miércoles, 13 de noviembre de 2013

MI madre

Ella tenía unos 29 años, yo 2. Ese verano iban a buscarme un hermanito, pero un mes antes se notó un bulto en el pecho. Primero le dijeron que no era nada, solo unos días después el bulto había crecido hasta ocupar su pecho casi por completo. Le dijeron que era un cáncer muy grave, los médicos firmaron su sentencia de muerte. Pero ella no era así, no era de las que se rendía, su forma de ver la vida no le permitía dejarse morir. Lo primero fue extirparle el tumor, su pecho quedó reducido a una fina piel sobre el esternón, lo segundo fue tatuarle unos puntitos azules, los objetivos de la radioterapia. El primer día, en la sala de sueros le ofrecieron una coca cola, ella dijo que prefería una fanta de limón, así de inocente llegó a aquel lugar. Más tarde sabría que era para intentar contrarrestar las náuseas de la quimio. De aquella época recuerdo poco, la única imagen que tengo es la de estar ante la fachada del hospital con mi abuela, con un frigopie en una mano, y con la otra saludando a mi madre que me miraba desde la ventana. El cáncer era duro pero ella lo fue más, y un tiempo más tarde, los médicos calificaron literalmente de milagro la desaparición total del cáncer y la metástasis. Por supuesto que en un primer momento sobrevivir era su prioridad, siempre me ha dicho que lo hizo por mí, que hizo lo imposible y lo increíble por no dejar a su hija de dos años sola, que rogó al universo para que la dejara vivir por lo menos hasta que yo cumpliera los 18. Pero... y qué pasa cuando ya lo superas, cuando te miras al espejo y ves como ha quedado tu cuerpo, cuando sabes que no podrás tener ese hijo que ibas a buscar, cuando sabes que tendrás que hacer el amor con tu marido, desnudarte y aceptar que una parte de ti no está. Desde fuera es fácil decir que no pasa nada, que con lo que has superado tienes que estar orgullosa, tienes que estar satisfecha, con la autoestima alta. Yo ahora ya soy una mujer, estoy casada, y sé lo que supondría que arrancancaran una parte de ti. Ellos no se tenían que mirar al espejo cada día, enjabonarse el cuerpo palpando sus diferencias, ellos no tendrían que comprarse bañadores y bikinis especiales, y aún así no estar tranquila en la playa, y si se nota, me miran, será que se me nota algo... por suerte yo no tengo ese problema, pero yo he sido la que entraba al probador con ella, la que jugaba con su prótesis de silicona, yo he visto y notado su lucha por no sentir que le habían quitado su feminidad.


Yo tenía doce años, mis padres se acababan de separar, y mi madre habló conmigo, me dijo que necesitaba operarse, quería reconstruirse, lo necesitaba, ahora que estaba sola, tenía que hacerlo por ella misma, necesitaba recuperar cosas que había perdido por el camino. Me advirtió que iba a ser duro, y se quedó corta, fueron viajes y vacaciones aplazados por las operaciones, noches en el hospital, era una niña poniendo cuñas y duchando a su madre dolorida que no podía moverse, largas horas en la sala de espera mientras la operaban con anestesia general, con miles de angustias y miedos en la cabeza, qué pasaría si me quedaba sola, mis padres estaban separados, mi padre vivía con una nueva mujer, y mi relación con él en aquel momento no era muy buena. Fue duro sí, pero ella supo hacer que me quedara una gran sensación, vivimos grandes momentos juntas, la final de Gran Hermano 1 en la habitación del hospital, un atardecer de Domingo relajadas, comiendo bombones... Quizá me perdí cosas, quizás no tuve tiempo para ser una adolescente normal, quizás viví situaciones que no me tocaban, pero es que ella se lo merecía, sé que a una madre se la quiere, pero yo siempre la he querido el doble, la unión que teníamos no era normal, cómo no iba a apoyarla, si había luchado contra la naturaleza, contra una enfermedad mortal por mí, cómo no iba a concederle su pedacito de mujer que le faltaba, eran unos años duros a cambio de la visión que tenía del mundo, de vivir cada minuto con felicidad, de todos los momentos especiales que tenía gracias a ella.


La semana pasada fue a su revisión anual, el médico la miró serio, miró los resultados y al fin sonrió, le han dado el alta oficial, después de 25 años sin rastro de cáncer. Cuando me lo dijo no pude evitar llorar, sé que el mérito es completamente suyo, pero un sentimiento de alivio y superación me invadió, la imagen de mi madre a los pies de mi cama sin poder acercarse a mí por el tratamiento, y el nudo en la garganta por no poder abrazarla vino a mi mente, creo que la niña de dos años que era entonces supo estar a la altura, que la adolescente que la apoyó en la reconstrucción también lo estuvo... me alegro de haber sabido hacerle más fácil los duros momentos que le tocó vivir.
En definitiva, mi madre es un ejemplo de lucha y fuerza de voluntad, es la persona que me ha enseñado a hacer fácil lo difícil, a hacer fácil lo que otros tachan de imposible.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Cambios que no esperaba

Siempre he creído que si era capaz de hacer ciertas prácticas sexuales, que si era capaz de obedecer, de adoptar posturas... ya sería una buena sumisa. Pero no, hay veces que no me siento una buena sumisa, da igual que desde fuera lo parezca, cada uno sabe lo que siente por dentro, da igual que acabes las preguntas con un "Amo", da igual que lo llame de Usted... todo eso da igual si crees que todo eso es por ti, que el placer va dirigido a ti. Nunca me consideré una mujer "creída" nunca me consideré superior a nadie, nunca pensé que fuese prepotente... pero lo bonito del proceso que estoy viviendo junto a mi Amo, es el autoconocimiento, y he descubierto en mi interior soberbia y egocentrismo. No me importa decirlo, que tire la primera piedra el que sea perfecto, no me importa decir mis defectos porque una vez descubiertos ya solo queda cambiarlos y mejorar. Ha llegado el momento de analizar nuestra relación, cómo empezó, cómo ha cambiado... quizá empezamos con el D/s porque yo lo propuse, porque era mi necesidad, pero ese vacío se llenó, ahora no soy sumisa por mi necesidad, ahora lo soy por la suya. Ahora es cuando me educa en Sus normas, no en mis fantasías.
"Dejemos de ser así", le dije un día gris, lo dije desde el egoismo de creer que todo era por mí, que yo decidí cuando empezar y yo podía decidir cuándo acabar, creyendo que Él sólo actuaba así por mí, pero que le daban igual los protocolos, los castigos, el bdsm, que le daba igual dominarme "Si de verdad no quieres seguir así, se rompe nuestro contrato, pero yo no puedo volver a ser como antes, creo que no podría estar contigo si no eres mía". El corazón se me aceleró, y la realidad apareció ante mis ojos, me dí cuenta de que esto ya no era un juego, que ahora era Él el que me pedía algo, que igual que el decidió se mi Amo, ahora era yo la que debía decidir si quería ser Su sumisa. Lo amo con todas mis fuerzas, ha hecho tanto por mí, me ha dado y me da tanto... que no podía hacer otra cosa, sólo había una opción, entregarme.
Y bueno, ahora pasan así mis días, aprendiendo a ser Suya de verdad, aprendiendo humildad a base de castigos, aprendiendo a satisfacer sin esperar nada para mí, aprendiendo cuál es mi auténtico sitio. Y ¿ Cómo me siento ante todo esto? Tranquila. Por fin se está callando esa vocecita caprichosa que no paraba de reclamar lo que ella necesitaba, la que me ha estado atormentando toda mi vida. Al fin siento serenidad, al fin siento que mi sumisión natural está satisfecha. Al fin se apagaron todos esos deseos que me abrumaban y me creaban vacios, infelicidad, ahora el único que necesito es el Suyo, Su deseo es lo que me hace feliz.

Siento que todo ha cambiado, que nosotros hemos cambiado, y no sé si ya os lo he dicho, pero...
me encantan los cambios.

martes, 15 de octubre de 2013

Sexo

Sexo, sexo, sexo... quiero sexo, del sucio, salvaje, animal, del de darse besos fuertes, tan descontrolados, que los dientes se chocan. El sexo de las guarradas al oído y gritadas. Sexo de sentir el cielo teniendo el infierno en la entrepierna. Sexo de estar quieta mientras juega con mis pezones mirándome lascivo, del que recorre mi cuerpo con Sus manos mientras decide por dónde me folla. Quiero nuestro sexo intenso, del que a la bofetada le sigue una lengua invadiendo mi boca. Obsceno y vulgar, pero que juntos lo elevamos a obra de arte. Sexo del de follar como perros, a cuatro patas, tirándome del pelo. Sexo de humedades, salivas y flujos, del de olores fuertes a sudor y excitación. Del que gusta hasta hacerte llorar. Esa magia de combinar movimientos lentos y profundos, con cortos y fuertes. Ese sexo en el que me siento vulnerable y una diosa, a partes iguales. Sexo de "Amo no puedo más, no puedo más, lo siento lo siento" y correrme sin remedio, viendo como Él se retuerce derramándose dentro de mí, con tanto placer acumulado, que sufre a la vez que disfruta. Sexo del que tienes que ducharte con agua fría para limpiarte y calmar la inflamación, el ardor del cuerpo. Ese sexo del que al terminar sólo te deja balbucear palabras, no puedes decir ni un "Buenas noches". Del que te duermes sintiéndote la persona más afortunada del mundo. Ese sexo...

lunes, 7 de octubre de 2013

Sentirse sumisa

En estos años que llevo intentando materializar mi fantasía de sumisión, he aprendido a diferenciar sentimientos. Por un lado está el deseo desde pequeña, una fantasía que siempre ha estado ahí, por otro lado está mi deseo sexual, el que se satisface con un juego o reproduciendo una situación en un momento concreto pero que acaba y no se extiende a tu vida fuera de la cama. Y por último y más importante está el sentirte sumisa, saber que realmente lo eres, que perteneces a alguien, y se manifiestan esas sensaciones que te llenan por dentro. Por mi propia experiencia, y por lo que a veces veo, las sumisas tendemos a "exigir" a nuestros Amos que nos hagan sentir así, les exigimos ciertos comportamientos que nos recuerden que les pertenecemos, cogemos una postura un tanto cómoda, en la que si no me castigan, si no me recuerdan que siga con el protocolo, el Amo lo hace mal, me frustro porque no me hace sentir sumisa.
Yo sufrí mucho con eso, actuaba mal, esperando ese castigo que me hiciera sentir, no cumplía los protocolos esperando una orden que me recordara mi sumisión... y mi Amo se frustraba, y volvíamos a la rutina de pareja normal. Hasta que me di cuenta de que igual que yo necesito que me hagan sentir sumisa, en algunos momentos, Él necesitaría que lo hicieran sentir Amo, necesitaría ver que tiene autoridad real, que sus castigos tienen efecto, sirven para algo. Supongo que tiene que ser triste ver, que te esfuerzas en educar a una sumisa y que ésta se lo toma a pitorreo, al igual que tiene que ser agotador ver que todo depende de ti, que si no estás constantemente encima de ella, ella no te hace caso, que solo tu soportas el peso de una relación D/s.
Cuando llevábamos épocas sin un atisbo de D/s, me hundía, y llorando hablaba con mi marido y le decía que no quería que esto fuese sólo una fantasía, que no quería que fuese solo un juego ocasional, le echaba en cara que nuestra relación era como una teatro de sumisión y dominación que no terminaba de profundizar, que al final siempre se extinguía. Hasta que llegó un momento en que una bombillita se encendió en mí, abrí los ojos un poco más y comprendí que la que no se tomaba en serio todo aquello era yo, que no paraba de repetir una y otra vez que era sumisa, y mientras yo parloteaba palabras vacías, Él se convertía en un Amo, pero yo no en una sumisa. No cumplía mi palabra, no seguía los protocolos si Él no me lo recordaba, no actuaba si no me lo ordenaba, era un robot, no una sumisa.
Recuerdo el primer gesto que hice como tal. Él se estaba duchando, me senté a esperar a que terminara, cogí el albornoz y se lo puse al salir, "Aquí tiene Amo", Él me besó orgulloso cogiéndome de la barbilla "Muy bien, así me gusta". Mi Amo no me había ordenado nada, no me había castigado, no había interactuado conmigo para nada... pero yo me sentí más sumisa que nunca. Y es ahí donde empecé a entregarme de verdad, cuando Él fue poseyéndome cada vez más, cuando juntos comenzamos a hacer de nuestro matrimonio, de nuestra rutina, una relación D/s real, sin descansos, sin forzar... y es que ahora Él me domina y yo me someto de manera natural.
Ahora sé que "sentirse sumisa" no es lo que siento cuando Él me ordena que le bese los pies, es un deseo intenso e irrefrenable de tirarme al suelo y besárselos.

viernes, 4 de octubre de 2013

El adiós a mis fantasías

Las fantasías siempre me han fascinado, he tenido millones de ellas. Desde pequeña, por las noches me quedaba dormida fantaseando, secuestros, colegios de niñas internas, una enfermera severa… Siempre han formado parte de mí, pero hace mas o menos un año comenzaron a disminuir, lentamente se han ido extinguiendo y ahora sólo quedan restos de ellas… sinceramente es algo que me preocupaba, disfrutaba mucho con ellas, con esas situaciones imposibles que me excitaban. Desde hace un año, me siento mal cuando fantaseo, siento que traiciono a mi Amo con “otros/as”. No comprendía bien este fenómeno, me angustiaba, pero ayer lo comprendí… Aunque llevamos cinco años intentando hacer del D/s nuestra forma de vida, fue hace un año cuando algo cambió, hasta ese momento habían sido intentos, ajustes, mi Amo no era Él, era el Amo que yo deseaba y que intentaba amoldar a esa imagen de mi cabeza… pero hace un año, Él empezó a definirse, ya no era “mi Amo soñado” era un Amo, con sus gustos, formas y caprichos, y era yo la que me tenía que adaptar a eso, por algo era la sumisa. Y aquí es cuando empezaron los grandes momentos, empecé a sentir la incomodidad de la verdadera sumisión, la que te obliga a hacer cosas que no te apetecen en un momento que no es el adecuado para ti.
Mi Amo comenzó a meterse en mi mente, sin darme cuenta la conquistó, tanto, que si fantaseo con otras situaciones de secuestradores, enfermeras y demás, soy consciente de que no son mi Amo, que si fantaseo con mi Amo haciéndome determinadas cosas, sé que no es real, porque a Él quizá no le gusten. Todo esto puede parecer algo malo, negativo, pero hoy lo veo claro, simplemente es un cambio, en la vida hay que madurar y avanzar, aunque lo anterior nos gustara no podemos aferrarnos a ello. Mis fantasías se están volviendo más maduras y realistas, tanto, que me da miedo imaginarlas, tendría que contárselas a Él y probablemente se cumplirían, y me asusta… me asusta porque otra cosa que he descubierto de las fantasías es que en la cabeza son mucho más llevaderas que en la realidad.
Así que ahora no fantaseo tanto, mezclo deseos con recuerdos, recuerdos de las que ya he cumplido, recuerdos de las que mi Amo ha cumplido conmigo. Y me doy cuenta de que todas las fantasías que me han acompañado desde pequeña eran una manera de dar salida a mi sumisión, darle forma para no estallar, para no sufrir de más, eran un reflejo de lo que anhelaba… por eso se están marchando, o están cambiando, porque la sumisión ya es mi forma de vida, ya no tengo que desearla, sólo vivirla.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Una edad difícil

Las fantasías rebosaban en mi cerebro, el suelo del baño estaba frío, mi entrepierna ardía, me tocaba con los ojos cerrados, imaginando que no eran mis manos las que lo hacían, que no eran unas delgadas y temblorosas manos adolescentes las que me daban placer, sino unos dedos rudos, fuertes y masculinos los que acariciaban mi coñito… Un sentimiento profundo y amargo me embargaba, fantasear era delicioso y traicionero, siempre me gustó conseguir lo que me proponía y ese deseo, en ese momento, me parecía imposible de cumplir. Me incorporé sudorosa, sentada en el suelo miré a mi alrededor, qué podía hacer… Y lo supe, luchaba contra lo que sentía y necesitaba, la lógica no encontraba sentido a todo aquello, pero el instinto me gritaba, me empujaba histérico… Con el inodoro cerrado, apoyé mi estómago en la tapa, el frescor de la misma erizó mi piel y pezones, lo que no ayudó a sofocar mi excitación. Me imaginaba en las rodillas de un hombre, agarraba mis nalgas fuerte, me las pellizcaba, clavaba las uñas en la carne, me dolía, pero no podía parar… Necesitaba ese dolor para calmarme, estaba enfadada conmigo misma por someterme a todo aquello, necesitaba inflingirme castigo por toda aquella extraña lujuria, no entendía porqué yo era distinta a mis amigas de 14 años, porqué yo sentía esas cosas, el estar en un colegio de monjas no ayudaba mucho, sentía el pecado corriendo por mis venas, envenenándome con pensamientos que me atormentaban pero que me liberaban… Y entonces rompí a llorar, lloré por el daño en mis nalgas, lloré por lo ridícula que me veía encima del water, por lo ridícula que era mi lata de nesquik donde guardaba objetos cotidianos a los que yo le daba un uso más perverso, y sobretodo lloré por que necesitaba que la puerta de mi baño se abriera de repente, y ese hombre de mi cabeza se manifestara, me agarrara del pelo y me reprendiera por ser una niña sucia, necesitaba que ese hombre al que le pertenecía en mis fantasías fuera real, rogué con el sabor de las lágrimas en mis labios, recé porque sucediera un milagro oscuro y perverso, lo necesitaba tanto… la puerta no se abrió, la realidad me abofeteó todo lo fuerte que pudo, ese hombre no existía...


Mi cuerpo se relajó, dejé mis brazos colgando, estaba abatida, triste, con una amargura poco propia de una niña de mi edad. Sin ganas de nada recogí el baño, me di una ducha y me vestí, mi madre pronto llegaría a casa y yo tenía que volver a ser la niña “normal". Con mi oscuro secreto guardado bajo llave.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Al techo 3ªparte

“Muy bien tesoro, así me gusta, que me obedezcas” aunque su polla me penetraba completamente, ante esa situación noto como la presión aumenta, se está excitando aún más y noto sus espasmos de placer dentro de mí. Empieza a entrar y salir un poco, intenta habituar mi culo a sus movimientos, quiere controlarse, pero la situación puede con Él y comienza a dejarse llevar. Se dobla sobre mi espalda, para agarrarme los pezones, sabe que ante eso mi cadera se moverá sin que pueda controlarla. El dolor sigue presente, pero a mi cabeza ya no le importa. De repente para, la saca, y con un gesto rápido me tumba sobre la alfombra boca arriba, agarra mis piernas estiradas con una mano y con la otra se ayuda para volver a penetrar mi culito. Una vez dentro, me abre, se tumba sobre mí y me presiona con el peso de Su cuerpo, se mueve rápido, duele, le pido que pare… “Perdóname pelusilla, no voy a parar, lo siento, pero no puedo” me dice mientras me enviste rápido y profundo, pero lejos de no gustarme, mis manos se han deslizado hasta sus nalgas, agarrándolas con desesperación para que me llegue mas profundo, acompañando su movimiento cuando sale y entra… entre jadeos y cara de dolor le pregunto “¿Amo, puedo correrme?” asiente. Lo agarro aún más fuerte y le incito a que haga los movimientos más largos... ya no puedo resistirlo, me siento tan Suya, sufriendo por Su placer, disfrutando con algo que otros tachan de tabú, con el clítoris tan inflamado y palpitante que me corro sin remedio, un orgasmo intenso y salvaje, que me hace gemir fuerte, morderme el labio y apretar fuerte los ojos. Los abro lentamente, cuando pasa la sacudida, veo Su cara, otra vez esa sonrisilla, no, no puede ser “tu te has corrido, pero a mí aun me queda un rato” la desesperación me invade, soy consciente de mis límites, y sé que tras un orgasmo, cualquier atisbo de placer desaparece, por lo menos por unos minutos, los justos que Él necesita para llegar, sé que ahora sí voy a sufrir.


Sigue embistiéndome, sólo siento angustia y dolor, quiero que acabe ya, pero también sé, por experiencia, que si Él quisiera podría aguantar horas, tengo que andarme con cuidado, como las quejas y las malas caras no darán resultado decido usar mis armas… me llevo dos dedos a la boca, los lamo lento, paso mi lengua entre los dos, lo miro provocativa y los deslizo hasta mis pezones, jugueteo con ellos. Pellizcando y acariciándolos consigo que se le ponga más dura, que en sus ojos la excitación sea más palpable, pero no es suficiente. Pongo una mano a cada lado de Su cara, lo acerco a la mía y comienzo a darle un beso húmedo y profundo, lo beso con desesperación, llenado Su boca con mi saliva , me separo un poco, le giro la cabeza para susurrarle “ Sí Amo, fóllele el culo a Su putita, hágame sufrir, que es lo que me merezco, lléneme de leche, quiero sentirla dentro de mí, marque Su territorio con ella, derrámese mientras lloro de dolor” los espasmos comienzan, me embiste con más fuerza, aguanto sin quejarme, sé que ya queda poco. Cierra los ojos, gime y pone ese gesto de placer que solo le sale cuando tiene un orgasmo gracias a mi culito, da las últimas sacudidas y se desploma sobre mí.
Me besa toda la cara con besos cortos y suaves, me mima como a un tesoro, está satisfecho y orgulloso de mí.
Yo, cansada, hipersensible y dolorida, pero llena de felicidad, llena de Él.