miércoles, 24 de febrero de 2021

Aquella perrilla dócil

 

Siempre digo que Él es de pocas palabras, pero que lo comprendo bien, no sé si eso es cierto, a veces quizá es que yo soy demasiado fantasiosa e interpreto Sus escuetas palabras de la forma más bonita que se me ocurre:

Stripped – Depeche Mode

El látigo restalla, la fusta pica, la correa marca tu piel… Déjame ver que te desnudas ante mí, déjame ver que vuelves a ser mía, que las rodillas te pesan ante mi presencia, déjame ver la veneración en tus ojos. Déjame ver el rojo de tus mejillas tras una bofetada.

Agarro tus muñecas de nuevo, tan pequeñas entre mis manos, había olvidado lo mucho que me gusta inmovilizarte, que sientas que no puedes huir, no hay escapatoria…

Los castigos, las perversiones, las órdenes, las normas… volver a ser lo que fuimos, esos tiempos de Depeche y fiestas, de exhibirte en ropa interior, de mostrar cómo aguantabas mis azotes… que sientas mariposillas ante esta palabra de nuevo, que tus lamentos vuelvan a ser la banda sonora de nuestras noches, que vuelvas a abrir al repartidor de pizza en lencería, comérnosla juntos y agotados tras haber usado todos y cada uno de tus agujeros, de haberte colgado de la polea, de haberte hecho correrte con el Hitachi atado…

Déjame ver que sigues siendo mía, que disfrutas siéndolo, déjame ver que sigues siendo aquella perrilla dócil que lamía mis pies. No te lo exijo, no puedo obligarte ni quiero, pero también tengo derecho a desear, a anhelar, a echar de menos. Y yo echo de menos a mi zorrilla sumisa, esa que se adelantaba a mis movimientos, que no me retaba, que siempre andaba pendiente de mis deseos, que cumplía todos y cada uno de los protocolos, a la que castigaba más por despistada que por desobediente…

No importa, puedo amarte de todas formas, puedo desear tu cuerpo con sus cicatrices, puedo follarte con cuidado, puedo no tomarme a mal tus retos, te veo, te entiendo, necesitas eso… No importa, puedo amarte, podría amarte en cualquier circunstancia, puedo amarte rebelde y retadora, puedo disfrutar doblegándote, puedo hacer que te rindas, eso es lo que ahora quieres… Eres otra sumisa, y yo… yo puedo ser otro Amo.

Puedo apretar más fuerte tus muñecas, escupir más veces en tu rostro, mear más veces encima de ti ¿Aún necesitas que marque más mi territorio? Tranquila, puedo darte más veces mi semen a beber de un vaso, puedo tirar más fuerte de tu pelo, puedo abofetear más veces tu rostro… ¿Es lo que buscas? ¿Es lo que necesitas? Yo te lo daré, podemos echar de menos a aquella perrilla dócil juntos. Qué hermoso sería, ambos añorando a aquella que no se ganaba tal dureza, a aquella que no necesitaba más que un gesto para obedecer, podemos llamarla juntos a ver si vuelve, mi voz sonará a vara golpeando nalgas, la tuya a lloros y súplicas ¿Crees que conseguiremos que vuelva? Estoy seguro que sí, siempre hicimos buen equipo, nunca hubo nada que se nos resistiese…

Déjame ver que te desnudas de nuevo ante mí, que me veneras, que me llamas Amo mientras se te llena la boca de orgullo y respeto. Déjame ver que vuelve, que mi perrilla vuelve, yo estoy deseándolo, sé que tú también, pero no pasa nada, no tengo prisa, el camino hasta que vuelva parece interesante…

lunes, 22 de febrero de 2021

Sugerencias Libros BDSM

 

Me preguntaron sobre libros BDSM. En ese momento me di cuenta que hace demasiado tiempo y, sobre todo, han pasado demasiadas cosas desde que leí el último libro sobre esta temática. Así que pregunté en twitter y obtuve muchas respuestas, al final de este post os dejo todas las sugerencias. Pero antes os quiero contar un par de cosas:

La primera es el porqué dejé de leer esos libros. Siempre fui una soñadora con una innata sensación de que todo es posible y, no es que me equivoque, es que una cosa es cumplir un sueño y otra vivir en una fantasía. Creo que algunas de las mayores desavenencias entre nosotros como Amo y sumisa han surgido mientras yo leía un libro sobre BDSM ¿Por qué? Porque concentrar toda la esencia de la dominación en un libro me llevaba a mi fantasía de lo que yo quería vivir, pero quitándole toda la realidad. No estoy juzgando los libros, es normal que se haga eso, yo lo hago cuando escribo: te focalizas en el aspecto que quieres contar. Pero la otra persona se construye una idea global con lo que le has contado. En fin, que el problema es que yo me ponía a soñar con relaciones que no incluían trabajos, hijos, familiares etc. Que tenían como eje único la dominación lo cual, os digo tras unos poquillos años de experiencia, es imposible. Y gracias a Dios, hay otras muchas cosas de las que disfrutar mientras se vive una D/s. El caso es que cada vez que leía un libro me deprimía un poco y acababa exigiéndole que se convirtiera en un personaje “de cuento”. Digamos que esos libros sacaban mi parte más caprichosa e irracional, la menos sumisa, pues le pedía que fuese de otra manera, le decía cómo debía dominar (como lo hacía el protagonista del libro por supuesto). Llegó un momento en el que medio me ordenó, medio decidí no leer más.

Los tiempos han cambiado, yo he cambiado, nosotros hemos cambiado. No creo que ya sea tan inmadura en ese aspecto, también he comprendido que someterse a un Amo, es someterte a Él y no a lo que tu querías que fuese (al menos en los detalles). Ahora necesito despertar muchas cosas dentro que apagué por un tiempo y los libros pueden ayudarme mucho con eso. Conforme vaya leyendo os intentaré hacer alguna reseña.

Bueno, y aquí os dejo la lista de sugerencias:

-          Historia breve de Vida, Amor y Sexo de Ángela Cantero (Me vais a perdonar que me ponga en primer lugar, pero es que justo acabo de reeditarlo en papel y se lo debo. Podéis comprarla tanto en versión Kindle o papel aquí)

-          Limerencia de Salvador Murillo (El propio autor me ha regalado un ejemplar, así que en agradecimiento qué menos que hacer la primera reseña de su obra) También os dejo el blog del autor que hace reseñas de películas BDSM, me encanta. 

-         Trilogía de la Bella Durmiente de Anne Rice

       La saga de Gor de John Lange

-          Historia de O de Pauline Reage

-          La Venus de las pieles de Leopold von Sacher-Masoch

-          La Atadura de Vanessa Duries

-          La saga de Amos y Mazmorras de Lena Valenti

-          Al descubierto de Ananta Rati

-          Trilogía Venganza o Quimera de Malenka Ramos

-          Serie Masters of Shadowland

-          Ardiente Verano de Noemí Amarillo

-          50 sombras de Fer de Fernanda Tapia

-          Un Placer culpable de María Acosta

-          La sumisa insumisa de Rosa Peñasco

-          Roles de Ría Luxuria

C    Crónica de los Sentidos (Poner enlace al blog de Alicante bdsm) Os recomiendo que vayáis al blog de Lena, este link os lleva a una entrada con más sugerencias de bibliografía BDSM de autoras.

-          También os recomiendo que echéis un ojo a esta cuenta (@bdsm_info_spain) de twitter que ofrece varias obras de forma gratuita.

Iré actualizando esta lista de vez en cuando.

Como cada martes nos vemos a las 17:30 en mi canal de Twitch “angelaycafe” para hablar de BDSM y lo que surja. Para empezar os contaré qué me ha parecido “Limerencia” de Salvador Murillo ¡Os espero!

-  

-       

martes, 16 de febrero de 2021

Vivir mi sumisión a flor de piel

 

    Hay veces que todo parece ir bien, que todo parece seguir el camino adecuado, pero hay un pellizquito dentro que te molesta, lo sabes, es una pregunta que no quieres hacerte…

    Llevábamos unas semanas volviendo a nuestra “normalidad” volviendo a ser Amo y sumisa, volviendo a nuestro sexo, a tenernos muchas ganas, a tener muchas ganas. Entonces ¿Dónde estaba el problema ¿De dónde venía ese pellizco diferente, ese que me agriaba la diversión? Exactamente, era una pregunta que no quería hacerme, porque era más fácil, porque es más sencillo ignorarla, hacer como si nada hubiese pasado, como si tú no hubieses cambiado… Pero no nací para conformarme, no nacía para vivir con pellizcos dentro. Y esa incomodidad salió a borbotones una mañana cualquiera, me dejó devastada, no quería hacer nada, solo hacerme una bolita a Su lado, como si temiese que abrir la boca me alejaría de ese lugar. Y es que no es fácil, hay matices fáciles de confundir, y confío en Él y en lo mucho que me escucha, en lo mucho que trata de comprenderme, pero es que ni yo misma lo hacía…

“¿Qué te pasa? Cuéntame, sabes que no puedes ocultarme nada”

    En estos meses he cambiado mucho, en estos meses descubrí que antes vivía sobre seguro, tenía miedo, yo no me daba cuenta, pero lo tenía. En estos meses todo eso se relativizó, el miedo dejó de darme miedo y descubrí lo maravilloso que era vivir a flor de piel. ¿Cómo afectaba eso a mi sumisión? Me he dado cuenta que era muy servicial para cubrirme las espaldas, nunca fui una sumisa rebelde, claro que también es por respeto a Él, pero es que a veces no me daba ni la oportunidad de serlo. Digamos que me exponía a castigos y torturas de forma relativa, huía del riesgo. No quería “darle problemas” aunque yo estuviese rebelde o me apeteciese decirle que no a algo porque en ese momento no estuviese muy sumisa, digamos que no lo he llevado a tener que doblegarme, siempre ha salido de mí hacerlo. Y no es que ahora eso haya cambiado, pero quiero dejar de temer a mis propias fantasías, esas en las que me abofetea hasta que pido perdón, esas en las que estoy atada y expuesta y Él quiere putearme porque me lo he ganado a pulso. No es que antes esas situaciones no se dieran, es simplemente un matiz, algo sutil… Quizá si me abofeteaba pedía perdón a la quinta, aunque pudiese aguantar diez más. No quiero dejar de ser Suya, solo quiero descubrir qué pasa si vivo cada instante de mi sumisión (y de mi vida) sin miedo a nada. No quiero que parezca que lo de antes fue suavito, cada uno tiene su termómetro de intensidad y nosotros fuimos muy intensos, el problema es que lo soy aún más, y la plenitud no entiende de conformidad, o te sientes o no te sientes. Y yo evitaba mi nivel de intensidad, me hacía la que no quería dolor, cuando estoy deseosa de explorar mi límite, me hacía la débil para que creyese que pasarse de cierta línea ya era abusar, cuando no era cierto, podía aguantar y tolerar mucho más, solo es que me daba miedo. No es que hiciese esto de forma consciente, siempre me pregunté por qué cuando me susurraba que me iba reventar el culo yo suplicaba que no lo hiciera, cuando me moría de las ganas, me preguntaba qué mecanismo se activaba dentro de mí para no asumir que podía con eso y con más. Pero ahora ya no tengo miedo y quiero explorar, no quiero ser fácil para que me quieran. Y es que me he dado cuenta que esto era un patrón que llevaba a cabo en muchos aspectos de mi vida. Mi madre siempre presume de que fui una adolescente muy fácil, que no le di problemas. Había algo de esa afirmación que siempre me molestaba, no fui fácil, es que me reprimí mucho. Como si fuese lo que se esperaba de mí, como si la gente mi quisiera porque soy fácil y agradable de llevar. A esto Él dice “¿Fácil de llevar?” Jajaja porque con Él no lo he sido tanto a nivel de relación, supongo que desde esa auto represión que por algún lugar tenía que salir. Pero como sumisa sí he ido siempre por delante del Amo, siempre he tenido miedo de que se cansase o dejase de valorarme si me ponía más rebelde. Todo esto, como os digo, de forma inconsciente, ahora puedo verlo claro porque lo he trascendido. ¿No volveré a ser servicial? Probablemente sí, lo disfruto mucho, una cosa no quita la otra, simplemente es que ahora quiero explorar y descubrir esas sensaciones que me daba miedo experimentar. ¿Cuál es mi punto de inflexión? Ese entre la fortaleza, el orgullo y el doblegarse.

    “¿Y ya crees que estás recuperada como para subir a ese nivel?” Me preguntó tras expresarle todo esto, estando frente a mí. No os negaré que es tremendamente cómodo seguir “convaleciente”, seguir dejando que me cuide y que se controle cuando incumplo alguna norma. Y la antigua Ángela hubiese dicho un tibio “no lo sé” reprimiendo gritar que sí, que ya estoy más que lista y me siento con fuerzas de aguantar cualquier tormento. Pero la nueva Ángela quiere ser lo más auténtica que pueda llegar a ser, por mucho que eso duela o conlleve. Así que lo he mirado y con la risa nerviosa, esa que me sale cuando sé que la bofetada está próxima, he dicho “Sí, Amo” Él no ha hecho ningún gesto, pero yo me he llevado las manos a la cara para protegerme y le he dicho “Ay, no me pegue” Él se ha partido de risa mientras “forcejeaba” un poco conmigo para dejarme las mejillas expuestas “Cómo las hueles, no he hecho ni dicho nada pero sabías la que te iba a caer”. Ha sido un momento muy divertido. Me ha gustado volver a comprobar que puedo comunicarme con Él, que me escucha y me entiende (aunque a veces hay que esforzarse para hacerlo). Que comprende que no estoy diciendo que no quiera ser sumisa o Suya, que no es que quiera faltarle al respeto, es que necesito saldar una cuenta pendiente conmigo misma y permitirme ser como me apetezca ser en cada momento, sin importar las consecuencias.

    Evidentemente he acabado atada al cabecero de la cama (que por cierto hemos estrenado perversamente hablando), abofeteada, mordida, follada, ahogada, llorosa… Me he dejado gritar cuando los dientes se clavaban, me he permitido gemir cuando el dolor me daba placer y he suplicado cuando realmente no podía con él. Ha habido un momento muy simbólico que marca esta nueva etapa: Yo suplicaba “No, por favor. ¡Carlos! ¡Carlos!...” a lo que Él ha contestado “¿Carlos? ¿Quién es Carlos?” automáticamente lo he cambiado por “Amo”, y es que en estos meses ha sido más “Carlos”, mi compañero, mi cuidador, mi amigo… pero era hora de que el Amo tomara más peso. Me va a costar un poco, “Carlos” mola también tanto…

    Ha sido muy interesante analizar todo esto, probablemente no se entienda bien, hay “clicks” internos que para los demás son casi imperceptibles, pero para ti son un cambio abismal. Sí, la vida a veces duele, a veces te enfrenta a sensaciones angustiosas, pero no te mata, nunca te mata más que no vivir en plenitud. Me siento liberada, y es que erróneamente asociamos tanto la felicidad a la alegría, que evitamos cualquier tipo de sensación que juzgamos negativa por ser opuesta. Sin embargo el gozo de vivir está en el no juicio de las emociones y sensaciones. La felicidad no es más que la ausencia de miedo. Así que no hay evitar esa pregunta, ese dichoso “¿Es esto lo que deseo? ¿Estoy viviendo en plenitud, tal y como imagino que es mi ideal?” No hay que temer al “No” por temer al camino que habrá hasta transformarlo en un sí. A mí me dolerá, me escocerá, lloraré… pero lo disfrutaré y llegaré a ese maravilloso Orgasmo de Vivir.

Y ¿Qué os parece si esta tarde nos vemos en Twitch y charlamos un ratito de esto, de BDSM o de lo que os apetezca? Os espero a las 17:30 en mi canal "azoteycafé" 

 

jueves, 4 de febrero de 2021

Nuestra intimidad

 Fields Of Gold - Sting


Últimamente me pasa que llega el final de la noche, ese en el que todas las niñas duermen y no hay nada más que hacer que estar los dos solos, juntos y tranquilos y no quiero que acabe. Vemos una serie y si nos apetece hacemos el amor. Ahora por las mañanas estamos solos, así que es mejor momento para el sexo. Pero es que hay noches que tengo una sensación dentro, unas ganas acumuladas… Busco tener sexo simplemente porque no quiero dormir, no quiero, no quiero que acabe la noche, no quiero dejar de estar con Él… “¿Vamos a dormir?” Me preguntó “No quiero, Amo. Quiero estar con Usted” “Ya estás y, aunque durmamos, estamos” “Lo sé, pero no es eso. Quiero estar con Usted”. No sabía explicarlo, no sabía cómo traducir esas ganas de convertir una noche cualquiera en una noche especial. Cómo hacerlo cuando es lo que deseo hacer cada noche…

Comencé a besarlo, suave y despacio. Llena de ternura, llena del más puro amor. ¿Cómo se traduce eso? Cómo sin llegar al sexo. ¿Cómo plasmar la entrega en un instante sin llegar al sexo, sin llegar al dolor, a las órdenes? ¿Cómo satisfacer esa necesidad que se me acumulaba en el pecho? Por inercia puse mi mano en Su cara mientras lo besaba. Separé mis labios de los suyos y supe claramente lo que quería. Mi mano comenzó a acariciar cada recoveco de Su rostro mientras lo miraba extasiada en la penumbra de la noche. Lo siento, no puedo transmitir lo intenso y suave que fue, no sé transmitir lo plena que me sentí. Tan lejos de Él como para ser consciente de que era una persona ajena a mí, un hombre que había escogido ese rincón, esa cama, junto a mí, para pasar cada noche. Podía percibir todo lo que desconocía de Él, todos los años que pasó sin saber de mi existencia, pude alejarme tanto que llegué a ver en su rostro al niño que fue. Pero también pude estar tan cerca como para sentir que las yemas de mis dedos se fundían con sus párpados. Nunca había tocado nada de forma tan delicada como lo hice aquella noche, nunca había sentido tanto con un gesto tan sencillo. “Me está dando sueño” dijo advirtiéndome, creyendo quizá que yo buscaba terminar haciendo el amor “Duerma tranquilo, Amo. Yo solo quiero estar aquí, acariciándolo, viendo cómo se duerme tranquilo”.  Y es que realmente no había sexo que pudiese mejorar aquello, no había placer más grande que el que yo sentía en aquel instante acariciándolo, venerando cada milímetro de Su piel, perteneciendo a cada lunar, a cada pestaña, a cada pelo de Su barba… No quería sexo, claro que no. No quería salir de aquel extraño y delicado éxtasis.

Y, mientras a los pocos minutos, yo también me dejaba vencer por el sueño, comprendía que había una dimensión nueva que descubrir, una intimidad que no había saboreado. No es que nunca la hubiese vivido, no es que no lo hubiese acariciado nunca, no es que nunca hubiese servido sin sexo de por medio, simplemente nunca lo había considerado más allá de un preámbulo, de un “placer menor”, qué idiota, como si las formas de amar tuviesen categoría…  Había pasado de puntillas por un tipo de intimidad que aquella noche me había fascinado. Pensé en las sesiones, en esos grandes ratos de correa, de humillación, de lágrimas y sexo duro, doloroso y maravilloso y supe que siempre había creído que solo ahí estaba manifestándose la entrega en su pleno apogeo, que solo esos momentos eran el culmen del BDSM… Y allí estaba yo, tras meses de incertidumbre respecto a mi sumisión, tras meses en los que esos momentos no podían ocurrir, tras meses sin probar el tacto de la correa y el trance del dolor, sintiendo de nuevo la sumisión nítida y profundamente en la delicadeza de una caricia. Allí estaba yo adorando de nuevo, haciendo que esa pequeña bomba de pasión que se gestaba en mi pecho explotase llenándolo todo de magia.

Pienso en las fiestas a las que asistimos, las personas con las que jugamos. No me importó desnudarme, no dudé en ponerme de rodillas y en las rodillas de quién se me ordenó, no me avergonzó que viesen cómo me azotaba, cómo lloriqueaba y gemía de dolor… Pero por nada del mundo querría que nadie estuviese presente cuando le acariciase como la otra noche. Y yo me pregunto: Si eso es así ¿Cuál es realmente nuestra intimidad? ¿Dónde esta la esencia de mi sumisión, esa que solo puedo mostrar ante Él? Quizá ahora que la creí perdida es cuando vaya a descubrirla…

--------------------------------------------------------------------------------------------------------

- Al margen de esta entrada quería contaros que he vuelto a publicar mi libro "Historia Breve de Vida, Amor y Sexo" esta vez también en papel. La semana que viene es la semana del lanzamiento oficial y quiero convertirla en una semana especial, sortearé varios ejemplares, lo pondré a un precio especial y los directos en Twitch (si aún no me sigues por allí, hazlo y no te los pierdas, son martes y jueves a las 17:30 búscame como "angelaycafe" ;) ) estarán relacionados con el libro, con lectura de mis fragmentos favoritos.

jueves, 28 de enero de 2021

 

I'm Yours - Jason Mraz

  Qué queda cuando quitas azotes, cuando no hay correa, cuando sabes que no habrá castigos pues no hay normas… Qué queda cuando no hay lencería, cuando no hay travesuras, cuando no hay bolas chinas, ni vibrador con mando a distancia…

Qué queda cuando las canciones para sesionar se apagan, cuando dejan de sonar. Qué queda cuando no sale cantar en el coche, ni dedicarnos canciones, qué queda cuando la vida te tiene tan ocupado que no hay ni besos de despedida. Qué queda cuando no hay mamada de los jueves, cuando no hay melena de la que tirar, qué queda cuando no hay un cuerpo preparado para soportar torturas varias…

Qué queda cuando la complicidad flaquea, cuando parece que el puente a nuestro mundo se tambalea, qué queda cuando no hay pestañas que lo seduzcan, cuando no hay fantasías, cuando la quimio apaga el deseo, qué queda cuando no hay órdenes que dar, cuando no hay órdenes que cumplir, qué queda cuando no hay que pedir permiso para salir, cuando no hay orgasmos entre llantos. Qué queda cuando no hay bofetadas, cuando las mejillas ya no arden, cuando la mano no pica…

Qué queda cuando no hay una mujer sexy, qué queda cuando solo hay una mujercilla calva, delgaducha y dolorida. 

Qué queda cuando no puede tocarme el pecho, cuando no se puede pellizcarlo con pinzas, cuando las fustas olvidan el tacto de mi piel, qué queda cuando mi cuello no recuerda el tacto del collar rodeándolo, qué queda cuando no hay que dar explicaciones de a dónde voy o no voy….

Qué queda cuando no tengo que pensar en qué ponerme para no incumplir el protocolo, qué queda cuando no hay protocolo, qué queda cuando estás tan cansado que ni ganas de intentar tocar con la punta de los dedos lo que fuisteis te quedan

Qué queda cuando el vicio pasa a un segundo plano, qué queda cuando cada uno está viviendo cosas tan distintas y tan intensas a la vez que es difícil comprenderse del todo, qué queda cuando no hay “Amo” tras cada pregunta y respuesta y no ocurre nada porque nada puede ocurrir…

Qué ocurre cuando vuestro mundo cambia, como todo cambia…

Yo se lo diré, lo que queda son los cuidados, los "mi calviguapi", queda la confianza en mí, quedan las ganas de que viva, quedan las charlas en la cocina en las que yo divagaba entusiasmada y Usted me escuchaba. Quedan nuestros grandes momentos juntos, las fiestas de verano, de violín y saxofón, los vinos en Córdoba, quedan los orgasmos gastronómicos, quedan los planes nuevos con amigos, el cantar y bailar en casa poniendo vídeos de Youtube hasta las tantas, queda el verano más extraño y bonito de nuestras vidas. Lo que queda es aquel polvo, aquel miércoles, en aquel hotel de Marbella de cuyo nombre no quiero acordarme... Quedan los días en el hospital los dos solos con nuestra música, comiendo los chocolates que me compró a escondidas. Lo que queda es este reinventarnos, este soñar juntos como antes no soñábamos, queda ver que me deseaba pasase lo que pasase, fuese como fuese mi aspecto. Queda Su protección. Quedan los ratos en los que me pedía que le contase, que lo hiciese partícipe, de ese mundo al que tiendo a irme... 

Que qué queda, yo se lo diré, queda es una certeza que nunca desaparece, que nada puede callar:

Soy suya.

Feliz cumpleaños, Amo


domingo, 25 de octubre de 2020

Retomar, revivir

 RETOMAR; REVIVIR

¡Hola a todos! No sé si alguien me sigue leyendo pero no importa, lo que necesito es volver a mis orígenes con el blog, esos tiempos en los que compartía lo que me pasaba, lo que vivía en mi cotidianidad, cómo vamos adaptándonos a la circunstancias y qué retos se nos plantean al intentar vivir nuestra relación en esas circunstancias.

La vida es puro cambio, nosotros somos puro cambio. Confieso que hace unos años, cuando iniciamos este proceso de ser Amo y sumisa, en mi ingenuidad creí que una vez establecida la relación ya todo seguiría igual hasta el fin de los días jaja pero en la práctica he comprobado que el verdadero reto del 24/7 es integrarse en los sucesos, porque no hay ningún momento en el que separes BDSM de tu vida, sois dos personas creando un proyecto, en el que estás unido y a la vez vives tus procesos. En estos años desde que empezamos a ser Amo y sumisa nuestra vida ha ido presentándonos circunstancias como tener otra hija, una gran operación, oposiciones para ascender, un cáncer... por no hablar de las pequeñas cosas que van surgiendo en el día a día. 

Hoy quiero intentar transmitir y resumir cómo he vivido en estos últimos meses nuestra relación. Desde el punto de vista del cáncer no hay mucho que decir, Él me ama y encima es mi Amo, cuidarme ha sido su prioridad desde el principio, incluso cuando yo no quería esos cuidados, cuando yo quería que olvidase que estaba en tratamiento. Esos momentos en los que añoraba la correa, los castigos, el tener que cumplir normas... pero que Él no podía darme porque, por muchas ganas que yo tuviese, mi cuerpo no podía responder a ello. Así que no, el cáncer no ha presentado ninguna cosa extraña respecto a nuestra relación, ha sido tal y como puedes imaginar que será: ante una enfermedad el Amo priorizará cuidar y liberarte de tus responsabilidades, es lo que cabe esperar y así ha sido.

Lo realmente interesante ha sido el proceso personal que he llevado paralelamente. Para sanarme físicamente sabía que tendría que sanar en otros aspectos, que había cosas dentro de mí que tenía que cambiar y descubrir. Nada más decirme que era sospechoso me puse a ello. El resultado es que tras estos meses no soy la persona que fui. He ido adquiriendo una fortaleza que jamás había sentido, una confianza en mí y en la vida únicas. Cuando reformas una casa primero has de hacerlo en general, luego ya te pones a los detalles, a los ajustes, pues en esto igual. El "problema" del proceso que llevé es que era muy personal, tanto que dejaba fuera todo lo demás, si a eso le sumamos mi tendencia a la introspección surge el reto. Nuestra relación se vio afectada, no el amor que nos tenemos, pero sí la parte más superficial de nuestra relación. Mi fuerza llego a ser tal que mi energía sumisa quedó muy muy relegada. Al final todo es energía, ese "algo" de alguien que te hace doblegarte y ese "algo" de alguien que te hace querer dominar... pues mi "algo" no era muy perceptible y todo se volvió confuso. No quiero dar la sensación de que fue un drama, todo era muy sutil, somos muy de observarnos, de analizar, por eso nos dimos cuenta de que algo era distinto y había que enfrentarlo. Durante un tiempo estuve confusa, me di cuenta de que ya no necesitaba el BDSM como antes, ya no necesitaba entregarme, lo que debía ajustar y aprender a través de ello ya estaba hecho, pero nuestra relación funcionaba así... ¿Ya no quiero que sea mi Amo? me preguntaba y Él se preguntaba. SI es así ¿Funcionará? ¿Podremos readaptarnos?... Tenéis que imaginar el contexto: niñas, quimio, lo cotidiano... no había mucho margen para enfrentarnos a todo esto, solo seguíamos. Hubo un día que hice click, siempre suele ocurrirme, pido respuestas y en solo un instante lo comprendo todo... Ese día pasó algo, estábamos solos, se enfadó conmigo y todo derivó a una especie de "sesión". Yo obedecía, me sometía aparentemente, todo parecía ser como en los viejos tiempos hasta que de repente paró en seco "No siento que te sometas, parece que sí, pero no". (Aunque también quiero decir que de aquello hay muchas escenas que me excitan una barbaridad cuando las recuerdo jaja) No dije nada, Él se durmió y yo me puse a meditar, no me sentía bien, pero no podía dejar de ser como ahora soy... Entonces lo supe. Todos estos años decía que solo había que ser sumisa con una persona, pero lo cierto es que me sometía a muchas cosas que no quería, a personas, circunstancias... mi energía era sumisa en general. Era cierto que ya no lo era, al revés, mi energía líder y fuerte había surgido pero lo miraba dormir a mi lado y veía también a mi Amo, comprendí que una vez "reformada" mi personalidad debía hacer ajustes. Puede que ya no necesitase el BDSM pero seguía gustándome, seguía viendo a un líder en Él, ser Suya me seguía dando un "no se qué" dentro, entonces la solución era bien sencilla, tenía que hacer caso a todo lo que siempre había dicho y defendido: tenía que darle el privilegio de mi Entrega a Él y solo a Él. Mi sumisión no se había ido, simplemente estaba en pausa mientras aprendía a ser una líder para el resto del mundo y una sumisa para Él. Era una pausa necesaria, pero ya tocaba reajustar. Nunca dejé de ver al dominante en Él, sencillamente me enfrenté a si yo quería responder a esa energía. A veces las respuestas requieren de un proceso, porque es peligroso responderlas rápido, corres el riesgo de auto engañarte creyendo que quieres lo que se supone que debes querer. Con el cáncer me pasó igual, lo primero que me pregunté es si quería vivir o no. La respuesta rápida de cualquiera sería "SÍ" pero yo quería saber la verdad profunda, finalmente era "SÍ" pero si no conoces tu verdad no puedes hacer nada para cambiarla. La respuesta rápida a si quería seguir siendo Suya era "Sí" pero corría el peligro de hacerlo sencillamente porque es como hasta ahora hemos sido, porque no conozco a una Ángela sin BDSM, porque qué dirán los que nos conocen, qué pensará Él después de todos estos años... es peligroso responder rápido sin plantearnos la verdad porque puede que sencillamente tengas miedo a lo que venga tras saber la verdadera respuesta.

Quizá di un rodeo hasta descubrir la verdad, pero no me lo saltaría por nada. Me encantó ese momento en el que contemplé todo mi poder, mi fuerza, mi independencia mientras miraba al hombre que dormía a mi lado, por el que también me embargó un amor infinito y una confianza única, también pude contemplar su poder y su fuerza... y ante su energía me doblegué. No es que ahora todo sea como antes, nada podrá serlo, pero eso no conlleva que sea negativo, al revés, ese mismo día supe que juntos formábamos una pareja única, con muchas cosas que descubrir, con un futuro apasionante. Ahora es divertido a veces, extraño otras, descubrir quién soy respecto a mi Amo, quién soy respecto a todo en general. No sé ni siquiera cómo seré con pelo de nuevo... es inquietante pero muy emocionante. 

No quiero que dé la impresión de que todo giraba en torno a mí, Él también ha tenido su proceso respecto a mí y mi "no sumisión" que compartía conmigo, pero en este blog hablo de lo que yo siento, quiero respetar (dentro de que hablo de nuestra relación) lo máximo posible su intimidad.

No hay persona por la que haya sentido una admiración tan grande, no hay persona en la que vea de manera tan fuerte la conexión. Me entregué a Él hace muchos años y ahora, la Ángela que soy vuelve a hacerlo y sin ninguna duda.

Mi cáncer ya no está, no había un resultado mejor. Ahora, después de todo lo intenso que ha sido (casi podría decir que estaba en otro lugar trabajando en ello) toca volver al mundo y adaptarme, toca preguntarme muchas cosas en muchos aspectos, es el momento de revivir, resurgir y retomar.

miércoles, 15 de julio de 2020

La otra noche soñé


La otra noche soñé que tenía pelo, volvía mi melena larga y castaña. Soñé que leía un libro, uno que al abrirlo podías vivirlo de verdad. Así que me transportaba a sus escenas. Llegué a una recepción en la que una chica me inscribió en una lista y tuve que firmar un papel. No llegué allí forzada por nadie pero sí sentía esa vulnerabilidad de la que sabe que pierde voluntad. Me hizo pasar por una puerta, allí había una especie de pasillo largo y ancho, a la izquierda unas cabinas, una especie de probadores sin puertas en los que podías ver cómo los Dominantes y las Dóminas jugaban con sumisos y sumisas. Al otro lado había un banco de madera con ganchos en la pared para dejar la ropa. Llegué a la última cabina, allí estaba Él jugando con otra chica, yo no lo conocía pero supe que sería el Dom al que me entregaran, un escalofrío me recorrió, la incertidumbre y el miedecillo me erizaban la piel y me llenaban el estómago de mariposas. Ella estaba de cara a la pared con los brazos estirados sobre su cabeza, Él la agarró de la cintura para sacarle el culo un poco para afuera y le separó las piernas. La lamió y mordió por la espalda. Yo apartaba la mirada, no recuerdo todo lo que sucedía solo sé que mi excitación y sensación de vulnerabilidad aumentaban cada segundo. Lo siguiente que vi es que le introducía algo en el culo y ella se quejaba. Él tenía esa cara que me asusta y me vuelve loca. Justo en ese momento giró la cabeza y me miró directamente por primera vez desde que estaba allí plantada frente a ellos. Agaché rápidamente la cabeza, supe que sería Suya. Curiosamente no temía la dolor, pero sí al escozor. Es mi punto débil, siempre he fantaseado con torturas de cremas y supositorios que ardían pero, cuando lo he vivido, no encuentro forma mental de soportarlo mucho tiempo. Una mujer bastante “normal”, sin cueros ni aires de grandeza, con el pelo negro, largo y rizado de la que recuerdo perfectamente su cara aunque no la identifico con nadie, se acercaba a mí, me cogía de la mano y me sentaba en el banco de madera. Me hablaba con cariño pero firmeza, decía que como era nueva iba a desnudarme e inspeccionarme. Cuando ya estaba semidesnuda sentía el momento de pasar a sentir sus manos tocándome, el momento de empezar a vivir de verdad todo aquello y no podía aguantarlo, le decía que quería sentir pero que estaba siendo muy intenso y necesitaba alejarme un poco para después volver, se lo prometía. Ella con una sonrisa muy cariñosa me decía que todo esto no era más que un libro, mi libro, que podía cerrarlo cuando quisiera y volver a abrirlo cuando estuviese preparada, todo aquello estaría esperando para mí tal cual lo dejé. Me levanté, pasé por recepción y crucé la puerta que simbolizaba cerrar el libro. Estaba muy excitada, en el sueño y en la vida real.

Puede parecer un sueño absurdo pero hacía mucho que no soñaba con algo sexual con tanta intensidad, como seguro que os ha pasado, no era lo que sucedía sino todas esas sensaciones que me provocaba y que soy incapaz de escribir. Adoro que ocurra, hace que me dure una leve sensación de placer incluso varios días, como si el sueño siguiese activo e, incluso, haciéndose realidad en algún lugar de mí. Supongo que mi pelo y mi vida sexual en todo su apogeo volverán tal cual los dejé, o incluso mucho mejor. Cada vez está más cerca. Lo noto, lo sueño.