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miércoles, 15 de julio de 2015

Amor, entrega y pertenencia

Empezaré este post haciendo una aclaración que no me cansaré de repetir, mis conclusiones no son sentencias, no soy parte de esa comunidad que establece dogmas, de hecho, empiezo a creer que esa comunidad que tanto me asusta que me juzgue no existe. Habrá personas que lo hagan, pero no un conjunto organizado y leyista que me sentencie como “no válida”. Si yo digo que mi Amo no es mío, es porque mi mente así lo ha procesado y concluido, es mi mecanismo de entender la vida. Puede que haga reflexionar a otras, o que las haga sentir afines a esa conclusión, pero no creo que un Amo que así no lo vea sea menos Amo, en este post ya aclaré mi posición al respecto. Dicho esto empezaré a desglosar una serie de sentimientos que he definido en mi mente para entender mejor mi situación y sentimientos. Esto me surge a raíz de la frase "Tu Amo no es tuyo" que ya expliqué en este post, pero que ha generado cierto debate y me ha apetecido aclarar un poco más.
Cuando siento algo lo primero que pienso es que es algo complejo, algo que no sé si llegaré a entender, soy tremendamente analítica y conceptual, es decir, analizo mucho un tema hasta reducirlo a una conclusión sencilla y muy resumida. Es por ello que sentimientos complejos los acabo expresando en metáforas tremendamente tontas. Es mi forma de pensamiento, qué le voy a hacer. Así analizo mi vida con mi Amo, todos los sentimientos que se remueven en mi interior, y así os contaré mis conclusiones.


Para mí ha sido primordial romper esquemas en cuanto a conceptos establecidos. Sobretodo en el amor. El amor es un concepto tremendamente trillado y violado. Se ha llegado a mezclar con tantas cosas que hoy en día se reniega mucho de él, y lo entiendo. Lo mezclamos con la entrega, con el romanticismo, con la exclusividad, con la fidelidad, con la obligación, con el fracaso, con el conformismo… El amor es mucho más sencillo que eso, despojemos al amor de todo eso y solo nos quedará un sentimiento precioso, pero que no podemos controlar. Querer que una persona nos ame sólo a nosotros es imposible, y mucho menos obligarlo a que nos quiera para siempre. Podremos “obligarlo” a que aguante a nuestro lado aunque ese sentimiento ya no exista, pero no a que nos ame. El amor es un sentimiento libre. Quiero a mis hijas, pero sería una barbaridad prohibirles que algún día quieran a otra persona y se vayan de mi lado, sería una barbaridad enfadarme porque quieran también a su abuela o a su padre. El amor es un sentimiento libre e inmenso. Está claro que según con qué personas lo mostramos de una manera u otra, pero eso ya son otros complementos, digamos que el amor es una base simple a la que le añadimos otros sentimientos o actitudes. Yo quiero a mis hijas, y a eso le añado el sentimiento de protección, el juego, la educación, los mimos… a una pareja la quieres, y a eso le añades el sexo, la fidelidad, la amistad, la confianza, la exclusividad o la no exclusividad, el D/s… cualquier complemento que una persona pueda desear. En este sentido, conclusión aplicada a mi situación: que mi Amo y yo nos amemos no implica que yo sea Suya, ni que Él sea mío.


La entrega, esa palabra que tanto se repite en BDSM. Para mí la entrega es el empeño, es el dar todo de ti. Creo que no es una palabra exclusiva a la parte sumisa sino también a la dominante. Esto no es ninguna novedad, en todos estos años lo he leído y escuchado mucho. Un Amo también tiene que mostrar ese interés por su sumisa, debe estar involucrado en la relación, debe tener el empeño y la constancia que requiere una relación de este tipo. Pero la entrega no es algo exclusivo del BDSM, al igual que el amor, yo puedo estar entregada en muchos aspectos de mi vida, puedo estar entregada como madre, como hija, en mi trabajo, e incluso como esposa sin que conlleve ser sumisa. De hecho, creo que la entrega es lo que diferencia a las personas, lo que las hace especiales. Mi forma de ser hace que me entregue al 100% en cada paso que doy en mi vida, pero eso no me convierte en sumisa de mis hijas, de mis clientes, de mi marido… por lo tanto, conclusión: No estaría con un Amo que no esté entregado, no me parecería seguro ni sano, la entrega ha de ser mutua, además es algo que pueden experimentar otras relaciones fuera del BDSM, por lo que sigue sin ser lo que me hace Suya.


Entonces… ¿Qué leches hace que sea Suya? La pertenencia. Algo que te pertenece es algo sobre lo que puedes tomar decisiones firmes y que nada te impida cumplirlas, solo tú mismo. Imaginad un jarrón precioso en un museo, lo ves, es precioso, decides tocarlo, decides golpearlo y se rompe. Eso tendría unas consecuencias negativas para ti, ese jarrón no era tuyo, por lo que alguien tomará represalias. Pero si ese jarrón está en tu casa, es tuyo, podrás moverlo de sitio, podrás limpiarlo o dejarlo sucio, podrás incluso romperlo sin que pase nada, aunque lo lógico es que, si lo valoras, lo cuides. Voy a poner un ejemplo más símil al BDSM. Cuando tienes un perro, el perro es tuyo, tú decides si duerme en un sitio o en otro, si lo dejas con otra persona o no, tú quieres a tu perro, lo cuidas, lo alimentas, estás entregado a él porque quieres ser un buen amo, lo sacas a pasear, le das cariño y disciplina, pero eso no hace que tú seas de tu perro, él no puede decidir si sales o entras, si lo paseas a una hora u otra, no puede decidir si acaricias a otros perros o no. Os queréis los dos, pero sólo él pertenece. Evidentemente no somos perros, somos personas, eso hace que haya otros condicionantes. Yo personalmente, como esclava, aspiro a ser esa perra que se deja llevar sin condiciones, pero no todas las relaciones han de ser así. Quizá acuerdes con tu Amo la exclusividad sexual, si para Él no es un inconveniente es válido, pero eso no hace que sea tuyo, simplemente es un trato. Conclusión: yo decidí ser Suya y Él decidió aceptarme como tal, pero no es algo recíproco.


En definitiva, creo que todas las relaciones se basan en el amor, en mayor o menor medida, los complementos que le pongas es lo que las diferencia. A mi relación de amor le he añadido entrega, obediencia y sobretodo pertenencia total, por eso mi relación es Amo/esclava y 24/7. Otros a su relación de amor puede que le añadan entrega y libertad sexual por lo que serán swingers, liberales o como queráis llamarlos. Otros le añadirán libertad de sentimientos y sexo, por lo que será una relación poliamorosa, a la que otros también pueden añadirle D/s… como véis hay muchas combinaciones posibles, tantas como los implicados en una relación acepten.


Que mi Amo no sea mío no significa que me quiera menos o que esté menos entregado. Sé que me necesita, que me adora, que le encanta estar conmigo, pero yo no puedo tomar decisiones sobre Él, puede escuchar mis consejos, pero quizá los siga o no, no puedo decirle lo que debe hacer.
A Él le ha tocado ser el poseedor y a mí la posesión.

martes, 16 de junio de 2015

Mi conflicto con la intimidad

El secretismo y el exceso de intimidad son un escudo, son una herramienta de esta sociedad que castiga a las víctimas asumiendo que los culpables nunca cambiarán. Así me siento, quiero gritar al mundo lo que soy, sobretodo quiero gritarle al mundo quién soy. ¿Por qué tengo esa necesidad? Porque me siento a gusto conmigo misma, no creo que haga nada malo, al igual que un homosexual necesita salir del armario, yo necesito salir de esta jaula que no elegí. En estos años he pasado del tabú más absoluto a la convicción de que la naturalidad es la clave. Pelusilla no es el nombre de un personaje, es el nombre de una parte de mí que debo ocultar. Llevo ya un tiempo dándole vueltas a la necesidad de luchar por la normalización del BDSM al igual que los homosexuales lucharon porque se aceptara su condición como algo normal. Así me siento yo, una incomprendida, esto no es un deseo sexual, no es que me guste jugar a determinados juegos, es mi forma de vida, es algo que soy, no algo que elegí ser.
Poco a poco he ido contando a mis allegados todo esto. Empecé con mi mejor amiga, continué con el resto de mis amigas y mi madre fue un paso fundamental. He tenido la suerte de que, aunque algunas no terminan de entenderlo, al menos me respetan y me preguntan dudas con normalidad. Este sábado cenamos todas mis amigas juntas, somos 6 chicas que estamos juntas desde el colegio. Llevábamos 6 meses sin vernos así que cada una por turnos contaba lo que le había acontecido. Llegó mi turno y decidí ser natural, aunque ya les había dicho mis sentimientos nunca había hablado sin miedo con ellas. No es lo mismo decirle a alguien “Soy sumisa” a decirle “Soy sumisa, siento esto, vivo aquello e implica todo esto”. Me daba miedo al rechazo, alguna vez hablé con un poquito más de libertad y sus caras fueron un cuadro, lo que me hizo sentir mal. Esta vez fue diferente, sus caras seguían siendo un cuadro, pero yo estaba tranquila, es normal que pongan esas caras, ellas no lo comprenden, no lo sienten, no lo viven. Lo que importa es que están ahí tratando de entenderte, escuchándote e intentando no juzgarlo. No puedo pretender que la gente entienda de primeras lo feliz que soy asi, y yo tampoco puedo juzgarlos por ello.
Lo que más me gustó fueron sus preguntas. Hubo algunas que me hicieron reflexionar especialmente. Yo les contaba que siempre tengo la libertad de dejarlo todo si no quiero entregarme tanto como me pide. Una de ellas, a la que llamaré E, decía que eso era una decisión muy dura, que era una falsa libertad, que estaba demasiado condicionada por todo lo que podía perder, así que no era una decisión libre. Yo le dije que es mucho más sencillo que eso. Nosotros no podemos vivir juntos de otra manera, cada uno ha encontrado lo que necesita, Él mi entrega, yo Su dominio, si alguno de los dos deja de darle al otro eso tendríamos que separarnos. Cuando Él me pide un poco más de entrega, no es una presión, en verdad lo que me dice es : Necesito esto ¿Vas a seguir siendo mía?. Vuelvo a compararme con la homosexualidad, si descubro que me gustan las mujeres yo le preguntaré “¿Puedes ser una mujer?”, evidentemente no, así que lo dejaríamos. Pues lo mismo como Amo y sumisa. No tomo mis decisiones desde el miedo, no decido acatar Sus peticiones por miedo a perderlo, por miedo a estar sola, por miedo a lo que viene tras una separación. Soy hija de padres separados y sé que no es el fin del mundo, es sólo un cierre de etapa. Tomo mis decisiones en base a mis sentimientos y emociones, las tomo desde el corazón. Lo quiero y me gusta lo que siento a Su lado, eso por ahora pesa más que cualquier cosa. No quiero que parezca que es un ogro que me pone entre la espada y la pared, en estos años yo le he hecho esa pregunta a la inversa muchísimas veces, por mucho que lo amara si no sentía que quería ser mi Amo, no quería estar con Él, no quería aguantarme y dentro de unos años culparlo de mi insatisfacción.
A veces siento que vivo en otro mundo, que veo las cosas de una forma diferente, y no lo digo como una ventaja o como desventaja. Simplemente las veo así y quiero decirlo, quiero expresar cómo vivo mi vida, evidentemente no voy a salir con una bocina a gritarlo a la calle, es solo no tener que esconderlo. Pero tienes que protegerte del simplismo de la gente que no se molesta en entender algo, de esa gente que al decir cómo soy me tachará de puta (en un sentido despectivo) y a Él de maltratador. Así que tengo que protegerme de los defectos de los demás, de su infelicidad. Siempre he defendido que una persona plena, completa, satisfecha, rara vez juzgará la vida de los demás, no tendrá tiempo, ganas ni necesidad.
Mi sexualidad y cómo vivo en pareja forman parte de mí, no quiero sentirme obligada a ocultarlo por ese legado histórico de que el sexo es sucio y malo. No quiero sentirme presionada por esta sociedad que quiere clones en vez de personas distintas. Esto es solo una reflexión, no es la determinación de hacer algo por dejar de ocultarme, por desgracia. Pero voy dando mis pasitos poco a poco.


Y deseo de corazón que algún día pueda contaros sin miedo quién es Ángela y a los que conocen a Ángela contarles sin miedo quién es Pelusilla. Contarles a todos quién soy.

martes, 9 de junio de 2015

Era, soy y seré una puta

“Qué puta eres” ”¿Por qué eres tan puta?” ”Cómo me gusta que seas así de puta” son frases que en lo que va de año se han vuelto muy constantes en mi vida. Creeréis que para mí es ofensivo o que es un insulto que tolero porque es mi Amo, pero no, es mucho más que eso, me siento liberada y aceptada. Soy una puta, siempre lo he sido, sólo que ahora no tengo por qué ocultarlo.
Puff… vaya presentación. A ver, para tratar de explicar a qué me refiero primero habría que definir un poco el término “puta” ya que si nos ceñimos a su significado es una mujer que cobra por sus servicios sexuales. No, no me refiero a esto, no soy ese tipo de puta, aunque haya fantaseado mucho con ello. Hace un tiempo hubo un debate en twitter sobre si eso era aceptable o no, que no era legal, pero si miramos el BDSM desde el prisma de la legalidad apaga y vámonos. Mi Amo no me prostituye, no porque no sea legal, ni porque sea denigrante para mí ni historias de esas, no lo hace porque perdería el control, el dinero crea en la mente de las personas la ilusión de que tienen derecho a algo, a eso es a lo que no quiere enfrentarse. Bueno, hecho este inciso continúo, la sociedad le ha atribuido a la palabra muchos significados que se entremezclan unos con otros hasta tal punto que dos personas pueden estar diciendo “Soy una puta” y cada una referirse a cosas completamente distintas. Puta puede ser una mujer que ha estado con muchos hombres (sí, lo que en versión masculina es un triunfador, follador, vividor). También puede referirse a una mujer que le gusta el sexo, atractiva y provocadora… aunque esta definición me guste, y pueda sentirme un poco así, no es a esto a lo que me refiero cuando digo que soy una puta. La definición que voy a dar de puta, es mía personal, puede que nadie lo vea así, simplemente le atribuyo esa palabra por poner una, y porque siento que me encaja bien. Me considero una puta porque deseo y he deseado toda la vida satisfacer a los hombres, ese ha sido y es mi fuente de placer.
Desde pequeña me he sentido atraída por los hombres, la sexualidad y la sumisión, pero una sumisión general. Siempre me he sentido inferior a los hombres y a algunas mujeres, decidme que eso está fatal que os diré que lleváis razón, pero es lo que sentía. Eso es algo que no he vivido de manera negativa, me sentía inferior a ellos y me encantaba. Lo que me gusta es saber que estoy satisfaciendo sus deseos, aunque no obtenga placer físico con ello. No me excita hacer una mamada, no me excita nada de nada, pero me gusta porque sé que estoy haciendo disfrutar. Siempre he tenido la imaginación muy activa, recuerdo ser niña, ir andando por la calle e ir imaginando lo que esos hombres que me cruzaba querían hacerme, he llegado a desear que me violaran de verdad, solo quería satisfacer. Esto que cuento es duro, siempre he pensado que estaba un poco loca, y puede que sea cierto. Si pienso en mi adolescencia y recuerdo las situaciones con los chicos, creo que muchos abusaron de mí, yo no sabía decir no, no sé si quería decirlo, me gustaba sentirme así en el momento, aunque después me quedaba muy mal emocionalmente y no sabía por qué. Recuerdo uno concretamente que sí dije que no quería, pero él insistió, me presionó, y cedí, cedí porque en el fondo yo pensaba que llevaba razón, que mi obligación era satisfacerlo. Poco a poco me fui creando una imagen ante mí misma muy oscura, quería eso, pero no lo quería así… Cuando llegó Él fue un soplo de aire fresco, sentí que quería estar con un único hombre. Mis “amigos” me dijeron que no duraríamos, que yo no servía para tener novio. Yo estaba segura de que se equivocaban, que simplemente nadie me había dado la oportunidad de ver que podía satisfacer no sólo un rato, sino toda la vida a un hombre.
Esto que estoy contando es algo que me avergonzaba y me avergüenza aún, pero al fin puedo aceptarlo, Él me ha ayudado a hacerlo. Tanto me avergonzaba que nunca se lo dije, incluso cuando le dije que deseaba someterme, no dije que sentía esa necesidad de satisfacer a los hombres en general, que aún seguía imaginando lo que los hombres querían hacer conmigo. Pero es un hombre inteligente y me conoce más que yo misma. A principios de este año todo cambió. Se había dado cuenta de que no había entregado todo de mí, que no era sincera del todo con Él, y quería tenerme entera: O te entregas de verdad o se acabó todo, en eso se resume lo que me planteó. Fue duro, todos esos años sentía que lo traicionaba, pero tenía mucho miedo, cómo contarle lo puta que era, lo mala persona que me consideraba, no me entendería ¡¿Quién entendería una cosa así?!... Para no variar me equivocaba. Se lo dije, se lo confesé todo, le dije el tipo de mente que tenía, cómo me sentía, me quité el mayor peso que me he quitado nunca, me quedé abatida, no sabía qué iba a pasar, quizá me dejaría para siempre, me repudiaría y no volvería a ser Suya… pero me dio otra opción, entregarme del todo, ser su esclava física, mental y emocional. Todo estaría bajo Su control, mi mente y mis pensamientos lo primero. Por eso llevo mi libreta, para apuntar cualquier pensamiento que tenga, si veo a un hombre y me siento inferior, o si me viene a la cabeza qué me haría, o si tengo un deseo… todo tiene que saberlo. Cuando eso pasa me castiga, me dice que soy una puta, pero a mí esa palabra no me suena a insulto, me suena a aceptación. Es algo que no me gusta de mí pero que está ahí, lo he puesto en Sus manos, para que Él haga conmigo lo que quiera. Que me castigue cuando lo crea necesario, que me abofetee mientras me dice que yo valgo más que todos con los que me he sentido inferior juntos. Él es la cura a mi enfermedad. Sabe que soy Suya, que Él me ha domado, que jamás obedeceré a otro hombre, que aunque las situaciones me pongan cachonda, nunca las realizaré si no es por orden Suya.
Es curioso, porque yo aún no lo he superado, aún no me siento bien con esa parte de mí, no me gusta tener esos pensamientos o sensaciones, pero Él sí, quizá porque es el motivo perfecto para castigarme, o quizá por la satisfacción que le produce haber sometido a la bestia, o porque sabe que, al ser así, podrá hacer conmigo lo que desee, pero solo Él y quien Él ordene.
Como siempre digo, no intentéis verme a través del BDSM, quizá lo que aquí he descrito no tiene nada que ver con lo que es una sumisa en BDSM, pero ya dije que nunca busqué pertenecer a este mundo, simplemente tengo un sentimiento parecido. Pero no soy sumisa, cuando descubrí el BDSM sí lo creí, ahora no, ahora soy Suya, simplemente. Quizá no entendáis por qué, pero por mucho que cuente hay cosas que callo. Mi vida le pertenece a Él, no a un Amo, no a un dominante que quería una sumisa, mi vida le pertenece exclusivamente a Él, es Suya porque se la ha ganado.

martes, 2 de junio de 2015

La sumisa anulada no es sumisa

¿Una mujer se anula por ser sumisa?¿Acepta porque sí el "todo vale"? No y no, un NO rotundo y como la copa de un pino. Aunque hablo desde mi situación en 24/7 creo que es algo extendible a todas las sumisas, ya cada cual que lo aplique a su situación.
Muchas veces me debato entre lo que siento y lo que debería de sentir, soy muy exigente conmigo misma, me planteo cómo quiero ser y me comparo con lo que soy, normalmente no me gusta lo que veo. Esto aplicado a la sumisión sería: cómo creo que debería ser, sentirme y como soy y me siento. Me gustaría poder acatar, que mis sentimientos se correspondieran con el pensamiento de “Es el Amo, puede hacer lo que quiera, nunca se equivoca, y si lo hace qué mas da, es el Amo”. Pero la realidad es otra, la realidad es que, aunque muy pocas veces, me enfado con Él. Y entonces llega mi conflicto interno, sé que llevo razón, pero no quiero sentirme así, no quiero que me de coraje nada de lo que hace, pero es inevitable. Tengo que decir en mi favor que creo haber encontrado un buen punto, la sinceridad, pero una sinceridad sin carga. Es decir, puedo contarle lo que me ha hecho sentir mal y por qué, en un tono suave y respetuoso, sin (casi) recriminar o echar en cara, lo que viene siendo ser asertiva. Creo que lo tengo bastante controlado, pero aún hay un diablillo dentro que me pica y me chincha y me dice que no es suficiente, que estoy enfadada y punto. El otro día me pasó, me enfadé, se lo dije asertiva, Él me escuchó y me dio la razón, todo pacíficamente y en armonía, pero ese diablillo no estaba tranquilo, seguía enfadada. Hay algo que no me deja cortar la situación, si ya me ha escuchado, si ya me ha dado la razón ¡¿Qué más quiero?! Lo peor de todo es que sé que necesito una bofetada, necesito que me baje de nuevo a mi sitio, porque en cuanto le veo una debilidad me crezco, me subo y me aprovecho de ese mínimo poder que me da el que Él se haya equivocado. Tras hablar, cariñosamente me pidió que se la chupara. Yo empecé a hacerlo pero por dentro estaba encorajinada, seguía enfadada, y no quería comérsela ¡Encima de todo!¡¿No acaba de decir que sabe que lo ha hecho mal, que ha cometido un error?! ¡Y se pone a pedirme que se la coma! Cuando debería de estar mimándome para que se me olvide todo… Sí, me da igual lo que penséis, eso es lo que sentía y me gusta ser sincera, sólo así conseguiré cambiar aquello que no me gusta de mí. En definitiva, quería que se arrastrara por mi perdón, seguir manteniendo mi momento de poder y comérsela no era precisamente parte de ello. Tenía una guerra dentro de mí, sentía eso, pero por otro lado pensaba que era el Amo, que era de alabar que sepa ver Sus errores, que me escuche e incluso me dé la razón, pero no debo olvidar que soy Suya y que, una vez dicho todo eso, mi sitio es de nuevo a Sus pies, que debo seguir obedeciendo sin más. Lo miraba, estaba enfadado, confundido, se la comía con toda la desgana del mundo. Por un lado deseaba que me dijera que parase, que no había hecho bien con pedírmelo, pero otra voz le gritaba que me agarrara del pelo, me abofeteara y me recordara que pase lo que pase mi deber es obedecer “Si te digo que me la comas, me la comes con todas las ganas del mundo y punto” esa frase es la que necesitaba. Me da miedo esa facilidad que tengo de sentirme poderosa, no me gusta nada, porque no tengo la misma facilidad para volver a mi sitio. Todo esto no lo cuento como algo malo, a ver, en ese momento lo es y no me gusta, quiero cambiarlo, pero no creo que no sea sumisa por ello. Una vez mi psicóloga me dijo que me enfrentaba a esos conflictos porque no soy una persona sumisa, al revés, pero que con Él sí deseaba serlo. Por eso se me mezclan a veces los sentimientos. Cada aspecto de mi vida me da un placer distinto, eso es algo maravilloso, pero tiene el riesgo de que a veces mezcle unas cosas con otras. En el aspecto laboral me ha costado mucho trabajo aceptar que me gusta ser la jefa, la que manda. Cuando estuve trabajando organizando unas exposiciones de arte con japoneses, yo tenía un puesto importante, era la encargada, la mano derecha de mi jefa, pero los demás japoneses, hombres machistas, no me trataban así, me trataban como a una mujer inferior a la que mandar a por cualquier tontería. Esa experiencia me marcó mucho, yo allí tenía poder, pero ante su actitud me volví sumisa, pequeña, cosa que me hacía sentir tremendamente mal. Si os dáis cuenta es lo mismo que me pasó con mi Amo pero al revés.
Todo eso no es algo que me preocupa, al revés, me demuestra que ser sumisa no es anularse como persona y dejar que hagan contigo lo que quieran. Es elegir a la persona adecuada con la que dejar tu poder a un lado y entregarte. Pero única y exclusivamente con Él. Hace un tiempo me preocupaba que si me gustaba sentir poder, que si tener el mando me daba placer, es que quizá no era sumisa. Pero ahora sé que no, que lo que me gusta es ese contraste, que eso es lo que hace la vida divertida, tener que dar ese cambio tan drástico al cruzar la puerta de casa.
Creo que no hay nada extraño en mi comportamiento, no debo preocuparme más de lo necesario, simplemente son ajustes. No soy perfecta, pero matizar sentimientos y querer seguir en el camino por mucho que cueste me acerca un poquito más. Y lo más importante, si me sigo analizando como persona, enfrentándome a mis propios retos es que sigo siendo yo, no estoy anulada, en contra de lo que muchos creen, eso sí que sería no ser sumisa.



Conclusión de todo este rollo, es normal y bueno enfrentarnos a sentimientos encontrados, una sumisa no es un trozo de carne que ni siente ni padece, es alguien que mira sus sentimientos a la cara y decide qué hacer con ellos, aunque sea someterlos a los deseos de otro.

viernes, 1 de mayo de 2015

Relato de amor y sexo

¡Hola! Hoy os traigo una canción que ultimamente me tiene loquita. Los azotes con ella de fondo duelen un poco menos, y cuando lo veo cantándola en el coche me estremezco...


Undisclosed desires - Muse


Quiero besarla, amarla entre el sonar de la correa, quiero tenerla en mi cama, venerar su cuerpo de diosa, morder su carne tibia, apretar sus diminutos pezones entre mis dientes afilados. Quiero que se sienta sucia y pura.
Sabe que la quiero, no he parado de acompañarla en el camino, pero eso tiene un precio. Sabe que me tendrá siempre, pero habrá dolores que tendrá que soportar, perversiones que conceder. Sé que los sufrirá y los disfrutará a la par. Sé que quiere ser mía, sé que no hay otra cosa que desee más, y yo... yo no quiero una vida sin ella.
Miro su cuerpo retorcerse a cada azote, no le veo la cara, pero sé que la aprieta para no soltar ni un solo quejido. Cómo no quererla, cómo no amar a una mujer que se ha entregado, que depende de mis manos, que las besa tras azotarla, que relaja su garganta para que mi polla entre más fuerte.
No llores tesoro, solo usaré la correa una vez, solo lo necesito una vez más. Después te haré el amor al ritmo de esta canción, haré bailar tu cuerpo al ritmo del deseo y el placer. Primero te penetraré a cuatro patas, deseo follarte viendo el color de tus nalgas. No quiero ver tus ojos aún llorosos, me recordarán que te dolió, me recordarán lo duro que me puse al ver que te dolía. Pero te amo, eres el deseo hecho mujer, eres el sueño hecho carne, eres un ángel atado a la tierra, atado por mis cuerdas, atado a mí.
Luego me tumbaré en la cama, te acurrucarás bajo mi brazo como un animalillo buscando cobijo, agarraré tu barbilla para que me mires, quiero ver la profundidad de tus ojos castaños, quiero ver esa boquita entreabierta. Te sonreiré suave y me devolverás la sonrisa. Sabes lo que hacer, sabes que deseo que te subas encima de mí, estás deseando complacerme. Esa cara de pena se va transformando, se transforma en una cara llena de lujuria y presente, qué más da que sea lunes, martes o el maldito día que sea, hoy queremos follar hasta que nos dé el alba, hasta caer agotados de sexo y amor.
Te miro sobre mí, contorneándote como un auténtico demonio, buscando verme estremecer, estás incorporada, veo tu cuerpo, tu mirada pendiente de mí. Sé que has sufrido, los dos lo hemos hecho, sé que estuviste perdida, que andabas mendigando amor porque creías que no lo merecías, yo solo quise mostrarte lo mágica que eres, sólo quise desvelarte una verdad que clamabas en silencio. Sólo quise mostrarte que podías ser libre, que no tenías que ocultar lo que creías que era el pecado anidado en ti. ¿Ves qué feliz eres ahora? No hace falta que me lo digas, estás llena de inocencia y entusiasmo, creo que nunca te he visto así. Ahora follas como una perra, follas como una diosa libre de ella misma, una diosa que decidió entregarse a mí, que decidió aceptar que no quería ser libre nunca más. No te defraudaré, atenderé tus deseos de ser sometida por mucho que ello te duela. No te decepcionaré, te usaré a mi antojo, haré que te arrodilles y lamas mis pies, pellizcaré tu carne como si fueses un juguete, sí, te haré sentir una linda muñequita en manos de un niño perverso. Lo hago por ti, así es como te muestras en todo tu esplendor, lo hago por mí, eres la única con la que puedo ser yo.
No quiero correrme, no te muevas así por favor, aún no. De un movimiento brusco y rápido te pondré bocabajo en la cama, me subiré encima de ti. “Estate quieta, no te muevas” poco a poco penetraré tu pequeño culo, ese culo estrecho que me aprieta la polla a cada movimiento. “No te muevas tesoro, no te muevas, no me prives del placer que es sodomizarte así”. Te oigo lloriquear, echo mi peso en ti, quiero abrazarte, que me sientas cerca, no soy un monstruo, o sí, o quizás lo seamos los dos, qué coño importa, vamos a estallar de placer. Meto mi mano bajo tu vientre, quiero acariciar tu clítoris a la vez que me muevo, quiero oírte gemir de ese placer doloroso que te vuelve loca. Tus fluidos chorrean entre mis dedos, huelo tu pelo y no aguanto más, te lleno de mí, noto tus espasmos bajo mi cuerpo, la melodía de tus gemidos inunda la habitación.
Nos tumbamos exhaustos en la cama, esa cama que es testigo de tanto amor y sexo. Te miro, me sonríes, te sonrío. Así, desnudos, nos tapamos. Te das la vuelta, yo me acoplo a ti, no hay encaje mejor que el de tu cuerpo y el mío. Me siento el hombre más afortunado del planeta, giras un poco la cabeza “Lo quiero mucho, Amo”, al ratito te susurro al oído “Yo también te quiero”. Nos dormimos con el calor de nuestros cuerpos como nana de cuna. Eres tan pequeña y grande a la vez, soy tan pequeño y grande a la vez. Me siento el hombre más afortunado del mundo…

miércoles, 4 de marzo de 2015

Mi nueva vida (1ªparte)

En lo que va de año he sentido tanto o más que en estos 6 años a Su lado, no sé explicar bien el proceso que se ha producido en mí, pero probaré. He comprendido muchas cosas y voy a intentar transmitirlas.
Lo primero que he comprendido es que puedes repetir mil veces, incluso hasta creértelo, que eres o comprendes algo y no tener ni puñetera idea. Sí, eso me ha pasado. Yo hablaba y hablaba, transmitía y transmitía sobre dominación y entrega, pero no lo tenía interiorizado, no lo comprendía. Él me miraba silencioso, como un tranquilo mastín mira a un chiguagua ladrar y ladrar intentando compensar su pequeño tamaño. Hasta que un día me calló y directamente me lo dijo. Dijo que no creía que fuese Suya, dijo que no me había entregado, al menos no del todo, que siempre me reservaba una parte de la mente sólo para mí y al Él lo apartaba. Me dolió como no me ha dolido nada, me resistí y finalmente lo admití. Todo esto fue después de mi maravilloso cumpleaños, en el que me sentí en el cielo y me creí feliz, pero claro, cuando no sabes qué aspecto tiene algo es fácil confundirlo. Pues justo un día después de sentirme pletórica a Su lado me encontraba ante una dura encrucijada: separarnos para siempre o seguir con Él, pero con unas nuevas normas mil veces más restrictivas, entregando todo de mí, sufriendo si así lo deseaba, privándome de la poca libertad que aún me quedaba. Si creéis que la decisión fue fácil os equivocáis. Me enfadé con la vida, no podía ponerme la felicidad en los labios y arrebatármela después. Siempre me he considerado una persona débil, admito que mis padres me sobreprotegieron y fueron muy blandos conmigo, no soporto enfrentarme a las consecuencias de mis actos y tengo una tendencia natural a huir. Pero no podía huir, no de esto. Qué iba a hacer, pasarme el resto de la vida llorando y triste, viéndolo cuando viniera a por las niñas, hablando fríamente por teléfono tomando decisiones de padres sin ser pareja, sabiendo que nos queremos como no podremos querer a nadie en esta vida. Me pareció una broma del destino, sentí que la vida me hablaba directamente gritándome que ya era adulta y tenía que comprometerme de verdad, ser consecuente con lo que he pedido: "¿No querías entregarte, no me pedías dominación? Pues ya acabó tu etapa de niña, sí, una niña que se comprometía lo máximo posible y se tomaba lo más en serio que se puede tomar un juego, pero eso, un juego. Eres adulta, es hora de vivir y sentir, no de jugar”. Qué cabrona es la vida cuando te habla.
Y tomé la decisión, cogí aire y fui valiente por primera vez... al fin pude ver la realidad sin filtros. Lo primero que cambió ante mi mirada fue Él, la soberbia me hacía creer que yo le había enseñado este mundo, que Él era como era por mí y que llegaría hasta donde yo quisiera… nada más lejos de la realidad. De repente vi que Él sólo había sacado lo que llevaba dentro, de forma auténtica y natural, sin manuales ni libros, y me estaba esperando a la puerta de un mundo nuevo y distinto, me tendía la mano para que entrase también. Sentí una extraña frialdad, como si una parte de nuestra complicidad se transformara en un respeto que me daba escalofríos… dónde estaba aquel muchacho, dónde aquel novio con el que jugaba, dónde ese sentimiento de que me lo perdonaría todo. En Su mundo las normas serían duras, restrictivas, el obedecer sí o sí sería el lema. Pero decidí vivir, no podía arriesgarme a pasar la vida como si de un juego se tratase, sin profundizar o ahondar en su significado. Soy muy consciente de que quiero envejecer sin arrepentimientos, sin que me queden asuntos pendientes, y no me refiero a viajes, divertimentos… creo que al final, la vida son sentimientos y emociones, quedarnos a medias en ellos es un error que jamás te perdonas.
Así que me he entregado al descubrimiento de mis emociones más profundas, esas que hasta el momento han asomado sólo como la punta de un iceberg. Me he entregado a Él de verdad...



El objetivo de esta entrada era concluir con otro descubrimiento, pero creo que por hoy ya me he extendido bastante, así que habrá que esperar.

jueves, 19 de febrero de 2015

Jugando a videojuegos

Ya sabéis que me encanta poner una canción y escribir automaticamente ¡Dadle al play y a leer!


Lana del Rey – Video Games
Lo miro jugando a video juegos, bebiendo cerveza y riendo con sus amigos, parece un tipo normal, nadie imagina el temblor que recorre su cuerpo cuando hago algo que no le gusta. “ ES QUE NO SABES QUE ERES MÍA, ES QUE NO SABES QUE ESO ME MOLESTA, MIRA LO QUE CONSIGUES, MIRA LO QUE ME OBLIGAS A HACER” me dice mientras me azota esposada a la cama. Estoy atada a Él, a Su amor y Su dolor. Da igual las cosas que imaginé, ahora está aquí, tras de mí con una fusta en la mano, el dolor es real e intenso. Sus caricias me enamoran, necesito acurrucarme en Él, sentir el olor y el calor que emana su piel, veo la ternura en sus ojos. Pero ahora me mira frío y distante, la decepción y el enfado se reflejan en su gesto. Por qué, por qué, por qué… me repito una y otra vez, por qué nací con la sumisión en la sangre y la insatisfacción en la mente. Me mira al otro lado de la cama, las lágrimas, la saliva y el rimmel manchan mi cara, me duelen los brazos y las nalgas, pero ya todo me da igual, solo quiero que me desate y correr a acurrucarme a su lado.
Me siento tan dolorida y tan viva, las emociones me erizan la piel. Cuántas mujeres estarán en esa situación esta noche en esta ciudad, me siento triste y afortunada. Es un Amo fuerte y orgulloso, las esposas en mis muñecas me recuerdan que he de ser cuidadosa, cautelosa. Es Su casa y respondo ante Su ley.


Estoy agotada y dolorida pero veo la belleza de la imagen: Él desnudo, medio tumbado sobre la almohada mirándome fijamente, yo con las manos esposadas a los pies de la cama, desnuda de rodillas, el pelo alborotado y la cara sucia, incapaz de mirarlo directamente. Es tarde, mañana hay que madrugar, pero da igual, el tiempo se detiene en la habitación, la entrega me desborda y la devoción me inunda ¿Todo esto es por mí o por Él? Perdí el control hace mucho.
Lo miro jugando a video juegos, bebiendo cerveza y riendo con sus amigos, parece un tipo normal pero anoche me dejó el culo, las muñecas y el vientre doloridos. Lo noté, lo sentí, la impotencia me lo gritó, eso no se finge, parece un tipo normal, pero no lo es.

miércoles, 22 de enero de 2014

La música dolía

Él ponía la misma canción cada vez que la castigaba, sonaba fuerte mientras los azotes irritaban sus nalgas, era la banda sonora de sus ratos de cara a la pared. Esa canción ocultaba su llanto cuando la correa la golpeaba. Poco a poco se convirtió en un símbolo, si cometía una falta durante el día, Él no le decía nada, y por la noche mientras ella terminaba de lavarse los dientes, se desnudaba para ponerse el pijama o subía las escaleras para irse a la cama, la ponía, ponía esa canción, y ella se encaminaba lenta e inevitablemente hacia su castigo.
Un día, en una cafetería, mientras charlaba alegremente con sus amigas, una melodía familiar llegó a su oído. Todo dejó de importar, las voces de las personas que allí estaban se volvieron casi imperceptibles, no contestaba a sus amigas que le preguntaban qué le pasaba, todo daba igual. El sonido de la radio se alzó sobre todo lo demás, la letra le erizaba la piel, las notas musicales le golpeaban el cuerpo, la canción le hizo sentir su entrega, le recordó a quién pertenecía. Y es que, en aquel sitio, en aquel momento, incluso lejos de Su Amo y de la correa... la música dolía.

martes, 21 de enero de 2014

Nuestra maravillosa escapada

Este fin de semana ha sido increible, iba en el metro a aquel sitio, iba temblando, estaba asustada y nerviosa. Primero me preocupaba qué me haría mi Amo con todos esos elementos a su alcance, jaulas, cadenas, látigos, cañas... y lo segundo era que, después de dos horas haciendo conmigo lo que le diera la gana, comeríamos con un grupo de personas relacionadas con el BDSM, a las que por supuesto no conocíamos, Amos, Amas, sumisas y sumisos... Nada más llegar allí, al entrar en ese maravilloso sitio bonito y elegante todo se pasó. La tranquilidad de saber que no había otro sitio en el mundo en el que quisiera estar, ni otra persona con la que pudiera estar más segura, me invadió. Disfruté, sentí caricias y dolor, el tiempo se pasó volando entre gemidos, amor y azotes. Nos duchamos y llegó la hora de la comida, que se organizaba en el mismo local. No hablaré mucho sobre esto porque prefiero guardarlo para mí, solo diré que me sentí muy cómoda y aceptada, y que allí superé un límite que no me había planteado ni siquiera superar, la electricidad me erizó la piel. Ya por la tarde una pareja de Amo y sumisa se ofrecieron a llevarnos al hotel y nos ivitaron a cenar a su casa. Fue una de las mejores cenas en las que he estado, quizá no lean esto nunca, pero me gustaría decir que, a parte de que tienen una casa que me conquistó, en la que es fácil estar a gusto, ellos hiceron que nos sintiésemos en confianza y, aunque suene un poco extraño, me hicieron sentir normal, algo muy importante para mí. Estar con ellos fué tremendamente alentador, yo siempre he defendido que el 24/7 es posible, tiene que serlo porque yo no puedo vivir otro tipo se sumisión. Pero a veces te sientes como que luchas a ciegas, sin saber si es sólo una ilusión. Y ver a otra pareja que lo ha conseguido, que se quieren y lo viven, que son todo un ejemplo a seguir, te da aún más fuerza. En la parte que me toca como sumisa, voy a cogerla a ella como modelo de obediencia y entrega, viéndola, mis ganas de superar límites, de aguantar más, de tomarme más en serio mi sumisión han aumentado. La madurez y la constancia son cosas que mi Amo se merece.
El sábado fué otro maravilloso día, de paseos, de tiendas que nos habían recomendado, en las que se compró alguna cosita, algo más a lo que temer a parte de la correa. Y por la noche el conciertazo, porque no se le puede llamar de otra manera, de Depeche Mode. Dos grandes voces, cantando grandes canciones. Y aunque no tocaron "Master and servant" , mi favorita, canté y me emocioné mientras mi Amo me abrazaba por detrás, sin palabras... Y corriendo a una exposión fotográfica, a la que también nos habían invitado, unas fotos preciosas de Dóminas y sumisas, en un local en el que nos volvimos a sentir muy a gusto y acogidos.
Me dejo mil detalles especiales en este pequeño resumen de esta gran escapada, sobretodo mil sensaciones difíciles de expresar, momentos a solas en el hotel que me conquistaron.
Pero no quiero terminar esta entrada sin darle las gracias a mi Amo, Depeche Mode - Home , esta canción describe perfectamente mi sentimiento, hace unos años le dije lo que necesitaba, Él me lo dió, me hizo crecer, avanzar, me ha ayudado y me ayuda a superar muchas cosas, y que, cuando estuve preparada, y para que ese sentimiento de que era rara,  que no estaba bien ser así, desapareciera, me llevó a un sitio en el que sentirme como en casa.
Ya no me avergüenzo, ahora me siento tremendamente orgullosa de lo que soy y de lo que tengo.
Gracias Amo

martes, 10 de diciembre de 2013

Un sábado de vino, de felicidad

Este sábado hacía un día espléndido en nuestra ciudad, el sol lo inundaba todo, sabía que iba a ser un gran día. Dejamos a las niñas con los abuelos, por mucho que nos cueste dejarlas, somos conscientes de que hay que vivir momentos a solas, sentiros pareja, cultivar nuestra relación. Subimos al coche, íbamos a una cata de vinos en unas bodegas un poco alejadas, pero no importaba, me encanta viajar con Él, verlo conducir me excita mucho... antes paramos en una gasolinera, Él bajó, yo lo miraba desde el coche, iba guapísimo, estaba muy sexy con esa ropa. Le explicaba a unas jóvenes cómo funcionaba el cajero para pagar, Su reloj asomaba mientras gesticulaba, pensaba en que esas mujeres no podían imaginar cómo era ese hombre con el que hablaban, las cosas que le gustaba hacer... Subió al coche refunfuñando por lo niñatas que eran, lo que les hubiera hecho, la bofetada que se merecían por tontas e inmaduras. Me dio Su abrigo para que lo sujetara. Yo llevaba vestido, así que lo puse sobre mis rodillas para calentar un poco las piernas. El viaje comenzó. Hablamos, escuchamos música... ya llevábamos un rato de carretera cuando me preguntó qué ropa interior llevaba, se lo dije, se la enseñé. "Mira dentro del bolsillo de mi abrigo" no me lo esperaba, metí la mano, y allí estaban, los pesos se movían, suaves... "Póntelas" cogí las bolas chinas y me dispuse a metérmelas, me bajé las braguitas, Él se lamió los dedos y untó su saliva para ayudar a que entraran. Así continuamos hasta que llegamos a las bodegas, un poco tarde por cierto.
El grupo de personas era diverso, familias, un grupo de ciegos, alguna que otra pareja... me gustaba vernos allí, juntos y solos, nos veíamos elegantes. Empezamos con la cata, estaba contenta, tengo que reconocer que no había desayunado con las prisas, y los vinos se me subieron rápido. Notaba las miradas, un muchacho me observaba desde su rincón, intentó disimular cuando lo descubrí, aunque un segundo después volvió a hacerlo, en una silla había otra joven que también nos miraba descaradamente... sinceramente, quizá fuera casualidad, o mera curiosidad, pero tenemos secretos y me gustaba pensar que esa gente notaba que estaban allí, quizá porque no los ocultamos mucho... no dejé de llamarle de Usted, bueno, al principio sí, pero Él me corrigió y no volví a tutearle. Cuando salimos el paisaje era precioso, nos paramos delante de las viñas, el aire era cálido, una sensación plena me embriagaba, quizá era el vino, pero podía saborear la felicidad de ese momento, no importaba nada más, solo estar ahí con Él a mi lado.
Fuimos a comer a un restaurante del lugar, estaba en una casa-cueva, construcciones típicas. Nos pusieron en una mesa de dos, en una zona pequeña, en la que solo había otra pareja, compañeros de la cata casualmente. Después de tener sólo vino en mi cuerpo tenía que ir al baño, necesitaba vaciar un poco de líquido, había aguantado mucho, no soporto los baños públicos, y menos si tengo unas bolas chinas dentro de mí. Ante lo inevitable, me las saqué, las lavé y me las volví a meter. Salí con las mejillas ardiendo de la vergüenza que tenía de mí misma, nadie me había visto, pero yo sí. Él sonrió al verme la cara, le encanta ponerme en esas situaciones tontas que a mi me cuestan tanto. Hablamos de sexo, de mis bolas chinas, de si alguna vez conoceremos a alguien más con quienes compartir sesiones... el Usted resonaba, los silencios de la pareja vecina me hacían ver su extrañeza, no me importaba.
Dimos un paseo por el pueblo, volvimos a la ciudad, paramos en un centro comercial para descambiar una prende Suya, la gente, el bullicio me devolvió a mi timidez habitual, me costaba guardar las formas, en el probador me agarró de la cara, "¿Me vas a hablar bien, o me vas a obligar a que te abofetee aquí mismo?" Un "No, Amo" susurrado, casi inaudible salió de mi boca. Volvimos a casa, esa noche teníamos visita, había que encender la chimenea y terminar de prepararlo todo.
Fue un día maravilloso, lleno de muchos pequeños detalles y de grandes sensaciones, no hubo sexo duro, ni azotes, ni cadenas, ni látigos, nada de eso, sólo había gestos, gestos que me hicieron sentirme feliz y Suya

viernes, 8 de noviembre de 2013

Cambios que no esperaba

Siempre he creído que si era capaz de hacer ciertas prácticas sexuales, que si era capaz de obedecer, de adoptar posturas... ya sería una buena sumisa. Pero no, hay veces que no me siento una buena sumisa, da igual que desde fuera lo parezca, cada uno sabe lo que siente por dentro, da igual que acabes las preguntas con un "Amo", da igual que lo llame de Usted... todo eso da igual si crees que todo eso es por ti, que el placer va dirigido a ti. Nunca me consideré una mujer "creída" nunca me consideré superior a nadie, nunca pensé que fuese prepotente... pero lo bonito del proceso que estoy viviendo junto a mi Amo, es el autoconocimiento, y he descubierto en mi interior soberbia y egocentrismo. No me importa decirlo, que tire la primera piedra el que sea perfecto, no me importa decir mis defectos porque una vez descubiertos ya solo queda cambiarlos y mejorar. Ha llegado el momento de analizar nuestra relación, cómo empezó, cómo ha cambiado... quizá empezamos con el D/s porque yo lo propuse, porque era mi necesidad, pero ese vacío se llenó, ahora no soy sumisa por mi necesidad, ahora lo soy por la suya. Ahora es cuando me educa en Sus normas, no en mis fantasías.
"Dejemos de ser así", le dije un día gris, lo dije desde el egoismo de creer que todo era por mí, que yo decidí cuando empezar y yo podía decidir cuándo acabar, creyendo que Él sólo actuaba así por mí, pero que le daban igual los protocolos, los castigos, el bdsm, que le daba igual dominarme "Si de verdad no quieres seguir así, se rompe nuestro contrato, pero yo no puedo volver a ser como antes, creo que no podría estar contigo si no eres mía". El corazón se me aceleró, y la realidad apareció ante mis ojos, me dí cuenta de que esto ya no era un juego, que ahora era Él el que me pedía algo, que igual que el decidió se mi Amo, ahora era yo la que debía decidir si quería ser Su sumisa. Lo amo con todas mis fuerzas, ha hecho tanto por mí, me ha dado y me da tanto... que no podía hacer otra cosa, sólo había una opción, entregarme.
Y bueno, ahora pasan así mis días, aprendiendo a ser Suya de verdad, aprendiendo humildad a base de castigos, aprendiendo a satisfacer sin esperar nada para mí, aprendiendo cuál es mi auténtico sitio. Y ¿ Cómo me siento ante todo esto? Tranquila. Por fin se está callando esa vocecita caprichosa que no paraba de reclamar lo que ella necesitaba, la que me ha estado atormentando toda mi vida. Al fin siento serenidad, al fin siento que mi sumisión natural está satisfecha. Al fin se apagaron todos esos deseos que me abrumaban y me creaban vacios, infelicidad, ahora el único que necesito es el Suyo, Su deseo es lo que me hace feliz.

Siento que todo ha cambiado, que nosotros hemos cambiado, y no sé si ya os lo he dicho, pero...
me encantan los cambios.

martes, 15 de octubre de 2013

Sexo

Sexo, sexo, sexo... quiero sexo, del sucio, salvaje, animal, del de darse besos fuertes, tan descontrolados, que los dientes se chocan. El sexo de las guarradas al oído y gritadas. Sexo de sentir el cielo teniendo el infierno en la entrepierna. Sexo de estar quieta mientras juega con mis pezones mirándome lascivo, del que recorre mi cuerpo con Sus manos mientras decide por dónde me folla. Quiero nuestro sexo intenso, del que a la bofetada le sigue una lengua invadiendo mi boca. Obsceno y vulgar, pero que juntos lo elevamos a obra de arte. Sexo del de follar como perros, a cuatro patas, tirándome del pelo. Sexo de humedades, salivas y flujos, del de olores fuertes a sudor y excitación. Del que gusta hasta hacerte llorar. Esa magia de combinar movimientos lentos y profundos, con cortos y fuertes. Ese sexo en el que me siento vulnerable y una diosa, a partes iguales. Sexo de "Amo no puedo más, no puedo más, lo siento lo siento" y correrme sin remedio, viendo como Él se retuerce derramándose dentro de mí, con tanto placer acumulado, que sufre a la vez que disfruta. Sexo del que tienes que ducharte con agua fría para limpiarte y calmar la inflamación, el ardor del cuerpo. Ese sexo del que al terminar sólo te deja balbucear palabras, no puedes decir ni un "Buenas noches". Del que te duermes sintiéndote la persona más afortunada del mundo. Ese sexo...