jueves, 7 de diciembre de 2017

El patio del colegio

Hay una cosa de escribir que me apasiona y me asusta a partes iguales. Teclear, deslizar el boli en el papel, son de las mejores técnicas que tengo para descubrirme, para destapar esas pequeñas cosas que me impiden crecer pero pasan desapercibidas. Muchas veces antes de ponerme a ello cierro los ojos y hago una pequeña meditación para conectar con mi parte más profunda, le pido que se acerque y que sea ella la que guíe mis dedos. En estas ocasiones necesito música indispensablemente porque escribo a ritmo, sin pensar, solo dejo que mis dedos escriban lo que desean, lo que les sale... Mi intención con esta canción era escribir una historia inventada que ya tenía pensada, pero se ve que esa parte de mí tenía otra idea muy distinta. Salió la primera frase y de repente las lágrimas brotaron para mi sorpresa, no tenía ni idea de que eso me estuviese pesando tanto, no sabía que aquellos años me doliesen tanto. Han pasado unos días desde que escribí esto y ya siento que mi mochila pesa mucho menos, aunque ha dolido cerrar algunos círculos, pero me siento mucho más ligera. Hay algo que me apasiona y me asusta de escribir, y es cuando aparece ante mis ojos claramente qué debo hacer para seguir creciendo. Es magia...

El patio - Pablo López 

Hay una niña en un patio de un colegio de monjas, está dando vueltas alrededor de un arbolillo endeble. Hay una niña triste dando vueltas pensando en por qué no la entienden cuando habla de cómo cree que deben ser las personas unas con otras, de cómo ve la vida con ese “algo más”. Hay una niña de 7 años en el patio de un colegio de monjas sola, sus amigas acaban de reírse de ella porque les ha dicho que no hay que pelearse, que debemos amarnos y respetarnos, que hay algo que nos observa, que hay algo a lo que rendirle cuentas… Sonrío pensando en aquella niña que encontró en la clase de religión el nombre a ese “algo” que ella sentía, Dios, lo llamaban. Y las niñas se reían de ella por querer llevar a la práctica eso que le contaban en clase de religión, pero no por ser “buena” sino porque lo sentía, porque no podía comprender que sus amigas sacasen buenas notas en esas clases, que se supiesen las historias, las parábolas y las canciones mejor que nadie pero no fuesen capaces de sacarlo fuera del aula.


Miro a esa niña y le sonrío triste porque en aquel patio, ese día volvió a comprobar que pocos la comprenderían, que había cosas en ella que rechazarían, que le colgarían inevitablemente el cartel de rara y loca de forma despectiva. Ese día decidió camuflarse, decidió callarse para sentirse aceptada.


 Años después esa niña dejó de creer en las clases de religión, aquella religión volvía a confundirla, volvía a parecerle hipócrita y autoritaria, volvía a parecerle un invento de hombres. Ese Dios del que hablaban no era el Dios que ella sentía, o al menos esos que hablaban de lo mucho que lo conocían no le parecían auténticos. Cómo podían predicar el respeto y condenar la homosexualidad, cómo podían llevar el amor por bandera y odiar todo aquello que es diferente.

Hay una niña dando vueltas a un árbol en un colegio de monjas que está enfadada conmigo, porque aún la tengo allí, dando vueltas. Porque aún no he sido lo suficientemente valiente como para decirle que no, que no tomé la decisión adecuada, que las que se equivocaban eran las otras personas, que cómo pude priorizar las palabras de otros a lo que yo sentía. Está tan enfadada porque aún no he soltado ese mundo, ese recreo en el que importaba tantísimo el cartel que te colocaran, ese patio en el que importaba tantísimo lo que opinasen los demás. Y estoy harta de aquella decisión que tomé, esa que no me deja hablar tranquila de mis locuras, esa que me impide vivir cien por cien en la frecuencia y en el mundo que deseo, ese mundo que siento, que no es mentira por mucho que otros lo pensasen, porque como me dijo una gran amiga: Nadie puede tachar de mentira lo que sientes, porque tú lo has sentido y sabes que es verdad. Pero esa niña está enfadada conmigo porque cuando siento algo dejo que lo contamine lo que creo que pensarían los demás, por muy cierto hubiese sido.


Ángela, mírame, deja de dar vueltas a ese árbol, sal del colegio, la sirena sonó hace rato, ya no tienes nada que ver con aquello, no perteneces a ese lugar, ve a nadar con los de tu especie y deja al mundo que corra, ponte unos tapones en los oídos y solo siente, no dejes de sentir.


Brújula me llaman, digna de admirar me dicen, y yo solo soy una niña que da vueltas en el patio de un colegio de monjas, porque no puedo olvidar aquellos años, no puedo desvincularme… Vete, joder, vete del patio del colegio, sal de allí de una puñetera vez. Ahora tienes tu mundo, tu casa, tus sensaciones, tus vivencias, lo tienes a Él que te protege mientras te llama con todo el amor del mundo “la loca que corre” enseñándome que se puede amar, respetar y admirar lo que no se comprende. No quiero más etiqueta que esa, es la única que me vale, porque de un loco se puede esperar cualquier cosa y eso me hace libre, tremendamente libre, me deja volar porque nadie me dice que no es cierto que pueda hacerlo. El loco, mi loco interior es ese que me pide salir y desarrollarse…


Pero por lo pronto hay una niña en el patio del colegio que acaba de darse cuenta en este mismo instante que la sirena ya sonó, eso sí. Le costará salir de ese patio, pero lo conseguirá.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Pensamientos

Sí, lo reconozco, a veces soy un poco idiota, más que idiota es que vivo tan en mi mundo que olvido ver cómo se trascriben mis palabras al exteriorizarlas a un mundo muy distinto. No, no me arrepiento de haber sacado de mí cada una de las palabras que saqué, pero ahora soy consciente de que existen ojos que las leen y no las comprenderán, porque una misma palabra puede significar muchas cosas si la impregnas de cada vivencia distinta, cada prejuicio, cada sentimiento. Hasta quien crea que me está entendiendo puede que no lo esté haciendo, solo interprete lo que necesita interpretar.


Si algo puedo atribuirme es que me he construido sola, si de algo puedo presumir es de haberme levantado más fuerte de cada tropiezo, de cada cura de humildad, de cada circunstancia adversa. He construido la vida que he deseado de la nada, sin nadie que me abriese el camino… el síndrome del pionero me acompaña a cada paso, y creo que así debería ser para todos pues cada vida, por mucho que se parezca, es distinta a las otras. No me siento capacitada para dar consejos a nadie, contesté cada uno de los correos que me llegaron pidiendo ayuda durante un tiempo, y me quedaba con un pellizco dentro. No es justo para mí, ni es justo para las personas que me escribían, yo no puedo darle a nadie qué hacer pues, suponiendo que llevase razón al 100%, la estoy privando de su descubrimiento, le estoy quitando la posibilidad de hacerse fuerte por sí misma. Porque no ha sido fácil, ni lo es, pero mi camino es tan sólido y maravilloso, que cómo quitarle a nadie la posibilidad de construirse solo. Como madre uno de los métodos que me encantan es el de la Disciplina Positiva, hay un lema del método que me he grabado a fuego “No rescates, empodera”. Son tres palabras que resumen tan bien el problema del mundo, lo que no hemos hecho, son tres palabras que se pueden aplicar a tantas situaciones, a tantas personas, contigo mismo… No podemos privar a nadie de frustrarse, de angustiarse, de enfrentarse a sus propios miedos, de romper sus propios muros, aunque la veas llorar y sangrar mientras. Claro que puedes acompañar, dar calor, poner una mano en el hombro, pero nunca debes intervenir, nunca debes darle unas directrices, pues quizá las mismas que te sirvieron a ti a ella no le sirvan o no es esa la manera de aprenderlas. Aplicado a esos correos que recibo pidiéndome consejo, ayuda… por más que me duela, por más que me den ganas de decir qué hacer, por más agradecida y emocionada que esté por esa enorme confianza depositada en mí, mi manera de acompañar, de dar calor es este blog, es haber contado mi historia a cara descubierta, es dar un lugar en el que ver que alguien lucha por ser libre, por muy incomprensible que sea esa libertad. No estáis solas ni solos, da igual si os sentís así por esa necesidad de entrega, porque no encontráis a la persona adecuada, porque no os gusta vuestro trabajo, vuestra vida… Este no es un blog de BDSM, jamás me cansaré de repetirlo, este es el blog de una persona que jamás se cansará de luchar por tener y disfrutar de la vida que siente que debe tener, el blog de una persona que no se conforma con menos, de alguien que se enfrenta a sí misma, a su ego, que llora, que se angustia, que no ha llegado a la meta porque sabe que no la hay, que hay que trabajarse cada día para pulirse y llegar donde cree que debe llegar.


Agradezco los correos, lo juro, y espero que nadie se sienta mal conmigo por esto, pero no puedo contestarlos, no tengo la autoridad, la energía, ni la potestad para hacerlo.


He decidido enfocar mi vida en mí, he decidido que ha llegado el momento de darme solo a mí, de elegir de verdad a quién darme. No, no ha pasado nada entre Él y yo, sigo siendo lo más Suya que puedo, pero es que no he parado de decir que hay que elegir a quién darse, y efectivamente en apariencia, en cuerpo, en actitud solo me daba a Él, pero la realidad es que mi energía la repartía sin ton ni son, se la daba a quien me la reclamaba, a todo el que yo consideraba que la necesitaba y he ido perdiendo y perdiendo fuerza en un sutil goteo que no he percibido hasta que no se me ha presentado una circunstancia familiar difícil que ha requerido mucho de mí. Y ha sido cuando al abrir el almacén he descubierto que estaba medio vacío, que iba a tener que compartir con esa persona lo poco que tenía. Sé que a veces puede costar entender de qué hablo, pero un ejemplo muy gráfico es que yendo al hospital me hice unas pequeñas rozaduras en los pies, nada muy importante, como las que me he hecho mil veces y que al día siguiente estaban curadas, pero esta vez se me infectaron de una manera desproporcionada, me echaba de todo y nada me curaba, las heridas seguían abiertas, supurando. Prácticamente no podía andar y se me saltaban las lágrimas cuando me ponía los zapatos. Un día mi hija vino a preguntarme algo y me encontró llorando como una niña pequeña sentada en el suelo porque me acababa de quitar la tirita. Me dolió horrores pues se había pegado, pero no lloraba solo por eso “¿Qué te pasa mamá?” “No puedo más, no sé qué me pasa, pero no puedo seguir, estoy agotada” Vino y me abrazó suavemente “Tranquila, no pasa nada”. Fue un abrazo tan cálido, me llenó y me dio un poco de energía, al menos la que necesitaba para continuar ese día… Supe que estaba pagando las consecuencias del derroche, que ahora era yo la que necesitaba que me dieran, incluso mi hija, cuando lo normal es que sea al revés. Ha pasado ya un mes de que comenzara esa circunstancia, ahora todo esta más tranquilo, ahora está en orden, pero aún tengo una herida feilla y con un poco de dolor, nada comparado con lo que fue, pero está para recordarme esa vez que repartí energía sin ser consciente de ello, sin guardarme para mí y para lo importante, esa vez que dejé a mi cuerpo sin la capacidad de sanarse, de regenerarse, de tal forma que estuve más de un mes para curar una simple y pequeña rozadura. Esa herida aún escuece a pesar de que ya he podido descansar, recuperar mi normalidad, pero está para que no olvide sacar una conclusión, que tome medidas para que no vuelva a pasar.


En este mes solo tenía energía para tirar malamente de mí y darle a la persona que realmente lo necesitaba. Nada para Él, nada para mis niñas, era una madre zombie, un animalillo que solo sabía acurrucarse y dormir al lado de su dueño. Aunque admiro lo fuertes que somos como familia, aunque admiro a mis hijas por tener esa autonomía, esa fortaleza que les hacía llevar la situación con normalidad y no reclamarme nada, aunque lo amo con todo mi corazón por comprenderme, por facilitarme la vida todo lo que puede y más, por cuidarme, por no pedir nada, por abrazarme cada noche y dejarme llorar en paz. Aunque esto me ha servido para corroborar lo maravillosos que son, no puedo evitar sacar la conclusión de que esto no puede volver a suceder, que ellos estarían más que dispuestos a ayudarme como lo han hecho, pero yo no quiero llegar al límite en el que me he visto. Por eso ahora sí que no me queda más remedio que dosificar mi energía, darla a quién yo quiero, a lo que yo considere que es realmente importante y sobretodo guardar para mí sin opción a coger de ahí ni un poquito para otra cosa. Al final, es cierto eso de que cuidarte tú es un acto de amor hacia los demás también.


Esto no son más que reflexiones que me han surgido, no sé ni por qué las comparto, bueno sí, porque debo seguir en mi eterna lucha de entender que este es mi blog y puedo publicar lo que quiera, aunque sea un cúmulo de pensamientos que aparentemente no son nada, pero es lo que ahora mismo tengo…

miércoles, 25 de octubre de 2017

Nana de otro tiempo

Dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor. Esa que consideraste tuya sin mediar palabra, sin que eso fuese especial, dime si fui aquella que poseíste porque era lo natural en aquel momento…


Susúrrame bajito y suave si ya nos conocemos, si besaste cada parte de mi cuerpo diciendo “Mía” tras cada beso… Sí lo fuiste, mis células te oyeron bien y lo recuerdan, aún lo recuerdan. Te llaman cada noche, añoran tus labios tiernos. Ojalá esa conexión en cada penetración, ojalá esos susurros lejanos en cada abrazo.


Te miro a los ojos y veo una historia que jamás conoceremos realmente, un mundo con unas normas más salvajes pero menos enrevesadas.


Dime si fui aquella que te amó y se entregó en plena libertad, sin juicios, sin miradas extrañas, dime que en alguna época tú y yo encajamos, dímelo por favor… dime que este tiempo no es nuestro tiempo, dime que en aquel lecho esto era más natural, más sencillo, que no había que explicar por qué deseo ser tuya, que tampoco había que explicar que aunque seas mío yo soy más tuya, porque no somos de la misma manera. Dime que no había que aclarar si eras de los que poseían o de los que se poseían.


Dime mi amor, dime que hubo un tiempo en el que todo era más basto pero más sencillo. Dime que hubo un tiempo en el que no tenía que explicar, en el que no tenía que etiquetarme…


Se oye una nana lejana de vez en cuando, una que nos canta a los dos, que nos cuenta la verdad de lo que somos, de lo que sentimos, de que este tiempo hay que vivirlo pero no es el nuestro, esa que nos canta que quizá ninguno lo sea, esa nana que nos dice que nos amemos de la forma que lo hacemos, que nos demos de la manera que deseemos, que te haga mío mientras soy más tuya que nunca, una nana que nos dice que nuestro hogar está en los brazos del otro, que en ellos podemos ser de verdad.


Los tiempos cambian, nuestros rostros cambian, nuestra voz, nuestras ropas, pero nosotros permanecemos, me lo susurra esa nana, esa que transmiten tus ojos cuando cabalgo sobre tus caderas, esa que sentimos fuerte en el pecho, que no es locura, ni cuento, esa que es pura verdad.


Dime que me besaste cada parte del cuerpo, que me besabas la espalda con un “Mía” tras cada beso. Dame tus labios, pósalos en mi piel por favor, hazme sentir, hazme ver esos mundos en los que fuimos, esos mundos en los que este amor no tenía nombre. Fóllame sin quitar tus ojos de los míos ¿Me ves? Dime quién soy.


La luna sonreirá por vernos de nuevo, la magia volverá a nosotros, esa magia que nacía de nuestra piel…

Sé rudo, sé tierno, sé mío, sé mi dueño, sé mi hogar. Y dímelo, dime tus secretos por favor, dime si yo fui aquella que se desnudó en tu lecho, dime si yo fui aquella que sentiste tuya algún día. Esa a la que amaste en la hoguera y en el frío bosque. Dime bajito, susurrando, que yo fui aquella, por favor…

miércoles, 18 de octubre de 2017

Adicta

Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste… media hora mas tarde me follabas con pasión en tu infernal cama, esa que me ató para siempre, esa en la que me perdí sin remedio.


Las horas pasaban lentas cuando no me hablabas, cuando no me dabas los buenos días, no podía pensar, no podía escuchar, el sentarme a estudiar era una tortura ¿Por qué no me llama?¿Qué estará haciendo?¿Otra mujer estará retorciéndose de placer en su cama?


Los días pasaron, cada vez que estaba a tu lado el mundo dejaba de existir, yo dejaba de existir, necesitaba tu sabor en vena, esnifar tu piel, necesitaba la pastilla de la felicidad que eran tus besos. No me peinaba, no comía a penas, era una autentica yonki de tu amor, o de las migajas que guardabas para mí. No voy a culparte, jamás me dijiste que esto fuese exclusivo, jamás me susurraste un “te quiero”, jamás me diste a entender que esta locura fuese algo más que el sexo más maravilloso que nunca probé… ¿Acaso tiene culpa la droga de ser tan adictiva?


Vagué por las calles en busca de otra cosa, de otro encuentro casual que me liberara de tu embrujo, de tus caricias, de este dolor que sentía cuando no estaba entre tus sábanas…


Tus sábanas, esas en las que me retuerzo de maneras inimaginables, tus sábanas que me envuelven y me hacen flotar, esa cama del averno que me atrapa, como un imán, con la suavidad de su tela, con el recuerdo de tu olor en ellas, esas que se ven tan hermosas manchadas de nuestros fluidos, esas que nos arropaban de una forma única tras nuestros orgasmos.


Por qué no vienes a amarme, por qué no estás aquí ahora mismo, a qué dios, a qué demonio debo rezarle para que cruces la puerta que tengo ante mi para que sea tu mano la que me acaricia, para que sean tus besos los que se posen en mi cuello, para sentir tus gráciles dedos entrando en mí. A qué maldito dios debo rezarle, cuál es el demonio capaz de obrar semejante milagro, dime cuál es, quiero entregarle mi alma, aunque quizá ya no la tenga, quizá ya sea tuya, ya te la haya entregado, quizá ya te la di la primera vez que nos tropezamos como dos torpes. Sí, aquel día en aquella cama ya te había dado algo, y a mí me faltaba un pedazo.


Ven aquí mi demonio, ven a reclamar lo que es tuyo, no me importa que tengas a mil prisioneras más, solo quiero que apagues este fuego, que me liberes este orgasmo que yo sola no puedo provocar…


El orgasmo no llega por más que me retuerzo y me froto, me siento en el suelo, pego mi espalda sudorosa en la pared, necesito su frescor para calmarme… El orgasmo no llega pero las lágrimas brotan grandes e intensas, me rompo… soy una yonki, soy adicta a ti, a tu boca, a tu sabor, a tu humedad, a la forma en que el carmín colorea tus labios, a la forma que tu pelo se alborota cuando estás saboreándome entre las piernas…


Llegaste a mi vida de la manera mas tonta, un encuentro casual, un tropiezo estúpido que me dejó con cara de tonta viendo el calor de tu mirada, tú me sonreíste, tus dientes relucieron entre el rojo de los labios, el rubio resaltaba tu piel blanca… A la media hora éramos dos locas restregando sus cuerpos, a la media hora ejercíamos un salvaje ritual en el que yo me entregaba a ti, bella bruja, sin que me lo reclamases, sin que lo supieras, a la media hora me metía la primera dosis de la droga más dulce que hay, me metía la primera dosis de ti.

martes, 10 de octubre de 2017

Un sábado,una peli rara de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber

A veces se me olvida desde dónde quiero vivir las cosas… a veces se me olvida que no soy sumisa, que soy una persona entregada. Es lo mismo, pensaréis, pero en mi cabeza no… Cuando pienso que soy sumisa aparece ante mí una lista enorme de cosas que debería hacer, de cosas que debería aguantar, niveles a los que deseo llegar. Me frustro cuando un día los hago bien y al día siguiente soy un auténtico desastre. A veces tengo la sensación de llegar a la misma conclusión mil veces, pero es que la vida, las personas, tampoco tenemos esos niveles, no somos un cúmulo de lecciones aprendidas que jamás se nos olvidan. Que un día controles tu soberbia no hace que ya no vuelva a aparecer…


Pero siempre, en los momentos más angustiosos de mi entrega, esos que no tienen nada que ver con Él, esos que me creo yo solita en la cabeza y que cada vez son más complejos de transmitir, siempre aparece un rayito de luz, un gesto, una frase que te hace recordar algo.


Aquella noche de sábado estaba siendo complicada para mí a nivel interior, tenía un castigo pendiente que debería cumplir más tarde, estábamos viendo una peli extraña de los 90, de esas que me encantan, nos habíamos echado una copa… No había nada de dominación en la situación más allá del pensamiento del castigo que mi Amo me había impuesto y con el que yo estaba obsesionada. De repente Él cogió la copa, puso una mano en mi nuca y me dio de beber. Y allí estaba mi rayito de luz, esa canción que yo cantaba, esa que decía que a mí de la sumisión lo que me encanta es un viernes, un vino y un vestido que me siente genial, que a mí de la sumisión lo que me gusta es un sábado, una peli extraña de los 90 y Su mano en mi nuca al darme de beber… Cómo explicar la calidez que tienen esos momentos, la magia que poseen para mí, lo idiota que me hacen sentir al enfrentarlos con mis pajas mentales.


Cumplí mi castigo con una lucha mental increíble, a veces cuesta llegar a la conclusión a la que nos quieren llevar esos rayitos de luz en la oscuridad, a veces ves la pieza pero hasta un tiempo después no ves dónde encaja. El día siguiente me lo pasé seria, tristona, venga a dar vueltas a este complicado puzzle que creía tener en la cabeza y que no había manera de formar. Al llegar la noche necesitaba follar con Él, reconectar. La luz, la música, Él… todo era perfecto para estar excitada, pero lo cierto es que no encontraba la manera, estaba seca y no me sentía fluir. Hasta que apareció la palabra, el segundo rayito de luz que ya sí me iluminó. En un contexto que guardaré para mí me dijo “Tienes suerte, a ti solo te ha tocado un marido vicioso”. Ahí estaba la palabra “marido” es una palabra que siempre me calma. Es cierto, es mi marido, aunque a veces se me olvide, y eso me hace verlo no como un Amo del BDSM, sino como un Amo más natural, más en lo cotidiano, más extendido a todo, incluso a las situaciones que no son nada BDSM. Todo esto es algo muy personal, el significado que otorgo a las palabras y las sensaciones que les asocio son únicamente mías. Es un poco raro pero en mí funcionan. Escuchar esa palabra, oírlo autodenominarse marido y no Amo, me hizo conectar con Él, con mi forma de vida y lo más importante, conmigo misma de nuevo… Me hizo comprender que no deseo solo un Amo, que yo quiero pertenecer a la persona a la que amo… no sé si se ve el matiz de esa afirmación, pero para mí es fundamental.


Lo que me gusta de la entrega es que sea sutil, suave y cotidiana, lo que me gusta de la sumisión es notar el calor de Su mano en mi nuca mientras debo tragar al ritmo que Él me dé de beber, lo que me gusta es que unos minutos antes me diga: “Deberías ver la película en el suelo, pero prefiero que estés en el sofá, a mi lado” y ahora comprendo que es porque soy Suya, porque soy Su perra, pero nunca dejaré de ser la mujer a la que ama, esa que prefiere abrazar, antes que reproducir una escena BDSM.

A veces me he imaginado siendo Ama, a veces me he imaginado lo cabrona que sería si tuviese una sumisa, desde esa escena me ha costado comprenderlo a Él como Amo, si tienes la oportunidad de hacer lo que quieras con una persona por qué no hacer uso de ese poder a la mínima ¿Por qué no hacerla dormir en el suelo cada vez que te plazca? Y ahora comprendo que si tuviese el sentimiento dominante quizá sería una gran Ama dentro del BDSM, pero sería una mierda amando. Y debo reconocer que Él en ese tema siempre me ha dado mil vueltas, yo ahora empiezo a aprender a amar de verdad, cuando Él es lo único que ha hecho desde que nos conocimos. Y al final siempre acabo arrodillándome ante Él por pura admiración, rindiéndome ante Su capacidad para llevar nuestra relación, esa que mezcla tantas cosas, tantos sentimientos, Su capacidad de amarme y dominarme a la vez, acabo arrodillándome ante la persona que desea que duerma a Su lado cada noche, la que solo me manda al suelo cuando no hay más remedio mientras me dice: “Espero que seas consciente de que te has castigado tú y me has castigado a mi”.


Es mi marido y yo soy Su mujer entregada, no somos un Amo y Su sumisa. Esta afirmación, y todo lo que conlleva en mi cabeza, no se me puede olvidar nunca.


 

jueves, 5 de octubre de 2017

Cambios

Hoy me asomo rápidamente para comentaros que quiero hacer una serie de cambios en el blog. A veces me atasco y la inspiración no me llega, me pongo a escribir y no me sale nada. Para mí esa es una señal inequívoca de que debo hacer cambios en mi vida porque me estanco. En otros aspectos ya he puesto en marcha esos cambios y ahora empezaré con los del blog. Aún no sé muy bien cuáles son, solo sé que los necesito.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Como una loba salvaje

Y correr como una loba salvaje entre los árboles del bosque…

Hay veces que la piel quiere desgarrarse, como si algo quisiera salir de ti, sientes una presión por cada parte del cuerpo, un hormigueo por las extremidades, es una sensación única, un escalofrío que no lo es, pero se parece. EL pecho te late, la sangre te bulle y quieres salir de este cuerpo que te atrapa, quieres salir de esta carne que es tuya y a la vez no, de esta carne que eres tú, pero no eres realmente tú.


Hay veces que me paro a observar y no me siento de aquí, hay veces que tomo demasiada perspectiva, veo mi vida como si fuese una película, sabiendo que solo es una parte de lo que realmente es mi vida. EN los eones del tiempo, en el correr de un alma que no lo tiene una vida es solo un capítulo. Qué soy, madre, esposa, hija, sumisa, Ángela… y a la vez siento que realmente no soy nada de eso.


Tengo una imagen recurrente, la imagen del pinar que hay cerca de mi casa, con la luz de la tarde de un domingo traspasando las ramas, me veo caminando entre los troncos, sola, rozando las cortezas con suavidad, no para de venirme esa imagen, el olor de esa situación y ese escalofrío que no lo es vuelve a recorrerme. Quién soy, qué soy… soy todo y no soy nada. Qué críptico es todo, dónde tengo que ir, porqué no estoy allí la tarde de este domingo, por qué me resisto a algo tan sencillo como ir al pinar que está al lado de casa, por qué tengo miedo…


Algo me espera en otros lugares, lo siento muy dentro.


Qué difícil es esta sensación.

Algo dentro quiere desgarrar mi piel, ojalá dejarlo salir, convertirme en un hermoso lobo blanco corriendo en un bosque… Un día lo soñé, me vi cabalgando en un bosque, alguien quería sacarme de allí porque una manada de lobos blancos nos perseguía, pero yo los miraba y no sentía miedo, sentía alivio, existían, por fin podía verlos, no eran producto de mi imaginación, no eran cuentos ni leyendas, ahí estaban los lobos blancos entre esos troncos y yo quise ir con ellos. Me sentía libre cabalgando con ellos a ambos lados.


Algo dentro quiere salir, transformarse, correr como una loba salvaje entre los árboles del bosque.