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lunes, 2 de marzo de 2020

Compañera, asustada y sumisa


Puuff cuántas ganas tenía de empezar a escribir esto. Necesito volver a retomar el blog de forma regular. No me había dado cuenta de lo mucho que me ayuda pararme a escribir y reflexionar sobre este aspecto de mi vida. Mi intención es volver a esa maravillosa época en la que publicaba una vez a la semana, ojalá lo consiga, no solo por los que me leéis, sino por mí.
Hoy tengo la necesidad imperiosa de reflexionar sobre estos últimos meses, más bien, este último año. El 9 de marzo nuestra tercera hija cumple un año y ha sido un año maravilloso aunque intenso como pocos.

Hoy me ha venido la idea de que en este año no he sido la mejor de las sumisas, nunca he olvidado que Él es mi Amo, eso siempre estuvo ahí, pero las circunstancias han hecho que sacase otras partes de mí de forma inconsciente. Hace aproximadamente un mes lo operaron de  un tumor benigno en el hígado, ahora puedo hablar de ello porque todo ha pasado, pero fue una operación grande y larga, con sus riesgos... Mi intuición en todo momento me decía que estuviese tranquila, que todo saldría bien, pero podéis imaginar que incluso siendo yo de las que confían con fuerza en esa voz, el miedo era real. Podríamos decir que la operación era la cima de esta situación, pero el camino hasta ella fue lo más difícil. Aún recuerdo el día en que le hicieron la ecografía, solo sabíamos que tenía un tumor enorme en el hígado, no sabíamos qué era. Resultó ser benigno, pero qué intensidad de emociones. Aquel día la piel me hormigueaba, esa voz me decía: confía, no será nada. Y supe que debía ser la mejor compañera que pudiese ser. No sé si lo fui, el caso es que ahora que hace un mes de la operación me doy cuenta de que puedo empezar a bajar la guardia, me está costando mucho. No puedo obviar que estando embarazada mi madre estuvo luchando contra el cáncer, lucha que ganó y que, cuando parecía que podía bajar la guardia, en plena ola hormonal post parto tras dar a luz, comenzó todo esto. Necesito recordármelo para no castigarme cuando ahora me asaltan los miedos, para no castigarme por seguir en alerta. Recuerdo estar con mi bebé de dos semanas en la cama, Él en la habitación de al lado estudiando a muerte para ascender y además con la preocupación de notarse un bulto enorme. Recuerdo tener ese escalofrío que te da el miedo, ese que te hace creer que el mundo se va a derrumbar, recuerdo respirar hondo, abrazarme a la paz de mi bebé y decirme: “Tranquila Ángela, ahora estás aquí, Él está vivo, solo tienes miedo y es normal, no pasa nada” Debo recordarme eso para comprenderme, para comprender que ahora necesito un tiempo de transición, en el que es normal tener resquicios de miedo, sentir amenaza en mis células hasta que estas comprendan que todo está bien.
Ya hablaré sobre qué sentí cuando temía perder a mi Amo, todo lo que me planteé sobre si yo seguiría siendo sumisa si Él ya no estaba, sobre si eres sumisa en general o lo eres porque naciste para entregarte a una persona en concreto. Pero hoy quiero marcar un nuevo inicio. Somos una pareja real, nos amamos con locura y cuando la situación se puso más complicada hubo que dar prioridad a unos sentimientos antes que a otros. Como he dicho antes creo que ser sumisa dejó de ser mi prioridad para convertirme en la mejor compañera, aunque mientras escribo esto me pregunto si eso no es entregarse también. Es cierto que dejé un poco de lado mis obligaciones como sumisa, pero a cambio hice todo lo que estuvo en mi mano para ayudarlo a sanar, a transitar por esa situación, me entregué de otras formas, hice toda la magia que sé hacer por Él… Sea como sea hoy siento algo distinto en el pecho, algo me dice que todo ha de volver a su cauce, que es hora de volver a agachar la cabeza de la forma más evidente, con ese aire más protocolario. Es hora de guardar los ojos de compañera para volver a dar prioridad a los de sumisa.

Últimamente me pregunto cómo encajamos nosotros en ese mundo más protocolario, en ese BDSM de comunidad (Ya sabréis que no es un debate interno nuevo para mí) y a pesar de todos los años que llevo dándole vueltas aún lo desconozco. Lo único que sé es que somos personas reales, tenemos una relación real, con hijas y circunstancias que se van presentando. No he sido la mejor de las sumisas, pero es que en esos momentos no me parecía tan importante, no sé si eso es bueno o malo, solo es lo que ocurrió, la forma natural que me salió para llevar las circunstancias. Aunque también es cierto que justo en esos momentos he visto con claridad lo Suya que soy.
Todo esto me ha surgido porque hoy me sentía tremendamente sumisa, volvía a verlo desde esa “lejanía” que me da sentirme por debajo, volvía a sentir esas cosquillas en el estómago al verlo dominante, esas cosquillas que me dan la vida. Lo curioso es que mi actitud de hoy no es precisamente buena, no es fácil volver a agacharte, me resisto a la paz, a estar tranquila, aún me da miedo bajar la guardia, volver a sentir lo genial que es tenerlo como Amo por si esa maravillosa realidad desaparece. Pero por otro lado la necesidad de someterme al cien por cien de nuevo es cada vez más fuerte.

Por mi cumpleaños a principios de Enero fuimos de escapada los dos solos. Me puso el collar cuando hacía tanto que no me lo ponía que ni recuerdo. Me ató, me azotó… fue genial. Pero una parte de mí no quería someterse, no quería aceptar que todo aquello era tan importante para mí porque el pellizco en el estómago aparecía: “Cuanto más disfrutes de este instante más doloroso será si se convierte en recuerdo, si se convierte en la última vez que te puso el collar”. Suena muy dramático, no es que lo viviese así al cien por cien, como he comentado mi actitud de base era confiar y saber que todo iría bien, pero el miedo se colaba a veces por las rendijas.
No está siendo un post bonito, ni siquiera sabía por dónde iría todo esto. En estos meses he sido compañera mientras intentaba protegerme, mientras lidiaba con el miedo como buenamente podía, aunque fuese de manera inconsciente. Pero ya ha pasado, perdonadme que no pare de repetirlo, necesito escucharlo.

 La otra noche tuve un sueño precioso, Él era un dómine romano y yo una esclava. Me agaché para besarle los pies llena de amor y entrega, Él sonreía lleno de orgullo y me llevaba a otro lugar para hacerme el amor. No es el sueño en sí, es cómo me sentía en él… Sabía que era importante al despertar aunque no terminaba de comprenderlo. Ahora lo veo, ya toca.

lunes, 25 de julio de 2016

Marcas

Miro su culo mientras lo azota, el rojo resalta sobre el blanco de su piel, rojo que mañana será un morado intenso, rojo que mañana será un bonito dibujo de líneas paralelas. Nos azotó por turnos, algunos de lo elementos que a mí me tocaron fueron de los más duros, y en mayor número… miro mis nalgas, mi culo presenta un leve rubor que mañana no será nada, que mañana se habrá desvanecido para siempre, como si no hubiese pasado, sólo mi gesto dolorido al sentarme nos recordará que yo también fui azotada.


Nunca me quedan marcas, en todos estos años creo que sólo en tres ocasiones las he tenido y han sido pequeños morados y tras varios días seguidos de azotes… es algo que me atormentaba, miles de preguntas se me pasaban por la cabeza: ¿Quizá me azota demasiado suave?¿Me duele horrores porque soy muy débil pero sus azotes son caricias?¿Creerá que miento cuando lloro de dolor?... y muchas cuestiones estúpidas más. El sentirme débil ha sido una tortura, veía las marcas que mostraban otras y no me lo podía creer… si yo casi me moría de dolor la noche anterior, hasta qué nivel hay que llegar para que queden esas marcas. Otro ejemplo de que las comparaciones son odiosas, que hacen daño, que te desvían de ti mismo y tus propios límites y sensaciones.


Llevo años dándole vueltas al porqué no me quedan marcas. Muchas de las preguntas se apagaron al ir a fiestas y ver azotar a otras, e incluso al ver lo que opinaban otras personas de cómo me azotaba Él al hacerlo en esas fiestas. La más significativa fue una en la que le dejaron usar un flogger para probarlo conmigo, al hacerlo a Su manera le criticaron que había empezado excesivamente fuerte. Yo no dije nada pero por dentro aluciné, a mí no me había hecho ni cosquillas. Siempre he tenido la sospecha de que Él es duro, y lo es porque el 80% de los azotes que recibo son castigos, porque el juego está bien pero mi entrega tiene un objetivo claro y único: crecer.


Todas estas cosas y más me daban vueltas y vueltas en la cabeza, sin conectar entre sí, aún había alguna pieza que no había descubierto que lo uniría todo en mi cabeza. Los que me conocen saben que no puedo vivir sin entender, sin crear una especie de teoría que quizá sólo me sirva a mí pero que me aclare el porqué me pasan las cosas que me pasan, el porqué siento lo que siento. Es por ello que los: “disfruta y vive sin más” no me sirven. Puedo estar años buscando la solución a alguno de mis dilemas hasta encontrar la paz con el tema que sea. Los que me leéis creo que ya os habréis dado cuenta, uno de esos dilemas que me habréis visto de manera más evidente era mi conflicto con el dolor, el porqué lo necesito si no me da ningún tipo de placer. Este es ya un asunto resuelto y el de las marcas va por el mismo camino.


Hace unas semanas pude ver cómo otro culo se marcaba al recibir los mismos azotes que yo, de una manera muy evidente y duradera. Mi culo estaba intacto, yo estaba angustiada por el tema, necesitaba encontrar la solución de una vez. Entonces decidí abrir un poco más mi campo de visión, estaba quedándome demasiado en la superficie. Decidí observarme, ver qué quería enseñarme la vida, o qué aspecto negativo de mí dejaba de potenciarme al no tener marcas, y entonces la evidencia apareció ante mis ojos.


Siempre he dicho que he tenido dentro dos Ángelas muy diferenciadas, cada una con unas cosas buenas y malas que se oponían de manera muy clara. En este caso me centraré en mi lucha entre mi Yo profundo y mi Yo superficial. Siempre me ha torturado considerarme una persona profunda, que busca espiritualidad y trascendencia más allá del cuerpo pero a la vez ser tremendamente superficial, demasiado preocupada por el cuerpo, el físico y las pertenencias materiales. Ahora esa lucha no es tan marcada, mi Yo superficial se ha equilibrado mucho y menos mal. Pues bien creo que el hecho de no tener marcas tiene mucho que ver con esto. Él siempre me ha querido hacer crecer, es duro porque es la manera que tengo de hacerlo, es lo que le pedí, ese era el objetivo principal de mi entrega. Por ello me duelen los azotes horrores pero necesito el castigo, y precisamente por eso no me quedan marcas después, porque eso hubiese sido un peso para crecer, verme las marcas al día siguiente, poder presumir de lo mucho que me han azotado y que yo he aguantado, poder presumir de buena sumisa es superficial, lo hubiese utilizado para desviarme del objetivo, me hubiese hecho distraerme y no reflexionar del porqué de esos azotes, del porqué hago lo que hago, y Él hace lo que hace. Hace un tiempo mi amiga me golpeó con una de sus frases, de esas que se te quedan en la mente porque sabes que no has terminado de entender y notas que debes aplicártela: “Las marcas son ego, punto”. En ese momento lo medio entendí, además se lo apliqué a los dominantes exclusivamente, algo de mí no quería escuchar que sólo quería tener marcas para presumir, para reconfortar a mi parte superficial, que quería marcas para, como siempre, buscar que cosas externas me digan las cosas que debería decirme yo misma, para darme la seguridad que debería nacer de mí misma. Quería unas marcas que me confirmaran que soy fuerte, que me esfuerzo, que me entrego… en vez de confiar en ello desde mí misma. Necesitaba esas marcas al igual que siempre he necesitado que me digan “Eres guapa” para creer que lo soy en vez de confiar en lo que veo en el espejo, en cómo me siento yo.


¿Estoy diciendo que creo que mi cuerpo nació con esa característica tan concreta con un fin ya establecido? Sí. Llevo unos meses en que no paro de tener evidencias de que venimos a cada vida con un fin y nacemos con las herramientas necesarias para conseguirlo. Entiendo que sea difícil de comprender, que lo sencillo sea creer que es una casualidad, que nací con una circulación sanguínea portentosa y que no tiene nada que ver con nada más. Lo entiendo, y no busco que me deis la razón, yo sólo sé que mi explicación me ha dejado en paz, en mi cabeza encaja perfectamente, que en mi forma de entender la vida encaja perfectamente… Y estoy contenta, hace unos meses no habría escrito esta entrada, por miedo al "qué pensarán", pero esto me demuestra que cada vez necesito menos que me confirmen las cosas desde fuera para confiar en lo que siento, cada vez necesito menos que me digan “Eres guapa” para sentirme realmente así.

lunes, 4 de julio de 2016

La sumisión es un camino

Para empezar esta entrada voy a definir los términos que voy a usar. Para hablar de mi etapa anterior diré mi etapa como sumisa, y me refiero a cuando me dejaba condicionar por el significado que otros le dan a esa palabra, cuando me atraía todo lo superficial del término. Cuando mis metas y mi percepción se basaban en las propias de una sumisa en el BDSM. Por ello si atribuyo bastantes cosas negativas al término “sumisa” no es porque realmente las tenga, sino que yo como sumisa dentro de una comunidad con unos patrones a seguir no me gusté. En mi nueva etapa me llamaré Suya o “entregada”. Todo esto lo aclaro para intentar describir más fácil las diferencias que veo entre una etapa anterior y la que vivo ahora. Aunque es complicado, ya aviso…


Cuando era sumisa imaginaba mi mundo ideal como un protocolo perfecto y pomposo. Como meta tenía ser perfecta, quería no tener ni una sola falta al terminar el día. Si viviese encerrada en casa, sin hijas, sin trabajo, sin familia etc… no me parecería una meta tan horrible y tan dura como me resultaba. Y es que, como imaginaréis, no solo quería ser perfecta como sumisa, también lo quería ser en cada aspecto de mi vida. Cuando llegaba la noche estaba agotada, y aún me quedaba el trago de hacer recuento de faltas y cumplir castigos. Todo se me hacía cuesta arriba, me sentía fracasar a cada paso, y lo peor era la sensación de decepcionarlo. Para que os hagáis una idea algunas de mis faltas eran olvidar decir Amo al final de una pregunta o respuesta, olvidar pedir permiso para salir de una habitación, no hacer algo que me había ordenado que hiciese… evidentemente hay faltas y faltas. Las dividiré también en faltas superficiales (aquellas de protocolo, pequeñas órdenes)  y faltas profundas (mentir, ser soberbia, responderle con carga). Ahora veo claro la importancia real que tienen cada tipo de falta y la relación que tienen unas con otras, pero antes no. Como sumisa sentía una presión horrible, no podía fallar, sentía que daba pasos atrás si se me escapaba algún “tú” y pensaba en el ideal de sumisa que se tiene y en cómo yo lo reventaba a cada despiste. Desde fuera siempre se tiende a echar la culpa al Amo por una sumisa saturada, seguro que pensaréis que me presionaba, que Él me ponía todos esos protocolos y esperaba de mi la perfección, si no lo pensáis me extraña porque yo sí lo hacía. No porque Él dijese una sola de esas palabras, sino porque en mi cabeza era lo que se supone que desea un Amo. Pero se me olvidó que los Amos y sumisas que imaginaba no son reales, son proyecciones de nuestro cerebro, de nuestra propia exigencia. No conozco a una sola sumisa que no sea autoexigente, de verdad que no, no conozco a ninguna que en el resto de los aspectos de su vida no quiera llegar al 10. Y somos tan tontas de pensar que en ese aspecto no se va a reflejar ese defecto y que no nos va a hacer tanto daño como nos lo hace en todo lo demás. Se me olvidó recordar que soy una mujer real, de carne y hueso y que Él lo sabe, y mucho peor, se me olvidó que Él me quería a mí más de lo que quería a esa sumisa perfecta que yo creía que debía ser. No negaré que entre un Amo y una sumisa hay una distancia natural, la distancia que hay por estar en distintas posiciones, no negaré que mi Amo es estricto, que no me pasa ni una… pero OJO lo que he descubierto en esta nueva etapa es el porqué y con qué fin no me las pasa. Creo que castigar las faltas superficiales sirve para evitar las profundas, no es que si me olvido de un Amo al final de una respuesta Él me castigue decepcionado por no haber conseguido ser perfecta, creo que esa norma es algo que le gusta y de la que disfruta pero no es una necesidad básica, sin embargo mantener a raya mi soberbia y mi facilidad para dejar salir a mi ego sí es algo peligroso. Y es que reconozco que en las épocas en las que se relaja castigando las faltas leves me pongo peor, me sale la soberbia y tiendo a “subirme a la chepa”. Me avergüenza decir que cuando estoy enferma y Él me cuida y me perdona más las faltas me vuelvo contestona, me salgo de mi posición, con la consecuente “infelicidad” que personalmente eso me supone. Cuando era sumisa creía que Él quería que no cometiera ni una sola falta, que se sentía realmente orgulloso y satisfecho cuando llegaba con el contador a cero, pero he descubierto que, mientras las faltas profundas no se den, las faltas leves son un instrumento, o quizá simplemente es que esas faltas para Él no son tan importantes, aunque más bien, lo que me ha enseñado es que ser perfecta no es importante, que hay otras millones de cosas más profundas por las que me ama, por las que me quiere a Su lado.


Y llegados a este punto vuelvo a mi eterna lucha por salir de los patrones, a mi lucha en pro de la naturalidad, leer sobre sumisión es leer sobre superhéroes, es como si descubres que te pareces a Superman y te pones a intentar ser como él… jamás lo conseguirás, y te pasarás la vida estrellándote contra el suelo porque no puedes volar tal y como lo hace él, y no es que no puedas porque eres menos, no conseguirás porque Superman no existe, al igual que no existe esa supersumisa que nos ponemos como meta. Yo he tenido la gran suerte de que mi Amo ha tenido eso claro desde el principio, que solo fui yo la que creí que mi idealización era real. Por suerte Él siempre me ha ido empujando al camino de la naturalidad, la aceptación de nuestras imperfecciones y a la lucha real, sin presión de cambiarlas para crecer. Y es que esto sí es muy importante, lo que sí es genial es luchar para ser la mejor versión de nosotros mismos, pero siempre y cuando eso sea una motivación no una obligación.


Ahora mi vida sigue siendo aparentemente igual, pertenezco a mi Amo, pero ya no soy sumisa, ahora intento no cometer faltas, pero cuando las cometo, las asumo, aprendo, me motivo para no volver a cometerlas, me perdono y las olvido. Y es que lo peor de mis faltas no era verlas en Su contador, ese que tras los azotes vuelve a cero y olvida el número que allí había para siempre… lo peor de mis faltas era apuntarlas en mi contador personal, ese que no tenía ruedecita, ese contador que nos hace tener una visión general de nosotros mismos negativa, recordando aquella vez que fallaste, recordándote lo mal que lo haces por toooodaaas las faltas que has cometido a lo largo de tu vida, aunque ya les hayas puesto remedio, aunque ya aprendieras de ellas y nadie más les eche cuentas. Ahora vivo entregada, y eso significa ser más liviana, significa aprender de los errores, asumir los castigos y al rato ser feliz entre Sus brazos, entre Sus mimos, olvidando que fallé, olvidando ese ideal perfecto.


Sinceramente ya no me siento con la potestad para hablar sobre sumisión y BDSM porque me siento fuera de ello, pero como estuve dentro me voy a permitir dar un consejo a todo aquel que sí esté en ese camino, y que sí se sienta identificado con ese título: la sumisión es un camino, no un fin. Eres sumisa cada día que te levantes con afán de darte a tu Amo, ya cometas una falta o 100, ya acabe tu día entre azotes de castigo u orgasmos de recompensa, no eres una mujer luchando por ser sumisa, porque ya lo eres. No, no hay sumisas mejores o peores solo hay sumisas, a secas, porque la que ayer llegó con el contador a 0 hoy tiene 50 azotes por recibir, asumir eso forma parte de la sumisión, y si no estás dispuesta a asumir que eres imperfecta, si vas a hacer de esto una presión por llegar a un ideal, déjalo, eso es destruirse no crecer.