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lunes, 24 de octubre de 2016

Estoy de humor para vivir

Estaba mal y no podía escribir, he pasado días con una angustia horrible que no conocía, creía que estaría mucho tiempo sin publicar, pero el huracán pasó antes de lo que esperaba y de nuevo estoy aquí...


I´m the mood for you - Miley Cyrus


2016-10-24-07-55-39-1


Estoy esta noche aquí, aquí entre Sus brazos, Él hace rato que se durmió, pero yo sigo aquí, pensando y escribiendo mentalmente este texto. Porque hay noches que lo normal se me hace especial, que soy consciente de mi suerte, de mi vida, de mi paraíso, soy consciente de mi mundo. Estoy aquí esta noche con Su mano agarrando mi teta, así se duerme más tranquilo, más sereno, y a mí me encanta sentirlo abrazándome desde atrás, agarrado a mi pecho. Primero como un acto de posesión, pero al rato como un acto tierno, me siento mujer, ese gesto hace aflorar mi amor maternal, y lo amo, lo admiro y lo cuido: no, mi amor, no me iré de Su cama esta noche tampoco. Hay días que abro el armario para colgar un vestido y de refilón veo la punta de la fusta, hay días que la miro y me fijo, me despierta algo distinto, soy consciente de que esa fusta es para mí, para domar mis demonios, esa fusta es para acallar mis sufrimientos, para dominar esa parte que no me dejaba ser feliz, que me oprimía el alma… Y al cerrar la puerta de espejo del armario me veo reflejada en él, y me fijo en mi clavícula, en mi hombro fino que asoma sutilmente por el cuello del pijama, y me gusta, y me veo hermosa, sensual. Hay días que en ese mismo reflejo me miro a los ojos y al fin me gustan, asoman entre el negro de no haberme desmaquillado, pequeños y muy profundos, asoman entre mi largo pelo alborotado por no haberme peinado y veo que no son de este mundo, los veo como en una fotografía ajena, como si no fuesen míos, aunque ahora empiezan a serlo.


Y hubo unos días hace mucho tiempo en que no podía mirarme al espejo, hubo días en que la vida me ponía de mal humor, que la vida era un lastre, que me oprimía, que no me dejaba respirar, hubo días en que envidié a las anoréxicas y a las suicidas, porque a mí vivir se me hacía un suplicio. Pero no podía desactivar ese instinto que me impedía dejar de comer o meterme todas esas pastillas que sujetaba en la palma de la mano, nunca fui capaz de desactivar mi alma, nunca fui capaz de gritar tan fuerte como para no oírla… pero esos son días muy lejanos…


Ahora hay días que pienso en mis hijas, en lo mucho que me hace reír la pequeña con sus tonterías, y en las conversaciones tan maduras que puedo tener con la mayor… Ahora hay días que siento el amor fluir, me siento amar y me siento amada… Y hay días, como los que he vivido esta última crisis, en los que tenía un huracán en mi interior, e intentaba agarrarme a mis pilares para que no me llevase, pero de repente dudaba de que fuese un pilar real o solo un palo flotando en el aire. Pero hay días que tu padre te invita a un té y unas palabras después pasas de ser un animalillo asustado a ser de nuevo un animal salvaje, fuerte y hermoso. Hay días, como ese, en que notas cómo te cuidan, con unas palabras mágicas y un té caliente hecho con amor y magia. Hay días que el tono de voz me cambia porque las dudas se van y ya no tiemblan tanto las palabras. Hay días en que, cuando pasa el huracán, veo el universo que hay en mí, veo la magia y veo todo lo que quiero y necesito escribir. Hay noches como esta en la que estoy aquí con Su mano agarrando mi teta, en que tengo mil entradas, mil textos, mil palabras que escribir, que transmitir. Hay noches que me valoro, que veo mi auténtico valor porque el universo me concedió el deseo de verme un rato desde fuera.


Ahora hay días en que entiendo por qué soy como soy, por qué necesito que esa fusta me dome, que esa fusta me duela, por qué necesito sentir pellizcos y bocados, por qué necesito sentir el dolor que duele, que no es placer, que es dolor, lo entiendo, entiendo que necesito que Él y solo Él coja un cristal y haga el dibujo de las venas en mi piel, necesito sentir el dolor por donde dibuja para saber que esa vena está ahí, para ser consciente de que la sangre fluye por ella, que está en mí, que me da vida, que ese es el milagro, la vida es la magia. Y Él sabe dónde está cada una de mis arterias, Él valora el sabor de la sangre que corre en ellas, por eso me las dibuja y me obliga a ser consciente de ello. Hay días en que puedo con todo porque entiendo qué y quiénes son mis pilares, entiendo que Él es el pilar al que agarrarme para que no me lleve el huracán, y al que subirme para saltar y volar.


Hay noches, como esta, en las que no puedo dormir porque el estómago me bulle, me burbujea de emoción, noches como esta en que recuerdo aquellas noches, esas noches que son solo mías, han sido pocas pero han sucedido desde el principio, noches en las que Él me despertaba de madrugada y me decía “Soy yo, tranquila, estoy aquí” y me besaba, pero os juro que no era Él y a la vez sí, y no me hablaba a mí y a la vez sí, era un ser distinto, con una energía distinta, noches en las que he sentido un amor que no es de este mundo, incluso una noche en la que me hizo el amor de la manera más extraordinaria que jamás me ha hecho. Y esas noches me atormentaron durante mucho tiempo, despierta me preguntaba por qué no podía sentir eso siempre, me preguntaba cómo Él podía hacerme sentir así y no recordar absolutamente nada a la mañana siguiente, que mi olor en su cuerpo fuese la única prueba de que no había sido sólo un sueño. Y ahora lo comprendo, lo entiendo tan bien, esas noches son mi auténtico pilar, ese del que me es imposible dudar, y no entenderéis por qué, porque esas noches son solo mías, Su alma quiso hacerme ese regalo solo para mí. Hay noches en que comprendo el universo, noches en que me prometo no olvidarlo al despertar, no perder la lucidez nocturna.


Hay noches en que me planteo qué es esto, qué es mi vida, y hay noches en que comprendo que es un viaje, un viaje de fuera hacia dentro, un viaje en el que al principio tenía muchas etiquetas y muy superficiales, y ahora tengo menos y más profundas, pero nunca me equivoqué, porque no podemos equivocarnos con lo que sentimos que somos.


Hay noches como esta en las que, para poder dormirme, tengo que quitarle la mano de mi teta y suavemente darle la vuelta, porque hay noches como esta en que quiero dormirme abrazándolo a Él, pegar mi pecho a su espalda y respirar juntos, amarlo sin que Él se dé cuenta, apretarlo y decirle al oído para que Su alma me escuche: “Gracias, mi amor. Gracias al pilar que me ha dado, gracias porque ese tesoro es el que ayudó a que ahora esté de humor para vivir”.