Ya os he contado muchas veces que con mi madre tengo una relación muy especial, os hablé de ella en este post. Ha sido siempre la persona que me entiende, la que me da los mejores consejos y a quién me apetece llamar cuando me pasa cualquier cosa, buena o mala. Cuando comencé a vivir todo esto la eché mucho de menos, me enfrentaba a conflictos internos que sabía que sólo ella podría calmar, pero era incapaz de contárselo. Así que pasaron los años y fui acostumbrándome a vivir ciertas cosas sin ella, y me sentía realmente mal, como si la apartara de mi vida, de lo que soy. Ella nunca me ha rechazado por nada, cuando me quedé embarazada de mi primera hija, lo primero que hicimos fue contárselo a ella, yo era muy joven y tenía asumido que mi madre reaccionaría como se espera en esos casos, llevándose las manos a la cabeza. Pero ella se quedó quieta, delante de mí, y lo primero que me preguntó con una enorme sonrisa fue: “¿Pero por qué lloras, tonta?” Me montó en el coche, me llevó al hospital para asegurarnos que todo estaba bien y por el camino me quitó todos los miedos a base de ilusiones “¿Qué nombre le pondrás? - Nacerá para el verano, la mejor época para sacarla de paseo – Es normal que él esté asustado, pero seguro que será un gran padre – Que sepas que por lo menos la cuna es cosa mía - Seguro que será un bebé precioso…” Este es un ejemplo de por qué me dolía ocultárselo, si ella siempre me ha aceptado sin juzgarme.
Un día yo estaba muy triste, ella me preguntó que qué me pasaba y yo le dije que no podía decírselo, que no lo entendería. Traté de explicarle con metáforas pero fue peor, me miró muy seria y me dijo: ”Yo sé lo que te pasa, eres ninfómana ¿Verdad? Creo que lo has heredado de tu padre y no pasa nada” Me quedé a cuadros y me dio por reír “No, mamá, no soy ninfómana” Así que decidí decírselo. Es muy difícil transmitir lo que eres en dos palabras que ni siquiera te gustan, pero hay que resumirlo de alguna manera: “Soy sumisa” se quedó igual “No pasa nada, yo antes también era muy sumisa, y por eso he trabajado todo este tiempo para saber qué quiero y no decir que sí a todo…” no lo había entendido, el error de esa palabra es que también corresponde a una característica personal negativa. El problema vino cuando me di cuenta de que ni siquiera había oído hablar del tema, cuando tuve que explicarle lo que es ser sumisa, lo que es el BDSM, lo que implica… Al terminar me hizo la pregunta que sabía iba a hacer: “¿Crees que yo he hecho algo mal como madre, crees que eres así por algún error mío?” No, no se lo toméis a mal, no era en plan ¡¿Dios mío en qué me he equivocado!? Siempre se ha esforzado mucho en ser buena madre, le ha dado mil vueltas a las cosas por hacer lo mejor para mí, para convertirme en la mejor persona posible, esa pregunta es la misma que yo me hacía ¿Cuál es el origen de todo esto? Le expliqué tranquilamente que ella no tenía nada que ver, que esto no era una condición derivada de nada, y si lo es da igual, yo soy feliz así, no hay que darle más vueltas, le dije que cambiara la palabra sumisa por lesbiana ¿Crees que eso sería consecuencia de algo? “No, creo que es algo que eres y punto” Pues igual, mamá. A partir de ahí todo ha sido aceptación. Puedo hablar con ella con normalidad, evitando decir mi marido me azota o me abofetea, son términos que no veo necesario utilizar, más que nada porque ella lo admira y lo quiere como a un hijo, y no querría que eso se enturbiara. Con ella puedo hablar de la parte más profunda de todo esto, que es lo que necesito.
lunes, 31 de agosto de 2015
Mamá, soy sumisa
lunes, 24 de agosto de 2015
24/7 y machismo
He leído un tweet que asociaba el 24/7 al machismo. De primeras me ofendió, pero eso en twitter es muy común, la gente opina sin fitro ni consideración. Pero este fue algo diferente, ya que, a parte de la ofensa, me pareció una asociación peligrosa, más en estos tiempos en que la sensibilidad con la violencia de género está a flor de piel. Realmente me di por aludida ya que ¿Significa que me creo una esclava y en verdad soy una mujer maltratada? Creo que desde sus orígenes el BDSM ha tratado de trazar una gran diferencia entre maltrato y él. Y si todos vemos claro, que no es lo mismo una bofetada de un marido a su mujer sin su consentimiento, a la de un Amo a su sumisa en la cama ¿Por qué no vemos que es diferente que un marido le exija a su mujer que le sirva la comida, por obligación, a que un Amo se lo ordene a su sumisa? Es exactamente lo mismo, la diferencia entre una situación y otra es la misma, solo cambia el escenario. Ahora bien, se me podría argumentar que una sumisa de sesiones, en cuanto sale de la sesión es más libre que yo, que conserva más libertad que yo. Para empezar, yo he dado pie a ello, nadie me ha obligado a ser esclava de nadie, al revés, y para continuar, que no lo entendáis no significa que esté mal. SERVIR 24 HORAS A UN HOMBRE NO ES SINÓNIMO DE MACHISMO ¿Por qué? Para que lo entendáis me iré a la definición de machismo: 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Mi Amo no se siente superior a mí por ser un hombre, se siente superior porque es mi Amo. No va por la vida diciendo que las mujeres son inferiores, no va dando órdenes a toda la que pilla. Lo que ocurre en mi casa no es machismo es BDSM.
Si queréis más ejemplos pondré algunos que forman parte de mi vida. Empezaré puntualizando, de nuevo, que mi Amo y yo fuimos pareja vainilla varios años antes de ser Amo y sumisa. En esos años no vi ni un atisbo de machismo, al revés, para Él fue difícil sacar su parte dominante porque le parecía mal verme y tratarme como inferior, hasta que que asimiló que no lo hacía por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de que era Suya y yo, LIBREMENTE, me había entregado. Entonces... ¿Se le apareció el fantasma de las navidades de 1950 y de repente se convirtió al machismo? Más bien comenzó a ser Amo, cosa completamente distinta. Y también hablaré de trabajo, creo que si mi Amo fuese un hombre machista en vez de un Amo, con el nivel de posesión que tiene sobre mí, habría muchas cosas que no me dejaría hacer, trabajar por ejemplo. Mi trabajo se basa en gran parte en la imagen y las relaciones públicas. Siempre voy arreglada, guapa e incluso sexy, no voy a negar que atraigo a algunos hombres ¿De verdad creéis que un marido machista me dejaría ir a trabajar así, o siquiera ir a trabajar? No, pero es que otra diferencia entre un hombre machista y un Amo, es que al primero le da exactamente igual que su mujer se desarrolle o no, sea feliz o no. El segundo quiere que su sumisa llegue a realizarse, llegue a ser la mejor versión de sí misma de Su mano.
Repito, mi casa no es una casa machista, tengo dos hijas y como padres, LOS DOS, no queremos educarlas así, queremos que sean mujeres fuertes, libres y alejadas lo máximo posible del machismo. Si me ven fregar los platos luego ven a su padre planchar, si yo las llevo al cole, Él las ayuda con los deberes… El 24/7 no se trata de azotar todo el día, ni siquiera se trata de que Él se mueva lo menos posible, no se trata de que esté dándome órdenes cada minuto, se trata de que cuando me da una orden la cumplo al instante, de que he de seguir una serie de protocolos, es más pedir permiso que poner prohibiciones porque sí, se trata de que noto su dominio en cada decisión que tengo que tomar, en cada pensamiento, me siento inferior ante el poder de UNA PERSONA CONCRETA, NO DE UN HOMBRE CUALQUIERA. El 24/7 es suave, cotidiano, constante y muy profundo.
En resumidas cuentas ¿Por qué someter a una sumisa en la cama no es machista y ordenarle que te traiga unos zapatos en el sofá sí? Es lo mismo, el mismo sentimiento, la misma profundidad, el mismo dominio, solo que más alargado en el tiempo. Otra cosa importante, Él me infunde respeto, pero no le tengo miedo.
Y una última observación, si el 24/7 no es BDSM sino machismo ¿Dónde metemos a los hombres, a los gays y lesbianas que también quieren vivirlo o que ya lo viven?
No hagamos asociaciones simplistas, si el 24/7 fuese machismo, mi Amo sería un maltratador y yo una mujer maltratada, y no estoy dispuesta a que, con los tiempos que corren, con lo mucho que he trabajado mi personalidad, con lo mucho que hemos trabajado nuestra relación, se nos acuse de tal cosa.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Otro pequeño gran paso (2ªParte)
A la noche siguiente de recibir el castigo (post 1ªparte) nos pusimos a ver una serie como hacemos muchas veces, pero esta vez le bajé las pinzas y el Hitachi. No sé por qué lo hice, me gusta que la iniciativa sea Suya, no me parece de "señorita digna" ofrecérselo yo pero, como os dije, quería cambiar, quería conocerme a fondo, aceptarme de verdad. Sonrió al ver los elementos, me colocó las pinzas de madera alrededor de los pezones y nos pusimos a ver la serie abrazados. De vez en cuando me las movía y acariciaba para torturarme un poco más. Terminó la serie y me puso de rodillas en el sofá, con las manos atrás y los ojos cerrados. Estaba completamente encogida con los hombros en tensión, esperando el primer manotazo. Llegó y fue horrible, como esperaba. Pero entonces pensé que quizá ahí estaba el problema, estaba aceptando que el dolor no me gustaría, que el dolor es una sensación espantosa y fea, pero… ¿Y si me relajaba e intentaba sentirlo en vez de tenerle miedo? Relajé los hombros, respiré profundo y me dispuse a sentir el dolor como sensación, sin esperar nada bueno o malo, solo sentirlo. El dolor llegó, pero esa resistencia mental ya no estaba, e incluso sentí cómo me excitaba. En todo este tiempo mi Amo me tocaba al azotarme y me preguntaba que si no me gustaba por qué me mojaba tanto. Yo realmente no lo entendía, no había sentido nada de placer, pero ahora creo que estaba tan centrada en la mente, en los pensamientos, en racionalizar el dolor, en repetir tanto que no me gustaba que estaba ignorando las señales de mi cuerpo. Así que lo sentí. Las pinzas fueron cayendo y fui entrando en una vorágine mental, una ensoñación. Lloraba, pero no de dolor o súplica, era desahogo. Cogió el Hitachi y lo pasó por mis pezones doloridos y sensibles. Me abofeteaba mientras tenía los ojos cerrados, al principio me encogía pero, igual que con las pinzas, me dejé llevar. Eran sólo bofetadas, nada podía pasarme, Él me quiere y no me pondría en peligro. El miedo fue desapareciendo, me tumbó, presionó mi cuello mientras me aplicaba la vibración en el clítoris. Alternaba bofetadas, ahogo, pellizcos… unos pensamientos distintos me vinieron esta vez. Me repetía a mí misma que era una guarra, que mirara lo que me dejaba hacer por un orgasmo, que mirara lo que me dejaba hacer por un hombre, que nadie me había forzado a estar ahí, que yo solita lo había escogido. Creo que todo este tiempo he fantaseado tanto con que acababa sometida a la fuerza porque no había aceptado del todo que yo me sometía por mi propia voluntad. Me he dado cuenta de que desde niña he utilizado mis fantasías para no ver la realidad, supongo que para mi mente infantil era difícil sentir todo aquello, así que desarrollé una especie de mecanismo mental, una forma de vivir lo que quería sin afrontar que era por mi propio deseo. Ese día, mientras mi Amo me hacía todo aquello, conseguí relajarme, conseguí desactivar ese mecanismo y aceptar que no me compró en ningún sitio, que nadie me ha secuestrado y forzado a ser así, por primera vez en mi vida acepté realmente que me someto voluntariamente, que yo solita me entregué a un hombre.
Lo miraba, estaba tan guapo ahogándome, lo veía disfrutar de las bofetadas, y me repetía a mí misma que me gustaba ser el motivo de esa cara y que además no sufría por ello, sino que me encantaba. Me apretó el cuello y el hitachi y, mientras pensaba en lo que era capaz de hacer por sentir, me corrí como nunca me he corrido, sin contención, lento e intenso, sin apretar ningún músculo de mi cuerpo, noté un líquido caliente saliendo de mí, chorreando, me había hecho pis o no sé qué leches había hecho, pero era la primera vez en la vida que me pasaba. Cuando terminé un llanto sentido se apoderó de mí, Él me cogió y me abrazó: “Tranquila, estoy aquí, contigo”. Lloré un rato, lloré por haber sido mi propia enemiga, por haber vivido toda la vida bajo el yugo del miedo, del “es mejor contenerse que sufrir”, he vivido reprimida creyendo que no lo estaba.
Por otro lado, he establecido una nueva relación con el dolor, no es que de repente me guste, simplemente he conseguido que mi mente lo acepte un poco más. Antes estaba predispuesta a aguantar esa sensación, ahora lo acepto como un sacrificio por Él, es algo que forma parte de estar sometida, que es lo que me excita. Por ello, cuanto mayor sea el sacrificio, la sensación de estar sometida es mayor y mayor la excitación. Aunque no cantaré victoria aún, de los azotes no he conseguido obtener placer todavía…
Como ya me pasó a principios de año y que os conté en este post, mi visión del mundo se ha abierto un poquito más y todo gracias a Él, a que no se ha rendido nunca conmigo, a que es capaz de ser paciente y severo, a que me dice las cosas como son, a que hace lo posible por verme feliz, aunque duela.
Llevo toda la vida sabiendo lo que soy, llevamos 7 años como pareja D/s, pero me queda mucho que aprender, y sobretodo, muchas barreras mentales que destruir. Estoy muy ilusionada, creo que al fin he cogido el camino adecuado para dejarme llevar y dejarme disfrutar.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Otro pequeño gran paso (1ª parte)
Para empezar diré que hay veces que me he sentido un fraude como esclava. Creo en el equilibrio, creo que sin él nada funciona. En mi caso la emoción y el físico no están equilibrados. Emocionalmente soy fuerte, o al menos me es más fácil avanzar, no me menosprecio, sé que eso es difícil, pero a mí me atormenta ya que sé que ese es mi punto fuerte, qué merito tengo si sólo avanzo en lo que me es sencillo… Me habréis escuchado muchas veces decir que no soy masoquista, que sufro mucho con el dolor, pero no es eso, es que no lo asumo bien, lo rechazo, no lo quiero en mi cuerpo. Es cierto que en estos años he avanzado en este aspecto, Él me ha ido entrenando, ahora mi tolerancia al dolor es más alta. Esto es otra cosa que me parece curiosa, desde pequeña los médicos me han dicho que tengo una tolerancia a dolor muy alta, con 7 años me rompí la tibia y el peroné, yo estaba empeñada en que no era nada, para demostrarles a mis padres que solo era hinchazón por el golpe fui andando al baño apoyando los dos pies, pasé una noche con los dos huesos completamente fracturados, al día siguiente me llevaron al hospital, me los había encajado. Dos médicos tuvieron que agarrarme, uno de los hombros y otro del pie para tirar y volver a ponerlos en su sitio. Me advirtieron que dolería mucho, que podía gritar, que hasta los adultos lo hacían e incluso se desmayaban. Tiraron, apreté un poco lo labios y nada más. Claro que dolió, pero no me pareció suficiente como para gritar. Ejemplos como ese tengo varios, una matrona me dijo que siempre se acordará de mí por lo bien que llevé las contracciones del parto. Esto me torturaba, por qué si mi tolerancia en general es tan alta, me dan cuatro azotes y ya no puedo más, por qué ese dolor no lo asimilo igual, por qué no lo quiero.
El lunes volvimos de nuestra escapada a Madrid, siempre que voy vuelvo llorando, lo paso tan bien allí que me duele separarme de todo lo que esa ciudad significa para mí. Mi Amo conducía y me preguntaba que en qué pensaba, yo se lo decía, a pesar de saber lo mucho que se iba a enfadar. No por la pena de irme de Madrid, sino porque hace mucho que un pensamiento me atormenta, un pensamiento que lo estropea todo. Le dije que otra vez tenía ese pensamiento, lo noté en Su gesto y Su tono, si hubiera podido, hubiera parado el coche en mitad de la autovía y me hubiera reventado. Lo único que me dijo fue: “Eres una puta caprichosa, estoy harto de esa parte de ti. Pero no te preocupes que te voy a ayudar a que desaparezca, verás como esa Ángela caprichosa echa a correr y no vuelve más” temblé y me alivié. Toda la vida he notado esa dualidad en mí, una Ángela madura, razonable, feliz y consecuente y otra Ángela superficial, caprichosa, inconformista y exigente. Llevo 28 años luchando contra ella, le llevo mucho ganado, pero ya hay restos que no puedo, lo intento, pero sola no puedo, ya conoce mis métodos y es resistente a ellos. Pasamos el resto del viaje en silencio, 400 km dándole vueltas, notando Su decepción, notando Su enfado, fue el peor viaje de mi vida. Llegamos a casa de noche, descargamos el coche y subimos al dormitorio. Desnuda me ató manos y pies, me inmovilizó con el culo bien expuesto, me puso la mordaza. Sabía lo que me esperaba, sabía que cogería la rama y azotaría fuerte. El primer golpe llegó, la rama tiene varios nuditos que abren herida a la primera, es un dolor continuo, no es como el escozor de la fusta que se disipa un poco antes del siguiente golpe, la rama solo suma golpes y dolor. Otra vez ese pensamiento en mi cabeza “No quiero esto”, pero ¿Por qué sigo aquí entonces?, una parte profunda de mí pedía más castigo, quería que acallara a esa voz que pide sometimiento pero que solo quiere la parte bonita. Y sí, es que así soy en la vida, veo lo que quiero, aquello que me haría feliz, pero cuando la cosa se pone un poco dura quiero abandonar, solo quiero la parte fácil. Necesitaba sufrir y aguantar. De repente paró “Te voy a dar un descansito” me dio miedo, lo conozco bien, estaba demasiado enfadado para mostrar esa compasión repentina ¿Qué tendría pensado? Me soltó los pies, me enganchó la correa al collar y me llevó al jardín. Me ató a la columna, me tapó los ojos y me dejó sola, a oscuras, con la mordaza y las manos atadas. Al principio no me pareció nada muy malo, hacía una temperatura agradable, el silencio me calmaba, me pareció cien veces mejor que la rama. Pero los minutos pasaron, la mente comenzó a torturarme, los sonidos empezaron a no ser tan amigables, le daba una y mil vueltas a todo: ¿Por qué soy así?¿Qué me pasa?¿Por qué no soy capaz de dejarme llevar?¿Por qué no puedo controlar esa parte caprichosa?... El estómago se me revolvió, no quería estar más allí, no quería escuchar más a mi cabeza. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció una eternidad. De repente Su voz en mi oído, no había oído pasos ni ruido, Él había estado allí todo el rato, aunque yo me había creído sola. Me pareció una metáfora de la confianza preciosa, aunque yo no la había superado. Algunos de mis pensamientos eran de indefensión y abandono, ¿Qué pasaría si me pasa algo?¿Y si la saliva se me va por otro lado y me ahogo?¿Cómo me podría soltar para quitarme la mordaza?... No confié en que Él estaba controlando la situación, me sentí la peor esclava, sumisa, esposa, o lo que sea que soy, del mundo. Al oído me propuso una elección, una hora más allí o 10 azotes con la rama, pero azotes mucho más fuertes de lo que me los había dado hasta ahora. Aunque me pregunté que si los “más suaves” eran una tortura cómo serían estos, no dudé ni un segundo, no quería seguir allí, no quería pensar más, estoy harta de darle vueltas a todo, me sirve hasta cierto punto, pero hay cosas que necesitan terapias más contundentes. Me subió a la cama de nuevo, no me ató “Si en algún momento te arrepientes, me lo dices, paro y te llevo de nuevo a la columna”. El primer azote me cortó el alma, era un dolor horrible. Al segundo en mi interior rogaba clemencia, quería que se apiadara de mí y no me diera los 8 restantes, al tercero en mi interior suplicaba que no se apiadara, sabía que si lo hacía esa Ángela caprichosa no se iría, al revés, tomaría más fuerza. Al cuarto dejé de pensar, sólo lloraba y respiraba. Al décimo estaba exhausta, dolorida y muy agradecida. Me abrazó “No me gusta azotarte así ¿Crees que no me daban ganas de parar al ver las heridas que te hacía?¿Qué no me duele verte llorar así? Esto es duro también para mí, pero sé que lo necesitas”
En ese momento una necesidad de cambio se instauró en mí, Él me había hecho ver de nuevo mis debilidades y lo importante que es cambiarlas, no por Él sino por mí. Pienso en otras sumisas y esclavas y las veo vivir esto intensamente, dejándose llevar, y no es que yo no lo haga, pero aún hay, bueno, había una parte de mí, que no cedía el control del todo, no confiaba ciegamente.
Y este fue el preámbulo de un nuevo descubrimiento, de un nuevo pequeño gran paso. Esto fue lo que hizo que al día siguiente aceptara algo que soy pero que sin darme cuenta llevo toda la vida rechazando...
martes, 28 de julio de 2015
Guiar o tirar
Cuando éramos novios cada viernes Él jugaba en a peña de fútbol de su padre, yo iba a verlo, todo para que su padre nos dejara el coche “para llevarme a casa”. Su padre es de los que cuidan mucho su coche, por eso aún conservaba el primero que se compró que llevaba casette en vez de reproductor cd. Todo esto es para contaros que cada viernes escuchábamos Revolver, las únicas cintas que había en el coche. Al principio no me gustaba, pero como comprenderéis, asocié esas canciones a sensaciones muy positivas, y no solo eso, sino que Revolver ha puesto música a muchos momentos de nuestra vida, incluso a los malos, ha tenido esa canción que te da la respuesta, que te dan ganas de luchar, esa canción sin la que quizá hoy no estaríamos juntos, pero esa es otra historia…
Asustando al huracán - Revolver
Ultimamente vengo observando algo en mí, momentos en los que me siento tremendamente sola, me siento como si nadie entiendese… pero es algo más, es la amargura de sentirme abandonada, es como si sintiese que nadie está haciendo nada por sacarme de ahí. Os pondré un ejemplo de los míos… Un día volvió del trabajo, comimos y nos fuimos a hacer un montón de tareas que yo tenía programadas: floristerías, modista, tiendas, visita familiar… casi todas relacionadas con las bodas en las que estoy trabajando. Él estaba de malhumor, me regañó por algunas cosas e incluso llegó a decirme que si no podía con todo quizá debería plantearme lo de la empresa. En aquel momento otro vendaval de sentimientos me atacó, yo también me puse de malhumor, quería decirle muchas cosas, pero no podía hacerlo. Me planteé si quizá llevara razón, si quizá esto no ha sido más que un juego que debo dejar, si debo renunciar a mis sueños e inquietudes… me volví a enfadar con Él, por no apoyarme en mi sueño, por decirme esas cosas cuando sabe que estoy en un momento de máximo estrés, otra vez me sentí incomprendida y abandonada en el momento más crítico… pero esa voz interior con la que converso mucho me dijo: Ángela, no estás abandonada, estás sola, tú eres fuerte por ti misma, no debes depender del apoyo de los demás para mantener tus sueños. Y entonces ví lo injusta que estaba siendo también con Él, ya que siempre me apoya todo lo que puede y más, siempre está ahí animándome, siempre me dice lo mucho que valgo, aguantándome cuando me pongo nerviosa, o me da la inseguridad, siempre hace lo que sea necesario para cumpir mis sueños. Ese día había tenido una mañana de trabajo difícil, estaba cansado y, al igual que yo los tengo mil veces, Él estaba de bajón. Y lo comprendí, comprendí lo injusto que es apoyarse tanto en otra persona, depositas en ella tu fuerza y si algún día esa persona flaquea, flaqueas tú y encima se lo echas en cara. Y comprendí lo mal que lo hacía conmigo misma también, no soy una niñita desvalida y por eso no puedo actuar como tal, es más cómodo, pero no es bueno para ninguno. Estoy ignorando que soy fuerte, que he afrontado muchas situaciones en la vida con una sonrisa y con valor, y que encontrar a un Amo que me cuida no significa que pueda echar todo el peso en Él. Creo que es difícil en cualquier relación saber llevar este tema, pero en una 24/7 es incluso más, convives con Él, sabes que te cuida, que dependes de Él, que estás entregada a Él, pero en la parte profunda de cada uno estamos solos. Él me cogerá de la mano y me guiará, pero no puedo exigir ni pretender que tire de mí. Este es un concepto muy importante, distinguir entre guiar y tirar.
Y aquí es donde os cuento cómo a raíz de todo esto he conseguido comprender algo que me daba vueltas. Durante muchos años he tenido a veces un dolor intenso en el corazón, el dolor de la ausencia. Mi abuelo era el patriarca de mi familia, él solucionaba todos los problemas, nos aconsejaba, nos guiaba, pero cometió el error de creer que debía tirar de todos nosotros, y nosotros nos dejábamos tirar, era cómodo. Mi abuelo me daba esos consejos, esa estabilidad que mi padre nunca me dio y que en aquella época necesitaba. Era un hombre muy sabio que se fue de una manera muy especial que algún día os contaré. Desde que mi abuelo murió no lloro igual, dejó un vacío, un echarlo de menos en muchas ocasiones, pero no de manera sana, echo de menos que tire de mí como lo hacía. Murió de cáncer en el cerebro, para mí no hay enfermedad más psicosomática que el cáncer. Entiendo que se fue porque no podía más, porque no podía tirar más del carro, ya pesábamos mucho. Esa relación aparentemente tan buena era la relación tóxica de la que hablo hoy, pero llevada al extremo. La carga que le echamos todos fue demasiada, el dolor y la sensación de miedo que sentimos todos cuando se fue, desproporcionada. Cada vez que algo se me ponía cuesta arriba pensaba en él, en lo que mucho que necesitaba su consejo, sentarme en el sofá a su lado a escuchar lo que tenía que hacer, segura de que era la decisión adecuada. Pero esta vez fue distinto. Como algunos sabréis a principio de este mes mi hija y yo nos pusimos enfermas, nos decían que era gripe, pero yo sabía que no lo era, con las pocas fuerzas que tenía hice lo que pude para solucionarlo, finalmente nos diagnosticaron neumonía. Fue de las semanas más duras, en las que más miedo he pasado, y la enfermedad en la que más delirios y paranoias he tenido. La noche que nos lo diagnosticaron no podía respirar bien, me dio miedo pensar que ya estábamos en una fase peligrosa. Ahora lo veo hasta tonto, pero tenía 39 de fiebre. Mi hija estaba dormida tranquilamente, yo en el sofá ardiendo y llorando, con mi Amo luchando conmigo por ponerme paños mojados… lloraba por que quizá mi hija no pudiera respirar tampoco, porque le pasara algo y yo no me diera cuenta, tuve mucho miedo, sentía que nadie podía hacer nada por mí, que ocurriría una catástrofe. En el peor momento me vino a la cabeza mi abuelo, lo imaginé mirándome, cuidándome desde algún sitio, lo imaginaba con sus ojos diciéndome que no dejaría que le pasara nada a mi hija. Llevaba mucho tiempo sin llorar porque sabía que no volvería aunque lo hiciera, pero en aquel momento sí volvió, aunque fuese una visualización o delirio, porque yo lo necesitaba de verdad. Y algo me cambió por dentro, no sabía muy bien el qué, pero hoy lo he comprendido, lo que sentí es que los demás, hasta la persona que más quieres, están ahí para ayudarte cuando lo necesitas de verdad, cuando por ti misma no puedes, entonces es cuando te agarran los brazos para ponerte los paños húmedos, cuando aparecen para decirte que todo va a salir bien, que no siempre depende todo de ti, que puedes bajar la guardia una noche, tranquila de que ellos cuidarán de que nada pase. Pero el resto del tiempo eres tú la que tiene que tirar de ti misma, eres tú la que debes motivarte para cumplir tus sueños, eres tú la que debes espantar a tus fantasmas, eres tú la que debe tomar decisiones, la que debe darle vueltas a sus propios asuntos. A tu alrededor hay personas que hacen esa labor más fácil pero no la pueden realizar ellos, ellos son compañeros con sus propias vidas que sacar adelante.
Me imagino de viejecitos, sé que Él será esa persona referente, ese abuelo sabio, ya tiene mucho de eso, pero yo voy a trabajar duro para ser ese alguien que recuerdas en los momentos difíciles.
Quiero dejar de ser la asustada para ser la que asusta al huracán.
viernes, 24 de julio de 2015
24/7
Miro atrás, me veo con 7 años imaginándome de mayor, deseando sentir todo aquello que no entendía. Me veo ya con 10 años fantaseando antes de dormir, los príncipes no eran para mí, yo quería hombres malos que me esclavizaran, que me retuvieran para obedecerles, para dar rienda suelta a sus fantasías perversas. Con 14 años encerrada en el baño, tocándome, pellizcándome, rezando para que el hombre de mis fantasías abriera la puerta y me dominara. Miro atrás y veo que siempre quise pertenecer cada segundo de mi vida, y aunque ahora tengo eso, aunque ahora vivo aquello que siempre deseé no ha sido fácil, ni lo es.
El 24/7 me ha dado llanto y angustia, puede que ahora sea mi felicidad, pero sigue atormentándome, condiciona muchos de mis pensamientos, condiciona muchas de mis sensaciones y muchas de mis decisiones. He llorado mucho por desearlo y lloro mucho por el miedo que me da a que no sea real, a que todo sea producto de mi mente fantasiosa.
Llevo toda la vida en 24/7, aunque fuesen Amos inventados, estaban presentes en cada uno de mis pensamientos, no sé ser de otra manera. El 24/7 no es algo nuevo, es algo que traigo aprendido no sé de dónde.
Y me he sentido rara, muy rara, me he sentido enferma, loca… y aún no tengo muy claro que realmente no tenga un problema mental, no por ser sumisa, no me malentendáis, sino por esa fantasía que inunda mi mente, por esa habilidad de ver el mundo a través del prisma de mis sueños. ¿Y si creo que se hacen realidad y no es más que una imaginación?¿Y si es producto de mi mente? A ver, las cosas son como son, pero y si esa felicidad que siento es un aliño fantasioso de la realidad.
El 24/7 para mí ha sido anhelar y desear dolores y tormentos que ahora no puedo soportar, es desear que Él sea un sádico a pesar de yo no ser masoquista, es violar todas las leyes de la igualdad y la razón. Es luchar por ser una esclava, por sentir lo que te dicen que no se debe sentir. Es hacer sacrificios por otra persona, renunciar a momentos tuyos, a vivencias, es tener que morderte la lengua en más de una ocasión. Me he sentido un bicho raro, un monstruo, una loca, pero sabía que sin eso no podía vivir, que renunciar a esa parte de mí sólo me traería problemas.
Sé que hoy es el 24/7 que es un día en el que celebrar que lo vivo, que tendría que decir sólo cosas buenas, y es cierto que el 24/7 tiene una parte maravillosa, pero de ella ya os he hablado, esa parte ya la conocéis y seguro que la imagináis, es una parte que lo compensa todo, pero hoy quiero enseñaros que también me ha hecho y me hace sufrir, que tiene una parte dura y difícil, que no es un cuento de hadas y azotes. Hay que estar muy seguro de que es lo tuyo, muy seguro de que quieres formar parte de ello, muy seguro de que eso te hará feliz.
Sé que son divagaciones, pero soy así. Las bofetadas de realidad son las que más daño me hacen, un daño profundo que hace temblar los cimientos de todo en lo que creo. Y es que mi historia es tan bonita que me atormenta.
No sé que es el 24/7 para otros, para mí son unos números que odio y amo a partes iguales, unos números que forman parte de mí, que llevo en cada recuerdo de mi infancia, en cada poro de la piel, en cada lágrima y cada gemido, son unos números que le dan sentido a todo, pero que, a veces, también lo enturbian todo.
El 24/7 es un amasijo de anhelos, deseos, orgasmos, locuras, pensamientos, necesidades, lágrimas, es un amasijo de carne, huesos y sangre que lleva mi nombre.
miércoles, 22 de julio de 2015
Las diferencias
Leyendo este post del blog Mariposas de chocolate, me sentí tremendamente identificada, ya había hablado con una lectora sobre spank y BDSM y yo defendía justo eso, que no es lo mismo, pueden tener rasgos similares pero no es lo mismo. Esta lectora es spankee y sin embargo nos entendemos tremendamente bien, tenemos sentimientos parecidos, y ella se siente identificada con mucho de lo que escribo, pero lo canalizamos de manera distinta, ella con el spank y yo con el 24/7. Marcar una diferencia se tiende a entender como algo negativo, en mi blog defiendo el 24/7 porque es lo que yo vivo, no sé hablar desde otra perspectiva porque no la siento, eso no hace que lo que yo digo sea mejor o peor que nada, simplemente es mi sentir. Dicho esto, cuando leí el post sentí la necesidad de marcar mis diferencias, llevo ya un tiempo dándole vueltas a las diferentes formas de vivir el BDSM y en algún post ya he hablado un poco de esto, pero me apetece dedicar una entrada a este tema.
Yo soy Suya, sin roles ni títulos, le pertenezco entera y acato cualquier decisión que Él tome. Creo que el 24/7 es un BDSM sin roles, eso es lo que nos diferencia de otras formas de vivirlo, para mí es indispensable integrar ese sentimiento a mi vida, necesito saber que no soy una sumisa, sino que soy Ángela, que pertenezco, no a un Amo, sino a Él, necesito esa normalidad, no quiero ser sumisa de sesiones, de hecho las sesiones no es lo que más me gusta. Vuelvo a hacer hincapié que esto no es una defensa del 24/7, no digo que mi forma sea la mejor, probablemente sea la más alejada de lo que es correcto, quizá sea la menos sana, no son pocas las veces que, como ya sabéis, pienso que estoy loca, pero por suerte o por desgracia es la única que me vale.
Os pondré un ejemplo: por mi forma de ser, por mi físico y mi cara a veces los hombres me ven como una niña, mi Amo muchas veces me trata como tal, eso podría hacer que parezca que nuestra relación es un poco daddy/littlegirl, pero no. Una cosa es tener esos roles, y otra que por protocolos o comportamientos se reproduzcan escenas similares. Voy a explicarme: a veces soy una caprichosa, me enfurruño como las niñas, fruto quizá de ser hija única sobreprotegida, mi Amo me regaña y castiga por ese comportamiento, me dice que soy una niña pequeña y que tiene que estar encima de mí… esa escena puede identificarse con esos roles, pero no los somos, el no es mi Daddy ni yo su Littlegirl, cuando actúo como una niña es porque realmente de manera natural me sale, no es algo que controle, no estoy provocándolo. No sé si entendéis el matiz del que hablo, necesito sentir que cada paso que doy en la vida es real, aunque le perteneciera de la misma manera, si lo llamara Daddy perdería realismo para mí, porque realmente no es mi Daddy. Y si lo llamo Amo no es desde cómo se entiende en BDSM, lo llamo Amo como las esclavas en la antigüedad llamaban a sus dueños, porque así es como lo siento, como mi dueño. Repito una vez más que esto no es una crítica, todo lo contrario, cuando veo a los que practican el Dd/lg me dan envidia, reproducen escenas que me excitan muchísimo, que me gustaría poder vivir, pero que a la hora de la verdad no me satisfacen, me dan un sentimiento de amargura porque no son reales. Cuando era pequeña una de las cosas que imaginaba era que alguien me secuestraba y me trataba como a una niña pequeña, con pañales, biberones y demás. Imaginad mi frustración cuando ahora que podría vivirlo no me excita porque no es verdad, Él no quiere que yo sea su bebé ni yo que me trate así, por lo que no me gusta hacerlo ni siquiera un ratito. Esa parte de mí es una cruz, para que algo me guste tiene que tener un trasfondo, y hasta no hace mucho me torturaba pensar que todo esto no fuese real, que quizá Él no quisiera dominarme realmente, que lo hiciera por darme el gusto pero que en verdad Él podía vivir sin ser mi Amo. Ese miedo me atormentaba, pensar que algún día descubriera que Él no quería ser dominante sería para mí mucho peor que cualquier mentira o infidelidad, prefiero descubrir que se ha acostado con 20 mujeres sin decírmelo.
En definitiva, creo que tendemos a generalizar al hablar de BDSM, de Amos y sumisas, creo que estamos llenos de diferencias y que eso enriquece, para empezar creo que marcando esas diferencias evitaríamos que muchos y muchas se sintiesen mal, ya que, sobretodo al principio, ves a otras sumisas o a otros Amos que hacen o dicen ciertas cosas y tú no te identificas con ellos, y automáticamente piensas que quizá tú no valgas. Es como si alguna sumisa me lee y cree que para ser buena sumisa tiene que entregarse como yo, pero ella quiere mantener su parcela de autonomía, a ella yo le diría que es tan sumisa como se sienta, que seamos distintas no hace a una mejor que otra. Y con los Amos pasa exactamente igual, y confieso que yo era de las que generalizaba sin querer a los Amos, creía que todos tenían los mismos gustos, inquietudes y actitudes, pero ya he comprendido que cada uno tiene su personalidad y sus diferencias.
Por otro lado se hablaba el otro día de la “imagen adecuada” que hay que tener en BDSM, algunos decían que se habían sentido rechazados. En mi caso, cuando descubrí la comunidad, también tenía miedo de que me ocurriera, ya que mi estética no encajaba con la imagen que tenía de las personas que formaban parte de esa comunidad. Imaginaba a personas oscuras, vestidas de cuero, llenos de hebillas y cadenas… yo soy muy coqueta, no me gusta el cuero y el negro lo uso en contadas ocasiones. Me gustan las cosas cuquis, de hecho mi trabajo va de eso, y soy un poco tonta hablando. Creí que esto sería un problema cuando me relacionara con esas personas, pero mi sorpresa fue cuando comencé a conocer gente y eso que yo creí tan importante, nadie le dio importancia, nos aceptaron sin problemas, y también descubrí que no todos eran como yo imaginé. Cada persona era de una manera, con un estilo distinto, el estilo con el que personalmente se siente más identificado. Juzgar a alguien por ese estilo me parece una auténtica chorrada, eso sí que es obviar que todos somos diferentes.
En definitiva cada uno vivimos el BDSM de una manera, e incluso aquellos que compartimos forma de vivirlo somos diferentes, ya que como personas lo somos. No juzguemos, es mejor escuchar las opiniones y vivencias de todos, eso nos hará aprender, nos hará crecer. Siempre me he quejado de que no encajaba en ningún grupo, demasiado hippie para los pijos, demasiado pija para los hippies, demasiado perversa para las niñas buenas, demasiado cuqui para el BDSM… ahora soy consciente de que nos empeñamos en encajar perfectamente con un grupo, sin darnos cuenta que no hay que mimetizarse con él, hay que vivir a nuestra manera, tu vida es en lo único que te tiene que importar encajar.