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martes, 5 de abril de 2016

Autoestima

Siempre hablo de que llevamos 11 años juntos, 7 como D/s, siempre os cuento que pasé por una depresión y que sólo como Amo pudo ayudarme ¿Y en los años anteriores qué? ¿Pasó de mí? ¿Me dejaba llorar y sufrir sola? No, todo lo contrario, siempre ha estado conmigo, siempre ha sido mi apoyo incondicional, lo único que cambió fue la forma de ayudarme. En nuestros años “vainilla” nunca fue duro conmigo, me trataba con todo el cuidado del mundo, cuando yo me sentía la peor persona del mundo Él me recordaba todo lo bueno que yo tenía, quería hacerme ver lo maravillosa que era, quería que desviara la atención de aquello que no era tan “bueno” porque no era perfecta, como nadie lo es, Él quería que me aceptara y para ello trataba de elevarme el autoestima destacando lo bonito que tenía. Pero eso no sirvió de nada, los paños calientes, destacar sólo lo bueno de alguien no ayuda a mejorar, calma momentáneamente pero es "pan para hoy y hambre para mañana". Todo cambió cuando se convirtió en mi Amo, ahí se sentía seguro de mí, sabía que era Suya y que tenía mi permiso para ser duro, digamos que dejó de importarle hacerme llorar, cosa que siempre había intentado evitar en nuestra relación. Cuando hablo de lo mucho que me ha ayudado a crecer como persona no hablo de las caricias en el lomo, no hablo de los abrazos cuando lloraba, también los ha habido pero han sido recompensas no ayuda. De lo que hablo es de lo directo que ha sido todos estos años mostrándome en qué fallaba como persona, era la dureza de mostrarme las consecuencias de mis angustias, el daño que le hacía a los que me rodeaban, el daño que me hacía a mí misma siendo soberbia, cobarde y mentirosa. Y es cierto que Él es una pieza clave en todo este proceso que he vivido para salir de la depresión y crecer como persona, pero aunque suene mal ha sido una herramienta, no un fin en sí mismo. ¿A qué me refiero con esto? Que aunque lo que me motivaba para seguir era ser la mejor versión de mí misma para Él, lo cierto es que la beneficiaria real era yo. Todos sus castigos, Sus palabras duras han sido realmente por mí, porque me amaba y quería dejar de verme sufrir. Es igual que cuando educo a mis hijas, les enseño a ser ordenadas, les regaño si dejan sus juguetes desordenados y no los cuidan, a simple vista puede parecer que los recogen y obedecen por mí, para que mamá no les regañe, para que mi casa esté ordenada y porque se ponen contentas porque yo las felicito si lo consiguen. Pero esa no es la finalidad, es solo el medio para que en un futuro ellas puedan tener su propia vida, de una manera ordenada, que aprendan a cuidar las cosas, a valorarlas y se sientan bien con ellas mismas al hacerlo. Pues la misma sensación tengo yo con el Amo, siento que me ha guiado para que mi autoestima crezca, para moldearme a la mejor versión de mí misma, aunque a simple vista pueda parecer que me ha moldeado a Él. Si yo nos visualizo energéticamente no me siento débil o con menos poder que Él, me siento igual de fuerte que Él, dos personas completas juntas, pero eso es en el fondo, porque yo desde esa fuerza individual sé cuál es mi sitio, sé que Él es superior a mí, sencillamente es que en esta vida mi papel es otro, es ser su apoyo, he nacido para ir tras Él. Pero no como una sierva temblona, asustadiza y débil que sigue al Amo por dependencia y miedo a vivir sola, sino como una sierva hermosa, recta, fuerte, con la cabeza bien alta, que desde su fortaleza sabe cuándo y ante quién agacharla.


El autoestima es algo fundamental en la vida, y no se crea a base de halagos, se crea desde la sinceridad en lo bueno y en lo malo, se crea siendo estricto y duro. Eso sí, nunca hay que confundir esto con la crueldad, es muy distinto, la crueldad no busca la ayuda ni es aceptación. Cuando mi Amo me decía: “Ángela, eres soberbia y egoísta” los torbellinos se desataban en mí, enseguida quería justificarme, quería buscar mil explicaciones para rebatírselo, para demostrarle que se equivocaba y que dejase de pensar eso. Y lo intentaba porque mi pensamiento era: “Qué mal está ser soberbia, y mucho peor está que Él lo piense de mí” y eso es sufrir y engañarse. Hasta que no dejé de intentar demostrarle que no era egoísta no pude aceptar que lo era y desde ahí cambiarlo. Somos humanos, todos tenemos “defectos” o partes a equilibrar, cuanto antes aceptemos eso menos tiempo pasaremos sufriendo y más disfrutando el camino del crecimiento personal. Mi autoestima baja se debía a que no aceptaba mis fallos pero en el fondo sabía que estaban ahí. Cuando rechazas algo tan tuyo y te castigas por ello lo único que sale es una persona que cree que es un monstruo. Yo salí de mi depresión gracias a Él, pero salí por mí, con mi esfuerzo, por mi empeño de llegar a dónde Él quería llevarme. Somos un equipo, no soy la persona que soy ahora sólo por mi trabajo o sólo por el Suyo, hemos sufrido los dos, no hemos esforzado los dos. Él siempre ha buscado que me entregue por mi propia voluntad y en todo mi esplendor, es fácil dominar a una persona débil y asustada, cogerá cualquier cosa que le des y dependerá de ti porque no se creerá merecedora de más. Pero cuando tienes a una persona fuerte, plenamente consciente de sus capacidades, de lo que se merece y lo que no… y decide entregarse a ti, eso sí tiene mérito y solo desde ahí se puede tener una relación sana. Escribiendo esto me doy cuenta de por qué muchos juzgan y rechazan el 24/7 como si fuese algo que acaba dañando y siendo tóxico, porque dan por hecho que la entrega se convierte en dependencia emocional, creo que esas palabras esconden un prejuicio que aunque se nieguen está ahí: las personas sumisas son débiles. Yo hablo de mi vida, es de lo único que puedo hablar, y en mi caso ha sido al revés, he pasado de tener una relación tóxica a una relación sana y ha sido gracias a que Él me ha querido, me ha valorado y en todo momento ha sido consciente de que era fuerte, tan fuerte como para poder escuchar la dura verdad.


Es cierto que no tengo límites, que puede hacer conmigo lo que le dé la gana pero si vuelvo la vista atrás la mayoría de castigos, de malos momentos, no han sido para moldearme como sumisa para que hiciese esto o aquello, casi todas las lágrimas que me ha hecho derramar han sido para hacerme crecer. Cuando me he puesto pesada no me ha callado con una simple orden, sabiendo que aunque me mantenga callada de voz, mi cabeza sigue dale que te dale, Él siempre ha intentado erradicar los pensamientos negativos que hacían ponerme pesada. Hoy en día rara vez me pongo pesada y no porque me dé miedo el castigo, en verdad aun así se lo tendría que contar por su ley de la sinceridad absoluta, rara vez me pongo pesada porque ya rara vez me asaltan los miedos, angustias e inseguridades que me asaltaban antes. Esa es la diferencia, soy buena perra no por callarme, sino porque gracias a Él no tengo las angustias que me hacían hablar. Es solo un matiz pero un matiz muy importante, es la diferencia entre vivir reprimida y vivir tranquila, en paz.


Para terminar quiero dejar un mensaje muy claro y directo: busca crecer de una manera profunda por ti, gracias y a través del Amo, pero por ti. Solo así una D/s no será tóxica.

martes, 1 de diciembre de 2015

Soy fuerte, humílleme

Eres una zorra, una puta, no, una puta barata, eres basura, eres una guarra, una cerda. La saliva cayendo por mi carita, por mi lengua, el rimmel corrido, sucia, asqueada… sí, me siento humillada.
Creo que las personas estamos hechas de niveles, como la tierra, capas que van apareciendo conforme profundizas. Mi labor desde que tengo uso de conciencia es trabajarme esas capas, desde la más externa a la más profunda. Puedo presumir de haber llegado bastante al fondo y presumo porque lo mío me ha costado, no ha sido nada fácil. Conforme más vamos conociéndonos, conforme más profundizamos más fuertes somos, es algo muy personal, nadie puede cambiar algo en nosotros si nosotros no lo dejamos, para bien o para mal. En los últimos años me he enfrentado a situaciones complicadas que a veces la vida te pone delante y he sido consciente de algo que siempre había ignorado: soy tremendamente fuerte. Es algo de lo que nunca me había percatado, vas trabajándote, puliendo una cosita por aquí otra por allí, vas haciendo tu trabajo de hormiguita sin darte cuenta de que eso está teniendo un resultado. Desde pequeña tuve la autoestima baja, como os conté en este post, incuso llegué a rozar límites peligrosos, pero esa ya no soy yo. He trabajado duro, sí, también he tenido ayuda pero, al final como siempre digo, estamos solos, así que sola he conseguido remontar y salir de la mierda en la que estaba metida. ¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque creo que para entregarse y someterse la primera obligación pasa por superar nuestros complejos y debilidades.
Se habla mucho del cuidado que ha de tener un Amo con las humillaciones, el tiento que ha de tener al decir o hacer ciertas cosas. Si os soy sincera esa afirmación me da coraje por dos motivos: primero porque me gusta ver al Amo como Amo, como el ser que puede hacer lo que le salga de los huevos (u ovarios) sin preocuparse de que la pobrecita sumisa no acepte un "puta" de más, y lo segundo y más importante tiene que ver con esto, con “la pobrecita sumisa”. El defender tanto que tiene que tener cuidado me deja en una situación de debilidad, sí, se da por hecho que soy débil y que tiene que tener cuidado de no romperme. Estoy harta de que se victimice a la parte sumisa como si fuésemos personas frágiles, quizá algunas lo sean pero no por ser sumisa, sino porque como persona lo es. Me gusta que mi Amo no tenga que contenerse al humillarme y me enorgullezco de que eso es gracias al arduo trabajo del que os hablaba antes. Puede decirme las barbaridades que quiera, en el momento claro que me humillarán, que me harán pasar vergüenza y hasta me hagan llorar, pero solo en la capa superficial, diga lo que diga no puede dañar mi autoestima. Me puede decir que soy basura, a nadie le gusta que le digan esas cosas, pero más allá del sentimiento de humillación, esa palabra no puede calar más en mí. Yo sé que no soy basura, sé qué quiere conseguir de mí en ese momento, sé que Él no lo dice porque lo piense de verdad, sé que quiere provocar una sensación, no ir más allá, por lo tanto eso no profundiza en mí. Cuando todo termina y vuelvo a ser Su princesa, lo que he sentido momentos antes se evapora y desaparece. Pero esto no es algo que apliquemos solo a la D/s, es algo que debemos aplicar a nuestras vidas. Dejamos que los demás con sus opiniones subjetivas nos influyan demasiado. Te dicen que eres fea y te sientes fea, te dicen que eres tonta y te sientes tonta, en vez de tener una imagen sólida de lo que somos, de las cosas buenas y malas que tenemos para no dejar que nos manejen con sus comentarios. Si te consideras una persona inteligente que te digan tonta no va a afectarte más allá de que te duela que alguien sea tan cruel como para decirte algo así, y si por ejemplo crees que eres soberbia y alguien te lo dice, tampoco te va a molestar, es algo que sabes que eres y que estás trabajando en ello para solucionarlo, más no puedes hacer.
Adoro sentirme pequeñita ante Él pero no soy pequeñita (emocionalmente, físicamente sí que lo soy jaja), adoro que me insulte, pero no soy esos insultos, adoro que me diga que no merezco nada pero sé que lo merezco todo, al igual que todos… Para empezar sé que Él es una gran persona que jamás pretendería hacerme daño, pero el resto del mundo no los conozco, no sé por qué dicen las cosas. Ponemos el poder en manos de otros, no hablo de Amos, hablo de las personas en general, nos empeñamos en ignorar que los que le damos fuerza y significado a las palabras somos nosotros. El sufrir y sentirnos mal es cosa exclusivamente nuestra. Todos hemos pasado y pasamos momentos en los que nos sentimos fatal, con la autoestima hundida, pero eso no es excusa, no nos podemos pasar la vida lamiéndonos las heridas, lamentándonos por el daño que nos han hecho. Hay que sacar fuerza de donde no la vemos y mirarnos al espejo con el valor suficiente para decirnos lo malo y lo bueno que tenemos. Esa es nuestra mejor defensa, nuestra mejor táctica de vida.
Cuando me humilla, me humillo. En ese momento las palabras me provocan unas sensaciones contradictorias que incluso pueden hacerme llorar. Pero no me hace daño, esas palabras no me hieren, no me afectan más allá de ese momento. Y lo mejor de todo es que algo que sí hacen es darme grandes orgasmos.
Soy de mi Amo, me he puesto en Sus manos para que Él disponga de mí. No voy a exigirle más cuidado del que Él crea que tiene que tener. El ser lo suficientemente fuerte para asumir lo que ello conlleve es un trabajo que debo hacer yo, por Él y por mí… por los dos.