miércoles, 15 de julio de 2020
La otra noche soñé
lunes, 29 de julio de 2019
Fantasía (retomando poco a poco)
Propaganda - Muse
Cuanto tiempo llevaba deseando verte en un lugar así, te haces pequeña, vulnerable, las paredes parecen abrumarte, te miro y eres la misma pero de repente me parece que pierdes algo de humana para convertirte en un animalillo a mi merced, yo parezco perder algo de humano para convertirme en depredador deseando verte atrapada, gimiendo, lloriqueando, suplicando…
martes, 18 de diciembre de 2018
Echo de menos...
miércoles, 4 de julio de 2018
¿Cómo me encontré conmigo misma?
Si algo he aprendido es que hay mil formas de llegar al mismo destino, en este caso encontrarse con uno mismo.
El día que le dije a Él qué necesitaba, lo hice para dejar de sentirme tan mal, tan reprimida, enfadada y reactiva. Lo hice para comenzar a disfrutar, lo hice para vivir la vida con emoción y sí, con excitación. No voy a generalizar, pero mi visión de la sexualidad hasta ese momento es que era algo superficial, que el sexo era asunto de la carne. Esto chocaba con otra parte mía muy marcada, la de la espiritualidad, la de profundizar en la vida y ver que esto es “algo más”. Por ello le dije a mi pareja qué necesitaba en el sexo creyendo que anteponía la carne al espíritu por decirlo de alguna manera. Pero me daba igual, yo quería que mi parte sexual explotara, quería disfrutar y hacer realidad todo lo que había imaginado desde niña. Lo que yo no sabía en aquel momento es lo equivocada que estaba, no sabía que acababa de tomar la decisión de conocerme de verdad, de despertar una parte de mí que no conocía, no sabía que no hablaba en nombre de la carne, hablaba mi alma.
Según como veo ahora las cosas, después de todo lo que he vivido y sentido, creo que somos como capas, como si fuésemos un reflejo de la Tierra y conocernos es ir excavando hacia el núcleo. Creo que el sexo es lo más profundo de la primera capa, por eso nos hemos confundido y hemos creído que es algo oscuro, tabú y simplemente es profundo e íntimo. Cuando tienes la valentía de descubrir y explorar esa parte de ti, sin querer, comienzas a descubrir la siguiente capa, una llena de sensaciones y matices. Una capa que ni siquiera imaginaste que existía.
Una de las cosas que noté explorando mi sexualidad es que cuando me azotaba podía alejarme un poco de mi cuerpo, como si yo lo estuviese viviendo pero a dos niveles, uno en mi cuerpo físico, ese que se dolía y sufría, pero por otro lado una parte de mí aparecía aprovechando que el cuerpo estaba entretenido en soportar el dolor. Ahora que medito me doy cuenta de que esos ratos eran auténticas meditaciones profundas. Hago un inciso para aclarar que no creo que esto funcione para todos, como he dicho hay mil caminos de llegar al mismo destino, pero la mía me ha resultado muy curiosa y sorprendente. Además en mi caso era entregándome porque era lo que mi naturaleza me decía, pero quitad lo circunstancial y mirad el proceso.
Otra cosa que me resultó muy curiosa es que conforme yo me sentía mejor con mi sexualidad, conforme la vivía y le quitaba toda la oscuridad que le había atribuido, la vida en general me iba mejor, de repente mi creatividad despertó después de años muerta, mis relaciones personales mejoraron, y me iban apareciendo situaciones que me ayudaban a seguir creciendo.
Todo fue sucediendo, cada vez me sentía más fuerte, segura y conectada con el mundo, conmigo misma. Llegó un momento en el que me sentí realmente confusa ¿En qué momento esto dejó de ser superficial, en qué momento esto dejó de ser mi sexualidad, en qué momento todo se fundió y dejó de ser BDSM, en qué momento esto dejó de darme solo placer para darme experiencias únicas que me conectaban un poquito más con mi alma? ¿En que momento la sexualidad dejó de ser una parcela de otras en las que dividía mi vida y todo fue una sola cosa: Yo? ¿En que momento el placer dejó de ser un fin para convertirse en un vehículo? ¿En qué momento nuestra relación se llenó de matices inexplicables? ¿En qué momento comprendí que el sexo había sido la lleve para abrirle la puerta a mi Yo profundo? Y digo que me sentí confusa porque la mente es realmente cuadriculada, si entiende las cosas de una manera se molesta si se las cambias, aunque sea para bien.
Ahora mismo mi sexualidad es de las cosas de las que menos me apetece hablar (por eso tengo el blog un poco parado, aunque aún me quedan relatos por contar) porque cuando una herramienta ya ha dado todo lo que tiene que dar no sale usarla. Pero expresarla, contar cómo la iba viviendo me ha dado una seguridad increíble, me ha hecho romper límites y me ha descubierto lo muchísimo que me gusta transmitir. Nuestra relación sigue siendo la que era y mejorando cada día porque algo que parece que cuesta entender es que no importa la forma que cada uno tenga de amar, lo importante es que es amar.
En fin, que mi viaje hacia aceptar mi sexualidad ha sido un viaje hacia mí misma, hacia descubrir qué soy de verdad, la luz que todos tenemos, ha sido un viaje hacia escucharme cada vez más alto y claro, ha sido un viaje hacia romper los límites del cuerpo y descubrir que somos magia y luz. Esto lo comprendí un día que cabalgaba sobre Sus caderas, una noche de Luna llena. Por aquel entonces aún no conectaba unas cosas con otras, había meditado pero sin sospechar que haber meditado imaginando cómo me conectaba con la fuerza de aquella luna afectaría a todo lo que haría después. Y allí estaba cabalgando, sintiendo como el placer era cada vez más intenso y me sentía cada vez más conectada a Él, de repente la piel se me erizó y mi mente se expandió, me vi como una enorme bola de luz dando y recibiendo luz, me sentí diosa y comprendí que es que todos lo somos, solo hay que descubrirlo.
No, no fumo nada jajaja yo transmito mi proceso e, igual que os contaba mis avances en BDSM, os cuento hacia donde eso me llevó, por si alguien ha tomado la decisión de entregarse al 100% a la búsqueda de sentirse pleno a través de la sexualidad, o lo que sea, que sepa que la vida es un camino desconocido y sorprendente en el que todo puede pasar.
jueves, 3 de mayo de 2018
Olvidando que no sabemos bailar
Te susurro guarradas al oído. Haces que rompa mi vergüenza, haces que la palabra “coñito” se me quede corta, haces que tenga ganas de decir las palabras más obscenas con el único fin de sacarte esa mirada perversa, que vengas a casa con ganas de agarrarme del cuello y empujarme sobre la cama, con ganas de arrancarme la ropa y follarme como si fuese la primera y última vez que follamos.
Me imagino esta luz gris de lluvia primaveral en nuestro dormitorio ahora mismo, me imagino nuestros cuerpos desnudos, imagino que apareces ahora mismo para cumplir esa imagen, esa de estar los dos pegados bailando esta canción mirándonos a los ojos, bailando lento y con movimientos extraños, olvidando que no sabemos bailar, olvidando que bailar sin saber puede ser ridículo, olvidando que el tiempo existe, olvidando que acabaremos follando… no hay prisa por muy excitados que estemos, solo queremos bailar. Y aquí me tienes mi vida, intentando escribir una sensación, intentando transformarla en una imagen… Visualizo cómo me echas sobre la cama, cómo deslizas tu lengua por mi barriga hasta llegar a mis pezones para devorarlos, para estirarlos y hacerme sufrir. Qué estremecimiento tan divino, qué diabólico. Sigues subiendo por el cuello, mordiendo y lamiendo. Me agarras fuerte del pelo y tiras hacia atrás, nuestras mejillas se juntan fuerte, con rabia, una rabia fruto de la impotencia de no poder transmitir todo lo que sientes y comienzas a decir: “tus pies son míos, tus rodillas y pantorrillas, tus muslos y ese coño que huele a magia y a puta son míos. Tu ombligo, tu vientre, tus órganos, tus tetas y esos pezoncillos sensibles, el cuello, las orejas, tu sonrisa y tu lengua son mías, tus ojos oscuros, tu nariz, tus mejillas y esas pecas que las manchan. Eres tan mía, cariño, eres tan mía…”
Cómo odio ahora mismo estos pocos kilómetros que nos separan, qué celos más locos de ese ordenador que estarás tocando… qué lentos pasan las horas que quedan hasta que vuelvas a besarme.
Bailemos, como si esta fuese la mejor canción del mundo, como si el bailarla fuese lo mejor que se puede hacer en la vida.
Yo prometo no contenerme, prometo no guardarme ninguna mirada, ni un solo gesto, prometo no guardarme ni una sola barbaridad dentro, y si ves atisbo de vergüenza en mi mirada, abofetéame, ahuyéntala, no me deja vivir en paz y no la quiero. Prometo soltarme entre tus brazos, prometo derretirme por cada “Mía”, prometo volverme río sobre tus caderas, prometo no contener la saliva, ni las lágrimas. Prometo…
Te escribo obscenidades, sacas esa parte de mí que me libera, que me revoluciona por dentro, que me llena de deseo y pecado, que eriza todo mi cuerpo.
Ven, vamos a bailar desnudos, olvidando que no sabemos bailar, quiero sentir tu polla aún flácida en mi piel, quiero notar cómo se va endureciendo conforme mis tetas rozan tu pecho con esta canción de fondo y con la ciudad mirándonos tras la ventana…
Ven, ven este día gris de primavera, bailemos desnudos, ven y hagamos que esto no acabe nunca…
viernes, 3 de marzo de 2017
Elegí mi camino, da igual el destino
Hoy ha sonado esta canción y me he acordado de esta entrada que escribí en mi antiguo blog allá por Octubre del 2013. Creí que la había pasado a este, cuando voy a buscarla y... ¡No lo había hecho! Aquí la tenéis, es cortita pero es una de mis favoritas, dadle al play y... ¡A pecar!
No os fiéis de mi cara de niña, de mi pequeño cuerpo de adolescente, ni siquiera de mi nombre angelical, no os imagináis la de pecados que he cometido, no os imagináis la de cosas que dejo que me haga un hombre por placer, por lujuria. Las monjas repetían una y otra vez lo mal que estaba pecar, me repetían dónde iban las personas que lo hacían, y me da igual... quiero follar con Usted una y otra vez, quiero que me azote y me sodomice entre improperios. Quiero llorar de puro éxtasis, quiero gritar Su nombre con veneración, sólo Usted es mi dios, sólo por Usted me arrodillo, no para rezar, me arrodillo para obedecer, para demostrar mi inferioridad ante Su nombre, para comerle la polla dejándome la vida en ello.
Quíteme la cara de niña buena a bofetadas, a insultos, quítemela con Sus dedos entre mis piernas, saque la cara de zorra que sabe que oculto, esa zorra con la cara ardiendo, la boca entreabierta y la mirada apasionada.
No follemos entre música clásica, entre sábanas de seda, ponga Su música a todo volúmen, esta canción sonando en los altavoces. Esto es sexo sucio y obsceno, dejémonos de cursilerías y hágame Suya entre sábanas empapadas. Muérdame el cuello, márqueme el cuerpo con Sus dientes, sabe que es Su carne, cómala. Tire de mi pelo, lama cada rincón, embriáguese con el olor de mi piel, no huele a rosas, ni a empalagoserías de poetas, huele a lujuria, huele a posesión y entrega.
Sabe que le pertenezco, que algo dentro de mí dice que haga lo que haga, pase lo que pase seré Suya.
Diga un camino, un destino, diga la forma de llegar a él, yo lo seguiré ciegamente, sea mi guía, con los ojos vendados sentiré la aspereza del asfalto en mis pies desnudos, y paso a paso, pecado a pecado le seguiré a las puertas del mismísimo infierno.
lunes, 28 de noviembre de 2016
De sexo y laberintos
Con la luz apagada, bajo el edredón me desnudo, no lo veo, no lo necesito, me basta Su piel, Su olor, Su calor para guiar mis besos por todo su cuerpo. Quiero hacerle el amor con todo mi ser, que no haya ni una parte de mi cuerpo que no le dé todo lo que tengo para Él. Siento Su piel en mis labios, despacio, sin prisa, tenemos toda la noche para amarnos. Comienzo a bajar suave por Su pecho, Su barriga hasta meterme bajo el edredón, pero antes coloco mi pelo para que mientras yo bajo lo vaya acariciando, quiero que mi pelo también le haga el amor, que lo acaricie como podrían hacerlo mis dedos, mi pelo soy yo también, ni uno solo de mis cabellos está falto de amor para Él. Noto mi melena por su estómago, y mi boca se encuentra con Su polla y entonces me pierdo en Él, lo lamo, lo saboreo, me entrego sintiéndome diosa, quiero darle mi magia, mi divinidad en cada lamida, quiero que Él también se pierda en mi boca, se pierda en mí, quiero lamer sus ingles, sus muslos, quiero perderme, quiero notar la suavidad de la lengua en Su piel, cada poro, cada rugosidad, cada vena, cada cicatriz, quiero perderme, lamerlo en un estado de semiinconsciencia, en ese estado que me surge cuando abandono mi mente, cuando la echo a un lado para solo sentir, para solo hacer sentir. Quiero transmitirle todo el amor que tengo, quiero hacerle llegar mi esencia, que me sienta tal y como soy, desnuda de mente y cuerpo. Vuelvo a subir lentamente, salgo de debajo del edredón y me siento como Alicia saliendo del País de las Maravillas por el agujero de la madriguera “¿Por qué? ¿Por qué me das tanto?” me pregunta con una voz profunda, y solo puedo contestarle dándole más… Le lamo el cuello, mordisqueo Su oreja mientras lo masturbo con el hueco que queda entre mi muslo y mi barriga, ningún recoveco de mí se quedará sin darle… Levanto Sus brazos y los acaricio con mis uñas suavemente, recorro Su axila con mi nariz, lo huelo, lo absorbo, transformo Su olor en pasión, me embriaga de deseo, me pierdo en sus feromonas, me pierdo en Él…
Y el momento ha llegado, quiero cabalgarlo, quiero subirme sobre Sus caderas y explotar, al fin explotar mi feminidad, mi divinidad, mi magia, quiero darle mi magia… Me penetra, en la oscuridad lo noto penetrarme, lo siento, lo acojo entre mis labios, lo saludo con mi humedad, lo complazco con la ternura de mi vientre, soy tierna por y para Él, soy laberinto pues se pierde en mí, Él es laberinto pues me pierdo en su amor… “¿Por qué me das tanto placer?” Y qué es el placer sino una respuesta física positiva ante el amor que se recibe, no le doy placer, eso es solo el síntoma de que le llega mi amor. Y yo también lo siento, yo también echo la cabeza para atrás mientras noto Sus manos en mi cintura, mientras me mueve contundente. Me vuelco hacia delante, buscando Sus labios, Sus besos, busco que me llene la boca con Su gemido y llenarle la Suya con los míos. Vaya noche de sexo, vaya noche de laberintos bajo la Luna…
Pero el equilibrio es la base de la vida, el equilibrio es la búsqueda eterna, es la clave de la magia, yo ya le he dado mi energía suave y tierna, yo ya me he entregado como solo puedo hacerlo. La diosa dócil, templada y erótica ya ha hecho su parte, ahora el dios pide su turno, no lo pide, lo exige pues su energía es necesaria para que la magia ocurra. Me tumba, se yergue, veo su torso ancho elevarse sobre mí, lo veo entre mis piernas que separa con Sus manos firmes. Se echa sobre mí, pecho con pecho, hace el movimiento y busca una entrada más cerrada, busca perderse en mi dolor, busca equilibrar la ternura con Su brusquedad, y ese contraste me eleva, notar el dolor en mi culo después de tener mi coñito al borde del orgasmo, el contraste que me lleva al precipicio de la vida, me lleva a asomarme a mi verdad, a nuestra verdad. Me embiste y yo aguanto los quejidos, de nuevo el equilibrio, ante el gemido: la queja. Ante el flujo: la lágrima. Ante mis caricias: Sus bocados. Ante mi amor calmado que pide y entrega: su amor arrebatador que exige y da sin dilación. Y el momento de perderse definitivamente el uno en el otro se acerca, lo noto en mis entrañas, esas que se contraen locas de placer y felicidad, llenas de dolor y realidad, lo amo, me ama, y nos corremos juntos, gemimos, quejamos, apretamos los ojos, yo en el hueco de su clavícula y Él en el mío, le entrego mi orgasmo y Él me da el Suyo, es magia, es amor, es vida, es mundo, es historia, es la diosa y el dios siendo eternos y mágicos, no puedo ponerle palabras más sencillas, menos místicas, es la alquimia que convierte lo terrenal, lo carnal, en lo divino…
Se vence sobre mí, Su peso me devuelve a la realidad, me hace recordar que es humano, que somos carne y huesos. Me hace perder lo etéreo y es justo en ese momento, cuando mi cuerpo vuelve a sentir su límite, cuando se rompe, cuando de la boca del estómago sale un llanto inconsolable, un llanto que en el momento de máximo dolor no hacía ni el amago de asomar, pero ahora se derrama por esos ojos que vuelven a ver. Es un llanto que me vuelve mujer, que se despide de la diosa, que la guarda de nuevo en el cofre del tesoro, pues el mundo no está preparado para verla, pues por ahora sólo Él es digno de contemplarla en su totalidad.
Sale de mí y me prometo en silencio guardar su semen dentro el máximo tiempo posible, como si guardara un trocito de esas sensaciones mágicas, como si aguantándolo alargara la magia, como si guardando su esencia dentro me mantuviese perdida en Él…
Pero los laberintos no son eternos, al final encuentras la salida, al final te encuentras, y es que es eso, eso lo resume todo: perdiéndome en Él, me encuentro.
lunes, 8 de agosto de 2016
Trenzas
Estaba bajo Él, me estaba follando el culo como solo Él sabe hacerlo… tenía trenzas, sí trenzas, hacía años que no me las hacía, no me veía… pero esa tarde para limpiar las niñas habían perdido mis coleteros y tenía solo unas pequeñas gomitas a mano, así que las trenzas era el único peinado que se me ocurría para recogerme el pelo con ellas… lo explico porque yo ya no me hago trenzas, no me hago coletas, no me veo con ellas, sé que tengo una cara y un cuerpo aniñado y no me gusta potenciarlo, soy muy poco little por mucho que Él a veces me trate como si lo fuese…
Me miraba al espejo y me acordaba de aquella foto del colegio, con el uniforme, mis paletas aún salidas y mis trenzas, tan niña, tan graciosa… aquella niña que era dulce por fuera y perversa por dentro, aquella niña que se excitaba, aquella niña que no podía dormir sin imaginar alguna de sus sucias historias. Sí, cerraba los ojos, y solo podía conciliar el sueño imaginando cómo un hombre me secuestraba y me sometía, cómo un hombre me compraba para ser su esclava, como un médico me examinaba de una manera sexual, cómo me hacía daño con sus instrumentos, no podía conciliar el sueño sin imaginar que un hombre irrumpía en mi dormitorio para regañarme por ser sucia, cómo me ponía en sus rodillas y me hacía aquellas cosas que me había pillado pensando…
¿Podéis imaginar lo que es inventar cada noche una historia así para dormir? Con 7 u 8 años... ¿Podéis imaginar cómo era mi mundo interior lleno de fantasías? ¿Podéis imaginar lo que era creer que todo aquello jamás se cumpliría?
Anoche estaba bajo Él, con mis trenzas, antes me había follado la boca tirando de ellas, me había follado a cuatro patas… y yo me sentía aquella niña, me miraba al espejo y veía a aquella Ángela niña. No lo sabía pero necesitaba reconciliarme con ella, necesitaba darle lo que siempre había soñado, todo lo que había fantaseado, necesitaba que viviese todo lo que quería vivir… y ahí estaba Él, encima de mí, follando mi culo mientras yo lloriqueaba, y lo vi, lo miré y fui consciente de mis trenzas, de lo mucho que aún me parezco a aquella niña y algo perversamente mágico sucedió… Su imagen invadió mi infancia, Su cara, con Su barba, con esa mirada, con lo que me cuida y me protege, con los castigo que me infringe, con el sexo que me da, Él invadió mi infancia, se convirtió en secuestrador, en médico, en el hombre que me compraba, pero lo mejor fue cuando se convirtió en el que abría la puerta de mi dormitorio rosa y me azotaba, me follaba, y le daba a aquella niña todo lo que necesitaba…
Sé que es muy raro lo que cuento, sé que puede parecer hasta aberrante correrme mientras lo imagino follándome de niña, pero así pasó y me siento genial, sentí que mi infancia se cerraba, que aquella niña se despedía ahora feliz, satisfecha, dejando de sentirse como un pequeño monstruo por inventar cada noche todas aquellas historias. Aquella niña se despedía sabiendo que los sueños se cumplen, que sí existía, que sí se podía hacer realidad.
Quién me iba a decir que unas trenzas me iban a dar tanto, quién me iba a decir que iban a darle paz a una parte de mi historia, que iban a hacerme sentir así…
Y ahora siento su presencia en todos los momentos de mi vida, porque siempre me pregunté cómo hubiese sido ser amigos de la infancia, haber crecido juntos, como hemos hecho, pero desde niños… porque la primera vez que me dijo que quería pasar la vida a mi lado, que quería casarse conmigo fue tras ver mis álbumes de niña: “Me he puesto triste al ver todos los años de tu vida que me he perdido, y no quiero perderme ni uno más”. No se ponga triste Amo, no estuvo ausente todos esos años, aunque no estuviese conmigo físicamente. Porque cada noche imaginaba una historia antes de dormir, cada noche lo pensaba a Usted.
lunes, 18 de julio de 2016
Hermana
Nunca estarás sola - Maldita Nerea
Hay momentos en los que las preguntas se apagan en mi mente, son microsegundos, ratitos en que ganan las certezas, en los que se callan los “Porqués y paraqués” ojalá pudiera presumir de que esos momentos son fugaces pero abundantes pero no, aunque sí puedo presumir de que cada vez son más. Y soy consciente de que llevo mucho dentro pero sola soy incapaz de sacarlo, aún necesito un estímulo externo para sacarlo. Pero para eso están ellos aquí, para creer en lo que digo, para provocar mis palabras.
Una relación de tres no es lo que imaginaba, no es lo que había prejuzgado. Nosotras nos encontramos porque debíamos encontrarnos, porque somos hermanas de otra vida, porque pactamos en esta volvernos a ver, para vivir momentos que den aire, que nos llenen los pulmones para seguir cada una con su misión, y la amo, la quiero como para llorar mientras se marcha, porque mientras se va soy consciente de su ausencia, y soy consciente de que debe ser así. No es la angustia de la despedida, no es la angustia de separarnos, no es ese miedo a no volvernos a ver, no es echar de menos nuestras charlas, no es saber que no amanecerás con ella cuando Él ya se fue hace rato al trabajo, no es que ya no habrá Tour en el colchón del sótano, no es eso… lloro de emoción, de la emoción que es comprender, de saber que lo que vivimos no es de este mundo, porque los tres juntos somos magia, de mil maneras distintas, pero magia.
Y no estoy enamorada de ella, no la amo como a una novia, aunque a veces bromeemos con ello, es mi hermana pequeña, porque me saca una energía que nunca viví, al menos no en esta vida.
Me apoyo en la pared, en esa esquina desde la que puedo verlos juntos sin estar metida en escena, no quiero follar con ellos, quiero mirarlos sin más, sonriendo sin querer, viéndola crecer en Sus manos, esas manos que me hacen crecer a mí. Quiero mantenerme al margen hasta que su llanto me haga correr a su lado para que me agarre la mano, para darle fuerza, esa fuerza que yo tuve que sacar sola, y que ahora me apetece facilitar. Me siento en el bordillo de la piscina y los veo jugar, chincharse, lo veo tocándola a “escondidas”, y yo no quiero mojarme, no quiero meterme en el agua por muy tentador que sea jugar los tres juntos, pero no es mi función, una certeza me lo dice en el pecho. Y es que los amo por separado, a cada uno por motivos distintos, y ellos me quieren, pero también se quieren, de maneras distintas. Y cada uno tiene una función distinta dentro de los otros…
Perdóname hermana, yo no puedo hacerte el amor, en la cama sólo puedo darle a Él, a ti solo puedo acompañarte, no puedo darte ese amor… pero a cambio te doy mi voz, mis palabras, mis dudas infinitas, y mis pocas certezas son tuyas también. Te regalo la tranquilidad de que después de vuestros momentos todo está bien. Porque los celos y la posesión no pegan en esta relación, porque el sexo es solo una herramienta, no es más mágico Su sexo que mis palabras. Porque con vosotros sólo me nace facilitar. Porque yo quería que Él tuviese tu trocito de alma y que tú te quedases con el Suyo. Te doy esa complicidad que raras veces me nace. Nunca me vi como líder hasta que te conocí y me cantaste “Yo te seguiré”, y entonces sí, entonces me nació una fuerza que no sabía que existía, y me puse a guiar, me puse a darte amor del que te puedo dar, del que sé que tengo que darte.
Nadie nos entiende, a veces creo que ni nosotros mismos entendemos qué vivimos, y lo sé porque esta semana ha pasado y ha sido una semana ajenos al mundo, una semana que parece no haber existido para el resto de la humanidad, porque no ha sido una semana humana, porque nos han nacido miradas y risas que no son terrenales. Y no sabemos explicarlo, queremos transmitirlo, gritarlo con un megáfono, pero las putas palabras no salen, las putas palabras se me ahogan en la garganta y me siento muda.
Y aquí me tenéis intentando explicar algo que no sé explicar, intentando gritar, cantar, susurrar, emitir sonidos guturales… a ver si encuentro la frecuencia en la que poder transmitir lo que siento.
Esta semana ha sido mágica porque hemos estado más cerca del cielo que de la tierra, porque hemos tenido momentos geniales, porque hemos sacado conclusiones geniales, porque hemos cogido aire, porque nos hemos amado de muchas maneras y todas preciosas. Pero ahora hay que seguir, no nos podemos quedar enganchados a lo bonito de lo vivido, tenemos que avanzar pues nuestro objetivo en la vida no es estar juntos, eso es solo el pacto que hicimos de facilitarnos, de facilitarnos el camino. Es solo el pacto que hicimos para tocar lo divino con las yemas de los dedos para que nos den más ganas de seguir luchando para conseguir agarrarlo con las manos.
No tengo más que decir, en verdad no puedo. Sólo sé que cuando esta canción sonó en tu móvil, cuando la pusiste como quién no quiere la cosa de camino a la estación, pero con toda la intención de que la escuchase, como si fuese un secreto que ya no pudieses ocultar más a pesar de no saber cómo recibiría yo ese mensaje, cuando sonó esta canción que ya había escuchado y nunca me había gustado, sentí algo increíble, me sentí muy afortunada por ser tu hermana mayor, porque sé que cada palabra de ella te recuerda a mí, que parece una conversación entre nosotras, que parece que otras personas han puesto palabras a cosas que nosotras no podemos, y eso es un honor inexplicable, y sí, una responsabilidad, pero de las que me gustan, de las que me dan vida.
Hermana, menos mal que tú, que Él, que nosotras… menos mal que los tres.
lunes, 11 de julio de 2016
Locuras de Cabaret
Life is a Cabaret - Liza Minelli
El Cabaret siempre me ha fascinado, estoy convencida de que en otra vida fui una bonita y triste cantante de un decadente cabaret. Sería un local abarrotado de oficiales, de ricos y pervertidos personajes deseando hacer realidad sus fantasías con cualquiera de los que allí trabajábamos, chicos o chicas, cada uno tendría sus preferencias.
Me imagino bailando y cantando con un vestido que deja poco lugar a la imaginación, con flecos y plumas, me imagino maquillándome frente al espejo para hacerme más apetecible, sabiendo que al final de la noche esas pinturas no serán más que churretes, pues ¿Acaso el cabaret no iba de eso? De pintar de arte y belleza algo tan duro como es la prostitución. Y me pregunto si no fue en esa vida donde se instauró en mí esa sensación de que lo triste es hermoso, en esa vida en la que disfrutaría cantando pero lloraría follando. ¿Azotaría el culo de algún militar? ¿Recibiría alguna paliza de otro? ¿Acabaría las noches refugiada en la cama de alguna compañera? Esa cama en la que nos daríamos el amor que no recibimos de nadie más esa noche. Sí, estoy segura de que busqué besos y caricias femeninas pues solo alguien que sufre como tú puede darte el consuelo apropiado, sin paternalismos ni juicios. Seguro que nos entendíamos, casi puedo recordar sus labios carnosos sobre los míos…
Quizá esto que escribo es una locura, pero a mí me salva y me eleva, me gusta crear recuerdos para dar explicación a muchas de mis actitudes. Y claro que podéis tacharme de loca, pero qué importa, me gusta recordar a mi compañera, me gusta imaginarme llorando mientras me sodomiza alguien que ha pagado por ello, me gusta imaginarme bailando y cantando feliz sobre un escenario cutre, cantando sobre las verdades de la vida, cantando que soy feliz en el fondo porque la vida es un cabaret, que te da la pena y te devuelve la felicidad sobre las tablas, que al acabar la noche te hace pensar que no puedes más, pero al despertar por la mañana estás deseando calzarte de nuevo los zapatos de actuar, para sentirte grande y hermosa mientras cantas y seduces a aquellos que luego aborrecerás. Pero… ¿Acaso esa magia no lo vale? Sentir la emoción del aplauso, sentir tus pulmones vaciarse en una canción, divertirte bailando y contoneándote ¿Acaso el consuelo después del llanto no es amor? ¿Acaso los labios de una compañera que sufre lo mismo no sería magia suficiente? ¿Acaso no nos querríamos con locura? Pues ambas sabríamos nuestro más oscuro secreto, ambas lo compartiríamos: nos valía la pena, sí, sentirnos poderosas sobre el escenario, valía la pena sentirnos así siendo folladas, pues el que nos contrataba solo mordía el anzuelo que le habíamos puesto delante. Sentir ese poder valía la miseria y las lágrimas, pues estas serían secundarias, sentir ese poder lo valdría todo…
Sí, yo fui una bonita y triste chica de cabaret, estoy segura de que bailando sobre las chirriantes tablas, cantando a pleno pulmón solo cantaría la verdad: Era poderosa, soy poderosa y ninguna circunstancia, ni ninguna vida cambia eso.
lunes, 18 de abril de 2016
Trocitos de alma
Mi madre siempre ha dicho que cuando tenemos sexo con alguien le damos un trocito de nuestro alma. Esta afirmación me ha condicionado toda la vida, ya que creo que es completamente cierta.
Siempre hacía que me sintiese mal por ser muy sexual y más cuando comencé a tener relaciones con chicos, pues sentía que esa afirmación me recordaba lo mal que estaba tener sexo con ellos, que me vaciaba al hacerlo. A mi Amo y a mí siempre nos ha gustado tener relaciones sexuales con otras personas. Ha habido veces en las que me he sentido mal tras tenerlas, creía que iba en contra de mi creencia, que a pesar de saber la verdad la ignoraba en pro de un juego simplemente carnal. Pero tras tenerlas con otras personas me sentía increíblemente bien, y entonces me decía a mí misma que merecía la pena olvidar esa afirmación por un rato. Pero, como siempre me pasa, llega un momento en que descubro que lo que siento en profundidad está completamente ligado a lo que siento de forma carnal. Simplemente no estaba viéndolo desde la perspectiva adecuada o lo veía de manera parcial sin comprenderlo realmente.
Ahora más que nunca siento que cuando tenemos sexo, da igual que haya penetración o no, con alguien dejamos un trocito de nosotros en ellos. Siempre he defendido que el sexo era una manera maravillosa de conectar con alguien, de sentir de otra manera pero no sabía explicar realmente el por qué. Quizá si pensaba en la monogamia sabía explicarlo mejor. Se supone que a una pareja le aportas algo, por ello al hacer el amor le das también un trocito de tu alma, pero en cuanto metía el sexo con otros en escena me perdía. Recuerdo la vez que jugamos con una pareja en un club swinger, acabamos teniendo sexo en la misma cama pero por separado, Él con la chica y yo con el chico. Al hablarlo después coincidimos el sentimiento triste que nos quedó, lo que hizo que la afirmación de la que hablamos volviera a mí como un jarro de agua fría y me dejase ante la sensación de estar equivocándome, que no deberíamos jugar con nadie más. En aquel momento lo atribuimos a que esa pareja no eran Amo y sumisa, que ese fue el fallo, pero no, algo me decía que no podía ser eso, para nosotros el D/s no es sexo, por lo que tener sexo “vainilla” nunca nos ha supuesto un problema, mientras nosotros tengamos claras nuestras posiciones da igual cómo nos relacionemos con los demás, o incluso da igual cómo sea nuestro sexo cotidiano. No es la primera vez que digo que me puedo sentir igual de sometida haciendo el misionero “pelao y mondao” que atada y amordazada. Me puede gustar más o menos pero el sentimiento no cambia por eso. Entonces cuál creo que fue realmente el problema: las personas.
Volviendo al tema que nos ocupa, de repente he entendido que la afirmación “al tener sexo con alguien le damos un trocito de nuestro alma” es una frase que muestra algo maravilloso y muy potente que hay que saber manejar, pues ya no solo está el hecho de que tú das, es que si tú das, también estás recibiendo el trocito de energía de la otra persona. Sé que puede parecer una reflexión tonta y evidente, pero es algo que acabo de entender. El problema no es tener sexo con mil personas en vez de con una sólo, el problema viene en la elección de esas mil personas, pues ya no es solo que te enfrentes a la problemática de dar sino que te enfrentas a que alguien te dé un tipo de energía que no te haga bien. ¿Significa esto que no hagas lo que quieras con quien te dé la gana o que no tengas un rollo de una noche loca? No, probablemente aún me queden muchos despertares siendo consciente de que di energía a quién no la merecía y recibí mierda que no quería, pero al menos ya soy consciente de a lo que me enfrento.
Hoy con esta reflexión me siento como si hubiese descubierto que tengo un superpoder y que tengo que aprender a manejarlo. Si recordáis esta entrada entenderéis mejor de lo que hablo. Es como si supieras que tener sexo con alguien te conecta y eres capaz de llenarlo de algo maravilloso, pero también soy consciente de que ese superpoder lo tienen otros y así, de una manera sexualmente maravillosa, nos vamos llenado de sensaciones y energías únicas. Nos vamos complementando.
A mi Amo lo tengo en un pedestal, y no porque sea mi Amo, sino porque como persona se lo merece. Me hace sentir cosas increíbles siempre pero mucho más cuando me folla. También sé que Él siente que es recíproco. Si yo fuese celosa estaría siendo egoísta y lo estaría privando de dar algo maravilloso y de recibirlo también. Por muy bonita que sea mi energía para Él, es la misma siempre, no puedo privarlo de sentir otras, de nutrirse, de tener trocitos de otras almas como si fuesen pequeñas joyas que complementan un gran tesoro. Es cierto que hasta ahora no era celosa por unos motivos, pero esto que os cuento hoy me hace sentir aún mejor y me hace comprender aún más por qué somos como somos y hacemos lo que hacemos.
Si lo pienso al revés, cuando el Amo decide a quién cederme tiene muy claro a quién sí y a quién no. Yo le preguntaba “¿Por qué a este hombre no me cedería Amo?” y Él me contestaba: “No sé por qué, pero no me gusta su energía, algo me dice que no lo haga” creo firmemente que sabe bien a quién darle una de mis joyitas y a quién no, ya que percibe quién sabrá valorarla y sabe quién me dejará un trocito de carbón.
lunes, 11 de abril de 2016
La gente folla y muere
Si pudiera elegir, elegiría morir follando, morir tras un orgasmo, salvaje e intenso. Morir en el placer, morir tocando el cielo, moriría cerca y el viaje sería corto. Galopar sobre unas caderas, con el dolor de los huesos y la vejez, con el sudor rodando por una piel arrugada y llena de historia, la historia de alguien que hizo lo que le dio la puñetera gana. Si pudiera elegir elegiría morir juntos en un orgasmo, un orgasmo lleno de pasión y unión, haciendo lo que más nos gusta. Que nos encontraran inertes el uno sobre el otro, y que el periódico gritara al día siguiente que dos ancianos murieron haciendo el amor, que el periódico le gritara al mundo una historia de sexo y muerte. Justo aquello que no quieren oír. Y es que la gente folla y muere, es algo inevitable, la gente se corre y da últimos suspiros. Y, aunque no quieran aceptarlo, son los momentos más lúcidos del ser humano, los momentos en los que la carne conecta con su lado divino, por eso asusta, porque la verdad da miedo. Por lo que he vivido, por las personas a las que vi morir, por los orgasmos que he tenido y por las personas que me cuentan cómo son los suyos, puedo afirmar que justo en el momento del orgasmo y justo en el momento de morir estás en paz. Nada atenaza la mente, nada da miedo, no importa ser feliz o no, solo hay expansión, estás tú y solo tú. Porque las personas follamos juntos pero nos corremos solos.
Si pudiera elegir, elegiría morir desnuda tal y como llegué al mundo el día que mi madre me parió, tal y como corrían los primeros hombres por la primera tierra. Desnuda y bella, bella en mi vejez, con la cara iluminada y sonriente. Bella y bien follada, conectada a Él, conectada a la verdad humana: follamos y morimos.
Podemos negarlo, podemos intentar que los niños no se enteren, hacerles creer que el sexo no existe, que la muerte no existe, que los bebés vienen de París y el perro se ha ido a una granja. Pero les estaremos negando su naturaleza, les estaremos negando un aprendizaje progresivo, una información inevitable y vital. Y es que ese niño ya adulto follará y morirá, porque la vida es así. Porque el instinto pide sexo y el tiempo corrompe la carne. Venimos y nos vamos, y no pasa nada, esto es solo un teatro, es solo la escena de una de las mil películas que viviremos. En el éxtasis y el lecho de muerte lo sabemos, y eso da miedo.
Si pudiera elegir, elegiría morir en Su cama, en Sus sábanas entre Sus brazos… mi última palabra sería un “Gracias” gemido y profundo, un gracias por dejarme ser natural y salvaje, por dejarme morir conectada y pletórica, por dejarme ir colmada de placer y divinidad, por algo me siento una diosa sobre Sus caderas. Sí, mi última palabra sería un “Gracias”, por dejarme morir llena de poder, el poder de una diosa del sexo y la muerte.
Ay, si pudiera elegir... elegíría que mi última visión antes de morir fuera la de Su sonrisa de paletas torcidas...
Al día siguiente los periódicos le gritarían al mundo una verdad dura y preciosa: la gente folla y muere.
jueves, 17 de marzo de 2016
Una adolescente de 16 años
Una adolescente de 16 años va al instituto, se cruza con un grupo de niñas, estas al pasar hacen un sonido como de sorber, no le da importancia. En el recreo se vuelve a cruzar con las mismas chicas y vuelven a hacerlo, algo empieza a mosquearle…
Una adolescente de 16 años está en un descampado con un chico, él es alto, grande y bruto, ella pequeña y cree que es débil. Él le empieza a bajar los pantalones, ella no quiere, no le apetece hacer el amor con él. Él insiste “Así no me puedes dejar, has estado tonteando conmigo, ahora tienes que cumplir” la agarra fuerte, no llega a agredirla o forzarla pero ella no se siente bien. No es por el sexo, ya ha hecho el amor varias veces, es una niña muy sexual y a solas le encanta, siempre tuvo la certeza de que follaría mucho, que haría todo lo que quisiese hacer en la cama, el sexo nunca fue algo desagradable para ella, todo lo contrario, el sexo siempre fue su compañero de juegos y fantasía. Pero ahora está allí sola con ese chico y no quiere hacer nada con él, no quiere sentir su polla de adolescente idiota dentro de ella, él no le gusta. Quizá tonteó, es cierto, pero no firmó un contrato a vida o muerte, había bebido un poco, demasiado para su poca tolerancia al alcohol… sabe que si se resiste saldrá perdiendo, quizá si se levanta el chico la deje ir, pero no es lo que la intuición le dice, no es lo que las señales que él emite le dicen, tiene miedo a que no sea así, que esos brazos la tumben sobre la tierra gris, tiene miedo a sentirse impotente y apretujada bajo aquel tontorrón enorme. Ella siempre fantaseó con ser forzada, con ser sometida incluso a la fuerza, pero una cosa son las fantasías y otra muy distinta la realidad. No quiere que ese idiota la fuerce, no quiere sentirse violada por aquel cabeza hueca que ni siquiera saborearía el placer de su sometimiento, él no la merece, no merece la maravilla de su sometimiento…
Él sigue insistiendo, ante el miedo a que él use la fuerza, ante el miedo a que ocurra algo peor le ofrece un trato, una mamada, algo más externo, algo que no le llegue a las entrañas. Él acepta. Le desabrocha el vaquero anchón, hace lo que puede pero sin ninguna gana. Al día siguiente ella está destrozada, le duele la cabeza y el alma, pero decide olvidarlo. Cuando lo vea en el instituto hará como si nada hubiese pasado…
Una adolescente de 16 años va al instituto, se cruza con un grupo de niñas, estas al pasar hacen un sonido como de chupar. Los chicos cuchichean cuando la ven pasar, hacen comentarios cuando sale a la pizarra a hacer algún ejercicio. Ella no puede hacer más que aceptar que la culpa es suya, que el sexo está mal, que hacerlo sólo trae consecuencias negativas. Se siente mal, humillada y avergonzada. Pero se refugia en escribir, en el teatro, en hacer como si no pasara nada…
Pasan los meses, cumple 17, es casi final de curso, parece que ya no son tan duros con ella, parece que ya no es diana de la maldad de esas personas, pero la fama ya la tiene, la han tildado de puta, de ninfómana… pero ella ha seguido adelante. Hay chicos que le gustan pero la tratan mal, no la valoran, ven el cartel que le han colocado en vez de lo que ella es en realidad, es valiosa pero ellos no quieren verlo. Un día cuando estaba asqueada de todo, cuando estaba harta, cuando había renunciado a tener nada con nadie, cuando simplemente hablar con un amigo le hacía daño decidió dejar de intentar hacerse valer.
Una adolescente de 17 años está sentada ante la pantalla de un ordenador, gira la cabeza y ve esa sonrisa, ve esas paletillas montadas, ve la cara de ese hombre y la vida le habla. Ese chico pertenece a otro mundo, es como un soplo de aire fresco, es como una respuesta a sus angustias, siente que es el hombre de su vida, algo le dice que con él será feliz, ese hombre le hace creer que todo lo malo que ha vivido antes no existió, solo fue un mal sueño. Pasan varias semanas, pasean juntos de la mano, todo va genial, se está tan a gusto a su lado... Un día recibe un mensaje: “Tenemos que hablar” y lo sabe, sabe que la maldad de la gente, la puta ignorancia de la gente ha llegado para estropear algo tan mágico, imagina al idiota contándole su versión de lo que pasó, diciéndole lo que todos dicen de ella, riéndose bobalicón, ignorando que lo que para él es una maliciosa gracia, puede poner en peligro las nuevas y maravillosas sensaciones que ella está descubriendo… Una adolescente de 17 años llora mientras se acerca al banco del parque donde han quedado… no sabe por dónde empezar… hablan, él pregunta, él la escucha, realmente la escucha. Un chico de 20 años le dice a un idiota que no vuelva a mencionar el nombre de su novia si no quiere tener problemas serios. El último curso nadie se mete con ella, o quizá simplemente es que ella ya sólo tiene atención para Él. Se siente segura y protegida, esos niñatos son hormiguitas desde su paraíso. La pesadilla ha terminado ¿La pesadilla ha terminado? Nadie se mete ya con ella pero está marcada, su visión del sexo ha cambiado, es malo desear, es malo hacer, se siente sucia y confundida. Aún pasarán muchos años y muchas angustias hasta conseguir aceptar quién es, lo que es, hasta sentirse limpia.
Yo sé que puedo ser inferior a un hombre, puedo someterme a él, puedo dejar que me use como un simple agujero, que me humille, que me escupa, que me mee encima, que me ceda, que me insulte… sí, puedo someterme a un hombre, pero yo decidí a quién le daba ese poder, yo decidí a quién le contaba que quería ser inferior, yo decidí quién merecía mi sumisión porque la valoraría, porque me valoraría, porque vería lo grande que soy al hacerlo.
El sexo no es malo, algunas personas sí. El sexo es increíble, son sensaciones mágicas, necesarias y nos llenan de felicidad. Las personas son las que lo estropean, siempre son las personas.
Esa adolescente de 16 años tenía unas piernas, ella decidía a quién se las abría. Daba igual si se equivocaba al hacerlo, esa adolescente quería arrepentirse de los errores que solita decidía tener, no de los que le obligaron a cometer.
viernes, 26 de febrero de 2016
Sábado de sexo y pizza
Do I Wanna Know - Artic Monkeys
Sábado por la mañana, las niñas no están, no volverán hasta la noche ¿Qué hacemos? Podríamos ir a la playa, a la montaña, podríamos pasear por el centro al sol, podríamos ir a comer a algún restaurante bonito… pero eso no es lo que nos apetece, nos apetece quedarnos todo el día en casa, follando, remoloneando, estrenando lencería, haciendo fotos y pidiendo comida a domicilio…
Me pongo un conjunto negro, me hace fotos, le gusta que pose para Él, que me insinúe, que ponga cara de zorra y captarlo. Al poco ya solo le quedan ganas de follarme: bofetadas, besos, abrazos, mordiscos y pellizcos, a cuatro patas, arriba, debajo, de lado, cualquier postura le vale, follar es lo único que desea. Al terminar nos quedamos tumbados en la cama con una mantita tapándonos, no hacemos nada, no hablamos de nada interesante, solo estamos allí escuchando música desnudos. El rato de descanso ha terminado. Saca Sus cuerdas, me inmoviliza los brazos, me rodea el pecho, tapa mis ojos con un antifaz. No puedo ver, no me gusta, hace que pierda el poco control que tengo sobre la situación, el control de, al menos, saber qué me espera. Pero no, quiere tenerme totalmente ciega e inmóvil… me agarra y me lleva a la polea, me engancha las manos. Noto las cuerdas y Sus manos por la cintura, noto el frío del Hitachi en el clítoris, aún está apagado pero sé qué ocurrirá. Lo ata para que se quede fijo entre mis piernas abiertas. Enciende el aparato, va pasando los programas hasta llegar al que hace que me corra sin remedio, oigo Sus pasos que se alejan y el ruido del edredón al sentarse en la cama. La vibración me llega fuerte, pero no es eso lo que me excita. Lo noto, sé que me está mirando desde la cama, me imagino la estampa que conformo, atada, expuesta, retorciéndome, moviendo las piernas para evitar la vibración a la vez que la busco. Lo imagino tocándose mientras me mira, flexiono un poco las rodillas, aprieto el Hitachi entre los muslos, chorreo inevitablemente “Córrete para mí, puta” cuatro palabras que desatan un orgasmo intenso, incontrolable, me siento una puta, una zorra con la que hace lo que le da la gana. Me ha gustado oír Su voz pero hubiese dado lo que fuese por verlo mirándome mientras me corro, ver Su cara al observar cómo hace que me moje sin tocarme, cómo me controla a la distancia que sea. Yo me corro pero la vibración continúa, empiezo a convulsionar de hipersensibilidad, chillo, me agito, quiero que deje de vibrar en mi clítoris inflamado, lo escucho acercarse a mí riendo, seguro que estoy ridícula luchando contra la nada, luchando sabiendo que no voy a ganar. Apaga la vibración, me quita el antifaz, verlo de nuevo es el mejor regalo, está guapo y excitado, me desengancha de la polea y me pone boca abajo en la cama, el culo en pompa y las manos aún sujetas por encima de la cabeza. Un trozo de carne con el que desahogarse. Me usa, se corre sobre mi espalda… Una vez limpia, me desata poco a poco, los músculos agradecen el descanso de la posición forzada, el sudor se vuelve fresco y mi piel se alegra “Vístete como una puta, va a llegar el repartidor y quiero ver cómo te mira” me pongo una falda muy pegada, una camisa de encaje sin sujetador, tacones, los labios rojos y el pelo alborotado. Suena el timbre, con las rodillas aún temblonas y los pezones asomando entre los agujeritos del encaje salgo a por las pizzas…
jueves, 17 de diciembre de 2015
La polea, la mamada y el color rosa
Subo las escaleras, es hora de irse a la cama y es jueves. Los jueves toca mamada y tragar Su semen, una norma que estableció hace dos años porque era incapaz de hacerlo. Soy una remilgada escrupulosa…
La vie en rose - Edith Piaf
Desnúdate y ponte de rodillas bajo la polea. Si creí que iba a salir airosa con una mamada de arcada y poco más estaba muy equivocada… “Junta las muñecas” me las ata y las sube hasta poder engancharme a la cuerda. Quedo con los brazos extendidos sobre mi cabeza, de rodillas en el suelo. Las bofetadas comienzan, las pinzas empiezan a morder mi carne, perfilan mi cintura. Me agarra la cabeza y va acercando Su polla hasta mi boquita abierta, invade mi lengua, mi paladar, mi campanilla... El mundo es doloroso y bonito mientras me penetra la boca, las pinzas se me clavan y me recuerdan que he de aguantar, que no he escogido una vida fácil, pero es lo que mi naturaleza me grita, me grita que relaje mi garganta, que deje que Su miembro haga que la saliva se desborde entre mis finos labios, que se deslice por mi barbilla, mojando mi pecho, mi ombligo…
Me tira del pelo, de mi largo y castaño pelo con el que jugueteo entre los dedos cuando tengo sueño, tan suave, dándole vueltas y vueltas a uno de los mechones. Y ahora es enredo entre Sus dedos, es desorden en Sus manos que me fuerzan a tragar Su polla hasta darme arcadas. Y las pinzas, las pinzas de madera siguen mordiendo mi tibia carne, carne erizada de sensaciones. Una mamada es arte en esa noche de jueves.
Me va arrancando una a una las dolorosas de madera, las golpea y se van soltando de mi tierna cintura haciéndome llorar. Las lágrimas ruedan por mis mejillas mientras vuelve a follarme la boca, esta vez para terminar corriéndose en mi cara, en mi lengua, Su semen cae también en mis pequeños pechos y muslos. Los brazos me duelen, las rodillas y los tobillos también, siento el semen enfriarse en mi cuerpo, estoy dolorida y asqueada pero quiero un orgasmo, ser usada me eleva, me hace bailar en una danza suave y macabra entre lo que deseo y lo que soy capaz de soportar, entre lo que me grita mi parte sensorial, esa que sólo nota dolor, asco y humillación, y mi parte emocional, esa que dice que siga bailando, que no hay baile más hermoso que el de la vida a Su lado.
Me suelta los brazos, me ayuda a levantarme pues mi cuerpecillo débil no aguanta mucho en la misma postura sin acusarlo. Cuando mis tobillos ya me mantienen de pie me mira: “Ve a lavarte que das asco y vamos a la cama” Agacho la cabeza avergonzada, me limpio, me miro al espejo y veo mi pelo alborotado, las mejillas sonrosadas por las bofetadas y una sonrisa se me escapa del alma. Qué guapa estoy cuando me usa, qué hermosa cuando me dejo llevar entre Sus tormentos, entre Sus deseos.
Vuelvo a la cama, me meto y me acurruco a Su lado, me abraza, apago la luz. Buenas noches Amo “Buenas noches, enana” No hay orgasmo para mí, hoy no, pero eso no importa, estoy cachonda, me duermo entre Sus brazos satisfechos, estoy con Él y la vida es rosa.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Una siesta y poco más
Delirios y éxtasis - Carmen Boza
El sol de media tarde entra por la ventana, el aire es tibio a pesar del frío exterior, nos metemos en la cama para reposar la comida. Sin pantalones, con una intención casi inocente de simplemente encajarnos… cada uno mira su móvil, twitter por aquí, instagram por allá... y sin darme cuenta empiezo a hacer movimientos con mi culo en Su entrepierna, noto como van creciendo sus ganas. Lo oigo resoplar, suelta el móvil, me quita el mío, me abraza fuerte, encaja su barbilla en mi cuello “¿No puedes estar 5 minutos sin buscarme?” me giro y lo beso llena de pasión. Y mandamos a la mierda las redes sociales, la ropa que nos queda y la siesta. A quién queríamos engañar, nos metimos en la cama para follar, para hacernos el amor con deseo, nos metimos en la cama no para dormir, nos metimos en la cama para amarnos sin contención ni prudencia. Y el mundo se reduce a nuestro edredón, y el mundo es solo deseo, flujos, besos y mordiscos. Somos fuego y la sangre hierve… Me muevo sobre Él, muevo mi cintura de una manera demoniacamente perfecta, pero lo que ocurre, nuestro placer no es obra del demonio, es lo bello de la vida, nada hay de malo en el sexo, nada hay de malo en que dos personas se follen como locos, la naturaleza no pudo crear esas sensaciones extraordinarias para privarnos de ellas, y es que lo que ocurre entre mis piernas cuando echamos esas siestas es pura magia.
Veo Su cara, los ojos con las pupilas dilatadas de puro gusto, mordiéndose el labio de placer, me mira como si fuese una aparición subida en Su polla. Me acaricia los pezones sabiendo que son los botones que aceleran mi cadera, que son los botones que me llevan al paraíso… y no hay nadie más guapo en este mundo, no hay nadie más hermoso que Él cuando me folla, es un dios que me obliga a ser diosa. Y por qué follar me gusta tanto, porque me parece la mejor manera de concentrar mi felicidad en una gota de tiempo, en transformar mi felicidad en líquido que chorrea por mis muslos, en transformarla en unas rodillas temblonas.
Nos empeñamos en creer que somos sucios y depravados, pero nos equivocamos, no hay nada más limpio que nuestra perversión, limpia de prejuicios, vergüenzas y secretos. Sé qué quiere, y quiero dárselo, Él sabe qué quiero y quiere dármelo y así el sexo se convierte en el acto más generoso que conozco.
Cambio el ritmo, me acelero, me paro, lo muerdo en el cuello, le lamo la oreja. Me abofetea y me pellizca la cintura… nos conocemos tan bien, sé qué movimiento lo hará volverse loco de placer en el momento justo y adecuado, Él sabe cuándo voy a correrme aunque yo intente disimularlo. Y la siesta me da su dulce sabor, me da un orgasmo intenso y pleno, ese orgasmo rico y brutal, ese orgasmo que Él sabe alargar agarrándome de la cintura, moviéndome rápido manejándome como a una muñeca de trapo. Y yo también lo conozco bien, sé el momento exacto en que va a derramarse, en que va a convertir su felicidad en gemidos.
Y entonces sí, el gustillo post orgasmo se adueña de nosotros, me echo en su pecho y cierro los ojos tranquila, en paz, flotando en Su cama, flotando por sentirme la mujer más afortunada del planeta. No ha habido instrumentos, ni fustas, ni pinzas, solo nosotros, porque a veces hay que quitar la parafernalia para quedarnos con la esencia, para quedarnos con un sexo sencillo pero no exento de placer y sentimiento. Una siesta, nada más y nada menos.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Si no lo hubiese conocido
Me mezo con la brisa de las mañanas de verano...
Me contoneo en la barra de un bar, el brillo de las copas opacas no deslumbra, los ojos lascivos de los parroquianos me miran con desgana. Bailo borracha por olvidar que nada me sacia. Bailo borracha porque nadie me entiende, ni yo misma. Bailo borracha sabiendo que esa noche acabaré follando con cualquiera, en cualquier cama que mañana no recordaré. Pero bailo y me siento una diosa, qué más da que mañana el vacío vuelva, qué más da que mañana me sienta sucia y usada. Follar y bailar son lo único que me calma, es el bálsamo de mis anhelos. Quería ir a París, quería reír entre las olas de la playa jugando con ese alguien, quería compartir helado de tarta de queso, quería dormir abrazada cada noche, quería conocer palmo a palmo el cuerpo de otra persona, quería oler su sudor, sus feromonas, quería llorar entre unos brazos llenos de consuelo, quería morder carne amiga, quería chupar su polla con veneración… Pero aquí estoy bailando borracha en la barra de un barezucho de mala muerte.
Esta noche sentiré un cuerpo sobre el mío, pero no será ese cuerpo, sentiré un polla penetrándome, pero no será esa polla, está noche un hombre me mirará con deseo, me poseerá, pero no será esa posesión, ese tipo de posesión que deseo.
Me contoneo, me subo el vestido, tanto que se vislumbra el inicio de mi lencería, ese encaje que aquel hombre del fondo me arrancará a bocados esta noche. Ya me he fijado en él, a ese hombre le toca esta noche jugar a ser ese Él. Lo miro, sonrío con descaro, no me ando con tonterías, quiero follármelo y quiero que lo sepa.
Estamos en su cama, nos revolcamos sudorosos, no hay mucho preámbulo. Me abre las piernas y me penetra, lo agarro, lo tumbo, me subo encima, quiero llevar mi ritmo, quiero bailar también sobre él. Me muevo con los ojos cerrados, imaginando a ese hombre sin rostro, imaginando al que llenaría mis vacíos, a ese que no me dejaría cometer tantos errores. Me corro mientras una lágrima se pasea por mi mejilla, y es que justo en el momento más placentero, justo cuando llega el maravilloso orgasmo, acaba la fantasía y la realidad abofetea, duele. No es Él, no ha llenado mis vacíos, no soy la diosa de nadie, no comeremos un helado de tarta de queso para desayunar.
Las calles aún están vacías, el sol comienza a salir, doy tumbos de un lado a otro, doy tumbos y me mezo con la brisa de un triste amanecer de verano...
martes, 9 de junio de 2015
Era, soy y seré una puta
“Qué puta eres” ”¿Por qué eres tan puta?” ”Cómo me gusta que seas así de puta” son frases que en lo que va de año se han vuelto muy constantes en mi vida. Creeréis que para mí es ofensivo o que es un insulto que tolero porque es mi Amo, pero no, es mucho más que eso, me siento liberada y aceptada. Soy una puta, siempre lo he sido, sólo que ahora no tengo por qué ocultarlo.
Puff… vaya presentación. A ver, para tratar de explicar a qué me refiero primero habría que definir un poco el término “puta” ya que si nos ceñimos a su significado es una mujer que cobra por sus servicios sexuales. No, no me refiero a esto, no soy ese tipo de puta, aunque haya fantaseado mucho con ello. Hace un tiempo hubo un debate en twitter sobre si eso era aceptable o no, que no era legal, pero si miramos el BDSM desde el prisma de la legalidad apaga y vámonos. Mi Amo no me prostituye, no porque no sea legal, ni porque sea denigrante para mí ni historias de esas, no lo hace porque perdería el control, el dinero crea en la mente de las personas la ilusión de que tienen derecho a algo, a eso es a lo que no quiere enfrentarse. Bueno, hecho este inciso continúo, la sociedad le ha atribuido a la palabra muchos significados que se entremezclan unos con otros hasta tal punto que dos personas pueden estar diciendo “Soy una puta” y cada una referirse a cosas completamente distintas. Puta puede ser una mujer que ha estado con muchos hombres (sí, lo que en versión masculina es un triunfador, follador, vividor). También puede referirse a una mujer que le gusta el sexo, atractiva y provocadora… aunque esta definición me guste, y pueda sentirme un poco así, no es a esto a lo que me refiero cuando digo que soy una puta. La definición que voy a dar de puta, es mía personal, puede que nadie lo vea así, simplemente le atribuyo esa palabra por poner una, y porque siento que me encaja bien. Me considero una puta porque deseo y he deseado toda la vida satisfacer a los hombres, ese ha sido y es mi fuente de placer.
Desde pequeña me he sentido atraída por los hombres, la sexualidad y la sumisión, pero una sumisión general. Siempre me he sentido inferior a los hombres y a algunas mujeres, decidme que eso está fatal que os diré que lleváis razón, pero es lo que sentía. Eso es algo que no he vivido de manera negativa, me sentía inferior a ellos y me encantaba. Lo que me gusta es saber que estoy satisfaciendo sus deseos, aunque no obtenga placer físico con ello. No me excita hacer una mamada, no me excita nada de nada, pero me gusta porque sé que estoy haciendo disfrutar. Siempre he tenido la imaginación muy activa, recuerdo ser niña, ir andando por la calle e ir imaginando lo que esos hombres que me cruzaba querían hacerme, he llegado a desear que me violaran de verdad, solo quería satisfacer. Esto que cuento es duro, siempre he pensado que estaba un poco loca, y puede que sea cierto. Si pienso en mi adolescencia y recuerdo las situaciones con los chicos, creo que muchos abusaron de mí, yo no sabía decir no, no sé si quería decirlo, me gustaba sentirme así en el momento, aunque después me quedaba muy mal emocionalmente y no sabía por qué. Recuerdo uno concretamente que sí dije que no quería, pero él insistió, me presionó, y cedí, cedí porque en el fondo yo pensaba que llevaba razón, que mi obligación era satisfacerlo. Poco a poco me fui creando una imagen ante mí misma muy oscura, quería eso, pero no lo quería así… Cuando llegó Él fue un soplo de aire fresco, sentí que quería estar con un único hombre. Mis “amigos” me dijeron que no duraríamos, que yo no servía para tener novio. Yo estaba segura de que se equivocaban, que simplemente nadie me había dado la oportunidad de ver que podía satisfacer no sólo un rato, sino toda la vida a un hombre.
Esto que estoy contando es algo que me avergonzaba y me avergüenza aún, pero al fin puedo aceptarlo, Él me ha ayudado a hacerlo. Tanto me avergonzaba que nunca se lo dije, incluso cuando le dije que deseaba someterme, no dije que sentía esa necesidad de satisfacer a los hombres en general, que aún seguía imaginando lo que los hombres querían hacer conmigo. Pero es un hombre inteligente y me conoce más que yo misma. A principios de este año todo cambió. Se había dado cuenta de que no había entregado todo de mí, que no era sincera del todo con Él, y quería tenerme entera: O te entregas de verdad o se acabó todo, en eso se resume lo que me planteó. Fue duro, todos esos años sentía que lo traicionaba, pero tenía mucho miedo, cómo contarle lo puta que era, lo mala persona que me consideraba, no me entendería ¡¿Quién entendería una cosa así?!... Para no variar me equivocaba. Se lo dije, se lo confesé todo, le dije el tipo de mente que tenía, cómo me sentía, me quité el mayor peso que me he quitado nunca, me quedé abatida, no sabía qué iba a pasar, quizá me dejaría para siempre, me repudiaría y no volvería a ser Suya… pero me dio otra opción, entregarme del todo, ser su esclava física, mental y emocional. Todo estaría bajo Su control, mi mente y mis pensamientos lo primero. Por eso llevo mi libreta, para apuntar cualquier pensamiento que tenga, si veo a un hombre y me siento inferior, o si me viene a la cabeza qué me haría, o si tengo un deseo… todo tiene que saberlo. Cuando eso pasa me castiga, me dice que soy una puta, pero a mí esa palabra no me suena a insulto, me suena a aceptación. Es algo que no me gusta de mí pero que está ahí, lo he puesto en Sus manos, para que Él haga conmigo lo que quiera. Que me castigue cuando lo crea necesario, que me abofetee mientras me dice que yo valgo más que todos con los que me he sentido inferior juntos. Él es la cura a mi enfermedad. Sabe que soy Suya, que Él me ha domado, que jamás obedeceré a otro hombre, que aunque las situaciones me pongan cachonda, nunca las realizaré si no es por orden Suya.
Es curioso, porque yo aún no lo he superado, aún no me siento bien con esa parte de mí, no me gusta tener esos pensamientos o sensaciones, pero Él sí, quizá porque es el motivo perfecto para castigarme, o quizá por la satisfacción que le produce haber sometido a la bestia, o porque sabe que, al ser así, podrá hacer conmigo lo que desee, pero solo Él y quien Él ordene.
Como siempre digo, no intentéis verme a través del BDSM, quizá lo que aquí he descrito no tiene nada que ver con lo que es una sumisa en BDSM, pero ya dije que nunca busqué pertenecer a este mundo, simplemente tengo un sentimiento parecido. Pero no soy sumisa, cuando descubrí el BDSM sí lo creí, ahora no, ahora soy Suya, simplemente. Quizá no entendáis por qué, pero por mucho que cuente hay cosas que callo. Mi vida le pertenece a Él, no a un Amo, no a un dominante que quería una sumisa, mi vida le pertenece exclusivamente a Él, es Suya porque se la ha ganado.
viernes, 29 de mayo de 2015
Entrevistando a Pelusilla II
¿Aceptas que tu Amo esté con otras sumisas?
Bueno, este es un tema complejo, que justo el otro día estuve dándole vueltas… Yo soy una esclava, en teoría acepto cualquier cosa que quiera hacer mi Amo. Pero vamos a ser sinceros, somos personas, somos un matrimonio y una no es de piedra. Así, en general, mi Amo puede estar con la mujer que quiera, la única condición que pongo es que me lo cuente, creo que es poco pedir. Como he dicho soy humana y los celos pueden aparecer, pero son unos celos controlados que, más que hacerme sentir mal, me excitan. Pero me propusieron que matizara más, que distinguiera entre cómo me sentiría si tiene sexo con una chica vainilla y una sumisa. Le he dado vueltas y cada cosa tiene sus pros y sus contras. El sexo con una chica vainilla en principio tiene la ventaja de que, de alguna manera, me hace sentir más segura, sé que ella no le va a dar algo que necesita, es decir, me voy a sentir por encima de ella para Él. Pero hay algo que no me gustaría, y es que imaginarlo teniendo sexo vainilla me confundiría, o me enturbiaría un pelín la imagen que tengo de Él, quizá sea porque a mí el sexo vainilla me aburre, así que no entendería muy bien qué buscaría en el sexo sin dominar. Bueno, quizá solo sea que le atrae esa chica y se la quiere follar, pero no sé, yo pienso en follar con un hombre que no quiera dominarme y no me atrae nada de nada, quizá por eso no lo comprendería. Y qué pasa si es con una sumisa, quizá me sentiría más insegura o más celosa. Ella le puede dar, teóricamente, lo mismo que yo. Una sesión es algo muy íntimo, e imaginarme a otra viéndolo de la misma forma que lo veo yo me da más cosquillitas en el estómago de lo normal, pero reconozco que me excita mucho más que la situación anterior. Veo más natural que un Amo tenga sexo con una sumisa que con alguien vainilla. Así que si tengo que escoger prefiero que sea con una sumisa, y si puedo estar delante para verlo... ¡Mucho mejor!
Creo que en nuestro caso la confianza es fundamental, sé que esté con una chica vainilla o una sumisa, siempre estaré por encima para Él, ya que le doy más que sexo, incluso más que entrega, nos queremos y eso no lo puede cambar nadie, y si cambia, es que ya no nos queremos lo suficiente y si es así prefiero descubrirlo, aunque duela.
¿Has estado con hombres delante de Él? ¿O con mujeres?
Sí y sí. He estado con hombres delante de Él, curiosamente con más hombres que con mujeres, que son más reacias a jugar. Me ha cedido a hombres, sin que entre ellos hubiese juego, y hemos jugado con mujeres teniendo sexo entre los tres, no sé si me explico. Pero aún no estoy satisfecha a este respecto, ni con ellos ni con ellas, porque no eran dominantes y sumisas. Y, en contra de lo que siempre pensé, los mejores tríos han sido con una mujer. Con los hombres en mi cabeza es más excitante pero, a la hora de la verdad, me siento extraña y no consigo excitarme del todo, me pongo muy nerviosa, me da vergüenza y noto mucho que no es Él. Además, los hombres a los que me ha cedido me tratan demasiado bien, y eso hace que pierda toda la magia jaja. Lo que me excita de que me ceda es sentirme un objeto, que debo obedecer y punto, sin ue importe lo que yo quiera. Si empiezan con regommellos en plan "Quizá no quiera""¿Te importa que te toque?""A ver si le va a doler"... la situación pierde todo el morbo. Con las mujeres es distinto, hay más complicidad, aunque físicamente me guste menos, mentalmente estoy más tranquila, y que toda la atención no esté puesta en mí me relaja bastante.
Delante de mí no ha estado con otras mujeres, en el sentido de yo en un rincón mirando, que por cierto es otra fantasía sin cumplir, pero en esos juegos sí lo he visto interactuar con ellas mientras yo estaba fuera de la situación. En una ocasión que estábamos otra mujer y nosotros, me quedé apartada un poco, lo ví masturbándola entre Sus brazos, susurrándole al oido. Otra noche jugamos con una pareja, mientras yo estaba con el hombre lo vi teniendo sexo con ella, vi cómo ella se la comía, algún día contaré esta experiencia que comenzó un poco regular y acabó de una forma que aún me excito mucho cuando recuerdo cómo la sometió… En estas ocasiones no sentí nada extraño, al revés, son de las escenas que más me excita recordar.
¿Tienes alguna fantasía que no se haya cumplido?
Tengo muchas, ese es el problema de tener una mente como la mía, que he imaginado cientos y cientos de fantasías. Pero bueno, por decir alguna concretamente y que tengo más presente, es la de tener amigos y amigas que practiquen BDSM, que lo vivan con la misma seriedad que nosotros y de vez en cuando jugar con ellos. Me refiero tanto a parejas como a un Amo o a una sumisa. Aunque mi fanatsía suprema sería que existiera una comunidad como la de Historia de O, llena de Amos, Amas, sumisas y sumisos. Que fuese todo protocolario, que Él tuviese todos esos amigos Doms, que de vez en cuando se hicieran sesiones conjuntas, cenas, actividades sexuales... pero desde la seriedad.
Y aquí concluyo por hoy, pero no creáis que esto acaba aquí, continuará...