Mostrando entradas con la etiqueta azotes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta azotes. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de julio de 2019

Fantasía (retomando poco a poco)


Propaganda - Muse
 

   Cuanto tiempo llevaba deseando verte en un lugar así, te haces pequeña, vulnerable, las paredes parecen abrumarte, te miro y eres la misma pero de repente me parece que pierdes algo de humana para convertirte en un animalillo a mi merced, yo parezco perder algo de humano para convertirme en depredador deseando verte atrapada, gimiendo, lloriqueando, suplicando…

    Me miras asustada, sin saber qué esperar ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Deseo? De todo un poco. Cojo las muñequeras me encanta el tintineo que hacen mientras rodean tus finas muñecas. Te agarro de la nuca y te doy un beso apretado, intenso, te muerdo el labio para un segundo después darte la vuelta y ponerte de cara a esa cruz, te aprieto contra ella con mi cuerpo, notas el frio cuero y gimes… te ato a ella, te agarro fuerte del pelo para tirar y dejar tu cuello expuesto a mis bocados. Poco a poco subo a lamerte la oreja, sé que es más fácil hacerte llorar haciéndote cosquillas que azotándote, sé que la desesperación recorre tu cuerpo, que la rendición asoma en tus ojos solo con ese gesto. Estás desnuda y recorro tu espalda con mi mano, la paso hacia tu vientre y lo atraigo hacia mí, quiero verte con las manos en alto y tu culo un poco salido para recibir todos los golpes que tengo para ti. Me dirijo hacia la pared de las fustas y las correas, le he echado el ojo a una pala gruesa de madera desde que hemos llegado, estoy deseando probarla en tu piel, escuchar cómo suena en tu nalga y qué quejido provoca en tu boca. La cojo, la restriego en tu culo, noto la mirada de los allí presentes ¿Crees que tendrán más ganas que yo de ver cómo te retuerces? Lo dudo. Me recreo, no quiero que sepas cuándo caerá el primer golpe… cuando no puedo resistirlo más suelto uno rápido dejando la pala pegada a tu piel unos segundos antes de retirarla para asestar el segundo. Qué adorables son tus gemidos, aprendiste bien a quejarte, sabes cómo transformar un grito en un lamento excitante, sabes lo cachondo que me pone y no dudas en hacerlo. Sigo azotándote, levantas un poco la pierna como si eso aliviase algo el dolor, que tonta eres, no tienes opción ni escapatoria, voy a hacer lo que desee contigo delante de todas estas personas… “Dame las gracias cada vez que te azote” “Gracias Amo” te azoto, “Más fuerte perra, que te oigan bien todos” sé la vergüenza que te da, sé lo humillada que te sientes al tener que mostrar tu voz quebrada a todos, te conozco y sé que la desnudez no te supone esfuerzo pero que te escuchen te pone de los nervios, si te diese un minuto de libertad te revolverías hacia mí, lo sé y eso me hace sentir poderoso, te enfado y me encanta. Te agarro la cara, te la aprieto “¿Te enfado perra? ¿Te gustaría atacarme por ponerte en esta situación, por dejar que todos escuchen cómo agradeces que te haga daño?” No contestas pero tu mirada está encendida de ira. “Vaya, parece que tenemos aquí a un animalillo salvaje que domesticar” te digo mientras te doy azotes seguidos sin dejar de mirarte a los ojos, sin soltarte la cara con la otra mano, qué bonito ver como tu gesto torna al sufrimiento, estás en mis manos y todos lo saben. Me alejo para coger una fusta y al volverme lo percibo, en el suelo empiezan a caer unas gotitas blanquecinas, tus tetas están chorreando leche “Qué puta eres, sabes que no puedo resistirme a eso, parece que lo has hecho a propósito para que tenga que dejar de azotarte y te folle”. Tiro la fusta al suelo, me acerco a ti, te suelto las muñecas para volver a atarte pero esta vez de cara a mí. Me desabrocho el pantalón, te agarro del culo, lo tienes ardiendo, tú me abrazas la cintura con tus piernas y te meto a polla hasta el fondo delante de todo el mundo, aunque para mí ya solo existen tus brazos extendidos y tus tetas segregando leche, chorreando por tu barriga hasta perderse por tu vientre. Solo existen tus pezones, solo puedo centrarme en ver cómo sale con más fuerza al embestirte. 

    Qué espectáculo estaremos dando, somos una imagen hermosamente grotesca, quizá no volvamos a pisar este lugar así que mancillémoslo con nuestro sexo que mezcla dolor, placer y tetas lactant… “Amo, tenemos que irnos” tu voz me saca de mis pensamientos, esos que me atraparon frente a aquella pala de madera, quizá hoy no sea el día, hoy tenemos que irnos pronto, pero no me gusta quedarme con los deseos dentro, algún día volveremos y usaré esa cruz, usaré esa pala, te usaré a ti frente a todo el que esté allí presente, te lo prometo mi vida, te haré llorar delante de todos.


lunes, 25 de julio de 2016

Marcas

Miro su culo mientras lo azota, el rojo resalta sobre el blanco de su piel, rojo que mañana será un morado intenso, rojo que mañana será un bonito dibujo de líneas paralelas. Nos azotó por turnos, algunos de lo elementos que a mí me tocaron fueron de los más duros, y en mayor número… miro mis nalgas, mi culo presenta un leve rubor que mañana no será nada, que mañana se habrá desvanecido para siempre, como si no hubiese pasado, sólo mi gesto dolorido al sentarme nos recordará que yo también fui azotada.


Nunca me quedan marcas, en todos estos años creo que sólo en tres ocasiones las he tenido y han sido pequeños morados y tras varios días seguidos de azotes… es algo que me atormentaba, miles de preguntas se me pasaban por la cabeza: ¿Quizá me azota demasiado suave?¿Me duele horrores porque soy muy débil pero sus azotes son caricias?¿Creerá que miento cuando lloro de dolor?... y muchas cuestiones estúpidas más. El sentirme débil ha sido una tortura, veía las marcas que mostraban otras y no me lo podía creer… si yo casi me moría de dolor la noche anterior, hasta qué nivel hay que llegar para que queden esas marcas. Otro ejemplo de que las comparaciones son odiosas, que hacen daño, que te desvían de ti mismo y tus propios límites y sensaciones.


Llevo años dándole vueltas al porqué no me quedan marcas. Muchas de las preguntas se apagaron al ir a fiestas y ver azotar a otras, e incluso al ver lo que opinaban otras personas de cómo me azotaba Él al hacerlo en esas fiestas. La más significativa fue una en la que le dejaron usar un flogger para probarlo conmigo, al hacerlo a Su manera le criticaron que había empezado excesivamente fuerte. Yo no dije nada pero por dentro aluciné, a mí no me había hecho ni cosquillas. Siempre he tenido la sospecha de que Él es duro, y lo es porque el 80% de los azotes que recibo son castigos, porque el juego está bien pero mi entrega tiene un objetivo claro y único: crecer.


Todas estas cosas y más me daban vueltas y vueltas en la cabeza, sin conectar entre sí, aún había alguna pieza que no había descubierto que lo uniría todo en mi cabeza. Los que me conocen saben que no puedo vivir sin entender, sin crear una especie de teoría que quizá sólo me sirva a mí pero que me aclare el porqué me pasan las cosas que me pasan, el porqué siento lo que siento. Es por ello que los: “disfruta y vive sin más” no me sirven. Puedo estar años buscando la solución a alguno de mis dilemas hasta encontrar la paz con el tema que sea. Los que me leéis creo que ya os habréis dado cuenta, uno de esos dilemas que me habréis visto de manera más evidente era mi conflicto con el dolor, el porqué lo necesito si no me da ningún tipo de placer. Este es ya un asunto resuelto y el de las marcas va por el mismo camino.


Hace unas semanas pude ver cómo otro culo se marcaba al recibir los mismos azotes que yo, de una manera muy evidente y duradera. Mi culo estaba intacto, yo estaba angustiada por el tema, necesitaba encontrar la solución de una vez. Entonces decidí abrir un poco más mi campo de visión, estaba quedándome demasiado en la superficie. Decidí observarme, ver qué quería enseñarme la vida, o qué aspecto negativo de mí dejaba de potenciarme al no tener marcas, y entonces la evidencia apareció ante mis ojos.


Siempre he dicho que he tenido dentro dos Ángelas muy diferenciadas, cada una con unas cosas buenas y malas que se oponían de manera muy clara. En este caso me centraré en mi lucha entre mi Yo profundo y mi Yo superficial. Siempre me ha torturado considerarme una persona profunda, que busca espiritualidad y trascendencia más allá del cuerpo pero a la vez ser tremendamente superficial, demasiado preocupada por el cuerpo, el físico y las pertenencias materiales. Ahora esa lucha no es tan marcada, mi Yo superficial se ha equilibrado mucho y menos mal. Pues bien creo que el hecho de no tener marcas tiene mucho que ver con esto. Él siempre me ha querido hacer crecer, es duro porque es la manera que tengo de hacerlo, es lo que le pedí, ese era el objetivo principal de mi entrega. Por ello me duelen los azotes horrores pero necesito el castigo, y precisamente por eso no me quedan marcas después, porque eso hubiese sido un peso para crecer, verme las marcas al día siguiente, poder presumir de lo mucho que me han azotado y que yo he aguantado, poder presumir de buena sumisa es superficial, lo hubiese utilizado para desviarme del objetivo, me hubiese hecho distraerme y no reflexionar del porqué de esos azotes, del porqué hago lo que hago, y Él hace lo que hace. Hace un tiempo mi amiga me golpeó con una de sus frases, de esas que se te quedan en la mente porque sabes que no has terminado de entender y notas que debes aplicártela: “Las marcas son ego, punto”. En ese momento lo medio entendí, además se lo apliqué a los dominantes exclusivamente, algo de mí no quería escuchar que sólo quería tener marcas para presumir, para reconfortar a mi parte superficial, que quería marcas para, como siempre, buscar que cosas externas me digan las cosas que debería decirme yo misma, para darme la seguridad que debería nacer de mí misma. Quería unas marcas que me confirmaran que soy fuerte, que me esfuerzo, que me entrego… en vez de confiar en ello desde mí misma. Necesitaba esas marcas al igual que siempre he necesitado que me digan “Eres guapa” para creer que lo soy en vez de confiar en lo que veo en el espejo, en cómo me siento yo.


¿Estoy diciendo que creo que mi cuerpo nació con esa característica tan concreta con un fin ya establecido? Sí. Llevo unos meses en que no paro de tener evidencias de que venimos a cada vida con un fin y nacemos con las herramientas necesarias para conseguirlo. Entiendo que sea difícil de comprender, que lo sencillo sea creer que es una casualidad, que nací con una circulación sanguínea portentosa y que no tiene nada que ver con nada más. Lo entiendo, y no busco que me deis la razón, yo sólo sé que mi explicación me ha dejado en paz, en mi cabeza encaja perfectamente, que en mi forma de entender la vida encaja perfectamente… Y estoy contenta, hace unos meses no habría escrito esta entrada, por miedo al "qué pensarán", pero esto me demuestra que cada vez necesito menos que me confirmen las cosas desde fuera para confiar en lo que siento, cada vez necesito menos que me digan “Eres guapa” para sentirme realmente así.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (2ªParte)

A la noche siguiente de recibir el castigo (post 1ªparte) nos pusimos a ver una serie como hacemos muchas veces, pero esta vez le bajé las pinzas y el Hitachi. No sé por qué lo hice, me gusta que la iniciativa sea Suya, no me parece de "señorita digna" ofrecérselo yo pero, como os dije, quería cambiar, quería conocerme a fondo, aceptarme de verdad. Sonrió al ver los elementos, me colocó las pinzas de madera alrededor de los pezones y nos pusimos a ver la serie abrazados. De vez en cuando me las movía y acariciaba para torturarme un poco más. Terminó la serie y me puso de rodillas en el sofá, con las manos atrás y los ojos cerrados. Estaba completamente encogida con los hombros en tensión, esperando el primer manotazo. Llegó y fue horrible, como esperaba. Pero entonces pensé que quizá ahí estaba el problema, estaba aceptando que el dolor no me gustaría, que el dolor es una sensación espantosa y fea, pero… ¿Y si me relajaba e intentaba sentirlo en vez de tenerle miedo? Relajé los hombros, respiré profundo y me dispuse a sentir el dolor como sensación, sin esperar nada bueno o malo, solo sentirlo. El dolor llegó, pero esa resistencia mental ya no estaba, e incluso sentí cómo me excitaba. En todo este tiempo mi Amo me tocaba al azotarme y me preguntaba que si no me gustaba por qué me mojaba tanto. Yo realmente no lo entendía, no había sentido nada de placer, pero ahora creo que estaba tan centrada en la mente, en los pensamientos, en racionalizar el dolor, en repetir tanto que no me gustaba que estaba ignorando las señales de mi cuerpo. Así que lo sentí. Las pinzas fueron cayendo y fui entrando en una vorágine mental, una ensoñación. Lloraba, pero no de dolor o súplica, era desahogo. Cogió el Hitachi y lo pasó por mis pezones doloridos y sensibles. Me abofeteaba mientras tenía los ojos cerrados, al principio me encogía pero, igual que con las pinzas, me dejé llevar. Eran sólo bofetadas, nada podía pasarme, Él me quiere y no me pondría en peligro. El miedo fue desapareciendo, me tumbó, presionó mi cuello mientras me aplicaba la vibración en el clítoris. Alternaba bofetadas, ahogo, pellizcos… unos pensamientos distintos me vinieron esta vez. Me repetía a mí misma que era una guarra, que mirara lo que me dejaba hacer por un orgasmo, que mirara lo que me dejaba hacer por un hombre, que nadie me había forzado a estar ahí, que yo solita lo había escogido. Creo que todo este tiempo he fantaseado tanto con que acababa sometida a la fuerza porque no había aceptado del todo que yo me sometía por mi propia voluntad. Me he dado cuenta de que desde niña he utilizado mis fantasías para no ver la realidad, supongo que para mi mente infantil era difícil sentir todo aquello, así que desarrollé una especie de mecanismo mental, una forma de vivir lo que quería sin afrontar que era por mi propio deseo. Ese día, mientras mi Amo me hacía todo aquello, conseguí relajarme, conseguí desactivar ese mecanismo y aceptar que no me compró en ningún sitio, que nadie me ha secuestrado y forzado a ser así, por primera vez en mi vida acepté realmente que me someto voluntariamente, que yo solita me entregué a un hombre.
Lo miraba, estaba tan guapo ahogándome, lo veía disfrutar de las bofetadas, y me repetía a mí misma que me gustaba ser el motivo de esa cara y que además no sufría por ello, sino que me encantaba. Me apretó el cuello y el hitachi y, mientras pensaba en lo que era capaz de hacer por sentir, me corrí como nunca me he corrido, sin contención, lento e intenso, sin apretar ningún músculo de mi cuerpo, noté un líquido caliente saliendo de mí, chorreando, me había hecho pis o no sé qué leches había hecho, pero era la primera vez en la vida que me pasaba. Cuando terminé un llanto sentido se apoderó de mí, Él me cogió y me abrazó: “Tranquila, estoy aquí, contigo”. Lloré un rato, lloré por haber sido mi propia enemiga, por haber vivido toda la vida bajo el yugo del miedo, del “es mejor contenerse que sufrir”, he vivido reprimida creyendo que no lo estaba.
Por otro lado, he establecido una nueva relación con el dolor, no es que de repente me guste, simplemente he conseguido que mi mente lo acepte un poco más. Antes estaba predispuesta a aguantar esa sensación, ahora lo acepto como un sacrificio por Él, es algo que forma parte de estar sometida, que es lo que me excita. Por ello, cuanto mayor sea el sacrificio, la sensación de estar sometida es mayor y mayor la excitación. Aunque no cantaré victoria aún, de los azotes no he conseguido obtener placer todavía…


Como ya me pasó a principios de año y que os conté en este post, mi visión del mundo se ha abierto un poquito más y todo gracias a Él, a que no se ha rendido nunca conmigo, a que es capaz de ser paciente y severo, a que me dice las cosas como son, a que hace lo posible por verme feliz, aunque duela.
Llevo toda la vida sabiendo lo que soy, llevamos 7 años como pareja D/s, pero me queda mucho que aprender, y sobretodo, muchas barreras mentales que destruir. Estoy muy ilusionada, creo que al fin he cogido el camino adecuado para dejarme llevar y dejarme disfrutar.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (1ª parte)

Para empezar diré que hay veces que me he sentido un fraude como esclava. Creo en el equilibrio, creo que sin él nada funciona. En mi caso la emoción y el físico no están equilibrados. Emocionalmente soy fuerte, o al menos me es más fácil avanzar, no me menosprecio, sé que eso es difícil, pero a mí me atormenta ya que sé que ese es mi punto fuerte, qué merito tengo si sólo avanzo en lo que me es sencillo… Me habréis escuchado muchas veces decir que no soy masoquista, que sufro mucho con el dolor, pero no es eso, es que no lo asumo bien, lo rechazo, no lo quiero en mi cuerpo. Es cierto que en estos años he avanzado en este aspecto, Él me ha ido entrenando, ahora mi tolerancia al dolor es más alta. Esto es otra cosa que me parece curiosa, desde pequeña los médicos me han dicho que tengo una tolerancia a dolor muy alta, con 7 años me rompí la tibia y el peroné, yo estaba empeñada en que no era nada, para demostrarles a mis padres que solo era hinchazón por el golpe fui andando al baño apoyando los dos pies, pasé una noche con los dos huesos completamente fracturados, al día siguiente me llevaron al hospital, me los había encajado. Dos médicos tuvieron que agarrarme, uno de los hombros y otro del pie para tirar y volver a ponerlos en su sitio. Me advirtieron que dolería mucho, que podía gritar, que hasta los adultos lo hacían e incluso se desmayaban. Tiraron, apreté un poco lo labios y nada más. Claro que dolió, pero no me pareció suficiente como para gritar. Ejemplos como ese tengo varios, una matrona me dijo que siempre se acordará de mí por lo bien que llevé las contracciones del parto. Esto me torturaba, por qué si mi tolerancia en general es tan alta, me dan cuatro azotes y ya no puedo más, por qué ese dolor no lo asimilo igual, por qué no lo quiero.
El lunes volvimos de nuestra escapada a Madrid, siempre que voy vuelvo llorando, lo paso tan bien allí que me duele separarme de todo lo que esa ciudad significa para mí. Mi Amo conducía y me preguntaba que en qué pensaba, yo se lo decía, a pesar de saber lo mucho que se iba a enfadar. No por la pena de irme de Madrid, sino porque hace mucho que un pensamiento me atormenta, un pensamiento que lo estropea todo. Le dije que otra vez tenía ese pensamiento, lo noté en Su gesto y Su tono, si hubiera podido, hubiera parado el coche en mitad de la autovía y me hubiera reventado. Lo único que me dijo fue: “Eres una puta caprichosa, estoy harto de esa parte de ti. Pero no te preocupes que te voy a ayudar a que desaparezca, verás como esa Ángela caprichosa echa a correr y no vuelve más” temblé y me alivié. Toda la vida he notado esa dualidad en mí, una Ángela madura, razonable, feliz y consecuente y otra Ángela superficial, caprichosa, inconformista y exigente. Llevo 28 años luchando contra ella, le llevo mucho ganado, pero ya hay restos que no puedo, lo intento, pero sola no puedo, ya conoce mis métodos y es resistente a ellos. Pasamos el resto del viaje en silencio, 400 km dándole vueltas, notando Su decepción, notando Su enfado, fue el peor viaje de mi vida. Llegamos a casa de noche, descargamos el coche y subimos al dormitorio. Desnuda me ató manos y pies, me inmovilizó con el culo bien expuesto, me puso la mordaza. Sabía lo que me esperaba, sabía que cogería la rama y azotaría fuerte. El primer golpe llegó, la rama tiene varios nuditos que abren herida a la primera, es un dolor continuo, no es como el escozor de la fusta que se disipa un poco antes del siguiente golpe, la rama solo suma golpes y dolor. Otra vez ese pensamiento en mi cabeza “No quiero esto”, pero ¿Por qué sigo aquí entonces?, una parte profunda de mí pedía más castigo, quería que acallara a esa voz que pide sometimiento pero que solo quiere la parte bonita. Y sí, es que así soy en la vida, veo lo que quiero, aquello que me haría feliz, pero cuando la cosa se pone un poco dura quiero abandonar, solo quiero la parte fácil. Necesitaba sufrir y aguantar. De repente paró “Te voy a dar un descansito” me dio miedo, lo conozco bien, estaba demasiado enfadado para mostrar esa compasión repentina ¿Qué tendría pensado? Me soltó los pies, me enganchó la correa al collar y me llevó al jardín. Me ató a la columna, me tapó los ojos y me dejó sola, a oscuras, con la mordaza y las manos atadas. Al principio no me pareció nada muy malo, hacía una temperatura agradable, el silencio me calmaba, me pareció cien veces mejor que la rama. Pero los minutos pasaron, la mente comenzó a torturarme, los sonidos empezaron a no ser tan amigables, le daba una y mil vueltas a todo: ¿Por qué soy así?¿Qué me pasa?¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?¿Por qué no puedo controlar esa parte caprichosa?... El estómago se me revolvió, no quería estar más allí, no quería escuchar más a mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció una eternidad. De repente Su voz en mi oído, no había oído pasos ni ruido, Él había estado allí todo el rato, aunque yo me había creído sola. Me pareció una metáfora de la confianza preciosa, aunque yo no la había superado. Algunos de mis pensamientos eran de indefensión y abandono, ¿Qué pasaría si me pasa algo?¿Y si la saliva se me va por otro lado y me ahogo?¿Cómo me podría soltar para quitarme la mordaza?... No confié en que Él estaba controlando la situación, me sentí la peor esclava, sumisa, esposa, o lo que sea que soy, del mundo. Al oído me propuso una elección, una hora más allí o 10 azotes con la rama, pero azotes mucho más fuertes de lo que me los había dado hasta ahora. Aunque me pregunté que si los “más suaves” eran una tortura cómo serían estos, no dudé ni un segundo, no quería seguir allí, no quería pensar más, estoy harta de darle vueltas a todo, me sirve hasta cierto punto, pero hay cosas que necesitan terapias más contundentes. Me subió a la cama de nuevo, no me ató “Si en algún momento te arrepientes, me lo dices, paro y te llevo de nuevo a la columna”. El primer azote me cortó el alma, era un dolor horrible. Al segundo en mi interior rogaba clemencia, quería que se apiadara de mí y no me diera los 8 restantes, al tercero en mi interior suplicaba que no se apiadara, sabía que si lo hacía esa Ángela caprichosa no se iría, al revés, tomaría más fuerza. Al cuarto dejé de pensar, sólo lloraba y respiraba. Al décimo estaba exhausta, dolorida y muy agradecida. Me abrazó “No me gusta azotarte así ¿Crees que no me daban ganas de parar al ver las heridas que te hacía?¿Qué no me duele verte llorar así? Esto es duro también para mí, pero sé que lo necesitas”
En ese momento una necesidad de cambio se instauró en mí, Él me había hecho ver de nuevo mis debilidades y lo importante que es cambiarlas, no por Él sino por mí. Pienso en otras sumisas y esclavas y las veo vivir esto intensamente, dejándose llevar, y no es que yo no lo haga, pero aún hay, bueno, había una parte de mí, que no cedía el control del todo, no confiaba ciegamente.


Y este fue el preámbulo de un nuevo descubrimiento, de un nuevo pequeño gran paso. Esto fue lo que hizo que al día siguiente aceptara algo que soy pero que sin darme cuenta llevo toda la vida rechazando...

viernes, 15 de mayo de 2015

Dioses y monstruos

Play y a disfrutar de esta canción. Follar con ella de fondo es maravilloso...

Gods and monster - Lana del Rey

Tengo los ojos cerrados, los músculos de todo el cuerpo apretados, no quiero que el golpe me pille desprevenida, no quiero la sorpresa del dolor. Me contengo, no quiero gritar, no quiero llorar, yo pedí esto, es mi obligación ahora contenerme. Yo decidí ser esclava, tengo que acallar esa horrible voz que me dice que esto no me gusta. Y es que en este mundo de entrega, dolor y marcas me siento una niña delicada a la que no se le puede tocar. Y aquí eso no vale, eso no es ninguna virtud, aquí eso es motivo de ser señalada, es motivo para que no reconozcan que eres sumisa. Y yo lo soy, no puedo vivir sin pertenecerle, pero… calla estúpida, los dioses leen el pensamiento, no querrás que oiga que odias estar en pompa esperando el azote… calla estúpida, sabes que si lloras, que si reconoces que no te gusta el dolor puedes hacerle dudar, sabes que te quiere demasiado, que es un Amo más protector que sádico, que es un Amo que prefiere dominar con gestos que con golpes, que si lloras puede que lo hagas sentir mal, aguanta, no seas esa puta caprichosa que eres siempre, calla y no llores. En estos años nunca había llorado por los azotes, y me extraña, siempre he sido débil físicamente, una llorona que con 28 años hipa por cualquier coscorrón, pero en los castigos y en las sesiones nunca. Sí he llorado por decepcionarle, sí he llorado por sentirme una sumisa horrible, he llorado por creer que no soy suficiente, que no estoy a la altura, pero ningún azote ha arrancado un llanto sincero de mi garganta.


Una mañana se lo dije, una mañana me planteé que no puedo controlarlo todo, que no puedo reprimirme más, es lo que he hecho siempre, intentar que las emociones no me pillen desprevenida. Pero con ello les quito intensidad, quizá era el momento de relajar los músculos, de dejar de apretar los ojos y probar el sabor de un azote de improviso, a qué sabe una situación cuando dejas de controlarla. Me ató, me prometí dejarme llevar, dejarme reaccionar como me saliese. Y me adentré en la tierra de los monstruos, arrastrándome, llorando y gritando que no podía más, pero no eran súplicas, era mi voz real, era la verdad saliendo de mi boca, quería que lo supiera, que viera las lágrimas rodar por mis mejillas, sabiendo que no podía más pero que poco importa eso, que se dice basta cuando Él dice basta. Me retorcí, lloré y me aparté, esa noche fui la peor sumisa del mundo, si no hubiese estado atada quizá hubiese salido corriendo. En mi mente me grité lo que nunca me había gritado, que eso no me gusta, que no me gusta el dolor y los azotes, que no me gusta, que no quise ser sumisa para eso, aunque asumo que forman parte de ello, pero que te guste una película, no significa que te guste cada segundo de la misma, me gusta la sumisión pero no los azotes. Me quitaba y lo miraba, veía la furia en sus ojos, tenía ganas de apalearme allá dónde cayera el golpe, odia que me quite, enciende la ira dentro de Él, esa mirada sólo sale en algunas ocasiones, y me asusta… Pero esa mirada es la que da sentido a todo, me hace evidente por qué hago las cosas, no me estoy quieta y callada por mí, si no por Él, yo no quiero estar ahí pero estoy.
A veces necesitamos no controlar, sé que no me porté bien, pero lo necesitaba, necesitaba llorar por los golpes, necesitaba encontrar mi posición, necesitaba liberarme de esa carga que me decía que si eres sumisa tiene que gustarte que te azoten. Soy Su esclava, haré lo que desee, asumiré Sus decisiones. Sé que no es perfecto, ninguno lo somos, pero ya lo sabía cuando me entregué. Estoy dispuesta a servir al dios y al monstruo, a veces lloraré y suplicaré, pero eso no significará que desee otra cosa, no significa que no quiera estar allí sufriendo para Él.
Quiero encontrar la paz, quiero llegar a sentir que hago todo lo que puedo, quiero que se sienta orgulloso de mí, que me pasee por esta tierra de dioses y monstruos triunfante, como el que sometió a la niñata que no sabía en qué se metía. Tenemos que dejar de intentar ser perfectos, yo no soporto el dolor y a Él le gusta azotarme, tiene que aceptar que lloraré y no me gustará, pero que debe seguir haciéndolo, es el Amo, por mucho que yo llore jamás dudaré de que me entregué a la mejor persona que conozco, que por mucho daño que me haga no es nada comparado con todo lo bueno que me da. Y lo deseo, Sus ojos de ira y ternura, deseo ser un ángel en Sus manos de monstruo, en Sus manos de dios… Deme de beber de su ambrosía, haga que nunca pase esto, que el tiempo no lo consuma, quiero llorar por Sus azotes para siempre. Había una roca tapando el río y Usted la quitó y ahora quiero llorar en Sus brazos atemorizada por los miedos de este mundo de dioses y monstruos, ya sé que tenerlos no me apartarán de Él, ya sé que tenerlos y admitirlos es humildad, es reconocer que aún tengo mucho que aprender.
Lloré en mitad de este bosque oscuro en el país de los dioses y los monstruos, lloré porque no soy fuerte, porque no tengo que serlo, los golpes me duelen, las humillaciones me humillan, cuando la saliva corre por mi cara me angustio, y no pasa nada, es lo que se espera de mí cuando me escupe en la cara, ya está bien de hacerme la digna, eso aquí no vale. El monstruo me dice que me rebaje y lama el suelo, el dios me abraza y me dice lo maravillosa que soy por hacerlo. Quiero vivir eternamente en esta espiral de deseo, vergüenza, humillación y amor. Jódame una y otra vez en este bosque, jódame, jódame cómo cojones quiera, quiero vivir este infierno, y llorar, quiero llorar al fin. Hágame llorar por favor, convierta a esta niña caprichosa en un ángel, enséñeme mis debilidades, enséñeme que las niñas tontas en este mundo no valen, y yo no valgo para otro mundo.
En la tierra de los dioses y los monstruos yo era un ángel de alas caídas, Él un dios y un monstruo duro y hermoso.

viernes, 8 de mayo de 2015

Él, ella y yo

Esta es una canción que me encanta, en cuanto la oigo me dan ganas de bailarla desnuda mientras me mira. Ultimamente estoy muy fantasiosa, así que hoy os cuento una pequeña historia que he imaginado...


Feeling good - Michael Bublé


Me despierto por la mañana, el sol entra por la ventana, los pajarillos cantan, respiro profundo, huele a domingo y sexo. Estoy abrazada a Él que duerme desnudo, en paz, ajeno a mis miradas. Levanto un poco la cabeza y la veo al otro lado de la cama, abrazada a Él también, tiene una cara dulce y satisfecha, sonrío al verla y me siento bien. Qué noche loca, nos besamos, nos amamos los tres, sin vergüenzas, ni tabús. Los cuerpos se entremezclaron, vi cómo la azotaba, vi como ella gemía, vi como ella se estremecía entre sus dedos al igual que he hecho yo todo este tiempo. Sé cómo lo mira, llena de deseo y respeto, veo que quiere que se la folle por dónde cojones quiera Él. Desde mi rincón observo Su polla entrando en su boquita, me gusta ver las lágrimas saltadas por las arcadas asomar por sus grandes ojos. Me dice que me tumbe boca arriba en la cama, ella se coloca a cuatro patas sobre mí, la azota fuerte, ella gime y yo ahogo sus gemidos a besos, echa su cabeza en mí, busca cobijo entre mis brazos, yo la consuelo mientras Él se ensaña. Hace unos segundos que no se oyen azotes, se ha bajado los pantalones y la penetra despacio pero sin descanso. La veo apretar los párpados, echa su mejilla sobre la mía, que le abra el culo le duele demasiado. Le agarro la cara con las dos manos, tú solo mírame a mí preciosa, sé lo que sientes, te entiendo, pero es por Él, sabes que lo desea y sabes que quieres complacerlo, sé lo que sientes, sé que ahora mismo harías lo que fuese para Él… Recuerdo la sensación de estar sobre la cama, las dos con el culo en pompa, ladrando humilladas para no merecer el azote, “La que ladre mejor se salva”. Sí, fue una noche memorable, hubo cuerdas, bofetadas y mordazas. Dolor, humillación y sexo, buen sexo. Caímos los tres exhaustos colmados de placer con la respiración acelerada.
Los noto desperezarse, Él me mira primero, me sonríe y me acaricia un poco la cabeza. Se gira para mirarla, ella que intenta no hacer ruido, no sabe muy bien cómo reaccionar. Le acaricia la mejilla “No te escondas preciosa, no seas tímida, ven aquí conmigo” estamos las dos apoyadas en su amplio pecho, la una frente a la otra, sonreímos y Él cierra los ojos orgulloso de sentirnos. Se levanta al baño, nos deja solas. Me pego a ella y la abrazo con ternura, ella me da un beso corto y entusiasmado, suelta una risilla nerviosa, entiendo el juego… yo le busco los labios y le planto otro beso rápido que ella me quiere devolver pero que yo intento evitar, nos revolvemos en la cama como niñas traviesas, nos reímos nerviosas mientras los besos caen por todo nuestro cuerpo y, de repente, paramos. Él está a los pies de la cama mirándonos “Veo que os habéis levantado juguetonas. Venid aquí perritas, venid a solucionar esta erección que me habéis provocado” nos miramos divertidas y avanzamos a cuatro patas hasta Su polla. La lamemos, nuestras lenguas se tocan, ella se mete la punta en la boca y yo humedezco el resto. Nos agarra las cabezas para que nos besemos apasionadas. La coge para tumbarla boca arriba. Se pone encima y la penetra mirándola fijamente, con esa mirada que solo Él tiene. Sus caras están muy cerca pero no se besan, solo se observan. Yo me siento con la espalda pegando al cabecero, los veo y sonrío, la ternura me invade. Se me ocurre una gran idea, mientras termina de follársela, bajaré a la cocina a hacer tortitas y zumo de naranja.
Aparecen por la puerta de la cocina, Él delante, tirando de la mano de ella, le separa una silla para que se siente a la mesa, se acerca a mí, me retira el pelo, me abraza por detrás, me besa el cuello y me susurra un “Qué buena perra eres, cómo te quiero”. Empezamos a desayunar, los miro comer, me gusta que estemos los tres juntos, el sol entra por la ventana, las tortitas huelen de maravilla y yo me siento bien…

viernes, 1 de mayo de 2015

Relato de amor y sexo

¡Hola! Hoy os traigo una canción que ultimamente me tiene loquita. Los azotes con ella de fondo duelen un poco menos, y cuando lo veo cantándola en el coche me estremezco...


Undisclosed desires - Muse


Quiero besarla, amarla entre el sonar de la correa, quiero tenerla en mi cama, venerar su cuerpo de diosa, morder su carne tibia, apretar sus diminutos pezones entre mis dientes afilados. Quiero que se sienta sucia y pura.
Sabe que la quiero, no he parado de acompañarla en el camino, pero eso tiene un precio. Sabe que me tendrá siempre, pero habrá dolores que tendrá que soportar, perversiones que conceder. Sé que los sufrirá y los disfrutará a la par. Sé que quiere ser mía, sé que no hay otra cosa que desee más, y yo... yo no quiero una vida sin ella.
Miro su cuerpo retorcerse a cada azote, no le veo la cara, pero sé que la aprieta para no soltar ni un solo quejido. Cómo no quererla, cómo no amar a una mujer que se ha entregado, que depende de mis manos, que las besa tras azotarla, que relaja su garganta para que mi polla entre más fuerte.
No llores tesoro, solo usaré la correa una vez, solo lo necesito una vez más. Después te haré el amor al ritmo de esta canción, haré bailar tu cuerpo al ritmo del deseo y el placer. Primero te penetraré a cuatro patas, deseo follarte viendo el color de tus nalgas. No quiero ver tus ojos aún llorosos, me recordarán que te dolió, me recordarán lo duro que me puse al ver que te dolía. Pero te amo, eres el deseo hecho mujer, eres el sueño hecho carne, eres un ángel atado a la tierra, atado por mis cuerdas, atado a mí.
Luego me tumbaré en la cama, te acurrucarás bajo mi brazo como un animalillo buscando cobijo, agarraré tu barbilla para que me mires, quiero ver la profundidad de tus ojos castaños, quiero ver esa boquita entreabierta. Te sonreiré suave y me devolverás la sonrisa. Sabes lo que hacer, sabes que deseo que te subas encima de mí, estás deseando complacerme. Esa cara de pena se va transformando, se transforma en una cara llena de lujuria y presente, qué más da que sea lunes, martes o el maldito día que sea, hoy queremos follar hasta que nos dé el alba, hasta caer agotados de sexo y amor.
Te miro sobre mí, contorneándote como un auténtico demonio, buscando verme estremecer, estás incorporada, veo tu cuerpo, tu mirada pendiente de mí. Sé que has sufrido, los dos lo hemos hecho, sé que estuviste perdida, que andabas mendigando amor porque creías que no lo merecías, yo solo quise mostrarte lo mágica que eres, sólo quise desvelarte una verdad que clamabas en silencio. Sólo quise mostrarte que podías ser libre, que no tenías que ocultar lo que creías que era el pecado anidado en ti. ¿Ves qué feliz eres ahora? No hace falta que me lo digas, estás llena de inocencia y entusiasmo, creo que nunca te he visto así. Ahora follas como una perra, follas como una diosa libre de ella misma, una diosa que decidió entregarse a mí, que decidió aceptar que no quería ser libre nunca más. No te defraudaré, atenderé tus deseos de ser sometida por mucho que ello te duela. No te decepcionaré, te usaré a mi antojo, haré que te arrodilles y lamas mis pies, pellizcaré tu carne como si fueses un juguete, sí, te haré sentir una linda muñequita en manos de un niño perverso. Lo hago por ti, así es como te muestras en todo tu esplendor, lo hago por mí, eres la única con la que puedo ser yo.
No quiero correrme, no te muevas así por favor, aún no. De un movimiento brusco y rápido te pondré bocabajo en la cama, me subiré encima de ti. “Estate quieta, no te muevas” poco a poco penetraré tu pequeño culo, ese culo estrecho que me aprieta la polla a cada movimiento. “No te muevas tesoro, no te muevas, no me prives del placer que es sodomizarte así”. Te oigo lloriquear, echo mi peso en ti, quiero abrazarte, que me sientas cerca, no soy un monstruo, o sí, o quizás lo seamos los dos, qué coño importa, vamos a estallar de placer. Meto mi mano bajo tu vientre, quiero acariciar tu clítoris a la vez que me muevo, quiero oírte gemir de ese placer doloroso que te vuelve loca. Tus fluidos chorrean entre mis dedos, huelo tu pelo y no aguanto más, te lleno de mí, noto tus espasmos bajo mi cuerpo, la melodía de tus gemidos inunda la habitación.
Nos tumbamos exhaustos en la cama, esa cama que es testigo de tanto amor y sexo. Te miro, me sonríes, te sonrío. Así, desnudos, nos tapamos. Te das la vuelta, yo me acoplo a ti, no hay encaje mejor que el de tu cuerpo y el mío. Me siento el hombre más afortunado del planeta, giras un poco la cabeza “Lo quiero mucho, Amo”, al ratito te susurro al oído “Yo también te quiero”. Nos dormimos con el calor de nuestros cuerpos como nana de cuna. Eres tan pequeña y grande a la vez, soy tan pequeño y grande a la vez. Me siento el hombre más afortunado del mundo…

viernes, 13 de marzo de 2015

De "La sirenita" a "O"

Este viernes por variar un poco no os traigo una entrada musical, os traigo una película, ponéos cómodos, voy haciendo las palomitas:


Historia de O completa en Español


Una niña de once años buscando en la caja de las VHS su película favorita.


Estaba sola y aburrida en casa, decidí ver una vez más La sirenita, era mi película favorita y la única de Disney que no tenía original, un amigo de mi padre que tenía un videoclub me la había grabado. La había visto tantas veces que la pegatina en la que estaba el título, escrito a mano con rotulador verde, había desaparecido. Buscaba enfadada en la caja de las cintas, refunfuñando el por qué mis padres no me habían comprado la original, tenía que estar buscando a ciegas en aquella caja de cartón entre un montón de cintas más. Cogí una, creyendo que sería esa, bueno, todas eran negras y parecidas, pero algo me dijo que era esa. La metí en el vídeo, y en la pantalla no apareció la sirenita. Había una pareja en un coche, era una película un poco antigua, daba la impresión de que la imagen estaba un poco en nebulosa, como en un sueño. Él, un joven extraño, miraba a la chica con unos grandes ojos claros. Ella, una mujer preciosa, con el pelo demasiado voluminoso para mi gusto, pero una cara muy bonita, una belleza de las que me gustaban. Normalmente hubiese sacado la cinta para seguir en mi búsqueda de La sirenita, pero decidí ver un poco más. El hombre dijo algo, y la chica se quitó las braguitas, La sirenita pasó a un muy segundo plano. Comencé a ver esa película, esa película que sería la clave de todo. No la vi seguida, iba pasando hacía delante, hasta las escenas en las que había sexo o azotes. La que más me gustó que ese día, y el resto de mi vida, reboniné una y otra vez era la de O a cuatro patas, solo se veía su cara, pero detrás se sabía había un hombre, que al penetrarla hacía que ella hiciese un movimiento brusco, a medias entre el dolor y el placer. Yo, tumbada en el sillón, bocabajo, lo más pegada posible a la tele. Notaba un hormigueo entre mis piernas, no era nuevo para mí, desde que tenía recuerdo lo había notado, jugando con mi vecina a cualquiera de nuestros juegos secretos, aunque en esas ocasiones era un hormigueo suave, bueno, fue un poco más intenso el día que jugué con los hijos de unos amigos de mis padres. Yo tenía siete años, ellos eran dos hermanos un poco mayores que yo, para mí eran muy guapos, y nos dijeron de jugar a los prisioneros. Recuerdo cómo me sacaron de la habitación, cada uno me cogía de un brazo y me llevaban a “su guarida”, imaginariamente me ataban y no me dejaban salir. Creo que es el mejor juego de mi infancia, el día que mejor me lo pasé. Ese día sí noté ese hormigueo un poco más intenso. Pero allí, en mi sofá azul, descubriendo la Historia de O, el hormigueo era casi insoportable. Me senté y crucé las piernas, clavaba mi talón en el chochito, por ver si aquello desaparecía, pero no. Miré a mi alrededor, qué podía hacer, necesitaba algo y no sabía qué, las caderas se me movían solas… A mi lado había un cojín, uno cuadrado, de rayas azules, a juego con el sillón. Lo cogí, me puse de rodillas con el cojín entre las piernas y me balanceé. Aún recuerdo las sensaciones, rebobinando una y otra vez la bienvenida de O a Roissy, y moviéndome, apretando todo mi cuerpo contra aquel cojín, cada vez más fuerte, el sudor cayéndome por el esfuerzo, y de repente lo sentí. Algo desconocido y muy intenso había ocurrido en mi cuerpo, no sabía lo que había sido pero mis músculos se tensaron y relajaron en un segundo. Me tumbé exhausta, con las rodillas temblonas y las braguitas mojadas. Estaba pletórica, una película había dado voz, imagen, nombre… a todas las sensaciones que había tenido desde pequeña, me había masturbado por primera vez y en consecuencia había tenido mi primer orgasmo.
Desde aquel día esa cinta me acompañó en casi todos mis orgasmos pero nunca la vi entera, hasta que muchos años después le confesé a mi novio mis anhelos y vimos la película juntos. Hasta ese momento solo iba de escena en escena, usando las imágenes de manera repetitiva. Y ahora, escribiendo esto, me he dado cuenta de que mi mente adoptó ese sistema como estímulo. Cuando me masturbo o fantaseo, no imagino una historia, sino que escojo un par de escenas que repito una y otra vez en mi cerebro hasta lograr correrme.
Sé que "Historia de O" es una película imprescindible para todo aquel que le guste el BDSM, en sí es una película muy especial, pero para mí lo es más. "O" me enseñó mi esencia, me descubrió lo que me pasaba, el por qué me había sentido siempre una niña rara. Fue la llave que abrió la puerta de mis deseos y, si ese día no la hubiese puesto por error, quizá hoy no os estaría hablando.
No sé si os ha surgido la duda, pero ¿Qué hacía esa película en mi casa? Es algo que me he preguntado siempre, quizá mi madre tenía esos deseos, o mi padre, o quizá ambos… Cuando le confesé a mi madre mi condición de sumisa lo primero que hice fue preguntarle por ello, le dije, que yo era como O, que esa cinta estaba en casa, que ella la había visto. Pero no, la había visto una vez, pero ni se acordaba, y no estaba disimulando: “No sé, creo que tu padre me dijo que la viésemos juntos, pero a mí no me hizo mucha gracia… Era de una chica que encerraban en un sitio o algo así ¿No?” Bueno, como todos habréis pensado, ya sé quién tenía esas inclinaciones en casa, dando fuerza a mis teorías… así que ya solo me queda coger fuerzas y confesárselo a mi padre ¿Qué dirá?¿Qué me confesará?... tantas preguntas me llenan de curiosidad. Descubrí "Historia de O" por curiosa, qué descubriré en esta ocasión... ¡Qué emocionante!

miércoles, 2 de octubre de 2013

Una edad difícil

Las fantasías rebosaban en mi cerebro, el suelo del baño estaba frío, mi entrepierna ardía, me tocaba con los ojos cerrados, imaginando que no eran mis manos las que lo hacían, que no eran unas delgadas y temblorosas manos adolescentes las que me daban placer, sino unos dedos rudos, fuertes y masculinos los que acariciaban mi coñito… Un sentimiento profundo y amargo me embargaba, fantasear era delicioso y traicionero, siempre me gustó conseguir lo que me proponía y ese deseo, en ese momento, me parecía imposible de cumplir. Me incorporé sudorosa, sentada en el suelo miré a mi alrededor, qué podía hacer… Y lo supe, luchaba contra lo que sentía y necesitaba, la lógica no encontraba sentido a todo aquello, pero el instinto me gritaba, me empujaba histérico… Con el inodoro cerrado, apoyé mi estómago en la tapa, el frescor de la misma erizó mi piel y pezones, lo que no ayudó a sofocar mi excitación. Me imaginaba en las rodillas de un hombre, agarraba mis nalgas fuerte, me las pellizcaba, clavaba las uñas en la carne, me dolía, pero no podía parar… Necesitaba ese dolor para calmarme, estaba enfadada conmigo misma por someterme a todo aquello, necesitaba inflingirme castigo por toda aquella extraña lujuria, no entendía porqué yo era distinta a mis amigas de 14 años, porqué yo sentía esas cosas, el estar en un colegio de monjas no ayudaba mucho, sentía el pecado corriendo por mis venas, envenenándome con pensamientos que me atormentaban pero que me liberaban… Y entonces rompí a llorar, lloré por el daño en mis nalgas, lloré por lo ridícula que me veía encima del water, por lo ridícula que era mi lata de nesquik donde guardaba objetos cotidianos a los que yo le daba un uso más perverso, y sobretodo lloré por que necesitaba que la puerta de mi baño se abriera de repente, y ese hombre de mi cabeza se manifestara, me agarrara del pelo y me reprendiera por ser una niña sucia, necesitaba que ese hombre al que le pertenecía en mis fantasías fuera real, rogué con el sabor de las lágrimas en mis labios, recé porque sucediera un milagro oscuro y perverso, lo necesitaba tanto… la puerta no se abrió, la realidad me abofeteó todo lo fuerte que pudo, ese hombre no existía...


Mi cuerpo se relajó, dejé mis brazos colgando, estaba abatida, triste, con una amargura poco propia de una niña de mi edad. Sin ganas de nada recogí el baño, me di una ducha y me vestí, mi madre pronto llegaría a casa y yo tenía que volver a ser la niña “normal". Con mi oscuro secreto guardado bajo llave.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Al techo 3ªparte

“Muy bien tesoro, así me gusta, que me obedezcas” aunque su polla me penetraba completamente, ante esa situación noto como la presión aumenta, se está excitando aún más y noto sus espasmos de placer dentro de mí. Empieza a entrar y salir un poco, intenta habituar mi culo a sus movimientos, quiere controlarse, pero la situación puede con Él y comienza a dejarse llevar. Se dobla sobre mi espalda, para agarrarme los pezones, sabe que ante eso mi cadera se moverá sin que pueda controlarla. El dolor sigue presente, pero a mi cabeza ya no le importa. De repente para, la saca, y con un gesto rápido me tumba sobre la alfombra boca arriba, agarra mis piernas estiradas con una mano y con la otra se ayuda para volver a penetrar mi culito. Una vez dentro, me abre, se tumba sobre mí y me presiona con el peso de Su cuerpo, se mueve rápido, duele, le pido que pare… “Perdóname pelusilla, no voy a parar, lo siento, pero no puedo” me dice mientras me enviste rápido y profundo, pero lejos de no gustarme, mis manos se han deslizado hasta sus nalgas, agarrándolas con desesperación para que me llegue mas profundo, acompañando su movimiento cuando sale y entra… entre jadeos y cara de dolor le pregunto “¿Amo, puedo correrme?” asiente. Lo agarro aún más fuerte y le incito a que haga los movimientos más largos... ya no puedo resistirlo, me siento tan Suya, sufriendo por Su placer, disfrutando con algo que otros tachan de tabú, con el clítoris tan inflamado y palpitante que me corro sin remedio, un orgasmo intenso y salvaje, que me hace gemir fuerte, morderme el labio y apretar fuerte los ojos. Los abro lentamente, cuando pasa la sacudida, veo Su cara, otra vez esa sonrisilla, no, no puede ser “tu te has corrido, pero a mí aun me queda un rato” la desesperación me invade, soy consciente de mis límites, y sé que tras un orgasmo, cualquier atisbo de placer desaparece, por lo menos por unos minutos, los justos que Él necesita para llegar, sé que ahora sí voy a sufrir.


Sigue embistiéndome, sólo siento angustia y dolor, quiero que acabe ya, pero también sé, por experiencia, que si Él quisiera podría aguantar horas, tengo que andarme con cuidado, como las quejas y las malas caras no darán resultado decido usar mis armas… me llevo dos dedos a la boca, los lamo lento, paso mi lengua entre los dos, lo miro provocativa y los deslizo hasta mis pezones, jugueteo con ellos. Pellizcando y acariciándolos consigo que se le ponga más dura, que en sus ojos la excitación sea más palpable, pero no es suficiente. Pongo una mano a cada lado de Su cara, lo acerco a la mía y comienzo a darle un beso húmedo y profundo, lo beso con desesperación, llenado Su boca con mi saliva , me separo un poco, le giro la cabeza para susurrarle “ Sí Amo, fóllele el culo a Su putita, hágame sufrir, que es lo que me merezco, lléneme de leche, quiero sentirla dentro de mí, marque Su territorio con ella, derrámese mientras lloro de dolor” los espasmos comienzan, me embiste con más fuerza, aguanto sin quejarme, sé que ya queda poco. Cierra los ojos, gime y pone ese gesto de placer que solo le sale cuando tiene un orgasmo gracias a mi culito, da las últimas sacudidas y se desploma sobre mí.
Me besa toda la cara con besos cortos y suaves, me mima como a un tesoro, está satisfecho y orgulloso de mí.
Yo, cansada, hipersensible y dolorida, pero llena de felicidad, llena de Él.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Al techo 2ªparte

Los hombros se me resintieron cuando soltó mis manos, el estar tanto rato atada había hecho mella en las articulaciones. Sentí cierto alivio, que desapareció al recordar para qué me soltaba. Agarró mi nuca con una mano, y firme, pero sin brusquedad, me llevó hasta el suelo. Cuando me tuvo a cuatro patas me quitó el antifaz, me costó un poco adaptarme al cambio de iluminación, al enfocar la vista vi que estaba ante el gran espejo que ocupa toda una pared del sótano, cuando mis padres vivían en la que ahora es nuestra casa, lo pusieron con la intención de convertir esa habitación en una sala de baile, no sabían que años más tarde sería testigo de los perversos juegos de su niñita. Cuando dejo de aturdirme con ese pensamiento me concentro en lo que está pasando, me veo en el espejo, a cuatro patas, mi Amo desnudo, de pie tras de mí, me siento vulnerable, me veo pequeña ante Él, me fijo en Su cara y tiene puesta esa sonrisilla pícara que me derrite a la vez que me asusta. Se va arrodillando lentamente, empieza a amasar mis nalgas, las aprieta fuerte… “¿Estás lista cariño? Bueno, da igual, yo sí lo estoy. Ahora vas a contar hasta cinco, despacito, que saboree cada instante” Noto como coloca la punta de Su sexo en la entrada de mi estrecho agujerito, empiezo a contar UNO… Él hace pequeños, casi imperceptibles movimientos DOS… TRES…CUATRO… cada número lo alargo más, sé qué pasara cuando llegue al maldito CINCO… Su polla me penetra sin vacilar, un dolor intenso me ataca, no lo puedo soportar, mis músculos se tensan ante tal invasión “¡Ay, Amo! No puedo, no puedo” le suplico, verdaderamente no lo puedo soportar “Ssshhh tranquila, ya ha pasado lo peor, ya esta entera dentro, relájate, no voy a sacarla…” me habla mientras me acaricia el pelo, y ya está, ya ha dicho las palabras mágicas, tiene el poder de hacer sufrir mi cuerpo mientras hipnotiza mi mente. Efectivamente el dolor agudo deja paso a uno más llevadero, aunque sigo paralizada, cualquier mínimo roce intensifica la tensión, el dolor. Él está quieto, lo que lejos de tranquilizarme, me pone nerviosa, para qué se estará preparando… Me agarra de pelo, tira hasta dejarme la cabeza alta, “mírate en el espejo, mira a esa muchacha inocente, mira como sufre, pídele perdón, discúlpate por ser tan zorra, mira sus lágrimas y dile que las derrama sólo por tu placer, solo por que quieres estar cachonda como una perra” soy sumisa pero tengo mucho orgullo, y no solo no digo nada, sino que aprieto los labios desafiante. Tira más fuerte de mi pelo, mientras la saca poco a poco de mi culito, torturándome lentamente, y es que sabe que odio esa sensación, soy orgullosa pero débil, no aguanto mucho los pulsos… Fijo la mirada en mi reflejo, “Lo siento, siento ser tan puta que necesite llorar para gozar, siento torturarte solo por mojarme, siento ser una guarra” parece una tontería, pero enfrentarte a tu imagen frente al espejo es duro, te lleva a lo más hondo, y es entonces cuando la humillación me emborracha, me nubla los sentidos y lleva mi sumisión a otro nivel.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Al techo 1ªparte

De pie, atada a un gancho del techo, con un antifaz que me impide ver… lo noto moverse a mi alrededor, observando cada pequeño movimiento de mi cuerpo expuesto, lo oigo juguetear con la correa, la espera se me hace eterna, en qué momento y en qué lugar caerá el primer golpe. Tiemblo, emito pequeños gemidos de nerviosismo… quiero parar esa tortura, no me gusta el dolor de los azotes, sé que suena extraño pero odio el dolor, no me gusta sufrir, aunque adoro lo que este provoca en mi mente. En esos momentos me gustaría que todo parara y salir corriendo llorando, aunque no me muevo, algo me lo impide: saber que en cuanto acabe y Él me abrace para secar mis lágrimas, todo cobrará sentido. Hay que pasar por el infierno para llegar al cielo, Su cielo.
El primer golpe cae en mi espalda, pica, escuece, por unos segundos creo que no lo soportaré, pero pronto cesa, hasta que cae el segundo un poco más abajo, me quejo “Cállate, no quiero oír tus lloriqueos” aprieto los labios y cae el tercero, en mi culo, intento relajarme, respiro profundo, sé que con los músculos tensos es más doloroso. Poco a poco va cogiendo ritmo, intercalando la fuerza del golpe, me va asestando duros correazos, en el veinte pierdo la cuenta… oigo como el cinturón cae al suelo, abraza mi cuerpo tembloroso, húmedo por el sudor frío de soportar el dolor “Ya mi vida, ya pasó” acaricia mi pelo con ternura, se coloca en mi espalda, pasa su dedo suavemente por las marcas que me acaba de infligir, las admira… se arrodilla ante mi culo, se acerca poco a poco, noto su aliento cada vez más cerca, una sensación intensa me invade cuando noto sus dientes clavados en la nalga, aprieta y aprieta, incluso pienso si seguirá hasta arrancarme la carne, me suelta “Mmm cómo me gustaría devorarte, comerme ese culo que tienes, quizá lo haga, quizá te apriete tan fuerte que pueda probar el sabor de tu sangre” me agito, si decidiera hacerlo no podría evitarlo de ninguna forma, mis manos están fuertemente sujetas, bueno, quizá si podría evitarlo, pero... no es Él el que me da miedo, soy yo, si decidiera hacerlo ¿Querría parar? ¿Querría romper la cadena de sensaciones que se desatan en mi interior? o soportaría tal dolor por seguir sintiendo, torturaría mi cuerpo en pro de mi deseo… Un pellizco en el pezón me saca de ese pensamiento, ahora juguetea con mis pechos, lame uno mientras pellizca el otro, una corriente recorre mi cuerpo hasta el clítoris, no puedo evitar que mi cadera haga movimientos buscando algún contacto “Eres una auténtica zorrita, mira como me buscas, quieres que le de alivio a tu coñito, eso es lo que hacen las guarras” me habla mientras desliza dos dedos suaves en mi interior, los deja dentro sin moverlos, y vuelve a estimular mis pezones. Sus dedos quietos junto a esas ganas de que me folle es una tortura “Venga, se una buena putita y dile a tu Amo lo que quieres” quizá mi cuerpo actúe sin tabúes, quizá se mueva sin represión, pero mi boca está llena de barreras, mi cadera puede gritar con sus movimientos que quiere Su polla, pero mi boca no puede ni susurrarlo “no voy a hacerte eso que tanto te gusta hasta que no me lo pidas” mis pechos no pueden más, siento como mi flujo recorre el inicio de los muslos y lo necesito “ Amo, quiero que me folle con Sus dedos, fuerte y profundo, como solo Usted sabe hacerlo” sigue quieto, el poner mis mejillas ardiendo de vergüenza no ha sido suficiente “No eres una niña educada, ¿Cómo se piden las cosas?” Lo grito ”Por favor Amo” Sus dedos empiezan a moverse dentro de mí, en el ángulo perfecto, a la profundidad ideal y con la velocidad que me hace enloquecer, gimo, gimo fuerte, aprieto los dientes, agito la cabeza de un lado a otro, y para. Me quedo relajada y jadeante, se acerca a mi oído y me susurra “¿Crees que tu culito estará abierto y lubricado de tanto placer? Reza porque así sea… ahora voy a soltarte, te pondré a cuatro patas como la perra que eres y te lo follaré sin piedad” la piel se me eriza, intento quejarme, pero mi boca traicionera lo único que emite son gemidos de placer, a quién voy a engañar, lo deseo fuerte…