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miércoles, 25 de octubre de 2017

Nana de otro tiempo

Dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor. Esa que consideraste tuya sin mediar palabra, sin que eso fuese especial, dime si fui aquella que poseíste porque era lo natural en aquel momento…


Susúrrame bajito y suave si ya nos conocemos, si besaste cada parte de mi cuerpo diciendo “Mía” tras cada beso… Sí lo fuiste, mis células te oyeron bien y lo recuerdan, aún lo recuerdan. Te llaman cada noche, añoran tus labios tiernos. Ojalá esa conexión en cada penetración, ojalá esos susurros lejanos en cada abrazo.


Te miro a los ojos y veo una historia que jamás conoceremos realmente, un mundo con unas normas más salvajes pero menos enrevesadas.


Dime si fui aquella que te amó y se entregó en plena libertad, sin juicios, sin miradas extrañas, dime que en alguna época tú y yo encajamos, dímelo por favor… dime que este tiempo no es nuestro tiempo, dime que en aquel lecho esto era más natural, más sencillo, que no había que explicar por qué deseo ser tuya, que tampoco había que explicar que aunque seas mío yo soy más tuya, porque no somos de la misma manera. Dime que no había que aclarar si eras de los que poseían o de los que se poseían.


Dime mi amor, dime que hubo un tiempo en el que todo era más basto pero más sencillo. Dime que hubo un tiempo en el que no tenía que explicar, en el que no tenía que etiquetarme…


Se oye una nana lejana de vez en cuando, una que nos canta a los dos, que nos cuenta la verdad de lo que somos, de lo que sentimos, de que este tiempo hay que vivirlo pero no es el nuestro, esa que nos canta que quizá ninguno lo sea, esa nana que nos dice que nos amemos de la forma que lo hacemos, que nos demos de la manera que deseemos, que te haga mío mientras soy más tuya que nunca, una nana que nos dice que nuestro hogar está en los brazos del otro, que en ellos podemos ser de verdad.


Los tiempos cambian, nuestros rostros cambian, nuestra voz, nuestras ropas, pero nosotros permanecemos, me lo susurra esa nana, esa que transmiten tus ojos cuando cabalgo sobre tus caderas, esa que sentimos fuerte en el pecho, que no es locura, ni cuento, esa que es pura verdad.


Dime que me besaste cada parte del cuerpo, que me besabas la espalda con un “Mía” tras cada beso. Dame tus labios, pósalos en mi piel por favor, hazme sentir, hazme ver esos mundos en los que fuimos, esos mundos en los que este amor no tenía nombre. Fóllame sin quitar tus ojos de los míos ¿Me ves? Dime quién soy.


La luna sonreirá por vernos de nuevo, la magia volverá a nosotros, esa magia que nacía de nuestra piel…

Sé rudo, sé tierno, sé mío, sé mi dueño, sé mi hogar. Y dímelo, dime tus secretos por favor, dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor…

miércoles, 7 de junio de 2017

Me sube la bilirrubina

Son las 10:30 de la noche, Él está en la mesa de al lado con Su ordenador, suena Juan Luis Guerra y Él canta todas las canciones, silba las melodías y mi estómago está lleno de palomitas que revolotean cada vez que pienso que al fin voy a verlo en concierto. Esta tarde yo estaba triste, las hormonas a veces me juegan malas pasadas y Él, que no soporta guardarme secretos y mucho menos verme triste, me ha puesto una canción suya y me ha desvelado Su regalo de aniversario: “No estés triste, vamos a ir al concierto”. Las emociones me han desbordado, me he bloqueado y hasta que no he llorado un rato de agobio no he podido llorar de alegría.


¿Juan Luis Guerra? Os preguntaréis… me gustan muchas canciones y tipos de música, pero sólo tengo unos cuantos grupos o cantantes en la lista de "Indispensable ver en directo": Mecano, Depeche Mode, Muse, Revolver y Juan Luis Guerra. Mecano evidentemente está difícil, pero Él me llevó al musical y al concierto conmemorativo de Ana Torroja, Depeche Mode fue increíble y ya solo me quedaban tres… Lo que hace que Juan Luis Guerra sea el más especial es que me ha acompañado a lo largo de mis 30 años de vida. Sus “Burbujas de amor” me transportan a mis 7 años, a los veranos en el cortijo de la playa, a los apartamentos de los amigos de mis padres, a las cabañas que me hacía mi abuelo con esterillas... la Bilirrubina me lleva al asiento trasero del Ford Orión de mi padre, al tacto de su tapicería, el color y el olor…  era la banda sonora de cada viaje a la playa, no sonaba otra cosa, y justo eso fue otra de esas señales que me dijeron que encajábamos a la perfección. El primer verano juntos, una tarde, el coche de Su padre, Él conduciendo de camino a la playa, la música empieza a sonar y ahí estaba, como si fuese lo natural, como si un camino a la playa no pudiese tener otra voz que la de Juan Luis Guerra “¿Te gusta? Es la música que mis padres me ponían cuando íbamos a la playa” no podía creerlo. Esa noche me dijo el primer “Te quiero”, hicimos el amor también por primera vez al lado del mar, bajo la Luna… y Juan Luis Guerra pasó de ser algo mío a algo nuestro. Años después mis hijas canturrean divertidas “Ojalá llueva café en el campo” cada verano, porque ahora los padres somos nosotros y hemos seguido con la tradición.


“Te regalo una rosa” ay, esta es realmente especial. Desde que nacieron a mis hijas les canto nanas antes de dormir, pero una noche le pidieron a su padre que lo hiciera. Conforme me acercaba por el pasillo escuchaba el susurro de Su voz cantándosela, desde entonces adoran esa canción y yo más, la ternura que me provoca que la quieran en sus mp3 “Es que es la canción que nos canta papá” como si yo no lo supiese, como si yo no la guardase como un tesoro justo por eso, como si las lágrimas no se me saltaran cuando las imagino de adultas en alguna celebración importante bailándola con su padre como algo solo de ellos. Con sus cabecitas echadas en Su pecho lleno de orgullo...


Podría decir mil canciones más, “Bachata en Fukuoka”, “Frío frío”, “Cuando me enamoro”… mil canciones que me traen mil sensaciones y recuerdos. Pero hay una que es especialmente importante porque representa perfectamente lo que siento por Él, y que se reafirma cada día un poco más: “Solo tengo ojos para ti” y es que cómo no tenerlos cuando tiene detalles como el de hoy, cuando está siempre pendiente de verme sonreír, cómo no tenerlos si Sus brazos son mi refugio, cuando Sus bocados son mi placer. Si Él cada día me muestra lo increíble que es, si Él me sube la bilirrubina, si Él me canta que quisiera ser un pez para pasarse el día mojado en mí, si Él… si Él es un sueño.


Quería publicar algo más salvaje, llevo tiempo con ganas de escribir sobre sexo sucio y duro pero al ponerme ante el folio en blanco con Él y Juan Luis Guerra de fondo me he enternecido. Las palomitas revolotean en mi estómago, no solo pensando en ese día, sino en el mes que queda hasta que llegue… adoro Su forma metódica de preparar todo.

lunes, 24 de octubre de 2016

Estoy de humor para vivir

Estaba mal y no podía escribir, he pasado días con una angustia horrible que no conocía, creía que estaría mucho tiempo sin publicar, pero el huracán pasó antes de lo que esperaba y de nuevo estoy aquí...


I´m the mood for you - Miley Cyrus


2016-10-24-07-55-39-1


Estoy esta noche aquí, aquí entre Sus brazos, Él hace rato que se durmió, pero yo sigo aquí, pensando y escribiendo mentalmente este texto. Porque hay noches que lo normal se me hace especial, que soy consciente de mi suerte, de mi vida, de mi paraíso, soy consciente de mi mundo. Estoy aquí esta noche con Su mano agarrando mi teta, así se duerme más tranquilo, más sereno, y a mí me encanta sentirlo abrazándome desde atrás, agarrado a mi pecho. Primero como un acto de posesión, pero al rato como un acto tierno, me siento mujer, ese gesto hace aflorar mi amor maternal, y lo amo, lo admiro y lo cuido: no, mi amor, no me iré de Su cama esta noche tampoco. Hay días que abro el armario para colgar un vestido y de refilón veo la punta de la fusta, hay días que la miro y me fijo, me despierta algo distinto, soy consciente de que esa fusta es para mí, para domar mis demonios, esa fusta es para acallar mis sufrimientos, para dominar esa parte que no me dejaba ser feliz, que me oprimía el alma… Y al cerrar la puerta de espejo del armario me veo reflejada en él, y me fijo en mi clavícula, en mi hombro fino que asoma sutilmente por el cuello del pijama, y me gusta, y me veo hermosa, sensual. Hay días que en ese mismo reflejo me miro a los ojos y al fin me gustan, asoman entre el negro de no haberme desmaquillado, pequeños y muy profundos, asoman entre mi largo pelo alborotado por no haberme peinado y veo que no son de este mundo, los veo como en una fotografía ajena, como si no fuesen míos, aunque ahora empiezan a serlo.


Y hubo unos días hace mucho tiempo en que no podía mirarme al espejo, hubo días en que la vida me ponía de mal humor, que la vida era un lastre, que me oprimía, que no me dejaba respirar, hubo días en que envidié a las anoréxicas y a las suicidas, porque a mí vivir se me hacía un suplicio. Pero no podía desactivar ese instinto que me impedía dejar de comer o meterme todas esas pastillas que sujetaba en la palma de la mano, nunca fui capaz de desactivar mi alma, nunca fui capaz de gritar tan fuerte como para no oírla… pero esos son días muy lejanos…


Ahora hay días que pienso en mis hijas, en lo mucho que me hace reír la pequeña con sus tonterías, y en las conversaciones tan maduras que puedo tener con la mayor… Ahora hay días que siento el amor fluir, me siento amar y me siento amada… Y hay días, como los que he vivido esta última crisis, en los que tenía un huracán en mi interior, e intentaba agarrarme a mis pilares para que no me llevase, pero de repente dudaba de que fuese un pilar real o solo un palo flotando en el aire. Pero hay días que tu padre te invita a un té y unas palabras después pasas de ser un animalillo asustado a ser de nuevo un animal salvaje, fuerte y hermoso. Hay días, como ese, en que notas cómo te cuidan, con unas palabras mágicas y un té caliente hecho con amor y magia. Hay días que el tono de voz me cambia porque las dudas se van y ya no tiemblan tanto las palabras. Hay días en que, cuando pasa el huracán, veo el universo que hay en mí, veo la magia y veo todo lo que quiero y necesito escribir. Hay noches como esta en la que estoy aquí con Su mano agarrando mi teta, en que tengo mil entradas, mil textos, mil palabras que escribir, que transmitir. Hay noches que me valoro, que veo mi auténtico valor porque el universo me concedió el deseo de verme un rato desde fuera.


Ahora hay días en que entiendo por qué soy como soy, por qué necesito que esa fusta me dome, que esa fusta me duela, por qué necesito sentir pellizcos y bocados, por qué necesito sentir el dolor que duele, que no es placer, que es dolor, lo entiendo, entiendo que necesito que Él y solo Él coja un cristal y haga el dibujo de las venas en mi piel, necesito sentir el dolor por donde dibuja para saber que esa vena está ahí, para ser consciente de que la sangre fluye por ella, que está en mí, que me da vida, que ese es el milagro, la vida es la magia. Y Él sabe dónde está cada una de mis arterias, Él valora el sabor de la sangre que corre en ellas, por eso me las dibuja y me obliga a ser consciente de ello. Hay días en que puedo con todo porque entiendo qué y quiénes son mis pilares, entiendo que Él es el pilar al que agarrarme para que no me lleve el huracán, y al que subirme para saltar y volar.


Hay noches, como esta, en las que no puedo dormir porque el estómago me bulle, me burbujea de emoción, noches como esta en que recuerdo aquellas noches, esas noches que son solo mías, han sido pocas pero han sucedido desde el principio, noches en las que Él me despertaba de madrugada y me decía “Soy yo, tranquila, estoy aquí” y me besaba, pero os juro que no era Él y a la vez sí, y no me hablaba a mí y a la vez sí, era un ser distinto, con una energía distinta, noches en las que he sentido un amor que no es de este mundo, incluso una noche en la que me hizo el amor de la manera más extraordinaria que jamás me ha hecho. Y esas noches me atormentaron durante mucho tiempo, despierta me preguntaba por qué no podía sentir eso siempre, me preguntaba cómo Él podía hacerme sentir así y no recordar absolutamente nada a la mañana siguiente, que mi olor en su cuerpo fuese la única prueba de que no había sido sólo un sueño. Y ahora lo comprendo, lo entiendo tan bien, esas noches son mi auténtico pilar, ese del que me es imposible dudar, y no entenderéis por qué, porque esas noches son solo mías, Su alma quiso hacerme ese regalo solo para mí. Hay noches en que comprendo el universo, noches en que me prometo no olvidarlo al despertar, no perder la lucidez nocturna.


Hay noches en que me planteo qué es esto, qué es mi vida, y hay noches en que comprendo que es un viaje, un viaje de fuera hacia dentro, un viaje en el que al principio tenía muchas etiquetas y muy superficiales, y ahora tengo menos y más profundas, pero nunca me equivoqué, porque no podemos equivocarnos con lo que sentimos que somos.


Hay noches como esta en las que, para poder dormirme, tengo que quitarle la mano de mi teta y suavemente darle la vuelta, porque hay noches como esta en que quiero dormirme abrazándolo a Él, pegar mi pecho a su espalda y respirar juntos, amarlo sin que Él se dé cuenta, apretarlo y decirle al oído para que Su alma me escuche: “Gracias, mi amor. Gracias al pilar que me ha dado, gracias porque ese tesoro es el que ayudó a que ahora esté de humor para vivir”.

lunes, 20 de junio de 2016

Anoche, al fin, volví a llorar

Terminamos de ver una serie en el sillón, en Su sillón, estamos tumbados, Él me abraza por detrás “¿Qué piensas?” y las lágrimas empiezan a rodar, salen solas, el llanto me nace de un lugar lejano y profundo, un lugar que hacía años no visitaba.


Lo recuerdo aquel Septiembre, aquel nuestro primer Septiembre. Estábamos tumbados en la cama de Su dormitorio, las lágrimas rodaron al igual que lo hicieron anoche… Él me miraba, era la primera vez que me veía llorar. Nunca he sentido a nadie de esa manera, nunca he visto unos brazos tan llenos de deseo por consolar. Me rodeaba y me estrechaba contra Su pecho, intentando protegerme de esa marea de lágrimas que me arañaban la cara, de ese quejido que solo sacan los buenos llantos… Muchos años pasaron después, vio muchos llantos saliendo de mi soberbia, de mi coraje, de mi capricho, muchos llantos que salían de una capa más superficial. Quién puede culparlo por haberse acostumbrado a mis lágrimas, quién puede culparlo de no sacar ese instinto de consuelo cada vez que me veía llorar, y es que yo no volví a llorar como aquel Septiembre, no volví a llorar de manera tan desgarradamente limpia, no volví a llorar con lágrimas tan profundas…


Pero anoche lloré, no quería llorar, ni siquiera estaba conscientemente triste. Pero las lágrimas salieron fáciles, acompañadas de ese quejido, otra vez ese quejido… La vida volvía a abrumarme, exponiéndome a grandes cosas que solo ella sabe que puedo enfrentar, que solo la puta vida sabe que puedo sobrellevar… y es que nadie me dijo que empezar a ser consciente de tu valor doliera, es que nadie me dijo que escuchar al fin lo bonito que tienen los demás para ti fuese fácil, nadie dijo que era duro, que era difícil empezar a vislumbrar tu magia, tu esencia… Los oídos pitan, el estómago da pequeños saltitos, el corazón quiere salir de ti, la cabeza te da mil vueltas… y lloras. Anoche lloré y Sus brazos volvieron a ser aquel cobijo, volví a sentir aquella primera ternura que brotaba de Su pecho. No podría haber consuelo mayor. No hacían falta más palabras, no hacían falta más personas, más besos, nada, Él, sólo Él. Y es que hace magia conmigo, Él no lo sabe, no es consciente de lo que me dice sin hablar. Anoche me consoló, me protegió, me dejó llorar libre, me dejó expresar mis angustias, mi miedo a que la vida que me espera me supere, mi miedo a no ser suficiente… Y mientras lloraba entre Sus brazos descubrí uno más de Sus secretos: Su pecho, Su abrazo, es capaz de transformarse en máquina del tiempo, es capaz de llevarme atrás, a mis 17,  en esa cama, en ese momento en que yo lloraba y Él ejercía por primera vez de Guardián, de mi duro y protector Guardián.


Anoche lloré y me sentí la persona más especial y querida del planeta...