martes, 17 de marzo de 2020
Es entrega no rendición
miércoles, 25 de abril de 2018
La más idiota
Hoy sin venir a cuento he escuchado una canción y me he dicho: quiero publicar en "Azote y café" es mi blog, un lugar en el que divertirme y nutrirlo de historias que solo aquí puedo volcar.
Quizá tenía que suceder así, porque sí es cierto que no soy la misma que se despidió, estoy metida en un curso intensivo de vida y una de las cosas que más fuerte me ha llegado es la necesidad de divertirme y solo eso. Me he dado cuenta que no me dejaba disfrutar, que convertía cualquier diversión en obligación... También me he dado cuenta de que debo ser más espontánea, dejar de pensar tanto las cosas y dejar salir a la locura, esa que hoy me ha hecho publicar esto, aunque mañana me arrepienta... ¿Qué más da?
Así que esto es parte de mi lección, el vivir esta sensación de "vergüenza" por volver tras despedirme, esta sensación de "Ángela, tú no haces las cosas así, esto no es propio de ti, tú eres drástica y férrea cuando se trata de ser fiel a tus decisiones" anda, acabo de verle las orejas otra vez a mi soberbia, me agarro tan fuerte a mis decisiones como dando por hecho que ninguna es equivocada. Pues sí, querida soberbia, me equivoqué, querría volver a escribir aquí, sí, de otra forma, pero quería volver a escribir. Qué bien conozco este "bulle, bulle" en el estómago, ese que siento cuando le doy una patada a mi ego, y se duele y me duelo. Pero hoy siento que me he reconquistado, que he reconquistado este hueco que con tanto cariño e ilusión creé. Ahora lucharé para usarlo simplemente para divertirme, nada más.
Mientras escribía esto me ha llamado mi madre y le he contado este proceso y me ha dicho una frase clave: "Tu alma te pide ser río y has empezado a serlo, pero aún tienes el recuerdo de cuando eras piscina" y es eso, los ríos fluyen, no se plantean por dónde pasarán y como construir ese camino, solo pasan y se abren paso por donde les da la gana.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Inaugurando la temporada
¡Primera entrada de Septiembre! El jueves pasado ya publiqué un cuentecillo, pero con esta entrada me despido oficialmente de las vacaciones e inauguro la nueva temporada. Este mes es un mes que me apasiona, vuelvo con las pilas cargadas, con muchísimas reflexiones hechas, con sensaciones nuevas y la mente despejada. Ha sido un verano maravilloso, de los mejores que he vivido, y no por las cosas que hemos hecho sino por cómo he conseguido vivirlo. El verano es una época complicada para mí, por un lado me gustaba pero por otro me ponía en un estado de irritabilidad, de mal humor, incluso depresiva. Durante varios veranos me propuse ir trabajándomelo, aprender a disfrutar ya que creo que lo que me ocurría es que se exageraba ese horrible mecanismo que tengo dentro de autoboicotearme, de no dejarme ser feliz. En los últimos veranos ya noté mejoría, pero este ha sido el clave, ese en el que te das cuenta de que eres capaz de disfrutar y vivir el momento. Pero aunque ha sido genial ahora toca saborear otras sensaciones que también me encantan: Plantear nuevos retos, nuevas metas, reorganizar, limpiar a fondo, hacer cambios, cerrar capítulos, prepararme para un nuevo curso. Reiniciarme es algo que adoro.
Cuando me fui de vacaciones estaba hecha un lío respecto al blog, seguía teniendo muy presente quién me lee y elucubrando demasiado qué desea leer quien lo hace. Y ese era el problema, la perspectiva, enfocaba el blog de fuera a dentro, pretendía sacar de mí lo que esas personas imaginarias querían, en vez de posicionarme de una vez por todas de dentro a fuera. Esto es algo recurrente en mi trayectoria en el blog, ese necesitar volver al origen para darme cuenta que este proyecto empezó por y para mí, y que eso no puede cambiar ya que me conozco y sé que por otro camino acabaría dejándolo. Me he dado cuenta que ser consciente de que lo que escribo ayuda a otras personas me abruma y me confunde. De repente tomo la responsabilidad de seguir haciéndolo, como si esa fuera mi intención desde un principio. Y no, esto empezó para ayudarme a mí, ese proceso ayudó a otras personas y eso debe seguir siendo así. Aunque suene más egoísta, aunque quede precioso decir que esto lo hice para otros… pero no es cierto, me encanta ayudar “de rebote” a otras personas, pero eso es algo casual. Creerme que tengo la obligación de ayudar es otra forma sutil de soberbia, y ya sabéis que se la tengo jurada a esa… ¿Quién leches soy yo para ir por la vida ayudando a nadie? Y no lo digo desde el no valorarme, lo digo desde que yo soy una persona con sus cosas buenas y malas, pero sin nada más especial que mi empeño por crecer. Así que seguiré escribiendo sobre ese proceso y si leerlo ayuda a alguien más, genial. Por otro lado intenté dividirme, intenté llevar dos blogs para expresar distintas cosas de mí, distintas partes… eso tampoco dio resultado, no sirvo para dividirme, soy un completo para bien o para mal. Hace poco una amiga que me ha ayudado mucho a enfocar bien las cosas, me dijo que mi blog debe ser como mi casa. Esta metáfora me ayudó muchísimo. En mi casa hay muchas habitaciones, muchas cosas que me representan, en ella puedo hacer muchas actividades que adoro hacer: meditar, sentarme en el jardín, ver series, estar de barbacoa con amigos, follar… en mi casa también me angustio, lloro, me enfado… Cuando vienen invitados se integran, esta casa tiene algo que el que viene se siente parte de ella, aunque cada uno es libre de elegir qué de ella vive. Con todo este rollo lo que quiero decir es que por fin comprendo (aunque ya lo sabía no me había calado) que este es un blog personal, que no es un blog temático, soy yo hablando de mis cosas, y mis cosas son muchas y variadas. Que no tengo que escribir pensando en qué querréis leer, sino escribir de lo que quiera, abrir mis puertas y dejar que cada uno elija en qué habitación quiere entrar y en cuál no.
Como siempre cuando escribo mis procesos los veo tan simples que digo: Ángela ¿De verdad has tenido que angustiarte tanto y darle tantas vueltas a algo tan simple y lógico? Pero yo soy así y así he de quererme jaja.
Dicho todo esto, solo me queda decir que espero que vuestros veranos os hayan llenado de vitalidad, la suficiente para afrontar este nuevo curso que llega y que presiento será importante a muchos niveles.
Y ya sí, doy inicio a esta nueva temporada, gracias por estar ahí.
miércoles, 14 de junio de 2017
Desnudarme
¿Qué si me asusta desnudarme? Me aterra. Pero mi piel no está hecha para ser vestida, mis tripas no soportan permanecer ocultas. Cuando me desnude unos me verán hermosa, otros dirán que no estuvo bien hacerlo, habrá quien se fije en mis defectos, tergiversarán mis cicatrices, sacarán de contexto mis lunares… pero no me importa, hay algo que me empuja a hacerlo: hazlo, hazlo, quítate la ropa, las bragas, quítate la piel y enseña al mundo lo que eres, no tengas miedo de tus palabras, quién quiera las entenderá quién no quiera no, y eso no depende de ti.
¿Que si me asusta desnudarme? No hay día que no me plantee si es un error, si ponerme en el punto de mira cambiará en algo mi apacible vida.
Pero hay una voz lejana, de otra dimensión, de otro mundo, que me dice: Hazlo, no pasa nada, tranquila, estás protegida, todo lo que ocurre es para aprender, mejor llorar que quedarse estática. Zambúllete en la vida, vívela, no te limites a observarla como si fuese una película, demuestra que eres la protagonista.
lunes, 29 de mayo de 2017
Enferma
Hasta los 21 años me sentí rara, enferma, me reprimí. “Esto que sientes está mal””Eres una loca pervertida” y un sinfín de frases horribles que me repetí durante esos años. A los 21 años decidí enfrentarme a eso y llegó mi época dorada. Me sentía genial, libre, “normal”, no había nada que me dijese “reprímete” no está bien lo que eres, ya no me sentía enferma, solo me sentía yo. Pero la fuerza se demuestra en la regularidad, no en el instante. Y yo aún soy fuerte a ratos. Seguro que cuando diga esto alguien pensará: “No seas tonta, no hagas caso de los demás”, “A mí no me afecta lo que digan” y yo les doy la enhorabuena por ello, pero si de algo puedo presumir en este blog es de sinceridad, y sin yo querer, sin darme cuenta, incluso cuando creía que no escuchaba sandeces, de repente, un día me encontré con un pellizquito dentro que no tenía.
El sábado vimos “La Venus de las pieles” de Polansky, no puedo decir que no me gustase, es una película genial para enfrentarte a ti mismo, para sacar tus verdades a flote. Analiza el sadomasoquismo y las relaciones D/s, y su conclusión es a la que llegan en la mayoría de los casos: está mal, es de enfermos. Evidentemente no fue solo la película lo que ha calado en mí, fue la gotita que me faltaba para darme cuenta de que algo había cambiado en mí, que ya no estaba tan segura de todo, que algo había calado en mi en este tiempo y no, no es nada bueno. Desde que “salí del armario” en redes sociales y demás he ido leyendo a personas que veían el BDSM como algo malo. Al principio no les hacía caso, veía claramente su error, o eso creía yo. Hace unas semanas leí el hilo de una chica en twitter que analizaba porqué el BDSM es machista, sea en la situación que sea, incluso cuando es la mujer la que domina. No recuerdo las palabras, solo sé que noté cómo esas palabras me hacían sentir de una manera muy concreta: me hicieron sentir enferma. Y me puse a pensar, a analizar… pongamos que esa chica y todas las que dicen cosas similares llevan razón, o pongamos que ellas lo hacen con su buena voluntad de mejorar la sociedad, pongamos que yo le escribo y le digo: tu palabras me han calado ¿Qué se supone que tengo que hacer yo?. Aunque todo lo que dicen fuese cierto, mi felicidad se basa en eso que ellas tachan de tan negativo ¿Tengo que volver a reprimir mis sentimientos?¿Tengo que dejar de ser feliz?. Y entonces volví a mi, ya recurrente, comparativa con la homosexualidad. Esos tiempos en los que las teoría “lógicas” decían que lo que tenían era una enfermedad, y me imagino a ese pobre muchacho escuchando atento cómo esas personas “se preocupan” por él y su “enfermedad”, a ese pobre muchacho llegando a una conclusión: estoy enfermo. ¿Acaso eso cambió algo? ¿Acaso no hemos visto más adelante que no era una enfermedad? Hay que tener cuidado cómo buscamos el bien y mejora de la sociedad porque a lo mejor estamos consiguiendo todo lo contrario. A esas mujeres, no las voy a llamar feministas puesto que sería enturbiar el verdadero feminismo que me parece maravilloso y del que me siento parte, que dicen querer defender la libertad y bienestar de sus iguales juzgando y generalizando yo les diría:
Hola, me llamo Ángela, soy una mujer. Era feliz, me sentía genial, pero gracias a vuestras palabras me siento una enferma que “daña” a las otras mujeres solo por querer ser y vivir como me da la gana. Me habéis hecho sentir una enemiga del poder de la mujer, cuando es lo que he buscado en mí siempre, gracias a vuestras teorías lanzadas desde vuestra visión, única y exclusivamente, me habéis hecho plantearme si debería reprimir mis sentimientos, porque vosotros lo llamáis manipulación del patriarcado y yo lo llamo sentimientos, que han estado ahí desde que nací, que es lo que yo he buscado para ser feliz. Y eso es lo que no entendéis porque sólo os ponéis en los zapatos de las mujeres que os conviene, porque no os ponéis en los de todas. Poneos en mis zapatos pero no con vuestra visión, por supuesto, eso no vale, eso es trampa. Imaginad que lo que vosotras anheláis para ser felices, ese sentimiento de buscar la vida ideal para vosotras, es lo mismo que siento yo, da igual que sean cosas distintas, son sentimientos. Y ahora imaginad que alguien os dice que eso está fatal, que no está bien ¿Cómo os sentiríais? Mal, ya os lo digo yo. Y yo no estoy en vuestra contra, decís cosas muy inteligentes y llenas de sentido, pero sin ninguna empatía, perdonadme pero es la realidad. Si la tuvieseis lucharíais sin dañar a las que pretendéis ayudar. Hay muchas cosas que reivindicar, muchas causas por las que luchar, el BDSM en sí no lo es, porque os arriesgáis a cruzar la fina línea que hay entre mejorar el mundo o delimitar la libertad de otras mujeres “por protegerlas”. A un pájaro en una jaula no se lo come otro animal, pero se muere de pena. Yo no vivo en una jaula, yo vuelo libre y vuelvo al lado de quién yo elijo en las condiciones que yo elijo, y me gusta mi vida tal y como es. Otra cosa muy distinta es perseguir y denunciar el abuso, que puede darse en cualquier tipo de relación, vainilla, BDSM, homosexual… Pero perseguid el abuso en casos concretos, no generalicéis, recordad que generalizar es muy malo y muy peligroso… recordad que el límite entre ser el “bueno” y el “malo” es muy fácil de cruzar. Para que lo entendáis mejor os recuerdo que hubo médicos que creían que ayudaban a sus pacientes con problemas mentales y hoy sabemos que los sometían a auténticas torturas. Es una exageración, por supuesto, pero creo que se ve muy bien cómo a veces creemos que ayudamos y lo que estamos haciendo es entorpecer la búsqueda de la felicidad de los demás. Y sí, enhorabuena, en mí habéis sembrado la duda de si lo que yo siento está bien o mal, si es el machismo histórico que está impreso en mi ADN, pero eso no me ha ayudado en nada, al revés, sigo sintiendo lo mismo, sigo eligiendo ser feliz como yo sé que puedo serlo, lo que sí habéis conseguido es que me sienta una enferma por ello. Gracias, hay miles de mujeres que necesitarían apoyo para sentirse mejor pero, en cambio, habéis conseguido que una que se sentía genial, se sienta mal. Y me diréis “si hemos sembrado la duda será por algo” y yo os digo que si coges a una persona y empiezas a lanzarle mensajes negativos sobre lo que es una y otra vez, inevitablemente consigues una reacción negativa en ella, al final consigues sugestionarla. Solo os pido que analicéis lo que decís, yo nunca he dicho que todas tienen que ser como yo, he defendido mi manera personal de vivir ¿Y vosotras? ¿Les decís a las demás qué hacer y cómo vivir? ¿Os metéis en sus vidas sin conocerlas? Analizad bien lo que decís a ver si en vez de la libertad lo que buscáis es cambiar unas normas por otras y, lo siento, pero eso no es libertad.
Pero que nadie se preocupe o se asuste, soy muy capaz de superar esa sugestión, a esta vida he venido a ser feliz y eso es inamovible. Esto es una etapa y en el fondo fondo sentirme así me ayuda a “luchar” por normalizar este tipo de sentimientos, que sentirme así me hace ser más consciente de lo imprescindible que es sacar a la luz lo que somos de verdad y pelear con nuestro maldito ego y su manía de agarrarse a cualquier cosa para hacernos sentir mal, para auto boicotearnos. Me hace ser aún más consciente de lo importante que es fortalecerme, ganar en seguridad mucho más de lo que ya lo he hecho, me hace ser consciente de que esta guerra no acaba nunca, que hay que ir batalla a batalla… me hace ser consciente de lo importante que es seguir afianzando mi poder y mi conocimiento de él, frente a todos y todas. Al final a ese pellizco tengo que darle las gracias, me ha devuelto una chispa que había perdido, y le da aún más sentido a lo que voy a hacer en unas semanas…
Mi conclusión es una muy simple: aunque hayan conseguido hacerme sentir una enferma, una voz mucho más fuerte dentro de mí me grita que no lo soy.
lunes, 6 de febrero de 2017
El día que todo cambió
Supongo que los que me leéis desde hace mucho tiempo o los que ahora estén leyendo este blog desde el principio noteis que en un momento concreto mi tono cambió, mi perspectiva tomó otro rumbo, y quiero explicar qué pasó, no porque nadie me lo haya pedido, es algo que necesito hacer para hacerme entender, para dar un salto y que comprendáis por qué ahora enfoco la vida desde otro lugar.
Una de las dudas, por no decir LA DUDA más importante y que más me ha corroído desde que era niña era ¿Por qué soy sumisa? ¿Por qué necesito entregarme? El día que todo cambió fue el día en que di respuesta a esta pregunta.
Por otro lado también desde niña he tenido una lucha constante entre mis dos Ángelas, cosa que también habéis leído. Es como si la Ángela superficial hubiese sido mucho más predominante que la espiritual, aunque siempre ha estado ahí, saliendo a muy poquitos, sobre todo en los casos más extremos en los que la necesitaba para seguir adelante. Mis padres antes de tenerme y hasta que yo era muy pequeña estuvieron muy relacionados con temas de meditación y descubrimiento espiritual, yo de eso solo tengo leves recuerdos, como estar jugando en un campo de noche alrededor de unas personas sentadas en círculo, el olor del centro budista de Oseling, participar en algunas de sus meditaciones pero más como un juego. Esos son recuerdos muy vagos, poco después, por circunstancias, ellos dejaron ese camino de manera tan activa. Mi madre sí seguía meditando, pero para mí siempre fueron sus asuntos, totalmente ajenos a mí, evidentemente algo me transmitía, pero yo lo adquiría de forma superficial, sin comprenderlo del todo, sin sentirlo. Siempre la vi como una persona muy superior a mí, así que di por hecho que jamás llegaría a su nivel. Así pasé mi vida, sintiéndome desconectada de mí y del mundo.
Cuando empecé a ser Suya eso empezó a desaparecer, entregarme me conectó a mí misma, pero cuando esa conexión fue fuerte llegué a las puertas de algo distinto. Las sesiones, los azotes, las bofetadas, el dolor, el sexo me empezó a traer otro tipo de sensaciones, más profundas, eran cosas extrañas, sentía que todo eso respondía a algo más pero no sabía qué era, estaba un poco perdida. Ahora sé que nada es casualidad, pero “por casualidad” en esos días fue el cumpleaños de mi prima y mi tía me dijo que debía hacer una cosa, era una meditación, una técnica para conectarnos con una onda cerebral más profunda que guarda recuerdos de otras vidas. Pensé que era un poco rollo, la verdad, pero soy una curiosa enfermiza y no tenía nada que perder, por probar no pasaba nada, sería pasar una mañana charlando con mi tía. Llegué esa mañana a su casa, era un día soleado de abril, no lo olvidaré jamás. Me senté en el sofá, mi tía se puso a mi lado, cerré los ojos y fui escuchando sus palabras, imaginando lo que me decía. He de decir que a pesar de que mi madre meditaba casi a diario yo no lo había hecho jamás, era reticente, me daba pereza… tras la meditación para conectarse con esa parte comenzamos a hablar. Es cierto que aunque tú tengas la sensación de estar normal, hablas de cosas de las que nunca has hablado y te repercuten de una forma distinta, pero tampoco fue algo que me impactara mucho, quizá podía ser que estuviese relajada y por ello me saliera hablar así. Tras un rato decidimos parar un poco a desayunar, aunque hagas cosas cotidianas se supone que sigues conectado con esa parte profunda de ti. Estaba comiéndome una tostada y charlando con mi tía sobre mi relación con Él, nada muy profundo, y de repente, como un golpe, una imagen vino a mí, fue un flash rápido, pero a la vez era una escena “larga”. Nos vi como dos luces, a Él y a mí, estábamos en un lugar anaranjado pero difuminado, y hablábamos sin hablar, Él me decía que yo necesitaba ayuda y Él me la iba a prestar, pero debía dejarme llevar, debía dejarme guiar… Todas las palabras que ponga ahora para explicar esa escena son añadidas, porque no hablábamos pero lo comprendí, pero no comprendido desde donde suelo comprender las cosas, tras un análisis de la situación, tras buscar posibilidades y quedarme con la que más me encaja, lo comprendí como si fuese una piedra que cayó sobre mí para no moverse más, sin poder dudar de su existencia, sin poder cuestionarme nada sobre ella. Jamás había imaginado eso, jamás había leído ni oído nada parecido… No puedo explicarlo, juro que no puedo. Aquel día mi vida cambió para siempre, la respuesta a por qué necesitaba entregarme estaba allí, era de locos, jamás la hubiese imaginado así, pero era esa, sin duda. Todo encajaba tan perfectamente, al fin podía dar explicación también a lo que sentí la primera vez que lo miré, por qué sentí que era el hombre de mi vida, por qué sentí una energía tan familiar, lo reconocí, supe que era Él porque lo conocía de antes. Más tarde me llegó un libro sobre pactos prenatales, una persona en otra parte del mundo estaba investigando sobre algo que yo había sentido sin saber nada sobre ese asunto, es por esto que decidí sentir antes de leer, porque la certeza es distinta, el ego no puede confundirte dudando de si es real o es sugestión.
Aquel día una puerta se abrió, más bien explotó, lo que empecé a sentir y vivir a partir de ese momento es de película. Empezaron las “casualidades” extrañas, empezaron los recuerdos extraños, empezaron a llegar las certezas extrañas pero firmes… ese día dejé que saliera la Ángela escondida, esa que dejaba salir tan poquito, y ahora sé por qué, porque era una Ángela que me daba mucho miedo soltar. Pero esto es otro asunto…
Lo importante que quería transmitir es que el día que supe por qué necesitaba entregarme comprendí por qué decía todo lo que decía sobre sumisión, por qué me sentía ajena al BDSM, por qué para mí esto no iba de roles, ni de límites, por qué sabía que mi entrega solo podía ser Suya y de nadie más. Y es algo que sigo manteniendo con más fuerza aún, si algún día dejamos de estar juntos, por el motivo que sea, no podré pertenecer a otra persona, quizá pudiese tener pareja, pero no podría se sumisa de nadie, porque no soy sumisa, sólo necesitaba estar predispuesta a dejarme guiar por Él, porque así lo pactamos. No fue la entrega y después Él, fue la entrega por Él. La sexualidad solo es una parte de esa entrega, es una forma de facilitar las cosas, si Él no me dominase y yo no tuviese predisposición a darme todo sería mucho más difícil. Y esto también explica por qué me domina con esa facilidad, cómo me lleva donde quiere de una forma tan sencilla. Explica por qué desde que me domina soy más poderosa y libre, cómo ha ido limpiando ese manto gris que tenía mi alma, estaba sucia, perdida y atrapada, Él me ayudó, como prometió. Hay una frase de una canción de Depeche Mode, es una canción que le encanta “Welcome to my world”. Pues esa frase que tanto le gustaba es “I ride your broken wings” “Manejaré tus alas rotas” y es que así es como se siente y cómo me siento. Yo siempre me he visto como un demonio, pero Él me ha tratado como si fuese un ser precioso, un ángel que solo tiene las alas rotas y necesita que le marquen el camino porque lo ha perdido.
Esta es mi visión de por qué yo nací con la entrega en la sangre, pero os diré que estoy empezando a ver un patrón que se repite en muchas personas, son características que en principio parecen no tener relación pero que “casualmente” están ahí. Pero bueno, esto ya son otros asuntos, aunque puede que intente investigar en profundidad sobre ello.
lunes, 25 de julio de 2016
Marcas
Miro su culo mientras lo azota, el rojo resalta sobre el blanco de su piel, rojo que mañana será un morado intenso, rojo que mañana será un bonito dibujo de líneas paralelas. Nos azotó por turnos, algunos de lo elementos que a mí me tocaron fueron de los más duros, y en mayor número… miro mis nalgas, mi culo presenta un leve rubor que mañana no será nada, que mañana se habrá desvanecido para siempre, como si no hubiese pasado, sólo mi gesto dolorido al sentarme nos recordará que yo también fui azotada.
Nunca me quedan marcas, en todos estos años creo que sólo en tres ocasiones las he tenido y han sido pequeños morados y tras varios días seguidos de azotes… es algo que me atormentaba, miles de preguntas se me pasaban por la cabeza: ¿Quizá me azota demasiado suave?¿Me duele horrores porque soy muy débil pero sus azotes son caricias?¿Creerá que miento cuando lloro de dolor?... y muchas cuestiones estúpidas más. El sentirme débil ha sido una tortura, veía las marcas que mostraban otras y no me lo podía creer… si yo casi me moría de dolor la noche anterior, hasta qué nivel hay que llegar para que queden esas marcas. Otro ejemplo de que las comparaciones son odiosas, que hacen daño, que te desvían de ti mismo y tus propios límites y sensaciones.
Llevo años dándole vueltas al porqué no me quedan marcas. Muchas de las preguntas se apagaron al ir a fiestas y ver azotar a otras, e incluso al ver lo que opinaban otras personas de cómo me azotaba Él al hacerlo en esas fiestas. La más significativa fue una en la que le dejaron usar un flogger para probarlo conmigo, al hacerlo a Su manera le criticaron que había empezado excesivamente fuerte. Yo no dije nada pero por dentro aluciné, a mí no me había hecho ni cosquillas. Siempre he tenido la sospecha de que Él es duro, y lo es porque el 80% de los azotes que recibo son castigos, porque el juego está bien pero mi entrega tiene un objetivo claro y único: crecer.
Todas estas cosas y más me daban vueltas y vueltas en la cabeza, sin conectar entre sí, aún había alguna pieza que no había descubierto que lo uniría todo en mi cabeza. Los que me conocen saben que no puedo vivir sin entender, sin crear una especie de teoría que quizá sólo me sirva a mí pero que me aclare el porqué me pasan las cosas que me pasan, el porqué siento lo que siento. Es por ello que los: “disfruta y vive sin más” no me sirven. Puedo estar años buscando la solución a alguno de mis dilemas hasta encontrar la paz con el tema que sea. Los que me leéis creo que ya os habréis dado cuenta, uno de esos dilemas que me habréis visto de manera más evidente era mi conflicto con el dolor, el porqué lo necesito si no me da ningún tipo de placer. Este es ya un asunto resuelto y el de las marcas va por el mismo camino.
Hace unas semanas pude ver cómo otro culo se marcaba al recibir los mismos azotes que yo, de una manera muy evidente y duradera. Mi culo estaba intacto, yo estaba angustiada por el tema, necesitaba encontrar la solución de una vez. Entonces decidí abrir un poco más mi campo de visión, estaba quedándome demasiado en la superficie. Decidí observarme, ver qué quería enseñarme la vida, o qué aspecto negativo de mí dejaba de potenciarme al no tener marcas, y entonces la evidencia apareció ante mis ojos.
Siempre he dicho que he tenido dentro dos Ángelas muy diferenciadas, cada una con unas cosas buenas y malas que se oponían de manera muy clara. En este caso me centraré en mi lucha entre mi Yo profundo y mi Yo superficial. Siempre me ha torturado considerarme una persona profunda, que busca espiritualidad y trascendencia más allá del cuerpo pero a la vez ser tremendamente superficial, demasiado preocupada por el cuerpo, el físico y las pertenencias materiales. Ahora esa lucha no es tan marcada, mi Yo superficial se ha equilibrado mucho y menos mal. Pues bien creo que el hecho de no tener marcas tiene mucho que ver con esto. Él siempre me ha querido hacer crecer, es duro porque es la manera que tengo de hacerlo, es lo que le pedí, ese era el objetivo principal de mi entrega. Por ello me duelen los azotes horrores pero necesito el castigo, y precisamente por eso no me quedan marcas después, porque eso hubiese sido un peso para crecer, verme las marcas al día siguiente, poder presumir de lo mucho que me han azotado y que yo he aguantado, poder presumir de buena sumisa es superficial, lo hubiese utilizado para desviarme del objetivo, me hubiese hecho distraerme y no reflexionar del porqué de esos azotes, del porqué hago lo que hago, y Él hace lo que hace. Hace un tiempo mi amiga me golpeó con una de sus frases, de esas que se te quedan en la mente porque sabes que no has terminado de entender y notas que debes aplicártela: “Las marcas son ego, punto”. En ese momento lo medio entendí, además se lo apliqué a los dominantes exclusivamente, algo de mí no quería escuchar que sólo quería tener marcas para presumir, para reconfortar a mi parte superficial, que quería marcas para, como siempre, buscar que cosas externas me digan las cosas que debería decirme yo misma, para darme la seguridad que debería nacer de mí misma. Quería unas marcas que me confirmaran que soy fuerte, que me esfuerzo, que me entrego… en vez de confiar en ello desde mí misma. Necesitaba esas marcas al igual que siempre he necesitado que me digan “Eres guapa” para creer que lo soy en vez de confiar en lo que veo en el espejo, en cómo me siento yo.
¿Estoy diciendo que creo que mi cuerpo nació con esa característica tan concreta con un fin ya establecido? Sí. Llevo unos meses en que no paro de tener evidencias de que venimos a cada vida con un fin y nacemos con las herramientas necesarias para conseguirlo. Entiendo que sea difícil de comprender, que lo sencillo sea creer que es una casualidad, que nací con una circulación sanguínea portentosa y que no tiene nada que ver con nada más. Lo entiendo, y no busco que me deis la razón, yo sólo sé que mi explicación me ha dejado en paz, en mi cabeza encaja perfectamente, que en mi forma de entender la vida encaja perfectamente… Y estoy contenta, hace unos meses no habría escrito esta entrada, por miedo al "qué pensarán", pero esto me demuestra que cada vez necesito menos que me confirmen las cosas desde fuera para confiar en lo que siento, cada vez necesito menos que me digan “Eres guapa” para sentirme realmente así.
lunes, 4 de julio de 2016
La sumisión es un camino
Para empezar esta entrada voy a definir los términos que voy a usar. Para hablar de mi etapa anterior diré mi etapa como sumisa, y me refiero a cuando me dejaba condicionar por el significado que otros le dan a esa palabra, cuando me atraía todo lo superficial del término. Cuando mis metas y mi percepción se basaban en las propias de una sumisa en el BDSM. Por ello si atribuyo bastantes cosas negativas al término “sumisa” no es porque realmente las tenga, sino que yo como sumisa dentro de una comunidad con unos patrones a seguir no me gusté. En mi nueva etapa me llamaré Suya o “entregada”. Todo esto lo aclaro para intentar describir más fácil las diferencias que veo entre una etapa anterior y la que vivo ahora. Aunque es complicado, ya aviso…
Cuando era sumisa imaginaba mi mundo ideal como un protocolo perfecto y pomposo. Como meta tenía ser perfecta, quería no tener ni una sola falta al terminar el día. Si viviese encerrada en casa, sin hijas, sin trabajo, sin familia etc… no me parecería una meta tan horrible y tan dura como me resultaba. Y es que, como imaginaréis, no solo quería ser perfecta como sumisa, también lo quería ser en cada aspecto de mi vida. Cuando llegaba la noche estaba agotada, y aún me quedaba el trago de hacer recuento de faltas y cumplir castigos. Todo se me hacía cuesta arriba, me sentía fracasar a cada paso, y lo peor era la sensación de decepcionarlo. Para que os hagáis una idea algunas de mis faltas eran olvidar decir Amo al final de una pregunta o respuesta, olvidar pedir permiso para salir de una habitación, no hacer algo que me había ordenado que hiciese… evidentemente hay faltas y faltas. Las dividiré también en faltas superficiales (aquellas de protocolo, pequeñas órdenes) y faltas profundas (mentir, ser soberbia, responderle con carga). Ahora veo claro la importancia real que tienen cada tipo de falta y la relación que tienen unas con otras, pero antes no. Como sumisa sentía una presión horrible, no podía fallar, sentía que daba pasos atrás si se me escapaba algún “tú” y pensaba en el ideal de sumisa que se tiene y en cómo yo lo reventaba a cada despiste. Desde fuera siempre se tiende a echar la culpa al Amo por una sumisa saturada, seguro que pensaréis que me presionaba, que Él me ponía todos esos protocolos y esperaba de mi la perfección, si no lo pensáis me extraña porque yo sí lo hacía. No porque Él dijese una sola de esas palabras, sino porque en mi cabeza era lo que se supone que desea un Amo. Pero se me olvidó que los Amos y sumisas que imaginaba no son reales, son proyecciones de nuestro cerebro, de nuestra propia exigencia. No conozco a una sola sumisa que no sea autoexigente, de verdad que no, no conozco a ninguna que en el resto de los aspectos de su vida no quiera llegar al 10. Y somos tan tontas de pensar que en ese aspecto no se va a reflejar ese defecto y que no nos va a hacer tanto daño como nos lo hace en todo lo demás. Se me olvidó recordar que soy una mujer real, de carne y hueso y que Él lo sabe, y mucho peor, se me olvidó que Él me quería a mí más de lo que quería a esa sumisa perfecta que yo creía que debía ser. No negaré que entre un Amo y una sumisa hay una distancia natural, la distancia que hay por estar en distintas posiciones, no negaré que mi Amo es estricto, que no me pasa ni una… pero OJO lo que he descubierto en esta nueva etapa es el porqué y con qué fin no me las pasa. Creo que castigar las faltas superficiales sirve para evitar las profundas, no es que si me olvido de un Amo al final de una respuesta Él me castigue decepcionado por no haber conseguido ser perfecta, creo que esa norma es algo que le gusta y de la que disfruta pero no es una necesidad básica, sin embargo mantener a raya mi soberbia y mi facilidad para dejar salir a mi ego sí es algo peligroso. Y es que reconozco que en las épocas en las que se relaja castigando las faltas leves me pongo peor, me sale la soberbia y tiendo a “subirme a la chepa”. Me avergüenza decir que cuando estoy enferma y Él me cuida y me perdona más las faltas me vuelvo contestona, me salgo de mi posición, con la consecuente “infelicidad” que personalmente eso me supone. Cuando era sumisa creía que Él quería que no cometiera ni una sola falta, que se sentía realmente orgulloso y satisfecho cuando llegaba con el contador a cero, pero he descubierto que, mientras las faltas profundas no se den, las faltas leves son un instrumento, o quizá simplemente es que esas faltas para Él no son tan importantes, aunque más bien, lo que me ha enseñado es que ser perfecta no es importante, que hay otras millones de cosas más profundas por las que me ama, por las que me quiere a Su lado.
Y llegados a este punto vuelvo a mi eterna lucha por salir de los patrones, a mi lucha en pro de la naturalidad, leer sobre sumisión es leer sobre superhéroes, es como si descubres que te pareces a Superman y te pones a intentar ser como él… jamás lo conseguirás, y te pasarás la vida estrellándote contra el suelo porque no puedes volar tal y como lo hace él, y no es que no puedas porque eres menos, no conseguirás porque Superman no existe, al igual que no existe esa supersumisa que nos ponemos como meta. Yo he tenido la gran suerte de que mi Amo ha tenido eso claro desde el principio, que solo fui yo la que creí que mi idealización era real. Por suerte Él siempre me ha ido empujando al camino de la naturalidad, la aceptación de nuestras imperfecciones y a la lucha real, sin presión de cambiarlas para crecer. Y es que esto sí es muy importante, lo que sí es genial es luchar para ser la mejor versión de nosotros mismos, pero siempre y cuando eso sea una motivación no una obligación.
Ahora mi vida sigue siendo aparentemente igual, pertenezco a mi Amo, pero ya no soy sumisa, ahora intento no cometer faltas, pero cuando las cometo, las asumo, aprendo, me motivo para no volver a cometerlas, me perdono y las olvido. Y es que lo peor de mis faltas no era verlas en Su contador, ese que tras los azotes vuelve a cero y olvida el número que allí había para siempre… lo peor de mis faltas era apuntarlas en mi contador personal, ese que no tenía ruedecita, ese contador que nos hace tener una visión general de nosotros mismos negativa, recordando aquella vez que fallaste, recordándote lo mal que lo haces por toooodaaas las faltas que has cometido a lo largo de tu vida, aunque ya les hayas puesto remedio, aunque ya aprendieras de ellas y nadie más les eche cuentas. Ahora vivo entregada, y eso significa ser más liviana, significa aprender de los errores, asumir los castigos y al rato ser feliz entre Sus brazos, entre Sus mimos, olvidando que fallé, olvidando ese ideal perfecto.
Sinceramente ya no me siento con la potestad para hablar sobre sumisión y BDSM porque me siento fuera de ello, pero como estuve dentro me voy a permitir dar un consejo a todo aquel que sí esté en ese camino, y que sí se sienta identificado con ese título: la sumisión es un camino, no un fin. Eres sumisa cada día que te levantes con afán de darte a tu Amo, ya cometas una falta o 100, ya acabe tu día entre azotes de castigo u orgasmos de recompensa, no eres una mujer luchando por ser sumisa, porque ya lo eres. No, no hay sumisas mejores o peores solo hay sumisas, a secas, porque la que ayer llegó con el contador a 0 hoy tiene 50 azotes por recibir, asumir eso forma parte de la sumisión, y si no estás dispuesta a asumir que eres imperfecta, si vas a hacer de esto una presión por llegar a un ideal, déjalo, eso es destruirse no crecer.
lunes, 2 de mayo de 2016
No existen los héroes
Duele saber que los demás no tienen la solución a nuestros problemas, que por mucho que llores las cosas no van a cambiar, duele y mucho. Nacemos solos y morimos solos, y aún en nuestra soledad estamos rodeados de ayuda. No es la ayuda que esperamos, pues creemos que la solución al problema es que la pena se vaya, pero no, ojalá fuese tan fácil. Y es que nadie puede ser tu héroe, nadie puede ser quien tire de ti.
Hay grandes personas con las que nos cruzamos, personas dispuestas a ayudarnos, pero no de la forma que creemos, pues el pan para hoy siempre fue hambre para mañana.
He pasado momentos muy duros, y los pasé sola, lloré las mañanas enteras a causa de mis propios errores, nadie apareció para secar mis lágrimas, para darme golpecitos en la espalda y decirme que no pasa nada que todo está bien. Él, Él en esos momentos no me consoló, Él se mostró serio y dolido, Él me enseñó que todo tiene solución, pero que la paciencia es fundamental, me enseñó que lo mejor que podía hacer era esperar llorando serena, que el dolor no dejaría de doler en el momento, pero que la esperanza de que saldríamos adelante, la esperanza de que las cosas fuesen mucho mejor que antes era lo único que me podía ofrecer en el momento. Y ahora puedo decir cien por cien segura que la angustia parece que ahoga, pero solo aprieta. Que aquella lejana esperanza que me dio, que aquel trato enfrentándome a mis propias consecuencias es lo más bonito que ha hecho nadie para ayudarme.
Queremos héroes que nos salven, queremos grandes hombres que tiren de nosotros, pero eso sólo existe en las películas. La vida real es muy distinta, en la vida real si alguien está tirando de ti está viéndose afectado, si alguien es tu héroe significa que automáticamente te has convertido en su villano. Y al final ser el villano te hace más daño que cualquier cosa porque no has solucionado tus problemas originales y has sumado algo más. Y ten por seguro que ese “héroe” algún día se dará cuenta de que no lo es, de que es un humano más y que no es nadie para salvar a nadie. Nadie tiene superpoderes, ya que nadie tiene más poder del que tenemos todos. Por eso si necesitamos salvación debemos buscar en nosotros.
Él me ha guiado como no lo ha hecho nadie, me ha ayudado como no lo ha hecho nadie, pero ha sido sin tirar de mí, ha sido haciendo que me enfrente a mis mierdas. Y sé la diferencia porque en nuestros primeros años sí tiró, si quiso ser mi superhéroe, y lo único que conseguí fue hundirlo y enturbiar todo ese amor que lo había llevado a querer salvarme.
Seamos conscientes de que duele saber que nadie puede solucionar nuestros problemas por nosotros, nadie puede darnos el poder que creemos que no hay en nosotros. Entendamos también que a veces la mejor manera de ayudarnos es llevarnos a lo más hondo para obligarnos a sacar esa fuerza que sí tenemos.
No existen superhéroes, no existen grandes hombres que aparezcan y con un guiño seductor vuelvan la vida de color de rosa. Somos humanos que luchamos solos, pero unos al lado de los otros, observar esa lucha ajena nos puede ayudar, pero sin la nuestra propia no lo conseguiremos nunca.
jueves, 28 de abril de 2016
Desear y vivir
Si algo he aprendido en estos años es que a veces lo que deseas, en la realidad no es tal y como lo imaginaste. Que desear no es lo mismo que vivir. Hablo de muchas cosas, no solo a nivel de entrega, es algo que podemos aplicar a todo. Yo antes veía las películas de época, las señoras nobles con esos vestidos tan pomposos, esos corsés ciñéndoles la cintura… me decía lo bonito que hubiera sido nacer en aquellos tiempos. Pero luego llega el día en que te pones un corsé de verdad, rígido pero no tanto como lo eran en esa época y no ves el momento de quitártelo. Pues en todo pasa igual.
En cuanto a la entrega lo he sentido así desde el primer momento. Lo primero que le dije a mi Amo que necesitaba era una bofetada, había fantaseado con ello durante años, cuando me la dio no fue tan maravillosa, me picó la mejilla, me zumbó el oído y las ganas de responder con otra se me agarraron en el estómago. Y poco a poco conforme fuimos avanzando toda fantasía fue sustituyéndose por la cruda realidad. Una frase que me define muy bien es “Nadie me dijo que los azotes dolían” y es cierto, nadie me lo dijo. Sólo los había visto en Historia de O y ni siquiera se llegan a ver, solo los asociaba a mi necesidad, a eso tan maravilloso que era para mí entregarme a alguien. Mis padres nunca me pusieron la mano encima y jamás me castigaron, por lo que yo no sabía a lo que me iba a enfrentar cuando lo pedí. Los primeros azotes fueron un jarro de agua fría, nada de lo que imaginé era tan excitante, al revés, era doloroso. Creo que ese ha sido el origen de mi eterno conflicto con el dolor, tengo asumido que los azotes no me deberían doler pero sí duelen, y mucho. Ahora que ya sé por qué necesitaba entregarme, también entiendo que no sea masoquista, pero hasta ahora ha sido una tortura, como sabréis los que me seguís desde hace más tiempo. Ahora entiendo que yo necesito que los castigos castiguen, que los dolores duelan, pues necesito que cumplan su objetivo: corregir. Por qué me excitaban entonces desde niña, sinceramente creo que es porque, si no me hubiesen atraído como una oscura campaña de marketing, directamente no los hubiese buscado, no me hubiese metido en todo esto, y no me sentiría tan libre como me siento hoy por hoy.
Cuando he preguntado a alguien por qué me lee, en algunas ocasiones me han contestado que porque soy sincera, porque no hablo de la entrega solo como algo idílico y maravilloso, y me alegra oírlo, me alegra ser la que avise de que los azotes duelen. Y es que no faltan por estos mundos idealizaciones, frases que elevan el dolor como un éxtasis mágico, yo no digo que eso no exista, pero no para todos o no como lo comprendemos. A mí el dolor me provoca cosas, me saca emociones, pero precisamente porque duele, porque es duro. Y ya no solo el dolor, no me canso de ver frases, imágenes y demás que se toman los castigos como parte de un juego. Quién no ha leído alguna vez o ha imaginado que el Amo la castiga durmiendo a los pies de la cama. Yo misma cuando lo leía quería vivirlo, hasta tal punto llega la idealización que lees un castigo y lo deseas, olvidando que si es un castigo conlleva una falta previa, no te das cuenta pero lo que estas deseando es fallar para ser castigada. En esto me enorgullece hablar en pasado, ya no lo deseo, podría vivir perfectamente sin dolor o castigo, pero claro, evidentemente no depende de mí.
Hace unas semanas cometí una de esas faltas, había sido vanidosa y soberbia, el Amo se enfadó conmigo, me preparó una manta, una almohada y un edredón a los pies de la cama. Estaba viviendo eso que tanto se idealiza, dormir a los pies de la cama como una perra, quizá es que no soy una buena perra porque no me gustó, no quería estar ahí, quería estar con Él, sintiendo Su cuerpo, a Su lado, y no en el suelo tan cerca y tan lejos de Él. Lloré y lloré muy angustiada y no puedo describir lo que sentí cuando escuché su respiración acompasada, cuando fui consciente de que se había dormido, que aquello no era un juego de un rato, cuando me di cuenta de que todo esto es real, que si te castigan es porque has fallado de verdad, es porque algo debes cambiar de verdad. Quiero que seáis muy conscientes de que siempre hablo desde mi propio conocimiento, desde mi experiencia, desde saber cómo es mi Amo. Si Él te castiga es con un motivo real, quizá las faltas leves se transforman en simples azotes, pero si te castiga de otra forma, de una de esas formas que te hacen reflexionar y angustiarte, ten por seguro que es porque algo debes cambiar, que es porque ha visto algo en ti que no le ha gustado realmente, algo que enturbia todo lo bueno que tengo. Por ello estando a los pies de la cama, sintiéndome tan angustiada entendí muchas cosas, una de ellas es que no somos conscientes de lo que deseamos, de lo que idealizamos ciertas cosas. Yo no os voy a decir que esto es fácil, yo no os voy a decir que es bonito dormir en el suelo a los pies del Amo ¿Por qué lo hago? No lo hago, me dejo hacer, simplemente me dejo guiar porque le pertenezco, porque lo que sí es maravilloso es que te despierte cuando amanece y te deje volver a Su lado, y es maravilloso no solo por volver a sentir Su calidez o Su respiración en la nuca, es maravilloso porque has aprendido una cosa más, te has quitado un nuevo peso de encima, porque vuelves a la cama más liviana, menos soberbia, más libre. Eso sí es bonito.
martes, 5 de abril de 2016
Autoestima
Siempre hablo de que llevamos 11 años juntos, 7 como D/s, siempre os cuento que pasé por una depresión y que sólo como Amo pudo ayudarme ¿Y en los años anteriores qué? ¿Pasó de mí? ¿Me dejaba llorar y sufrir sola? No, todo lo contrario, siempre ha estado conmigo, siempre ha sido mi apoyo incondicional, lo único que cambió fue la forma de ayudarme. En nuestros años “vainilla” nunca fue duro conmigo, me trataba con todo el cuidado del mundo, cuando yo me sentía la peor persona del mundo Él me recordaba todo lo bueno que yo tenía, quería hacerme ver lo maravillosa que era, quería que desviara la atención de aquello que no era tan “bueno” porque no era perfecta, como nadie lo es, Él quería que me aceptara y para ello trataba de elevarme el autoestima destacando lo bonito que tenía. Pero eso no sirvió de nada, los paños calientes, destacar sólo lo bueno de alguien no ayuda a mejorar, calma momentáneamente pero es "pan para hoy y hambre para mañana". Todo cambió cuando se convirtió en mi Amo, ahí se sentía seguro de mí, sabía que era Suya y que tenía mi permiso para ser duro, digamos que dejó de importarle hacerme llorar, cosa que siempre había intentado evitar en nuestra relación. Cuando hablo de lo mucho que me ha ayudado a crecer como persona no hablo de las caricias en el lomo, no hablo de los abrazos cuando lloraba, también los ha habido pero han sido recompensas no ayuda. De lo que hablo es de lo directo que ha sido todos estos años mostrándome en qué fallaba como persona, era la dureza de mostrarme las consecuencias de mis angustias, el daño que le hacía a los que me rodeaban, el daño que me hacía a mí misma siendo soberbia, cobarde y mentirosa. Y es cierto que Él es una pieza clave en todo este proceso que he vivido para salir de la depresión y crecer como persona, pero aunque suene mal ha sido una herramienta, no un fin en sí mismo. ¿A qué me refiero con esto? Que aunque lo que me motivaba para seguir era ser la mejor versión de mí misma para Él, lo cierto es que la beneficiaria real era yo. Todos sus castigos, Sus palabras duras han sido realmente por mí, porque me amaba y quería dejar de verme sufrir. Es igual que cuando educo a mis hijas, les enseño a ser ordenadas, les regaño si dejan sus juguetes desordenados y no los cuidan, a simple vista puede parecer que los recogen y obedecen por mí, para que mamá no les regañe, para que mi casa esté ordenada y porque se ponen contentas porque yo las felicito si lo consiguen. Pero esa no es la finalidad, es solo el medio para que en un futuro ellas puedan tener su propia vida, de una manera ordenada, que aprendan a cuidar las cosas, a valorarlas y se sientan bien con ellas mismas al hacerlo. Pues la misma sensación tengo yo con el Amo, siento que me ha guiado para que mi autoestima crezca, para moldearme a la mejor versión de mí misma, aunque a simple vista pueda parecer que me ha moldeado a Él. Si yo nos visualizo energéticamente no me siento débil o con menos poder que Él, me siento igual de fuerte que Él, dos personas completas juntas, pero eso es en el fondo, porque yo desde esa fuerza individual sé cuál es mi sitio, sé que Él es superior a mí, sencillamente es que en esta vida mi papel es otro, es ser su apoyo, he nacido para ir tras Él. Pero no como una sierva temblona, asustadiza y débil que sigue al Amo por dependencia y miedo a vivir sola, sino como una sierva hermosa, recta, fuerte, con la cabeza bien alta, que desde su fortaleza sabe cuándo y ante quién agacharla.
El autoestima es algo fundamental en la vida, y no se crea a base de halagos, se crea desde la sinceridad en lo bueno y en lo malo, se crea siendo estricto y duro. Eso sí, nunca hay que confundir esto con la crueldad, es muy distinto, la crueldad no busca la ayuda ni es aceptación. Cuando mi Amo me decía: “Ángela, eres soberbia y egoísta” los torbellinos se desataban en mí, enseguida quería justificarme, quería buscar mil explicaciones para rebatírselo, para demostrarle que se equivocaba y que dejase de pensar eso. Y lo intentaba porque mi pensamiento era: “Qué mal está ser soberbia, y mucho peor está que Él lo piense de mí” y eso es sufrir y engañarse. Hasta que no dejé de intentar demostrarle que no era egoísta no pude aceptar que lo era y desde ahí cambiarlo. Somos humanos, todos tenemos “defectos” o partes a equilibrar, cuanto antes aceptemos eso menos tiempo pasaremos sufriendo y más disfrutando el camino del crecimiento personal. Mi autoestima baja se debía a que no aceptaba mis fallos pero en el fondo sabía que estaban ahí. Cuando rechazas algo tan tuyo y te castigas por ello lo único que sale es una persona que cree que es un monstruo. Yo salí de mi depresión gracias a Él, pero salí por mí, con mi esfuerzo, por mi empeño de llegar a dónde Él quería llevarme. Somos un equipo, no soy la persona que soy ahora sólo por mi trabajo o sólo por el Suyo, hemos sufrido los dos, no hemos esforzado los dos. Él siempre ha buscado que me entregue por mi propia voluntad y en todo mi esplendor, es fácil dominar a una persona débil y asustada, cogerá cualquier cosa que le des y dependerá de ti porque no se creerá merecedora de más. Pero cuando tienes a una persona fuerte, plenamente consciente de sus capacidades, de lo que se merece y lo que no… y decide entregarse a ti, eso sí tiene mérito y solo desde ahí se puede tener una relación sana. Escribiendo esto me doy cuenta de por qué muchos juzgan y rechazan el 24/7 como si fuese algo que acaba dañando y siendo tóxico, porque dan por hecho que la entrega se convierte en dependencia emocional, creo que esas palabras esconden un prejuicio que aunque se nieguen está ahí: las personas sumisas son débiles. Yo hablo de mi vida, es de lo único que puedo hablar, y en mi caso ha sido al revés, he pasado de tener una relación tóxica a una relación sana y ha sido gracias a que Él me ha querido, me ha valorado y en todo momento ha sido consciente de que era fuerte, tan fuerte como para poder escuchar la dura verdad.
Es cierto que no tengo límites, que puede hacer conmigo lo que le dé la gana pero si vuelvo la vista atrás la mayoría de castigos, de malos momentos, no han sido para moldearme como sumisa para que hiciese esto o aquello, casi todas las lágrimas que me ha hecho derramar han sido para hacerme crecer. Cuando me he puesto pesada no me ha callado con una simple orden, sabiendo que aunque me mantenga callada de voz, mi cabeza sigue dale que te dale, Él siempre ha intentado erradicar los pensamientos negativos que hacían ponerme pesada. Hoy en día rara vez me pongo pesada y no porque me dé miedo el castigo, en verdad aun así se lo tendría que contar por su ley de la sinceridad absoluta, rara vez me pongo pesada porque ya rara vez me asaltan los miedos, angustias e inseguridades que me asaltaban antes. Esa es la diferencia, soy buena perra no por callarme, sino porque gracias a Él no tengo las angustias que me hacían hablar. Es solo un matiz pero un matiz muy importante, es la diferencia entre vivir reprimida y vivir tranquila, en paz.
Para terminar quiero dejar un mensaje muy claro y directo: busca crecer de una manera profunda por ti, gracias y a través del Amo, pero por ti. Solo así una D/s no será tóxica.
miércoles, 30 de marzo de 2016
La polémica
Siempre he luchado por ser una persona suave que no hace daño ni ofende a nadie… soy consciente de que desde pequeña he tenido unas ideas poco comprensibles para algunos que he ido sacando poco a poco y de manera muy estudiada para evitar la ofensa. En twitter esto es tremendamente difícil y cuando he dicho algo que ha generado debate enseguida me he sentido mal. No entendía por qué, ya que no me importa que me lleven la contraria, en persona adoro los debates, son geniales para ejercitar y abrir la mente, pero cuando es “con público” la cosa cambia. Sé que al final todo se reduce al miedo, pero miedo… ¿A qué? Nadie va a venir a la puerta de mi casa con antorchas y si lo hace es sin ningún derecho. ¿Miedo a la opinión de los demás? Puede ser, pero ya expongo mi vida y mis sentimientos, quizá me quede algún miedecillo al qué dirán, pero creo que es algo con lo que hay que aprender a vivir así que, aunque también un poco sea eso, sentía que había una lucha interna conmigo misma por algo distinto. Esta Semana Santa no he publicado ninguna entrada, no creáis que ha sido por dejadez, las entradas estaban preparadas, pero era incapaz. De repente fui consciente de que se pueden malinterpretar mis palabras, que hay personas que ni siquiera quieren intentar entenderlas, que obviarán que hablo de mí y solo de mí, no para que nadie haga lo que digo. De repente me asaltó un miedo irracional. Y es que eso es lo que pasa cuando sabes que hay algún fallito en ti, como una pequeña picadura en una muela, que no haces caso porque es muy chiquitita y de repente, un día, un insoportable dolor de muelas te ataca sin venir a cuento, y te sorprendes porque creías que lo tenías controlado. Pues ese dolor me dio a mí, no he querido enfrentarme ni averiguar de dónde salía ese pequeño miedo y, un día, de repente, me ataca y me incapacita hasta el punto de no querer escribir o publicar. Pero como siempre digo la vida te da las respuestas cuando las pides de verdad, aunque sea de la forma más insospechada.
Estaba ordenando el estudio, cuando me dan “crisis” de este tipo siempre me da por ordenar, con la música a todo volumen, llorando, intentando entender por qué hay una línea que nunca me dejo sobrepasar, aún siendo consciente de que si no la paso nunca conseguiré mis objetivos. No entendía nada, no me entendía a mí misma y me angustiaba pensar que el estudio nunca iba a estar tan ordenado como yo quería porque, al igual que yo, siempre estaba lleno de chismes y papeles que no deshecho del todo. Me agobié, me agobié muchísimo, así que me senté y por inercia abrí twitter, para distraerme un poco. Uno de los tweets criticaba la entrevista de Cristina Pedroche. Yo no soy muy de ver la tele, pero la opinión que tenía de ella, de lo poco que la he visto, no era muy buena. Así que por ese instinto español de consolarnos con los males ajenos y el critiqueo, decidí meterme a leerla. Como digo, la vida a veces nos da la respuesta de la manera más insospechada. De repente vi a una chica, hablando sobre entrega, sobe entrega a otra persona, de una manera tan natural que me dejó confundida. De repente todo lo malo que pensaba de ella se esfumó y no porque me sintiese identificada o porque hablase de algo que yo siento, sino porque lo dijo sin ningún miedo. Es como si a pesar de todas las cosas que no me gustan de ella como periodista o humorista, o lo que sea que es, quedasen por debajo de una admiración a su naturalidad. No importa que dijese cosas con las que no estoy del todo de acuerdo, no importa si yo pienso que lo que dice está bien o mal, lo que me impactó fue lo sencillamente valiente que es. Y entonces lo entendí, entendí qué me admiraba de ella, por lo que entendí qué me fallaba a mí: el miedo a la polémica.
Polémica, es una palabra que he usado muy pocas veces en mi vida, como si fuese algo que no va conmigo, pero que yo lo haya ignorado no significa que no lo lleve dentro. Me da pavor ser polémica, no me importa debatir y argumentar, escuchar otras opiniones. Pero que mi mensaje se quede volando por las redes, que mi nombre se asocie a pensamientos controvertidos me asusta mucho. Me da miedo que hablen de mí sin que yo lo sepa, que mis palabras vuelen a no sé donde sin que yo pueda controlarlas, sin que me digan directamente qué no les gusta de ellas. Me da miedo que me utilicen para justificar un comportamiento, que me usen para mostrar “lo que está mal”, me aterroriza que tergiversen lo que digo por no conocer la profundidad de lo que hablo. No quiero convertirme en el “enemigo” de nadie, ni en el objetivo de las piedras de personas irrespetuosas que no entienden que cada uno hace, dice y piensa lo que le sale de las narices… tiene gracia porque conforme digo esto me doy cuenta de que cuando escribes un blog, cuando estás en las redes sociales es algo que debes asumir que puede suceder. Pero no pasa nada, esto no significa que vaya a cerrarlo todo, al revés, al fin sé qué me asustaba de todo esto, de tener lectores y seguidores, al fin sé de dónde viene esa resistencia a que mis palabras gusten o no. Ahora sólo me queda ser valiente y asumir, asumir que a veces puedo ser polémica, a veces no se me entenderá, a veces se tergiversarán mis palabras, a veces habrá personas que me critiquen y yo no me entere… no puedo evitarlo, sé que parezco tonta diciendo esto a estas alturas de la película, pero es que sí lo soy, tonta por creer que había alguna manera de evitarlo, que si “me contenía” eso no sucedería. Y lo que he hecho ha sido reprimirme para nada, primero porque nunca llueve a gusto de todos, porque siempre va a haber quién no te entienda, y segundo porque estaba yendo en mi propia contra: no quiero tener que controlarme expresando mis ideas y sentimientos porque no es algo que quiera extender por el mundo, simplemente es mi visión del mío propio. Esto es algo que el Amo siempre me ha querido transmitir, que nadie puede censurarme, ni siquiera yo misma, sólo Él puede hacerlo, al igual que sólo Él puede castigarme, porque en ambos casos yo soy más dura e injusta. Le enseñé la entrevista y me dijo: “Ves, ella puede decir lo que le dé la gana sin miedo ¿Por qué tú no vas a poder?” esas frases sencillas que me repite mil veces pero que sólo cuando estoy preparada para ello me calan.
Cristina Pedroche ha hablado de su vida, no ha insultado a nadie, no ha atacado a nadie, nos puede gustar más o menos su forma de entender las cosas, pero quien se haya ofendido es porque le ha dado la gana. No quiero que esto parezca una entrada defendiéndola, sigue sin gustarme y sigo sin encontrarle el talento, pero me ha hecho ver que no estaba siendo natural del todo, que el miedo seguía ganando mi partida, y me ha dado la fuerza que necesitaba para que eso deje de ser así. No hay que subestimar a nadie pues no sabemos si será el portador de una nueva clave para seguir avanzando.
Voy a dar pasos, pasos importantes en mi vida y he de asumir que pueden ser polémicos, pero estoy más que dispuesta a asumir el riesgo. Yo soy fuerte, no puedo actuar como si no lo fuese, y para los momentos en los que flaquee está ese apoyo que no me falla nunca, en forma de abrazo o de hostia, pero está Él.
jueves, 17 de marzo de 2016
Una adolescente de 16 años
Una adolescente de 16 años va al instituto, se cruza con un grupo de niñas, estas al pasar hacen un sonido como de sorber, no le da importancia. En el recreo se vuelve a cruzar con las mismas chicas y vuelven a hacerlo, algo empieza a mosquearle…
Una adolescente de 16 años está en un descampado con un chico, él es alto, grande y bruto, ella pequeña y cree que es débil. Él le empieza a bajar los pantalones, ella no quiere, no le apetece hacer el amor con él. Él insiste “Así no me puedes dejar, has estado tonteando conmigo, ahora tienes que cumplir” la agarra fuerte, no llega a agredirla o forzarla pero ella no se siente bien. No es por el sexo, ya ha hecho el amor varias veces, es una niña muy sexual y a solas le encanta, siempre tuvo la certeza de que follaría mucho, que haría todo lo que quisiese hacer en la cama, el sexo nunca fue algo desagradable para ella, todo lo contrario, el sexo siempre fue su compañero de juegos y fantasía. Pero ahora está allí sola con ese chico y no quiere hacer nada con él, no quiere sentir su polla de adolescente idiota dentro de ella, él no le gusta. Quizá tonteó, es cierto, pero no firmó un contrato a vida o muerte, había bebido un poco, demasiado para su poca tolerancia al alcohol… sabe que si se resiste saldrá perdiendo, quizá si se levanta el chico la deje ir, pero no es lo que la intuición le dice, no es lo que las señales que él emite le dicen, tiene miedo a que no sea así, que esos brazos la tumben sobre la tierra gris, tiene miedo a sentirse impotente y apretujada bajo aquel tontorrón enorme. Ella siempre fantaseó con ser forzada, con ser sometida incluso a la fuerza, pero una cosa son las fantasías y otra muy distinta la realidad. No quiere que ese idiota la fuerce, no quiere sentirse violada por aquel cabeza hueca que ni siquiera saborearía el placer de su sometimiento, él no la merece, no merece la maravilla de su sometimiento…
Él sigue insistiendo, ante el miedo a que él use la fuerza, ante el miedo a que ocurra algo peor le ofrece un trato, una mamada, algo más externo, algo que no le llegue a las entrañas. Él acepta. Le desabrocha el vaquero anchón, hace lo que puede pero sin ninguna gana. Al día siguiente ella está destrozada, le duele la cabeza y el alma, pero decide olvidarlo. Cuando lo vea en el instituto hará como si nada hubiese pasado…
Una adolescente de 16 años va al instituto, se cruza con un grupo de niñas, estas al pasar hacen un sonido como de chupar. Los chicos cuchichean cuando la ven pasar, hacen comentarios cuando sale a la pizarra a hacer algún ejercicio. Ella no puede hacer más que aceptar que la culpa es suya, que el sexo está mal, que hacerlo sólo trae consecuencias negativas. Se siente mal, humillada y avergonzada. Pero se refugia en escribir, en el teatro, en hacer como si no pasara nada…
Pasan los meses, cumple 17, es casi final de curso, parece que ya no son tan duros con ella, parece que ya no es diana de la maldad de esas personas, pero la fama ya la tiene, la han tildado de puta, de ninfómana… pero ella ha seguido adelante. Hay chicos que le gustan pero la tratan mal, no la valoran, ven el cartel que le han colocado en vez de lo que ella es en realidad, es valiosa pero ellos no quieren verlo. Un día cuando estaba asqueada de todo, cuando estaba harta, cuando había renunciado a tener nada con nadie, cuando simplemente hablar con un amigo le hacía daño decidió dejar de intentar hacerse valer.
Una adolescente de 17 años está sentada ante la pantalla de un ordenador, gira la cabeza y ve esa sonrisa, ve esas paletillas montadas, ve la cara de ese hombre y la vida le habla. Ese chico pertenece a otro mundo, es como un soplo de aire fresco, es como una respuesta a sus angustias, siente que es el hombre de su vida, algo le dice que con él será feliz, ese hombre le hace creer que todo lo malo que ha vivido antes no existió, solo fue un mal sueño. Pasan varias semanas, pasean juntos de la mano, todo va genial, se está tan a gusto a su lado... Un día recibe un mensaje: “Tenemos que hablar” y lo sabe, sabe que la maldad de la gente, la puta ignorancia de la gente ha llegado para estropear algo tan mágico, imagina al idiota contándole su versión de lo que pasó, diciéndole lo que todos dicen de ella, riéndose bobalicón, ignorando que lo que para él es una maliciosa gracia, puede poner en peligro las nuevas y maravillosas sensaciones que ella está descubriendo… Una adolescente de 17 años llora mientras se acerca al banco del parque donde han quedado… no sabe por dónde empezar… hablan, él pregunta, él la escucha, realmente la escucha. Un chico de 20 años le dice a un idiota que no vuelva a mencionar el nombre de su novia si no quiere tener problemas serios. El último curso nadie se mete con ella, o quizá simplemente es que ella ya sólo tiene atención para Él. Se siente segura y protegida, esos niñatos son hormiguitas desde su paraíso. La pesadilla ha terminado ¿La pesadilla ha terminado? Nadie se mete ya con ella pero está marcada, su visión del sexo ha cambiado, es malo desear, es malo hacer, se siente sucia y confundida. Aún pasarán muchos años y muchas angustias hasta conseguir aceptar quién es, lo que es, hasta sentirse limpia.
Yo sé que puedo ser inferior a un hombre, puedo someterme a él, puedo dejar que me use como un simple agujero, que me humille, que me escupa, que me mee encima, que me ceda, que me insulte… sí, puedo someterme a un hombre, pero yo decidí a quién le daba ese poder, yo decidí a quién le contaba que quería ser inferior, yo decidí quién merecía mi sumisión porque la valoraría, porque me valoraría, porque vería lo grande que soy al hacerlo.
El sexo no es malo, algunas personas sí. El sexo es increíble, son sensaciones mágicas, necesarias y nos llenan de felicidad. Las personas son las que lo estropean, siempre son las personas.
Esa adolescente de 16 años tenía unas piernas, ella decidía a quién se las abría. Daba igual si se equivocaba al hacerlo, esa adolescente quería arrepentirse de los errores que solita decidía tener, no de los que le obligaron a cometer.
viernes, 19 de febrero de 2016
Humíllate
¿Cuál es la peor humillación por la que has pasado? La que me ha humillado.
Un día me puso la correa, me dijo que era una perra, fui a cuatro patas desde mi dormitorio en la planta más alta de la casa hasta el jardín. Allí me dijo que hiciera pipí, siempre supe que alguna vez me haría pasar por eso, creo que estamos de acuerdo con que es una de las humillaciones más generalizadas o lógicas: eres una perra, haz lo que hace una perra. Cuando lo imaginaba pensaba que me humillaría profundamente, siempre me he considerado una señorita que no hace ciertas cosas. Pensé que me costaría horrores hacer pis en el jardín. Al principio actué como si así fuese, pero poco me duró ya que por dentro descubrí que no me humillaba, no tenía ningún problema en hacerlo, me parecía incluso divertido… por otro lado me había prohibido hablar, solo podía ladrar, otra de las humillaciones más extendidas y lógicas… Cuando volvimos al dormitorio me hizo una pregunta, me quedé petrificada, totalmente paralizada, no podía ladrar. Estaba de rodillas en el suelo, desnuda, con un collar rodeando mi cuello, había andado como una perra, había hecho pis como tal… pero no podía ladrar. Me sentía ridícula, ese gesto me humillaba, quitaba lo bonito de la escena. Podia ser sensual andando a cuatro patas, podía ser guarra haciendo pis en el suelo, pero ridícula no, no quería sentirme así. Pero es que hay una diferencia entre lo que aparentemente es humillante y lo que realmente nos humilla. Me abofeteó varias veces, solté un “Guau” “¿Eso es un ladrido de perra? Ladra de verdad” lo volví a intentar, cada vez me sentía más ridícula aunque me acercaba a mi ladrido natural… Al final hice un sonido tipo chiguagua, nada bonito ni elegante “Vaya, si resulta que lo que tengo es un caniche” me sentí tonta, estúpida, muy humillada. De eso se trataba.
Cuando te expones a la humillación, sabes que te expones a una sensación desagradable, pero te provoca algo extraño, un cosquilleo en el estómago, una liberación mental. Sientes que no puedes cohibirte más, que la única opción que te queda es enfrentarte a aquello que no te gusta. Cuando me humilla no existen cosas como: “¿Estaré haciendo el ridículo? Uy, yo eso no lo hago que seguro que me da vergüenza…” No hay incertidumbres. Sí, estás haciendo el ridículo, sí estás pasando vergüenza y no te queda otra que hacerlo, que enfrentarte a esa sensación y descubrir que no te mueres por ello, que no se muere de humillación. Sí, humillada me siento libre y completa, viviendo sensaciones que son propias de los humanos, pero que nos resistimos a vivir.
Hay que romper patrones y estereotipos. Si mañana mi Amo me dice: te doy a elegir entre hacer dos cosas, pero tienes que escoger sinceramente la que más te humille. La primera es hacer pis en el jardín como una perra y la otra es imitar a Chiquito de la Calzada. Mi parte de mujer sumisa que ve la belleza de humillarse ante su Amo como una perra, que ha visto cientos de fotos BDSM sobre ello escogería hacer pis en el jardín pero, seamos sinceros, eso no me humillaría tanto como ponerme a hacer el ridículo ante mi Amo, como ponerme a hacer unos gestos que no son propios de mí, que no son ni cuquis ni finos, que no son sexuales ni quedarían bien en una peli bedesemera en blanco y negro. Así que, honestamente, tendría que elegir la segunda opción y probablemente así descubrir que soy demasiado estereotipada, que me da miedo hacer el tonto, que necesito ser más natural y espontánea.
Somos adultos y cada uno sabe bien hasta qué punto quiere vivir las cosas. Yo quiero llegar a las profundidades de cada sentimiento, quiero ver los matices de cada humillación, aprender de lo que encuentro en esas situaciones, liberarme poco a poco de los límites que yo solita me he puesto.
lunes, 8 de febrero de 2016
Paciencia y esfuerzo
Hola, perdonad la ausencia del post de la semana pasada, hay veces que no llego a todo. No sé si alguien se habrá dado cuenta pero se acerca el aniversario del blog y estoy preparando algunos cambios y novedades. Por ello quizá tenga que cerrar temporalmente el blog un par de días, si es así, espero que perdonéis las molestias y sigáis ahí cuando vuelva :). Hecho este inciso os dejo con el post de hoy:
Hoy me miro al espejo, la Ángela que veo no es aquella que vi. Ahora me dicen que me admiran, que soy un ejemplo de obediencia y entrega, que ojalá poder tener ese control sobre las palabras y actuaciones… no hace mucho nada existía de la Ángela que ahora se refleja. Me miro al espejo y veo a una Ángela tranquila y sosegada, es una Ángela que no se pasa inquieta todo el día, que ya no envidia o fantasea sin valorar lo que tiene. Veo a una Ángela segura de sí misma. Me gusta la mujer que soy ahora, con cosas por mejorar pero con la certeza de que puedo hacerlo, la certeza que me da haber pasado por lo que pasé: los llantos, los gritos, los tirones de pelo por no saber contener mis diablillos, por estropear lo bonito que tenía. Hace 7 años el diablillo de la soberbia me poseía, la exigencia vomitada por mi boca lo ensuciaba todo, quería ser obediente, obtener lo bueno que podía darme mi Amo pero sin pasar por lo malo, quería placer y sometimiento superficial. “No me hace esto, no me dice aquello” Ha sido un camino duro, no creáis que nací con el don de la entrega, no creáis que estos 7 años siendo Suya han sido como es ahora, no creáis que esta calma que respiramos la respiramos desde el principio. Han sido muchas las angustias, han sido muchas las palabras de mi boca que sobraban, muchas las actitudes negativas y dañinas por mi parte, mucho el capricho, mucho lo superficial… he visto en Su rostro demasiadas veces la decepción y la angustia de no saber qué hacer con el monstruito de metro y medio que le amargaba la existencia, que lo llenaba de reproches e inseguridades, qué hacer con una persona a la que amas con locura pero que en el momento menos pensado lo estropea todo sin inmutarse ¿La castigas o la mandas a tomar por culo bien lejos? Muchos han sido los días que me he mordido, que me he odiado por mi permanente insatisfacción, por mi permanente exigencia conmigo y con los demás, con Él.
Leía a otras sumisas, veía sus actitudes, sus relaciones y las envidiaba, las envidiaba mucho. Eso me hacía sufrir, nos hacía sufrir… era como si yo no tuviera una vida de la que disfrutar, como si mis circunstancias, fueran las que fuesen, no se merecían valor alguno. Qué malo es desvalorar, qué malo compararse, que malo creer que todo el mundo tiene algo mejor que lo tuyo. Lo único que fallaba era yo.
Y ahora me miro al espejo, han pasado 7 años, 7 años en los que gracias a Su capacidad para saber llevarme, gracias a Su constancia, a Su inteligencia, a Su tenacidad, he conseguido mirarme al espejo y ver templanza, ver fuegos destructivos apagados. Puedo ver resultados, puedo empezar a percibir que ahora soy persona.
No, no nací buena sumisa, no nací calmada y de mente fría, nací con diablos como los tenemos todos. Y no voy a quitarme mérito, sin mi Amo al lado todo hubiese sido más difícil aún, pero yo también puse de mi parte, aprendí a base de prueba y error, a base de llorar y enfadarme mucho conmigo misma, a base de meter la pata hasta el fondo, aprendí a base de angustia, paciencia y esfuerzo… He sufrido en muchas ocasiones intentando no dejarme llevar por la soberbia, he sufrido mordiéndome la lengua para no volver a soltar veneno, del que nos mataba lentamente.
Y ahora hay un espejo y puedo mirarme, ahora veo lo maravilloso que es el premio... pero no olvido que no fue, ni es, nada fácil.
martes, 12 de enero de 2016
Los personajes
Pasas la vida creyendo que eres lo más complejo del mundo, crees que no hay nadie más difícil que tú. La vida duele y a veces quieres morir…
Siempre creí que era alguien insoportable, que tenía miles de procesos internos que me hacían indescifrable, una chica pequeña y enigmática. Luego me convertí en sumisa, o en algo parecido, creí que eso era yo. Volví a creerme misteriosa y atractiva por serlo, me sentía especial, distinta… Pero los días fueron pasando, las semanas, los meses hasta los años pasaron y a cada hostia me iba quitando tonterías de la cabeza, pero no eran los golpes no os equivoquéis, no son las hostias literales las que dolían, no eran los azotes los que me despertaban de esa pesadilla que yo vestía de sueño… era enfrentarme a lo que era de verdad, enfrentarme a que no era compleja, no era misteriosa y enigmática, me dolió enfrentarme a que soy un libro abierto, que mis procesos son simples, que solo quiero una vida sencilla llena de detalles bonitos y castigos, una vida sencilla con normas y sin pretensiones.
Hubo un tiempo en que me hacía sentir mal que se me considerase una buena sumisa, porque creía que tenía que estar a la altura del título, hubo una época en la que creí que tenía que demostrar que era inteligente, ambiciosa… creí que tenía que demostrar que era especial. Pero eso no eran más que personajes, personajes que había que alimentar, que me llenaban de angustia, de estar constantemente manteniendo el tipo y con miedo a fallar. De qué sirve luchar por ser algo si eso te hace tremendamente infeliz. Cuánto me dolía que me dijeran que era soberbia, que me recordaran que tenía defectos me alejaba de esos personajes que quería llegar a ser, y los personajes me alejaban cada vez más de la persona que soy.
Los días pasaron, las semanas, los meses y hasta los años… poco a poco fui simplificando, poco a poco fui quitándome el peso de los personajes que iba alimentando, dejé de derrochar energía en ellos y la invertí en la esencia de lo que soy. Y ahora sé que no soy ese personaje fuerte que creé, pero sí soy fuerte, soy valiente de verdad, una valentía con base y cimientos, que puedo demostrarme ante mí misma con hechos y fundamentos. Y no, no soy compleja, no soy especial, no al menos como idealicé que era una persona especial… puedo decir tranquilamente mis defectos y virtudes, porque los he mirado y los miro a la cara.
Cuando mi Amo y yo éramos novios, al poco de conocernos, echamos una partida de ajedrez, yo sólo había jugado con mi abuelo, que me había enseñado lo que él había medio aprendido… Mi Amo sí sabía jugar al ajedrez, con las normas reales, con estrategias y demás. Cuando me corrigió e intentó enseñarme me enfadé muchísimo, temblaron mis personajes, esos que creía me hacían ser especial. Recuerdo la angustia que me invadió, me sentí ridícula y estúpida, no me dejaba enseñar, ni guiar, mi soberbia no me dejaba admitir que no era tan lista ni lo sabía todo tanto como yo creía. Me sentí inferior a mi novio y en aquel momento eso me confundía demasiado. Algo en mí me decía que eso era cierto, pero otra no quería admitirlo porque entraba en conflicto con mi personaje de doña perfecta. Aquella pelea no sé me olvidará jamás porque en el fondo sabía que no llevaba razón pero no podía admitirlo. Hoy pienso en ello y me digo: es de esas veces que necesitas una buena hostia para que se te quiten las tonterías. Por qué hablo de esto, porque he sufrido mucho y nos he hecho sufrir mucho por reproducir patrones que no me representaban, he querido ir muchas veces de mujer inteligente, triunfadora e independiente y, no es que no sea nada de eso, pero no era LA MUJER INTELIGENTE era Ángela con la inteligencia que tenga, que sabe algunas cosas y otras no. No soy LA SUMISA soy Ángela que se somete a su Amo, que llora y odia los castigos, que unas veces los soporta mejor que otras… que a veces dice cosas sabias y otras mete la pata hasta el fondo. En definitiva soy Ángela, la que no para de descubrir cosas de sí misma, la que no para de romper personajes que ella solita fue creando.
Mi Amo siempre se mete conmigo diciéndome que no paro de decir “Por fin he descubierto…” pero es que es cierto, cuando desmontas a los personajes te queda un camino de descubrimiento, mucho más sencillo y ameno, me siento como si llevase 29 años con una venda en los ojos, como si solo me hubiera palpado y, ahora que me he quitado esa venda, puedo ver todos mis rasgos, puedo ver en qué se equivocó mi percepción y en qué acertó. Como si me mirase al espejo pensando “Uy, tengo los ojos más grandes de lo que creí y la nariz más pequeña”.
Los personajes son trabas que nos ponemos, nos encasillan y son ponen barreras para vivir de verdad. Los personajes son miedo a ser auténticos, son miedo a lo que habrá si los eliminamos, miedo a no ser como queremos ser… pero os voy a contar un secreto, lo que somos suele ser mucho mejor.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Qué hemos hecho bien
La letra de esta canción es perfecta para esta entrada. Si vais a amar a una persona, amad todo de ella, sino dejádla ir...
Parece mentira cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando empezamos este proceso, cuando empezamos a ser verdaderamente nosotros. Pero ya hace 7 años de aquello y ahora me parece un sueño lo que vivo, esto ha superado con creces mis expectativas y parece que cuando estamos en esta ensoñación olvidamos que no siempre fue así, que muchas cosas pasaron por el camino, muchas lágrimas derramadas, muchas angustias, muchos momentos en los que creía que todo se iba a la mierda. Pero aquí estamos, con una relación sólida y con futuro, por pasarnos nos ha pasado de todo, a estas alturas creo que lo único que puede acabar con lo nuestro es que se canse de mí. Analizo cómo hemos llegado hasta aquí, habrá muchos pasos mal dados, pero también aciertos. Qué es lo que nos ha funcionado, cuál es nuestro secreto… hay varias cosas que creo hemos hecho bien, por un lado creo que siempre hemos estado unidos, hasta en las discusiones, si en cuanto surge agún problema nos individualizamos, apartamos al otro, no lo dejamos participar de nuestras angustias, si cuando nos peleamos vemos al otro como enemigo estamos perdidos… Este fue mi error durante mucho tiempo, cuando surgía una discusión o estábamos en desacuerdo en algo creía que era posible que acabara en ruptura. Pero Él me enseñó que no, que las discusiones son discusiones, son situaciones que todos vivimos, que no le pareciera algo bien no significaba que quería acabar conmigo, que los momentos malos también existen dentro de la felicidad. Creo que es importante que también nos hemos dejado ser personas. En general somos muy conscientes de la debilidad humana, de las carencias, sabemos que nadie es perfecto, pero a la hora de la verdad es lo que le exigimos a los demás, sobretodo a nuestras parejas, no nos permitimos ni una sola debilidad. Sería algo así: "Sí, yo sé que los humanos podemos ser orgullosos pero tú no puedes serlo, porque tienes que hacerme feliz y feliz me haces cuando dejas de ser humano y eres perfecto". Hablo de las personas en general, pero en las relaciones D/s creo que está aún más marcado. Queremos una relación D/s en nuestras vidas, pero obviamos que en esa frase está la palabra “relación”. Veo sumisas y Amos buscando a la sumisa y al Amo perfecto. Una absurda fantasía. Creo que por eso las sumisas suelen preferir a Amos mayores y con muchos años de experiencia, como si esos años lo hubiesen convertido en EL AMO sin carencias ni defectos, en ningún sentido. No toleramos la “debilidad” dominante. Si no aceptamos que esto va a ser un camino juntos, que ninguno de los dos es perfecto, que surgirán discrepancias, momentos duros, si no nos permitimos equivocarnos no habrá camino juntos, o no será muy largo. La unión y la confianza entre un Amo y una sumisa ha de ser lo más intensa posible, lo que implica sinceridad absoluta, el Amo debe confíar tanto en ti como para sentirse igual de cómodo enseñándote sus fortalezas como sus debilidades, porque las tienen, todos las tenemos. Pertenecer es duro, pero me imagino a un Amo manteniendo el tipo, guardándose sus angustias para sí mismo, creyendo que tiene que ser un personaje perfecto siempre y realmente me da pena, eso no es vida. Mucho hablamos las sumisas de lo que nos gusta que nos protejan, de que nos abracen y nos digan que todo irá bien ¿De verdad creéis que eso no es una necesidad que tiene todo el mundo, sea cuál sea su raza, su sexualidad, su posición…? Es cierto que mi Amo ha necesitado muchas menos veces que yo ese consuelo, pero lo he amado igual o más cuando lo he acurrucado en mi pecho y le he asegurado que nada va a pasar. Si después de eso vuestra mirada hacia el Amo cambia, si lo creéis más débil por tener una necesidad humana de cariño y protección, entonces os pediría que dejaseis de buscar Amo, nunca vais a entender el significado de estar unidos, puede que destrocéis a quien se os acerque. Suelo ser condescendiente con muchas cosas, pero con esto no. Yo veo y siento a mi Amo como un dios, pero soy muy consciente de que no lo es.
Y por último hablaré del poco a poco, de los pasos del camino. Cuando le confesé lo que era y Él aceptó intentar este tipo de relación, fui tan idiota de pensar que al día siguiente todo sería como en mis sueños, protocolos, perversiones… pues no, todo fue muy lento porque así es Su ritmo , le gusta asentar bien antes de avanzar más. Mi impaciencia me volvía loca, pero Él tiraba de mi correa “Quieta perrita, despacito” así me he sentido estos años. Ahora Su dominio lo inunda todo, pero no fue así desde el principio. Los protocolos han ido apareciendo muy lentamente. Creo que hasta que no llevamos cuatro o cinco años de relación D/s el “Usted” no apareció. ¿Y siempre fuimos a mejor, a más? No, también tuvimos que dar pasos atrás. Hace poco esto mismo lo decía una pareja en twitter y sinceramente me alegré por ellos, si eres capaz de ver que ante un muro no hay que estrellarse y acabar con todo, sino que hay que dar unos pasitos atrás, analizar bien el muro para saber cómo pasarlo juntos, si eres capaz de eso, es que vas por muy buen camino, es que estás en una relación real en la que, más que los protocolos y los nombres, valen las personas, sabéis que queréis estar juntos y que juntos encontraréis la manera. Pero voy a otra pregunta ¿Por qué tenemos tanto miedo a equivocarnos?¿Por qué queremos un seguro de que todo saldrá bien para dar cualquier paso?¿Es que la vida nos arrea con una espada y en cuanto echamos marcha atrás nos la clavamos? No, no pasa nada, el conocimiento real no está en los libros, está en el ensayo y error. Aunque tengo una buena noticia para todos aquellos valientes que quieren atreverse y vivir sin miedo a tener que recular en algún momento: los pasos atrás no existen, no existen porque los que vuelven a la casilla anterior no son los mismos, ni sus circunstancias tampoco. Imaginemos a un investigador médico buscando una cura para una enfermedad. Sabe que parte de la fórmula está bien y le añade un nuevo ingrediente que cree funcionará. Pincha a la rata enferma y la rata muere. Tiene que volver a la fórmula inicial, pero ya sabe qué ingrediente no funciona, ya ha experimentado el error, ya sabe qué razonamientos equivocados lo llevaron a él. Conclusión: en la vida nunca se dan pasos atrás, sólo hay dos opciones, quedarte atascado o seguir adelante. Imaginemos al mismo investigador rompiendo probetas lamentándose de haberse equivocado, lamentándose de la rata muerta, jurando que no volverá a intentarlo por miedo a volver a errar... si elige esta opción es suguro que jamás encontrará la fórmula correcta.
Nosotros dimos “pasos atrás”, hubo un momento en que me dijo que no le llamase Amo, que no le hablara de Usted ¿Sabéis lo que me dolió? No dejó de dominarme del todo, pero quiso quitarme de la cabeza mis tontos patrones. Lo pasé muy mal, creí que todo había acabado, que volvíamos al principio, la misma sensación que cuando en la oca caes en la muerte y vuelves a la casilla de salida pero con una desilusión y desaliento reales. Ahora con la perspectiva del tiempo sé que no sólo no fue un paso atrás, sino que fue un gran paso hacia delante.
La moraleja de todo esto (y la digo sabiendo que también me la tendré que repetir a mí misma de vez en cuando): Dejad de imaginar la vida perfecta, sin sufrimientos, desilusiones, obstáculos, con el Amo perfecto que te guía sin vacilar, que jamás decae, que no sufre, que no se angustia, dejad de imaginar la vida que creéis os hará felices… y vivid.
martes, 6 de octubre de 2015
La elección
Puedes elegir, puedes elegir, una y otra vez hay frases que me recuerdan que puedo elegir, que puedo marcharme cuando quiera. Pero yo no quiero, no quiero vivir ese tipo de relación, quiero pertenecer a mi Amo igual que las esclavas en la antigüedad pertenecían, sin elección.
Me duele pensar que en el fondo muy fondo, tengo elección, me duele pensar que algún día algo no me guste y pueda dejarlo e irme. Aunque lo que más me duele es que sea Él el que crea que eso puede pasar. Para mí la situación ideal sería ser una esclava, sin poder decidir si irme o quedarme, tener que acatar cómo es mi Amo aunque algo no me guste. Las esclavas no elegían a sus Amos, no elegían si eran guapos o feos, si eran cariñosos o fríos… supongo que hablo así porque estoy enamorada de Él, porque es bueno conmigo, pero tenemos nuestras diferencias, diferencias que a veces me cuesta aceptar, que a veces se me hacen muy difíciles, sobretodo porque es complicado saber que eres tú la que, si no se llega a un acuerdo, tendrá que ceder.
Somos personas muy distintas, a veces nuestras personalidades llegan a una encrucijada, no es que alguno esté haciendo nada malo, no es que alguno de los dos esté siendo egoísta, simplemente son aspectos de nuestra personalidad que no son compatibles… y llega el dilema ¿Qué hacemos? Ese es el dilema aparentemente, pero en mí es un estallido de dudas y angustias. Si esto no se soluciona ¿Podré renunciar a esa parte de mí?¿Podré vivir sin esas situaciones en las que me siento bien? Y llega la elección, esa que odio, ese pensamiento de que si no me gusta puedo abandonar, puedo marcharme y hacer lo que me dé la gana. Es una charla conmigo misma, Él no está enfadado, solo me mira esperando a que mi conversación interior acabe y tome una decisión Y no quiero, no quiero poder decidir, quiero acatar, quiero sentir que me entregué sin condiciones porque eso es lo que realmente me hace feliz, quiero esa realidad, dura, pero realidad. De pequeña no me sacrifiqué por nada, si algo no me gustaba lo dejaba a la primera, si algo me incomodaba abandonaba sin más, y ahora anhelo ese sacrificio, esa sensación de esfuerzo de entrega a algo, en este caso a alguien. El comportamiento que tenía no me llevó a nada, me gusta bailar pero por no sacrificarme no sé bailar, es esa sensación del sufrimiento por el bien mayor lo que busco en mi vida. Ahora cuando mi Amo me prohíbe hacer algo que me apetece mucho siento un poco de pena, pero una emoción se me coge en el estómago, me siento orgullosa de controlar mis demonios, de aguantar un momento malo por sentirme muy bien siempre, por sentirme Suya.
Quizá pueda parecer una loca, un zombie que acata sin más, que sigue al Amo sin cuestionar nada, pero no, cuestiono cada paso que doy, uso la razón, pero es que mi razón siempre llega a la conclusión del corazón. Puedo soportar las tempestades de la mente pero soy incapaz de sobrellevar la angustia del corazón. Y mi corazón sólo quiere pertenecer, es un corazón esclavo, por mucho que la mente dé vueltas a lo politicamente correcto. Ojo, no hablo del sentimiento hacia Él, no es que esté tan ciega de amor que no puede alejarme de Él. No, mi corazón siempre ha sido sumiso y esclavo, antes de Él, antes de todo, y ahora simplemente ha encontrado a una persona maravillosa a la que pertenecer.
Todo esto no es BDSM, no me cansaré de repetir que no me hagáis caso, lo que en este blog escribo es sólo una apreciación y un sentimiento muy personal, es sólo mi camino... si de mí queréis aprender algo, hacedlo de mi lucha incansable por ser la mejor versión de mí misma, mirando a la cara a mis demonios y diciendo alto y claro lo que siento, por muy locura que sea, por muy mal que os parezca. No tener elección es una barbaridad alejada de cualquier consenso, pero si es como me siento lo contaré ¿Acaso ocultándolo desaparecería?