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viernes, 24 de abril de 2015

A veces crees que eres una mierda

¡Hola! Escribí la entrada de "A veces todo es una mierda" con la intención de ayudar a alguien, y resulta, que a quién ayudó fue a mí. Me liberó de una serie de sensaciones, como si contándolo pusiera el punto y final a una época. Y me gustó tanto que decidí intentar hacer lo mismo con otra de mis oscuridades del pasado, porque aunque a veces la tenga presente, ya no es lo mismo. Así que, si me lo permitís, os usaré de terapia...


Young and beautiful - Lana del Rey

Tenía 7 años, era una niña menudilla, de paletas grandes y un poco salidas. Nunca fui gordita, bueno, ahora que veo las fotos sé que no lo era. Tenía 7 años, mis padres habían organizado una barbacoa con varias parejas de amigos, tenía 7 años y una mujer al despedirse de mi mejor amiga le dijo que siguiese así de guapa, tenía 7 años y esa mujer al despedirse de mí dijo palabras textuales: “Contrólate un poco que te estás poniendo muy gordita”. Tenía 7 años y mi profesora de baile me dijo: “Contrólate que estás echando buche de pájaro”. Tenía 7 años y esas mujeres me sentenciaron a una vida llena de inseguridades, me sentenciaron a una vida viendo mi cuerpo distorsionado. Yo no entendía que no me pasaba nada, no tenía herramientas para superar ese tipo de comentarios, no tenía una imagen concreta y segura de mí misma, tenía 7 años, joder, no tenía una imagen de nada. Así que comencé a meter la barriga, no sé lo que es ir por la calle con los músculos del estómago relajados. En los campamentos de verano me esperaba para ducharme la última para que me vieran lo menos posible sin ropa.
Empecé a masturbarme, empecé a entender mi sexualidad, a desear estar con un hombre. Era una niña de 11 años que odiaba su pelo por ser demasiado encrespado, odiaba sus dientes por ser demasiado grandes, odiaba su cuerpo amorfo. Y lo pensé, creeréis que no, pero lo pensé de una manera seria, que de mayor ningún hombre querría estar conmigo, pero yo lo necesitaría, así que mi conclusión fue que tendría que hacerme prostituta. Es más, no sé cómo supe que había unos sitios en los que te dominaban si pagabas. Me imaginé soltera, volviendo del trabajo un viernes, ganando un dinero que gastaría el sábado en un lugar para que me ataran, me golpearan y me follaran.


Crecí un poco más y noté que sí le gustaba a los chicos, pero tenía el autoestima tan hundida que basé mi seguridad en que cualquiera me dijese dos palabras medio bonitas. Hice cosas de las que me arrepentiré siempre. Tenía 15 años, hice cosas de las que me arrepentiré toda la vida. Es curioso porque a esta edad se me desarrolló un sentimiento extraño, los hombres se sentían muy atraídos por mí, mi tío me dijo una vez que era una Lolita. Yo lo sabía y ese sentimiento de que acabaría sola porque daba asco se transformó en una lucha interna: sólo les gusto por mi cuerpo, no tengo nada más que aportar, pero sé que no soy perfecta, que tengo grasa y un poco de celulitis, pero les gusta mi cuerpo y lo sé, sé que me desean pero no creo que lo merezca, soy imperfecta y no estoy tan delgada como querría.
Me gustaría decir que cuando empecé con Él esto desapareció, pero no fue así. Es algo que me ha acompañado toda la vida, sólo hasta hace un año y medio más o menos he sido capaz de ver que soy mucho más que un cuerpo.
Estaba enferma, y no, no he sido bulímica ni anoréxica, aunque reconozco que en cierta época envidié a las que lo eran. Yo me abrazaba al wáter, me metía los dedos, pero a la primera arcada me asustaba. Me controlaba la comida, pero nunca hasta no comer nada.



Los embarazos no ayudaron mucho, si ya tenía distorsionada la imagen de mi misma, los cambios en mi anatomía fueron el colmo. Cuando tuve a mis hijas había perdido la proporcionalidad de mi cuerpo, no sabía si era ancha de caderas, si era gorda o flaca, y para que entendáis mejor la locura que era, os diré que justo después de parir pesaba 53 kilos, lo máximo que he pesado en mi vida. Nunca dejé de usar mi ropa normal, incluso había personas que no se daban cuenta de que estaba embarazada. Pero yo me veía inmensa. Y llegaron los peores años de esta mierda, conseguí llegar a los 48 kilos, pero no estaba contenta, quería 47, eso decía, consciente de que cuando los consiguiera querría los 46 y así… Mi Amo no sabía qué hacer conmigo, me castigaba por ello, mis amigos estaban hartos de decirme que no me entendían, que estaba perfecta… pero no, no lo estaba, no en mi cabeza. Y digo en mi cabeza, porque no era algo que hiciera porque considere que la delgadez es sinónimo de belleza, en esto me ha pasado como con muchas cosas, que en los demás algo me parece bonito pero en mí no lo soporto. Una amiga me dijo que la ofendía siendo así, las personas con este problema tendemos a crear rechazo y críticas. A mí ella y su cuerpo me encantan, la veo guapa y una mujer muy atractiva. Pero no lo hacía por estética, lo hacía porque creía que era lo único que podía hacer para valer, era más fácil controlar la comida que enfrentarme a mis demonios.
Mi padre siempre ha sido un hombre con carisma, un hombre atractivo, mujeriego y muy sexual. Un hombre que le decía a mi madre una y otra vez que quería que estuviese más delgada, que tuviese el pelo más largo y más rubio, sí, que se pareciese más a Pamela Anderson. Creo que esto también me ha afectado mucho. Cuando voy a ver a mi padre me gusta ponerme muy guapa, me gusta que me mire y me diga lo espectacular que soy, lo orgulloso que está de mí por no haberme abandonado después de mis hijas. Le da igual a qué precio haya sido eso…



Un día, hace un año y medio, decidí que así no podía vivir, no sólo por estar siempre triste y con una angustia horrible, ni siquiera por mi Amo que demasiado me aguantaba, sino porque tenía dos hijas y no quería verlas pasar por lo mismo, dos niñas que me imitarían, que aceptarían mis estereotipos como válidos. Con eso no podría, no quería que pasaran por lo mismo que yo. Así que tomé una de las mejores decisiones de mi vida, pedí ayuda a un profesional. Y así fue como la vida puso a otra persona maravillosa en mi camino, que me enseñó que yo valía mucho más que la grasa que hay en mi cuerpo, que mi marido está a mi lado no sólo por mi cuerpo, sino por mil cosas que yo no veía. Me enseñó que mis defectos no eran tan horribles como yo imaginaba, al fin me hizo comprender qué era eso tan especial que los demás veían en mí y que, por supuesto, no era mi cuerpo. Me enseñó todo lo que soy capaz de hacer.
Llevo un año y medio sin pesarme, aún no confío en que esos malditos números no me afecten. Me gustaría decir que ya no me preocupa nada, pero no. Aún hay días que sin motivo me quedo enganchada en que he visto una molla en cualquier sitio insospechado, o que me he visto más mofletes, o he comido demasiado chocolate… pero no es lo normal, por lo general me siento bien, puedo disfrutar de la comida, saber cuáles son las proporciones de mi cuerpo, he aceptado cómo soy y me gusto. Por ahora voy ganando todas las batallas, aunque la lucha sea dura.
Sé que le gusta como soy por dentro, que me ama por la persona que soy, pero también sé que mi cuerpo lo vuelve loco, que adora verme desnuda, que se excita sólo con verme en ropa interior... y esto es un arma de doble filo. Y entonces lo sé, sé que aún no estoy curada del todo porque me asusta dejar de gustarle, dejar de controlarme y que mi cuerpo deje de gustarle, por más que me diga que le gustan las mujeres con curvas, que odia los huesos marcándose. Me da mucho miedo pensar en el futuro, en si me querrá cuando ya no sea joven y hermosa…
La imagen es la peste de ésta época, y lo digo yo teniéndola encima. Hace que las mujeres nos pasemos la vida buscando y anhelando una belleza que no existe, queriendo llegar a unos límites generalizados que no se adaptan a las características de cada una. Y si eres capaz de encontrar tu belleza, nos condena a pasarmos la vida preguntándonos si nos querrán cuando ya no seamos jóvenes y hermosas…

martes, 7 de abril de 2015

Masturbarse I

La masturbación me parece un tema importante y para ir desgranándolo, hoy hablaré de la masturbación femenina y en otra entrada hablaré de la masculina. Por supuesto, la masturbación es un tema bastante estudiado, creo que todos sabéis más o menos cómo se hace, no os hagáis ahora los inocentes… Así que os hablaré de las diferentes sensaciones que he podido conocer en estos años, tanto por mi experiencia como por lo que he sabido de otras mujeres.
Dicho esto os confesaré que yo en mis 28 años nunca he conseguido correrme tocándome. Como ya sabéis siempre he sido muy sexual, sin embargo nunca he estado interesada en mi propia anatomía, no era de esas niñas que se miran y se tocan para ver qué tienen. Cuando comencé a masturbarme fue rozándome como os conté en el post de Historia de O. Tocarme me desagradaba mucho, y aún hoy no me gusta, sólo lo hago cuando me lo ordena. No es un problema físico, cuando Él lo hace siento mucho placer, pero sentir entre las manos mi clítoris no me provoca nada, al revés, me corta un poco el rollo. Por supuesto en mis masturbaciones nunca podía faltar una buena fantasía que comenzaba y se detenía en alguna escena que me excitaba más y repetía una y otra vez hasta correrme. Masturbarme siempre me ha dejado exhausta, requería mucho esfuerzo, concentración y tensión. Durante muchos años pensé que esos orgasmos a solas serían los únicos que viviría, así que los disfrutaba, era mi momento, la sexualidad realmente completa ya que mezclaba el placer físico y el mental, cosa que con los chicos no sentía. Pero después llegó Él y me regaló el primer orgasmo acompañada. Aunque me satisfacía, aún no calmaba mis necesidades del todo, así que seguía masturbándome. Pero se convirtió en mi Amo y poco a poco lo fue controlando todo, masturbarme empezó a perder sentido. Mi relación actual conmigo misma es complicada, correrme a solas me deja cansada, insatisfecha y muy triste, incluso llego a llorar. Ante esto me siento rara, pasé de pensar que sería mi única fuente de placer, a ser la única situación sexual que detesto. Creo sinceramente que en algún momento tendré que reconciliarme conmigo misma, sé que es algo bueno, pero aún no estoy preparada.
Esa sensación de reconciliarme conmigo misma me lleva a una conversación que mantuve con mi madre hace poco. Me contaba cómo, cuando se separó tras 20 años casada, tuvo que encontrar su placer. Nunca se había masturbado, ni en su adolescencia, era algo que incluso rechazaba. Pero sintió que era el momento, tenía que averiguar qué le causaba realmente placer, conocerse, quererse y disfrutar a solas. Dice que le costó mucho pero cuando lo hizo se sintió plena y feliz. En los años que ha pasado sin pareja ha estado satisfecha y segura de que en su próxima relación tendría una sexualidad sana y plena. Y así ha sido. Esto me llevó a la conclusión de que toda mujer antes de tener relaciones con un hombre debería de encontrar su placer, así podrá saber lo que realmente le excita. Y es que cuando yo me masturbaba no podía controlar mis pensamientos, e incluso en los años que rechacé mi parte sumisa, me masturbaba con pensamientos sumisos. Creo que en esa situación estás sola, sin condicionamientos, no tienes a nadie delante y no puedes engañarte, no surtiría efecto, no puedes correrte con un pensamiento que no te excita.


Por otro lado he hablado con amigas para las que la masturbación es muy importante, y que son capaces de hacerla de todas las formas posibles, mientras las miran, con un vibrador, sin él, sólo rozándose o penetrándose con los dedos, y el sentimiento que me nace es extraño. Por un lado me da envidia, ojalá yo pudiera, y por otro me da una curiosidad loca por saber cuáles serán sus sensaciones, ya que deja en evidencia que aunque la fisiología sea la misma, cada una tiene unas reacciones y por tanto nuestras sensaciones en el sexo son diferentes.
Reconozco que soy una morbosa, y que me gustaría estar metida en la mente de las mujeres cuando se masturban para conocer realmente sus deseos. Yo he llegado a tener pensamientos realmente extraños que me han hecho correr, de esos que después te quedas en plan ¿¡Pero qué coño ha sido eso!?


Por último voy a hacer una observación típica y tópica. Como siempre las mujeres tenemos un peso añadido en este tema, todo el mundo da por hecho que un hombre se hace pajas, es algo masculino y natural, sin embargo una mujer que se masturba es algo más complejo. Parece que querer sentir placer en una mujer está penado y perseguido. Recuerdo que decirle, al por entonces mi novio, que me masturbaba y la manera que tenía de hacerlo, me costó muchísimo y me avergonzó aún más. Por otro lado me gusta pensar que las cosas están cambiando, por lo que veo, por cómo reaccionan los hombres y por cómo hablan las mujeres, es un tema más aceptado y que empieza a darse por hecho en las nuevas generaciones. Y un matiz más, creo que es algo que las madres con hijas tenemos la obligación de fomentar, evidentemente no voy a enseñar a mis hijas a hacerlo, pero no voy a sancionar gestos naturales que tiene toda niña de investigarse, de darse placer inconscientemente, de preguntar… si queremos que nuestros hijos sean felices y para ello los ayudamos, por ejemplo, con los estudios, ayudémosles también en todo lo demás. Voy a puntualizar, que siempre hay quién malinterpreta, que siempre respetaré la intimidad de mis hijas, no estoy hablando de ponernos con ellos a enseñarles nada, hay muchas maneras sutiles e indirectas de decirle a un niño que la sexualidad es algo malo o bueno.


Bueno, y vosotros cómo veis este tema, a vosotras os pregunto cómo lo habéis vivido o vivís este tema, y a los hombres cómo lo veis desde fuera. Opiniones, opiniones… Dejadme vuestros comentarios y después a masturbarse todo el mundo ¡Que se oiga un gemido tan grande que tiemblen los cimientos de todas las cosas tristes del mundo!


P.D.: Aquí os dejo un post genial del blog Mujerícolas sobre la masturbación femenina en la antigüedad