lunes, 27 de junio de 2016

El Hada, el Guerrero y el endometrio

Hay sentimientos y sensaciones que no se pueden explicar, son como un pálpito en el pecho… estoy cansada de no tener palabras para explicarlas así que se me ha ocurrido que voy a empezar a escribir un cuento por cada una de ellas. Un cuento mágico, como si fuese una historia que sucede a la vez que las sentimos e incluso como si las sensaciones y los pálpitos fuesen resultado de ellas… Hoy hace 12 años que empezamos esta aventura que es estar juntos, 12 años que en aquel banco de aquel parque nos besamos por primera vez. Jamás olvidaré el sabor a menta y el olor a mora, jamás olvidaré aquella sensación. Él ha sido la intuición más mágica y nítida que he tenido, por ello se merece ser la primera, por eso se merece este primer cuento:


Él era un hombre sencillo, un hombre fuerte, de sonrisa deslumbrante, tenía el poder atrapado en sus dientes y sus dedos. Era un jinete de pistolas en la cintura, de espuelas de pinchos afilados. Era un aventurero que decidió explorar, un aventurero incansable e inquebrantable, jamás se daba por vencido. Era un hombre justo, un hombre de tierno abrazo y firme espada, un estudioso, inteligente, callado. Con un guiño dejaba los corazones entregados… Pero sobretodo Él era un Guerrero, sin armadura, sin honores, pero valiente y bravo.


Ella era una palomita, una zorra como pocas, una gata salvaje y un poco rabiosa. Ella era una bailarina de burdel, era una cameladora, con solo enseñar el tobillo tenía cliente asegurado en su lecho. Ella era una princesa egipcia llena de enigmas y misterio, en sus manos la suavidad y en su voz la magia negra. Ella era una ninfa asustada, se defendía atacando, era un ser perdido en los templos de la represión y la tristeza. Ella lloraba cada noche antes de dormir sobre un lecho de hojas, los mares estaban hechos de sus lágrimas, el sonido del viento de su lamento.


Él viajó por los confines del mundo, Él se recorrió cada montaña, cada ciudad, cada poblado, Él no lo sabía pero la buscaba a Ella, esperaba encontrarla en alguno de sus largos e increíbles viajes. Luchaba con dragones, con ninjas, domesticó a un lobo salvaje y enorme, durmió al calor de una manada de leones, la hidra casi acaba con Él, pero no tenía más cabezas que Él empeño.


Ella lloraba y cantaba, Ella embaucaba a los campesinos, los enroscaba entre sus piernas, los atrapaba en su magia para siempre, jamás volvían a ser los mismos. Incluso dicen que alguno murió de fiebres, de inanición, que a alguno vieron marchar de la mano del demonio por propia voluntad. Ella tenía la verdad del mundo atrapada en su coño... eso acababa con sus amantes.


Él estaba caminando, silvando despreocupado, tarareando alguna canción de las que se almacenaban en su mente y lo acompañaban en cada paso. Algo llamó su atención, era una mujer, en un campo recién segado, una mujer desnuda recostada entre las balas de paja. Sí, era Ella, corrió a su lado. Mientras corría iba desnudándose: la espada manchada de sangre de dragón le sobraba, la pistola que acabó con el monstruo de aquella cueva le estorbaba, el machete con el que se abría paso entre las hojas le pesaba, la ropa sucia llena de recuerdos se le antojaba lija sobre la piel… Y acabó desnudo, corriendo por el campo hasta Ella.


Cuando la chica abrió los ojos solo vio una silueta masculina con el sol detrás, sin inmutarse puso el brazo en la cara para evitar deslumbrarse, y separó las piernas para dejarlo entrar…


Sin saberlo se adentró en la mayor aventura jamás contada, puso Su polla a la entrada del jugoso órgano femenino y se abrió paso a través del frondoso y rubio bosque de su vello púbico, estaba lleno de magia, en cada rincón, tras cada árbol había un susurro, un susurro que le contaba la vida de aquella extraña hada que lo recibía con los ojos vacíos y tristes. Y, aunque algunas de esas palabras lo asustaron como no lo había hecho la más fiera de las bestias, siguió adelante y llegó a la orilla de sus labios superiores y al mar de sus labios inferiores, llegó a la humedad de las caracolas, a la brisa marina de su carne, al agua tibia de aquella sirena afónica. Y, aunque el mar se le antojó el más oscuro y profundo de todos los que había visitado, continuó sin vacilar. Arribó a la cueva de su vagina, una cueva pequeña y estrecha, una cueva cálida pero de apariencia tenebrosa, las lágrimas la pintaron de rojo sangre, los desgarros la llenaron de cicatrices, aparecían fantasmas tras los rincones, pero el aire seguía siendo templado y acogedor, la ternura lo envolvía a pesar de todo, y podría haberse quedado allí, pero decidió ir más allá. Era un explorador y acababa de descubir su tesoro, acababa de descubrir todo un mundo oculto, una ciudad secreta, una Atlantis dentro de esa muchacha. Así que escaló por la estrechura del cuello del utero, ese puente que le apretaba y parecía encogerse para cerrarle el paso. Al conseguir cruzarlo admiró la cosa más bonita que sus ojos jamás habían visto, era un valle, amplio, hermoso, recubierto de mullida hierba, adornado con aromáticas flores. Admiró la belleza y decidió en décimas de segundo quedarse allí, anidar en aquel endometrio que parecía llevar toda la vida esperándolo. En cuanto lo hizo algo explotó, una magia, un orgasmo conjunto los llenó, les recorrió las venas, les tensó los músculos, les expandió el cerebro, se materializó en sus ojos al mirarse, se habían encontrado, el Hada y el Guerrero se habían encontrado…


La mora invadió el aire, sus narices. La menta sus bocas.


 

lunes, 20 de junio de 2016

Anoche, al fin, volví a llorar

Terminamos de ver una serie en el sillón, en Su sillón, estamos tumbados, Él me abraza por detrás “¿Qué piensas?” y las lágrimas empiezan a rodar, salen solas, el llanto me nace de un lugar lejano y profundo, un lugar que hacía años no visitaba.


Lo recuerdo aquel Septiembre, aquel nuestro primer Septiembre. Estábamos tumbados en la cama de Su dormitorio, las lágrimas rodaron al igual que lo hicieron anoche… Él me miraba, era la primera vez que me veía llorar. Nunca he sentido a nadie de esa manera, nunca he visto unos brazos tan llenos de deseo por consolar. Me rodeaba y me estrechaba contra Su pecho, intentando protegerme de esa marea de lágrimas que me arañaban la cara, de ese quejido que solo sacan los buenos llantos… Muchos años pasaron después, vio muchos llantos saliendo de mi soberbia, de mi coraje, de mi capricho, muchos llantos que salían de una capa más superficial. Quién puede culparlo por haberse acostumbrado a mis lágrimas, quién puede culparlo de no sacar ese instinto de consuelo cada vez que me veía llorar, y es que yo no volví a llorar como aquel Septiembre, no volví a llorar de manera tan desgarradamente limpia, no volví a llorar con lágrimas tan profundas…


Pero anoche lloré, no quería llorar, ni siquiera estaba conscientemente triste. Pero las lágrimas salieron fáciles, acompañadas de ese quejido, otra vez ese quejido… La vida volvía a abrumarme, exponiéndome a grandes cosas que solo ella sabe que puedo enfrentar, que solo la puta vida sabe que puedo sobrellevar… y es que nadie me dijo que empezar a ser consciente de tu valor doliera, es que nadie me dijo que escuchar al fin lo bonito que tienen los demás para ti fuese fácil, nadie dijo que era duro, que era difícil empezar a vislumbrar tu magia, tu esencia… Los oídos pitan, el estómago da pequeños saltitos, el corazón quiere salir de ti, la cabeza te da mil vueltas… y lloras. Anoche lloré y Sus brazos volvieron a ser aquel cobijo, volví a sentir aquella primera ternura que brotaba de Su pecho. No podría haber consuelo mayor. No hacían falta más palabras, no hacían falta más personas, más besos, nada, Él, sólo Él. Y es que hace magia conmigo, Él no lo sabe, no es consciente de lo que me dice sin hablar. Anoche me consoló, me protegió, me dejó llorar libre, me dejó expresar mis angustias, mi miedo a que la vida que me espera me supere, mi miedo a no ser suficiente… Y mientras lloraba entre Sus brazos descubrí uno más de Sus secretos: Su pecho, Su abrazo, es capaz de transformarse en máquina del tiempo, es capaz de llevarme atrás, a mis 17,  en esa cama, en ese momento en que yo lloraba y Él ejercía por primera vez de Guardián, de mi duro y protector Guardián.


Anoche lloré y me sentí la persona más especial y querida del planeta...

lunes, 13 de junio de 2016

Lo echo de menos

Count On Me - Bruno Mars


Me levanto por la mañana y mientras me ato las zapatillas pienso en él, pienso en mi padre. Está de viaje, hace varios meses que no lo veo y lo echo de menos. Me sorprende este pensamiento, me transporta a la niñez, a las semanas más largas de mi vida, aquellas que pasó en Chile. No es que siempre estuviese en casa, no es que de repente lo echase de menos porque de estar mucho conmigo pasó a no estar, no, es solo que esas semanas fui consciente de que echaba de menos nuestra relación, el ratito de por la mañana cuando me llevaba al cole, tarde, siempre tarde, pero cantábamos las canciones en bucle como si las monjas no me fuesen a echar una regañina, echaba de menos esos pequeños momentos, no a mi padre como figura tópica, lo eché muchísimo de menos. Después hubo más viajes pero ya no lo eché de menos así, mi padre es feliz viajando y eso es algo que supe esas semanas, esas semanas supe que debía acostumbrarme a dejarlo libre, porque yo lo quería, porque yo lo quiero, y cuando de verdad amas a alguien lo aceptas como es y eres feliz con su felicidad, enjaular pájaros nunca me pareció de recibo. Luego llegaron los años malos, llegaron esos años en los que mi ego empezó a ganar las batallas, esa época en la que solo veía cómo se supone que deben ser las cosas, aunque en el fondo yo no quisiera que las cosas fuesen de otra manera. Respecto a mi padre comencé a echarle en cara que no me dedicara atención, que no se comportara como un padre “debe” hacerlo, lo hice sentir mal, y tampoco sé muy bien por qué, si yo no necesitaba un padre al uso, yo solo quería nuestra relación, como ha sido siempre: rara, esporádica y especial. Yo no quería un padre que te diga qué debes hacer, no quería un hombre que está en casa esperando a que vuelvas, que come cada día contigo y te pregunta qué tal te fue el día, juro que nunca necesité eso, de hecho en esa época oscura él intentó ser ese tipo de padre, intentó decirme cómo hacer las cosas, probablemente intentando llenar ese vacío que cada dos por tres yo le decía que tenía… pero yo no lo soportaba, en el fondo no quería un padre que se preocupara por si comía o no, si me vestía de una manera o de otra. En mi defensa diré que yo era una niña, con 12 años aun no eres capaz de plantarle cara a los convencionalismos, aún no eres capaz de diferenciar entre lo que te dicen los demás que quieres y lo que de verdad quieres. Ser hija de padres separados no es fácil pero, como suele pasar, no por lo que se suele pensar, yo no quería que mis padres estuviesen juntos, eso no me dolía, lo que me dolía era ver cómo las personas cambiaban porque tu situación había cambiado, cómo te miran con pena, cómo te vaticinan una vida de sufrimiento, cómo intentan aconsejarte, sobreprotegerte… en mi defensa diré que aunque nadie lo decía con palabras mi entorno respiraba un: qué mal lo ha hecho tu padre… y ahora pienso en aquello y me doy cuenta de que yo me rebelé contra eso, que mi mal genio, mis malas contestaciones, mi rabia era contra eso, no contra la separación de mis padres… Cuando pasó aquella época, que “casualmente” terminó cuando lo conocí a Él, dejamos que la relación fluyese, nos tirábamos meses sin hablar, pero no desde el enfado, sino desde el aceptar lo que te pide el cuerpo, a mí no me apetecía llamarlo y él a mí tampoco, pero siempre llegaba un momento en que nos necesitábamos, nos encontrábamos en un punto clave de nuestras vidas y nos ayudábamos… con mi padre he tenido las mejores conversaciones del mundo, porque en ellas he olvidado que es mi padre, y él que soy su hija. Hemos sido dos personas ayudándose, escuchándose, comprendiéndose.


 Sinceramente, sigo creyendo que quiero a mi padre más que nadie, porque no lo juzgo, porque le arranqué todas esas etiquetas que llevaba puestas desde que nació. Mi padre es un alma libre al igual que lo soy yo, y no necesitamos más que nos entiendan y nos dejen volar a nuestra manera.


Ahora lo sé, yo siempre he comprendido a mi padre, estábamos destinados a querernos de manera distinta, y hoy por hoy lo puedo decir más segura que nunca. Desde niña lo endiosé, y lo hice porque ya veía su magia, veía lo increíble y hermoso que es, el error que cometí es que, conforme fui creciendo y me volví más humana, lo quise atrapar, porque eso es lo que hacemos los humanos con las cosas hermosas, las queremos atrapar y quedárnoslas para nosotros, sin preguntar, aunque eso las destruya.


Lo peor es que la relación con mi padre la he llevado un poco en secreto, y aún lo hago… no conté a nadie los viajes a Almería, no conté a nadie lo mucho que me reí cuando le dio por cantar “En el mundo de los gatos, Isidoro es un gato…” de mil maneras distintas y en bucle… aprendí a hacerlo así para evitar el juicio de los demás, para evitar que me juzgaran por disfrutar con él a pesar de lo “mal padre” que estaba siendo. Y es que las personas lo queremos todo, no nos conformamos con lo que nos quieran dar, exigimos y exigimos… como una persona nos haga sentir bien durante un tiempo lo agarramos y lo presionamos para que nos haga sentir así constantemente, en vez de quedarnos con esos tesoritos que da la vida, en vez de saborear lo bueno que ya tuvimos… Recuerdo un día de playa con 14 años, habíamos ido a Málaga a recoger a unos extranjeros, en verdad era un viaje de trabajo, pero por la mañana estuvimos jugando en la playa, los dos solos. Teníamos una pelota, jugamos a quitárnosla o a algo así, no lo recuerdo bien… Pero fue una mañana genial, estaba feliz. Recuerdo el viaje de vuelta enfurruñada por culpa de mi cabeza: “Me da migajas””No quería estar conmigo, solo que tenía que estar””Soy una carga para él””Su trabajo está antes que yo””Me quiere un rato y luego se le olvida””Yo quiero que sea como esta mañana siempre”. No sé si veis lo dañino que era eso para ambos… a él lo culpaba y yo me privaba de ser feliz, de ser feliz por lo genial que había sido el día, aunque a la vuelta el coche estuviese lleno de extranjeros ¡Qué más daba!. Mi padre me ha dado grandes momentos, momentos que solo le he contado a Él, pues es el único que no me creería una idiota por quererlo incondicionalmente, porque nadie entiende.


Me abrocho los cordones de la zapatilla y me doy cuenta de que lo echo de menos, pero ese echar de menos tranquilo y sereno, ese “ojalá pueda verlo pronto”, porque al fin puedo decir tranquila que, para mí, es el mejor padre del mundo… Me llevaba por las rocas de la playa a buscar charquitos para ver las anémonas, cogerme un cangrejito y que me correteara en la mano antes de volver a lanzarse al agua, mi padre me llevaba a Madrid y me dejaba elegir qué visitar, aunque eso significase tirarnos horas en el Corte Inglés probándome ropa, o comprar vinilos en una tienducha de un parking subterráneo, mi padre me llevaba a buscar ovnis, mi padre escucha mis sueños y, por muy de “Antoñita la fantástica” que parezcan, los hace suyos y me dice que los conseguiré, porque los dos somos unos soñadores que sueñan alto...  Mi padre es el mejor padre del mundo y merece saberlo.


 Y es que otro de los motivos que lo hacen ser el mejor padre del mundo es que sé con seguridad que va a leer esto con las mismas ganas y amor que lee todo lo que escribo.


Te quiero mucho papá

lunes, 6 de junio de 2016

Ramera

Cuando salía el sol, en esas decimas de segundo en que abría los ojos y veía los rayos anaranjados del amanecer el mundo no era mundo.


En ese ratito maravilloso la luz entraba tan fuerte por su ventana que no dejaba pasar la pestilencia de las calles, el orín y los deshechos mezclados con el olor a perro muerto. En esas décimas de segundo olvidaba que le faltaban algunos dientes por la malnutrición, y por alguna paliza también. En esas décimas de segundo olvidaba los harapos a los que llamaba ropa, olvidaba que existían ratas y enfermedad, olvidaba que el pelo ya canoso se le caía a puñados, olvidaba su vientre vacío y estéril, olvidaba los pellejos que colgaban donde debía haber tetas, esas tetas que tanto orgullo le causaban en su juventud, esas que creía que amamantarían a una docena de hijos rubios y sonrosados, esas tetas que emanarían leche como para alimentar a un ejército, esas tetas que no fueron capaces de sanar a su amado soldado, esas que solo sirvieron para arrullarlo en su lecho de muerte, esas tetas que empezaron a secarse aquel maldito día. Pero cuando el sol bañaba el cuartucho olvidaba todo eso, olvidaba esos huesos mal soldados que le hacía cojear un poco, olvidaba el ardor entre sus piernas, olvidaba la interminable lista de vergas que habían entrado en ella, olvidaba las palabras soeces y humillaciones a las que la habían sometido, olvidaba el olor a semen rancio que emanaba de su colchón, olvidaba el aliento pestilente de esos hombres, olvidaba el mareo de la cerveza, esa que tomaba para aliviar el dolor mientras la sodomizaban, aunque su culo desgarrado ya apenas sentía, ni siquiera cuando vaciaba su vientre en las letrinas. Su vida dolía, dolía mucho, pero en esas décimas de segundo en las que empezaba a salir del mundo de los sueños hacia el mundo de lo terrenal, en ese breve espacio de tiempo era capaz de sentir magia, esa magia que le decía que nada importaba… ni sus sueños, ni sus miserias, que eso no era ella, que ella era grande y hermosa, que ella era mucho más de lo que la carne la hacía ser, y sonreía sin sentir el hueco de las mellas, sin sentir el vacío de su corazón, el vacío de haber perdido el amor, de haberlo sentido en un espacio tan breve, el vacío que crea ver partir a tu soldado. Pero en ese momento en que sonreía, en ese, todos sus huecos se rellenaban, el sol llenaba todos sus vacíos, y sentía sus dientes como una hilera de perlas blancas, sentía su vientre preñado, sentía a su hijo jugueteando en sus entrañas, sentía sus pechos tersos y rebosantes. Y sentía a su soldado, lo sentía manoseándole las tetas, lo sentía entrando y saliendo entre sus piernas jugosas y sanas, lo sentía acariciando su pelo, lo sentía susurrándole al oído que esas décimas de segundo eran las únicas que valían, lo único real, era lo único. Que esas décimas de segundo eran la vida, eran la magia…


Pero entonces el sol terminaba de salir, ella terminaba de despertar y eso se desvanecía, sus pechos volvían a estar secos, su vientre volvía a estar vacío, su entrepierna infectada, su corazón roto y su mente volvía a ser humana y miserable. Pero no le importaba, volvería a amanecer, el sol volvería para hacerle olvidar por un segundo que en la puerta de aquel edificio había colgado un ramo, su soldado volvería con esos susurros que le hacían olvidar que ella era una ramera.

lunes, 30 de mayo de 2016

No recuerdo los cumpleaños

Twenty One Pilots - Stressed out


Hay días que estoy agobiada, angustiada, presionada… no emito ruido, no hago gestos pero Él me mira y me pregunta: “¿Qué te pasa?” y es cierto que me pasa algo, y no sé por qué, mi vida me encanta, todo lo que hay en ella me gusta, adoro las nuevas sensaciones de amor y liberación que se han desatado en mí. La perspectiva de lo que es la vida ha cambiado, todo me parece más subjetivo, todo me resulta cuestionable, lo que antes era importante ahora ya no me lo parece, todo aquello que creía necesitar ya no… he roto una barrera importante, he decidido tomarme la vida con calma, respirando y saboreando cada segundo, sin pensar en el futuro y mucho menos en el pasado, gracias a eso empiezo a meterme poco a poco en esa gran sensación que es ser feliz… pero entonces por qué sigo sintiendo una carga sobre mis hombros, por qué hay algo que me pesa y no me deja volar, si yo ya no quiero sentir eso, si yo ya quiero volar, volar alto y vivir… Estoy estresada y no sé por qué, siento que algo me atrapa a un mundo al que ya no quiero pertenecer, que unos condicionamientos que ya no quiero siguen tirando de mí, yo quiero ser libre, libre a mi manera, aunque suene raro viniendo de alguien que pertenece a otra persona. Viajábamos el viernes hacia un fin de semana en familia, los cuatro juntos, un fin de semana que prometía ser divertido, un fin de semana para nosotros… viajábamos en el coche, felices, escuchando buena música, pero mi ceño estaba fruncido. Me daba miedo haberme equivocado en la reserva, buscaba el correo que me había enviado el hotel y no lo encontraba, las dudas, la angustia me invadía… y si no era esta fecha y si, como tuvimos que modificarla, no la apuntaron bien, y si no lo confirmé, llegué a tal momento de angustia mental que incluso tuve que hacer un esfuerzo para recordar la tarde que llamé por teléfono por si quizá ni siquiera existió. Hemos pasado un fin de semana muy divertido y tranquilo, pero reconozco que he estado en continua lucha interna por estar viviéndolo, por olvidar ese estrés, ese mal humor que lleva asociado… pero por qué estoy estresada, si yo ya me sentía libre…


El domingo por la mañana nada más levantarme en una cabañita preciosa de piedra y madera con unas vistas maravillosas, con el olor a naturaleza a mi alrededor, con mi Amo, con mis hijas durmiendo plácidamente, el domingo por la mañana nada más levantarme tenía un mensaje en el móvil, era el mensaje de una amiga que me decía lo triste que estaba porque el día anterior había sido su cumpleaños y yo no la había felicitado. Llevo dándole vueltas a lo que eso me provocó todo el día, y me alegro de que esto haya pasado porque me ha dado la clave de eso que me seguía atando. Son esos pequeños condicionamientos los que aún me afectan,  son tan pequeños que no me doy cuenta de que están ahí, en mi cabeza, dando vueltas, es información en mi cerebro, información que me provoca cosas… tendría que haberme sentido mal por no haberla felicitado, me tendría que haber sentido mala amiga, pero no fue así, me puse de mal humor, me excusé pero no me sentí bien haciéndolo porque a mí no me pareció tan grave. No os confundáis, soy una persona tremendamente detallista, muy mala para las fechas también, pero esto me ha hecho plantearme muchas cosas. Tenemos demasiadas costumbres a las que damos demasiada importancia. Me considero una buena amiga a mi manera ¿Por qué a mi manera? Porque no soy de salir de fiesta, no soy de ir a tomar muchos cafés, ni siquiera de interesarme cada dos por tres por cómo te va la vida, soy muy independiente, me gusta que me dejen mi espacio y por eso yo también les dejo el suyo a los demás, si queréis una amiga de estar hablando todos los días por teléfono yo no soy vuestro tipo, pero en los momentos duros, en los momentos angustiosos ahí estoy, empatizando, quebrándome la cabeza por intentar dar el mejor consejo, teniendo detalles para hacer el camino más ameno, no recuerdo tu cumpleaños pero soy incondicional, sé comprender, sé perdonar, sé hacer reír, sé ayudarte a romper barreras, sé ayudar a andar, sé hacer muchas cosas como amiga, pero a mi manera. A cambio sólo pido que me dejen mi espacio, que me intenten comprender y no me exijan, esto es lo más importante, que nunca me exijan. Hace unos años mi padre se olvidó de mi cumpleaños, yo no era como soy ahora pero recuerdo cómo me sentí, a una parte de mí no le importaba, yo sé que mi padre me quiere, pero a otra parte superficial le enfadó, porque lo “lógico” era enfadarse, porque nos han enseñado que el día de tu cumpleaños tienes que soplar una vela, en San Valentín recibir flores y bombones, y pobre de tu pareja como no recuerde el aniversario. Pero a la parte que ganó, esa que ahora reina en mí se pregunta qué importancia tienen esas cosas si nos sentimos queridos el resto del año, si esas personas están ahí siempre… pero aún hay una pequeña parte de mi cerebro que no para de darle vueltas a esas cosas que se supone que debería tener controladas, esas pequeñas cosas del día a día que parecen ser importantes y urgentes: no olvides felicitar a fulanita, no olvides comprar el disfraz de la niña para el cole, no olvides felicitar a tu madre el día de las madres, no olvides preguntar a menganita por su visita al médico, no olvides comprar los materiales para la manualidad del cole de la otra niña, qué nos ponemos para ir a la comunión, contesta “a no sé quién” que te escribió para quedar… y si a eso le sumamos los sentimientos que, no ser capaz de recordar tantas cosas, provoca: soy un despiste, no hago nada bien, soy un desastre, soy mala amiga, soy mala hija, soy mala madre, soy mala ama de casa etc… si juntáis todo eso os dará de resultado a una mujer feliz yendo de viaje tranquilamente hacia un gran fin de semana, estresada, con el ceño fruncido… Odio los condicionamientos, odio que la gente me diga lo que está bien o mal aunque sea en esos detalles. Odio tomar decisiones con esas vocecillas rondando mi cabeza, odio que me exijan, que esperen comportamientos por mi parte…


Vivimos estresados, creí que al quitarme los grandes pesos de mi vida eso desaparecería, pero es un trabajo más fino el que hay que hacer… vivimos estresados por cosas superficiales, por estereotipos, vivimos estresados por millones de tonterías que recaen sobre nuestros hombros… Soy feliz en mi casa, sola por las mañanas, escribiendo, trabajando en mis proyectos, pintando paredes, cambiando muebles, soy feliz cuando recojo a mis hijas, soy feliz cuando Él está en casa, cuando hacemos cosas los cuatro solos… soy feliz en mi mundo, viviendo las situaciones que quiero vivir, cuando las quiero vivir y con quien las quiero vivir… ¿De verdad es tan horrible?¿De verdad tengo que pasar por el aro de los condicionamientos para que me acepten, o para que las personas se sientan queridas por mí?¿No vale todo lo demás?¿No vale mi forma de querer?


Ultimamente empecé a trabajarme el dar abrazos, creeréis que es una tontería, pero no me gusta que invadan mi espacio personal, no me gusta que me toquen, no me gusta que las personas me hablen muy cerca, y los abrazos me cuesta horrores darlos. Evidentemente con mi Amo y mis hijas esto no cuenta. Es cierto que en ocasiones con personas muy concretas sí me apetece pero me cuesta por la costumbre de no darlos. Decidí empezar a trabajarme eso porque en cierta manera siempre me sentí mal por ello, mi madre misma me dijo que quería que le diese más abrazos, y me dio coraje, otra vez el coraje. Y ahora mismo me acabo de plantar en el “proyecto abrazo fuerte” no me gusta dar abrazos siempre que los demás quieran que los dé, no quiero sentir que mi manera de querer no es suficiente por no ser cariñosa, por no tocar, por no abrazar… Ahora mismo hay dos personas dándose por aludidas, dos personas muy especiales para mí, las dos me han abrazado, pero ellas no deben darse por aludidas, ellas me abrazan aceptándome tal y como soy, valorando mi forma de quererlas, mi forma de relacionarme… y por ello yo las quiero, las valoro y acepto que ellas sí abracen, y las abrazo.


Estamos estresados, estoy estresada, he sido consciente de los resquicios que quedan en mí de ese estrés, de esa infelicidad anterior, y voy a erradicarlo, con todas las consecuencias…

lunes, 23 de mayo de 2016

El que avisa no es traidor

Me veo reflejada en la pantalla del ordenador, dos gotas de rimmel negro dibujan mis mejillas, las dejo resbalar, rodar, porque ahora hay una parte de mí en crisis, es una parte mía y solo mía, nada tiene que ver con algo externo. Y es una crisis porque he de avanzar, he de seguir soltando lastre.


Llevo semanas que me siento frente al ordenador y las palabras no me fluyen como antes, los que me leéis estáis en mi mente cada vez que pulso una tecla y hoy sé que es porque a una parte de mí le importa lo que penséis, lo que queréis leer, y yo no sé escribir para los demás, porque no tengo técnica ni vocabulario para ello. Y si algo me queda bonito no es mérito de mi cerebro, ni de mi educación porque yo no sé escribir. Cuando aporreo las teclas lo hago de forma automática, es mi manera de traducir los miles de pensamientos y sensaciones que me rondan continuamente, es una manera de no volverme más loca de lo que estoy. No escribo, yo solo traduzco lo que me dicta una voz dentro de mí, pero es una voz tan personal que en el momento en que escribo para otros mi “don” desaparece, porque son palabras pensadas y meditadas, y yo no sé escribir. Sé aporrear teclas, sé llorar en un papel, sé sacar lo que siento, plasmar mis miedos, mis angustias, mis alegrías, mi forma de entender la vida, pero no sé escribir, os juro que no sé.


Llevo semanas en crisis, es una crisis preciosa  pues no es triste, no es una crisis de verlo todo negro, no es una crisis de angustia en el pecho, es una crisis de necesidad, es una sensación en la boca del estómago, como si algo dentro de mí me suplicara crecer, mutar, metamorfosear una vez más… esto nunca me había pasado, todas mis crisis fueron duras y feas, todas mis crisis fueron un crecimiento obligado, era la vida empujándome a crecer pues yo no estaba dispuesta a ello. Pero ahora soy yo, ahora es como si algo se hubiese soltado en mí, como si hubiese dejado de ser aquella niña tonta que se resistía a crecer, que se resistía a dejar de ser pequeña, como si ser una mujer no fuese maravilloso. Ahora soy la niña que quiere crecer porque sabe que es el momento.


Llevo en crisis de letras varias semanas, no me sale escribir sobre BDSM, no me sale escribir como sumisa, por ahora no, pues aunque sigo entregada esas palabras ya no me salen de dentro, ya nada me las dicta. Quizá algún día me vuelvan a salir, pero por ahora la Entrega se traduce en mis dedos de otra manera, para mí ahora ser Suya es tan grande que no puedo, ni sé, plasmarlo. Algo impide a mis dedos escuchar a esa voz hablando de lo que siento ahora mismo en esa parte de mi vida, y es miedo, me lo acaba de decir la voz, me da miedo que no me entiendan, me da miedo lo que piensen, nunca he negado que la opinión de los demás me afecta, pero debo superarlo, debo avanzar y romper esos miedos, esas angustias que me frenan, porque si no nunca creceré de verdad.


Esto que escribo es solo una manera de tranquilizarme, una manera de sentirme segura, porque os estoy avisando, y el que avisa no es traidor, de que ya no soy la que era, que ya no hablo las cosas como las hablaba, os estoy avisando de que no sé sobre qué escribiré a partir de ahora, unas veces será de entrega, otras de amor, otras de odio, otras de cómo vivo algo que me esté ocurriendo… esto es un aviso, pues quiero ser honesta, no puedo seguir pensando que no estoy escribiendo lo que queréis leer, que pensaréis que a qué cojones viene este post, o el otro…


Y al final en estas crisis con el blog siempre vuelvo a mis orígenes, a cuando escribí mi primera entrada en el “Rincón de Pelusilla” simplemente por la necesidad de sacar cosas fuera, pero a modo de terapia, a modo de sacar lastre, con un objetivo claro y egoísta: escribir para mí.


Aviso, y el que avisa no es traidor, aún no he conseguido sacar mi auténtica voz, limpiarme de todos esos miedos que hacen que no pueda escribir letra a letra todo lo que me dice, sin ningún tipo de filtro, pero es mi objetivo principal ahora y estoy trabajando en ello. Aviso, y el que avisa no es traidor, voy a sacar mi Voz y no sé qué pasará cuando lo haga.


Dicho todo esto quiero ser agradecida, agradecida a los que me leéis, es increíble despertar ciertas emociones en las personas, es indescriptible lo que me provocáis los que os atrevéis a poneros en contacto conmigo, vosotros sois los que me habéis ayudado a ver que no he terminado de identificarme con mi Voz, pues cuando me decís lo que os provoco me parece que habláis de otra, que no soy yo quién ha escrito eso que os ha gustado o ayudado. No quiero que eso siga siendo así, no es bueno para mí. Quiero sentirme responsable de mis palabras para lo bueno y lo malo, y eso solo se consigue sacando mi voz, rompiendo miedos y quitando filtros.


Aviso, y el que avisa no es traidor, durante un tiempo escribiré y no sé qué saldrá, probablemente escritos raros, destartalados y poco coherentes, pero es que la lucha interna es así y ahora es lo que me toca vivir, esa batalla entre mis miedos y mi esencia, pero tranquilos que sé el desenlace, la guerra la ganaré yo.

martes, 17 de mayo de 2016

Perder la conciencia

Conciencia: Conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos.


Hoy me veo como una persona que se da un golpe y pierde la conciencia, porque ya no confío en el conocimiento que tuve de mi propia existencia, de mis  estados y mis actos, creí que era una cosa y soy otra, en ocasiones me trataron como a una persona madura y responsable, en ocasiones como una inmadura impulsiva y creí que era eso, y lo soy pero al revés, era madura cuando los demás creían que estaba haciendo las cosas con inmadurez y era inmadura cuando hacía las cosas que los demás esperaban que hiciera. EN mis impulsos he sido más feliz que con cualquier decisión tomada desde la responsabilidad negativa de no querer decepcionar, de querer dar la talla, ese compromiso que creía tener con mis padres, con mi abuelo… Qué se espera de mí me preguntaba constantemente y, lo más peligroso, actuaba en consecuencia. Pero ahora me tatuo, pertenezco a un hombre, tengo sexo con otros hombres y mujeres, me quedé embarazada con 20 años… nada de eso era propio de mí, pero sí, sí era propio de mí porque es lo que me hace feliz, eso es lo único propio del ser humano.


Este viernes hace 8 años que me di un golpe en la cabeza, ese golpe simbólico que fue parir a mi hija, a mi salvadora. Desde el momento en que se engendró empezó a salvarme, desde el momento en que la vi siendo una criatura de 10 centímetros dando saltos en mi útero. Me salvó porque fue mi golpe, ese que me hizo darme cuenta de que necesitaba romper esa conciencia de lo que soy, de lo que creía ser y vivir, vivir por fin. Porque cada uno somos lo que somos y los actos no cambian eso. Quedarme embarazada joven no fue una irresponsabilidad, porque como madre demuestro día a día que lo soy, tatuarme no me hace menos buena porque es solo un dibujo en la piel, acostarme con otras personas no hace que lo ame menos a Él, al revés, nos une de una manera increíble. Que no tenga un trabajo estable en una oficina no me hace menos trabajadora, haber suspendido mil veces filosofía no significa que no me encante, eso son solo circunstancias… Hay capas, siempre hay capas, a nivel superficial esas cosas pueden importar pero en las capas más profundas eso no importa, en las capas más profundas eso importa una auténtica mierda. ¿Acaso vinimos a esta vida a angustiarnos por no sacar un 10 en un exámen? A eso vinimos? Para eso estuve gestando durante 9 meses a mi hija, acaso para eso la naturaleza hace esa magia que es crear una personita perfecta dentro de mi? Para que ahora le diga que un 8 no es suficiente, para que su profesora me diga que un 8 y 9 están bien pero ella puede llegar a un 10, claro que puede, soy su madre, lo sé, pero ese número de diferencia lo significa todo, ese paso del 8, del 9 al 10, lo significa todo. Esa cifra de diferencia a mí me dice que es una niña feliz, que es una niña que tiene tiempo de bailar, de reír, de ver la serie que le gusta, de reírse a carcajadas con su abuela, que tiene un rato para elegir con su padre la música que quiere en su mp3, que juega y hace tonterías con su hermana. Claro que sé que podría esforzarse más en los estudios, soy su madre, si en vez de leerse la lección dos veces se la leyera 5 sacaría un 10, pero no ella por ser mi hija, sino cualquier persona, pero yo no quiero eso para ella. A mí me llena de orgullo esa inteligencia emocional apabullante que tiene, esas conclusiones de vida que saca, esas preguntas sobre el amor que me hace, su ilusión, su inocencia, esa autoestima fuerte que posee: “Mamá, no sé si ser pastelera, bailarina, profesora… es que es un problema tener un don para todo” y no es que tiene un don para todo, es que no tiene límite para nada, ella sabe que puede ser lo que quiera, porque extrapolará su magia a todo lo que haga, igual que podemos hacer todos. Creeréis que estoy loca pero no me gustan los 10, no me gustan ni siquiera los 9, en verdad con un 5 me conformo, lo justo para hacer el paripé en este mundo condicionado, precisamente para que ese mundo no le corte las alas. Pero ella es tan grande que no pueden evaluarlo en el colegio, ella y todos lo somos, y no lo sabemos pero que que nos pongan números en en el colegio nos destroza. La magia no se mide y todos somos magia, lo creáis o no, no hace falta creerlo para serlo.


Quiero romper todas las expectativas que tengo en mis hijas, porque mi hija hace 8 años rompió todos mis esquemas, rompió esas cuerdas que me ataban a lo superficial, se lo debo, ella fue la primera que me hizo darme cuenta de mi necesidad de volar, así que haré todo lo que pueda por dejar libres sus alas para que nadie tenga que venir a desatárselas.


Esta entrada no sé ni lo que significa, quizá no significa nada, ni siquiera está bien escrita, ni corregida, y eso no es propio de mí, por eso quiero que se así, porque cada día tengo menos conciencia de lo que soy, de mis estados, de mis actos… y quiero seguir luchando por esta libertad que asoma.