Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de octubre de 2017

Adicta

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste… media hora mas tarde me follabas con pasión en tu infernal cama, esa que me ató para siempre, esa en la que me perdí sin remedio.


Las horas pasaban lentas cuando no me hablabas, cuando no me dabas los buenos días, no podía pensar, no podía escuchar, el sentarme a estudiar era una tortura ¿Por qué no me llama?¿Qué estará haciendo?¿Otra mujer estará retorciéndose de placer en su cama?


Los días pasaron, cada vez que estaba a tu lado el mundo dejaba de existir, yo dejaba de existir, necesitaba tu sabor en vena, esnifar tu piel, necesitaba la pastilla de la felicidad que eran tus besos. No me peinaba, no comía a penas, era una autentica yonki de tu amor, o de las migajas que guardabas para mí. No voy a culparte, jamás me dijiste que esto fuese exclusivo, jamás me susurraste un “te quiero”, jamás me diste a entender que esta locura fuese algo más que el sexo más maravilloso que nunca probé… ¿Acaso tiene culpa la droga de ser tan adictiva?


Vagué por las calles en busca de otra cosa, de otro encuentro casual que me liberara de tu embrujo, de tus caricias, de este dolor que sentía cuando no estaba entre tus sábanas…


Tus sábanas, esas en las que me retuerzo de maneras inimaginables, tus sábanas que me envuelven y me hacen flotar, esa cama del averno que me atrapa, como un imán, con la suavidad de su tela, con el recuerdo de tu olor en ellas, esas que se ven tan hermosas manchadas de nuestros fluidos, esas que nos arropaban de una forma única tras nuestros orgasmos.


Por qué no vienes a amarme, por qué no estás aquí ahora mismo, a qué dios, a qué demonio debo rezarle para que cruces la puerta que tengo ante mi para que sea tu mano la que me acaricia, para que sean tus besos los que se posen en mi cuello, para sentir tus gráciles dedos entrando en mí. A qué maldito dios debo rezarle, cuál es el demonio capaz de obrar semejante milagro, dime cuál es, quiero entregarle mi alma, aunque quizá ya no la tenga, quizá ya sea tuya, ya te la haya entregado, quizá ya te la di la primera vez que nos tropezamos como dos torpes. Sí, aquel día en aquella cama ya te había dado algo, y a mí me faltaba un pedazo.


Ven aquí mi demonio, ven a reclamar lo que es tuyo, no me importa que tengas a mil prisioneras más, solo quiero que apagues este fuego, que me liberes este orgasmo que yo sola no puedo provocar…


El orgasmo no llega por más que me retuerzo y me froto, me siento en el suelo, pego mi espalda sudorosa en la pared, necesito su frescor para calmarme… El orgasmo no llega pero las lágrimas brotan grandes e intensas, me rompo… soy una yonki, soy adicta a ti, a tu boca, a tu sabor, a tu humedad, a la forma en que el carmín colorea tus labios, a la forma que tu pelo se alborota cuando estás saboreándome entre las piernas…


Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste, tus dientes relucieron entre el rojo de los labios, el rubio resaltaba tu piel blanca… A la media hora éramos dos locas restregando sus cuerpos, a la media hora ejercíamos un salvaje ritual en el que yo me entregaba a ti, bella bruja, sin que me lo reclamases, sin que lo supieras, a la media hora me metía la primera dosis de la droga más dulce que hay, me metía la primera dosis de ti.

lunes, 20 de junio de 2016

Anoche, al fin, volví a llorar

Terminamos de ver una serie en el sillón, en Su sillón, estamos tumbados, Él me abraza por detrás “¿Qué piensas?” y las lágrimas empiezan a rodar, salen solas, el llanto me nace de un lugar lejano y profundo, un lugar que hacía años no visitaba.


Lo recuerdo aquel Septiembre, aquel nuestro primer Septiembre. Estábamos tumbados en la cama de Su dormitorio, las lágrimas rodaron al igual que lo hicieron anoche… Él me miraba, era la primera vez que me veía llorar. Nunca he sentido a nadie de esa manera, nunca he visto unos brazos tan llenos de deseo por consolar. Me rodeaba y me estrechaba contra Su pecho, intentando protegerme de esa marea de lágrimas que me arañaban la cara, de ese quejido que solo sacan los buenos llantos… Muchos años pasaron después, vio muchos llantos saliendo de mi soberbia, de mi coraje, de mi capricho, muchos llantos que salían de una capa más superficial. Quién puede culparlo por haberse acostumbrado a mis lágrimas, quién puede culparlo de no sacar ese instinto de consuelo cada vez que me veía llorar, y es que yo no volví a llorar como aquel Septiembre, no volví a llorar de manera tan desgarradamente limpia, no volví a llorar con lágrimas tan profundas…


Pero anoche lloré, no quería llorar, ni siquiera estaba conscientemente triste. Pero las lágrimas salieron fáciles, acompañadas de ese quejido, otra vez ese quejido… La vida volvía a abrumarme, exponiéndome a grandes cosas que solo ella sabe que puedo enfrentar, que solo la puta vida sabe que puedo sobrellevar… y es que nadie me dijo que empezar a ser consciente de tu valor doliera, es que nadie me dijo que escuchar al fin lo bonito que tienen los demás para ti fuese fácil, nadie dijo que era duro, que era difícil empezar a vislumbrar tu magia, tu esencia… Los oídos pitan, el estómago da pequeños saltitos, el corazón quiere salir de ti, la cabeza te da mil vueltas… y lloras. Anoche lloré y Sus brazos volvieron a ser aquel cobijo, volví a sentir aquella primera ternura que brotaba de Su pecho. No podría haber consuelo mayor. No hacían falta más palabras, no hacían falta más personas, más besos, nada, Él, sólo Él. Y es que hace magia conmigo, Él no lo sabe, no es consciente de lo que me dice sin hablar. Anoche me consoló, me protegió, me dejó llorar libre, me dejó expresar mis angustias, mi miedo a que la vida que me espera me supere, mi miedo a no ser suficiente… Y mientras lloraba entre Sus brazos descubrí uno más de Sus secretos: Su pecho, Su abrazo, es capaz de transformarse en máquina del tiempo, es capaz de llevarme atrás, a mis 17,  en esa cama, en ese momento en que yo lloraba y Él ejercía por primera vez de Guardián, de mi duro y protector Guardián.


Anoche lloré y me sentí la persona más especial y querida del planeta...

lunes, 11 de abril de 2016

La gente folla y muere

Si pudiera elegir, elegiría morir follando, morir tras un orgasmo, salvaje e intenso. Morir en el placer, morir tocando el cielo, moriría cerca y el viaje sería corto. Galopar sobre unas caderas, con el dolor de los huesos y la vejez, con el sudor rodando por una piel arrugada y llena de historia, la historia de alguien que hizo lo que le dio la puñetera gana. Si pudiera elegir elegiría morir juntos en un orgasmo, un orgasmo lleno de pasión y unión, haciendo lo que más nos gusta. Que nos encontraran inertes el uno sobre el otro, y que el periódico gritara al día siguiente que dos ancianos murieron haciendo el amor, que el periódico le gritara al mundo una historia de sexo y muerte. Justo aquello que no quieren oír. Y es que la gente folla y muere, es algo inevitable, la gente se corre y da últimos suspiros. Y, aunque no quieran aceptarlo, son los momentos más lúcidos del ser humano, los momentos en los que la carne conecta con su lado divino, por eso asusta, porque la verdad da miedo. Por lo que he vivido, por las personas a las que vi morir, por los orgasmos que he tenido y por las personas que me cuentan cómo son los suyos, puedo afirmar que justo en el momento del orgasmo y justo en el momento de morir estás en paz. Nada atenaza  la mente, nada da miedo, no importa ser feliz o no, solo hay expansión, estás tú y solo tú. Porque las personas follamos juntos pero nos corremos solos.


Si pudiera elegir, elegiría morir desnuda tal y como llegué al mundo el día que mi madre me parió, tal y como corrían los primeros hombres por la primera tierra. Desnuda y bella, bella en mi vejez, con la cara iluminada y sonriente. Bella y bien follada, conectada a Él, conectada a la verdad humana: follamos y morimos.

Podemos negarlo, podemos intentar que los niños no se enteren, hacerles creer que el sexo no existe, que la muerte no existe, que los bebés vienen de París y el perro se ha ido a una granja. Pero les estaremos negando su naturaleza, les estaremos negando un aprendizaje progresivo, una información inevitable y vital. Y es que ese niño ya adulto follará y morirá, porque la vida es así. Porque el instinto pide sexo y el tiempo corrompe la carne. Venimos y nos vamos, y no pasa nada, esto es solo un teatro, es solo la escena de una de las mil películas que viviremos. En el éxtasis y el lecho de muerte lo sabemos, y eso da miedo.

Si pudiera elegir, elegiría morir en Su cama, en Sus sábanas entre Sus brazos… mi última palabra sería un “Gracias” gemido y profundo, un gracias por dejarme ser natural y salvaje, por dejarme morir conectada y pletórica, por dejarme ir colmada de placer y divinidad, por algo me siento una diosa sobre Sus caderas. Sí, mi última palabra sería un “Gracias”, por dejarme morir llena de poder, el poder de una diosa del sexo y la muerte.


 Ay, si pudiera elegir... elegíría que mi última visión antes de morir fuera la de Su sonrisa de paletas torcidas...


Al día siguiente los periódicos le gritarían al mundo una verdad dura y preciosa: la gente folla y muere.