Hay que conseguir que se rindan, esto es lo que les pone”. Yo miro la escena con las manos atadas entre dos columnas, desnuda. Están frente a mí, mi Amo allí mirando la lección que le quieren dar. “La azotas muy duro, antes  hay que calentar la zona para que se acostumbren” “ La azotas muy suave se te aburre” qué sabrán ellos de mí. Yo miro la escena, veo como a mi Amo la lección le entra por un oído y le sale por el otro. Miro la escena y pienso que aquello no tiene que ver con nosotros, qué más me da a mí la rendición, qué más me dan a mí una bragas mojadas. Con un suave susurro consigue inundar mi ropa interior, con una caricia por mi espalda me lleva al borde del éxtasis, para qué tirar de azote para provocarme lo que hace con un suspiro, no es ese nuestro modo ni objetivo, yo necesito que el azote me arranque llanto y dolor, que me arranque la mugre de una carga pesada. El azote me enseña, no me excita. La entrega para mí es necesidad no placer.

La entrega se da no se arranca, la entrega se ofrece no se suplica. No vale el placer como moneda de cambio, el placer es recompensa, una recompensa sagrada y natural, el premio de dar sin esperar nada a cambio, el premio de confiar ciegamente en tu Guía. Qué más me da a mí aburrirme o divertirme superficialmente mientras mi espíritu se eleva por encima de los tejados y los árboles, qué más me da a mí aburrirme o divertirme si mi espíritu escarba en lo más profundo de mí para sacar mierdas muy ancladas, qué más da si, al volver del hondo núcleo de mí misma, mis bragas están mojadas o no.

Áteme si así lo desea mi Señor, áteme si así la visión de mi cuerpo temblón le es más grata, con cuerdas o sin ellas me dejaré llevar por paraísos e infiernos, me da igual si todo esto acaba en orgasmo o no, sé que sabe que son mi droga, que el orgasmo es mi manera de conectar con lo que realmente soy, el opio que me eleva, pero por Usted soy capaz de pasar sin ella el tiempo que desee.

La entrega se da, no se arrebata. Nunca fui de excesivos gestos, nunca de aspavientos y mi entrega es igual. Y es una entrega llena de amor y consciencia, si a la orilla del profundo mar mi Amo dice que este es amarillo, miraré las olas romper, mis ojos percibirán los tonos azules, verdosos y grises, ni mi cerebro ni mi vista están atrofiados o acaso pensáis que soy estúpida, acaso pensáis que estoy tan ciega de amor que no percibo el azul marino… Lo veo y con una sonrisa llena de amor incondicional le digo que el agua tiene un precioso tono amarillo hoy. Para qué luchar, para qué enfrentarme y rivalizar por quién de los dos lleva razón, por qué intentar contrariarlo en algo tan simple y evidente como el color del mar. No me asusta llevarle la contraria, es un hombre de razón, no me castigaría por decir lo evidente, pero ¿Acaso no prefiero verle los ojos llenos de orgullo al saber que una mujer inteligente y fuerte lo complace sin enfrentamiento ni lucha? ¿Que una mujer con todas sus capacidades se entrega con suavidad y sin oposición? Le da su amor diciéndole lo amarillo que está hoy el mar.

Nunca fue Amo de excesivos gestos, nunca de aspavientos y así con Su suave dominio fue ganándose mi entrega, fue sacándola poco a poco de lo más profundo de mí. Podría decirse que se quedó quieto mirándome, sin hacer nada más que amarme, solo esperando a que me entregase, aunque no negaré que el amor a veces duele. Si se pide deja de ser entrega, si se exige desaparece.

Mi entrega es amor, es entrega no rendición. No me rendí pues lo nuestro nunca fue una guerra, Él nunca intentó que me rindiese pues nunca me consideró Su enemiga.

miércoles, 10 de enero de 2018

No renaceré, seguiré siendo

Hace unas semanas estaba un poco agobiada, no sabía qué escribir, sobre qué hablar, me sentía de nuevo en ese bloqueo que me viene cada cierto tiempo... Como si tuviese mil historias que quieren salir pero el miedo las atasca. Esta vez abrí la carpeta donde guardo todo lo que escribo. En ella hay mil textos empezados, relatos que en su momento no publiqué, frases, párrafos perdidos etc. Abrí el primero que pillé, no tenía ni idea de lo que era... y allí estaba este texto que me dio la vida, que me emocionó muchísimo, sabía que lo había escrito yo pero no lo percibí así en aquel momento, casi podría decir que lo escribí para leerlo en el futuro, como si fuese dos personas y me hubiese dejado un regalo de cumpleaños preparado... Me parece el cuento perfecto para iniciar el 2018 en el blog, un año en el que quiero avanzar con este proyecto, cambiar al fin esas cosas que llevo mucho queriendo cambiar, una de ellas escribir y publicar sin ningún miedo ¿Lo conseguiré al fin? Esta entrada es un pasito, en su día no la publiqué este porque tuve miedo... Justo hoy me quitan un bulto en el labio con el que llevo varios años, ya me lo extirparon pero me volvió a salir. Os cuento esto porque siempre he creído que mis problemas físicos son reflejo de lo que tengo por dentro. Ese bulto lo tengo desde que empecé a escribir de forma pública, es un bulto que me incomoda cuando me expreso, que creo que miran todos cuando hablo, me hace sentir observada, me recuerda constantemente que lo que digo se escucha con el consecuente miedo a qué pensará el receptor de lo que digo. Hoy me quito ese bulto y voy a trabajar duro para que no vuelva a salir, voy extirparme también el miedo que simboliza.


Renaissance - Paolo Buonvino & Skin

La anciana estaba tumbada en el suelo sobre unas pieles. Medio incorporada miraba el fuego. Aquella noche la tribu estaba callada, no retumbaban los tambores, no sonaban las flautas, nadie cantaba… Todos estaban paralizados mirando a la vieja. Ella miraba el fuego, sabía que esa noche era la noche, todos lo sabían. Era el momento de pasar el testigo, sus vaticinios, sus consejos, sus cánticos ya se habían agotado. Miraba el fuego sin miedo, sin pensar en nada más, solo miraba el fuego hasta que las llamas se transformaron en imágenes, se contorneaban como una mujer, una mujer que entraba lentamente en un lago, desnuda, con su largo y moreno pelo cubriéndole los pechos. La noche hacía que el agua fuese negra, tan solo el reflejo de una enorme luna llena flotaba en la superficie. Y allí se dirigía la mujer, nadando despacio, lento para no mover las aguas y emborronar el reflejo del astro. La vio cerrar los ojos y dejarse flotar con los brazos y piernas extendidos, la sintió unirse con la luz de esa luna, la sintió salirse de su propio cuerpo al igual que hacía la anciana en ese momento, la sintió viajar por los siglos. La sintió cuando se convirtió en una chica menuda, de pelo castaño que cabalgaba sobre las caderas de un hombre, en una cama, una noche de luna llena. También sintió a aquella muchacha, la sintió cuando la sensación de ser un trozo de luz de luna la invadió, la notó sentirse mágica y plena, notó cuando esa chica comprendió que era pura luz de luna, tan grande y potente. Tan poderosa que su misión era darse, notó cómo la chica comprendió lo que estaba dando a aquel hombre, cuando comprendió de qué forma estaban conectados ambos, cuando entendió el equilibrio entre dar y recibir, cuando comprendió su entrega, su sumisión, cuando entendió que para liberar su poder, para llevarlo a su máxima expresión debía darse, debía liberarse de su propio cuerpo, entregárselo a otra persona, a una persona que supiera qué tesoro estaba cuidando, que tuviese mano dura cuando lo humano la presionara, mano dura para quitarle todo aquello que la alejaba de su origen, de su magia. Tenía que dejar que otra persona la llevase, le quitase la carga humana, esa de ser lo que has encarnado ser. La anciana sintió cómo aquella chica lejana en los tiempos se empoderaba con todo el camino ya recorrido, cuando era capaz de comprender quién y qué era. Esa anciana notó cómo aquella chica que cabalgaba sobre las caderas de un hombre en la oscuridad de la noche se sentía con el cabello más oscuro, con las caderas más anchas, cómo no se sentía en una cama sino en un bosque, cómo se percibía con unos ojos más grandes, con una fuerza y carácter distintos, sintió cómo se contorneaba de una forma diferente, cómo la guiaba una fuerza más salvaje… La anciana vio cómo aquella que flotaba en el lago sentía a la muchacha que cabalgaba y cómo flotando en el lago se sintió más vieja, cómo le brotaban de los labios unos cánticos que jamás había oído, cómo escuchaba tambores que no estaban en aquel silencioso bosque, sino en ella.


La anciana salió del trance, volvió a ver solo llamas en la hoguera. Miró a su pueblo: no os apenéis por mí, no me voy, la muerte no es el fin de nada, soy una anciana que muere, pero también soy una mujer que flota, una chica que cabalga... No voy a renacer, solo seguiré siendo. Estoy sobre estas pieles y en mil lugares más. Hay una mujer que flota que escucha tambores, hay una chica que cabalga que desde niña se sintió vieja. Todas somos la misma, no renaceré, solo seguiré siendo…


La sabia anciana cayó sobre las suaves pieles, su cuerpo quedó allí vacío, ese disfraz ya no aguantaba más remiendos.

miércoles, 12 de julio de 2017

El collar

En BDSM el collar es un elemento muy importante. Cuando una persona dominante se lo pone a una persona sumisa significa que quiere que sea Suya oficialmente, normalmente tras un periodo de prueba. No solo es un símbolo entre las dos personas, también para los demás, en una reunión o fiesta si algún invitado lo lleva, los demás dominantes entienden que tiene dueño y deben respetarlo. También tiene validez virtualmente poniendo las iniciales entre corchetes. La norma es que esto se respete pero, como todo en la vida, depende de lo educados y respetuosos que sean los demás con estos protocolos.


Esta es la teoría y la forma de proceder más común, pero ni es imprescindible ni obligatoria, de hecho nosotros lo vivimos de otra manera. Nuestro proceso fue muy distinto, partíamos de cero, creo que estábamos más preocupados en otros asuntos como para seguir protocolos. El contrato ya nos daba una seguridad, más allá de ello Él no necesitaba ningún símbolo y yo ni siquiera lo pensé en ningún momento. Digamos que al principio nunca nos sentimos que formábamos parte del BDSM por lo que no nos planteamos siquiera seguir sus protocolos. Realmente estábamos muy ocupados en nuestras hijas que aún eran muy pequeñas, trabajo, estudios… así que íbamos transformando nuestra relación como buenamente podíamos. Pero el tiempo pasa rápido, nuestro proceso de pareja vainilla a D/s se completó, yo me sentía totalmente Suya y Él se sentía mi dueño por completo. Empecé a escribir en twitter, veía que otros sumisos tenían las iniciales de sus dueños en el nombre. Le pregunté si deseaba que yo me lo pusiera, dijo que estaba tan seguro de que le pertenecía por completo que no necesitaba ese gesto. No quería collar virtual, por lo que di por hecho que no tendría uno físico con la forma típica BDSM, ya que lo que sí me había regalado era una gargantilla con un brillantito que debía llevar siempre, también tatuó Su nombre en mi muñeca… digamos que usó Sus propios símbolos. Pero llegó el momento de ir por primera vez a un local BDSM, de relacionarnos con otras personas. Primero tendríamos una sesión en aquel bonito lugar y después una comida con otras personas. Cuando nos quedamos solos allí yo estaba extremadamente nerviosa, desnuda y expectante escuchando cómo trasteaba en la maleta en la que portaba todos Sus “juguetes”. Me esperaba un azote para iniciar, unas pinzas, o cualquier cosa menos algo rodeando mi cuello. Qué emoción me invadió, me miró y dijo que estaba preciosa, que había tardado en encontrar uno que le gustara, lo suficientemente bonito para mí, pero que había merecido la pena y me llevó ante un gran espejo redondo que había en la pared. No se me va a olvidar nunca mi reflejo con ese collar rojo y negro, con esa gruesa argolla, era fuerte y recio pero el más bonito y elegante que había visto nunca. Me cubría casi todo mi pequeño cuello lo que lo hacía un poco incómodo, eso me encantó, hacía patente su finalidad. Me vi preciosa, tengo que decirlo, estaba guapísima, y aún hoy me veo así cada vez que me lo pone, que no es muy a menudo. Que eligiese aquel día para ponérmelo no era casualidad, después en la comida me dijo que lo llevase. Una cosa es que en nuestra intimidad no sigamos ciertos protocolos y otra es que cuando estamos en grupo respetemos y participemos de ellos. Es como el dresscode, no somos muy de vestir de negro, o de cuero etc… pero si en una fiesta hay que llevarlo lo cumpliremos. Aquel collar fue un regalo precioso, uno similar al resto de de los que simbolizan mi entrega a Él, pero no es más importante que los otros y mucho menos que la entrega en sí. Y con esto llego a por qué casi no me lo pone. Es solo un elemento más, quizá en una fiesta signifique mucho, pero en nuestro día a día no. Fuera de las fiestas cumple su función como collar, por si quiere enganchar la correa, o por si quiere pasearme, retenerme etc…


Entiendo que el collar es un símbolo importante en el BDSM en general, pero no hay que perder de vista que la entrega va por dentro, yo llevo siempre mi collar aunque no lo tenga puesto, y desde mucho antes de habérmelo atado al cuello.

lunes, 20 de febrero de 2017

Vida, qué puta eres

Million reasons - Lady Gaga


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, rompí mis condicionamientos, me sinceré, me entregué porque me hiciste con la entrega en la sangre, lo besé porque me diste la certeza de que su sonrisa era La Sonrisa. He aceptado todas estas sensaciones raras con las que me dotaste, hablo como una loca porque son las palabras que has puesto en mi boca, lucho día tras día por soñar pasados, por soñar futuros, lucho día tras día por escucharte.


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, busco la iluminación en cada uno de los correazos, intento relajarme antes de recibirlos para escucharte una vez más, intento saber a qué corresponde cada sabor conocido de los recuerdos que me despiertan las bofetadas…


Intento no perder el aliento cuando la ansiedad ataca mi piel, cuando adormece la carne y me nubla la vista por el miedo. Porque me has llevado a una frecuencia que asusta, una frecuencia en la que escuchar ruidos antes imperceptibles, tener visiones antes invisibles… Y ahora eso me asusta, cómo no asustarme cuando lo que siento es tan desconocido para mí, cuando mis sentidos aún no están acostumbrados a este nuevo estado, a esta nueva forma de vivir.


Y me agobio, te lo digo, lo confieso, me agobio cuando la mente ataca con sus preguntas, me agobio cuando me abres una puerta a un pasado lejano y doloroso, cuando me haces llorar la muerte de personas que ahora no conozco, me haces sufrir sus pérdidas en mi carne como si la niña que murió lo hubiese hecho en estos brazos, en estos que tengo ahora… Y es que eres maravillosa pero muy puta, sí, lo siento, pero he de desahogarme, porque me das cosas preciosas, pero por cada paso que doy hacia donde me llevas me das un sabor amargo, me haces descubrir un miedo oculto. Le das significado a cada una de mis sensaciones, pero es contradictorio, porque por cada certeza que me regalas, me das una pregunta que no sabía que existía… por cada encuentro me das una búsqueda. Por cada sonrisa, una lágrima. Oh vida qué puta y maravillosa eres, que me haces flotar y desgarrarme, que me das estabilidad pero haces girar mi mente. Y cuanto más me acercas a ti, cuanto más me acercas a mí misma más alejada me siento, más despegada de todo, más lejos, más tengo que luchar contra este estrés, el de luchar por agarrarme al mundo, a este mundo, por no sentirme sola en él, por seguir viva como si de un esfuerzo de constancia se tratase, por seguir escribiendo para rebuscar en mis entrañas, por aguantar el dolor de los azotes para tener esas sensaciones. Como si vivir, mantenerme viva, fuese un ritual, una costumbre que mantener al levantarte cada mañana. Y no es que quiera morir, no es eso, es que a ti hay que vivirte segundo a segundo, como si fueses a acabarte al minuto siguiente, no te conformas con menos, no te conformas con menos… No te vale que vivamos sólo tu cara amable, quieres que te amemos entera, que en cada segundo amemos la vida y la muerte, en un punto extraño entre solo vivir y morir, un punto extraño, un punto parecido a cuando una mano aprieta tu garganta tanto como para sentir la fuerte presión, pero lo justo como para que puedas respirar. Porque en ese punto todo es más intenso, todo se siente con mayor sensibilidad, lo superficial se desvanece un poco, no del todo, solo lo justo para ver que no es lo único pero que también está ahí. Y es que he seguido tu camino, puedo poner esta metáfora porque te seguí ciega, te seguí hasta poner mi cuello en Su mano. Ves, ya estoy de nuevo, siendo consciente de que debo seguir todas y cada una de tus indicaciones porque me das las respuestas por extrañas que sean, por mucho que me resista a ellas, por mucho que a veces me cueste dar el paso en este camino, por mucho que me asuste caminar a ciegas.


Vida, eres muy puta, eres muy cabrona, me dueles y me creces. Ay vida, dame más, te lo suplico, háblame más claro aún, quiero oírte más fuerte, quiero besarte con más intensidad, usaré tus métodos para arrancar el miedo de mi pecho, cerraré los ojos las veces que me pidas, me entregaré con más ahínco a ti, que es a Él. Quiero firmar tu contrato sin leer las condiciones, quiero vivirte y morirte a cada segundo, llorarte, angustiarme, quiero sentir que me ahogo para saborear cada bocanada de aire, quiero ser la loca si es lo que deseas, quiero arder en la hoguera si es tu voluntad, si mientras me quemo veo cómo se queman los límites de mi mente humana. Quiero tener hijos si lo que quieres es que deje de huir de lo que es temer perderlos, quiero bailar si mis pies taconean tu pulso, quiero reír si tu luz ilumina mi sonrisa, quiero tener orgasmos si noto en ellos tu abrazo, quiero dolor si en el sufrimiento encuentro tu beso.


Vida eres muy puta, eres muy cabrona, pero a cada paso que doy te amo un poco más. He seguido todas y cada una de tus indicaciones, seguiré haciéndolo, pero dame fuerza para vivir de pleno en esta nueva frecuencia, conviérteme en imán para atraer a los que ya lo hacen. Despeja mi mente para asimilar lo que tienes que enseñarme, dame humildad para transmitirte. Dame silencios para escuchar, dame oídos para los silencios…


Ay vida, qué puta y qué mágica eres. Me das mil razones para vivirte, mil para morirte, cada día, cada minuto...

lunes, 13 de febrero de 2017

La primera bruja

Allí estaba ella sintiendo el calor en su rostro, el fuego de la chimenea reflejado en sus ojos, con su taza de barro, con la infusión bajando por la garganta. La luz de la Luna llena entraba por la ventana de la cabaña.


La puerta sonó, ella no se asustó, sabía que escucharía ese sonido, esa noche, sabía quién estaba al otro lado. Abrió despacio pero sin dudar “Hay Luna llena” dijo el hombre que aguardaba en el umbral. Ella extendió la mano para agarrarlo y llevarlo a la cama cubierta de pieles, como era costumbre cada Luna llena. Pero esta vez él apartó la mano, la agarró de la nuca y la tumbó allí mismo.


Sentía la tierra del bosque en su espalda, sentía las embestidas en las entrañas, sentía la luz de la Luna bañándole la cara. Esa luz, el silencio de la noche, el olor de aquel hombre, ese hombre del que desconocía por completo nombre, profesión o vida, ese hombre que la follaba cada Luna llena desde que aquella lejana noche se encontraran en el bosque, desde esa noche que pareció un sueño, un remanso de paz en una vida dura, en una vida de soledad y rechazo. Desde aquella lejana noche establecieron un pacto sin palabras. Pero esta vez era distinto, la Luna brillaba más que nunca, el cielo y el suelo estaban más vivos que nunca. Él la poseía con un brío especial, la miraba a los ojos y ella podía ver en su negrura la profundidad de esta, podía ver la sabiduría de aquel hombre rudo, una sabiduría que él mismo ignoraba pero que ella reconocía… Cuando el orgasmo se acercaba entró en una especie de trance, sentía la conexión con él, con la vida, con la magia, sentía la conexión… él se derramó en su vientre, ella gritó de éxtasis y rabia. La misma que unos segundos después invadió sus ojos, y encendió su melena. Lo empujó enfadada, iracunda, lo sacó de ella sin un ápice de la ternura que acostumbraba a tener hacia él. Le gritó que se fuese, que no volviera nunca más, enfadada y llorando a borbotones lo expulsó de su cuerpo y su casa. El hombre la miraba serio mientras se alejaba subiéndose los pantalones. En cuanto no era más que una sombra en la lejanía se rompió agarrándose el vientre, cayó de rodillas y hecha un ovillo pasó lo que quedaba de noche maldiciendo al hombre, a la Luna, maldiciéndose a ella misma…


Cuando el primer rayo del amanecer iluminó su rostro, se levantó, se secó las mejillas y aceptó su destino, aceptó ese camino que siempre supo que debía seguir, por mucho que le doliese o aterrase. Respiró profundo y se dispuso a hacer un pequeño macuto con comida y algunas pertenencias. Al cerrar la puerta del que había sido su solitario hogar pensó en él, en cómo lo reconoció, cómo sabía que sería el que la haría tocar el cielo con la punta de los dedos, y cómo sería él el que la llevase a su terrible, aunque necesario, destino. Lo amaba, eso nunca se lo dijo, lo amaba con toda su alma, ella le pertenecía como ya le perteneció en otra vida más lejana,  por eso desde el primer momento se entregó a él, le salía natural… pero esta no era vida para el amor, al menos no de ese tipo, esta no era vida para la convivencia y el matrimonio, esta no era vida para la esclavitud, aunque fuese de amor. Esta era vida de reencuentros fugaces, de pactos de pequeña duración, para ella esta era una vida de soledad femenina. Si él hubiese sabido que una vez al mes le sabía a muy poco, que deseaba yacer cada una de las noches de su vida a su lado… Ay, si él hubiese sabido que por muy ruda y áspera que pareciese estaba llena de amor por él, de un amor único y mágico, si él hubiese sabido que el mundo le sobraba cuando la penetraba, si hubiese sabido lo mucho que le dolía fantasear con criar juntos a esa niña que engendró esa noche, ay si él se hubiese enterado tan siquiera de que la llevaba en su vientre… pero no, ella era un alma vieja, era un alma consciente, ella sabía a qué venía, sabía que los tiempos empezaban a cambiar, que esa vida era clave, sabía que el mundo giraba hacia el fanatismo, hacia el control, sabía que era el momento histórico de posicionarse, era la hora de asentar su recorrido como alma… hasta ahora nadie la había molestado en ese sentido, pero ahora a su sensibilidad, a su magia, a su sabiduría le tocaba ser rechazada. Le tocaba elegir entre esconderse arriesgándose así a que su alma y la de su linaje retrocediesen, se perdiese lo conseguido hasta ese momento, o cargar con esa cruz que ese nuevo mundo había inventado, ese cartel que la condenaría de una u otra manera en cada una de las vidas futuras, le tocaba elegir entre vivir más años en ese tiempo o morir y condenarse bajo el yugo de esa nueva palabra, morir como una bruja.


Tenía clara su dolorosa decisión. Se marchó de su amado bosque con un linaje de mujeres fuertes, sensibles y poderosas en el vientre, prometiéndole a Él en secreto reencontrarse en una vida más tranquila, una vida en la que darse entera, en la que saborear su piel, cada día, cada noche.


Y sí, ella ardió, sintió el fuego en su carne mientras su hija miraba escondida. Pero murió sin pena, esa niña miró sin pena, ellas sabían que era un sacrificio necesario, un paso que llevaría a su estirpe a recordar la magia por los siglos de los siglos, que llevaría a su estirpe a no renunciar a ella bajo ninguna circunstancia.


¿Y Él? Él volvió a buscarla la siguiente Luna llena, pero de la chimenea no salía humo, el aire no olía igual, el bosque había perdido su esencia, la casa estaba muerta, era sólo piedra, sin la vida que tenía cuando ella abría la puerta. Aún así entró, se arrodilló en la cama agarrando las pieles y telas que aún tenían su aroma. Inspiró profundo y se prometió no olvidar jamás su olor.

lunes, 6 de febrero de 2017

El día que todo cambió

Supongo que los que me leéis desde hace mucho tiempo o los que ahora estén leyendo este blog desde el principio noteis que en un momento concreto mi tono cambió, mi perspectiva tomó otro rumbo, y quiero explicar qué pasó, no porque nadie me lo haya pedido, es algo que necesito hacer para hacerme entender, para dar un salto y que comprendáis por qué ahora enfoco la vida desde otro lugar.


Una de las dudas, por no decir LA DUDA más importante y que más me ha corroído desde que era niña era ¿Por qué soy sumisa? ¿Por qué necesito entregarme? El día que todo cambió fue el día en que di respuesta a esta pregunta.


Por otro lado también desde niña he tenido una lucha constante entre mis dos Ángelas, cosa que también habéis leído. Es como si la Ángela superficial hubiese sido mucho más predominante que la espiritual, aunque siempre ha estado ahí, saliendo a muy poquitos, sobre todo en los casos más extremos en los que la necesitaba para seguir adelante. Mis padres antes de tenerme y hasta que yo era muy pequeña estuvieron muy relacionados con temas de meditación y descubrimiento espiritual, yo de eso solo tengo leves recuerdos, como estar jugando en un campo de noche alrededor de unas personas sentadas en círculo,  el olor del centro budista de Oseling, participar en algunas de sus meditaciones pero más como un juego. Esos son recuerdos muy vagos, poco después, por circunstancias, ellos dejaron ese camino de manera tan activa. Mi madre sí seguía meditando, pero para mí siempre fueron sus asuntos, totalmente ajenos a mí, evidentemente algo me transmitía, pero yo lo adquiría de forma superficial, sin comprenderlo del todo, sin sentirlo. Siempre la vi como una persona muy superior a mí, así que di por hecho que jamás llegaría a su nivel. Así pasé mi vida, sintiéndome desconectada de mí y del mundo.


Cuando empecé a ser Suya eso empezó a desaparecer, entregarme me conectó a mí misma, pero cuando esa conexión fue fuerte llegué a las puertas de algo distinto. Las sesiones, los azotes, las bofetadas, el dolor, el sexo me empezó a traer otro tipo de sensaciones, más profundas, eran cosas extrañas, sentía que todo eso respondía a algo más pero no sabía qué era, estaba un poco perdida. Ahora sé que nada es casualidad, pero “por casualidad” en esos días fue el cumpleaños de mi prima y mi tía me dijo que debía hacer una cosa, era una meditación, una técnica para conectarnos con una onda cerebral más profunda que guarda recuerdos de otras vidas. Pensé que era un poco rollo, la verdad, pero soy una curiosa enfermiza y no tenía nada que perder, por probar no pasaba nada, sería pasar una mañana charlando con mi tía. Llegué esa mañana a su casa, era un día soleado de abril, no lo olvidaré jamás. Me senté en el sofá, mi tía se puso a mi lado, cerré los ojos y fui escuchando sus palabras, imaginando lo que me decía. He de decir que a pesar de que mi madre meditaba casi a diario yo no lo había hecho jamás, era reticente, me daba pereza… tras la meditación para conectarse con esa parte comenzamos a hablar. Es cierto que aunque tú tengas la sensación de estar normal, hablas de cosas de las que nunca has hablado y te repercuten de una forma distinta, pero tampoco fue algo que me impactara mucho, quizá podía ser que estuviese relajada y por ello me saliera hablar así. Tras un rato decidimos parar un poco a desayunar, aunque hagas cosas cotidianas se supone que sigues conectado con esa parte profunda de ti. Estaba comiéndome una tostada y charlando con mi tía sobre mi relación con Él, nada muy profundo, y de repente, como un golpe, una imagen vino a mí, fue un flash rápido, pero a la vez era una escena “larga”. Nos vi como dos luces, a Él y a mí, estábamos en un lugar anaranjado pero difuminado, y hablábamos sin hablar, Él me decía que yo necesitaba ayuda y Él me la iba a prestar, pero debía dejarme llevar, debía dejarme guiar… Todas las palabras que ponga ahora para explicar esa escena son añadidas, porque no hablábamos pero lo comprendí, pero no comprendido desde donde suelo comprender las cosas, tras un análisis de la situación, tras buscar posibilidades y quedarme con la que más me encaja, lo comprendí como si fuese una piedra que cayó sobre mí para no moverse más, sin poder dudar de su existencia, sin poder cuestionarme nada sobre ella. Jamás había imaginado eso, jamás había leído ni oído nada parecido… No puedo explicarlo, juro que no puedo. Aquel día mi vida cambió para siempre, la respuesta a por qué necesitaba entregarme estaba allí, era de locos, jamás la hubiese imaginado así, pero era esa, sin duda. Todo encajaba tan perfectamente, al fin podía dar explicación también a lo que sentí la primera vez que lo miré, por qué sentí que era el hombre de mi vida, por qué sentí una energía tan familiar, lo reconocí, supe que era Él porque lo conocía de antes.  Más tarde me llegó un libro sobre pactos prenatales, una persona en otra parte del mundo estaba investigando sobre algo que yo había sentido sin saber nada sobre ese asunto, es por esto que decidí sentir antes de leer, porque la certeza es distinta, el ego no puede confundirte dudando de si es real o es sugestión.


Aquel día una puerta se abrió, más bien explotó, lo que empecé a sentir y vivir a partir de ese momento es de película. Empezaron las “casualidades” extrañas, empezaron los recuerdos extraños, empezaron a llegar las certezas extrañas pero firmes… ese día dejé que saliera la Ángela escondida, esa que dejaba salir tan poquito, y ahora sé por qué, porque era una Ángela que me daba mucho miedo soltar. Pero esto es otro asunto…


Lo importante que quería transmitir es que el día que supe por qué necesitaba entregarme comprendí por qué decía todo lo que decía sobre sumisión, por qué me sentía ajena al BDSM, por qué para mí esto no iba de roles, ni de límites, por qué sabía que mi entrega solo podía ser Suya y de nadie más. Y es algo que sigo manteniendo con más fuerza aún, si algún día dejamos de estar juntos, por el motivo que sea, no podré pertenecer a otra persona, quizá pudiese tener pareja, pero no podría se sumisa de nadie, porque no soy sumisa, sólo necesitaba estar predispuesta a dejarme guiar por Él, porque así lo pactamos. No fue la entrega y después Él, fue la entrega por Él. La sexualidad solo es una parte de esa entrega, es una forma de facilitar las cosas, si Él no me dominase y yo no tuviese predisposición a darme todo sería mucho más difícil. Y esto también explica por qué me domina con esa facilidad, cómo me lleva donde quiere de una forma tan sencilla. Explica por qué desde que me domina soy más poderosa y libre, cómo ha ido limpiando ese manto gris que tenía mi alma, estaba sucia, perdida y atrapada, Él me ayudó, como prometió. Hay una frase de una canción de Depeche Mode, es una canción que le encanta “Welcome to my world”. Pues esa frase que tanto le gustaba es “I ride your broken wings” “Manejaré tus alas rotas” y es que así es como se siente y cómo me siento. Yo siempre me he visto como un demonio, pero Él me ha tratado como si fuese un ser precioso, un ángel que solo tiene las alas rotas y necesita que le marquen el camino porque lo ha perdido.


Esta es mi visión de por qué yo nací con la entrega en la sangre, pero os diré que estoy empezando a ver un patrón que se repite en muchas personas, son características que en principio parecen no tener relación pero que “casualmente” están ahí. Pero bueno, esto ya son otros asuntos, aunque puede que intente investigar en profundidad sobre ello.

lunes, 30 de enero de 2017

Traduciendo silencios

Disfruto - Carla Morrison


Es mágico tenerte a mi lado cada noche, notar tus pequeñas manos sobre mi cabeza los días que no puedo dormir, tus respuestas, esas que me cuesta creer, pero que me dan la calma que necesito a veces para vivir. Tu cuerpo es mi templo, ese en el que puedo pintar, ese que puedo arañar y morder, ese que puedo romper para reconstruir algo aún más bello. Te miro, tú dices que soy el responsable de lo que eres, y yo no puedo creer que algo tan hermoso esté hecho con mis manos humanas, si tú eres divina, si tú eres magia y sueño, si tú eres universo, un pequeño universo que a veces cuesta entender, un universo que a veces es belleza, a veces oscuridad, a veces vida y a veces destrucción, un universo que es mío pero a la vez desconozco, que controlo, me pertenece, o al menos yo lo porto.


Y no entiendo el mundo como lo haces tú, a veces tus lógicas no tienen ninguna lógica, a veces tu orden es un caos, pero quiero vivir rodeado de ti, quiero cerrar los ojos entre tus pechos que son estrellas, penetrar tu vientre y sentir la luna con la punta de mi polla, quiero perderme en tu sonrisa que es el sol. Noto el sabor del cielo cuando te muerdo, el sonido de la vida cuando gimes dolorida, cuando tu boca se abre un poquito por la queja, y entonces meto mi lengua en ella. Quiero perderme en el agujero negro que son tus besos, quiero vivir mirando la vida por la ventana de los misterios que son tus ojos. Y yo soy ciencia, yo soy matemáticas, pero tú rompes mis esquemas, no creo en magias, pero sí en la tuya, creo en ti, aunque tu lenguaje no sea el de las ecuaciones, aunque tu lenguaje sea el sentir. Llamas algo en mí, algo que a veces se traduce en fuerza para descargar sobre tus nalgas, en el oscuro deseo de sodomizarte, y otras se traduce en despertarte sonámbulo, amarte desde una parte que yo no sé que existe, pero que se despierta cuando mi mente se apaga. A veces se traduce en abrazarte fuerte cuando lloras, aunque el dolor que te provoca las lágrimas sea un dolor que no comprendo, un dolor que no sé de dónde viene. Pero te duele, te lo noto en el pecho, lo noto en tu llanto, no mientes, a mí no puedes, tus verdades borran todas las pizarras de los científicos que conozco. Y es que como dice la canción “tu locura es mi ciencia”.


Y es que veces te crees loca, y yo te digo que sí, que eres mi loca, esa que provoca cosas buenas en los demás, qué enfermedad hay que tratar cuando esa locura solo trae cosas buenas, si gracias a tus locuras la gente encuentra ánimo, qué más da si lo son o no. Pero te contaré un secreto, no creo que sean locuras, solo eres una persona que ve cosas que otros no podemos. Y yo sé que tengo suerte, porque yo entro en ti, duermo agarrado a tu teta, abrazado a esa magia que yo aún no veo, tengo suerte porque me agarras fuerte para llevarme contigo, a tu mundo.


Te miro, miro tu cuerpo, ese que me vuelve loco a mí, al final quizá seamos dos chalados, cada uno a nuestra manera. Las curvas de tu cintura me llenan de vértigo, son el tobogán de mis deseos, miro tu barriguita, esa que me gusta pellizcar, esa que te hace única para mí, porque eres la diosa de mis fantasías. Dices que quizá nos hicieran a medida, el uno para el otro, y te creo, porque tus pechos encajan perfectos entre mis manos, tus labios se amoldan perfectamente a mi polla, esa que se encaja al milímetro con tu vientre. Por no hablar de tu olor, da igual de qué parte de tu cuerpo sea, es tan satisfactorio el aroma a mora de tu cuello como el olor a puta de tu flujo. Toda tú me enciendes, quiero amarte, follarte, protegerte, quiero subirte sobre mis hombros y verte volar, te ves tan hermosa volando, son tan hermosas tus alas, esas que ya no están rotas, esas que me costó tanto reconstruir.


Ojalá pudiese decirte todas estas cosas, ojalá las palabras me salieran tan fluidas como a ti, pero no pasa nada, estamos hechos a medida y me lees la mente, tú entiendes todo esto cuando te digo que eres la mejor compañera que puedo tener, tú sabes qué siento cuando me huelo los dedos mojados en ti, tú sabes traducir mis silencios.


Cántame una de tus nanas, déjame envejecer a tu lado, dime que lo haré, dime que lo has visto, que lo sabes, que tu intuición te lo dice, dime que veré tu rostro lleno de arrugas, dime que tú verás el mío, dímelo. Si, como dices, hay más vidas, ninguna puede ser mejor que esta a tu lado. Me da miedo no recordarte en ellas, o recordarte y no tenerte, no sé qué asusta más.


Sabes amarme, yo sé amarte. Dime que existe lo eterno para que esto no acabe.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Entrega ciega y entrega absoluta

En twitter empecé a seguir a una chica que está muy triste, contaba su historia de cómo entregarse la había dañado, cómo había acabado rota por entregarse. Eso me hizo reflexionar y al fin comprendí por qué muchos se llevan las manos a la cabeza cuando digo que mi entrega es absoluta. El problema es que confunden entrega ciega con entrega absoluta.


Mi entrega es total y absoluta, como ya sabéis los que me leéis, pero jamás ha sido ciega. La diferencia creo que salta nada más poner los dos títulos juntos. Yo conocía muy bien a quién me entregaba, pero conocer con lo bueno y lo malo. Para mí el Amo puede ser un dios pero no lo idolatro, no es un ser perfecto sin defecto ninguno, es un hombre, al que venero al completo, siendo consciente de todo lo que Él engloba, lo bueno y lo malo. Una vez que conoces a una persona en profundidad es cuando te planteas si en conjunto te da la confianza como para darte entera. Para mí sus puntos débiles no son importantes, no me ponen en peligro, ni me hacen tener miedo a que me destruya a ningún nivel. La entrega no ha de ser ciega en ningún sentido, tienes que mirarlo a Él en todo momento pero debes mirarte a ti también. Entregarte no te exime de la responsabilidad de crecer, de hacerte fuerte, de encontrar tu poder, no es un poder que amenaza al Amo pues no pretende entrar en una lucha de dominio, ya que tú conscientemente y conociendo toda tu fuerza te entregas a esa persona. Y eso no significa que renuncies a ella, simplemente en ese caso y sólo con esa persona, pones tu poder a su servicio. La entrega ciega es la que no se hace preguntas, la que no investiga por qué cada uno hace lo que hace. Imaginemos que nos da un ataque de celos, la entrega ciega no se pregunta por qué nos da, simplemente lo pasamos mal el rato que sea, y cuando estamos más calmados nos volvemos a poner bien hasta que llegue el próximo mal rato y así. Ante un ataque de celos habría que preguntarse ¿Por qué me estoy sintiendo así?¿Acaso hay algo que me haga sentir insegura?¿Ese algo tiene que ver con Él o conmigo?¿Él hace algo que me haga desconfiar o es que yo aún no estoy lo suficientemente segura de mí misma?... El mal rato es el mismo, o peor, os lo advierto, pero el resultado es lo importante.


La entrega ciega no solo nos hace daño a los que nos entregamos, también se lo hace a quién domina, imaginad la carga que debe ser para alguien que lo sigan ciegamente, la carga de que te consideren perfecto, que le eches la responsabilidad total de todo lo que pasa contigo, por dentro y por fuera, volvemos a una de mis comparaciones favoritas: guiar o tirar, de la que ya hablé aquí. Somos compañeros de viaje, cada uno lleva su camino, no dejo que Él ande el mío, solo me guía, Él en su camino domina y yo en el mío me someto, pero tengo que tener los ojos bien abiertos porque tengo que mirar por dónde piso, disfrutar de las vistas del trayecto, sentir cada paso que doy, porque es mi camino, mi vida. La entrega absoluta se hace muchas preguntas aunque al final la conclusión sea: tiro por donde Él me dice. Pero eso es una conclusión no un juicio ciego y vacío. Porque, en mi opinión, la entrega ciega es una entrega vacía, una entrega autómata que acaba aburriendo, o incluso destruyendo, a ambos, no hay preguntas, no hay crecimiento. Y ojo, yo no digo que cada orden se cuestione, no digo que le haga mil preguntas, es un proceso interno, es un trabajo personal, es un trabajo de escucharnos a nosotros mismos, a veces la pregunta o la conversación conmigo misma sencillamente es: ¿Lo hago o no lo hago? Es el Amo, yo soy Suya, lo hago. Otras es: Me ha dado tal orden y algo dentro de mí se resiste ¿Por qué me resisto? ¿Es porque creo que la orden me puede hacer daño o es porque mi soberbia se está revolviendo? Etc… en mi caso acabo obedeciendo porque sé que estoy con la persona que tengo que estar y que sabe bien qué estoy preparada para afrontar, y porque tengo claro que quiero dar los pasos que Él me dice que dé, pero eso no significa que yo sea consciente de que me costó dar ese paso y del porqué me costó darlo.


Yo lo venero, pero no estoy ciega, sé cómo es, qué cosas me encantan de Él y qué cosas podría mejorar, es una persona como lo somos todos. Y sabiendo la persona que es decido entregarme de forma absoluta, jamás ciega.


Hace poco en twitter se generó otro debate, hablar de los defectos del Amo sí o no. En mi caso no voy a negar que me esté costando escribir ciertas expresiones en público, porque aunque yo lo conozca en todos sus aspectos no significa que tenga que airearlos, pero como defendían algunas personas, hay una especie de teatralidad en la entrega y el dominio, una teatralidad que hace que parezcamos actores de peli romántica todos guapos y perfectos. Eso hace daño a todos, le arrebata lo real a la entrega y al dominio, lo relega a fantasía y lo destierra de ser una forma de vida, porque nadie puede cumplir expectativas fantasiosas las 24 horas 7 días a la semana. No voy a hablar específicamente de nada, pero creo que sí es necesario escribir esto, recalcar que somos humanos y que ser Suya también pasa por cuidarlo a Él, aconsejarlo cuando me lo pide, ayudarlo cuando algo le cuesta, decirle con mi actitud: no tiene que ser perfecto, yo me entrego y lo amo tal y como es.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Bruja y demonio

Irresistible - Fall Out Boy


2016-09-26-11-40-12-1


Corre, corre despavorido por la calle, intentas huir de mí y no puedes. Corres lo más rápido que puedes y te piso siempre los talones andando con paso lento. No huyas cariño, es irresistible, mi poder es irresistible. Voy a por ti, quiero montarte como a un caballo salvaje, sentirme libre sobre tus caderas, contornearme en una noche infernal ¿De qué tienes miedo? ¿Qué puede pasar? Solo voy a enfrentarte a tu demonio, te follaré para hacerte recordar, para hacerte despertar, no huyas, no puedes escapar de mi hechizo. Las plantas arden en el carbón, el humo aromático invade la sala, qué puedes temer, son solo pantas, es solo humo, soy solo una mujer…


Corres y te persigo desnuda por la ciudad, notas mi presencia en tu nuca, notas mis pasos tras de ti. Dices que hago magia, que atravieso paredes, que me presento en tu dormitorio cada noche, que te asusto a través del espejo… yo te digo que la magia la creas tú, que aparezco porque allí me quieres, que mi cuerpo se hace etéreo porque así lo deseas, no atravieso ladrillos que tú no quieras que atraviese, no te toco sin tu permiso… pero me expulsas de tu cama, no quieres que me suba sobre tu polla, no quieres que la agarre y la saboreé. Te doy miedo porque no sabes qué puedo provocarte, a qué mundo te conduciré, no quieres que llene tu cerebro de dudas, no quieres que golpee tu cabeza contra mis certezas. Y me gritas que me vaya, me gritas en mitad de la calle. Y yo no hablo, solo te miro desnuda, estoy aquí porque tú me estás dando ese poder, el poder de atraparte, porque mi magia te resulta irresistible, me deseas, me quieres, necesitas poseerme. No eres más que mi demonio, ese al que debo darme, ese que provoca mis hechizos, ese que me saca de dentro el alma escondida, ese que me trae recuerdos de vidas lejanas. Me dices bruja y yo te digo que no hay bruja sin demonio, que solo te pertenezco. Y me llamas, como el Amo llama a su perra, y yo solo acudo a tu llamada. No soy yo quien te persigo, eres tú a mí.


Pero seré fuerte, lo seré por ti, volveré a aquel bosque del que no debí salir, me resistiré a tu llamada, no apareceré cada noche en tu cama, no atravesaré más ciudades. No te asustaré al mirarte al espejo, no verás mi reflejo en él, necesitas descubrir quién soy, quién eres. Te escucho llamarme, gritarme, suplicar que aparezca, tú no te oyes pero me llamas. Y me desgarro la cara de llanto por no poder acudir a consolarte, a perseguirte para que al menos me notes cerca. Arrancaré todos los árboles de este maldito bosque si es necesario, porque ninguno me retiene, me enterraré en el fango. No mi demonio, hoy no iré por ti. Las aves huyen cuando grito, nadie pisa esta tierra encantada. No mi demonio no me llames más, no puedo volver a perseguirte por la ciudad, si me quieres tienes que venir a buscarme.


Escucho un crujir de hojas, han pasado años, siglos… ese crujir no suena a nada que conozca, es una pisada, es tu pisada. Vienes a por mí. Y corro, atravieso todo el bosque, las ramas me van desgarrando la piel, la nariz me sangra, la saliva se desliza por mi comisura. Te persigo pero tú ya no huyes. Aparezco ante ti, desnuda, ensangrentada y sucia. Me haces un gesto. El animal me posee, me clavo de rodillas, me acerco a ti a cuatro patas, lentamente, exagerando los movimientos, mirándote profunda y lujuriosa, sé lo que quieres, llevabas siglos pidiéndomelo. Me tumbo y me abro. El barro salpica nuestros cuerpos, me muerdes te araño, parece que peleamos, es una lucha embriagadora y dura, me tiras del pelo, me abofeteas. Somos dos bestias luchando y amando. Somos dos seres controlando todas las fuerzas de la naturaleza en un polvo, un polvo mágico… Los hechizos brotan de mis labios, un idioma perdido y ancestral domina mi lengua. Me miras a los ojos mientras me follas, mientras emito esos sonidos que llevaban eones ocultos. Hablo tu lengua, mi demonio. Soy tuya, aquí me tienes, desgarra mi carne si así lo deseas. Yo seré fiel y leal, mis cánticos solo te cantarán a ti. Bailaré alrededor de la hoguera desnuda solo para ti, aunque tropiece y caiga, aunque arda en ella, renaceré solo para ti, más hermosa, más fuerte, más mágica. Juntos sacudiremos el mundo, despertarán los dormidos, hablarán los mudos, callarán los necios… Pero ahora follemos, follemos llenos de barro, follemos y disfrutemos de la conexión, de lo que significa hacer el amor, follemos y seamos uno. Aquí me tienes demonio mío, ya puedes arder en mis tripas, ya puedes retorcerte en mis entrañas, ya puedes quedarte en mi mirada.


Y ya no temo, ya sé que no volveré a sentirme desgarrada y perdida en este bosque, que incluso si te fueses te volvería a encontrar, no importa que te disfraces de hombre, o de mujer, de rico o de pobre, te encontraré pues una perra nunca pierde el rastro de su Amo, y yo soy una puta leal, una hechicera servicial, un ser poderoso, una buscadora incansable…


Me postro ante ti, ante usted Amo. Puede esconderse en la vida que desee que desde los lejanos siglos escucharé su silbido.


Pero ahora fólleme, fólleme que mi cuerpo se deshace entre Sus brazos, que mis cartas, que mi bola de cristal me dijeron que esto sería algo único, y se quedaron cortas.


Fólleme, soy Su bruja, Usted es mi demonio.

lunes, 25 de julio de 2016

Marcas

Miro su culo mientras lo azota, el rojo resalta sobre el blanco de su piel, rojo que mañana será un morado intenso, rojo que mañana será un bonito dibujo de líneas paralelas. Nos azotó por turnos, algunos de lo elementos que a mí me tocaron fueron de los más duros, y en mayor número… miro mis nalgas, mi culo presenta un leve rubor que mañana no será nada, que mañana se habrá desvanecido para siempre, como si no hubiese pasado, sólo mi gesto dolorido al sentarme nos recordará que yo también fui azotada.


Nunca me quedan marcas, en todos estos años creo que sólo en tres ocasiones las he tenido y han sido pequeños morados y tras varios días seguidos de azotes… es algo que me atormentaba, miles de preguntas se me pasaban por la cabeza: ¿Quizá me azota demasiado suave?¿Me duele horrores porque soy muy débil pero sus azotes son caricias?¿Creerá que miento cuando lloro de dolor?... y muchas cuestiones estúpidas más. El sentirme débil ha sido una tortura, veía las marcas que mostraban otras y no me lo podía creer… si yo casi me moría de dolor la noche anterior, hasta qué nivel hay que llegar para que queden esas marcas. Otro ejemplo de que las comparaciones son odiosas, que hacen daño, que te desvían de ti mismo y tus propios límites y sensaciones.


Llevo años dándole vueltas al porqué no me quedan marcas. Muchas de las preguntas se apagaron al ir a fiestas y ver azotar a otras, e incluso al ver lo que opinaban otras personas de cómo me azotaba Él al hacerlo en esas fiestas. La más significativa fue una en la que le dejaron usar un flogger para probarlo conmigo, al hacerlo a Su manera le criticaron que había empezado excesivamente fuerte. Yo no dije nada pero por dentro aluciné, a mí no me había hecho ni cosquillas. Siempre he tenido la sospecha de que Él es duro, y lo es porque el 80% de los azotes que recibo son castigos, porque el juego está bien pero mi entrega tiene un objetivo claro y único: crecer.


Todas estas cosas y más me daban vueltas y vueltas en la cabeza, sin conectar entre sí, aún había alguna pieza que no había descubierto que lo uniría todo en mi cabeza. Los que me conocen saben que no puedo vivir sin entender, sin crear una especie de teoría que quizá sólo me sirva a mí pero que me aclare el porqué me pasan las cosas que me pasan, el porqué siento lo que siento. Es por ello que los: “disfruta y vive sin más” no me sirven. Puedo estar años buscando la solución a alguno de mis dilemas hasta encontrar la paz con el tema que sea. Los que me leéis creo que ya os habréis dado cuenta, uno de esos dilemas que me habréis visto de manera más evidente era mi conflicto con el dolor, el porqué lo necesito si no me da ningún tipo de placer. Este es ya un asunto resuelto y el de las marcas va por el mismo camino.


Hace unas semanas pude ver cómo otro culo se marcaba al recibir los mismos azotes que yo, de una manera muy evidente y duradera. Mi culo estaba intacto, yo estaba angustiada por el tema, necesitaba encontrar la solución de una vez. Entonces decidí abrir un poco más mi campo de visión, estaba quedándome demasiado en la superficie. Decidí observarme, ver qué quería enseñarme la vida, o qué aspecto negativo de mí dejaba de potenciarme al no tener marcas, y entonces la evidencia apareció ante mis ojos.


Siempre he dicho que he tenido dentro dos Ángelas muy diferenciadas, cada una con unas cosas buenas y malas que se oponían de manera muy clara. En este caso me centraré en mi lucha entre mi Yo profundo y mi Yo superficial. Siempre me ha torturado considerarme una persona profunda, que busca espiritualidad y trascendencia más allá del cuerpo pero a la vez ser tremendamente superficial, demasiado preocupada por el cuerpo, el físico y las pertenencias materiales. Ahora esa lucha no es tan marcada, mi Yo superficial se ha equilibrado mucho y menos mal. Pues bien creo que el hecho de no tener marcas tiene mucho que ver con esto. Él siempre me ha querido hacer crecer, es duro porque es la manera que tengo de hacerlo, es lo que le pedí, ese era el objetivo principal de mi entrega. Por ello me duelen los azotes horrores pero necesito el castigo, y precisamente por eso no me quedan marcas después, porque eso hubiese sido un peso para crecer, verme las marcas al día siguiente, poder presumir de lo mucho que me han azotado y que yo he aguantado, poder presumir de buena sumisa es superficial, lo hubiese utilizado para desviarme del objetivo, me hubiese hecho distraerme y no reflexionar del porqué de esos azotes, del porqué hago lo que hago, y Él hace lo que hace. Hace un tiempo mi amiga me golpeó con una de sus frases, de esas que se te quedan en la mente porque sabes que no has terminado de entender y notas que debes aplicártela: “Las marcas son ego, punto”. En ese momento lo medio entendí, además se lo apliqué a los dominantes exclusivamente, algo de mí no quería escuchar que sólo quería tener marcas para presumir, para reconfortar a mi parte superficial, que quería marcas para, como siempre, buscar que cosas externas me digan las cosas que debería decirme yo misma, para darme la seguridad que debería nacer de mí misma. Quería unas marcas que me confirmaran que soy fuerte, que me esfuerzo, que me entrego… en vez de confiar en ello desde mí misma. Necesitaba esas marcas al igual que siempre he necesitado que me digan “Eres guapa” para creer que lo soy en vez de confiar en lo que veo en el espejo, en cómo me siento yo.


¿Estoy diciendo que creo que mi cuerpo nació con esa característica tan concreta con un fin ya establecido? Sí. Llevo unos meses en que no paro de tener evidencias de que venimos a cada vida con un fin y nacemos con las herramientas necesarias para conseguirlo. Entiendo que sea difícil de comprender, que lo sencillo sea creer que es una casualidad, que nací con una circulación sanguínea portentosa y que no tiene nada que ver con nada más. Lo entiendo, y no busco que me deis la razón, yo sólo sé que mi explicación me ha dejado en paz, en mi cabeza encaja perfectamente, que en mi forma de entender la vida encaja perfectamente… Y estoy contenta, hace unos meses no habría escrito esta entrada, por miedo al "qué pensarán", pero esto me demuestra que cada vez necesito menos que me confirmen las cosas desde fuera para confiar en lo que siento, cada vez necesito menos que me digan “Eres guapa” para sentirme realmente así.

jueves, 28 de abril de 2016

Desear y vivir

Si algo he aprendido en estos años es que a veces lo que deseas, en la realidad no es tal y como lo imaginaste. Que desear no es lo mismo que vivir. Hablo de muchas cosas, no solo a nivel de entrega, es algo que podemos aplicar a todo. Yo antes veía las películas de época, las señoras nobles con esos vestidos tan pomposos, esos corsés ciñéndoles la cintura… me decía lo bonito que hubiera sido nacer en aquellos tiempos. Pero luego llega el día en que te pones un corsé de verdad, rígido pero no tanto como lo eran en esa época y no ves el momento de quitártelo. Pues en todo pasa igual.
En cuanto a la entrega lo he sentido así desde el primer momento. Lo primero que le dije a mi Amo que necesitaba era una bofetada, había fantaseado con ello durante años, cuando me la dio no fue tan maravillosa, me picó la mejilla, me zumbó el oído y las ganas de responder con otra se me agarraron en el estómago. Y poco a poco conforme fuimos avanzando toda fantasía fue sustituyéndose por la cruda realidad. Una frase que me define muy bien es “Nadie me dijo que los azotes dolían” y es cierto, nadie me lo dijo. Sólo los había visto en Historia de O y ni siquiera se llegan a ver, solo los asociaba a mi necesidad, a eso tan maravilloso que era para mí entregarme a alguien. Mis padres nunca me pusieron la mano encima y jamás me castigaron, por lo que yo no sabía a lo que me iba a enfrentar cuando lo pedí. Los primeros azotes fueron un jarro de agua fría, nada de lo que imaginé era tan excitante, al revés, era doloroso. Creo que ese ha sido el origen de mi eterno conflicto con el dolor, tengo asumido que los azotes no me deberían doler pero sí duelen, y mucho. Ahora que ya sé por qué necesitaba entregarme, también entiendo que no sea masoquista, pero hasta ahora ha sido una tortura, como sabréis los que me seguís desde hace más tiempo. Ahora entiendo que yo necesito que los castigos castiguen, que los dolores duelan, pues necesito que cumplan su objetivo: corregir. Por qué me excitaban entonces desde niña, sinceramente creo que es porque, si no me hubiesen atraído como una oscura campaña de marketing, directamente no los hubiese buscado, no me hubiese metido en todo esto, y no me sentiría tan libre como me siento hoy por hoy.
Cuando he preguntado a alguien por qué me lee, en algunas ocasiones me han contestado que porque soy sincera, porque no hablo de la entrega solo como algo idílico y maravilloso, y me alegra oírlo, me alegra ser la que avise de que los azotes duelen. Y es que no faltan por estos mundos idealizaciones, frases que elevan el dolor como un éxtasis mágico, yo no digo que eso no exista, pero no para todos o no como lo comprendemos. A mí el dolor me provoca cosas, me saca emociones, pero precisamente porque duele, porque es duro. Y ya no solo el dolor, no me canso de ver frases, imágenes y demás que se toman los castigos como parte de un juego. Quién no ha leído alguna vez o ha imaginado que el Amo la castiga durmiendo a los pies de la cama. Yo misma cuando lo leía quería vivirlo, hasta tal punto llega la idealización que lees un castigo y lo deseas, olvidando que si es un castigo conlleva una falta previa, no te das cuenta pero lo que estas deseando es fallar para ser castigada. En esto me enorgullece hablar en pasado, ya no lo deseo, podría vivir perfectamente sin dolor o castigo, pero claro, evidentemente no depende de mí.


Hace unas semanas cometí una de esas faltas, había sido vanidosa y soberbia, el Amo se enfadó conmigo, me preparó una manta, una almohada y un edredón a los pies de la cama. Estaba viviendo eso que tanto se idealiza, dormir a los pies de la cama como una perra, quizá es que no soy una buena perra porque no me gustó, no quería estar ahí, quería estar con Él, sintiendo Su cuerpo, a Su lado, y no en el suelo tan cerca y tan lejos de Él. Lloré y lloré muy angustiada y no puedo describir lo que sentí cuando escuché su respiración acompasada, cuando fui consciente de que se había dormido, que aquello no era un juego de un rato, cuando me di cuenta de que todo esto es real, que si te castigan es porque has fallado de verdad, es porque algo debes cambiar de verdad. Quiero que seáis muy conscientes de que siempre hablo desde mi propio conocimiento, desde mi experiencia, desde saber cómo es mi Amo. Si Él te castiga es con un motivo real, quizá las faltas leves se transforman en simples azotes, pero si te castiga de otra forma, de una de esas formas que te hacen reflexionar y angustiarte, ten por seguro que es porque algo debes cambiar, que es porque ha visto algo en ti que no le ha gustado realmente, algo que enturbia todo lo bueno que tengo. Por ello estando a los pies de la cama, sintiéndome tan angustiada entendí muchas cosas, una de ellas es que no somos conscientes de lo que deseamos, de lo que idealizamos ciertas cosas. Yo no os voy a decir que esto es fácil, yo no os voy a decir que es bonito dormir en el suelo a los pies del Amo ¿Por qué lo hago? No lo hago, me dejo hacer, simplemente me dejo guiar porque le pertenezco, porque lo que sí es maravilloso es que te despierte cuando amanece y te deje volver a Su lado, y es maravilloso no solo por volver a sentir Su calidez o Su respiración en la nuca, es maravilloso porque has aprendido una cosa más, te has quitado un nuevo peso de encima, porque vuelves a la cama más liviana, menos soberbia, más libre. Eso sí es bonito.

jueves, 21 de abril de 2016

Todo empieza a encajar

El aire huele a limpio, tenemos la ciudad a nuestros pies, nos sentimos los reyes del mundo en aquel campo de olivos, en nuestra manta. Solo tenemos una mochila con bocadillos y agua, nos besamos, nos lamemos tenemos la certeza de que es dónde tenemos que estar. No somos más que unos críos de 17 y 20 pero cuando nos besamos sabemos más que nadie, pues sabemos de nuestra unión, sabemos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuando era niña mi padre me llevó a aquel sitio y juntos hicimos un círculo de piedras, un cículo mágico con la fe de que en él se concentraba toda la energía del universo. No se lo dije a mi padre pero me prometí a mí misma que engendraría a mis futuros hijos allí, eso no ha ocurrido pero sí he hecho el amor con el padre de mis hijas allí tantas veces que no las recuerdo.


Tenía 17 años, olvidé aquello pero allí estaba en aquel campo, quién sabe si en el mismo lugar, con un chico que apenas conocía de dos semanas jugando, tocándonos, amándonos a pesar de lo poco que nos conocíamos. A veces creemos que las cosas suceden y nada más, sin sentido alguno, que acabamos restregando nuestra carne el uno con el otro en aquel campo porque fue el único que se nos ocurrió, porque fue el que nos pillaba más cerca, pero no es cierto, en aquel campo nos sentimos, nos desnudamos y nos amamos, nos besamos, nos mordimos, nos sonreímos, nos olimos y nos reímos. Vimos el sol ponerse, vimos nuestra vida sin darnos cuenta. Qué tonta fui al no darme cuenta, la adolescencia es compleja, renuncié a mi espiritualidad, renuncié a esa sensación que tenía desde niña de que todo era magia. Y lo peor es que lo vi, cuando giré la cabeza y lo vi por primera vez vi Su magia, pero aislé esa sensación como si fuese anecdótica, como si no fuese algo más que algo bonito que contar.


De niña buscaba duendes y hadas bajos las flores, es algo cierto, siempre busqué y busqué, quería esa magia. De niña quería entregarme, siempre lo supe. Creí que eran cosas aisladas, creí que eran dos Ángelas distintas, una buscando magia y la otra buscando carne, pero qué equivocada estaba. Lo entendí todo al revés. No es que necesitara entregarme a alguien en general, no es que necesitara esa sensación para vivir y que tendría que encontrar a una persona afín. No es que buscase duendes porque sí, no es que supiera que la magia existe por los cuentos que leía, es que lo sabía, sabía que debía buscar algo concreto, un ser concreto.


El mismo día que decidí que no quería saber nada más de los hombres, el mismo día que decidí renunciar a mi búsqueda de entrega, pues entregar mi carne había resultado ser demasiado triste, ese mismo día giré la cabeza y vi Su sonrisa, y sentí lo que sentí, una magia poderosa, algo que me decía que al fin había encontrado a mi ser mágico bajo el trébol.


Ahora no vale de nada lamentarse, pero si hubiese confiado en lo que mi interior me decía hubiese entendido que no nací sumisa, que no era algo que formase parte de mí como característica personal, pues yo siempre supe que era algo mucho más profundo, siempre supe que era algo más. Lo entendí todo al revés, no era sumisa y me encontré a una persona que era Amo sin saberlo, no, nací sabiendo que me entregaría a alguien, que Él aparecería y tendría que entregarme pues no había otra manera de aprender lo que debía aprender, no había otra manera de arrancar todo el peso que arrastraba. No me dí cuenta pero desde niña me preparé para Él, con nombres y apellidos, nací predispuesta a entregarme pues ÉL aparecería para dominarme. Encontrarnos era un pacto que venía de lejos.


Y ahora entiendo por qué tuve esa “suerte” de encontrar a la primera al hombre que sabría guiarme perfectamente y de una manera tan segura. Él nunca supo que quería dominar pero, en cuanto yo la llamé, Su parte dominante apareció tremenda, segura y sin dilación. Él sabía cómo llevarme como si llevase años preparándolo.


Lo llamo Amo porque me siento Suya, pero he dejado de sentirme sumisa o esclava, ahora solo me siento Yo, viviendo la vida que tenía que vivir, dejándome llevar como prometí que haría y dándole amor y entrega a cambio. Lo llamo Amo pero ya sé que no lo es, es algo mucho más importante, Él no lo sabe pero yo sí, es un Guía, hermoso y ancestral, es un ser único que decidió ayudarme a otro nivel.


viernes, 1 de abril de 2016

La Iglesia del BDSM

Es algo que me planteo constantemente: ¿Por qué el BDSM me da tanto coraje? ¿Por qué no puedo dejar de sentir que es una comunidad, por mucho que me repita que esa comunidad no existe? Pero es que sí existe, ya que todos hablamos como si fuese real, para bien o para mal. El BDSM es una serie de definiciones y conceptos, el BDSM es un conjunto de personas que asumen eso como real, como cierto y prácticamente inamovible. El otro día andaba indignada, a mis amigas les hace mucha gracia escucharme así, y a mi me desahoga mucho soltar uno de mis monólogos indignados. Así que les mandé un audio expresando mi malestar. Me dijeron muchas cosas, cosas que me calmaban superficialmente pero no llegaban a responder mi eterna pregunta. Una de ellas hizo una asociación entre el BDSM y la Iglesia y entonces todo encajó, al fin pude definir por qué me sentía así ante el BDSM.
Entré en un colegio religioso con 2 años y salí con 14. Salí por mi propia decisión, necesitaba hacerlo ya que empezaba a ahogarme. Uno de los motivos más importantes fue porque mi forma de entender la vida, de entender la espiritualidad, chocaba demasiado con la Iglesia y lo que allí me enseñaron. Yo tengo mi fe, creo en algo a lo que a veces llamo Universo, otras veces Vida, podría llamarlo la Diosa Madre, o Dios… da igual cómo lo nombre. Creo en una energía, algo invisible e intangible de lo que formamos parte, no es algo ajeno a nosotros, no es como una persona superior que nos crea, nos maneja o nos castiga. Pero bueno, eso es otro tema, a donde quiero llegar es que siempre he estado en conflicto con la Iglesia y no por ser atea, he chocado con la Iglesia por querer unificar un sentimiento, por querer llenarlo de ritos obligatorios para llegar a esa espiritualidad. Entiendo a las personas a las que esos ritos las acercan a ese sentimiento, ya sea rezando un rosario, como orando en la iglesia… pero lo que me da coraje es que haya la sensación de que sin la Iglesia ese sentimiento espiritual no existe o no puede ser vivido y alcanzado. Es como si quisieran unificar esa espiritualidad que cada uno siente de su manera, en una sola forma de vivirlo, de verlo, y encima añadir dogmas, prohibiciones, castigos… frases del tipo “Eres bueno porque vas a misa””Eres malo porque has tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio” pero qué tonterías son esas, que yo sepa los humanos nacimos desnudos, sin ritos ni dogmas, los humanos nacimos animales e instintivos, y una cosa es evolucionar y otra muy distinta dejarnos controlar por interpretaciones absurdas de hombres y perder con ello nuestra naturalidad. Cuando era niña y le decía a las monjas mis conflictos con la Iglesia y mi fe, les hacía preguntas “tontas” que no me terminaban de cuadrar del tipo: "Si existe el infierno y las personas que no son buenas y no siguen las normas que, según la Iglesia, dictó Dios “el único y verdadero” ¿Todos los hombres y mujeres de la prehistoria están allí por no haberse casado pero sí haber tenido hijos?” Ay, qué tiempos aquellos, las volvía locas y sus caras eran un cuadro, pobres…


Pero volviendo al tema que nos ocupa, me he dado cuenta de que el BDSM me provoca la misma sensación que la Iglesia, intenta hacer tangible lo intangible. Intenta definir un sentimiento abstracto, intenta atraparlo en prácticas y dogmas, en normas y prohibiciones… intenta monopolizar sentimientos parecidos pero a la vez muy distintos. Al igual que pasa con la espiritualidad, la entrega se puede alcanzar de mil maneras distintas, aguantando el dolor de los azotes, de las agujas, callándote cuando te lo ordenan, obedeciendo sin chistar, siendo un apoyo incondicional, dejando que te sodomicen… da igual, es un sentimiento, algo que no se ve y que cada uno lleva a su manera, las prácticas ayudan a hacerlo más presente e intenso en algunas ocasiones, pero sin ellas sigue existiendo.
Me habréis oído decir muchas veces que no formo parte del BDSM y muchas personas me han insistido en lo contrario, pero ahora tengo más claro que nunca que por estar dominada y vivir una D/s, por querer entregarme, no formo parte del BDSM, no con lo lleno de normas, rituales “obligatorios”, definiciones, patrones y clichés que hay en él, de la misma manera que creer en Dios no te hace automáticamente miembro de la Iglesia.
Voy a seguir viviendo mi espiritualidad a mi manera y usaré palabras como Universo, Dios, Vida, Fe… cuando sea necesario, pero por mera comunicación, al igual que usaré D/s, Amo, sumisa, esclava… Y es que al final siempre llego a la misma conclusión: no sé hasta qué punto las palabras fueron evolución, sólo consiguen encasillarnos y delimitar lo que no debe ser limitado, intentan unificar algo tan subjetivo como son los sentimientos. Las palabras son el verdadero problema de comunicación entre personas. Pero voy a ser justa, no atribuiré a las pobres palabras la culpa de la manía humana de intentar atrapar todo con ellas, de controlarlo todo, aún sabiendo que pierde muchos matices y sensaciones increíbles con ello.

martes, 1 de marzo de 2016

Mis etapas (1ªparte)

Si miro hacia atrás y analizo cómo he evolucionado como sumisa (no me gusta llamarme así pero me resulta más sencillo para explicarme) me doy cuenta de que ha ido muy ligado al proceso de Él como Amo.
Cuando le dije que quería que me dominara no utilicé las palabras Amo y sumisa, yo aún no sabía de esos títulos, yo solo quería dominación y entrega. En aquel momento era tan ilusa que creía que con reproducir los gestos con los que había fantaseado toda mi infancia sería suficiente. Había idealizado lo que es pertenecer, cada noche durante 21 años había imaginado una situación distinta en la que me sometían y que quería reproducir. Pero no fue tan fácil. Él al principio no sabía nada de lo que yo deseaba, me dijo que fuese mostrándole a qué me refería. Nuestra historia D/s comenzó de forma muy intermitente, nos tirábamos un tiempo reproduciendo esas escenas para volver a nuestra situación anterior. En esa época descubrí dos cosas: la primera es el miedo al “teatrillo” y la segunda el miedo a que Él no quisiera dominarme realmente, el miedo a que forzara una actitud por mí. Ahora veo las cosas con perspectiva y me doy cuenta de mi egocentrismo. Mi error en aquella época fue pensar que la única que necesitaba un proceso, la única que necesitaba una actitud por parte de la otra persona era yo. Yo exigía dominación natural pero no daba sumisión. En mi primera época fui una “sumiprincesa”, intenté dominar desde abajo, intenté que Él se convirtiera en mi Amo soñado, no contemplé en ningún momento que Él estuviera sacando su parte dominante y que empezara a tener claro qué quería. Cuando pasaron unos meses Él se sentía cómodo dominando, aunque sólo se materializaba en forma de pellizcos cuando decía algo que no le gustaba y azotes esporádicos. A pesar de que ahora vea mis errores, nuestra primera etapa fue bonita, digamos que fue la etapa en la que maté mis deseos infantiles, materialicé muchas de las situaciones con las que había fantaseado siempre.
Un día estaba de rodillas en la cama, no sé por qué le estaba diciendo que no tenía en cuenta qué deseaba yo, que así no había imaginado que era la sumisión… Él me dijo que Él era el Amo y que era yo la que tenía que adaptarme a Sus gustos, no al revés. La época de la sumisa que intenta transformar al hombre en su Amo soñado había terminado. Él ya aprendía solito y, debo decir, que ahí empezó lo más duro. Empezó mi segunda etapa. Esta segunda época como sumisa fue muy dura porque dos circunstancias chocaron: por un lado Él ya sabía qué quería como Amo, qué esperaba de mí, y por otro yo descubrí twitter, descubrí una comunidad con unas características. Estas dos cosas enfrentadas me causaron muchos conflictos internos. Era la lucha entre pertenecerle a Él o pertenecer a esa comunidad. A veces sentía que tenía que escoger, que empezaba a construir mi identidad como sumisa y que quizá había prácticas o situaciones que con Él no probaría nunca y yo, cómo no, tenía curiosidad… fui una niñata superficial olvidando que la base de todo era que quería pertenecer de una manera profunda y que, en ese tipo de entrega, las prácticas eran lo de menos. Han sido muchas las veces que he leído eso de que no puedes renunciar a lo que quieres como sumisa, pero mi duda siempre llegaba en el momento que pensaba: si a nivel profundo he encontrado al tipo de hombre que deseo ¿Tengo que renunciar a Él porque no me haga X o Y? Era un círculo vicioso, fue una época dura porque Él veía que no me entregaba de la manera que me pedía, que deseaba y anhelaba cosas que Él no iba a darme... A mí, eso de que supiera lo que yo deseaba y no me lo diera, me sacaba de mis casillas. Olvidé que lo primero que pedí es un Amo, un Amo de verdad. No se me olvidará que, por aquella época, tuiteé aquello de: “Ten cuidado con lo que deseas, corres el riesgo de que se cumpla”.


Continuará...

viernes, 6 de noviembre de 2015

Qué hemos hecho bien

La letra de esta canción es perfecta para esta entrada. Si vais a amar a una persona, amad todo de ella, sino dejádla ir...


John Legend - All of Me


Parece mentira cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando empezamos este proceso, cuando empezamos a ser verdaderamente nosotros. Pero ya hace 7 años de aquello y ahora me parece un sueño lo que vivo, esto ha superado con creces mis expectativas y parece que cuando estamos en esta ensoñación olvidamos que no siempre fue así, que muchas cosas pasaron por el camino, muchas lágrimas derramadas, muchas angustias, muchos momentos en los que creía que todo se iba a la mierda. Pero aquí estamos, con una relación sólida y con futuro, por pasarnos nos ha pasado de todo, a estas alturas creo que lo único que puede acabar con lo nuestro es que se canse de mí. Analizo cómo hemos llegado hasta aquí, habrá muchos pasos mal dados, pero también aciertos. Qué es lo que nos ha funcionado, cuál es nuestro secreto… hay varias cosas que creo hemos hecho bien, por un lado creo que siempre hemos estado unidos, hasta en las discusiones, si en cuanto surge agún problema nos individualizamos, apartamos al otro, no lo dejamos participar de nuestras angustias, si cuando nos peleamos vemos al otro como enemigo estamos perdidos… Este fue mi error durante mucho tiempo, cuando surgía una discusión o estábamos en desacuerdo en algo creía que era posible que acabara en ruptura. Pero Él me enseñó que no, que las discusiones son discusiones, son situaciones que todos vivimos, que no le pareciera algo bien no significaba que quería acabar conmigo, que los momentos malos también existen dentro de la felicidad. Creo que es importante que también nos hemos dejado ser personas. En general somos muy conscientes de la debilidad humana, de las carencias, sabemos que nadie es perfecto, pero a la hora de la verdad es lo que le exigimos a los demás, sobretodo a nuestras parejas, no nos permitimos ni una sola debilidad. Sería algo así: "Sí, yo sé que los humanos podemos ser orgullosos pero tú no puedes serlo, porque tienes que hacerme feliz y feliz me haces cuando dejas de ser humano y eres perfecto". Hablo de las personas en general, pero en las relaciones D/s creo que está aún más marcado. Queremos una relación D/s en nuestras vidas, pero obviamos que en esa frase está la palabra “relación”. Veo sumisas y Amos buscando a la sumisa y al Amo perfecto. Una absurda fantasía. Creo que por eso las sumisas suelen preferir a Amos mayores y con muchos años de experiencia, como si esos años lo hubiesen convertido en EL AMO sin carencias ni defectos, en ningún sentido. No toleramos la “debilidad” dominante. Si no aceptamos que esto va a ser un camino juntos, que ninguno de los dos es perfecto, que surgirán discrepancias, momentos duros, si no nos permitimos equivocarnos no habrá camino juntos, o no será muy largo. La unión y la confianza entre un Amo y una sumisa ha de ser lo más intensa posible, lo que implica sinceridad absoluta, el Amo debe confíar tanto en ti como para sentirse igual de cómodo enseñándote sus fortalezas como sus debilidades, porque las tienen, todos las tenemos. Pertenecer es duro, pero me imagino a un Amo manteniendo el tipo, guardándose sus angustias para sí mismo, creyendo que tiene que ser un personaje perfecto siempre y realmente me da pena, eso no es vida. Mucho hablamos las sumisas de lo que nos gusta que nos protejan, de que nos abracen y nos digan que todo irá bien ¿De verdad creéis que eso no es una necesidad que tiene todo el mundo, sea cuál sea su raza, su sexualidad, su posición…? Es cierto que mi Amo ha necesitado muchas menos veces que yo ese consuelo, pero lo he amado igual o más cuando lo he acurrucado en mi pecho y le he asegurado que nada va a pasar. Si después de eso vuestra mirada hacia el Amo cambia, si lo creéis más débil por tener una necesidad humana de cariño y protección, entonces os pediría que dejaseis de buscar Amo, nunca vais a entender el significado de estar unidos, puede que destrocéis a quien se os acerque. Suelo ser condescendiente con muchas cosas, pero con esto no. Yo veo y siento a mi Amo como un dios, pero soy muy consciente de que no lo es.
Y por último hablaré del poco a poco, de los pasos del camino. Cuando le confesé lo que era y Él aceptó intentar este tipo de relación, fui tan idiota de pensar que al día siguiente todo sería como en mis sueños, protocolos, perversiones… pues no, todo fue muy lento porque así es Su ritmo , le gusta asentar bien antes de avanzar más. Mi impaciencia me volvía loca, pero Él tiraba de mi correa “Quieta perrita, despacito” así me he sentido estos años. Ahora Su dominio lo inunda todo, pero no fue así desde el principio. Los protocolos han ido apareciendo muy lentamente. Creo que hasta que no llevamos cuatro o cinco años de relación D/s el “Usted” no apareció. ¿Y siempre fuimos a mejor, a más? No, también tuvimos que dar pasos atrás. Hace poco esto mismo lo decía una pareja en twitter y sinceramente me alegré por ellos, si eres capaz de ver que ante un muro no hay que estrellarse y acabar con todo, sino que hay que dar unos pasitos atrás, analizar bien el muro para saber cómo pasarlo juntos, si eres capaz de eso, es que vas por muy buen camino, es que estás en una relación real en la que, más que los protocolos y los nombres, valen las personas, sabéis que queréis estar juntos y que juntos encontraréis la manera. Pero voy a otra pregunta ¿Por qué tenemos tanto miedo a equivocarnos?¿Por qué queremos un seguro de que todo saldrá bien para dar cualquier paso?¿Es que la vida nos arrea con una espada y en cuanto echamos marcha atrás nos la clavamos? No, no pasa nada, el conocimiento real no está en los libros, está en el ensayo y error. Aunque tengo una buena noticia para todos aquellos valientes que quieren atreverse y vivir sin miedo a tener que recular en algún momento: los pasos atrás no existen, no existen porque los que vuelven a la casilla anterior no son los mismos, ni sus circunstancias tampoco. Imaginemos a un investigador médico buscando una cura para una enfermedad. Sabe que parte de la fórmula está bien y le añade un nuevo ingrediente que cree funcionará. Pincha a la rata enferma y la rata muere. Tiene que volver a la fórmula inicial, pero ya sabe qué ingrediente no funciona, ya ha experimentado el error, ya sabe qué razonamientos equivocados lo llevaron a él. Conclusión: en la vida nunca se dan pasos atrás, sólo hay dos opciones, quedarte atascado o seguir adelante. Imaginemos al mismo investigador rompiendo probetas lamentándose de haberse equivocado, lamentándose de la rata muerta, jurando que no volverá a intentarlo por miedo a volver a errar... si elige esta opción es suguro que jamás encontrará la fórmula correcta.
Nosotros dimos “pasos atrás”, hubo un momento en que me dijo que no le llamase Amo, que no le hablara de Usted ¿Sabéis lo que me dolió? No dejó de dominarme del todo, pero quiso quitarme de la cabeza mis tontos patrones. Lo pasé muy mal, creí que todo había acabado, que volvíamos al principio, la misma sensación que cuando en la oca caes en la muerte y vuelves a la casilla de salida pero con una desilusión y desaliento reales. Ahora con la perspectiva del tiempo sé que no sólo no fue un paso atrás, sino que fue un gran paso hacia delante.
La moraleja de todo esto (y la digo sabiendo que también me la tendré que repetir a mí misma de vez en cuando): Dejad de imaginar la vida perfecta, sin sufrimientos, desilusiones, obstáculos, con el Amo perfecto que te guía sin vacilar, que jamás decae, que no sufre, que no se angustia, dejad de imaginar la vida que creéis os hará felices… y vivid.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La entrega

La entrega ¡Vaya cosa! Todo el mundo se entrega a algo, pero en BDSM la entrega es realmente importante, algo fundamental, perdonádme que sea tajante en esto: sin entrega una sumisa no es sumisa.


¿Qué es la entrega? La entrega es un sentimiento, no una sensación, un sentimiento. No la podemos buscar fuera, debe salir de nosotros, no querer que nos lo provoquen.
Dicho esto diré que hasta hace muy poco andaba un poco loca con este tema. Más bien no tenía bien definido este sentimiento en mi interior, como siempre había dos tendencias en mí. Una, la que me decía esto, y otra, la superficial y caprichosa que fantaseaba con sesiones durísimas creyendo que era la única manera de agrandar ese sentimiento mágico.
La semana pasada tras un castigo durísimo que ya os contaré, justo al día siguiente andaba revuelta ordenando pensamientos y sentimientos, le daba vueltas a la lección que debía aprender. No sé si os ha pasado que a veces la respuesta es muy simple pero necesitas que alguien ajeno te la diga. Pues casualidades de la vida ese día fuimos mi madre y yo a comprar ropa. Cuando acabamos nos tomamos una coca cola light como siempre hacemos. “Ángela, puedo hacerte una pregunta?” Cuando mi madre me dice eso me echo a temblar, sus preguntas siempre preceden grandes cambios en mí. "¿Tú estás bien con todo aquello (BDSM) que me contaste? Es que te he notado triste últimamente y creo que es por eso, además me da miedo que te hagan daño…” Supe que era el momento de profundizar un poco más en el tema con ella. Le conté todo, le conté mi visión sobre el BDSM. Fue una conversación increíble, mi madre es genial, y es la que tiene la respuesta a muchas de mis preguntas. Le dije que a veces me angustiaba porque necesitaba que Él tuviera ciertos comportamientos más duros, básicamente que querría que estuviera todo el día haciéndome putadillas, que no entendía porqué no lo hacía, que y si no sentía todo esto de BDSM… y entonces mi madre me hizo una reflexión que más bien fue una patada en el estómago, la patada que necesitaba: “ Por todo lo que me cuentas, y porque te conozco, creo que Él no necesita estar poniéndote a prueba para sentir tu entrega, Él sabe que eres Suya en cualquier situación, cotidiana o no. El problema está en ti, quizá eres tú la que no para de demandar situaciones que te hagan sentir tu entrega, porque por ti misma aún no eres capaz” Joder, qué dolor y qué alivio. Tiendo a culpar a los demás, a exigirles que me hagan sentir esto o aquello, y no sé cómo fui tan tonta de pensar que en BDSM sería distinto.
Esto me tiene reflexionando casi a diario, me siento liberada, cuando encuentras el fallo ya es fácil distinguirlo y neutralizarlo. Por ello para mí es fundamental trabajar la entrega fuera de las prácticas por diversión, no quiero confundirme, no quiero creer que la entrega es cuando me azota y me aguanto sin moverme. La entrega es mucho más que eso, es algo a sentir incluso cuando no te están haciendo nada. Que sí, que es algo que ya sabía, pero necesitaba separarlo aún más, porque si no, veía a otras sometiéndose a prácticas que yo aún no soy capaz y me sentía inferior por el simple hecho de soportarlas, no por la entrega real.
Yo veo la entrega como un camino en el que avanzas de manera ascendente, y las prácticas como algo en lo que avanzas de manera horizontal, no sé si me explico. Una persona que esté superando cosas poquito a poco, que aún esté empezando y soporte 10 azotes puede estar más entregada que otra que aguante 100. Y al revés también. O estar al mismo nivel de entrega.
Y ahora haré una reflexión que también he conseguido desgranar. Entiendo que como sumisas tenemos unas fantasías, situaciones y prácticas que queremos realizar. Entiendo que cuando alguien busca Amo lo busca lo más afín posible a sus gustos. En mi caso desde pequeña no he deseado realizar prácticas, solo someterme a alguien, entregarme. Hay prácticas que a mi Amo no le gustan especialmente, no las descarta, pero me dice: “Tú hazte al cuerpo de que eso no lo vamos a hacer y ya si ocurre pues eso que te llevas” eso me frustra, son cosas que quieres vivir y no lo vas a hacer, pero entonces es cuando tengo que volver a mis orígenes y preguntarme ¿Qué es lo que deseaba? Entregarme ¿Y es que entregarse no exige sacrificios? ¿Qué es más importante para mí, realizar ciertas prácticas o entregarme de verdad? Yo tengo claro lo que elijo, no voy a sacrificar mi necesidad en pro de un deseo, pero sí me compensa sacrificar ese deseo de corta duración en pro de lo que me hace feliz cada momento de mi vida.
Damos por hecho que entregarse es aceptar vivir ciertas experiencias que no nos gustan, en las que sufriremos, pero nos olvidamos que entregarse también es aceptar que habrá otras que no realizaremos. Quizá esta parte de la entrega sea más dura que la otra. No es lo mismo sumar experiencias que dejar de vivir otras.
En twitter es genial leer las experiencias de algunas sumisas, llenas de prácticas durísimas que las llevan a emociones muy intensas, es maravilloso cómo lo expresan. Con tanto entusiasmo y sentimiento que, al menos yo, me identifico, me calan tanto que comienzo a fantasear con lo que cuentan, aunque a mí la práctica en sí no me guste, o sepa que no estoy preparada. Y eso es peligroso, llega un momento en que confundimos la admiración con meta. Por ello me parecía fundamental diferenciar, puntualizar que esa entrega se puede sentir en otras circunstancias, que la entrega se mide en base a cómo te das a TU Amo, con las exigencias, gustos y características que tenga cada uno. Que la entrega se mide por tu disposición a dejarte llevar al tipo de crecimiento al que te quiera llevar TU Amo, ya sea por crecer hacia prácticas más duras, hacia una entrega mental mayor, hacia un control de tu vida mayor… o de todo un poco, me da igual. La entrega es el empeño que pongas en servirle, aunque falles, el empeño de superar todas las mierdas que se remueven dentro cuando fallas, por seguir intentándolo.
En mi caso me ha dolido mil veces más que me diga algo en lo que he fallado a nivel personal, y he tenido que tirar mas de mi entrega para superarlo que cuando he fallado en algo físico, cuando no he conseguido soportar algún dolor.
La entrega es maravillosa, un sentimiento único. A veces hablo demasiado tajante, sobretodo cuando hablo de mí. No quiero que entendáis que no he sentido entrega, simplemente es que me ha parecido algo tan bonito que no quiero quedarme en la superficie, quiero ahondar y ahondar, trabajarme lo máximo posible por entregarme lo máximo posible. Sé que es el sentimiento que me hace feliz.