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lunes, 19 de septiembre de 2016

Golpes en la cabeza

Bang my head - David Guetta ft Sia


Sentadas en la orilla de aquella playa con sus túnicas blancas, descalzas y limpias. Hablaban y se preguntaban el porqué de la vida, el porqué de las cosas. Cuéntame qué piensas, por qué la vida existe, qué hay más allá de la muerte, por qué amamos, por qué sufrimos, por qué nos invaden las sensaciones, esas intuiciones que no podemos explicar. Allí pasaban sus días, charlando y charlando, comiendo poco, divagando mucho. Eran puras y mágicas, no se necesitaban más que la una a la otra, solo necesitaban sus charlas en la orilla del mar.


Dime que esto no existe, dime que en la inmensidad del tiempo nuestra única aportación es esta, y luego dime que es mentira, que no puede ser que existamos solo una vez, para qué, por qué, por qué me siento más allá de esta carne, de esta piel, porqué nos sentimos parte del mundo, porqué sentimos esta magia recorriendo nuestras venas.


Y allí bailaban a la luz de la hoguera, hacían sus rituales, de plantas y ungüentos, allí se sentían animales, se sentían naturaleza, allí se sintieron Universo, se sintieron fuerza, crearon tormentas, atrajeron la lluvia, se tostaron al sol. Allí vieron la luz al final del túnel, esa luz que te lleva dónde venimos, vamos a la luz pues venimos de la luz en un ciclo infinito, en un ciclo de transformación, trascendencia. Allí, en su isla, mirando al mar, siempre abrazadas por el mar.


Una mañana comiendo fruta fresca, sentadas a la orilla de aquel mar, hablaron. Tras bailar toda la noche, tras embriagarse de magia, tras pedir al Universo la clave, la obtuvieron. Aquella mañana comprendieron la vida, comprendieron el porqué y el para qué… y entonces comprendieron que se equivocaron, que creyeron que con esas respuestas ya estaba todo hecho, que ese era el fin de vivir: comprender la vida. Esa mañana, conmocionadas, hablaron. Comprender la vida sólo las había llevado al principio de sus caminos, las llevó a una tremenda y dura decisión: seguir el camino o no, andarlo rápido o lento, crecer o dejarse crecer. Aquella mañana con el sol aún iluminando suave tomaron una decisión, una decisión dura. Decidieron ser valientes, decidieron apostar fuerte, crecer duro, pues era la forma de llegar dónde sabían que querían llegar, pues no deseaban alejarse de lo que ahora sabían que era la vida. Decidieron crecer a base de palos y piedras, decidieron experimentar el miedo, el dolor, la soledad… decidieron pasar por los tiempos solas y vagabundas, decidieron experimentar la guerra, la prostitución, la miseria, la muerte, la pérdida… decidieron poner a prueba su fe, decidieron viajar vida tras vida intensamente, sin dejarse un solo sentimiento por experimentar. Mientras hablaban las lágrimas brotaban de sus ojos, sabían que estarían miles de años sin verse, sin volver a disfrutar de esas charlas, de ese idioma que sólo ellas entendían, sabían que estarían miles de años sintiéndose fuera de lugar y no sabían cómo les iba a afectar eso. No sabían si la humanidad, si lo terrenal las alejaría de sus caminos, si el sufrimiento llenaría sus recuerdos de capas sucias que empañaran todo lo que en ese momento sabían, cabía la posibilidad de que se olvidaran la una de la otra, la posibilidad de perderse tanto en la historia que jamás volvieran a verse.


Dime que nos volveremos a ver, vamos a prometernos que nos reencontraremos, aunque sea para que ese juramento sagrado haga que no nos olvidemos de este momento en la orilla de este mar, que este juramento haga que no me olvide de tus ojos grandes, de tu pelo trenzado, de este amor maternal que me has dado, de todo lo que hemos aprendido, todas las certezas que hemos acumulado juntas, jurémonos que en alguna vida lejana y apacible nos encontraremos y nos contaremos lo que hemos aprendido, lo que hemos vivido, qué nuevas certezas portamos. Prométeme que volveremos a hablar este idioma, que volveremos a hablar ebrias de nuestras pócimas secretas. Que volveremos para evaluar vidas y decidir cómo seguir. Prométemelo.


Un día algo me golpeó la mente, algo me dejó aturdida, de repente salieron certezas de un cajón que no sabía que existía. En una vida lejana a aquella, en una vida tranquila, apacible, en una vida de descanso, en una vida sin soledad, en una vida de reencuentros. Me quedé aturdida, los recuerdos empezaron a atacarme, sabía que tenía que hacer algo, no sabía el qué… así que escribí, y escribiendo la golpeé.


Aquí, ante dos refrescos te miro, estás aturdida y mareada como yo, las vidas nos golpearon fuerte, nos nublaron las certezas… pero irradiamos algo especial, una magia que atrae, la magia de estar cumpliendo nuestro camino, de estar viviéndolo al máximo. Estamos reconstruyéndonos, algunas vidas nos dejaron devastadas, nos hirieron demasiado. Pero a pesar de todo aquí estamos, cumpliendo nuestro juramento.


Me alegro de volver a verte.