lunes, 27 de marzo de 2017

El suelo que pisaba, el suelo que piso

Siempre me sentí segura, concreta y delimitada… jamás me sentí flotando en las nubes, mis pies tenían raíces firmes que me ataban al suelo, a lo que yo creí que era la realidad. Pero mis raíces profundizaron y llegaron a un lugar también lleno de magia, a una tierra que no era la dura a la que tanto tiempo estuve anclada. Descubrí una cueva en la que reunirme conmigo misma, en la que hacerme preguntas. Crucé su puerta, bajé esas escaleras y me encontré con una versión luminosa de mí que me preguntó ¿Quieres seguirme? ¿Quieres que te enseñe mi mundo? Dije que sí, lo dije rápido y sin medir consecuencias. No me arrepiento pero ahora me siento tonta al pensar que siguiéndola mantendría mi seguridad, que me seguiría sintiendo concreta y delimitada, creí que seguiría con mis etiquetas bien puestas, sintiéndome lo que creía que me tenía que sentir… pero ahora estoy en el mismo mundo pero sintiéndome de otro mundo. Ahora me siento flotando, sé que es como me tengo que sentir, sé que estoy donde tengo que estar, pero a veces me asusto y me agarro a lo que me hace recordar mi antigua seguridad, esa que ya no me sirve para avanzar. Escribo cada semana no porque me apetezca, no porque sepa por qué he de hacerlo, sino porque me hace sentir segura, es lo que me hace sentir un poco concreta. Me repito a mí misma que escribir cada semana es lo que TENGO que hacer, porque sé que escribir es parte de lo que tengo que hacer, pero ya ha llegado un momento en el que ni yo misma me lo creo, sé que me estoy encabezonando en hacer algo por miedo a lo que pasará si no lo hago. ¿Qué tendré que hacer si no es escribir cada semana en mi blog? ¿Y si nunca lo descubro? ¿Y si no es nada? ¿Y si no existe? Me asusta dejar de agarrarme a mis blogs, a las redes sociales, a los que me leéis… me asusta pero no puedo seguir haciendo algo por miedo, a ese no le quiero dar ni un segundo de tregua. Ayer lo hablaba y ella me preguntaba “¿Por qué tienes que dejar lo seguro?” Y yo le explicaba que es como si tu misión es construir una casa de madera, te cuesta llegar a entender que tu herramienta es una sierra, pero cuando lo haces te pones a cortar tablones con ella, llegas a hacerlo muy bien, tanto que no paras de hacerlo porque te hace sentir genial pero, por muchos tablones que estés cortando, por mucho que estés usando tu herramienta, no estás construyendo la casa, solo te aferras a cortar tablones porque te asusta no saber construirla. Tras muchas búsquedas supe que escribir es mi herramienta, pero ahora me siento que soy esa que no para de cortar tablones por miedo a parar de hacerlo y perderse, no entender los planos de lo que debe construir. Porque cortando tablones me siento que al menos algo hago… Pero eso no es lo que mi alma desea, no es lo que siento que debo hacer, le dije a ese Yo que descubrí en la cueva que la seguiría, lo hice como una tonta ilusa que creyó que sería fácil, pero lo hice y no voy a echarme atrás.


Por otro lado la vida me habla alto y claro. Ultimamente solo me presenta situaciones en las que ayudar, cuidar y sanar... no son casos aislados, es una circunstancia detrás de otra, así que quiero dedicarle tiempo a descubrir qué tengo que aprender de ello, quizá encuentre nuevas herramientas, nuevas piezas del puzle. Sea así o no, esas personas y animales necesitan algo de mí, qué menos que dedicarles mi tiempo y energía.


Ahora mismo necesito parar de cortar tablones, parar de escribir, mirar a mi alrededor y ver qué debo seguir haciendo, qué otras herramientas tengo, dónde y qué he de construir… En otras ocasiones me he tomado estos descansos en el blog, pero lo diferente que tiene este es que no sé si volveré para quedarme o volveré para despedirme definitivamente. Digo esto y me da vértigo, tengo que quitarme la manía de creer que si no sucede a la vista de todos es que no sucede. Pase lo que pase yo seguiré escribiendo, no sé dónde, no sé para qué, ni para quién. Que no me veáis construir la casa no significa que no la esté construyendo. Sé que lo entenderéis como lo habéis hecho otras veces, sé que más o menos me vais conociendo, lo noto en el cariño que recibo por vuestra parte. A veces necesito silencio, espacio para coger perspectiva.


Escribo esto y me pregunto ¿Dónde está mi seguridad, mi saber dónde piso? Mi suelo se ha vuelto hermoso pero difuso, fui tan tonta que no pensé que cuando vuelas tu suelo deja de ser  tierra firme. Que cuando vuelas lo que pisas son nubes, y yo aún no estoy acostumbrada a su tacto…


 

martes, 21 de marzo de 2017

La leyenda del lago

Había una pequeña cabaña de madera cerca de un lago, había un pequeño sueño cerca de un lago.


Te dije que estaría a tu lado para siempre, que pasase lo que pasase estaría aquí.


Había una pequeña cabaña de madera cerca de un lago, de su chimenea salía humo, había un perro Labrador en la puerta, al sol, era color canela y movía el rabo cada vez que nos veía llegar.


Te dije que de la adversidad sacaríamos los mejores recuerdos, que nuestra vida sería preciosa por muchas batallas que tuviésemos que batir.


Había una pequeña cabaña de madera cerca de un lago, al entrar notabas el olor a leña, el olor a hogar. Cerca de la lumbre había un cesto con mantas, esas de cuadros rojos de toda la vida, esas mantas que nos echábamos para tapar nuestros cuerpos desnudos, esas que nos cubrían cuando nos quedábamos embobados mirando el fuego tras hacer el amor.


Te dije que mi mano no soltaría la tuya jamás, te prometí que llenaría tu cuerpo de besos cuando te doliese la carne, te juré que besaría tus labios incluso cuando no fueses capaz de valorar el sabor de mis besos. Te dije que te amaría eternamente. Te dije que cada día encontraría un motivo por el que sonreír.


Había una pequeña cabaña de madera cerca de un lago, en ella había una gran cama con las sábanas revueltas, con la almohada empapada en sudor, con el colchón acumulando crujidos y gemidos. Había una cama en la que te amaba día y noche, en la que me conectaba al calor de tus entrañas, a la luz de tu alma, un colchón en el que te tocaba el alma tan fácilmente que asustaba. Había una cama en la te miraba a los ojos, en la que tú me devolvías la mirada mientras me derramaba dentro de ti, mientras te fecundaba el vientre.


Te dije que jamás dejaría de pelear por nuestro sueño, te dije que mantenerte viva era parte imprescindible de él, que lo conseguiría, te dije…


Había una cabaña de madera cerca de un lago, las montañas se reflejaban en el agua, los niños correteaban en la orilla con el perro ladrando a su alrededor, había pies descalzos y sonrisas grandes y brillantes, había mellas, biberones y teta, había juegos y carcajadas. Había una cabaña ajena al mundo, escondida en una montaña, una cabaña autosuficiente, que no necesitaba nada más que amor para existir. Ay, había una cabaña tan hermosa cerca de un lago…


Te dije que lloraría a tu lado, que limpiaría tu cuerpo cada vez que lo necesitases, te dije que velaría tu sueño para ahuyentar pesadillas, te dije que te amaría, joder, que te amaría tanto que podría salvarte. Te juré que no renunciaría jamás a tu vida…


Recuerdo el día, el momento y el segundo en el que me miraste y me hablaste: “No hay cabaña de madera cerca de un lago, no hay perro, no hay niños, ni hay leña ardiendo en el hogar. No hay sexo en esa cama de sábanas blancas, esas mantas rojas no existen… pero sé que hay amor, eso siempre lo ha habido, lo sé cariño, pero por eso debes dejarme ir. Quiéreme tanto como para renunciar a tus promesas, ámame tanto como para renunciar a nuestro sueño y déjame morir”.


Hay una cabaña de madera cerca de un lago, en la puerta hay una hermosa perra Labrador color canela, de la chimenea sale humo. Hay una pequeña cabaña de madera cerca de un lago habitada por un anciano fuerte y robusto, con una mirada llena de paz, de amor. Una cabaña con una barquita en la orilla, barca con la que este viejo que aún te ama navega cada día por ese lago que es tu tumba, en el que tú habitas desde que tus cenizas se hundieron en él. Porque perdóname, mi amor era tan fuerte como para dejarte, pero lo suficientemente débil como para no renunciar a nuestro sueño. Perdóname mi vida, pero aún mantengo algunas de las promesas que te hice, navego como si agarrase tu mano, cada día busco un motivo para sonreír, aunque muchas veces sea que se acerca el día en que volver a encontrarnos.


Hay una pequeña cabaña cerca de un lago, cuentan las leyendas que está encantada, que las noches de Luna llena de la chimenea sale humo, se escuchan ladridos, risas alegres de niños y la bruja del lago se aparece cuando la sombra de un viejo se acerca a la orilla…


Hay una pequeña cabaña de madera cerca de un lago, hay un pequeño sueño cerca de un lago.

lunes, 13 de marzo de 2017

Sueños

Siempre fui de ponerme sueños imposibles, de niña era de soñar cosas que sabía nunca conseguiría, me tachaba de fantasiosa y en verdad era mi propia enemiga: si me ponía sueños inalcanzables podría pasarme la vida lamentándome por no haberlos conseguido en vez de luchar por lo que quería. Siempre fui de sueños imposibles hasta que la vida me cumplió uno, uno que creí imposible, por el que lloraba después de correrme en mis manos adolescentes, lloraba besando una almohada que jamás me devolvería el beso. Soñé que Él existía, pero lo soñé creyendo que era imposible, que sería una mujer frustrada el resto de mi vida. Pero la vida es muy lista y cumplió mi sueño para estrellarme contra el muro de la realidad. “Ángela, deja de lamentarte, busca tu camino, que los sueños sí se cumplen”.


Quizá penséis que soy simple, pero ahora mis sueños son pequeñitos, alcanzables, no por ello sencillos. Sueños por los que lucho, por los que me enfrento a mí misma cada día. Pero mientras lo hago saboreo los que he conseguido, saboreo a ms hijas, lo saboreo a Él.


Disfruto de ponerme de rodillas frente al espejo, ver reflejado cómo me muerde el cuello apasionado, disfruto de Su voz ordenando que me quite la ropa. Disfruto de mi cuerpo desnudo, qué bonita me veo en ese momento, olvido esa autoestima que a veces baja más de la cuenta, olvido esos kilos que pienso que me sobran porque soy tonta, olvido que a veces me siento fea, en ese momento me miro y me digo lo idiota que soy por dudar de lo hermosa que soy, de lo bonito que es mi cuerpo, ese a punto de dolerse y disfrutar, ese a punto de ser pinzado, mordido, azotado, ese cuerpo a punto de ser penetrado por todo agujero disponible. Adoro esos instantes ¡Eso debe ser la felicidad! Esos instantes en los que todo te parece bonito, incluso las lágrimas que derramarás, en los que incluso el dolor te parece precioso, algo de lo que sacarás una sensación positiva mucho más profunda. Mi sueño cumplido es Su piel tibia en mi espalda, esa piel que es consuelo mientras me sodomiza sin piedad, esa piel que es hogar, esas sensaciones son hogar, cerrar los ojos y sentirlas es la felicidad, son una enseñanza de vida, de disfrutar hasta de lo adverso. Del dolor saco los mejores orgasmos, sin él también los tengo, pero nada comparable a la explosión que viene tras estar aguantando, tras chillar, a la explosión que provoca el pinchazo insoportable de las pinzas en los pezones, de la fusta entre mis piernas… Mi sueño cumplido son las tardes de sofá y peli, las noches de sofá y serie, son Sus “Quieta” “Siéntate recta” Sus “Para siempre” Sus “Qué a gustito estoy a tu lado”. Mi sueño son esas risas cómplices por las gracias de nuestras hijas, esa mirada que cruzo con el hombre que me hace estremecer, con el padre de mis hijas, mi sueño era ver de lejos a esa persona que me hace retorcer de gusto y dolor.


Sí, soy de gustos muy sencillos, de sueños tan alcanzables que cada día cumplo, cada vez que llevo a mis hijas a tenis y las veo correr. Tomarme un té sentada frente a Él, llamarlo de Usted en público, Sus normas, las conversaciones que tengo con las niñas, ver Friends los cuatro juntos, partirnos de risa con una chorrada de los Simpsons, sí esa risa que no puedes parar, que te hace llorar, de mirarnos e ir a más. Sus bofetones, Sus besos. Recibir vuestro cariño a través de mensajes, mails, comentarios… Comer sano, hacer una receta y que me salga riquísima, ver cómo florecen mis Pensamientos, cómo una planta medio muerta va saliendo adelante con mis mimos. Cumplo sueños todos los días, porque soy una chica sencilla con sueños grandes y también chiquititos. Soy una chica afortunada, con una familia que la quiere, con un marido que la cuida, con un Amo que la castiga y la usa, y ambos son la misma persona, ese era mi sueño imposible, ese que creí imposible, ese que la vida me dio de golpe, ese que ha sido el mayor aprendizaje de mi vida, por lo que representaba en sí y por lo que Él luego me ha enseñado, dónde me ha llevado.


La vida me cumplió aquel sueño de la infancia, ese unicornio al que le mandaba mensajes las noches de viento para que viniera a mi cama, creyendo en el fondo que era un imposible. La vida cumplió mi sueño y me estrelló contra la realidad, me puso en esa cama, desnuda, frente a ese espejo: “Ángela, los sueños se cumplen. Mírate, tienes personas que solo tienen palabras de ánimo, que te dicen lo mucho que te quieren, lo importante que eres para ellos… Ángela, mírate, tienes un cuerpo precioso, una sonrisa preciosa, una persona que te desea, que te ama, una persona que te ronda con una fusta en la mano, que está a punto de torturarte, de arrancarte el mayor de los orgasmos. Una persona que te va a poner a Sus pies, que te va a escupir, a follar la boca hasta que des arcadas… que te va a hacer sentir una diosa. Ángela, no lo olvides nunca, mírate y recuérdale a cada célula de tu cuerpo que jamás se rinda, que ha de luchar, recuérdale a cada célula que los sueños se cumplen”.

martes, 7 de marzo de 2017

El viejo Amo

Cortaba las verduras meticulosamente, ensimismada, poniendo la atención necesaria para no cortarse. Una rodaja de calabacín, otra, otra, otra… estaba tan en su mundo que no notó que Él había entrado a la cocina, no se dio cuenta hasta que notó Sus manos subiendo por sus muslos. Paró en seco ante el tacto de Su piel, se quedó petrificada. Las manos subieron hasta poder penetrarla con los dedos. Ella echó la cabeza para atrás, dejó el cuchillo a un lado y se entregó al disfrute...


Ava Adore - The Smashing Pumpkins


¿Recuerdas aquel día en la cocina? Mientras cortabas las verduras para el guiso y yo llegué por detrás, te agarré tus tersos muslos con fuerza, los pellizqué como solía hacerlo ¿Recuerdas tus gemidos entre mis dedos, recuerdas cómo los mojabas? Y ahora estás seca, seca y vacía. Hace mucho que no pruebo tu sabor, hace tanto que no muerdo tu carne, pero es que ni tú tienes ya carne, ni yo dientes, tu eres pellejo y yo… ¿Recuerdas cómo te estremecías cuando escuchabas la hebilla de mi cinturón? Recuerdas ese día, sí ese en la cocina, que pasé mi correa por tu cuello, que la apreté lo justo para que sintieses la presión, para que notases el palpitar de tu corazón en cada poro de tu piel… ¿Recuerdas cómo lamía tu oreja desde atrás, cómo te susurraba que eras mía, solo mía? Te estremecías de una manera tan deliciosa. Estábamos llenos de vida y pasión, tú creías morir de placer, de asfixia, de vida… ¿Recuerdas cómo te follé en la encimera? Tirando de la correa que rodeaba tu delicado cuello ¿Recuerdas cómo te clavabas los huesos de las caderas contra el granito?¿Recuerdas cómo las verduras acabaron esparcidas por el suelo, por el fregadero? ¡Qué imagen tan encantadora! Tú corriéndote sobre la comida, babeando como una zorra sobre el cuchillo. Qué hermoso fue correrme en tus entrañas, llenarlas de mí, conquistando cada recoveco de tu coñito que era fruta tierna y madura, fruta que abrazaba mi polla dura, llena de sangre, de vida… Y ahora… ahora ya no eres fruta, no eres vida, estás seca y yo… a mí ya sabes que no se me levanta desde hace mucho.


¿Recuerdas tesoro? ¿Nos recuerdas desnudos frente a la chimenea? Yo sentado en mi mecedora y tú con la cabeza apoyada en mi regazo ¿Recuerdas cómo era el tacto de mis dedos en tu suave pelo? ¿Recuerdas cómo era ser mi perra? ¿Recuerdas lo que era la vida? ¿Recuerdas lo felices que éramos? No, ya estás seca, estás seca de sangre flujo y recuerdos.


Tienes la mirada perdida, noto que me miras y no me ves. Hace mucho que no puedo exigirte, que no puedo mandarte, hace mucho que lo único que puedo hacer por ti es cuidarte, acariciarte la cabeza pero esta vez de ternura, limpia y sin intención. Sigues siendo mi perrita, una perrita perdida y anciana, una perrita que ya no ve, casi no oye y no recuerda. Pero sigo siendo tu dueño aunque haga mucho que no te folle. Aquí sigo mi amor, a tu lado, da igual que tu carne ahora sea pellejo, da igual que mis dientes ya no estén para marcar tu carne, aquí sigo a tu lado mi vida, no te abandoné, espero que puedas ser consciente de ello, espero que en el fondo de esa cabecita ya perdida, haya una neurona que sea consciente de que tu Amo estuvo contigo hasta el último suspiro, que te limpió, te mi mimó, te agarró la mano mientras te perdías sin que yo pudiera hacer nada. Y no lo sabes tesoro, no sabes lo terrible que es haberte guiado, saber que yo tiraba de tu mano, y ver cómo te ibas sola sin que yo pudiese ordenarte parar… a quién quiero engañar, sí te lo ordenaba, pero tú ya no podías obedecerme. El día que comprendí que ahora era yo el que tenía que quedarme a los pies de tu cama, que ahora era yo el que debía apoyar mi cabeza en tu regazo, que tú ya no lo harías más, el día que supe que no volverías a llamarme Amo, comprendí que serlo no era una respuesta a tu comportamiento, comprendí que no importaba que tú no volvieses a reconocerme como tal, comprendí que yo soy tu dueño inevitablemente y hasta el final… Así que aquí estoy mi vida, viendo cómo te consumes, viendo la hermosura de tus ojos ya vidriosos, llorando mientras recuerdo cómo éramos antes, contándotelo en un intento de que salgas de tu letargo, que algo te haga volver… Qué triste es esto ¿Por qué no podía durar eternamente?¿Por qué no pudo ser así hasta el final? No te preocupes tesoro, lo único que deseo de corazón es que de verdad no recuerdes todo lo que te cuento, porque nunca me gustó verte triste y sé que si lo recordaras te pondrías tremendamente triste, te sentirías realmente mal por no poder reconocerme, por no poder llamarme Amo.


Y al final me convertí en uno de ellos, en uno de esos ancianos que se levantan para cuidar de su animalillo, que creen que cuidan de su vieja perra sin querer enfrentarse a la realidad: Cuando la perra muera, morirá el Amo…


¿Recuerdas tesoro? ¿Recuerdas aquel día que tú partías verduras en la cocina?¿Recuerdas el tacto de la correa en tu cuello?¿Recuerdas cómo te follé contra la encimera?¿Recuerdas que acabamos comiendo pizza frente a la chimenea?¿Me recuerdas, mi vida?

viernes, 3 de marzo de 2017

Elegí mi camino, da igual el destino

Hoy ha sonado esta canción y me he acordado de esta entrada que escribí en mi antiguo blog allá por Octubre del 2013. Creí que la había pasado a este, cuando voy a buscarla y... ¡No lo había hecho! Aquí la tenéis, es cortita pero es una de mis favoritas, dadle al play y... ¡A pecar!


Highway to hell - AC/DC


No os fiéis de mi cara de niña, de mi pequeño cuerpo de adolescente, ni siquiera de mi nombre angelical, no os imagináis la de pecados que he cometido, no os imagináis la de cosas que dejo que me haga un hombre por placer, por lujuria. Las monjas repetían una y otra vez lo mal que estaba pecar, me repetían dónde iban las personas que lo hacían, y me da igual... quiero follar con Usted una y otra vez, quiero que me azote y me sodomice entre improperios. Quiero llorar de puro éxtasis, quiero gritar Su nombre con veneración, sólo Usted es mi dios, sólo por Usted me arrodillo, no para rezar, me arrodillo para obedecer, para demostrar mi inferioridad ante Su nombre, para comerle la polla dejándome la vida en ello.


Quíteme la cara de niña buena a bofetadas, a insultos, quítemela con Sus dedos entre mis piernas, saque la cara de zorra que sabe que oculto, esa zorra con la cara ardiendo, la boca entreabierta y la mirada apasionada.


No follemos entre música clásica, entre sábanas de seda, ponga Su música a todo volúmen, esta canción sonando en los altavoces. Esto es sexo sucio y obsceno, dejémonos de cursilerías y hágame Suya entre sábanas empapadas. Muérdame el cuello, márqueme el cuerpo con Sus dientes, sabe que es Su carne, cómala. Tire de mi pelo, lama cada rincón, embriáguese con el olor de mi piel, no huele a rosas, ni a empalagoserías de poetas, huele a lujuria, huele a posesión y entrega.


Sabe que le pertenezco, que algo dentro de mí dice que haga lo que haga, pase lo que pase seré Suya.


Diga un camino, un destino, diga la forma de llegar a él, yo lo seguiré ciegamente, sea mi guía, con los ojos vendados sentiré la aspereza del asfalto en mis pies desnudos, y paso a paso, pecado a pecado le seguiré a las puertas del mismísimo infierno.

lunes, 20 de febrero de 2017

Vida, qué puta eres

Million reasons - Lady Gaga


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, rompí mis condicionamientos, me sinceré, me entregué porque me hiciste con la entrega en la sangre, lo besé porque me diste la certeza de que su sonrisa era La Sonrisa. He aceptado todas estas sensaciones raras con las que me dotaste, hablo como una loca porque son las palabras que has puesto en mi boca, lucho día tras día por soñar pasados, por soñar futuros, lucho día tras día por escucharte.


He seguido todas y cada una de tus indicaciones, busco la iluminación en cada uno de los correazos, intento relajarme antes de recibirlos para escucharte una vez más, intento saber a qué corresponde cada sabor conocido de los recuerdos que me despiertan las bofetadas…


Intento no perder el aliento cuando la ansiedad ataca mi piel, cuando adormece la carne y me nubla la vista por el miedo. Porque me has llevado a una frecuencia que asusta, una frecuencia en la que escuchar ruidos antes imperceptibles, tener visiones antes invisibles… Y ahora eso me asusta, cómo no asustarme cuando lo que siento es tan desconocido para mí, cuando mis sentidos aún no están acostumbrados a este nuevo estado, a esta nueva forma de vivir.


Y me agobio, te lo digo, lo confieso, me agobio cuando la mente ataca con sus preguntas, me agobio cuando me abres una puerta a un pasado lejano y doloroso, cuando me haces llorar la muerte de personas que ahora no conozco, me haces sufrir sus pérdidas en mi carne como si la niña que murió lo hubiese hecho en estos brazos, en estos que tengo ahora… Y es que eres maravillosa pero muy puta, sí, lo siento, pero he de desahogarme, porque me das cosas preciosas, pero por cada paso que doy hacia donde me llevas me das un sabor amargo, me haces descubrir un miedo oculto. Le das significado a cada una de mis sensaciones, pero es contradictorio, porque por cada certeza que me regalas, me das una pregunta que no sabía que existía… por cada encuentro me das una búsqueda. Por cada sonrisa, una lágrima. Oh vida qué puta y maravillosa eres, que me haces flotar y desgarrarme, que me das estabilidad pero haces girar mi mente. Y cuanto más me acercas a ti, cuanto más me acercas a mí misma más alejada me siento, más despegada de todo, más lejos, más tengo que luchar contra este estrés, el de luchar por agarrarme al mundo, a este mundo, por no sentirme sola en él, por seguir viva como si de un esfuerzo de constancia se tratase, por seguir escribiendo para rebuscar en mis entrañas, por aguantar el dolor de los azotes para tener esas sensaciones. Como si vivir, mantenerme viva, fuese un ritual, una costumbre que mantener al levantarte cada mañana. Y no es que quiera morir, no es eso, es que a ti hay que vivirte segundo a segundo, como si fueses a acabarte al minuto siguiente, no te conformas con menos, no te conformas con menos… No te vale que vivamos sólo tu cara amable, quieres que te amemos entera, que en cada segundo amemos la vida y la muerte, en un punto extraño entre solo vivir y morir, un punto extraño, un punto parecido a cuando una mano aprieta tu garganta tanto como para sentir la fuerte presión, pero lo justo como para que puedas respirar. Porque en ese punto todo es más intenso, todo se siente con mayor sensibilidad, lo superficial se desvanece un poco, no del todo, solo lo justo para ver que no es lo único pero que también está ahí. Y es que he seguido tu camino, puedo poner esta metáfora porque te seguí ciega, te seguí hasta poner mi cuello en Su mano. Ves, ya estoy de nuevo, siendo consciente de que debo seguir todas y cada una de tus indicaciones porque me das las respuestas por extrañas que sean, por mucho que me resista a ellas, por mucho que a veces me cueste dar el paso en este camino, por mucho que me asuste caminar a ciegas.


Vida, eres muy puta, eres muy cabrona, me dueles y me creces. Ay vida, dame más, te lo suplico, háblame más claro aún, quiero oírte más fuerte, quiero besarte con más intensidad, usaré tus métodos para arrancar el miedo de mi pecho, cerraré los ojos las veces que me pidas, me entregaré con más ahínco a ti, que es a Él. Quiero firmar tu contrato sin leer las condiciones, quiero vivirte y morirte a cada segundo, llorarte, angustiarme, quiero sentir que me ahogo para saborear cada bocanada de aire, quiero ser la loca si es lo que deseas, quiero arder en la hoguera si es tu voluntad, si mientras me quemo veo cómo se queman los límites de mi mente humana. Quiero tener hijos si lo que quieres es que deje de huir de lo que es temer perderlos, quiero bailar si mis pies taconean tu pulso, quiero reír si tu luz ilumina mi sonrisa, quiero tener orgasmos si noto en ellos tu abrazo, quiero dolor si en el sufrimiento encuentro tu beso.


Vida eres muy puta, eres muy cabrona, pero a cada paso que doy te amo un poco más. He seguido todas y cada una de tus indicaciones, seguiré haciéndolo, pero dame fuerza para vivir de pleno en esta nueva frecuencia, conviérteme en imán para atraer a los que ya lo hacen. Despeja mi mente para asimilar lo que tienes que enseñarme, dame humildad para transmitirte. Dame silencios para escuchar, dame oídos para los silencios…


Ay vida, qué puta y qué mágica eres. Me das mil razones para vivirte, mil para morirte, cada día, cada minuto...

lunes, 13 de febrero de 2017

La primera bruja

Allí estaba ella sintiendo el calor en su rostro, el fuego de la chimenea reflejado en sus ojos, con su taza de barro, con la infusión bajando por la garganta. La luz de la Luna llena entraba por la ventana de la cabaña.


La puerta sonó, ella no se asustó, sabía que escucharía ese sonido, esa noche, sabía quién estaba al otro lado. Abrió despacio pero sin dudar “Hay Luna llena” dijo el hombre que aguardaba en el umbral. Ella extendió la mano para agarrarlo y llevarlo a la cama cubierta de pieles, como era costumbre cada Luna llena. Pero esta vez él apartó la mano, la agarró de la nuca y la tumbó allí mismo.


Sentía la tierra del bosque en su espalda, sentía las embestidas en las entrañas, sentía la luz de la Luna bañándole la cara. Esa luz, el silencio de la noche, el olor de aquel hombre, ese hombre del que desconocía por completo nombre, profesión o vida, ese hombre que la follaba cada Luna llena desde que aquella lejana noche se encontraran en el bosque, desde esa noche que pareció un sueño, un remanso de paz en una vida dura, en una vida de soledad y rechazo. Desde aquella lejana noche establecieron un pacto sin palabras. Pero esta vez era distinto, la Luna brillaba más que nunca, el cielo y el suelo estaban más vivos que nunca. Él la poseía con un brío especial, la miraba a los ojos y ella podía ver en su negrura la profundidad de esta, podía ver la sabiduría de aquel hombre rudo, una sabiduría que él mismo ignoraba pero que ella reconocía… Cuando el orgasmo se acercaba entró en una especie de trance, sentía la conexión con él, con la vida, con la magia, sentía la conexión… él se derramó en su vientre, ella gritó de éxtasis y rabia. La misma que unos segundos después invadió sus ojos, y encendió su melena. Lo empujó enfadada, iracunda, lo sacó de ella sin un ápice de la ternura que acostumbraba a tener hacia él. Le gritó que se fuese, que no volviera nunca más, enfadada y llorando a borbotones lo expulsó de su cuerpo y su casa. El hombre la miraba serio mientras se alejaba subiéndose los pantalones. En cuanto no era más que una sombra en la lejanía se rompió agarrándose el vientre, cayó de rodillas y hecha un ovillo pasó lo que quedaba de noche maldiciendo al hombre, a la Luna, maldiciéndose a ella misma…


Cuando el primer rayo del amanecer iluminó su rostro, se levantó, se secó las mejillas y aceptó su destino, aceptó ese camino que siempre supo que debía seguir, por mucho que le doliese o aterrase. Respiró profundo y se dispuso a hacer un pequeño macuto con comida y algunas pertenencias. Al cerrar la puerta del que había sido su solitario hogar pensó en él, en cómo lo reconoció, cómo sabía que sería el que la haría tocar el cielo con la punta de los dedos, y cómo sería él el que la llevase a su terrible, aunque necesario, destino. Lo amaba, eso nunca se lo dijo, lo amaba con toda su alma, ella le pertenecía como ya le perteneció en otra vida más lejana,  por eso desde el primer momento se entregó a él, le salía natural… pero esta no era vida para el amor, al menos no de ese tipo, esta no era vida para la convivencia y el matrimonio, esta no era vida para la esclavitud, aunque fuese de amor. Esta era vida de reencuentros fugaces, de pactos de pequeña duración, para ella esta era una vida de soledad femenina. Si él hubiese sabido que una vez al mes le sabía a muy poco, que deseaba yacer cada una de las noches de su vida a su lado… Ay, si él hubiese sabido que por muy ruda y áspera que pareciese estaba llena de amor por él, de un amor único y mágico, si él hubiese sabido que el mundo le sobraba cuando la penetraba, si hubiese sabido lo mucho que le dolía fantasear con criar juntos a esa niña que engendró esa noche, ay si él se hubiese enterado tan siquiera de que la llevaba en su vientre… pero no, ella era un alma vieja, era un alma consciente, ella sabía a qué venía, sabía que los tiempos empezaban a cambiar, que esa vida era clave, sabía que el mundo giraba hacia el fanatismo, hacia el control, sabía que era el momento histórico de posicionarse, era la hora de asentar su recorrido como alma… hasta ahora nadie la había molestado en ese sentido, pero ahora a su sensibilidad, a su magia, a su sabiduría le tocaba ser rechazada. Le tocaba elegir entre esconderse arriesgándose así a que su alma y la de su linaje retrocediesen, se perdiese lo conseguido hasta ese momento, o cargar con esa cruz que ese nuevo mundo había inventado, ese cartel que la condenaría de una u otra manera en cada una de las vidas futuras, le tocaba elegir entre vivir más años en ese tiempo o morir y condenarse bajo el yugo de esa nueva palabra, morir como una bruja.


Tenía clara su dolorosa decisión. Se marchó de su amado bosque con un linaje de mujeres fuertes, sensibles y poderosas en el vientre, prometiéndole a Él en secreto reencontrarse en una vida más tranquila, una vida en la que darse entera, en la que saborear su piel, cada día, cada noche.


Y sí, ella ardió, sintió el fuego en su carne mientras su hija miraba escondida. Pero murió sin pena, esa niña miró sin pena, ellas sabían que era un sacrificio necesario, un paso que llevaría a su estirpe a recordar la magia por los siglos de los siglos, que llevaría a su estirpe a no renunciar a ella bajo ninguna circunstancia.


¿Y Él? Él volvió a buscarla la siguiente Luna llena, pero de la chimenea no salía humo, el aire no olía igual, el bosque había perdido su esencia, la casa estaba muerta, era sólo piedra, sin la vida que tenía cuando ella abría la puerta. Aún así entró, se arrodilló en la cama agarrando las pieles y telas que aún tenían su aroma. Inspiró profundo y se prometió no olvidar jamás su olor.