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miércoles, 15 de julio de 2020

La otra noche soñé


La otra noche soñé que tenía pelo, volvía mi melena larga y castaña. Soñé que leía un libro, uno que al abrirlo podías vivirlo de verdad. Así que me transportaba a sus escenas. Llegué a una recepción en la que una chica me inscribió en una lista y tuve que firmar un papel. No llegué allí forzada por nadie pero sí sentía esa vulnerabilidad de la que sabe que pierde voluntad. Me hizo pasar por una puerta, allí había una especie de pasillo largo y ancho, a la izquierda unas cabinas, una especie de probadores sin puertas en los que podías ver cómo los Dominantes y las Dóminas jugaban con sumisos y sumisas. Al otro lado había un banco de madera con ganchos en la pared para dejar la ropa. Llegué a la última cabina, allí estaba Él jugando con otra chica, yo no lo conocía pero supe que sería el Dom al que me entregaran, un escalofrío me recorrió, la incertidumbre y el miedecillo me erizaban la piel y me llenaban el estómago de mariposas. Ella estaba de cara a la pared con los brazos estirados sobre su cabeza, Él la agarró de la cintura para sacarle el culo un poco para afuera y le separó las piernas. La lamió y mordió por la espalda. Yo apartaba la mirada, no recuerdo todo lo que sucedía solo sé que mi excitación y sensación de vulnerabilidad aumentaban cada segundo. Lo siguiente que vi es que le introducía algo en el culo y ella se quejaba. Él tenía esa cara que me asusta y me vuelve loca. Justo en ese momento giró la cabeza y me miró directamente por primera vez desde que estaba allí plantada frente a ellos. Agaché rápidamente la cabeza, supe que sería Suya. Curiosamente no temía la dolor, pero sí al escozor. Es mi punto débil, siempre he fantaseado con torturas de cremas y supositorios que ardían pero, cuando lo he vivido, no encuentro forma mental de soportarlo mucho tiempo. Una mujer bastante “normal”, sin cueros ni aires de grandeza, con el pelo negro, largo y rizado de la que recuerdo perfectamente su cara aunque no la identifico con nadie, se acercaba a mí, me cogía de la mano y me sentaba en el banco de madera. Me hablaba con cariño pero firmeza, decía que como era nueva iba a desnudarme e inspeccionarme. Cuando ya estaba semidesnuda sentía el momento de pasar a sentir sus manos tocándome, el momento de empezar a vivir de verdad todo aquello y no podía aguantarlo, le decía que quería sentir pero que estaba siendo muy intenso y necesitaba alejarme un poco para después volver, se lo prometía. Ella con una sonrisa muy cariñosa me decía que todo esto no era más que un libro, mi libro, que podía cerrarlo cuando quisiera y volver a abrirlo cuando estuviese preparada, todo aquello estaría esperando para mí tal cual lo dejé. Me levanté, pasé por recepción y crucé la puerta que simbolizaba cerrar el libro. Estaba muy excitada, en el sueño y en la vida real.

Puede parecer un sueño absurdo pero hacía mucho que no soñaba con algo sexual con tanta intensidad, como seguro que os ha pasado, no era lo que sucedía sino todas esas sensaciones que me provocaba y que soy incapaz de escribir. Adoro que ocurra, hace que me dure una leve sensación de placer incluso varios días, como si el sueño siguiese activo e, incluso, haciéndose realidad en algún lugar de mí. Supongo que mi pelo y mi vida sexual en todo su apogeo volverán tal cual los dejé, o incluso mucho mejor. Cada vez está más cerca. Lo noto, lo sueño.

lunes, 13 de marzo de 2017

Sueños

Siempre fui de ponerme sueños imposibles, de niña era de soñar cosas que sabía nunca conseguiría, me tachaba de fantasiosa y en verdad era mi propia enemiga: si me ponía sueños inalcanzables podría pasarme la vida lamentándome por no haberlos conseguido en vez de luchar por lo que quería. Siempre fui de sueños imposibles hasta que la vida me cumplió uno, uno que creí imposible, por el que lloraba después de correrme en mis manos adolescentes, lloraba besando una almohada que jamás me devolvería el beso. Soñé que Él existía, pero lo soñé creyendo que era imposible, que sería una mujer frustrada el resto de mi vida. Pero la vida es muy lista y cumplió mi sueño para estrellarme contra el muro de la realidad. “Ángela, deja de lamentarte, busca tu camino, que los sueños sí se cumplen”.


Quizá penséis que soy simple, pero ahora mis sueños son pequeñitos, alcanzables, no por ello sencillos. Sueños por los que lucho, por los que me enfrento a mí misma cada día. Pero mientras lo hago saboreo los que he conseguido, saboreo a ms hijas, lo saboreo a Él.


Disfruto de ponerme de rodillas frente al espejo, ver reflejado cómo me muerde el cuello apasionado, disfruto de Su voz ordenando que me quite la ropa. Disfruto de mi cuerpo desnudo, qué bonita me veo en ese momento, olvido esa autoestima que a veces baja más de la cuenta, olvido esos kilos que pienso que me sobran porque soy tonta, olvido que a veces me siento fea, en ese momento me miro y me digo lo idiota que soy por dudar de lo hermosa que soy, de lo bonito que es mi cuerpo, ese a punto de dolerse y disfrutar, ese a punto de ser pinzado, mordido, azotado, ese cuerpo a punto de ser penetrado por todo agujero disponible. Adoro esos instantes ¡Eso debe ser la felicidad! Esos instantes en los que todo te parece bonito, incluso las lágrimas que derramarás, en los que incluso el dolor te parece precioso, algo de lo que sacarás una sensación positiva mucho más profunda. Mi sueño cumplido es Su piel tibia en mi espalda, esa piel que es consuelo mientras me sodomiza sin piedad, esa piel que es hogar, esas sensaciones son hogar, cerrar los ojos y sentirlas es la felicidad, son una enseñanza de vida, de disfrutar hasta de lo adverso. Del dolor saco los mejores orgasmos, sin él también los tengo, pero nada comparable a la explosión que viene tras estar aguantando, tras chillar, a la explosión que provoca el pinchazo insoportable de las pinzas en los pezones, de la fusta entre mis piernas… Mi sueño cumplido son las tardes de sofá y peli, las noches de sofá y serie, son Sus “Quieta” “Siéntate recta” Sus “Para siempre” Sus “Qué a gustito estoy a tu lado”. Mi sueño son esas risas cómplices por las gracias de nuestras hijas, esa mirada que cruzo con el hombre que me hace estremecer, con el padre de mis hijas, mi sueño era ver de lejos a esa persona que me hace retorcer de gusto y dolor.


Sí, soy de gustos muy sencillos, de sueños tan alcanzables que cada día cumplo, cada vez que llevo a mis hijas a tenis y las veo correr. Tomarme un té sentada frente a Él, llamarlo de Usted en público, Sus normas, las conversaciones que tengo con las niñas, ver Friends los cuatro juntos, partirnos de risa con una chorrada de los Simpsons, sí esa risa que no puedes parar, que te hace llorar, de mirarnos e ir a más. Sus bofetones, Sus besos. Recibir vuestro cariño a través de mensajes, mails, comentarios… Comer sano, hacer una receta y que me salga riquísima, ver cómo florecen mis Pensamientos, cómo una planta medio muerta va saliendo adelante con mis mimos. Cumplo sueños todos los días, porque soy una chica sencilla con sueños grandes y también chiquititos. Soy una chica afortunada, con una familia que la quiere, con un marido que la cuida, con un Amo que la castiga y la usa, y ambos son la misma persona, ese era mi sueño imposible, ese que creí imposible, ese que la vida me dio de golpe, ese que ha sido el mayor aprendizaje de mi vida, por lo que representaba en sí y por lo que Él luego me ha enseñado, dónde me ha llevado.


La vida me cumplió aquel sueño de la infancia, ese unicornio al que le mandaba mensajes las noches de viento para que viniera a mi cama, creyendo en el fondo que era un imposible. La vida cumplió mi sueño y me estrelló contra la realidad, me puso en esa cama, desnuda, frente a ese espejo: “Ángela, los sueños se cumplen. Mírate, tienes personas que solo tienen palabras de ánimo, que te dicen lo mucho que te quieren, lo importante que eres para ellos… Ángela, mírate, tienes un cuerpo precioso, una sonrisa preciosa, una persona que te desea, que te ama, una persona que te ronda con una fusta en la mano, que está a punto de torturarte, de arrancarte el mayor de los orgasmos. Una persona que te va a poner a Sus pies, que te va a escupir, a follar la boca hasta que des arcadas… que te va a hacer sentir una diosa. Ángela, no lo olvides nunca, mírate y recuérdale a cada célula de tu cuerpo que jamás se rinda, que ha de luchar, recuérdale a cada célula que los sueños se cumplen”.

lunes, 21 de noviembre de 2016

El libro

"Mamá ¿Cuándo y cómo decidiste escribir un libro? ¿Por qué?"


En unos años imagino a mis hijas, ya mayores, haciéndome esas preguntas, quizá nunca lo hagan, pero no puedo evitar pensarlo. Por si acaso esto es lo que dejo escrito para ellas:


Un día decidí seguir lo que mi alma me marcaba, decidí escribir. Tenía un blog, cada semana me propuse publicar una entrada. Me costó mucho aceptar cuál era mi vocación, así que cuando lo hice me propuse hacer de ello parte fundamental en mi vida, darle el lugar que siempre le correspondió ¿Y sabéis qué pasa cuando decides escuchar a tu alma con todo lo que conlleva? Que obtienes recompensas. Un día estaba sentada frente a mi ordenador, sonó una canción y de repente mis dedos se pusieron a teclear, eso no era raro, pero lo que escribía sí, salía de un sitio distinto, las lágrimas brotaban sin entender el motivo. Cuando terminé ese texto lo leí como unas diez veces, qué era eso, me parecía realmente triste y hermoso, pero lo que me llamaba la atención es que no me servía como entrada de blog y no quería dejarlo olvidado en mi ordenador. Entonces comprendí que acababa de escribir el primer capítulo de un libro que yo no sabía que iba a escribir. Ese día empecé un camino extraño, de textos que salían aleatorios, textos en lo que me reconocía, no era mi vida, yo no era la protagonista pero ponía un poquito de esa Ángela, que era en ese momento, en cada palabra. Escribir ese libro fue una terapia, fue algo que necesitaba más que algo que quería hacer. Y un día lo terminé, porque toda historia tiene que tener un final y, cuando llega, te enfrenta al siguiente paso, te enfrenta a la certeza de que debes tomar una decisión, que sentarte frente a la chimenea a escribir sola, es fácil, sólo tú lees, solo tú te lees. Y tuve miedo, vuestra madre tuvo mucho miedo, aquello era una etapa, era algo que cuando leyese al tiempo ya no me diría tanto, ya no me resultaría tan sanador, porque escribir ese libro ya había sanado lo que tenía que sanar en mí. Solo por eso le debía sacarlo a la luz, no podía dejarlo morir en el olvido. Decidí publicarlo. Sabía que sería difícil, ese libro mostraba partes de mí que muchas personas no conocían, tenía miedo a mostrarme, tenía miedo a que me juzgaran. Tenía miedo pero siempre fui valiente por narices, no puedo hacer algo distinto a lo que tengo la determinación de hacer. Para superarlo di el libro a las dos personas ante las que más me preocupaba sincerarme y a la vez más necesitaba que me apoyasen: se lo di a mi madre y se lo di a mi padre… cuando ambos me llamaron llorando, emocionados, me sentí fuerte y afortunada, supe que cuando eres valiente y sigues tu camino todo se pone de tu parte.


Y el día llegó, ojalá pudiera decir que fui rápida, que lo hice sin inseguridades, pero no. Queridas hijas, si algún día leéis esto quiero que sepáis que pensé mucho en vosotras, en si había alguna posibilidad de que publicarlo os afectase pero, a pesar de esa angustia, quise dar ejemplo, quise predicar con mis actos. Pensé en vosotras de mayores, persiguiendo vuestros sueños, pensé en la de veces que os repetiría que lo hicieseis fuera el que fuese…


Queridas hijas, la historia de aquel libro fue la historia de una deuda con unas palabras, la historia de un sueño que no sabía que tenía, de un deseo que apareció y estaba obligada a cumplir. Y es que creemos que sabemos cuáles son nuestros sueños, creemos que lo sabemos todo de nosotros, y la realidad es que somos una auténtica sorpresa para nosotros mismos. Los sueños hay que dejarlos salir, no hay que buscarlos, si fluimos salen solos.


Estuve llena de incertidumbre ¿Qué pasaría después? ¿Quién lo leería? ¿Me criticarían? ¿Me juzgarían? ¿Sería positivo o negativo? ¿Escribiría después alguno más? Queridas hijas, si algún día leéis esto ya sabréis la respuesta a esas preguntas, yo aún no. El 13 de diciembre empezaré a salir de dudas…