martes, 26 de febrero de 2019
El ritual, el deseo y la fertilidad
martes, 18 de diciembre de 2018
Echo de menos...
jueves, 26 de julio de 2018
¿Me corro dentro? Dijo
Hay momentos en la vida en los que parece que está todo hecho, todo estable y controlado. Hay momentos en la vida en los que parece que la estabilidad es lo que lo inunda todo. Ya pasó el tiempo de luchar por encajar en nuestra relación, ya parece que pocos puntos nos quedan por ajustar, todo está escrito, hablado, azotado…
Hay momentos en la vida en los que tienes tiempo, espacio, en los que deberías sentirte plena pero tú te conoces y una vocecita dentro te dice: no te engañes, es una falsa calma. Sabes que hay un mundo entero para ti tras esa puerta, tras esa por la que has luchado toda la vida, esa que querías descubrir a toda costa, y estás ante ella, andaste todo lo que debías andar en todos los aspectos de tu vida para encontrarla, lloraste tus errores, avanzaste en la oscuridad, superaste los obstáculos, todo, lo hiciste todo y eso te satisface, pero la puerta era un objetivo, pero no era el objetivo: ahora hay que abrirla… Este año me lo he pasado restregándome con la puerta, saboreándola, qué bonita es ahora que la he descubierto, qué energía desprende, qué color violeta tan bonito la recubre, qué pomo tan brillante… en lo que va de año me he nutrido de la fuerza que esa puerta emanaba pero tarde o temprano te das cuenta de que es solo una puerta y que sirve para dos únicas cosas: te da paso o te lo corta. Y me enfrenté a mi miedo, a mi falso “Yo confío” me enfrenté al terror que me provocaba lo desconocido por muy buena sensación que me despertara.
Viajamos a Disney, todo un hito para mí, al volver esa sensación de estar dando cabezazos en la puerta que me llevaba a mi futuro fue demasiado insoportable. En todo, me sentía bloqueada como madre, como esposa, bloqueada a nivel creativo, me sentía bloqueada en mi crecimiento personal… Y la pregunta llegó, porque Él suele tener la llave escondida, esa que te hace darte cuenta de todo, esa que es un suave soplido que se transforma en huracán. Follábamos una tarde cualquiera y preguntó “¿Me corro dentro?” la pregunta me enfrentó a mi dualidad pero, como ha sucedido en los últimos años, mi respuesta fue un “No” a lo que simplemente dijo “Vale, pero recuerda que dijiste que después de Disney hablaríamos de ello” y allí estaban mis palabras traicionándome. Disney fue un sueño que me había acompañado desde niña torturándome con la firme creencia de que jamás ocurriría, pospuse enfrentarme a mis miedos y sensaciones haciendo trampa, creyendo que Disney nunca llegaría… Los dos días siguientes a esa simple conversación fueron intensos, Él no volvió a decir nada del tema, sabía la tormenta que tenía en mi interior. Y es que yo sabía que tras la puerta de mi futuro, entre otras muchas cosas, había otro hijo. No puedo explicar por qué lo sabía, pero lo sentía rondándome, lo sentía esperando pacientemente a que me quitase los miedos, las creencias absurdas y me enfrentara a lo que de verdad sentía, otro mini ser tenía que anidar en mí. No es instinto maternal, no era ver un bebé y querer uno, de hecho nunca he sentido ese tipo de llamada. En cuanto me enfrenté a mí misma, acepté que estaba siendo una cagada de campeonato y decidí sacar la conversación. En ella los dos manifestamos lo mismo: teníamos miedo, la cabeza nos ponía mil “peros” pero el corazón acababa tirando. No decidimos buscar un hijo, decidimos confiar en que ocurriría lo que tuviese que ocurrir, decidimos confiar en la vida. Tenemos unos amigos que ya tienen una hija, están perfectamente sanos y llevan dos años intentando tener otro y no viene. Eso era una señal para mí de que si no tiene que ser no será por más empeño que pongas. Decidimos abrir la puerta.
“Estás obsesionada, cuando buscas todo lo que te ocurre te parecen síntomas” me dijeron. Yo sabía que estaba embarazada, de hecho sé hasta qué día me quedé, qué nos dijimos mientras hacíamos el amor, recuerdo lo primitiva y animal que me sentí… Yo notaba su presencia al otro lado de la puerta y sabía lo que ocurriría, sabía que estaba en modo “Esperaré pacientemente a que estéis preparados, pero en cuanto lo estéis no perderé el tiempo”, y así fue.
Todo esto sucedió en la luna menguante de Junio, en la de Julio ya crecía una vida dentro de mí.
¿Y cómo me siento ahora? La cabeza intenta atacar pero la plenitud que siento a todos los niveles puede con ella fácilmente. Siento una paz y una valentía únicas, la creatividad ha vuelto a mí a borbotones, me siento capaz y en marcha. Y no es solo por estar embarazada, abrí la puerta, con todas las consecuencias. La vida me dijo “Lo tomas o lo dejas” y lo tomé.
¿Y con Él? Pues no sé explicar lo mucho que me gusta tener a su hijo/a dentro, no sé explicar lo mucho que me excita sentirme primaria y animal y tampoco sé explicar por qué me siento así. Y es que el embarazo me resulta algo bonito pero también salvaje y así me siento al mirarme en el espejo mientras me folla, me veo tremendamente hermosa…
¿Y nuestra relación? Ahora hay que adaptarse un poco. Durante 9 meses no habrá azotes, ni cosas demasiado duras, aunque seguiremos teniendo sexo y disfrutando plenamente como ya hicimos en los otros dos embarazos. No me asusta no poder hacer ciertas cosas, por eso siempre insisto en que lo importante es la base, que me azote no me hace sentir más Suya, solo es una parte de la ecuación que si la quitas por un tiempo no altera mi entrega ni nuestra forma de amarnos.
miércoles, 4 de julio de 2018
¿Cómo me encontré conmigo misma?
Si algo he aprendido es que hay mil formas de llegar al mismo destino, en este caso encontrarse con uno mismo.
El día que le dije a Él qué necesitaba, lo hice para dejar de sentirme tan mal, tan reprimida, enfadada y reactiva. Lo hice para comenzar a disfrutar, lo hice para vivir la vida con emoción y sí, con excitación. No voy a generalizar, pero mi visión de la sexualidad hasta ese momento es que era algo superficial, que el sexo era asunto de la carne. Esto chocaba con otra parte mía muy marcada, la de la espiritualidad, la de profundizar en la vida y ver que esto es “algo más”. Por ello le dije a mi pareja qué necesitaba en el sexo creyendo que anteponía la carne al espíritu por decirlo de alguna manera. Pero me daba igual, yo quería que mi parte sexual explotara, quería disfrutar y hacer realidad todo lo que había imaginado desde niña. Lo que yo no sabía en aquel momento es lo equivocada que estaba, no sabía que acababa de tomar la decisión de conocerme de verdad, de despertar una parte de mí que no conocía, no sabía que no hablaba en nombre de la carne, hablaba mi alma.
Según como veo ahora las cosas, después de todo lo que he vivido y sentido, creo que somos como capas, como si fuésemos un reflejo de la Tierra y conocernos es ir excavando hacia el núcleo. Creo que el sexo es lo más profundo de la primera capa, por eso nos hemos confundido y hemos creído que es algo oscuro, tabú y simplemente es profundo e íntimo. Cuando tienes la valentía de descubrir y explorar esa parte de ti, sin querer, comienzas a descubrir la siguiente capa, una llena de sensaciones y matices. Una capa que ni siquiera imaginaste que existía.
Una de las cosas que noté explorando mi sexualidad es que cuando me azotaba podía alejarme un poco de mi cuerpo, como si yo lo estuviese viviendo pero a dos niveles, uno en mi cuerpo físico, ese que se dolía y sufría, pero por otro lado una parte de mí aparecía aprovechando que el cuerpo estaba entretenido en soportar el dolor. Ahora que medito me doy cuenta de que esos ratos eran auténticas meditaciones profundas. Hago un inciso para aclarar que no creo que esto funcione para todos, como he dicho hay mil caminos de llegar al mismo destino, pero la mía me ha resultado muy curiosa y sorprendente. Además en mi caso era entregándome porque era lo que mi naturaleza me decía, pero quitad lo circunstancial y mirad el proceso.
Otra cosa que me resultó muy curiosa es que conforme yo me sentía mejor con mi sexualidad, conforme la vivía y le quitaba toda la oscuridad que le había atribuido, la vida en general me iba mejor, de repente mi creatividad despertó después de años muerta, mis relaciones personales mejoraron, y me iban apareciendo situaciones que me ayudaban a seguir creciendo.
Todo fue sucediendo, cada vez me sentía más fuerte, segura y conectada con el mundo, conmigo misma. Llegó un momento en el que me sentí realmente confusa ¿En qué momento esto dejó de ser superficial, en qué momento esto dejó de ser mi sexualidad, en qué momento todo se fundió y dejó de ser BDSM, en qué momento esto dejó de darme solo placer para darme experiencias únicas que me conectaban un poquito más con mi alma? ¿En que momento la sexualidad dejó de ser una parcela de otras en las que dividía mi vida y todo fue una sola cosa: Yo? ¿En que momento el placer dejó de ser un fin para convertirse en un vehículo? ¿En qué momento nuestra relación se llenó de matices inexplicables? ¿En qué momento comprendí que el sexo había sido la lleve para abrirle la puerta a mi Yo profundo? Y digo que me sentí confusa porque la mente es realmente cuadriculada, si entiende las cosas de una manera se molesta si se las cambias, aunque sea para bien.
Ahora mismo mi sexualidad es de las cosas de las que menos me apetece hablar (por eso tengo el blog un poco parado, aunque aún me quedan relatos por contar) porque cuando una herramienta ya ha dado todo lo que tiene que dar no sale usarla. Pero expresarla, contar cómo la iba viviendo me ha dado una seguridad increíble, me ha hecho romper límites y me ha descubierto lo muchísimo que me gusta transmitir. Nuestra relación sigue siendo la que era y mejorando cada día porque algo que parece que cuesta entender es que no importa la forma que cada uno tenga de amar, lo importante es que es amar.
En fin, que mi viaje hacia aceptar mi sexualidad ha sido un viaje hacia mí misma, hacia descubrir qué soy de verdad, la luz que todos tenemos, ha sido un viaje hacia escucharme cada vez más alto y claro, ha sido un viaje hacia romper los límites del cuerpo y descubrir que somos magia y luz. Esto lo comprendí un día que cabalgaba sobre Sus caderas, una noche de Luna llena. Por aquel entonces aún no conectaba unas cosas con otras, había meditado pero sin sospechar que haber meditado imaginando cómo me conectaba con la fuerza de aquella luna afectaría a todo lo que haría después. Y allí estaba cabalgando, sintiendo como el placer era cada vez más intenso y me sentía cada vez más conectada a Él, de repente la piel se me erizó y mi mente se expandió, me vi como una enorme bola de luz dando y recibiendo luz, me sentí diosa y comprendí que es que todos lo somos, solo hay que descubrirlo.
No, no fumo nada jajaja yo transmito mi proceso e, igual que os contaba mis avances en BDSM, os cuento hacia donde eso me llevó, por si alguien ha tomado la decisión de entregarse al 100% a la búsqueda de sentirse pleno a través de la sexualidad, o lo que sea, que sepa que la vida es un camino desconocido y sorprendente en el que todo puede pasar.
jueves, 10 de mayo de 2018
Normas que no pone
Hoy en el gimnasio, mientras me obligaba a dar un sorbo de la botella, pensaba en lo fácil que sería si Él me forzara a beber, en lo fácil que sería para mí cumplir Su norma. Pero por otro lado veía tan claro que no somos así, sobretodo que Él no es así. Es cierto que desde Su postura podría ayudarme de una forma fácil poniendo normas a todo aquello que me cuesta y que es bueno para mí, pero Él nunca ha sido de ir a lo fácil. Para Él ese tipo de cosas debo conseguirlas por mí misma, porque cada uno debe ser responsable de sí mismo. Antes tenía un problema importante de falta de fuerza de voluntad y yo me enfadaba porque quería que Él me dijese qué tenía que hacer, veía tan clara que esa era la solución que no veía que eso no solucionaba nada. El motivo por el que hacemos las cosas es TAN importante. Si bebo agua por obedecer, lo hago por Él, y lo hago porque obedecer me es fácil y me gusta, pero qué hay de mi cuerpo, de lo poco que lo valoro, de hacer las cosas para cambiar algo de mí que hay que cambiar, qué hay de quererse y comprender que esta es nuestra vida y solo nosotros podemos salvarnos, que no podemos pedir a nadie que lo haga por nosotros.
Esto me parece tan importante, en una relación como la nuestra o en cualquiera, me parece la mejor manera de alejarse de la toxicidad, de cargar a los demás con nuestra responsabilidad, de huir de victimizarnos con el “Ay, oblígame tú que pobrecita de mí yo sola no puedo”.
Observo mis normas y todas son para hacer cosas “extra” que a Él le gusta que haga, para divertirnos, basadas en el respeto, en el protocolo… pero ninguna en sustituir mi incapacidad para hacer ciertas cosas con un mandato.
Y no es que pase de mí, no es que le dé igual lo que me pase, por supuesto que me “regaña”, igual que yo puedo hacerlo con Él o con mis hijas cuando veo que hacen cosas que no son buenas para ellos, pero en esta familia somos muy conscientes de que la vida es únicamente de cada uno y cuidarnos es cosa nuestra, los demás solo podemos ser apoyo, no sostén.
Y que lo admiro es cosa ya muy escuchada, pero es que cada vez que llego a la conclusión de Su tremenda inteligencia, tan natural y sencilla, que comprende las cosas de una forma tan clara, que las hace sin más, que consigue que nuestra relación sea tan sana, tan grande… no puedo evitar que me invada ese calor en el pecho, que los ojos se me llenen de admiración.
A veces me hace mucha gracia sentirme como una niña que no comprende muy bien las cosas de mayores y un día de repente dice: ¡Aaaaah! ¡Que eso lo hacía por esto!
jueves, 3 de mayo de 2018
Olvidando que no sabemos bailar
Te susurro guarradas al oído. Haces que rompa mi vergüenza, haces que la palabra “coñito” se me quede corta, haces que tenga ganas de decir las palabras más obscenas con el único fin de sacarte esa mirada perversa, que vengas a casa con ganas de agarrarme del cuello y empujarme sobre la cama, con ganas de arrancarme la ropa y follarme como si fuese la primera y última vez que follamos.
Me imagino esta luz gris de lluvia primaveral en nuestro dormitorio ahora mismo, me imagino nuestros cuerpos desnudos, imagino que apareces ahora mismo para cumplir esa imagen, esa de estar los dos pegados bailando esta canción mirándonos a los ojos, bailando lento y con movimientos extraños, olvidando que no sabemos bailar, olvidando que bailar sin saber puede ser ridículo, olvidando que el tiempo existe, olvidando que acabaremos follando… no hay prisa por muy excitados que estemos, solo queremos bailar. Y aquí me tienes mi vida, intentando escribir una sensación, intentando transformarla en una imagen… Visualizo cómo me echas sobre la cama, cómo deslizas tu lengua por mi barriga hasta llegar a mis pezones para devorarlos, para estirarlos y hacerme sufrir. Qué estremecimiento tan divino, qué diabólico. Sigues subiendo por el cuello, mordiendo y lamiendo. Me agarras fuerte del pelo y tiras hacia atrás, nuestras mejillas se juntan fuerte, con rabia, una rabia fruto de la impotencia de no poder transmitir todo lo que sientes y comienzas a decir: “tus pies son míos, tus rodillas y pantorrillas, tus muslos y ese coño que huele a magia y a puta son míos. Tu ombligo, tu vientre, tus órganos, tus tetas y esos pezoncillos sensibles, el cuello, las orejas, tu sonrisa y tu lengua son mías, tus ojos oscuros, tu nariz, tus mejillas y esas pecas que las manchan. Eres tan mía, cariño, eres tan mía…”
Cómo odio ahora mismo estos pocos kilómetros que nos separan, qué celos más locos de ese ordenador que estarás tocando… qué lentos pasan las horas que quedan hasta que vuelvas a besarme.
Bailemos, como si esta fuese la mejor canción del mundo, como si el bailarla fuese lo mejor que se puede hacer en la vida.
Yo prometo no contenerme, prometo no guardarme ninguna mirada, ni un solo gesto, prometo no guardarme ni una sola barbaridad dentro, y si ves atisbo de vergüenza en mi mirada, abofetéame, ahuyéntala, no me deja vivir en paz y no la quiero. Prometo soltarme entre tus brazos, prometo derretirme por cada “Mía”, prometo volverme río sobre tus caderas, prometo no contener la saliva, ni las lágrimas. Prometo…
Te escribo obscenidades, sacas esa parte de mí que me libera, que me revoluciona por dentro, que me llena de deseo y pecado, que eriza todo mi cuerpo.
Ven, vamos a bailar desnudos, olvidando que no sabemos bailar, quiero sentir tu polla aún flácida en mi piel, quiero notar cómo se va endureciendo conforme mis tetas rozan tu pecho con esta canción de fondo y con la ciudad mirándonos tras la ventana…
Ven, ven este día gris de primavera, bailemos desnudos, ven y hagamos que esto no acabe nunca…
miércoles, 25 de abril de 2018
La más idiota
Hoy sin venir a cuento he escuchado una canción y me he dicho: quiero publicar en "Azote y café" es mi blog, un lugar en el que divertirme y nutrirlo de historias que solo aquí puedo volcar.
Quizá tenía que suceder así, porque sí es cierto que no soy la misma que se despidió, estoy metida en un curso intensivo de vida y una de las cosas que más fuerte me ha llegado es la necesidad de divertirme y solo eso. Me he dado cuenta que no me dejaba disfrutar, que convertía cualquier diversión en obligación... También me he dado cuenta de que debo ser más espontánea, dejar de pensar tanto las cosas y dejar salir a la locura, esa que hoy me ha hecho publicar esto, aunque mañana me arrepienta... ¿Qué más da?
Así que esto es parte de mi lección, el vivir esta sensación de "vergüenza" por volver tras despedirme, esta sensación de "Ángela, tú no haces las cosas así, esto no es propio de ti, tú eres drástica y férrea cuando se trata de ser fiel a tus decisiones" anda, acabo de verle las orejas otra vez a mi soberbia, me agarro tan fuerte a mis decisiones como dando por hecho que ninguna es equivocada. Pues sí, querida soberbia, me equivoqué, querría volver a escribir aquí, sí, de otra forma, pero quería volver a escribir. Qué bien conozco este "bulle, bulle" en el estómago, ese que siento cuando le doy una patada a mi ego, y se duele y me duelo. Pero hoy siento que me he reconquistado, que he reconquistado este hueco que con tanto cariño e ilusión creé. Ahora lucharé para usarlo simplemente para divertirme, nada más.
Mientras escribía esto me ha llamado mi madre y le he contado este proceso y me ha dicho una frase clave: "Tu alma te pide ser río y has empezado a serlo, pero aún tienes el recuerdo de cuando eras piscina" y es eso, los ríos fluyen, no se plantean por dónde pasarán y como construir ese camino, solo pasan y se abren paso por donde les da la gana.