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jueves, 17 de diciembre de 2015

La polea, la mamada y el color rosa

Subo las escaleras, es hora de irse a la cama y es jueves. Los jueves toca mamada y tragar Su semen, una norma que estableció hace dos años porque era incapaz de hacerlo. Soy una remilgada escrupulosa…


La vie en rose - Edith Piaf
Desnúdate y ponte de rodillas bajo la polea. Si creí que iba a salir airosa con una mamada de arcada y poco más estaba muy equivocada… “Junta las muñecas” me las ata y las sube hasta poder engancharme a la cuerda. Quedo con los brazos extendidos sobre mi cabeza, de rodillas en el suelo. Las bofetadas comienzan, las pinzas empiezan a morder mi carne, perfilan mi cintura. Me agarra la cabeza y va acercando Su polla hasta mi boquita abierta, invade mi lengua, mi paladar, mi campanilla... El mundo es doloroso y bonito mientras me penetra la boca, las pinzas se me clavan y me recuerdan que he de aguantar, que no he escogido una vida fácil, pero es lo que mi naturaleza me grita, me grita que relaje mi garganta, que deje que Su miembro haga que la saliva se desborde entre mis finos labios, que se deslice por mi barbilla, mojando mi pecho, mi ombligo…
Me tira del pelo, de mi largo y castaño pelo con el que jugueteo entre los dedos cuando tengo sueño, tan suave, dándole vueltas y vueltas a uno de los mechones. Y ahora es enredo entre Sus dedos, es desorden en Sus manos que me fuerzan a tragar Su polla hasta darme arcadas. Y las pinzas, las pinzas de madera siguen mordiendo mi tibia carne, carne erizada de sensaciones. Una mamada es arte en esa noche de jueves.
Me va arrancando una a una las dolorosas de madera, las golpea y se van soltando de mi tierna cintura haciéndome llorar. Las lágrimas ruedan por mis mejillas mientras vuelve a follarme la boca, esta vez para terminar corriéndose en mi cara, en mi lengua, Su semen cae también en mis pequeños pechos y muslos. Los brazos me duelen, las rodillas y los tobillos también, siento el semen enfriarse en mi cuerpo, estoy dolorida y asqueada pero quiero un orgasmo, ser usada me eleva, me hace bailar en una danza suave y macabra entre lo que deseo y lo que soy capaz de soportar, entre lo que me grita mi parte sensorial, esa que sólo nota dolor, asco y humillación, y mi parte emocional, esa que dice que siga bailando, que no hay baile más hermoso que el de la vida a Su lado.
Me suelta los brazos, me ayuda a levantarme pues mi cuerpecillo débil no aguanta mucho en la misma postura sin acusarlo. Cuando mis tobillos ya me mantienen de pie me mira: “Ve a lavarte que das asco y vamos a la cama” Agacho la cabeza avergonzada, me limpio, me miro al espejo y veo mi pelo alborotado, las mejillas sonrosadas por las bofetadas y una sonrisa se me escapa del alma. Qué guapa estoy cuando me usa, qué hermosa cuando me dejo llevar entre Sus tormentos, entre Sus deseos.
Vuelvo a la cama, me meto y me acurruco a Su lado, me abraza, apago la luz. Buenas noches Amo “Buenas noches, enana” No hay orgasmo para mí, hoy no, pero eso no importa, estoy cachonda, me duermo entre Sus brazos satisfechos, estoy con Él y la vida es rosa.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Otro pequeño gran paso (1ª parte)

Para empezar diré que hay veces que me he sentido un fraude como esclava. Creo en el equilibrio, creo que sin él nada funciona. En mi caso la emoción y el físico no están equilibrados. Emocionalmente soy fuerte, o al menos me es más fácil avanzar, no me menosprecio, sé que eso es difícil, pero a mí me atormenta ya que sé que ese es mi punto fuerte, qué merito tengo si sólo avanzo en lo que me es sencillo… Me habréis escuchado muchas veces decir que no soy masoquista, que sufro mucho con el dolor, pero no es eso, es que no lo asumo bien, lo rechazo, no lo quiero en mi cuerpo. Es cierto que en estos años he avanzado en este aspecto, Él me ha ido entrenando, ahora mi tolerancia al dolor es más alta. Esto es otra cosa que me parece curiosa, desde pequeña los médicos me han dicho que tengo una tolerancia a dolor muy alta, con 7 años me rompí la tibia y el peroné, yo estaba empeñada en que no era nada, para demostrarles a mis padres que solo era hinchazón por el golpe fui andando al baño apoyando los dos pies, pasé una noche con los dos huesos completamente fracturados, al día siguiente me llevaron al hospital, me los había encajado. Dos médicos tuvieron que agarrarme, uno de los hombros y otro del pie para tirar y volver a ponerlos en su sitio. Me advirtieron que dolería mucho, que podía gritar, que hasta los adultos lo hacían e incluso se desmayaban. Tiraron, apreté un poco lo labios y nada más. Claro que dolió, pero no me pareció suficiente como para gritar. Ejemplos como ese tengo varios, una matrona me dijo que siempre se acordará de mí por lo bien que llevé las contracciones del parto. Esto me torturaba, por qué si mi tolerancia en general es tan alta, me dan cuatro azotes y ya no puedo más, por qué ese dolor no lo asimilo igual, por qué no lo quiero.
El lunes volvimos de nuestra escapada a Madrid, siempre que voy vuelvo llorando, lo paso tan bien allí que me duele separarme de todo lo que esa ciudad significa para mí. Mi Amo conducía y me preguntaba que en qué pensaba, yo se lo decía, a pesar de saber lo mucho que se iba a enfadar. No por la pena de irme de Madrid, sino porque hace mucho que un pensamiento me atormenta, un pensamiento que lo estropea todo. Le dije que otra vez tenía ese pensamiento, lo noté en Su gesto y Su tono, si hubiera podido, hubiera parado el coche en mitad de la autovía y me hubiera reventado. Lo único que me dijo fue: “Eres una puta caprichosa, estoy harto de esa parte de ti. Pero no te preocupes que te voy a ayudar a que desaparezca, verás como esa Ángela caprichosa echa a correr y no vuelve más” temblé y me alivié. Toda la vida he notado esa dualidad en mí, una Ángela madura, razonable, feliz y consecuente y otra Ángela superficial, caprichosa, inconformista y exigente. Llevo 28 años luchando contra ella, le llevo mucho ganado, pero ya hay restos que no puedo, lo intento, pero sola no puedo, ya conoce mis métodos y es resistente a ellos. Pasamos el resto del viaje en silencio, 400 km dándole vueltas, notando Su decepción, notando Su enfado, fue el peor viaje de mi vida. Llegamos a casa de noche, descargamos el coche y subimos al dormitorio. Desnuda me ató manos y pies, me inmovilizó con el culo bien expuesto, me puso la mordaza. Sabía lo que me esperaba, sabía que cogería la rama y azotaría fuerte. El primer golpe llegó, la rama tiene varios nuditos que abren herida a la primera, es un dolor continuo, no es como el escozor de la fusta que se disipa un poco antes del siguiente golpe, la rama solo suma golpes y dolor. Otra vez ese pensamiento en mi cabeza “No quiero esto”, pero ¿Por qué sigo aquí entonces?, una parte profunda de mí pedía más castigo, quería que acallara a esa voz que pide sometimiento pero que solo quiere la parte bonita. Y sí, es que así soy en la vida, veo lo que quiero, aquello que me haría feliz, pero cuando la cosa se pone un poco dura quiero abandonar, solo quiero la parte fácil. Necesitaba sufrir y aguantar. De repente paró “Te voy a dar un descansito” me dio miedo, lo conozco bien, estaba demasiado enfadado para mostrar esa compasión repentina ¿Qué tendría pensado? Me soltó los pies, me enganchó la correa al collar y me llevó al jardín. Me ató a la columna, me tapó los ojos y me dejó sola, a oscuras, con la mordaza y las manos atadas. Al principio no me pareció nada muy malo, hacía una temperatura agradable, el silencio me calmaba, me pareció cien veces mejor que la rama. Pero los minutos pasaron, la mente comenzó a torturarme, los sonidos empezaron a no ser tan amigables, le daba una y mil vueltas a todo: ¿Por qué soy así?¿Qué me pasa?¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?¿Por qué no puedo controlar esa parte caprichosa?... El estómago se me revolvió, no quería estar más allí, no quería escuchar más a mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció una eternidad. De repente Su voz en mi oído, no había oído pasos ni ruido, Él había estado allí todo el rato, aunque yo me había creído sola. Me pareció una metáfora de la confianza preciosa, aunque yo no la había superado. Algunos de mis pensamientos eran de indefensión y abandono, ¿Qué pasaría si me pasa algo?¿Y si la saliva se me va por otro lado y me ahogo?¿Cómo me podría soltar para quitarme la mordaza?... No confié en que Él estaba controlando la situación, me sentí la peor esclava, sumisa, esposa, o lo que sea que soy, del mundo. Al oído me propuso una elección, una hora más allí o 10 azotes con la rama, pero azotes mucho más fuertes de lo que me los había dado hasta ahora. Aunque me pregunté que si los “más suaves” eran una tortura cómo serían estos, no dudé ni un segundo, no quería seguir allí, no quería pensar más, estoy harta de darle vueltas a todo, me sirve hasta cierto punto, pero hay cosas que necesitan terapias más contundentes. Me subió a la cama de nuevo, no me ató “Si en algún momento te arrepientes, me lo dices, paro y te llevo de nuevo a la columna”. El primer azote me cortó el alma, era un dolor horrible. Al segundo en mi interior rogaba clemencia, quería que se apiadara de mí y no me diera los 8 restantes, al tercero en mi interior suplicaba que no se apiadara, sabía que si lo hacía esa Ángela caprichosa no se iría, al revés, tomaría más fuerza. Al cuarto dejé de pensar, sólo lloraba y respiraba. Al décimo estaba exhausta, dolorida y muy agradecida. Me abrazó “No me gusta azotarte así ¿Crees que no me daban ganas de parar al ver las heridas que te hacía?¿Qué no me duele verte llorar así? Esto es duro también para mí, pero sé que lo necesitas”
En ese momento una necesidad de cambio se instauró en mí, Él me había hecho ver de nuevo mis debilidades y lo importante que es cambiarlas, no por Él sino por mí. Pienso en otras sumisas y esclavas y las veo vivir esto intensamente, dejándose llevar, y no es que yo no lo haga, pero aún hay, bueno, había una parte de mí, que no cedía el control del todo, no confiaba ciegamente.


Y este fue el preámbulo de un nuevo descubrimiento, de un nuevo pequeño gran paso. Esto fue lo que hizo que al día siguiente aceptara algo que soy pero que sin darme cuenta llevo toda la vida rechazando...

viernes, 15 de mayo de 2015

Dioses y monstruos

Play y a disfrutar de esta canción. Follar con ella de fondo es maravilloso...

Gods and monster - Lana del Rey

Tengo los ojos cerrados, los músculos de todo el cuerpo apretados, no quiero que el golpe me pille desprevenida, no quiero la sorpresa del dolor. Me contengo, no quiero gritar, no quiero llorar, yo pedí esto, es mi obligación ahora contenerme. Yo decidí ser esclava, tengo que acallar esa horrible voz que me dice que esto no me gusta. Y es que en este mundo de entrega, dolor y marcas me siento una niña delicada a la que no se le puede tocar. Y aquí eso no vale, eso no es ninguna virtud, aquí eso es motivo de ser señalada, es motivo para que no reconozcan que eres sumisa. Y yo lo soy, no puedo vivir sin pertenecerle, pero… calla estúpida, los dioses leen el pensamiento, no querrás que oiga que odias estar en pompa esperando el azote… calla estúpida, sabes que si lloras, que si reconoces que no te gusta el dolor puedes hacerle dudar, sabes que te quiere demasiado, que es un Amo más protector que sádico, que es un Amo que prefiere dominar con gestos que con golpes, que si lloras puede que lo hagas sentir mal, aguanta, no seas esa puta caprichosa que eres siempre, calla y no llores. En estos años nunca había llorado por los azotes, y me extraña, siempre he sido débil físicamente, una llorona que con 28 años hipa por cualquier coscorrón, pero en los castigos y en las sesiones nunca. Sí he llorado por decepcionarle, sí he llorado por sentirme una sumisa horrible, he llorado por creer que no soy suficiente, que no estoy a la altura, pero ningún azote ha arrancado un llanto sincero de mi garganta.


Una mañana se lo dije, una mañana me planteé que no puedo controlarlo todo, que no puedo reprimirme más, es lo que he hecho siempre, intentar que las emociones no me pillen desprevenida. Pero con ello les quito intensidad, quizá era el momento de relajar los músculos, de dejar de apretar los ojos y probar el sabor de un azote de improviso, a qué sabe una situación cuando dejas de controlarla. Me ató, me prometí dejarme llevar, dejarme reaccionar como me saliese. Y me adentré en la tierra de los monstruos, arrastrándome, llorando y gritando que no podía más, pero no eran súplicas, era mi voz real, era la verdad saliendo de mi boca, quería que lo supiera, que viera las lágrimas rodar por mis mejillas, sabiendo que no podía más pero que poco importa eso, que se dice basta cuando Él dice basta. Me retorcí, lloré y me aparté, esa noche fui la peor sumisa del mundo, si no hubiese estado atada quizá hubiese salido corriendo. En mi mente me grité lo que nunca me había gritado, que eso no me gusta, que no me gusta el dolor y los azotes, que no me gusta, que no quise ser sumisa para eso, aunque asumo que forman parte de ello, pero que te guste una película, no significa que te guste cada segundo de la misma, me gusta la sumisión pero no los azotes. Me quitaba y lo miraba, veía la furia en sus ojos, tenía ganas de apalearme allá dónde cayera el golpe, odia que me quite, enciende la ira dentro de Él, esa mirada sólo sale en algunas ocasiones, y me asusta… Pero esa mirada es la que da sentido a todo, me hace evidente por qué hago las cosas, no me estoy quieta y callada por mí, si no por Él, yo no quiero estar ahí pero estoy.
A veces necesitamos no controlar, sé que no me porté bien, pero lo necesitaba, necesitaba llorar por los golpes, necesitaba encontrar mi posición, necesitaba liberarme de esa carga que me decía que si eres sumisa tiene que gustarte que te azoten. Soy Su esclava, haré lo que desee, asumiré Sus decisiones. Sé que no es perfecto, ninguno lo somos, pero ya lo sabía cuando me entregué. Estoy dispuesta a servir al dios y al monstruo, a veces lloraré y suplicaré, pero eso no significará que desee otra cosa, no significa que no quiera estar allí sufriendo para Él.
Quiero encontrar la paz, quiero llegar a sentir que hago todo lo que puedo, quiero que se sienta orgulloso de mí, que me pasee por esta tierra de dioses y monstruos triunfante, como el que sometió a la niñata que no sabía en qué se metía. Tenemos que dejar de intentar ser perfectos, yo no soporto el dolor y a Él le gusta azotarme, tiene que aceptar que lloraré y no me gustará, pero que debe seguir haciéndolo, es el Amo, por mucho que yo llore jamás dudaré de que me entregué a la mejor persona que conozco, que por mucho daño que me haga no es nada comparado con todo lo bueno que me da. Y lo deseo, Sus ojos de ira y ternura, deseo ser un ángel en Sus manos de monstruo, en Sus manos de dios… Deme de beber de su ambrosía, haga que nunca pase esto, que el tiempo no lo consuma, quiero llorar por Sus azotes para siempre. Había una roca tapando el río y Usted la quitó y ahora quiero llorar en Sus brazos atemorizada por los miedos de este mundo de dioses y monstruos, ya sé que tenerlos no me apartarán de Él, ya sé que tenerlos y admitirlos es humildad, es reconocer que aún tengo mucho que aprender.
Lloré en mitad de este bosque oscuro en el país de los dioses y los monstruos, lloré porque no soy fuerte, porque no tengo que serlo, los golpes me duelen, las humillaciones me humillan, cuando la saliva corre por mi cara me angustio, y no pasa nada, es lo que se espera de mí cuando me escupe en la cara, ya está bien de hacerme la digna, eso aquí no vale. El monstruo me dice que me rebaje y lama el suelo, el dios me abraza y me dice lo maravillosa que soy por hacerlo. Quiero vivir eternamente en esta espiral de deseo, vergüenza, humillación y amor. Jódame una y otra vez en este bosque, jódame, jódame cómo cojones quiera, quiero vivir este infierno, y llorar, quiero llorar al fin. Hágame llorar por favor, convierta a esta niña caprichosa en un ángel, enséñeme mis debilidades, enséñeme que las niñas tontas en este mundo no valen, y yo no valgo para otro mundo.
En la tierra de los dioses y los monstruos yo era un ángel de alas caídas, Él un dios y un monstruo duro y hermoso.

viernes, 8 de mayo de 2015

Él, ella y yo

Esta es una canción que me encanta, en cuanto la oigo me dan ganas de bailarla desnuda mientras me mira. Ultimamente estoy muy fantasiosa, así que hoy os cuento una pequeña historia que he imaginado...


Feeling good - Michael Bublé


Me despierto por la mañana, el sol entra por la ventana, los pajarillos cantan, respiro profundo, huele a domingo y sexo. Estoy abrazada a Él que duerme desnudo, en paz, ajeno a mis miradas. Levanto un poco la cabeza y la veo al otro lado de la cama, abrazada a Él también, tiene una cara dulce y satisfecha, sonrío al verla y me siento bien. Qué noche loca, nos besamos, nos amamos los tres, sin vergüenzas, ni tabús. Los cuerpos se entremezclaron, vi cómo la azotaba, vi como ella gemía, vi como ella se estremecía entre sus dedos al igual que he hecho yo todo este tiempo. Sé cómo lo mira, llena de deseo y respeto, veo que quiere que se la folle por dónde cojones quiera Él. Desde mi rincón observo Su polla entrando en su boquita, me gusta ver las lágrimas saltadas por las arcadas asomar por sus grandes ojos. Me dice que me tumbe boca arriba en la cama, ella se coloca a cuatro patas sobre mí, la azota fuerte, ella gime y yo ahogo sus gemidos a besos, echa su cabeza en mí, busca cobijo entre mis brazos, yo la consuelo mientras Él se ensaña. Hace unos segundos que no se oyen azotes, se ha bajado los pantalones y la penetra despacio pero sin descanso. La veo apretar los párpados, echa su mejilla sobre la mía, que le abra el culo le duele demasiado. Le agarro la cara con las dos manos, tú solo mírame a mí preciosa, sé lo que sientes, te entiendo, pero es por Él, sabes que lo desea y sabes que quieres complacerlo, sé lo que sientes, sé que ahora mismo harías lo que fuese para Él… Recuerdo la sensación de estar sobre la cama, las dos con el culo en pompa, ladrando humilladas para no merecer el azote, “La que ladre mejor se salva”. Sí, fue una noche memorable, hubo cuerdas, bofetadas y mordazas. Dolor, humillación y sexo, buen sexo. Caímos los tres exhaustos colmados de placer con la respiración acelerada.
Los noto desperezarse, Él me mira primero, me sonríe y me acaricia un poco la cabeza. Se gira para mirarla, ella que intenta no hacer ruido, no sabe muy bien cómo reaccionar. Le acaricia la mejilla “No te escondas preciosa, no seas tímida, ven aquí conmigo” estamos las dos apoyadas en su amplio pecho, la una frente a la otra, sonreímos y Él cierra los ojos orgulloso de sentirnos. Se levanta al baño, nos deja solas. Me pego a ella y la abrazo con ternura, ella me da un beso corto y entusiasmado, suelta una risilla nerviosa, entiendo el juego… yo le busco los labios y le planto otro beso rápido que ella me quiere devolver pero que yo intento evitar, nos revolvemos en la cama como niñas traviesas, nos reímos nerviosas mientras los besos caen por todo nuestro cuerpo y, de repente, paramos. Él está a los pies de la cama mirándonos “Veo que os habéis levantado juguetonas. Venid aquí perritas, venid a solucionar esta erección que me habéis provocado” nos miramos divertidas y avanzamos a cuatro patas hasta Su polla. La lamemos, nuestras lenguas se tocan, ella se mete la punta en la boca y yo humedezco el resto. Nos agarra las cabezas para que nos besemos apasionadas. La coge para tumbarla boca arriba. Se pone encima y la penetra mirándola fijamente, con esa mirada que solo Él tiene. Sus caras están muy cerca pero no se besan, solo se observan. Yo me siento con la espalda pegando al cabecero, los veo y sonrío, la ternura me invade. Se me ocurre una gran idea, mientras termina de follársela, bajaré a la cocina a hacer tortitas y zumo de naranja.
Aparecen por la puerta de la cocina, Él delante, tirando de la mano de ella, le separa una silla para que se siente a la mesa, se acerca a mí, me retira el pelo, me abraza por detrás, me besa el cuello y me susurra un “Qué buena perra eres, cómo te quiero”. Empezamos a desayunar, los miro comer, me gusta que estemos los tres juntos, el sol entra por la ventana, las tortitas huelen de maravilla y yo me siento bien…

domingo, 29 de septiembre de 2013

Al techo 3ªparte

“Muy bien tesoro, así me gusta, que me obedezcas” aunque su polla me penetraba completamente, ante esa situación noto como la presión aumenta, se está excitando aún más y noto sus espasmos de placer dentro de mí. Empieza a entrar y salir un poco, intenta habituar mi culo a sus movimientos, quiere controlarse, pero la situación puede con Él y comienza a dejarse llevar. Se dobla sobre mi espalda, para agarrarme los pezones, sabe que ante eso mi cadera se moverá sin que pueda controlarla. El dolor sigue presente, pero a mi cabeza ya no le importa. De repente para, la saca, y con un gesto rápido me tumba sobre la alfombra boca arriba, agarra mis piernas estiradas con una mano y con la otra se ayuda para volver a penetrar mi culito. Una vez dentro, me abre, se tumba sobre mí y me presiona con el peso de Su cuerpo, se mueve rápido, duele, le pido que pare… “Perdóname pelusilla, no voy a parar, lo siento, pero no puedo” me dice mientras me enviste rápido y profundo, pero lejos de no gustarme, mis manos se han deslizado hasta sus nalgas, agarrándolas con desesperación para que me llegue mas profundo, acompañando su movimiento cuando sale y entra… entre jadeos y cara de dolor le pregunto “¿Amo, puedo correrme?” asiente. Lo agarro aún más fuerte y le incito a que haga los movimientos más largos... ya no puedo resistirlo, me siento tan Suya, sufriendo por Su placer, disfrutando con algo que otros tachan de tabú, con el clítoris tan inflamado y palpitante que me corro sin remedio, un orgasmo intenso y salvaje, que me hace gemir fuerte, morderme el labio y apretar fuerte los ojos. Los abro lentamente, cuando pasa la sacudida, veo Su cara, otra vez esa sonrisilla, no, no puede ser “tu te has corrido, pero a mí aun me queda un rato” la desesperación me invade, soy consciente de mis límites, y sé que tras un orgasmo, cualquier atisbo de placer desaparece, por lo menos por unos minutos, los justos que Él necesita para llegar, sé que ahora sí voy a sufrir.


Sigue embistiéndome, sólo siento angustia y dolor, quiero que acabe ya, pero también sé, por experiencia, que si Él quisiera podría aguantar horas, tengo que andarme con cuidado, como las quejas y las malas caras no darán resultado decido usar mis armas… me llevo dos dedos a la boca, los lamo lento, paso mi lengua entre los dos, lo miro provocativa y los deslizo hasta mis pezones, jugueteo con ellos. Pellizcando y acariciándolos consigo que se le ponga más dura, que en sus ojos la excitación sea más palpable, pero no es suficiente. Pongo una mano a cada lado de Su cara, lo acerco a la mía y comienzo a darle un beso húmedo y profundo, lo beso con desesperación, llenado Su boca con mi saliva , me separo un poco, le giro la cabeza para susurrarle “ Sí Amo, fóllele el culo a Su putita, hágame sufrir, que es lo que me merezco, lléneme de leche, quiero sentirla dentro de mí, marque Su territorio con ella, derrámese mientras lloro de dolor” los espasmos comienzan, me embiste con más fuerza, aguanto sin quejarme, sé que ya queda poco. Cierra los ojos, gime y pone ese gesto de placer que solo le sale cuando tiene un orgasmo gracias a mi culito, da las últimas sacudidas y se desploma sobre mí.
Me besa toda la cara con besos cortos y suaves, me mima como a un tesoro, está satisfecho y orgulloso de mí.
Yo, cansada, hipersensible y dolorida, pero llena de felicidad, llena de Él.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Al techo 2ªparte

Los hombros se me resintieron cuando soltó mis manos, el estar tanto rato atada había hecho mella en las articulaciones. Sentí cierto alivio, que desapareció al recordar para qué me soltaba. Agarró mi nuca con una mano, y firme, pero sin brusquedad, me llevó hasta el suelo. Cuando me tuvo a cuatro patas me quitó el antifaz, me costó un poco adaptarme al cambio de iluminación, al enfocar la vista vi que estaba ante el gran espejo que ocupa toda una pared del sótano, cuando mis padres vivían en la que ahora es nuestra casa, lo pusieron con la intención de convertir esa habitación en una sala de baile, no sabían que años más tarde sería testigo de los perversos juegos de su niñita. Cuando dejo de aturdirme con ese pensamiento me concentro en lo que está pasando, me veo en el espejo, a cuatro patas, mi Amo desnudo, de pie tras de mí, me siento vulnerable, me veo pequeña ante Él, me fijo en Su cara y tiene puesta esa sonrisilla pícara que me derrite a la vez que me asusta. Se va arrodillando lentamente, empieza a amasar mis nalgas, las aprieta fuerte… “¿Estás lista cariño? Bueno, da igual, yo sí lo estoy. Ahora vas a contar hasta cinco, despacito, que saboree cada instante” Noto como coloca la punta de Su sexo en la entrada de mi estrecho agujerito, empiezo a contar UNO… Él hace pequeños, casi imperceptibles movimientos DOS… TRES…CUATRO… cada número lo alargo más, sé qué pasara cuando llegue al maldito CINCO… Su polla me penetra sin vacilar, un dolor intenso me ataca, no lo puedo soportar, mis músculos se tensan ante tal invasión “¡Ay, Amo! No puedo, no puedo” le suplico, verdaderamente no lo puedo soportar “Ssshhh tranquila, ya ha pasado lo peor, ya esta entera dentro, relájate, no voy a sacarla…” me habla mientras me acaricia el pelo, y ya está, ya ha dicho las palabras mágicas, tiene el poder de hacer sufrir mi cuerpo mientras hipnotiza mi mente. Efectivamente el dolor agudo deja paso a uno más llevadero, aunque sigo paralizada, cualquier mínimo roce intensifica la tensión, el dolor. Él está quieto, lo que lejos de tranquilizarme, me pone nerviosa, para qué se estará preparando… Me agarra de pelo, tira hasta dejarme la cabeza alta, “mírate en el espejo, mira a esa muchacha inocente, mira como sufre, pídele perdón, discúlpate por ser tan zorra, mira sus lágrimas y dile que las derrama sólo por tu placer, solo por que quieres estar cachonda como una perra” soy sumisa pero tengo mucho orgullo, y no solo no digo nada, sino que aprieto los labios desafiante. Tira más fuerte de mi pelo, mientras la saca poco a poco de mi culito, torturándome lentamente, y es que sabe que odio esa sensación, soy orgullosa pero débil, no aguanto mucho los pulsos… Fijo la mirada en mi reflejo, “Lo siento, siento ser tan puta que necesite llorar para gozar, siento torturarte solo por mojarme, siento ser una guarra” parece una tontería, pero enfrentarte a tu imagen frente al espejo es duro, te lleva a lo más hondo, y es entonces cuando la humillación me emborracha, me nubla los sentidos y lleva mi sumisión a otro nivel.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Al techo 1ªparte

De pie, atada a un gancho del techo, con un antifaz que me impide ver… lo noto moverse a mi alrededor, observando cada pequeño movimiento de mi cuerpo expuesto, lo oigo juguetear con la correa, la espera se me hace eterna, en qué momento y en qué lugar caerá el primer golpe. Tiemblo, emito pequeños gemidos de nerviosismo… quiero parar esa tortura, no me gusta el dolor de los azotes, sé que suena extraño pero odio el dolor, no me gusta sufrir, aunque adoro lo que este provoca en mi mente. En esos momentos me gustaría que todo parara y salir corriendo llorando, aunque no me muevo, algo me lo impide: saber que en cuanto acabe y Él me abrace para secar mis lágrimas, todo cobrará sentido. Hay que pasar por el infierno para llegar al cielo, Su cielo.
El primer golpe cae en mi espalda, pica, escuece, por unos segundos creo que no lo soportaré, pero pronto cesa, hasta que cae el segundo un poco más abajo, me quejo “Cállate, no quiero oír tus lloriqueos” aprieto los labios y cae el tercero, en mi culo, intento relajarme, respiro profundo, sé que con los músculos tensos es más doloroso. Poco a poco va cogiendo ritmo, intercalando la fuerza del golpe, me va asestando duros correazos, en el veinte pierdo la cuenta… oigo como el cinturón cae al suelo, abraza mi cuerpo tembloroso, húmedo por el sudor frío de soportar el dolor “Ya mi vida, ya pasó” acaricia mi pelo con ternura, se coloca en mi espalda, pasa su dedo suavemente por las marcas que me acaba de infligir, las admira… se arrodilla ante mi culo, se acerca poco a poco, noto su aliento cada vez más cerca, una sensación intensa me invade cuando noto sus dientes clavados en la nalga, aprieta y aprieta, incluso pienso si seguirá hasta arrancarme la carne, me suelta “Mmm cómo me gustaría devorarte, comerme ese culo que tienes, quizá lo haga, quizá te apriete tan fuerte que pueda probar el sabor de tu sangre” me agito, si decidiera hacerlo no podría evitarlo de ninguna forma, mis manos están fuertemente sujetas, bueno, quizá si podría evitarlo, pero... no es Él el que me da miedo, soy yo, si decidiera hacerlo ¿Querría parar? ¿Querría romper la cadena de sensaciones que se desatan en mi interior? o soportaría tal dolor por seguir sintiendo, torturaría mi cuerpo en pro de mi deseo… Un pellizco en el pezón me saca de ese pensamiento, ahora juguetea con mis pechos, lame uno mientras pellizca el otro, una corriente recorre mi cuerpo hasta el clítoris, no puedo evitar que mi cadera haga movimientos buscando algún contacto “Eres una auténtica zorrita, mira como me buscas, quieres que le de alivio a tu coñito, eso es lo que hacen las guarras” me habla mientras desliza dos dedos suaves en mi interior, los deja dentro sin moverlos, y vuelve a estimular mis pezones. Sus dedos quietos junto a esas ganas de que me folle es una tortura “Venga, se una buena putita y dile a tu Amo lo que quieres” quizá mi cuerpo actúe sin tabúes, quizá se mueva sin represión, pero mi boca está llena de barreras, mi cadera puede gritar con sus movimientos que quiere Su polla, pero mi boca no puede ni susurrarlo “no voy a hacerte eso que tanto te gusta hasta que no me lo pidas” mis pechos no pueden más, siento como mi flujo recorre el inicio de los muslos y lo necesito “ Amo, quiero que me folle con Sus dedos, fuerte y profundo, como solo Usted sabe hacerlo” sigue quieto, el poner mis mejillas ardiendo de vergüenza no ha sido suficiente “No eres una niña educada, ¿Cómo se piden las cosas?” Lo grito ”Por favor Amo” Sus dedos empiezan a moverse dentro de mí, en el ángulo perfecto, a la profundidad ideal y con la velocidad que me hace enloquecer, gimo, gimo fuerte, aprieto los dientes, agito la cabeza de un lado a otro, y para. Me quedo relajada y jadeante, se acerca a mi oído y me susurra “¿Crees que tu culito estará abierto y lubricado de tanto placer? Reza porque así sea… ahora voy a soltarte, te pondré a cuatro patas como la perra que eres y te lo follaré sin piedad” la piel se me eriza, intento quejarme, pero mi boca traicionera lo único que emite son gemidos de placer, a quién voy a engañar, lo deseo fuerte…