Mostrando entradas con la etiqueta Conceptos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conceptos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de julio de 2017

El contrato

Por diversos motivos de vez en cuando hablaré de conceptos más básicos y cómo los vivimos nosotros. Aprovecho para abrir la veda para que me propongáis temas que os interesen o de los que queráis que hable. Me he dado cuenta de que a veces me limito, así que prefiero que seáis vosotros los que me abráis más campos. Podéis hacerlo por email, en comentarios, o en twitter. Estaría encantada de que lo hicieseis y muy agradecida. Dicho esto aquí va el primero de estos temas:


El contrato en BDSM es un papel en el que dos personas que quieren iniciar una relación D/s  exponen sus condiciones, límites y demás. En él se establece también la palabra de seguridad, lo que ocurrirá si alguna de las dos partes incumple tal contrato etc… Evidentemente no es un papel legal, es más un pacto escrito entre esas dos personas.


Cuando le confesé qué necesitaba me pidió que investigara sobre el tema en internet ya que mi única referencia era Historia de O y mi imaginación. Lo primero con lo que me topé fue con este concepto. Me llamó mucho la atención, era algo que no me esperaba en un mundo que yo imaginaba tan pasional, tan sexual… un contrato era como un elemento frío y calmado. Se lo conté y con Su mente de ciencias, mucho más racional que la mía, le pareció un buen primer paso. Yo al principio reconozco que lo viví más con la emoción de hacer algo así, pero sin entender lo importante que era. Hoy en día ese contrato está obsoleto, siempre tuve claro que no quería límites, no me quería regir por un contrato, pero todo debe ser poco a poco. Ahora está en una carpetita verde junto a las fustas, cuerdas, ganchos y pinzas, es como una reliquia, como un recuerdo tierno pero ya sin ninguna validez. Aunque no nos rijamos por él, es ahora cuando he comprendido lo importante que fue. Cuando dábamos nuestros primeros pasos nos ayudó a pararnos, a meditar los puntos, a hablar directamente sobre lo que cada uno quería y temía, a sacar lo importante de mis fantasías, enfrentarme a lo que realmente quería de ellas, qué me asustaba de verdad. Nos ayudó a comenzar con los primeros protocolos. Darle la seriedad necesaria para llevarlos a cabo. Esto es fundamental, hoy en día si Él me dice espontáneamente una nueva norma yo la acato y la integro con el resto. Pero en aquella época veníamos de una relación muy distinta, no es que quisiese desobedecerlo, es que no estaba acostumbrada a tener normas, mucho menos que fuesen de Su parte, es más, me daba una especie de vergüenza rara obedecerlas. Como si Él la hubiese dicho pero no para que la cumpliera de verdad y siempre. Pero verlas sobre el papel y firmarlo era otra cosa, les daba peso y sobriedad, era un compromiso real y firme de comenzar con este camino. Creo que a Él además le daba fuerza para llevar a cabo las consecuencias de mis faltas, como si antes le diese la misma “cosilla” ejercerlas como a mí obedecerlas.


Firmamos nuestro contrato el día que nos casamos, era nuestro símbolo, nos casábamos y comenzábamos una unión distinta, una relación distinta. En aquella preciosa cama con dosel me ordenó por primera vez que leyese algo para Él, era ese contrato. Si leerlo para mí ya daba impresión hacerlo en voz alta, escuchando todos esos compromisos saliendo de mi boca, esas normas me encendían la cara y, por qué no decirlo, la entrepierna.


La verdad es que en ese contrato pocos límites tenía ya, prácticamente ninguno, pero me gusta cuando se me olvida que existió, de hecho hablo de él porque en distintas conversaciones ha surgido casualmente y me ha hecho mucha gracia la reacción de sorpresa “¿Pero  vosotros tenéis contrato?” y me he sonreído llena de ternura al recordarlo: “Sí, lo tuvimos”.

lunes, 18 de abril de 2016

Trocitos de alma

Mi madre siempre ha dicho que cuando tenemos sexo con alguien le damos un trocito de nuestro alma. Esta afirmación me ha condicionado toda la vida, ya que creo que es completamente cierta.


Siempre hacía que me sintiese mal por ser muy sexual y más cuando comencé a tener relaciones con chicos, pues sentía que esa afirmación me recordaba lo mal que estaba tener sexo con ellos, que me vaciaba al hacerlo. A mi Amo y a mí siempre nos ha gustado tener relaciones sexuales con otras personas. Ha habido veces en las que me he sentido mal tras tenerlas, creía que iba en contra de mi creencia, que a pesar de saber la verdad la ignoraba en pro de un juego simplemente carnal. Pero tras tenerlas con otras personas me sentía increíblemente bien, y entonces me decía a mí misma que merecía la pena olvidar esa afirmación por un rato. Pero, como siempre me pasa, llega un momento en que descubro que lo que siento en profundidad está completamente ligado a lo que siento de forma carnal. Simplemente no estaba viéndolo desde la perspectiva adecuada o lo veía de manera parcial sin comprenderlo realmente.


Ahora más que nunca siento que cuando tenemos sexo, da igual que haya penetración o no, con alguien dejamos un trocito de nosotros en ellos. Siempre he defendido que el sexo era una manera maravillosa de conectar con alguien, de sentir de otra manera pero no sabía explicar realmente el por qué. Quizá si pensaba en la monogamia sabía explicarlo mejor. Se supone que a una pareja le aportas algo, por ello al hacer el amor le das también un trocito de tu alma, pero en cuanto metía el sexo con otros en escena me perdía. Recuerdo la vez que jugamos con una pareja en un club swinger, acabamos teniendo sexo en la misma cama pero por separado, Él con la chica y yo con el chico. Al hablarlo después coincidimos el sentimiento triste que nos quedó, lo que hizo que la afirmación de la que hablamos volviera a mí como un jarro de agua fría y me dejase ante la sensación de estar equivocándome, que no deberíamos jugar con nadie más. En aquel momento lo atribuimos a que esa pareja no eran Amo y sumisa, que ese fue el fallo, pero no, algo me decía que no podía ser eso, para nosotros el D/s no es sexo, por lo que tener sexo “vainilla” nunca nos ha supuesto un problema, mientras nosotros tengamos claras nuestras posiciones da igual cómo nos relacionemos con los demás, o incluso da igual cómo sea nuestro sexo cotidiano. No es la primera vez que digo que me puedo sentir igual de sometida haciendo el misionero “pelao y mondao” que atada y  amordazada. Me puede gustar más o menos pero el sentimiento no cambia por eso. Entonces cuál creo que fue realmente el problema: las personas.


Volviendo al tema que nos ocupa, de repente he entendido que la afirmación “al tener sexo con alguien le damos un trocito de nuestro alma” es una frase que muestra algo maravilloso y muy potente que hay que saber manejar, pues ya no solo está el hecho de que tú das, es que si tú das, también estás recibiendo el trocito de energía de la otra persona. Sé que puede parecer una reflexión tonta y evidente, pero es algo que acabo de entender. El problema no es tener sexo con mil personas en vez de con una sólo, el problema viene en la elección de esas mil personas, pues ya no es solo que te enfrentes a la problemática de dar sino que te enfrentas a que alguien te dé un tipo de energía que no te haga bien. ¿Significa esto que no hagas lo que quieras con quien te dé la gana o que no tengas un rollo de una noche loca? No, probablemente aún me queden muchos despertares siendo consciente de que di energía a quién no la merecía y recibí mierda que no quería, pero al menos ya soy consciente de a lo que me enfrento.


Hoy con esta reflexión me siento como si hubiese descubierto que tengo un superpoder y que tengo que aprender a manejarlo. Si recordáis esta entrada entenderéis mejor de lo que hablo. Es como si supieras que tener sexo con alguien te conecta y eres capaz de llenarlo de algo maravilloso, pero también soy consciente de que ese superpoder lo tienen otros y así, de una manera sexualmente maravillosa, nos vamos llenado de sensaciones y energías únicas. Nos vamos complementando.


A mi Amo lo tengo en un pedestal, y no porque sea mi Amo, sino porque como persona se lo merece. Me hace sentir cosas increíbles siempre pero mucho más cuando me folla. También sé que Él siente que es recíproco. Si yo fuese celosa estaría siendo egoísta y lo estaría privando de dar algo maravilloso y de recibirlo también. Por muy bonita que sea mi energía para Él, es la misma siempre, no puedo privarlo de sentir otras, de nutrirse, de tener trocitos de otras almas como si fuesen pequeñas joyas que complementan un gran tesoro. Es cierto que hasta ahora no era celosa por unos motivos, pero esto que os cuento hoy me hace sentir aún mejor y me hace comprender aún más por qué somos como somos y hacemos lo que hacemos.


Si lo pienso al revés, cuando el Amo decide a quién cederme tiene muy claro a quién sí y a quién no. Yo le preguntaba “¿Por qué a este hombre no me cedería Amo?” y Él me contestaba: “No sé por qué, pero no me gusta su energía, algo me dice que no lo haga” creo firmemente que sabe bien a quién darle una de mis joyitas y a quién no, ya que percibe quién sabrá valorarla y sabe quién me dejará un trocito de carbón.

martes, 26 de enero de 2016

Definir y especificar

Decimos “Hola, soy sumisa” y parece que con esa frase ya está todo hecho y explicado. Lo que hoy voy a tratar no es algo nuevo, es un tema recurrente en mi blog, pero que me sigue pareciendo muy importante y por ellos quiero recalcarlo, a ver si siendo cansina consigo algo...


Sumisa y Amo son unos conceptos únicos y generales. Sinceramente me parece un completo error. Entiendo que de base está bien, no creo que sean conceptos que haya que cambiar, pero sí especificar ¿ A qué me refiero? A que una vez asumido que se es sumisa podríamos poder buscar y determinar qué tipo de sumisa somos. En este tiempo me he dado cuenta de que la mayoría de las sumisas se sienten angustiadas, frustradas, creyendo que no son todo lo que una sumisa debería ser. Y aquí está el problema del concepto general, creemos que una sumisa tiene que ser todo lo que una sumisa puede ser. Os pongo mi caso, siempre sentí que quería entregarme, darme a un Amo que me dominara, por definición soy sumisa, pertenezco al BDSM. Pero me cruzo con otras sumisas, ellas desean las prácticas, buscan Amos experimentados en ellas, Amos que puedan darles esos placeres, que las lleven a otro nivel a través del dolor. Yo no busco eso, jamás lo busqué. Lees y lees cosas… todo es tan subjetivo que te pierdes. Yo quiero entregarme pero no me gusta el dolor, no soy capaz de disfrutar de eso que tantas sumisas consiguen disfrutar, entonces… ¿No soy sumisa? ¿Soy una sumisa a medias? Si dentro del BDSM tuviésemos términos que nos distinguieran, términos susceptibles de aplicárnoslos o no, las dudas y angustias se disiparían.
Otro problema que he visto en cuanto a esto es que la sumisión es un sentimiento, es algo muy profundo que sabes seguro que está ahí, tú sabes que eres sumisa a pesar de que hay otras que no son como tú ¿Cuál es el problema? Que todas queremos defender nuestro sentimiento, todas estamos tan seguras de él que lo luchamos con uñas y dientes. Sería algo así como: Yo soy sumisa y lo sé, si tú estás haciendo otra cosa la que no es sumisa eres tú. Pero si asumiéramos que hay más de un tipo de sumisa, y de Amo, que todo esto también se aplica a los dominantes, no tendríamos que dudar de los demás ni de nosotros mismos. Imaginad que tenemos claro que hay sumisas masoquistas y sumisas que no lo son, sí, en este punto ya me vais a soltar lo típico de “Todas las sumisas son masoquistas, aunque sea un poco” vale sí, pero mi nivel de masoquismo es que me folle el culo y el de otras sumisas es que les grapen el coño… evidentemente no es lo mismo. Si yo hubiera tenido claro que para ser sumisa no había que ser masoquista me hubiese ahorrado muchas angustias. Quiero dejar claro que esto no es ningún ataque a las que lo son, por favor, es todo lo contrario. Pero… ¿Por qué no llamamos las cosas por su nombre? ¿Por qué nos avergonzamos de no soportar el dolor o de buscarlo? ¿Por qué queremos que nuestra forma de vivir nuestro sentimiento quede por encima del resto?
Entiendo la necesidad de definirse, es una necesidad que tengo de siempre y en todos los aspectos de mi vida, pero quedarse en conceptos básicos me parece un tremendo error, para mí hay dos opciones: definirse de una manera detallada o no definirse. Yo antes decía que era sumisa, luego vi que tiraba más a esclava, pero el diccionario BDSM me dejó sin más especificaciones, lo que me diferenciaba de otras esclavas no se veía como diferencias, sino como carencias. Por ello pasé a la fase de no definirme, si decir que soy sumisa y esclava me hace sentir frustrada y continuamente incompleta prefiero decir que no lo soy, no soy nada, ni vainilla, ni sumisa, ni esclava, soy yo sometida a mi Amo.
Aquí os hablo de mi proceso, de lo que he vivido, de cómo me han hecho sentir algunas personas. Sí, mi aspiración es que todo eso me importe una mierda y en ello estoy, pero seamos sinceros, hay personas que se sienten como yo me sentí y repetir cien veces, mil, que cada uno es de una manera y que no tiene que importarme los ataques o los ninguneos de algunas personas no hace que esa sensación de ser menos desaparezca. Esa sensación desaparece poco a poco, admitiéndola, enfrentándonos a ella.
Para mí la sumisión y la dominación forman parte de la esencia de una persona, no es algo que se elige, no es algo que se pueda cambiar. Si sientes que eres sumisa o dominante, por mucho que leas, que veas en otros, por muchas dudas e inseguridades que tengas, por muchas formas de vivirlo que difieren de lo que tú sientes conozcas, por mucho que otros te repitan que no eres sumisa o Amo, jamás dudes de lo que eres, ponle el nombre que quieras o no le pongas nombre, pero tu esencia es tu esencia y nadie puede decirte que lo que sientes es incorrecto, que tu esencia es incorrecta.

viernes, 30 de octubre de 2015

El miedo

Ya que estas fechas son las del miedo por excelencia haré lo propio y hablaré de él.
El miedo es un sentimiento curioso, por un lado lo consideramos una de las peores sensaciones pero por otro lo buscamos. Como en todo hay niveles que nuestro simple vocabulario se encarga de ignorar. Yo puedo decir “Mi Amo no me da miedo” y “Mi Amo me da miedo” y estar diciendo dos verdades. Una de las cosas que más me sorprendió cuando descubrí la comunidad BDSM es el rechazo que se le tenía al miedo, eso me confundió bastante ya que para mí era una de las mejores partes. Cuando leo a sumisas diciendo que sus Amos no le dan miedo, que en cuanto se lo diesen todo acabaría me quedo con los ojos como platos. O son muy valientes o no son conscientes de a lo que se están exponiendo. Mi Amo es una de las tres personas en las que confío ciegamente. No es una cosa de ahora, viene ya de cuando éramos novios… pero por mucho que confíe en Él y sepa que sabe hasta dónde llegar, cuando estoy en la cama atada, veo a un hombre más grande que yo, mucho más fuerte que yo, con un montón de elementos diseñados para causar dolor a su alcance, es más, tú sabes que no es que cabe la posibilidad de que algo te duela, es que sabes seguro que eso ocurrirá y tú estás atada, inmovilizada, sin posibilidad de huir. En esas circunstancias siento algo tremendamente humano y natural llamado miedo. Tiene gracia que desde fuera me puedan juzgar por exponerme a algo así, pero hay personas que se tiran de un puente y es totalmente normal… Tenemos muy asumido que hay personas que practican deportes de riesgo por el subidón de adrenalina que les supone exponerse. La adrenalina la provoca el miedo, antes de tirarte de un avión a no se cuántos kilómetros de altura te da miedo, te tiras, pero te da miedo. Pero en BDSM no se puede tener miedo, no, te expones a torturas y humillaciones y debes de hacerlo desde un estado sobrehumano de paz y tranquilidad provocado por la supermegaconfianza en tu Amo todopoderoso… Pues os voy a contar un secreto: sólo somos humanos y tener miedo forma parte de ello.



Me resulta muy curioso que en términos generales se hable tanto del “no tener miedo” en BDSM, pero con todas las sumisas que he hablado un poco más largo y tendido, todas han contado situaciones, elementos, etc… que le daban terror. Soy una pesada recordándoos que no soy masoquista, el dolor no me gusta, lo odio, pero justo es el miedo que le tengo lo que hace que lo busque y me "guste". Las noches que sé que me va a castigar subo las escaleras hacia el dormitorio llena de miedo, llena de adrenalina por lo que sé que ocurrirá, me excita. Durante el castigo todo eso desaparece por el propio dolor y cuando termina vuelvo a disfrutar por lo que simboliza haber sido castigada. Si de mi vida quito ese miedo, el dolor dejaría de interesarme.
Como digo hay niveles de miedo, entiendo que lo que se defiende es que no se debe de temer al Amo como una esposa maltratada teme a su marido. Pero si tenemos asumido que el BDSM es todo lo contrario al maltrato, deberíamos dejar que las emociones fluyesen. Yo temo a mi Amo, a la vez que sé que es la persona que más me protege. Es una contrariedad deliciosa, adoro estar en el sillón justo antes de subir al castigo, entre sus brazos, sintiéndome más segura que en ningún sitio y que me pregunte: “¿Tienes miedo?” No, Amo “Pues deberías”.



A veces parece que nos olvidamos de qué va esto, va de estar en inferioridad de condiciones ante una persona que tiene poder sobre ti, y le temes, pues claro que le temes, al igual que temes a tu jefe en el trabajo, al regaño de tus padres cuando eres niño. ¿Estoy diciendo que el Amo es un ser que te aterroriza? NO, estoy diciendo que si entre muchas de las sensaciones que un Amo provoca (protección, cariño, placer, dolor, orgasmos, felicidad…) está el miedo, no pasa nada. Ahora, si es lo único que nos provoca, ahí sí hay un problema.
Hay que aceptar el miedo como parte de la vida, lo que sí hay que evitar SIEMPRE, en BDSM y en general, es hacer las cosas o tomar las decisiones por miedo.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La entrega

La entrega ¡Vaya cosa! Todo el mundo se entrega a algo, pero en BDSM la entrega es realmente importante, algo fundamental, perdonádme que sea tajante en esto: sin entrega una sumisa no es sumisa.


¿Qué es la entrega? La entrega es un sentimiento, no una sensación, un sentimiento. No la podemos buscar fuera, debe salir de nosotros, no querer que nos lo provoquen.
Dicho esto diré que hasta hace muy poco andaba un poco loca con este tema. Más bien no tenía bien definido este sentimiento en mi interior, como siempre había dos tendencias en mí. Una, la que me decía esto, y otra, la superficial y caprichosa que fantaseaba con sesiones durísimas creyendo que era la única manera de agrandar ese sentimiento mágico.
La semana pasada tras un castigo durísimo que ya os contaré, justo al día siguiente andaba revuelta ordenando pensamientos y sentimientos, le daba vueltas a la lección que debía aprender. No sé si os ha pasado que a veces la respuesta es muy simple pero necesitas que alguien ajeno te la diga. Pues casualidades de la vida ese día fuimos mi madre y yo a comprar ropa. Cuando acabamos nos tomamos una coca cola light como siempre hacemos. “Ángela, puedo hacerte una pregunta?” Cuando mi madre me dice eso me echo a temblar, sus preguntas siempre preceden grandes cambios en mí. "¿Tú estás bien con todo aquello (BDSM) que me contaste? Es que te he notado triste últimamente y creo que es por eso, además me da miedo que te hagan daño…” Supe que era el momento de profundizar un poco más en el tema con ella. Le conté todo, le conté mi visión sobre el BDSM. Fue una conversación increíble, mi madre es genial, y es la que tiene la respuesta a muchas de mis preguntas. Le dije que a veces me angustiaba porque necesitaba que Él tuviera ciertos comportamientos más duros, básicamente que querría que estuviera todo el día haciéndome putadillas, que no entendía porqué no lo hacía, que y si no sentía todo esto de BDSM… y entonces mi madre me hizo una reflexión que más bien fue una patada en el estómago, la patada que necesitaba: “ Por todo lo que me cuentas, y porque te conozco, creo que Él no necesita estar poniéndote a prueba para sentir tu entrega, Él sabe que eres Suya en cualquier situación, cotidiana o no. El problema está en ti, quizá eres tú la que no para de demandar situaciones que te hagan sentir tu entrega, porque por ti misma aún no eres capaz” Joder, qué dolor y qué alivio. Tiendo a culpar a los demás, a exigirles que me hagan sentir esto o aquello, y no sé cómo fui tan tonta de pensar que en BDSM sería distinto.
Esto me tiene reflexionando casi a diario, me siento liberada, cuando encuentras el fallo ya es fácil distinguirlo y neutralizarlo. Por ello para mí es fundamental trabajar la entrega fuera de las prácticas por diversión, no quiero confundirme, no quiero creer que la entrega es cuando me azota y me aguanto sin moverme. La entrega es mucho más que eso, es algo a sentir incluso cuando no te están haciendo nada. Que sí, que es algo que ya sabía, pero necesitaba separarlo aún más, porque si no, veía a otras sometiéndose a prácticas que yo aún no soy capaz y me sentía inferior por el simple hecho de soportarlas, no por la entrega real.
Yo veo la entrega como un camino en el que avanzas de manera ascendente, y las prácticas como algo en lo que avanzas de manera horizontal, no sé si me explico. Una persona que esté superando cosas poquito a poco, que aún esté empezando y soporte 10 azotes puede estar más entregada que otra que aguante 100. Y al revés también. O estar al mismo nivel de entrega.
Y ahora haré una reflexión que también he conseguido desgranar. Entiendo que como sumisas tenemos unas fantasías, situaciones y prácticas que queremos realizar. Entiendo que cuando alguien busca Amo lo busca lo más afín posible a sus gustos. En mi caso desde pequeña no he deseado realizar prácticas, solo someterme a alguien, entregarme. Hay prácticas que a mi Amo no le gustan especialmente, no las descarta, pero me dice: “Tú hazte al cuerpo de que eso no lo vamos a hacer y ya si ocurre pues eso que te llevas” eso me frustra, son cosas que quieres vivir y no lo vas a hacer, pero entonces es cuando tengo que volver a mis orígenes y preguntarme ¿Qué es lo que deseaba? Entregarme ¿Y es que entregarse no exige sacrificios? ¿Qué es más importante para mí, realizar ciertas prácticas o entregarme de verdad? Yo tengo claro lo que elijo, no voy a sacrificar mi necesidad en pro de un deseo, pero sí me compensa sacrificar ese deseo de corta duración en pro de lo que me hace feliz cada momento de mi vida.
Damos por hecho que entregarse es aceptar vivir ciertas experiencias que no nos gustan, en las que sufriremos, pero nos olvidamos que entregarse también es aceptar que habrá otras que no realizaremos. Quizá esta parte de la entrega sea más dura que la otra. No es lo mismo sumar experiencias que dejar de vivir otras.
En twitter es genial leer las experiencias de algunas sumisas, llenas de prácticas durísimas que las llevan a emociones muy intensas, es maravilloso cómo lo expresan. Con tanto entusiasmo y sentimiento que, al menos yo, me identifico, me calan tanto que comienzo a fantasear con lo que cuentan, aunque a mí la práctica en sí no me guste, o sepa que no estoy preparada. Y eso es peligroso, llega un momento en que confundimos la admiración con meta. Por ello me parecía fundamental diferenciar, puntualizar que esa entrega se puede sentir en otras circunstancias, que la entrega se mide en base a cómo te das a TU Amo, con las exigencias, gustos y características que tenga cada uno. Que la entrega se mide por tu disposición a dejarte llevar al tipo de crecimiento al que te quiera llevar TU Amo, ya sea por crecer hacia prácticas más duras, hacia una entrega mental mayor, hacia un control de tu vida mayor… o de todo un poco, me da igual. La entrega es el empeño que pongas en servirle, aunque falles, el empeño de superar todas las mierdas que se remueven dentro cuando fallas, por seguir intentándolo.
En mi caso me ha dolido mil veces más que me diga algo en lo que he fallado a nivel personal, y he tenido que tirar mas de mi entrega para superarlo que cuando he fallado en algo físico, cuando no he conseguido soportar algún dolor.
La entrega es maravillosa, un sentimiento único. A veces hablo demasiado tajante, sobretodo cuando hablo de mí. No quiero que entendáis que no he sentido entrega, simplemente es que me ha parecido algo tan bonito que no quiero quedarme en la superficie, quiero ahondar y ahondar, trabajarme lo máximo posible por entregarme lo máximo posible. Sé que es el sentimiento que me hace feliz.

lunes, 24 de agosto de 2015

24/7 y machismo

He leído un tweet que asociaba el 24/7 al machismo. De primeras me ofendió, pero eso en twitter es muy común, la gente opina sin fitro ni consideración. Pero este fue algo diferente, ya que, a parte de la ofensa, me pareció una asociación peligrosa, más en estos tiempos en que la sensibilidad con la violencia de género está a flor de piel. Realmente me di por aludida ya que ¿Significa que me creo una esclava y en verdad soy una mujer maltratada? Creo que desde sus orígenes el BDSM ha tratado de trazar una gran diferencia entre maltrato y él. Y si todos vemos claro, que no es lo mismo una bofetada de un marido a su mujer sin su consentimiento, a la de un Amo a su sumisa en la cama ¿Por qué no vemos que es diferente que un marido le exija a su mujer que le sirva la comida, por obligación, a que un Amo se lo ordene a su sumisa? Es exactamente lo mismo, la diferencia entre una situación y otra es la misma, solo cambia el escenario. Ahora bien, se me podría argumentar que una sumisa de sesiones, en cuanto sale de la sesión es más libre que yo, que conserva más libertad que yo. Para empezar, yo he dado pie a ello, nadie me ha obligado a ser esclava de nadie, al revés, y para continuar, que no lo entendáis no significa que esté mal. SERVIR 24 HORAS A UN HOMBRE NO ES SINÓNIMO DE MACHISMO ¿Por qué? Para que lo entendáis me iré a la definición de machismo: 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Mi Amo no se siente superior a mí por ser un hombre, se siente superior porque es mi Amo. No va por la vida diciendo que las mujeres son inferiores, no va dando órdenes a toda la que pilla. Lo que ocurre en mi casa no es machismo es BDSM.
Si queréis más ejemplos pondré algunos que forman parte de mi vida. Empezaré puntualizando, de nuevo, que mi Amo y yo fuimos pareja vainilla varios años antes de ser Amo y sumisa. En esos años no vi ni un atisbo de machismo, al revés, para Él fue difícil sacar su parte dominante porque le parecía mal verme y tratarme como inferior, hasta que que asimiló que no lo hacía por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de que era Suya y yo, LIBREMENTE, me había entregado. Entonces... ¿Se le apareció el fantasma de las navidades de 1950 y de repente se convirtió al machismo? Más bien comenzó a ser Amo, cosa completamente distinta. Y también hablaré de trabajo, creo que si mi Amo fuese un hombre machista en vez de un Amo, con el nivel de posesión que tiene sobre mí, habría muchas cosas que no me dejaría hacer, trabajar por ejemplo. Mi trabajo se basa en gran parte en la imagen y las relaciones públicas. Siempre voy arreglada, guapa e incluso sexy, no voy a negar que atraigo a algunos hombres ¿De verdad creéis que un marido machista me dejaría ir a trabajar así, o siquiera ir a trabajar? No, pero es que otra diferencia entre un hombre machista y un Amo, es que al primero le da exactamente igual que su mujer se desarrolle o no, sea feliz o no. El segundo quiere que su sumisa llegue a realizarse, llegue a ser la mejor versión de sí misma de Su mano.
Repito, mi casa no es una casa machista, tengo dos hijas y como padres, LOS DOS, no queremos educarlas así, queremos que sean mujeres fuertes, libres y alejadas lo máximo posible del machismo. Si me ven fregar los platos luego ven a su padre planchar, si yo las llevo al cole, Él las ayuda con los deberes… El 24/7 no se trata de azotar todo el día, ni siquiera se trata de que Él se mueva lo menos posible, no se trata de que esté dándome órdenes cada minuto, se trata de que cuando me da una orden la cumplo al instante, de que he de seguir una serie de protocolos, es más pedir permiso que poner prohibiciones porque sí, se trata de que noto su dominio en cada decisión que tengo que tomar, en cada pensamiento, me siento inferior ante el poder de UNA PERSONA CONCRETA, NO DE UN HOMBRE CUALQUIERA. El 24/7 es suave, cotidiano, constante y muy profundo.
En resumidas cuentas ¿Por qué someter a una sumisa en la cama no es machista y ordenarle que te traiga unos zapatos en el sofá sí? Es lo mismo, el mismo sentimiento, la misma profundidad, el mismo dominio, solo que más alargado en el tiempo. Otra cosa importante, Él me infunde respeto, pero no le tengo miedo.
Y una última observación, si el 24/7 no es BDSM sino machismo ¿Dónde metemos a los hombres, a los gays y lesbianas que también quieren vivirlo o que ya lo viven?



No hagamos asociaciones simplistas, si el 24/7 fuese machismo, mi Amo sería un maltratador y yo una mujer maltratada, y no estoy dispuesta a que, con los tiempos que corren, con lo mucho que he trabajado mi personalidad, con lo mucho que hemos trabajado nuestra relación, se nos acuse de tal cosa.

miércoles, 15 de julio de 2015

Amor, entrega y pertenencia

Empezaré este post haciendo una aclaración que no me cansaré de repetir, mis conclusiones no son sentencias, no soy parte de esa comunidad que establece dogmas, de hecho, empiezo a creer que esa comunidad que tanto me asusta que me juzgue no existe. Habrá personas que lo hagan, pero no un conjunto organizado y leyista que me sentencie como “no válida”. Si yo digo que mi Amo no es mío, es porque mi mente así lo ha procesado y concluido, es mi mecanismo de entender la vida. Puede que haga reflexionar a otras, o que las haga sentir afines a esa conclusión, pero no creo que un Amo que así no lo vea sea menos Amo, en este post ya aclaré mi posición al respecto. Dicho esto empezaré a desglosar una serie de sentimientos que he definido en mi mente para entender mejor mi situación y sentimientos. Esto me surge a raíz de la frase "Tu Amo no es tuyo" que ya expliqué en este post, pero que ha generado cierto debate y me ha apetecido aclarar un poco más.
Cuando siento algo lo primero que pienso es que es algo complejo, algo que no sé si llegaré a entender, soy tremendamente analítica y conceptual, es decir, analizo mucho un tema hasta reducirlo a una conclusión sencilla y muy resumida. Es por ello que sentimientos complejos los acabo expresando en metáforas tremendamente tontas. Es mi forma de pensamiento, qué le voy a hacer. Así analizo mi vida con mi Amo, todos los sentimientos que se remueven en mi interior, y así os contaré mis conclusiones.


Para mí ha sido primordial romper esquemas en cuanto a conceptos establecidos. Sobretodo en el amor. El amor es un concepto tremendamente trillado y violado. Se ha llegado a mezclar con tantas cosas que hoy en día se reniega mucho de él, y lo entiendo. Lo mezclamos con la entrega, con el romanticismo, con la exclusividad, con la fidelidad, con la obligación, con el fracaso, con el conformismo… El amor es mucho más sencillo que eso, despojemos al amor de todo eso y solo nos quedará un sentimiento precioso, pero que no podemos controlar. Querer que una persona nos ame sólo a nosotros es imposible, y mucho menos obligarlo a que nos quiera para siempre. Podremos “obligarlo” a que aguante a nuestro lado aunque ese sentimiento ya no exista, pero no a que nos ame. El amor es un sentimiento libre. Quiero a mis hijas, pero sería una barbaridad prohibirles que algún día quieran a otra persona y se vayan de mi lado, sería una barbaridad enfadarme porque quieran también a su abuela o a su padre. El amor es un sentimiento libre e inmenso. Está claro que según con qué personas lo mostramos de una manera u otra, pero eso ya son otros complementos, digamos que el amor es una base simple a la que le añadimos otros sentimientos o actitudes. Yo quiero a mis hijas, y a eso le añado el sentimiento de protección, el juego, la educación, los mimos… a una pareja la quieres, y a eso le añades el sexo, la fidelidad, la amistad, la confianza, la exclusividad o la no exclusividad, el D/s… cualquier complemento que una persona pueda desear. En este sentido, conclusión aplicada a mi situación: que mi Amo y yo nos amemos no implica que yo sea Suya, ni que Él sea mío.


La entrega, esa palabra que tanto se repite en BDSM. Para mí la entrega es el empeño, es el dar todo de ti. Creo que no es una palabra exclusiva a la parte sumisa sino también a la dominante. Esto no es ninguna novedad, en todos estos años lo he leído y escuchado mucho. Un Amo también tiene que mostrar ese interés por su sumisa, debe estar involucrado en la relación, debe tener el empeño y la constancia que requiere una relación de este tipo. Pero la entrega no es algo exclusivo del BDSM, al igual que el amor, yo puedo estar entregada en muchos aspectos de mi vida, puedo estar entregada como madre, como hija, en mi trabajo, e incluso como esposa sin que conlleve ser sumisa. De hecho, creo que la entrega es lo que diferencia a las personas, lo que las hace especiales. Mi forma de ser hace que me entregue al 100% en cada paso que doy en mi vida, pero eso no me convierte en sumisa de mis hijas, de mis clientes, de mi marido… por lo tanto, conclusión: No estaría con un Amo que no esté entregado, no me parecería seguro ni sano, la entrega ha de ser mutua, además es algo que pueden experimentar otras relaciones fuera del BDSM, por lo que sigue sin ser lo que me hace Suya.


Entonces… ¿Qué leches hace que sea Suya? La pertenencia. Algo que te pertenece es algo sobre lo que puedes tomar decisiones firmes y que nada te impida cumplirlas, solo tú mismo. Imaginad un jarrón precioso en un museo, lo ves, es precioso, decides tocarlo, decides golpearlo y se rompe. Eso tendría unas consecuencias negativas para ti, ese jarrón no era tuyo, por lo que alguien tomará represalias. Pero si ese jarrón está en tu casa, es tuyo, podrás moverlo de sitio, podrás limpiarlo o dejarlo sucio, podrás incluso romperlo sin que pase nada, aunque lo lógico es que, si lo valoras, lo cuides. Voy a poner un ejemplo más símil al BDSM. Cuando tienes un perro, el perro es tuyo, tú decides si duerme en un sitio o en otro, si lo dejas con otra persona o no, tú quieres a tu perro, lo cuidas, lo alimentas, estás entregado a él porque quieres ser un buen amo, lo sacas a pasear, le das cariño y disciplina, pero eso no hace que tú seas de tu perro, él no puede decidir si sales o entras, si lo paseas a una hora u otra, no puede decidir si acaricias a otros perros o no. Os queréis los dos, pero sólo él pertenece. Evidentemente no somos perros, somos personas, eso hace que haya otros condicionantes. Yo personalmente, como esclava, aspiro a ser esa perra que se deja llevar sin condiciones, pero no todas las relaciones han de ser así. Quizá acuerdes con tu Amo la exclusividad sexual, si para Él no es un inconveniente es válido, pero eso no hace que sea tuyo, simplemente es un trato. Conclusión: yo decidí ser Suya y Él decidió aceptarme como tal, pero no es algo recíproco.


En definitiva, creo que todas las relaciones se basan en el amor, en mayor o menor medida, los complementos que le pongas es lo que las diferencia. A mi relación de amor le he añadido entrega, obediencia y sobretodo pertenencia total, por eso mi relación es Amo/esclava y 24/7. Otros a su relación de amor puede que le añadan entrega y libertad sexual por lo que serán swingers, liberales o como queráis llamarlos. Otros le añadirán libertad de sentimientos y sexo, por lo que será una relación poliamorosa, a la que otros también pueden añadirle D/s… como véis hay muchas combinaciones posibles, tantas como los implicados en una relación acepten.


Que mi Amo no sea mío no significa que me quiera menos o que esté menos entregado. Sé que me necesita, que me adora, que le encanta estar conmigo, pero yo no puedo tomar decisiones sobre Él, puede escuchar mis consejos, pero quizá los siga o no, no puedo decirle lo que debe hacer.
A Él le ha tocado ser el poseedor y a mí la posesión.

martes, 2 de junio de 2015

La sumisa anulada no es sumisa

¿Una mujer se anula por ser sumisa?¿Acepta porque sí el "todo vale"? No y no, un NO rotundo y como la copa de un pino. Aunque hablo desde mi situación en 24/7 creo que es algo extendible a todas las sumisas, ya cada cual que lo aplique a su situación.
Muchas veces me debato entre lo que siento y lo que debería de sentir, soy muy exigente conmigo misma, me planteo cómo quiero ser y me comparo con lo que soy, normalmente no me gusta lo que veo. Esto aplicado a la sumisión sería: cómo creo que debería ser, sentirme y como soy y me siento. Me gustaría poder acatar, que mis sentimientos se correspondieran con el pensamiento de “Es el Amo, puede hacer lo que quiera, nunca se equivoca, y si lo hace qué mas da, es el Amo”. Pero la realidad es otra, la realidad es que, aunque muy pocas veces, me enfado con Él. Y entonces llega mi conflicto interno, sé que llevo razón, pero no quiero sentirme así, no quiero que me de coraje nada de lo que hace, pero es inevitable. Tengo que decir en mi favor que creo haber encontrado un buen punto, la sinceridad, pero una sinceridad sin carga. Es decir, puedo contarle lo que me ha hecho sentir mal y por qué, en un tono suave y respetuoso, sin (casi) recriminar o echar en cara, lo que viene siendo ser asertiva. Creo que lo tengo bastante controlado, pero aún hay un diablillo dentro que me pica y me chincha y me dice que no es suficiente, que estoy enfadada y punto. El otro día me pasó, me enfadé, se lo dije asertiva, Él me escuchó y me dio la razón, todo pacíficamente y en armonía, pero ese diablillo no estaba tranquilo, seguía enfadada. Hay algo que no me deja cortar la situación, si ya me ha escuchado, si ya me ha dado la razón ¡¿Qué más quiero?! Lo peor de todo es que sé que necesito una bofetada, necesito que me baje de nuevo a mi sitio, porque en cuanto le veo una debilidad me crezco, me subo y me aprovecho de ese mínimo poder que me da el que Él se haya equivocado. Tras hablar, cariñosamente me pidió que se la chupara. Yo empecé a hacerlo pero por dentro estaba encorajinada, seguía enfadada, y no quería comérsela ¡Encima de todo!¡¿No acaba de decir que sabe que lo ha hecho mal, que ha cometido un error?! ¡Y se pone a pedirme que se la coma! Cuando debería de estar mimándome para que se me olvide todo… Sí, me da igual lo que penséis, eso es lo que sentía y me gusta ser sincera, sólo así conseguiré cambiar aquello que no me gusta de mí. En definitiva, quería que se arrastrara por mi perdón, seguir manteniendo mi momento de poder y comérsela no era precisamente parte de ello. Tenía una guerra dentro de mí, sentía eso, pero por otro lado pensaba que era el Amo, que era de alabar que sepa ver Sus errores, que me escuche e incluso me dé la razón, pero no debo olvidar que soy Suya y que, una vez dicho todo eso, mi sitio es de nuevo a Sus pies, que debo seguir obedeciendo sin más. Lo miraba, estaba enfadado, confundido, se la comía con toda la desgana del mundo. Por un lado deseaba que me dijera que parase, que no había hecho bien con pedírmelo, pero otra voz le gritaba que me agarrara del pelo, me abofeteara y me recordara que pase lo que pase mi deber es obedecer “Si te digo que me la comas, me la comes con todas las ganas del mundo y punto” esa frase es la que necesitaba. Me da miedo esa facilidad que tengo de sentirme poderosa, no me gusta nada, porque no tengo la misma facilidad para volver a mi sitio. Todo esto no lo cuento como algo malo, a ver, en ese momento lo es y no me gusta, quiero cambiarlo, pero no creo que no sea sumisa por ello. Una vez mi psicóloga me dijo que me enfrentaba a esos conflictos porque no soy una persona sumisa, al revés, pero que con Él sí deseaba serlo. Por eso se me mezclan a veces los sentimientos. Cada aspecto de mi vida me da un placer distinto, eso es algo maravilloso, pero tiene el riesgo de que a veces mezcle unas cosas con otras. En el aspecto laboral me ha costado mucho trabajo aceptar que me gusta ser la jefa, la que manda. Cuando estuve trabajando organizando unas exposiciones de arte con japoneses, yo tenía un puesto importante, era la encargada, la mano derecha de mi jefa, pero los demás japoneses, hombres machistas, no me trataban así, me trataban como a una mujer inferior a la que mandar a por cualquier tontería. Esa experiencia me marcó mucho, yo allí tenía poder, pero ante su actitud me volví sumisa, pequeña, cosa que me hacía sentir tremendamente mal. Si os dáis cuenta es lo mismo que me pasó con mi Amo pero al revés.
Todo eso no es algo que me preocupa, al revés, me demuestra que ser sumisa no es anularse como persona y dejar que hagan contigo lo que quieran. Es elegir a la persona adecuada con la que dejar tu poder a un lado y entregarte. Pero única y exclusivamente con Él. Hace un tiempo me preocupaba que si me gustaba sentir poder, que si tener el mando me daba placer, es que quizá no era sumisa. Pero ahora sé que no, que lo que me gusta es ese contraste, que eso es lo que hace la vida divertida, tener que dar ese cambio tan drástico al cruzar la puerta de casa.
Creo que no hay nada extraño en mi comportamiento, no debo preocuparme más de lo necesario, simplemente son ajustes. No soy perfecta, pero matizar sentimientos y querer seguir en el camino por mucho que cueste me acerca un poquito más. Y lo más importante, si me sigo analizando como persona, enfrentándome a mis propios retos es que sigo siendo yo, no estoy anulada, en contra de lo que muchos creen, eso sí que sería no ser sumisa.



Conclusión de todo este rollo, es normal y bueno enfrentarnos a sentimientos encontrados, una sumisa no es un trozo de carne que ni siente ni padece, es alguien que mira sus sentimientos a la cara y decide qué hacer con ellos, aunque sea someterlos a los deseos de otro.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Los atributos de un Amo

Al igual que pasa con las sumisas, de lo que os hablé en este post, tenemos una imagen definida de cómo debe ser un Amo, me atrevería a decir, que en este caso es incluso más encasillada. Hemos idealizado a un personaje seguro de sí mismo, cabroncete pero amoroso, sádico pero con un instinto protector, con las ideas muy claras, de carácter duro pero que sabe abrir su corazón cuando la situación lo requiere, un personaje que controla todas las técnicas con maestría, sin debilidades, culto… y si encima es guapo y lleva traje ya es el súmmum de la perfección. ¿Es esta imagen real? En mi opinión no es cierta, por mucho que una persona se acerque a ella nunca será ese personaje, precisamente porque imaginamos un personaje, no a una persona. Un Amo es un hombre con tendencia dominante, los habrá más cariñosos, más sádicos, más simpáticos, más serios, los habrá con traje y en vaqueros, los habrá de tantos tipos como hombres haya…
Aunque no todo vale, en este caso voy a recalcar que sí hay unos atributos que, en mi opinión, un Amo debe tener ¿Por qué? Porque en un Amo se deposita mucho, empezando por tu integridad física. El primer atributo indispensable, para mí, es que sea una persona responsable. La práctica más simple en BDSM conlleva un riesgo y por lo tanto una responsabilidad por parte de aquel que la practica. El sencillo gesto de atar unas muñecas ya le quita autonomía a la persona atada, es por ello que hay que pensarse muy bien a quién dejamos que nos ate. Mi segundo atributo indispensable es la sensibilidad, y no me refiero a la de ir llorando por los rincones, me refiero a esa que te hace saber ponerte en el lugar del otro. En estos años he cambiado mucho, a mejor, y ha sido gracias a que Él ha tenido esa sensibilidad, ha sabido ver lo que necesitaba en cada momento, desde un beso a una bofetada. Mi tercer atributo indispensable es que sienta cariño por la sumisa, es cierto que mi relación es 24/7, vivimos cada momento de nuestras vidas juntos, yo sin amor no podría vivir así, pero en los otros tipos de relaciones D/s también creo que es indispensable, si no el amor, el cariño. Hay prácticas duras, humillaciones y demás que requieren un tratamiento de ternura después, si lo único que le gusta de estar contigo es poder sacar el sádico que lleva dentro y luego con dos palmaditas en la cabeza cree que ya está todo hecho no es un Amo, será otra cosa, pero un Amo no. Y ya está, para mí eso es lo indispensable, fijaos que no he hablado de lo seguros que estén de ellos mismos, ni de los justos que puedan ser, ni de la experiencia, ni de lo bien que se les dé atar, no hablado de que les guste más una cosa que otra… eso son características personales, cada sumisa sabrá lo que busca. En cuanto a la experiencia especificaré que, aunque siempre es un grado, no la considero indispensable, con el atributo de la responsabilidad se contrarresta. Yo me entregué a un Amo inexperto y aquí sigo vivita y coleando, pero lo hice porque sé que es tremendamente responsable.
Y hasta aquí este post, contadme qué os parece, qué otros atributos indispensables pensáis que debe tener un Amo.

martes, 5 de mayo de 2015

Los eslóganes más usados en BDSM: SSC, RACK, CCC

Creo sinceramente que en la diversidad está la clave. Varios pensamientos y visiones enriquecen. Es por esto que tuve muy claro al abrir la web que quería que más personas participaran en ella. Y así empezamos con las colaboraciones, creo que de la mejor manera, con mi querida Elisa. Cuando leí su blog me encantó, en sus entradas noté que estaban muy bien elaboradas, con un trabajo de investigación detrás, me dejaba los conceptos bien definidos y estaban expresados de una manera interesante. Supe que la quería a ella para complementarme, ya que yo soy incapaz de trabajar así, quizá por falta de tiempo o quizá porque mi mente es demasiado dispersa... Así que le agradezco que haga este tipo de entradas más técnicas definiendo conceptos. A ella la podéis encontrar en twitter como @littleElisax o en su blog "Pensamientos en la mazmorra"


Aquí os dejo su aportación, un artículo muy interesante del que espero que, al igual que yo, aprendáis mucho:


Breve explicación de los eslóganes más usados en el BDSM:
SSC: Sensato, seguro, consensuado
RACK // RACSA: Risk aware consensual kink // Riesgo Asumido y Consensuado para prácticas de Sexualidad Alternativa o no convencionales
CCC: Committed Compassionate Consensual (Comprometido, Compasivo, Consensuado)


Cualquiera que empiece a leer sobre BDSM o a interactuar con Dominantes y sumisos, se encontrará con el término SSC ("Sensato -a menudo traducido erróneamente como sano-, seguro y consensuado"), que se ha vuelto el eslogan más importante en este mundillo, defendido a capa y espada por gran parte de los Dominantes y los sumisos (y etcéteras), incluso hasta el punto de considerar que aquello que no es SSC, no es BDSM. Sin embargo, no es éste el único lema que se utiliza para definir las relaciones bedesemeras, de hecho el SSC ha sido criticado duramente hasta por el esclavo que inventó el término.


Al parecer, el término SSC fue acuñado por David Stein a finales de los años ochenta, buscando diferenciar las prácticas sadomasoquistas “consensuadas” entre adultos, realizadas por placer, de los trastornos sádicos relacionados con las psicopatías, para normalizar y visualizar el SM en la sociedad. Así define las prácticas como “sensatas”, “seguras” y “consensuadas”, sobre todo enfocándolo a que desde lo vainilla pudiera comprenderse este estilo de vida. Sin embargo, el eslogan SSC tiene el problema de la subjetividad, ya que no para todo el mundo las mismas prácticas son sensatas o seguras. El propio acuñador del término tuvo que explicar muchas veces que no debía desvirtuarse la idea inicial y que considerar el SSC como una regla ineludible y obligatoria, que todos debían cumplir, era un error.
Por ello surge el término RACK, creado a finales de los noventa como una evolución del SSC, una sustitución para que se dejara de desvirtuar el BDSM y de convertir éste en poco más que un juego de roles. Este nuevo “eslogan” es mucho más amplio y se basa simplemente en un consentimiento de las partes, donde todas comprenden los riesgos que conllevan las prácticas que se realizarán. La diferencia fundamental es que no se basa en subjetividades tales como lo que es seguro (¿qué lo es en el BDSM?) o sensato (¿quién define qué es el sentido común?), sino que simplemente los participantes deben ser conscientes del riesgo y aceptarlo. Es, por ello, mucho más libre y más tolerante, además de que da un mayor control al Dominante.
El término CCC (las tres C), de reciente expansión aunque -al parecer- también de los noventa, es prácticamente un desconocido en las relaciones bedesemeras, ya que está muy limitado a un tipo de relación muy concreto y supone mayores riesgos que los anteriores. Es el término que define el intercambio de poder total o las relaciones 24/7, pues sólo se determinan los límites infranqueables. A excepción de ellos, el Dominante tiene total libertad para actuar como desee, y cuando desee (puesto que la palabra de seguridad no existe), teniendo el control absoluto de las prácticas que se realizan.
En definitiva, y en mi opinión personal, el SSC es una buena máxima para tratar de hacer comprender al “mundo vainilla” (dicho así parece que vivamos en dimensiones diferentes, pero me entendéis) que las prácticas realizadas se hacen con cabeza, que no cortamos a la gente en cachitos ni nos gusta abandonar a perrillas sumisas en las gasolineras (o sí -risa malévola-), pero es demasiado limitado para usarlo como una norma para aquellos que practican BDSM. Yo me decanto por el RACK, mientras todos los participantes sean conscientes del riesgo, ¡adelante!



Fuentes y sitios de interés:
http://bdsm-madrid-y-mas.blogspot.com.es/2014/05/ssc-y-racsa-rack.html?zx=24e10e9dbba7bce3
https://mazmorra.net/forums/temas-generales/bdsm-no-es-igual-a-ssc
http://www.golfxsconprincipios.com/lamoscacojonera/protocolos-en-el-bdsm-ssc-rack-racsa-prick-ccc/
http://www.nawaijin.alojamientogratuito.info/tecnicas.html
http://www.golfxsconprincipios.com/lamoscacojonera/rack/
http://www.leatherleadership.org/library/safesanestein.htm


martes, 28 de abril de 2015

Los atributos de una sumisa

¿Qué se espera de una sumisa? ¿Cómo creemos que son? ¿Qué características creemos que las definen? En esto, como todo en la vida, se tiende a generalizar y prejuzgar. En este tiempo en twitter he visto muchos comentarios definiendo sumisas, por desgracia las he visto diciéndose unas a otras “Tú no eres una sumisa por…”. Por ello me ha surgido este tema, quiero definir qué es para mí una sumisa y qué atributos debe tener: Una sumisa es alguien que desea entregarse a un Amo. PUNTO. (Recuerdo que hablo en femenino porque me es más fácil, pero también lo aplico a sumisos y Amas)
Yo soy una sumisa que quiso ser esclava, ESO NO ME HACE MEJOR SUMISA. Habrá sumisas que solo deseen sesionar, que no quieran un control tan profundo, para ellas habrá Amos que busquen eso. Hay sumisas masoquistas, yo no soy una de ellas, eso no me hace menos sumisa. Las sumisas no tienen por qué ser muy abiertas sexualmente, no tienen por qué desear que las cedan, no tienen por qué ser exhibicionistas, pueden desear jugar con más personas o no… Todo eso no son características de una sumisa, son características de una persona. Puede que muchas veces coincidan los deseos pero eso no los convierte en patrones a seguir. A mí me gusta exhibirme, me causa placer que me ceda, me gusta estar con mujeres, no me gusta el dolor… ni las más conservadoras pueden decirme que por ello soy menos sumisa, ni las que se identifiquen conmigo decir que es como debe ser. Esas son mis características personales y, de todo eso, lo único que me hace sumisa es mi entrega. Puede darse también la situación de que aunque no está entre tus deseos llegues a hacerlo por tu Amo, por ejemplo: Aunque no me gusta el dolor, aguanto Sus azotes por entrega. Esta situación debe darse siempre haciendo un ejercicio de consciencia. Debes tomar la decisión de ceder ante algo consciente de por qué lo haces. No es lo mismo hacerlo por entrega que por presión o miedo a decepcionar.
Ser sumisa es una condición, como lo es ser lesbiana, por ejemplo. Dos mujeres lesbianas lo único que tienen en común es que les atraen otras mujeres, pero una puede ser liberal, otra conservadora. Una puede buscar el amor y la otra sólo sexo. Ninguna de sus características personales las hace “mejores lesbianas”, ni ante ellas mismas ni ante los demás. Me gusta mucho compararme con la comunidad gay, ellos tienen más aceptado que tienen algo en común pero que son personas individuales. Nunca he visto a un gay decir de otro ¡Qué mal gay es!
Esto me lleva al ser o no buena sumisa respecto a un Amo. Si ya comprendemos que lo único que nos hace sumisas es la entrega y todo lo demás es complemento, un Amo no puede decirte que eres mala sumisa por no querer hacer ciertas cosas. No es que no seas sumisa, es que no eres la sumisa apropiada para él. Todas las sumisas no le valen a un Amo, ni todos los Amos le valen a una sumisa. Así que olvidémonos ya del miedo a decepcionar o a no ser dignas. Pongamos nuestra fuerza en conocernos bien, definir qué buscamos y pongámonos a buscarlo.



P.D.: Me encanta sentirme cerca de los que me leéis. A veces me pregunto si los temas que trato os interesan o no, y por ello he pensado pediros que me dejéis comentarios tanto en abierto como al correo azoteycafe@gmail.com, dándome ideas para futuros post, qué temas os interesarían, preguntas que queráis que conteste, si queréis mi opinión, saber algo concreto de mí… cualquier cosa que se os ocurra. Yo seguiré hablando de lo que tengo previsto, pero lo alternaré con lo que me propongáis y estime oportuno. Con esto quiero conseguir que mi blog sea más dinámico, tratar temas que quizá no me haya planteado nunca, más cercano a vosotros y más divertido para mí, ya que creo que muchos de esos temas pueden ser un reto ¡Espero que os animéis!

martes, 14 de abril de 2015

Mi concepto de BDSM o de mi cuento de hadas

Puff... este es un post difícil. Creo que he mostrado abiertamente mi mentalidad, mi forma de vivir el BDSM, pero nunca he dado abiertamente mi concepto de BDSM, no os he definido qué es para mí. Pero me lo han preguntado y creo que ha llegado el momento de mojarme.
Si os soy sincera hasta ahora no me había planteado este tema, lo he ido viviendo sin teoría, sin definirme. Quiero que quede claro antes de empezar que mi mente en este tipo de cosas es muy peculiar, la libertad es mi máxima de vida, lo que significa que si defino un concepto no espero que nadie se ciña a él, simplemente son mis directrices para vivirlo, incluso puedo decir que mis conceptos sólo me son válidos a mí, como los del vecino solo le son válidos a él. Espero que me haya explicado bien pues mi intención no es para nada sentar unas bases o dogmas. Para empezar creo que la comunidad BDSM es un grupo de personas que tienen cosas en común, pero no una religión con biblia y profetas.
Bueno, ha llegado el momento de mostraros lo loca que en realidad estoy…


Para mí el BDSM es algo básico, algo sencillo pero a lo que es muy complejo llegar. Para mí el BDSM es entrega, ya que es fundamental para poder llevar el resto de siglas. Para mí la entrega es al 100%, una forma de vida, lo que conlleva sentirla en todo momento. Sinceramente creo que mi concepto de BDSM es un poco cuento de hadas. El objetivo es encontrar un Amo, un Amo que comparta tu visión. Y hasta no estar 100% segura de que es Él, no entregarte del todo ¿Por qué? Porque para mí el culmen de la entrega es hacerlo para siempre. Puede parecer idealista, lo admito, pero ya os he dicho muchas veces que soy una fantasiosa y adoro soñar. Lo cierto es que no me ha ido nada mal, quizá he utilizado la teoría de proyectar de manera inconsciente y me ha funcionado.                           Yo no concibo mi BDSM con roles. Rol es una palabra que me rechina, me suena a jugar y yo odio jugar a lo que realmente quiero ser. De pequeña me dolía jugar a ser una princesa porque sabía que nunca lo sería. Esto qué quiere decir, que mi entrega es absoluta y en todos los aspectos de mi vida: familia, amigos, salud, trabajo… sin interruptor ¡Qué barbaridad! Bueno, pues aquí llega otra: no concibo la dominación y la entrega sin amor. Yo no podría entregarme tal y como os he explicado a un hombre que no me quiera, no estaría segura de que sus decisiones fuesen a hacerme bien. El amor es lo que nos vuelve un poco menos egoístas, es lo que nos hace querer que la otra persona sea feliz. Sé que mi Amo lo pasa mal cuando no controla mis situaciones en el trabajo, sé que le pone nervioso que vaya de un lado para otro, que esté atareada y estresada a veces… sé que le gusta controlarlo todo. Él me podría decir “Deja de trabajar” y yo lo haría sin chistar. Pero no lo hace porque, aunque tiene ese poder, decide verme feliz en ese aspecto antes que ejercerlo. Supongo que muchos os sorprenderéis cuando digo que lo haría sin chistar y entiendo perfectamente que vosotros no. Hay una cosa que considero que toda persona tendría que hacer: una lista de prioridades. Con algo tan simple se evitarían muchos problemas y confusiones con los demás y con uno mismo. Hay que reflexionar y hacer un ranking de las cosas y sensaciones que nos hacen felices, luego ver en qué puesto de nuestra lista de prioridades está. Mi trabajo me hace feliz, pero la sumisión me hace aún más feliz, por eso está por encima en mi lista de prioridades. Puedo pasar sin trabajo, pero no sin sumisión. Es algo que ya sabía desde pequeña y, en los años en que no la tenía en mi lista de prioridades, todo me pareció tan duro que no volveré a ignorarla. Noto perfectamente que hay sumisas que también quieren amor en el BDSM pero no lo admiten o aceptan que eso no es posible por encontrar a alguien lo más parecido al Amo que habían soñado. Si ellas saben que el amor les hace más felices deberían de luchar por encontrarlo, aunque costase más. Pero si por otro lado tener sensaciones de entrega, aunque sea sin amor, les vale más pues genial. Simplemente hay que ser conscientes de lo que uno quiere y nunca autoengañarse.
Me estoy enrollando un montón y quizá ni siquiera he contestado a la pregunta que me hacían… pero es que acabo de comprender una cosa, odio teorizar, hace que esto pierda la gracia. Y después de todo el rollo que os he contado, en el que puede hasta parecer que he reflexionado de manera seria, os voy a pedir que lo olvidéis todo, ya que os voy a hacer una confesión: no soy nadie para dar mi concepto sobre BDSM porque nunca he buscado pertenecer a ese mundo, he llegado a él por casualidad. No os asustéis que ahora mismo os explico. Nunca supe lo que era el BDSM hasta muchos años después de empezar a sentir todo esto, es decir, nunca lo busqué. Lo que he hecho desde niña es forjar mi vida en torno a un sueño, sí en torno a ese cuento de hadas. De pequeña imaginaba que un hombre me compraba en un lugar dedicado a ello, un hombre que buscaba una sumisa para casarse con ella porque no quería una novia convencional o una simple sirvienta sexual, quería la combinación de las dos. Que me llevaba a su casa, que un principio me resistía y lo odiaba, pero que finalmente me conquistaba y acababa enamorándome de él, y él de mí. Ese cuento lo he ido perfeccionando desde mi niñez, sí me daría para una novela. El caso es que en mi vida he querido que ese cuento se hiciera realidad y aunque, por supuesto, la primera parte no es cierta, lo que estoy viviendo ahora es igual que en mi fantasía, o incluso mejor. Así que mi concepto de BDSM es extraño, es simplemente un sueño que tuve, que se me cumplió y que casualmente encaja dentro de una comunidad. Y he comprendido perfectamente que hay que tener cuidado con lo que se sueña, soñé con cosas que, a la hora de la verdad, no sabía si iba a poder soportar. Pero gracias a Él sí puedo, gracias a Él vivo en mi cuento, en ese cuento en el que yo no tuve elección, en el que Él me eligió a mí, sin que yo tuviera voz ni voto. Y ahora llega alguien y dice que como sumisa sí tengo voz y voto, que yo he elegido todo esto y… ¡Ya lo sé! Pero no me lo recordéis que me cortáis todo el rollo. Con las teorías me siento como si alguien me dijese que los Reyes Magos no existen, todos sabemos cómo funciona el tema, pero por qué matar la ilusión y la fantasía.


Así que vuelvo a mi lucha habitual en contra de las teorías. Mi concepto de BDSM es que son unas siglas que describen una serie de prácticas en las que encajan muchos tipos de personas con muchos tipos de sentimientos, ni más ni menos, no hay que darle tanto bombo.

lunes, 9 de marzo de 2015

Mi nueva vida (2ªparte)

Y vamos con la conclusión de la que hablé en mi anterior entrada y que tanto me ha costado asimilar o admitir. Para poneros sobre el terreno os contaré que un comentario de El Rincón de Pelusilla, comenzaba diciendo que admiraba mi labor como esclava. Era con toda la buena intención del mundo, me lo decía como algo muy bueno, pero en mí algo se removió, ¿Esclava? Yo no era esclava, no quería serlo. No me creeréis si os digo que en todos estos años en el BDSM ni me había parado a leer lo que implicaba ser esclava, a ver, lo sabía, pero no me atraía, al revés lo rechazaba, no sé explicar el por qué. Yo siempre seré sumisa, me decía, las sumisas tienen una parte de elección, algo de poder albergan, lo veía más como de princesita, y tened en cuenta que en mi interior seguía siendo una princesita malcriada. Así que ese comentario me rechinó. Me encanta analizarme, así que me pregunté por qué, por qué me había puesto nerviosa ese comentario hecho con toda la buena fe.
Para explicarlo mejor, saltaré a unos días después, cuando mi Amo y yo estábamos en este proceso que os relaté anteriormente, yo ya había decidido cruzar esa puerta hacia un mundo que me asustaba, lleno de nuevas normas y entrega. Él había cambiado, o quizá cómo lo veía yo. Estaba más serio, mucho más autoritario, seguía mostrándome Su cariño, pero observaba cada paso, sentía que mis lloriqueos o mis intentos de quitarle importancia a mis actos no servían como antes. Me recriminaba mi inmadurez y egoísmo. Fueron días muy duros, pero de los que aprendí muchísimo. Él me preguntaba si sentía algo malo hacía Él por esas cosas, y os juro que no, sentía que me ayudaba, sentía que le había tocado ese papel para ayudarme, ya que hay cosas que sólo aprendo por las malas. Una noche nos sentamos en el sillón, me preguntó que en qué pensaba, esa pregunta era una nueva norma que implicaba mi sinceridad más absoluta, claro que podía mentirle sobre mis pensamientos y Él no lo sabría, pero yo sí. “Amo, le doy vueltas a una pregunta: ¿Por qué no me gustó que me llamaran esclava?” era una pregunta a la que dentro de mí había dado respuesta, pero mi soberbia no me dejaba ver. Era tan sencilla que me molestaba: es cierto, me había convertido en esclava sin darme o sin querer darme cuenta. Lo era antes, pero los acontecimientos de esos días lo habían puesto de manifiesto, no podía estar sin Él, aunque eso significara no tener condiciones aunque, si observaba bien, nunca las tuve. Confiaba y confío tanto en Él que si algo le vale a mí también. Esa noche lloré, sentí que una parte de mí moría, y aunque esa parte me estuviera haciendo mal me daba pena. Él me acurrucó “No te agobies con los nombres, si no te gusta la palabra esclava no la usaremos, piensa que eres una esposa muy obediente y yo un marido cabroncete”. Para que me quedara más tranquila buscamos información en internet, las definiciones y ejemplos que encontrábamos no paraban de darle aún más fuerza a lo que acababa de aceptar. Ese día fue muy importante, a partir de ahí, vi las cosas de otra manera, le quité esa parte negativa que le había atribuido, sin argumento, al concepto de esclava. Ahora voy descubriendo nuevas sensaciones, mucho más intensas y me siento libre, qué ironía. Parece que necesito definirme para limpiar esos pensamientos y emociones que se me aturullan dentro.
Al fin con el concepto asimilado respiré tranquila, hice recuento de mis fantasías y anhelos infantiles, cuando nada me reprimía, cuando era más sencilla, y otra pieza de este puzle que soy encajó perfectamente: Nunca he deseado ser sumisa, yo siempre quise ser esclava.

lunes, 16 de febrero de 2015

¿Qué me pasa?¿Soy sumisa?

Para empezar, hablo desde el punto de vista de las mujeres porque yo lo soy, pero se puede aplicar a los hombres también. Entended que es para mí más fácil hablar desde mi papel como sumisa. Me ha surgido este post pensando en las personas que han leído 50 sombras de Grey, que han sentido algo y no saben muy bien cómo llamarlo, pero al igual que antes, se aplica a cualquier persona que me lea. Es imposible ignorar el tema de moda jaja.


¿Te imaginas sometida, atada y azotada? ¿Imaginas a tu pareja con una fusta en la mano y te excitas? ¿Durante el sexo te gusta la violencia, tal como una bofetada, insultos o inmovilización? y analizando lo que sientes te surge una duda ¿Soy sumisa? Yo no tengo la respuesta, sólo puedo darte mi visión de este tema, pero sí creo que es importante saber qué somos. No hay nada que atormente más que intentar ser lo que no eres o negar lo que sí.


Creo que hay tres conceptos que pueden ayudarnos a definirnos:

- Las fantasías: Desde que tengo uso de razón las fantasías han formado parte de mí. He fantaseado con todo tipo de cosas, en mi caso, relacionadas con la sumisión. Pero creo que es algo que todas tenemos, y si no es así, es bueno intentar buscarlas, son importantes para conocernos y disfrutar. Que nos guste fantasear con algo no significa que queramos vivirlo en la realidad, yo he fantaseado con violaciones, pero no quiero que me violen. Sin embargo es divertido y satisfactorio jugar a reproducir esas fantasías. Si fantaseáis con ser sometidas no significa que seáis sumisas, quizá sólo os guste jugar un rato a servir. Una mujer me contó que fantaseaba con que su marido era un rudo leñador que volvía a casa sudado y con ganas de sexo, ella no quería un marido leñador, quería que él lo fuese durante un rato. El juego es muy importante en una pareja, despersonalizarse un rato, ser un personaje que no tiene que ver con nosotros es liberador y divertido. Mi Amo y yo, cuando éramos una pareja vainilla, jugamos a todo tipo de cosas. Recuerdo un cumpleaños que, por sorpresa, aparecí disfrazada de sirvienta, con uniforme y cofia. Él me lo devolvió con una bata de médico. O también recuerdo con especial cariño cuando jugamos a que nos conocíamos desde niños y que, ya creciditos, investigábamos el sexo juntos. Fantasear y jugar, en mi opinión, son indispensables en la vida sexual de uno mismo y de una pareja.


- Sexo duro: Estás follando, te gusta pero quieres más, qué raro esto que siento, necesito intensidad, sorpresa... necesito violencia. ¿Pero esto es normal?¿Soy rara?¿Qué me dirá si se lo pido? Así me he sentido en muchas ocasiones. El placer y el dolor son sensaciones muy parecidas, las separa una línea muy fina. En lo que lo veo más palpable es en un orgasmo, después de un rato de gran placer, tengo un orgasmo intenso que me mata de gusto, me muevo alargando el momento lo máximo posible y de repente, el placer es tanto que se convierte en una hipersensibilidad dolorosa. Pues al revés igual, el dolor puede excitarnos, la violencia, los insultos... ¿Significa eso que queremos que nos traten así siempre? No, puede que ni siquiera queramos ese tipo de sexo siempre, sólo en determinados momentos, buscando sensaciones intensas, liberarnos un rato a través del sexo duro. Este tipo de sexualidad no está ligado a la sumisión, que te guste sentirte dominada, dolorida o humillada en determinados momentos no significa que quieras llevarlo más allá de un rato en la cama.


- La sumisión: La sumisión, para mí, es una condición. ¿Qué quiero decir con eso? Yo siempre me he sentido identificada con las personas homsexuales. Hace poco mi prima me confesó que era lesbiana, me lo dijo entre lágrimas, creyendo que la rechazaría por ser así. En ese momento supe que a mí me pasaba lo mismo, mi condición sexual y de vida me creaban miedo al rechazo, esa sensación de que la sociedad e incluso tu familia no te comprenderán. La sumisión atañe a muchos aspectos de tu vida, no sólo al sexual. Ssiguiendo con la comparación, a mí me puede gustar tener sexo con una mujer, pero no soy lesbiana, no quiero a otra mujer como pareja, ir al cine juntas, tener momentos románticos, sentimientos de amor, comprometerme con ella, vivir juntas... no me gusta lo que conlleva ser lesbiana, ya que no es sólo sexo. Pues igual pasa con la sumisión, no me gusta someterme en exclusiva en la cama, quiero llevar esa entrega a mi vida en pareja, adoro esa confianza depositada en Él, esa seguridad de saber que está ahí para protegerme y cuidarme. En cuanto a mi parte como sumisa, evidentemente tengo que hacer sacrificios, puede incluso parecer que no soy libre, y es cierto que a nivel práctico tengo que obedecer, pedir permiso para cosas que los demás no tienen que hacerlo, pero no me importa, a otro nivel más alto, decidí libremente perder esa autonomía, porque es lo que me hace feliz. De qué me serviría hacer siempre lo que me de la gana si eso no me satisface. Es cierto que hay muchos tipos de sumisión, tantos como personas o parejas, ya que cada uno es libre de vivirlo a su manera, pero explicar esos tipos no es el objetivo de este post. Lo único que es cierto y que es común a todos los tipos de sumisión, es el sacrificio. Si no estás dispuesta a hacer sacrificios la sumisión no es para ti. Y no pasa nada, no tiene nada de malo fantasear con serlo, disfrutar del sexo duro y no ser sumisa, es perfectamente aceptable.


Espero haber diferenciado un poco estos conceptos, quería hacerlo con el fin de que seáis capaces de ir matizando vuestros gustos y sexualidad. Y no olvidéis que el objetivo siempre es ser felices. Si haces algo que no acaba de gustarte déjalo, si crees que algo se te queda corto, lucha por esa situación que te daría la felicidad. Puede que este camino de autodescubrimiento sea duro, pero las recompensas son increíbles.