Mostrando entradas con la etiqueta juegos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juegos. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2015

Entrevistando a Pelusilla II

Continúo con las preguntas que me hizo una lectora por mail, y que empecé a responder en este post:

¿Aceptas que tu Amo esté con otras sumisas?
Bueno, este es un tema complejo, que justo el otro día estuve dándole vueltas… Yo soy una esclava, en teoría acepto cualquier cosa que quiera hacer mi Amo. Pero vamos a ser sinceros, somos personas, somos un matrimonio y una no es de piedra. Así, en general, mi Amo puede estar con la mujer que quiera, la única condición que pongo es que me lo cuente, creo que es poco pedir. Como he dicho soy humana y los celos pueden aparecer, pero son unos celos controlados que, más que hacerme sentir mal, me excitan. Pero me propusieron que matizara más, que distinguiera entre cómo me sentiría si tiene sexo con una chica vainilla y una sumisa. Le he dado vueltas y cada cosa tiene sus pros y sus contras. El sexo con una chica vainilla en principio tiene la ventaja de que, de alguna manera, me hace sentir más segura, sé que ella no le va a dar algo que necesita, es decir, me voy a sentir por encima de ella para Él. Pero hay algo que no me gustaría, y es que imaginarlo teniendo sexo vainilla me confundiría, o me enturbiaría un pelín la imagen que tengo de Él, quizá sea porque a mí el sexo vainilla me aburre, así que no entendería muy bien qué buscaría en el sexo sin dominar. Bueno, quizá solo sea que le atrae esa chica y se la quiere follar, pero no sé, yo pienso en follar con un hombre que no quiera dominarme y no me atrae nada de nada, quizá por eso no lo comprendería. Y qué pasa si es con una sumisa, quizá me sentiría más insegura o más celosa. Ella le puede dar, teóricamente, lo mismo que yo. Una sesión es algo muy íntimo, e imaginarme a otra viéndolo de la misma forma que lo veo yo me da más cosquillitas en el estómago de lo normal, pero reconozco que me excita mucho más que la situación anterior. Veo más natural que un Amo tenga sexo con una sumisa que con alguien vainilla. Así que si tengo que escoger prefiero que sea con una sumisa, y si puedo estar delante para verlo... ¡Mucho mejor!
Creo que en nuestro caso la confianza es fundamental, sé que esté con una chica vainilla o una sumisa, siempre estaré por encima para Él, ya que le doy más que sexo, incluso más que entrega, nos queremos y eso no lo puede cambar nadie, y si cambia, es que ya no nos queremos lo suficiente y si es así prefiero descubrirlo, aunque duela.


¿Has estado con hombres delante de Él? ¿O con mujeres?
Sí y sí. He estado con hombres delante de Él, curiosamente con más hombres que con mujeres, que son más reacias a jugar. Me ha cedido a hombres, sin que entre ellos hubiese juego, y hemos jugado con mujeres teniendo sexo entre los tres, no sé si me explico. Pero aún no estoy satisfecha a este respecto, ni con ellos ni con ellas, porque no eran dominantes y sumisas. Y, en contra de lo que siempre pensé, los mejores tríos han sido con una mujer. Con los hombres en mi cabeza es más excitante pero, a la hora de la verdad, me siento extraña y no consigo excitarme del todo, me pongo muy nerviosa, me da vergüenza y noto mucho que no es Él. Además, los hombres a los que me ha cedido me tratan demasiado bien, y eso hace que pierda toda la magia jaja. Lo que me excita de que me ceda es sentirme un objeto, que debo obedecer y punto, sin ue importe lo que yo quiera. Si empiezan con regommellos en plan "Quizá no quiera""¿Te importa que te toque?""A ver si le va a doler"... la situación pierde todo el morbo. Con las mujeres es distinto, hay más complicidad, aunque físicamente me guste menos, mentalmente estoy más tranquila, y que toda la atención no esté puesta en mí me relaja bastante.
Delante de mí no ha estado con otras mujeres, en el sentido de yo en un rincón mirando, que por cierto es otra fantasía sin cumplir, pero en esos juegos sí lo he visto interactuar con ellas mientras yo estaba fuera de la situación. En una ocasión que estábamos otra mujer y nosotros, me quedé apartada un poco, lo ví masturbándola entre Sus brazos, susurrándole al oido. Otra noche jugamos con una pareja, mientras yo estaba con el hombre lo vi teniendo sexo con ella, vi cómo ella se la comía, algún día contaré esta experiencia que comenzó un poco regular y acabó de una forma que aún me excito mucho cuando recuerdo cómo la sometió… En estas ocasiones no sentí nada extraño, al revés, son de las escenas que más me excita recordar.


¿Tienes alguna fantasía que no se haya cumplido?
Tengo muchas, ese es el problema de tener una mente como la mía, que he imaginado cientos y cientos de fantasías. Pero bueno, por decir alguna concretamente y que tengo más presente, es la de tener amigos y amigas que practiquen BDSM, que lo vivan con la misma seriedad que nosotros y de vez en cuando jugar con ellos. Me refiero tanto a parejas como a un Amo o a una sumisa. Aunque mi fanatsía suprema sería que existiera una comunidad como la de Historia de O, llena de Amos, Amas, sumisas y sumisos. Que fuese todo protocolario, que Él tuviese todos esos amigos Doms, que de vez en cuando se hicieran sesiones conjuntas, cenas, actividades sexuales... pero desde la seriedad.


Y aquí concluyo por hoy, pero no creáis que esto acaba aquí, continuará...

miércoles, 2 de octubre de 2013

Una edad difícil

Las fantasías rebosaban en mi cerebro, el suelo del baño estaba frío, mi entrepierna ardía, me tocaba con los ojos cerrados, imaginando que no eran mis manos las que lo hacían, que no eran unas delgadas y temblorosas manos adolescentes las que me daban placer, sino unos dedos rudos, fuertes y masculinos los que acariciaban mi coñito… Un sentimiento profundo y amargo me embargaba, fantasear era delicioso y traicionero, siempre me gustó conseguir lo que me proponía y ese deseo, en ese momento, me parecía imposible de cumplir. Me incorporé sudorosa, sentada en el suelo miré a mi alrededor, qué podía hacer… Y lo supe, luchaba contra lo que sentía y necesitaba, la lógica no encontraba sentido a todo aquello, pero el instinto me gritaba, me empujaba histérico… Con el inodoro cerrado, apoyé mi estómago en la tapa, el frescor de la misma erizó mi piel y pezones, lo que no ayudó a sofocar mi excitación. Me imaginaba en las rodillas de un hombre, agarraba mis nalgas fuerte, me las pellizcaba, clavaba las uñas en la carne, me dolía, pero no podía parar… Necesitaba ese dolor para calmarme, estaba enfadada conmigo misma por someterme a todo aquello, necesitaba inflingirme castigo por toda aquella extraña lujuria, no entendía porqué yo era distinta a mis amigas de 14 años, porqué yo sentía esas cosas, el estar en un colegio de monjas no ayudaba mucho, sentía el pecado corriendo por mis venas, envenenándome con pensamientos que me atormentaban pero que me liberaban… Y entonces rompí a llorar, lloré por el daño en mis nalgas, lloré por lo ridícula que me veía encima del water, por lo ridícula que era mi lata de nesquik donde guardaba objetos cotidianos a los que yo le daba un uso más perverso, y sobretodo lloré por que necesitaba que la puerta de mi baño se abriera de repente, y ese hombre de mi cabeza se manifestara, me agarrara del pelo y me reprendiera por ser una niña sucia, necesitaba que ese hombre al que le pertenecía en mis fantasías fuera real, rogué con el sabor de las lágrimas en mis labios, recé porque sucediera un milagro oscuro y perverso, lo necesitaba tanto… la puerta no se abrió, la realidad me abofeteó todo lo fuerte que pudo, ese hombre no existía...


Mi cuerpo se relajó, dejé mis brazos colgando, estaba abatida, triste, con una amargura poco propia de una niña de mi edad. Sin ganas de nada recogí el baño, me di una ducha y me vestí, mi madre pronto llegaría a casa y yo tenía que volver a ser la niña “normal". Con mi oscuro secreto guardado bajo llave.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Al techo 1ªparte

De pie, atada a un gancho del techo, con un antifaz que me impide ver… lo noto moverse a mi alrededor, observando cada pequeño movimiento de mi cuerpo expuesto, lo oigo juguetear con la correa, la espera se me hace eterna, en qué momento y en qué lugar caerá el primer golpe. Tiemblo, emito pequeños gemidos de nerviosismo… quiero parar esa tortura, no me gusta el dolor de los azotes, sé que suena extraño pero odio el dolor, no me gusta sufrir, aunque adoro lo que este provoca en mi mente. En esos momentos me gustaría que todo parara y salir corriendo llorando, aunque no me muevo, algo me lo impide: saber que en cuanto acabe y Él me abrace para secar mis lágrimas, todo cobrará sentido. Hay que pasar por el infierno para llegar al cielo, Su cielo.
El primer golpe cae en mi espalda, pica, escuece, por unos segundos creo que no lo soportaré, pero pronto cesa, hasta que cae el segundo un poco más abajo, me quejo “Cállate, no quiero oír tus lloriqueos” aprieto los labios y cae el tercero, en mi culo, intento relajarme, respiro profundo, sé que con los músculos tensos es más doloroso. Poco a poco va cogiendo ritmo, intercalando la fuerza del golpe, me va asestando duros correazos, en el veinte pierdo la cuenta… oigo como el cinturón cae al suelo, abraza mi cuerpo tembloroso, húmedo por el sudor frío de soportar el dolor “Ya mi vida, ya pasó” acaricia mi pelo con ternura, se coloca en mi espalda, pasa su dedo suavemente por las marcas que me acaba de infligir, las admira… se arrodilla ante mi culo, se acerca poco a poco, noto su aliento cada vez más cerca, una sensación intensa me invade cuando noto sus dientes clavados en la nalga, aprieta y aprieta, incluso pienso si seguirá hasta arrancarme la carne, me suelta “Mmm cómo me gustaría devorarte, comerme ese culo que tienes, quizá lo haga, quizá te apriete tan fuerte que pueda probar el sabor de tu sangre” me agito, si decidiera hacerlo no podría evitarlo de ninguna forma, mis manos están fuertemente sujetas, bueno, quizá si podría evitarlo, pero... no es Él el que me da miedo, soy yo, si decidiera hacerlo ¿Querría parar? ¿Querría romper la cadena de sensaciones que se desatan en mi interior? o soportaría tal dolor por seguir sintiendo, torturaría mi cuerpo en pro de mi deseo… Un pellizco en el pezón me saca de ese pensamiento, ahora juguetea con mis pechos, lame uno mientras pellizca el otro, una corriente recorre mi cuerpo hasta el clítoris, no puedo evitar que mi cadera haga movimientos buscando algún contacto “Eres una auténtica zorrita, mira como me buscas, quieres que le de alivio a tu coñito, eso es lo que hacen las guarras” me habla mientras desliza dos dedos suaves en mi interior, los deja dentro sin moverlos, y vuelve a estimular mis pezones. Sus dedos quietos junto a esas ganas de que me folle es una tortura “Venga, se una buena putita y dile a tu Amo lo que quieres” quizá mi cuerpo actúe sin tabúes, quizá se mueva sin represión, pero mi boca está llena de barreras, mi cadera puede gritar con sus movimientos que quiere Su polla, pero mi boca no puede ni susurrarlo “no voy a hacerte eso que tanto te gusta hasta que no me lo pidas” mis pechos no pueden más, siento como mi flujo recorre el inicio de los muslos y lo necesito “ Amo, quiero que me folle con Sus dedos, fuerte y profundo, como solo Usted sabe hacerlo” sigue quieto, el poner mis mejillas ardiendo de vergüenza no ha sido suficiente “No eres una niña educada, ¿Cómo se piden las cosas?” Lo grito ”Por favor Amo” Sus dedos empiezan a moverse dentro de mí, en el ángulo perfecto, a la profundidad ideal y con la velocidad que me hace enloquecer, gimo, gimo fuerte, aprieto los dientes, agito la cabeza de un lado a otro, y para. Me quedo relajada y jadeante, se acerca a mi oído y me susurra “¿Crees que tu culito estará abierto y lubricado de tanto placer? Reza porque así sea… ahora voy a soltarte, te pondré a cuatro patas como la perra que eres y te lo follaré sin piedad” la piel se me eriza, intento quejarme, pero mi boca traicionera lo único que emite son gemidos de placer, a quién voy a engañar, lo deseo fuerte…

martes, 24 de septiembre de 2013

Mi comienzo

Allí estaba, pegada a las puertas de mi armario empotrado, imaginando que estaba atada a una cruz… mi vecina, mi carcelera, me miraba contándome las cosas que me iba a hacer, la sensación de un placer extraño me invadía, me gustaba el juego… sí, era imaginario, pero qué se puede esperar del juego de unas niñas de 6 o 7 años.
Ese es uno de mis primeros recuerdos como sumisa, por aquel entonces yo no sabía qué era lo que me ocurría, ni sabía a qué respondían esa clase de comportamientos, solo sé que me encantaban nuestros juegos, y es que teníamos una amplia variedad de situaciones, unas veces era mi carcelera que me ataba, otras un padre severo que me ponía en sus rodillas, otras el médico y sus revisiones… Nuestro papel estaba claro, ella mandaba, yo me sometía… No sé muy bien quién influenció a quién, si ella tenía tendencia dominante y forjó la personalidad infantil de su amiga, o yo la moldeé a mi sumisión natural… quizá fue el destino que juntó a esas niñas para que disfrutaran inocentemente de unos juegos que no lo eran tanto; por eso de que de adultos no es tan fácil realizar fantasías ni encontrar con quién disfrutarlas.
Quizá ella hoy sea un Ama, no sé nada de ella desde que cumplimos 14 años, quizá olvidó nuestros juegos o los quiso olvidar, quizá la atormenten, no lo sé, sólo puedo hablar por mí, yo no los olvidé, los recuerdo con cariño, son la base de lo que soy, me demuestran que nací así, nací sumisa.

Esta soy yo